Nación y erotismo
en “Quien escucha su mal oye” de Juana Manuela Gorriti

Federico A. Chalupa

Department of Romance & Classical Studies
Bowling Green State University
fchalup@bgsu.edu


 

   
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Resumen: En este artículo analizo las representaciones genérico-sexuales inscritas por el discurso liberal masculino en Argentina y cómo la narradora del cuento “Quien escucha su mal oye” de Juana Manuela Gorriti, a través del tema del erotismo, desestabiliza la lógica de esas representaciones
Palabras clave: cuento, Juana Manuela Gorriti, imaginario nacional, erotismo.

 

Introducción:

Los discursos modernizadores decimonónicos en América Latina, particularmente en la Argentina y en el Perú, el país natal y el adoptado por Juana Manuela Gorriti, tenían como una de sus agendas centrales reimaginar la posición de la mujer dentro de la sociedad nacional. Una consecuencia de la implementación de esta agenda fue la creación de conductas, roles y representaciones ciudadanas estrictamente diferenciadas en términos de masculinidad y feminidad. En este trabajo propongo se considere el cuento "Quien escucha su mal oye (Confidencia de una confidencia)" de Gorriti como un espacio textual que problematiza la feminidad y masculinidad inscritas por los discursos liberales masculinos [1].

A partir de esta aproximación, mi propósito es triple. En primera instancia, busco discutir en términos generales los modos que usan los agentes de estos discursos constructores de la nación para inscribir unas determinadas significaciones tanto de la masculinidad como de la feminidad nacional. Segundo, explicitar en términos particulares como la narradora representa ambas significaciones en el cuento; y, en última instancia, singularizar el proceso que ella usa para problematizarlas a través de la discusión de uno de los temas en dicho cuento, el erotismo.

 

I

El proceso de inscribir la masculinidad y la feminidad, según George Mosse, jugó un papel importantísimo en la autoafirmación de la burguesía y en la construcción de la nación en Europa durante el siglo XIX. Los discursos políticos masculinos concretizaron esa inscripción a través de representaciones que prescribían conductas y roles diferentes para ambos grupos genérico-sexuales. Mosse señala que lo masculino se prescribió a partir del "ideal de hombría" (23) [2]. Este ideal era prescripto como "la vitalidad espiritual y material de la nación" (23), y se lograba en base de un constante "robustecimiento del cuerpo y mente, mas no de la fuerza bruta" (23). El objetivo de este ideal de masculinidad era doble; por un lado, salvaguardar el orden o la respetabilidad de lo ‘normal’ al interior de la nación ante una constante invasión de ‘conductas anormales’ y, por otro, salvaguardar el territorio patrio en caso de una amenaza externa.

La inscripción de lo femenino también pasó a jugar un rol importante, aunque distinto, en la formación del imaginario nacional. De acuerdo a Mosse, lo femenino se convirtió en un "símbolo nacional como Germania o Mariana" (23) que, a diferencia del masculino no fue dinámico y que, además, fue frecuentemente representado a la manera de los "retratos tradicionales de la Virgen María" (23). A mi entender lo importante no es sólo que las representaciones de lo femenino hayan tenido una función menos dinámica, sino que ese sentido se plasmara en una diferente esfera de acción social; mientras que el hombre concretizó su masculinidad en la defensa del orden y del territorio patrio, la mujer tenía que concretizar su feminidad formando al ciudadano nacional, en un ámbito doméstico sublimado-a la manera de la Virgen María.

Me parece relevante indicar que esa diferenciación entre lo masculino y lo femenino no sólo se manifestó en la inscripción de representaciones ciudadanas, sino también en otros planos; por ejemplo, en el plano sexual, se produjo una representación que, según Helena Michie, "define la sexualidad masculina como obvia, no complicada e iterable y la sexualidad femenina como misteriosa" (7).

El contexto poscolonial decimonónico en el que se escribieron los discursos liberales masculinos, tanto en Argentina como en el Perú, provocó una racionalización diversa de esa representación que diferenciaba y estratificaba los roles y conductas de los hombres y las mujeres. Así, por ejemplo, el discurso liberal masculino en Argentina, conocido como unitario, se vio forzado a construir la masculinidad nacional a partir de la intelectualidad, en contraposición a la ideología federalista de la fuerza.

En este contexto, el objetivo de la verdadera hombría era salvaguardar el orden o la respetabilidad de lo civilizado ante una constante invasión de conductas bárbaras. De esta manera, la intelectualidad fue la que pasó a simbolizar "la vitalidad espiritual y material de la nación" (Mosse 23). En el caso de Argentina, el objetivo de este ideal de hombría se concentró a nivel interno, a la defensa intelectual de la cultura nacional amenazada por el barbarismo de los federalistas y sus aliados no-blancos.

Lo femenino en Argentina también pasó a jugar un rol importante, pero también fue racionalizado de una manera diferente. De acuerdo a Francine Masiello, la mujer argentina, para los miembros de la generación liberal masculina de 1837, "representa a todos los sujetos sociales oprimidos por el régimen de Rosas y, alternativamente, la humanización y progreso de la nación" (24). El uso de esta representación política, que Marzena Grzegorcyk denomina “madre republicana” (55) luego pasaría a nutrirse de esa otra representación social sublimada de la mujer como ser sufrido y abnegado que, a pesar de todas las vicisitudes económicas, saca adelante su hogar (Grzegorcyk 56).

Sin embargo, no todas las representaciones sobre la mujer sublimaban a la mujer. Alberdi, uno de los miembros de esa generación, escribió el siguiente comentario: "Saint Simon dice que las mujeres no tienen voz en la sociedad moderna. Pero él comete un error absurdo al reclamar que la mujer no habla, que ella mantiene su boca cerrada. Todos vemos que la mujer se dedica día y noche a hablar" (citado por Masiello 25). Estoy de acuerdo con Masiello que en este comentario Alberdi representó a las mujeres como "habladoras irreprimidas" (Masiello 25); pero también es necesario resaltar que al minusvalorar la opinión de Saint Simon que las mujeres no tienen voz en el espacio público, Alberdi terminó inscribiendo el ámbito de la voz femenina exclusivamente a un nivel doméstico.

Esta lógica doble en las representaciones de la mujer funcionalizada a nivel social y politico también se manifiesta al discutir la sexualidad. En los editoriales de la revista La moda, producida por el mismo Alberdi, por un lado se sugiere que "la felicidad matrimonial durante la época de tiranía era imposible" (Masiello 24) y como contraste se usa metáforas libertarias femeninas. Por otro lado, los editores de la misma revista se inhiben de discutir abiertamente sobre la pasión o el deseo y ni siquiera, según Masiello, se "subscriben a un gesto que desate el eros de la mujer" (24). Es decir, estos discursos dirigidos a las mujeres, no intentaron que la mujer reflexionara sobre su “eros”, pero convirtieron el cuerpo de la mujer y el erotismo que produce en sitio de reflexiones políticas. De acuerdo a Masiello, esto se puede ver a través de la de las representaciones sobre Manuela Rosas que conllevaban al mismo tiempo el estigma del incesto y a la vez la benevolencia política. A mi entender, no se busca aquí sólo denunciar la barbarie de la dictadura de Rosas por el trato a su propia hija —como sugiere Masiello (29)— sino también reafirmar esa poderosa doble agencia que se buscaba prescribir como propia de la mujer: el misterio provocador de su sexo y su sentido de benevolencia.

Así es que, igual que en el caso europeo, pero por diferentes razones, las representaciones de lo masculinidad y la feminidad inscritas por el discurso liberal masculino en Argentina son diferenciadas y jeraquizadas.

 

II

Es en relación con ese disurso liberal masculino que las escritoras argentinas intentan reescribir o representar sus propias experiencias como mujer. Mary Louise Pratt describe esta empresa afirmando que, mientras la preocupación fundamental de las elites criollas (masculinas) a mediados del siglo XIX era “la construcción de la nación, la autonomía, la identidad y la descolonización cultural ...las mujeres crean sujetos literarios situados en las fronteras de las ideologías nacionalistas, con un pie dentro de ellas y otro afuera” (56).

Por su parte, Masiello precisa que mujeres escritoras como Gorriti, Rosa Guerra y Eduarda Mansilla:

se insertaron en el debate acerca del futuro de Argentina usando el espacio doméstico para reflexionar sobre el poder de la mujer en la sociedad y en proyectos futuros del estado ... [expresaron] el deseo comun de conectar la perspectiva de las mujeres al nuevo discurso nacional en formación. (35)

Esta parte de mi estudio está contextualizada dentro de esos parámetros asignados por Pratt y Masiello al discurso de las mujeres escritoras de aquella época. Esto es, primero, que su escritura dialoga con el discurso liberal masculino de construcción nacional para, a partir de allí, representar la perspectiva de las mujeres desde la experiencia de las mujeres. Segundo, que al hacerlo concretizan una escritura que desvirtua o problematiza, consciente o inconscientemente, la intencionalidad diferenciadora y jerarquizante de ese discurso masculino.

Específicamente, en el texto "Quien escucha su mal oye" de Gorriti la narradora reproduce una serie de caracterizaciones que aluden a la manera que ese discurso liberal masculino había inscrito la feminidad. La narradora caracteriza a las mujeres como habladoras, como sitio de misterio, como provocadoras de pecados (curiosidad y deseo), como metáfora de frustración (erótica y política).

Sin embargo, al mismo tiempo, la narradora concretiza una suerte de lo que Foucault denomina, "discurso revertido" (101); es decir, un discurso que usando las mismas categorías por las cuales fue descalificado o marginalizado reclama la legitimidad de su propia perspectiva o condición.

En las líneas anteriores cité a Alberdi afirmando que las mujeres se "dedican día y noche a hablar" (citado por Masiello 25). La narradora en “Quien escucha su mal oye” repite la misma representación: “¡Oh!, ¡mujeres!, ¡mujeres!, ¡no podéis callar ni aun a precio de vuestra vida!; ¡mujeres que profesáis, por la charla idólatra, culto!; ¡mujeres que ...mujeres a quienes es preciso aceptar como sois!” (94).

A pesar de que es obvia la conexión entre ambas representaciones, la narradora busca desplazar la representación de 'habladoras irreprimibles' como exclusiva de la experiencia de la mujer. A mi parecer, la narradora no intenta negar su condición de 'habladora', incapaz de mantener un secreto, sino afirmar que los hombres son tan 'habladores' e incapaces de mantener secretos como las mujeres; y que, peor aún, pretenden no serlo cuando en realidad lo son. Se puede observar que la narradora no intenta negar esa condición a través de la siguiente conversación:

¿Quiere usted ser mi confesor, amiga mía?

—¡Oh!, sí - me apresuré a responder.

—¿Confesor con todas sus condiciones?

—Sí, aceptando una.

—¿Cuál?

—El secreto (94).

Por otro lado, la narradora busca afirmar que los hombres participan de aquella condición de ‘habladores irreprimibles’, a pesar de que lo nieguen. Esto lo podemos ver si se toma en cuenta que, desde el subtítulo 'Confidencia de una confidencia,' pasando por el hecho de que ese hombre se confiese con la mujer-narradora y no con un sacerdote, hasta la afirmación de que ese mismo hombre al contarle el acontecimiento a ella estaba violando un secreto dado a él por otra persona: "Costóme gran trabajo para calmar su espanto: y cuando le hube prometido un profundo secreto, me [lo] refirió" (95).

Si procediera a demostrar cada una de las otras caracterizaciones mencionadas en las líneas anteriores —la mujer como sitio de misterio, como provocadora de pecados (curiosidad y deseo), como metáfora de frustración (erótica y política)— igual podría concluir que Gorriti, consciente o inconscientemente, explicita el estándar doble del imaginario liberal masculino. Un estándar que, por un lado, por ejemplo, usa políticamente a la mujer argentina en su lucha contra Rosas —cuando ella pasa a representar a los sujetos oprimidos, la humanización y el progreso de la nación— y, por otro, le niega un nivel de acción social público con argumentos que señalan la inferioridad de la mujer por su condición anti-intelectual-cuando la representa reducida al espacio doméstico.

En "Quien escucha su mal oye," la narradora propone que todas aquellas condiciones atribuidas a lo femenino —exceso, misterio, pecado, frustración— evidentemente usadas para negar la intelectualidad de la mujer y su acción en el espacio público, también pueden ser atribuibles a lo masculino. A mi entender este androgenismo ideológico de Gorriti problematiza la legitimidad de la ideología de la separación y diferenciación genérico-sexual, su aplicación social y, por último, aquel tratamiento de doble estándar hacia las mujeres propuestos por el discurso liberal masculino.

 

III

En esta última parte del presente trabajo, me interesa singularizar los mecanismos textuales de aquel proceso de problematización a través de la discusión del tema del erotismo en el cuento.

Al encuadrar este cuento de Gorriti en el conjunto de su obra, es posible observar que ese androgenismo ideológico es sólo una de las estrategias usadas por ella para problematizar o reinscribir las representaciones del discurso masculino. Así, por ejemplo, Pratt explicita que en el texto "Una ojeada a la patria" la narradora usa una estrategia diferencial de mujer. En ese caso Gorriti ya no reproduce el sentido vacío del tropo fundacional del "paisaje primario" usado por los hombres de su generación (Pratt 57) sino que lo reescribe en sus propios términos al llenarlo de historia.

Otro mecanismo usado por Gorriti es el de camuflar la discusión de temas centrales o tabús del discurso liberal masculino bajo la apariencia de estar discutiendo temas designados como 'femeninos.' Por ejemplo, Masiello señala que en Sueños y realidades y en Panoramas de la vida es común que Gorriti discuta el tema de la civilización y barbarie bajo la apariencia de estar discutiendo conflictos al interior de una familia.

En "Quien escucha su mal oye (Confidencia de una confidencia)" Gorriti también utiliza ese mecanismo textual del camuflaje; sin embargo, aquí la narradora discute el tema tabú de lo erótico bajo un doble camuflaje, el de estar discutiendo el tema 'femenino' del secreto, además de hacerlo en el contexto del género fantástico [3].

Como ya he demostrado en las líneas anteriores, el tema del secreto está presente en el texto desde el subtítulo; lo interesante es el esfuerzo que hace la narradora por darle una carga semántica erótica [4]. La primera estrategia que usa para lograr ese efecto semántico es el dotar al personaje masculino de una característica innata: la curiosidad. Más tarde hace progresar esta curiosidad hasta concretizarla en una suerte de voyeurismo [5].

La curiosidad, como característica innata del personaje masculino, puede rastrearse desde las primeras líneas del cuento cuando le confiesa a la narradora: "acúsome de una falta grave, enorme, y me arrepiento hasta donde puede arrepentirse un curioso por haber satisfecho esa devorante pasión" (93). Incluso la narradora se preocupa de que los lectores entendamos que la curiosidad innata de ese personaje tiene varias formas de expresarse; por ejemplo, cuando la equivale como conspiración política: “El anciano caballero dormía —pensaba yo— un sueño bienaventurado entre las densas cortinas de terciopelo verde agitadas ahora por el tenaz insomnio que circulaba con mi sangre de conspirador y de algo más: de curioso. Juzgue usted” (94).

Sus condiciones de espía, conspirador o curioso le llevan a este personaje a descubrir la manera más eficiente de ejercitar su observación clandestina. Primero busca escuchar nítidamente; luego lo que escucha mueve su curiosidad hasta el nivel del deseo:

“¿Cómo resistir a la invencible curiosidad que se apoderó de mí al oír la expresión de aquel amor singular, revelado en esas misteriosas palabras? Nada pudo ya detenerme; todo cedió ante el deseo de tocar con las manos los secretos de esa extraña existencia.” (96)

Su siguiente paso es de agenciarse un sitio propicio para mirar las actividades de la mujer; lo logra haciendo un agujero en la puerta secreta que conecta su habitación con la de ella. Luego de mirarla, el deseo ya se ha convertido en plena codicia o excitación erótica: “Eran los latidos de mi corazón, era una rabia inmensa, desesperada, que rugía en mi alma, era…,eran los celos, era que yo amaba a esa mujer que amaba a otro con el amor ardiente que inspira un imposible; que la codiciaba para mí, en tanto que otro poseía su alma”(102).

El segundo mecanismo que usa la narradora para darle una carga semántica erótica al tema del secreto es asociar las actividades en la habitación de la mujer con otro evento acontecido en esa misma habitación en el pasado. Este evento pasado es textualizado a través del motivo romántico del amor sacrílego: “Me refirió cómo la casa vecina hizo en otro tiempo parte de un convento de monjas donde su amo tuvo la temeridad de amar a una esposa del Señor y cómo, no contento con la enormidad de ese crimen, había profanado la casa de Dios…abriendo en la pared una puerta que correspondía al interior del armario" (95).

En las páginas posteriores, la narradora termina asociando ambos eventos, el del pasado y y del presente de la narración: "Hallábame, pues, en la antigua celda de la monja: era el santuario de sus amores, templo ahora de un amor no menos apasionado" (97-8). Con esto refuerza la carga semántica erótica en el cuento.

En cuanto al segundo camuflaje, la narradora lo textualiza a través del uso del género fantástico. En "Quien escucha su mal oye", lo fantástico está presente en las actividades hipnóticas y ocultistas conducidas por la mujer en la habitación ex-conventual.

En mi opinión, lo significativo de este camuflaje es el uso de la función social de lo fantástico. Según Todorov, dicha función permite "sustraer el texto a la acción de la ley y, por ello transgredirla" (citado por Hahn 18). Al contextualizar la discusión de lo erótico en un plano fantástico, la narradora logra precisamente dicha sustracción; es decir, le permite discutir un tema tabú porque lo hace en un contexto superreal.

Una vez que se tiene la licencia para discutir el tema, la transgresión de la norma puede ser aceptada como natural. Masiello afirma que el uso de lo fantástico por las mujeres escritoras del siglo XIX en Argentina logra hacer difusas las fronteras o las normas que separan lo masculino de lo femenino (51).

El resultado de hacer difusas las fronteras se presenta en este cuento de Gorriti en dos momentos. Uno en el que el personaje-hombre describe la habitación de la mujer; el segundo, en el que este mismo personaje observa a la mujer hipnotizando a Samuel, su medium. En el primer momento, la narradora describe una habitación en la que el ornato no le permite distinguir a un simple observador si pertenece a un hombre o a una mujer. Incluso, a pesar que al final del párrafo la narradora afirma claramente que la habitación pertenece a una mujer, es una habitación difusa, en cuanto que en ella se realizan tanto actividades científicas (masculinas) como domésticas (femeninas). Esta es la descripción,

la pequeña biblioteca…entre cráneos de estudio y grabados anatómicos habría hecho creer que aquella habitación pertenecía a un hombre de ciencia, si una simple mirada en torno no persuadiera de lo contrario; y aquí, sobre una canasta de labor, una guirnalda a medio acabar; allí un velo…; más allá una falda …flores colocadas con amor…todo revelaba el sexo de su dueño.(97)

Sin embargo, donde no es muy evidente, y me gustaría explicitar más detalladamente el acto de hacer difusas las fronteras entre lo masculino y lo femenino, es en el segundo momento-cuando el personaje masculino observa a la mujer hipnotizando a su medium, para que éste le relate la visión que tiene de la orgía en la que participa su amante (el de la mujer).

El siguiente comentario de Georges Bataille sobre el erotismo me permite contextualizar mi discusión:

[El] erotismo es un aspecto de la vida interior. El hombre está en busca de un objeto fuera de él, pero este objeto debe asociarse a la interioridad de su deseo. El escoger un objeto depende del gusto personal del sujeto; incluso si se escoge una mujer a la cual la mayoría de los hombres escogería, el factor decisivo es frecuentemente un aspecto intangible de esta mujer y no una cualidad objetiva. (29)

Para Bataille el erotismo surge de una relación entre sujeto-objeto. Más aún, en su ejemplo, identifica al sujeto como hombre y al objeto como mujer. Esta identificación es precisamente la construcción patriarcal tradicional de la mujer como objeto erótico, como cosa deseada, “al gusto personal del sujeto” (Bataille 29).

En el cuento la narradora provoca, a través del acto voyeurista, que esa frontera sujeto-hombre y objeto-mujer sea difusa al intercambiar o desplazar sútilmente los roles asignados por el discurso patriarcal. En el cuento, el voyeurismo más explícito es del personaje-masculino mirando por el agujero de la puerta al objeto-mujer; sin embargo, esa mujer es, a su vez, representada en el texto como un sujeto mirando a su amante masculino (objeto) por el ‘agujero’ de la mente de Samuel, su medium. Al mismo tiempo tanto la narradora como su lectora implícita Cristina y nosotros, los lectores reales, participamos del mismo acto voyeurista, con un evidente intercambio o desplazamiento de roles. Así, para los lectores reales, el texto es el agujero a través del cual miramos a una narradora contándole un secreto erótico a su amiga; este secreto es sobre un hombre voyeurista mirando a una mujer, quien, a su vez, está mirando a su amante participando en una orgía.

En resumen, en el cuento "Quien escucha su mal oye" de Gorriti su narradora dialoga con los discursos liberales masculinos y en el proceso desvirtua o problematiza, consciente o inconscientemente, las representaciones, conductas y roles masculinos y femeninos inscritos en esos discursos. Para lograr tal efecto usa dos estrategias, discute temas supuestamente 'femeninos' y al mismo tiempo camufla la discusión del tema tabú del erotismo. Al discutir los temas supuestamente 'femeninos' los desvirtua como tales al implementar una ideología andrógena. Por otro lado, al discutir el erotismo en el contexto del género fantástico hace difuso el rol masculino y el femenino como sujeto u objeto erótico definido.

 

NOTAS

[1] El cuento "Quien escucha su mal oye (Confidencia de una confidencia)" forma parte de la colección de Gorriti Sueños y realidades. En este trabajo uso la versión del cuento editada por José Miguel Oviedo, Antología crítica del cuento hispanoamericano (Madrid: Alianza Editorial, 1989) 94-103.

[2] Todas las traducciones del inglés son mías.

[3] Para ver una discusion del tema del secreto en este cuento de Gorriti consultar Pablo A. J. Brescia, “La sintaxis del secreto en Juana Manuela Gorriti,” Signos literarios y lingüisticos II.2 (diciembre 2000): 63-73.

[4] Uso el término erótico en un sentido general, es decir, la excitación y búsqueda de satisfacción del deseo sexual.

[5] Entiendo por voyeurismo, el acto a través de la cual una persona se excita sexualmente o simplemente goza espiando los actos privados de otras personas.

 

BIBLIOGRAFIA

Bataille, Georges (1962): Death and Sensuality: A Study of Erotism and the Taboo. New York: Walker and Company.

Brescia, Pablo A.J. “La sintaxis del secreto en Juana Manuela Gorriti.” Signos literarios y lingüisticos II.2 (diciembre 2000): 63-73.

Foucault, Michel (1980): The History of Sexuality. Vol. 1. New York: Pantheon.

Gorriti, Juana Manuela. "Quien escucha su mal oye." En Oviedo, José Miguel (1989): Antología crítica del cuento hispanoamericano. Madrid: Alianza Editorial (94-103).

Grzegorcyk, Marzena. “Lost Space: Juana Manuela Gorriti’s Postcolonial Geography.” Journal of Iberian and Latin American Studies Vol.8, No. 1 (2002): 55-69.

Hahn, Oscar (1982): El cuento fantástico hispanoamericano en el siglo XIX. México D.F.: Premia Editora.

Masiello, Francine (1992): Between Civilization & Barbarism: Women, Nation, and Literary Culture in Modern Argentina. Lincoln: University of Nebraska Press.

Michie, Helena (1987): The Flesh Made Word: Female Figures and Women's Bodies. New York: Oxford University Press.

Mosse, George L. (1885): Nationalism and Sexuality: Middle-Class Morality and Sexual Norms in Modern Europe. Madison: University of Wisconsin Press.

Pratt, Mary Louise. "Las mujeres y el imaginario nacional en el siglo XIX." Revista de Crítica Literaria Latinoamericana Año XIX, No.38 (Segundo semestre de 1993): 51-62.

 

© Federico A. Chalupa 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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