Espéculo

  Reseñas, críticas y novedades

 

 

Raúl Núñez

Marihuana para los pájaros

  

 

Alberto García-Teresa

Hay quienes proclaman que la realidad puede traspasarse mediante el consumo de determinadas sustancias. En poesía, esa perspectiva ha sido ampliamente tratada por los poetas de la generación beat. En ese sentido, en lengua castellana, contamos con la aportación de Raúl Núñez, autor de las novelas Sinatra y La rubia del bar (adaptadas al cine por Francesc Betriu y Ventura Pons, respectivamente) o Derrama whisky sobre tu amigo muerto, cuya poesía completa se edita ahora en un volumen conjunto.

La huella de aquellos poetas beat es notable en su escritura, especialmente la de Allen Ginsberg, al que, de hecho, idolatra y a quien alude en varias de sus piezas y dedica algunos poemas.

El libro está compuesto por cinco poemarios, en este orden: el soberbio San John López del Camino (1970-71), el narrativo Poemas de los ángeles náufragos (1969-1970), el psicodélico Cannabis Flan (1983), Jougla rock (1971-1972) y People (1974). Existen diferencias entre ellos, pero podemos extraer una serie de características comunes y constantes. Los referentes se suelen reducir a la vida marginal, a los vagabundos, al mundo de la droga, el sexo, el alcohol; siempre en un contexto urbano generalmente degradado. No llega al realismo sucio porque no hay un regodeo en ello, una exaltación, sino una plasmación de un estilo de vida, con unos valores a los que él se adhiere y que exalta. Por otra parte, son continuas las alusiones al jazz, a poetas beat y a personajes de la cultura popular estadounidense. No en vano, remarca, en un especie de declaración de principios, que debe y/o desea “amar a Dylan Thomas y Allen Ginsberg. / Amar los sucios y los locos. / Amar los negros. /Amar a Woodstock. / Amar a todas mis visiones”. Núñez busca la armonía en el mundo; aspira a vivir en un mundo hermoso, luminoso, pacífico y lleno de amor (sí, decidamente hippy, dirán algunos). Confiesa que “sé que existo sólo porque tengo amor”, pero no es un sentimiento dirigido a una persona concreta, sino enfocado a toda la humanidad.

Por otra parte, la desmitificación es continua, y no duda en denunciar la brutalidad policial pero, curiosamente, buscando el perdón (“no estrangules al policía / con las cuerdas de tu guitarra, hermano”). Se trata de un asunto que resulta especialmente relevante desde la óptica de ser éstos los que impiden ese mundo ideal y reprimen a los venerables vagabundos.

Por otra parte, la soledad es un tema con el que emplea un doble rasero. Por un lado, la mitifica como culmen de la individualidad, de la integridad y del auto-desarrollo, pero también deja constancia de su vertiente fulminante y aniquiladora. Esto es así porque proclama y defiende el individualismo como forma de no contaminarse con la estupidez y la mediocridad generalizada:

“Puse un letrero en la puerta,
rogando que no llamara nadie que estuviese metido en alguna historia
porque todas sus cosas no eran más que palabras
y que no me buscaran para hacer nada con los demás
porque ya tenía bastante con mi dolor de cabeza
y el único que podía curármelo era yo.”

Lo más destacado del volumen puede encontrarse en su primer poemario, San John López del Camino. En él, explora la realidad con un excepcional juego de metáforas de raíz surrealista, alucinatoria (algo en lo que incidirá posteriormente). Produce así una reconstrucción continua de la realidad. De este modo, los poemas que agrupa suelen ser descriptivos, buscando evocaciones, girando en general en torno a una misma idea, analizándola, siguiendo una estructura circular (tipográficamente, esto se aprecia claramente al marcar las anáforas con un sangríado especial). Así, no extrae conclusiones, no cierra bien las piezas en muchos casos, aunque en otros consigue cierres muy potentes.

Las imágenes son algo repulsivas, y están centradas en la descomposición o degradación del cuerpo humano. Juega con los suburbios, con la noche en la ciudad. Busca también deshacer la urbe, deshilvanarla. Ridiculiza las costumbres “civilizadas”, de la “gente de bien”, aportando asco e imaginación, en pos de una vida no bohemia, sino vividora, entregada a la noche y a las sustancias. Idealiza y ensalza entonces al alcohólico y al vagabundo: noble, honesto, fraternal, libre e íntegro, vive plenamente, feliz, y observa y siente mágicamente la realidad.

Realiza sus análisis desde una perspectiva marginal, desarrollando cierto tono o atmósfera de quien observa su entorno desde un cubo de basura, orgulloso de vivir allí, de alardear de sus valores frente a un mundo idiotizado, alocado y corrupto. La potencia de sus imágenes obliga a una reinterpretación (psicotrópica) del entorno. Sin embargo, expresa un talante pacífico y pacifista, calmado.

Los mejores poemas de este ciclo forman un conjunto memorable. Resulta interesantísimo “Jesús de Nazareth”, a quien plasma como un vagabundo, bebedor, que luego es arrasado y angustiado por el mundo civilizado. Por otra parte, “Una carnicería de muchachos idiotas” es magistral por su uso de fortísimas imágenes surrealistas enlazadas, de una soberbia expresividad, que construyen una atmósfera de cenestesia asfixiante y descompuesta para criticar el embrutecimiento de las masas por la sociedad de consumo.

En cuanto a Poemas de los ángeles náufragos, éste se compone de poemas narrativos, donde cada uno está centrado en un personaje que ideológicamente resulta coherente con la perspectiva del escritor. Así, estos “ángeles náufragos” son personas excluidas, gente con la que se encuentra el yo poético en sus andanzas. Se desprende de todos ellos una gran hermandad, una complicidad contra el Orden, una simpatía en la subversión, en la vida en los márgenes.

Aunque los poemas pierden fuerza, ganan en estructuración y mantienen de manera constante una cadencia y un ritmo especial, una luminosa intensidad, en sus versos breves y pausados, de tono reflexivo y evocativo.

Aquí es donde se comienza a utilizar la droga como método de apertura de la realidad, y donde se debe interpretar, entonces, un cambio de enfoque en la perspectiva de las metáforas y de las imágenes. De hecho, se produce una exaltación de todo aquello que altere la conciencia de la realidad (“la esquizofrenia es un hada”). En ese sentido, hallamos varios poemas en los que relata sus experiencias psicotrópicas (donde se produce un viaje explícito, o donde confiesa que ha tomado algo o que alguien le ha llevado a algún sitio desconocido y fabuloso). Su poema “El bosque de los magos”, perteneciente al siguiente ciclo, es muy representativo en este tema puesto que supone un manifiesto de su relación con las drogas psicotrópicas y la intención de uso que tiene de ellas el poeta. En él, explica: “no tengas miedo a lo maravilloso, / yo te espero en el bosque de los magos”, y, a pesar de que confiesa que a veces “realmente está hecho una ruina”, reitera que “lo único que quiere es tener su billete para poder seguir viajando” (a pesar de que emplea tercera persona, expone sus tendencias).

Así, ese tercer poemario que aparece en el orden del volumen, Cannabis Flan, es el más extenso y en el que presenta mayor devoción por las drogas y el delirio. Muchos de sus textos se deben comprender desde esa perspectiva (“no puedo darme cuenta si estoy alucinando / o si me está comiendo una pantera”) y la calidad ahí se resiente. No tiene la sólida unidad de los anteriores, y en él desarma el ritmo antes conseguido y reduce también drásticamente las metáforas surrealistas. Además, es en él donde mayor influencia se deja notar de los beat (se encuentran en sus pasajes muchos personajes, iconos y entornos estadounidense). Incluye algunos poemas en prosa, y gran parte de sus versos relatan sus peripecias, en primera persona, pero sin enfocarlo hacia un personaje (como ocurría en Poemas de los ángeles náufragos), sino que simplemente se relaciona con estas peculiares personas.

Por eso podemos afirmar que su poesía va empeorando, en este libro de los años ochenta. Gana en otros matices, pero la potencia y la brillantez de San John López del Camino se pierden en favor de la alucinación.

Por el contrario, su cuarto poemario vuelve a presentar propuestas interesantes y vuelve a un tono sereno (no es un canto continuo a la psicodelia). Expresa aquí su escepticismo con la esperanza, aunque no renuncia a ella. Igualmente, es crítico con la mercantilización de la cultura, con quienes ejercen de escritores mercenarios (“si me pagaran un millón de dólares por este poema / me callaría la boca para siempre”), puesto que manifiesta que el dinero compra la opinión y puede hacer famoso y respetable a alguien que no necesariamente se lo merezca. En ese sentido, reclama sencillez y austeridad en la vida (“no pido demasiado, / sólo un par de sandalias”), falta de ambición: “yo no haré grandes cosas / y nadie hablará de mí mañana, / sólo seré un hombre que ha cantado”.

En el plano representativo, es más lineal. No encontramos surrealismo ni tampoco alucinación a grandes rasgos, aunque, evidentemente, pequeñas manifestaciones de ambos hay.

Finalmente, en cuanto a People, el poemario que cierra el volumen, sólo podemos añadir que recoge poemas en prosa y que, de nuevo, vuelve a hacer del relato alucinado su leit motiv.

Así, por tanto, la poesía de Raúl Núñez ofrece una propuesta interesante y sugestiva en castellano; singular, sin lugar a dudas. Como ya he comentado, el primer ciclo de poemas es realmente brillante, y contiene importantes hallazgos y senderos. En todo caso, lo que el poeta consigue es presentar una visión de la realidad poderosa, inyectada de maravilla (bien mediante las metáforas o bien mediante la alucinación), que reafirma su condición de poeta, de observador inédito del entorno, y una ideología de lo marginal, con una ética y una moral redondas, a tener en cuenta.

Me gustaría, en cualquier caso, cerrar este texto con uno de los mejores versos del libro, de una extraordinaria belleza, que nos devuelve a ese deseo de fraternidad y serenidad del autor: “Y el poema acaricia el rostro del mundo”. El mundo ya no puede volver a ser el mismo.

28/07/2008

 

© Alberto García-Teresa 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2007