El hombre y el espacio en Un camino en el mundo de V.S. Naipaul

Paula Simón

Universidad Autónoma de Barcelona
paulacsimon@gmail.com


 

   
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Resumen: En este trabajo nos proponemos realizar un aporte al estudio de la obra de V. S. Naipaul, uno de los representantes actuales de la literatura en lengua inglesa y a partir de cuya obra podemos reflexionar en cuanto a aspectos claves de la llamada Literatura Postcolonial. Nos centraremos para ello en su obra Un lugar en el mundo (1994) y analizaremos cómo, a través de la tensión que se produce entre la organización del texto y la construcción de la voz narradora y del tiempo, el autor nos plantea problemas relacionados con su vida, con su país de origen, con sus raíces indias y con su propio proceso creativo.
Palabras clave: V.S. Naipaul, Trinidad

 

Abordar alguna de las obras de V. S. Naipaul supone sumergirse en un mundo complejo y apasionante poblado por personajes e historias con un colorido muy particular. También implica adentrarse en un campo minado por las más heterogéneas críticas acerca de su trabajo y de su personalidad que van desde la admiración más profunda hasta los reparos más vehementes. No obstante, todos los textos que se proponen comentar, analizar o estudiar la obra de Naipaul coinciden en que este autor, nacido en Trinidad y con raíces indias, se ha transformado en uno de los representantes de la literatura en inglés de nuestros tiempos.

En esta oportunidad, nuestro objetivo es analizar el texto A way in the world, publicada en el año 1994 y traducida al español en 1995 con el título Un camino en el mundo [1]. Nos interesa detenernos en la construcción de la voz narradora y en la tensión que se produce entre ésta y el espacio al que se está refiriendo, así como también en la organización particular que posee la obra. Observamos que el autor, muchas veces identificado con el narrador, despliega en el discurso un juego de correspondencias entre la estructura del texto, la voz o voces narradoras y el espacio en el que se desarrollan las historias. Estos juegos le permiten al autor reflexionar en torno a varias preocupaciones relacionadas con su vida, con su país de origen, con sus raíces indias y con su propio proceso creativo.

Por otro lado, las preocupaciones que se vuelcan en este libro nos revelan aspectos claves para entender la problemática del sujeto y del espacio trinidadiano del siglo XX. Siguiendo esta línea, el concepto de “nación”, abordado por gran parte de la crítica postcolonial, cobra una relevancia particular en la obra analizada.

 

Un camino en el mundo: una obra “en proceso”

Un camino en el mundo está conformado por nueve apartados cuyos títulos, “Preludio. Herencia”, “Ropa nueva. Una historia no escrita”, “Pasajero. Una figura de los años treinta”, por citar algunos, generan en el lector una notable sensación de ambigüedad en cuanto al tipo de libro que se dispone a leer. Ya desde el índice, dudamos sobre si nos enfrentaremos a una novela, a una antología de cuentos o ensayos, o bien simplemente a un compendio de textos sin aparente relación. Asimismo, la diversidad temática, la introducción de numerosos personajes en los distintos apartados, ya sean históricos o desconocidos, la multiplicidad de los diálogos y la amplia gama de las temáticas abordadas, abonan esa sensación de indeterminación experimentada desde el inicio.

En cuanto a esto, Jesús Varela Zapata ha comentado que Un camino en el mundo

“tiene como subtítulo en la edición inglesa ‘A Sequence’, mientras que en Estados Unidos ha sido publicada como ‘A novel’. Probablemente la ambigüedad del primero lo haga más adecuado y menos comprometedor ya que en realidad nos encontramos ante una serie de relatos autobiográficos (…) y diversas ‘unwritten stories’ o bocetos para una obra inacabada que suponen una ficcionalización de algunos de los hechos y los personajes mencionados en The loss of El Dorado” (Varela Zapata, 1998: 34)

A partir de este aporte, podemos decir que lo más importante acerca la estructura de la obra es la intención que el narrador persigue de mostrar al lector un material narrativo en proceso de elaboración, inacabado, “in progress”. En el apartado nº 3, el narrador expresa: “En mi cabeza fue tomando forma una historia con el paso de los años. Pero nunca llegó a vestirse con detalle, con el ‘oficio’ necesario a una narración (…) Mi idea siguió siendo una idea y, en parte elaborándola por vez primera, la escribo aquí” (Naipaul, 1995: 53). Este tipo de reflexiones reaparecen a lo largo del texto, transformándose en un artificio del que se vale el autor para desnudar el proceso creativo, para mostrar los engranajes de la tarea del escritor.

El relato que se introduce en el capítulo nº 3 a partir de la cita anterior cuenta la historia de un hombre que se remonta río arriba con otros sujetos con los que entabla algunas conversaciones. El relato comienza así: “El narrador viaja corriente arriba por un río de las tierras altas de un país suramericano innominado. ¿Quién es el narrador? ¿Quién se le puede hacer que sea? A menudo éste es el punto en que la ficción se falsea” (Naipaul, 1995:53). Este breve pasaje sintetiza las preocupaciones que el autor desarrollará a lo largo de la obra. La indeterminación manifestada a través de la estructura de la obra, se corresponde con la ambigüedad y la complejidad del sujeto que narra, de los modos de narrar e incluso del espacio al que se refiere. Todos estos elementos aparecen distorsionados y cuestionados en la obra de Naipaul, por lo cual la forma del texto se convierte en parte del mismo contenido.

No obstante, aunque el narrador pretende desplegar esta idea de “boceto”, existen marcas que permiten establecer unidad en la diversidad de los apartados. El primero, denominado “Preludio. Herencia” funciona como una introducción. Se lleva a cabo la presentación de la voz narradora y del espacio al que harán alusión las anécdotas, la isla caribeña de Trinidad. A partir del segundo apartado o capítulo, el lector asiste a un nutrido desfile de personajes e historias más o menos relacionadas con la biografía del autor. En el segundo apartado, el narrador cuenta la historia de su adolescencia en Trinidad, sus primeros pasos como escritor y su trabajo como administrativo en el Archivo General. El tercero se acerca a la forma tradicional del relato de viajes, pues se narra el recorrido en barco del narrador a lo largo de un río sudamericano. Los siguientes capítulos, del cuarto al octavo, están consagrados mayormente a las historias de escritores y otros personajes históricos que han pasado por Trinidad: Foster Morris, Lebrun, Walter Raleigh, Francisco Miranda. Cada historia posee sus señas particulares, a tal punto que cada una podría considerarse una novela corta en sí misma, pues cada una sigue su misma línea argumental. El último capítulo, si bien se titula “De vuelta a casa”, se ambienta en un país de África oriental y refiere la historia de Blair, un personaje que ya había aparecido en el primer capítulo, conocido del narrador en su adolescencia.

En cuanto a los personajes, observamos que aparecen encadenados a lo largo del libro. Foster Morris en el cuarto apartado dará lugar al relato sobre Lebrun, que se desarrolla en el quinto. Blair, uno de los personajes que rodea al narrador en el relato de su adolescencia del primer apartado será el protagonista del capítulo con el que se cierra la obra. En cuanto a los personajes históricos, se establece un diálogo entre las historias de Sir Walter Raleigh, explorador inglés que emprendiera la búsqueda de El Dorado en el siglo XVII, y de Francisco Miranda, revolucionario venezolano del siglo XIX. Ambos han pasado, cada uno en su tiempo, una porción de su vida recluidos en Trinidad y desde ese momento el narrador construye sus historias. Se puede observar que los relatos, tanto los de Raleigh y Miranda como también los de Foster Morris y Lebrun, poseen un factor común que es el fracaso y la desilusión, así como también el apartamiento y la conciencia de haber sido desoídos por la Historia.

La voz narradora es otro elemento clave para advertir la cohesión del discurso. Si bien la profusión y extensión de los diálogos entre los personajes diluyen la presencia de la primera persona, lo cierto es que el narrador reaparece cada vez que debe retomar el control argumental del discurso y, por lo tanto, los largos diálogos se cierran y quedan convertidos en historias contenidas en una estructura mayor dominada por la primera persona.

Siguiendo esta línea, vemos que en el capítulo nº 1, el narrador menciona a Blair, personaje que reaparece en el último apartado, del que comenta: “Durante dos días, el corpachón destrozado de Blair estuvo tirado sin ser descubierto en una plantación bananera (…) Pero este asunto saldrá en este libro a su debido tiempo” (Naipaul, 1995: 32). A través de este ejemplo, podemos comprender la intención del narrador de controlar el material narrativo. Para lograrlo, hilvana las historias y en ocasiones adelanta información. De este modo, desnuda el proceso de escritura ante el lector. Este control, a decir verdad, está dado a través del empleo de diversas estrategias cinematográficas. En este caso, observamos un salto en el tiempo. Similar a este mecanismo, en el capítulo nº 8 el narrador propone: “Saltamos seis años. Venezuela es un torbellino, una tierra de sangre y venganza después de tres años de revolución (…)” (Naipaul, 1995: 337).

Otro procedimiento cinematográfico se cumple a través de la focalización. En el capítulo dedicado a Sir Walter Raleigh, menciona la aparición de un indio y comenta:

“Nos quedamos con esos ojos indios. Cuando volvemos a mirarlos ya se han calmado un tanto, incluso muestran cierta seguridad. Retrocedamos uno o dos pasos. Vemos que el poseedor de esos ojos lleva ahora ropa inglesa que le sienta bien (…) Ahora sólo ojos, avanzaremos por el canal de rápida corriente que va del golfo al río principal” (Naipaul, 1995: 193)

El narrador confecciona la escena como si tuviera una cámara en sus manos y se encontrara filmando una secuencia. De este modo lo transfiere al papel. Incluso utiliza verbos del orden de lo visual, lo que refuerza esa impresión de estar observando una escena en la que una cámara nos dirige y nos propone los planos y los focos.

Por último, perviven, a lo largo de los capítulos, ciertas correspondencias temáticas, tales como el tema del viaje. Prácticamente todos los personajes centrales, incluido el narrador, se embarcan en un viaje por diferentes razones. El narrador, así como los que le rodean en Trinidad, por estudios o por la adquisición de experiencias de vida; Sir Walter Raleigh ha viajado en busca de El Dorado; Miranda lo ha hecho en pos de una revolución libertadora. Sin importar el momento histórico, el autor hermana la experiencia del viaje a los ojos del lector. En sí, Trinidad será un espacio atravesado y construido a través de la experiencia del viaje, como analizaremos más adelante.

Observamos, entonces, que aunque la noción de ambigüedad genérica pervive, la aparente fragmentariedad de la primera lectura se desvanece para dar lugar a una estructura muy compleja y tapizada por múltiples sincronizaciones y correspondencias.

 

El problema del sujeto: la voz y las voces que cuentan

Desde la primera línea de Un camino en el mundo el lector tiene la fuerte impresión de estar abordando un texto con claras marcas autobiográficas: “Me marché de casa hace más de cuarenta años. Yo tenía dieciocho. Cuando volví al cabo de seis años (y despacio, en un barco que duraba dos semanas) todo me resultaba extraño y familiar a la vez (…)” (Naipaul, 1995: 7). Inmediatamente nos ubicamos en el espacio del recuerdo. El narrador, desde el presente, relata el reencuentro con la isla Trinidad y la compara con el espacio que dejó años atrás. Se despliega en los dos primeros capítulos el cúmulo de sensaciones que V. S. Naipaul experimentó al volver a Trinidad.

Como mencionamos anteriormente, el autor vivió en la isla hasta su adolescencia, momento en el cual ganó una beca y se fue a estudiar a Inglaterra. El lugar que descubre al volver poco tiene que ver con la antigua isla y el narrador-autor ya no se siente dentro del espacio, sino un simple observador:

“La gente de la calle me parecía más oscura de lo que yo recordaba: africanos, hindúes, blancos, portugueses, chinos mezclados (…) Supongo que aquello se debía a que en las calles yo era más bien un mirón, a medias turista, y que cuando iba a una casa era para estar con gente a la que conocía de años” (Naipaul, 1995: 7).

Esta posición de observador, esta aparente objetividad o, mejor dicho, esta distancia que adopta la voz narradora en relación con el espacio al que se referirá, es la primera estrategia que nos lleva a identificar las características especiales del sujeto que cuenta. Asimismo, el contrapunto entre la Trinidad del recuerdo y la complejidad de la isla en el presente desde el que se relata, le permite al narrador contar sobre su infancia y su adolescencia, la relación con su padre, el trabajo en el Archivo General, su vida en Inglaterra, los demás viajes, el camino efectuado hasta convertirse en escritor y otros datos cotejables con la biografía del autor.

La memoria cobra un papel esencial en este libro, pues a la impronta autobiográfica, se suma una intención de documentar la historia de la isla, los asedios coloniales, los cambios en el mapa social a través del esclavismo, de la introducción de mano de obra india y china, etc. Es notable observar la intención de entroncar la vida del autor-narrador en la historia de la isla y en ese diálogo el lector descubre que tanto la una como la otra dan cuenta de la problemática postcolonial. En este marco, el concepto de “identidad” se transforma en una noción compleja. ¿Cómo definir quién es el narrador? ¿Cómo es el lugar que refieren los hechos? La idea de cambio constante, es decir, de acción en proceso, es la que da el tono particular a esta obra.

Paul Theroux comenta, en un trabajo temprano acerca de la obra de V. S. Naipaul:

“There are two sorts of intrepid travellers. The first are travellers from a great and famous city or a prosperous country (…) The second sort, of which Naipaul is one, are homeless: some are former colonials, transplanted people who can claim no country as their own. They travel because they belong nowhere; they cannot settle, they are constantly moving (…)” (Theroux, 1972: 77)

La idea de “movimiento constante” que menciona Theroux es la que prima en Un camino en el mundo ya que, así como la vida del narrador-autor se ha modificado al tener que trasladarse para estudiar y buscar mejores oportunidades, también Trinidad ha ido cambiando en su composición social y económica a lo largo de los años como consecuencia de los manejos políticos desde los principios de la colonia. El narrador deja entrever, por lo tanto, la correspondencia entre ambas historias, la de su vida y la de la isla. Ambas historias no son más que un fiel ejemplo de la problemática global del sujeto y del espacio postcoloniales, especialmente en lo referido a la realidad caribeña.

Sin embargo, el narrador de carácter autobiográfico no es en esta obra un elemento monolítico ni constante. Naipaul despliega en esta obra una amplia galería de personajes. Algunos de ellos pertenecen a la Historia, tales como Sir Walter Raleigh o Francisco Miranda; otros son escritores, como Foster Morris, y también aparecen personajes anónimos que surgen desde el entorno del narrador, entre los que encontramos a Leonard Side, Blair y Manuel Sorzano. La primera persona, por lo tanto, se desplaza para dar lugar a largos diálogos en los cuales los protagonistas son, cada uno a su turno, estos personajes.

No obstante, la presencia de estos personajes con sus historias particulares no hace más que disfrazar, como en un acto de camaleonismo, al narrador que describimos anteriormente. En cada uno de los personajes, ya sea Miranda, Foster Morris o Raleigh, subyace algo del narrador-autor. Miranda y Raleigh, citados por los anales históricos, representan el espíritu del viajero cosmopolita que ha resignado sus raíces en pos de perseguir un objetivo concreto, ya sea El Dorado, en el caso de Raleigh, o la revolución, en Miranda. Ambos personajes parecieran corresponderse con el hecho de que le narrador, identificado con el mismo Naipaul, optó por alejarse de Trinidad para dedicarse a la escritura.

Otros personajes anónimos como Blair, compañero de trabajo del narrador en el Archivo General, también eligió abandonar la isla para continuar con sus estudios. El caso de Lebrun nos conecta con el conflicto más personal del narrador-autor. Lebrun es un hombre de origen panameño-trinidadiano que participó de los intentos revolucionarios de los negros víctimas de la explotación en las islas caribeñas. También es un escritor cuya obra ha sido ignorada en Trinidad. El narrador menciona haberla leído en Londres. Acerca de esto, comenta:

“¡Qué espíritu se encerraba en sus páginas! Siempre ahí, esperando hablarme. Me pregunté qué jugo le habría sacado en la Trinidad de 1948. No mucho. En esa época habría estado demasiado imbuido de aquella pequeñez ‘fin del imperio’ de la que Lebrun había hablado (…) Necesitaba el paso del tiempo, de la distancia, de la experiencia para comprender lo que él había escrito” (Naipaul, 1995: 138)

A través de este fragmento asistimos al punto más controversial de la obra de Naipaul. El narrador-autor manifiesta que, así como el libro de Lebrun ha sido ignorado en la isla pero leído en Inglaterra, él mismo se alejó de Trinidad en pos de un crecimiento personal y profesional.

Curiosamente, los personajes que convoca en este libro están asentados en Trinidad en los momentos más angustiosos de sus vidas, es decir, en situaciones atravesadas por la desilusión y el fracaso. Sir Walter Raleigh ya no busca El Dorado y se ha convertido en un anciano enfermo y demente. Miranda, por su parte, se halla confinado en Trinidad justo cuando sus planes revolucionarios han fracasado. Este hombre desea fervientemente alejarse de la isla. En un momento determinado, cuando se le comunica que será encarcelado en Cádiz, manifiesta: “Doy gracias a Dios porque me voy a Europa. Capitán general, nunca olvidaré esta gentileza que ha tenido conmigo” (Naipaul, 1995: 351). Cabe destacar que el capítulo dedicado a Miranda adquiere las características de una novela epistolar, pues está estructurado a partir de las cartas que el venezolano le envía a su esposa que se encuentra en Londres y de las respuestas que recibe de ella. La tensión dramática del capítulo nos muestra a un héroe abatido por las circunstancias y ciertamente derrotado.

Si bien, en primera instancia, esto nos conduce a pensar que Naipaul establece en su obra una relación directa entre Trinidad y la idea de fracaso o la incapacidad de alcanzar las metas que los sujetos se proponen, también es posible avanzar en nuestras reflexiones y entender los planteos del autor desde otros puntos de vista.

En primer lugar, podemos observar que la idea del viaje y del alejamiento de la isla está vinculada con la búsqueda de un crecimiento personal y profesional. En un ensayo denominado “Leer y escribir”, Naipaul comenta:

“Estaba casi indigente -tal vez tenía seis libras- cuando me fui de Oxford hacia Londres para instalarme como escritor. Todo lo que quedaba de mi beca, que ahora parecía haber sido pródigamente despilfarrada, era el costo del regreso a casa (…) Nada sucedió con mi escritura durante esos cinco meses; nada sucedió durante los cinco meses siguientes. Y luego un día, en la profundidad de mi depresión casi permanente, comencé a ver lo que podría ser mi material: la calle urbana de cuya vida mixta nos habíamos mantenido alejados, y la vida rural anterior, con los modos y maneras de una India recordada. Parecía fácil y obvio cuando lo encontré; pero me había tardado cuatro años en verlo. Casi al mismo tiempo me llegó el lenguaje, el tono, la voz para ese material” (Naipaul, 2001)

La distancia le otorga a Naipaul, así como al narrador de A way in the world, la perspectiva necesaria para comprender la compleja realidad en la que ha nacido. La situación política y social de Trinidad, pero también su propia historia, la de sus raíces indias y la emigración surgen como temas centrales de su obra literaria a partir del alejamiento.

Por otro lado, podemos interpretar esta relación Trinidad-fracaso como un modo de explicar las problemáticas concretas de los países que conforman el espacio postcolonial en general, centrándonos en el entorno caribeño. En el ensayo “Leer y escribir”, Naipaul reflexiona:

“En poco tiempo me enteré de que había más mundo afuera, del cual nuestro mundo colonial sólo era una sombra. Ese mundo exterior -principalmente Inglaterra, pero también Estados Unidos y Canadá- nos regía en todos los aspectos. Enviaba a sus gobernadores y todo lo demás con que vivíamos (…)” (Naipaul, 2001)

De este modo, A way in the world se comporta como otra expresión de los planteos de Naipaul, pues subyace en este texto una fuerte crítica al aparato colonial desde sus inicios, ya sean los poderes españoles del siglo XVI o los posteriores británicos. Asimismo, esta crítica se extiende a las políticas adoptadas una vez caído el sistema colonial. En repetidas ocasiones, el narrador transparenta esta crítica. Cuando comenta acerca de la proscripción de Lebrun, afirma:

“La política de las islas nunca llegó a cambiar. Los líderes que llegaron al poder al final del período colonial (…) siguieron en el poder. No importó que muchos se aburrieran y no hicieran demasiado. Todos a su manera eran líderes raciales y los primeros que habían tenido éxito” (Naipaul, 1995: 135)

El narrador, como podemos observar, se reviste de una posición fuertemente crítica que excede los límites de su experiencia personal. Por lo tanto, A way in the world, aun en el límite entre verdad y ficción, se incorpora coherentemente a las ideas expresadas por Naipaul en sus obras más claramente ensayísticas.

El problema del espacio: entre lo uno y lo diverso

El espacio y el sujeto son los dos elementos que entran en tensión en A way in the world. Como afirmamos previamente, la voz narradora se ubica desde el principio en el espacio del recuerdo. Desde el presente en el que vuelve a Trinidad después de sus estudios y viajes en el extranjero, recuerda a esa otra isla, la que dejó a los dieciocho años. Sin embargo, esa isla del recuerdo es el espacio de la infancia que se caracteriza por la inmediatez, es decir, la apreciación reducida de la realidad. Por lo cual, cuando el narrador viaja al exterior y se dedica a la lectura de documentos históricos, se descubre ante sus ojos un espacio distinto, novedoso y complejo. En la distancia ha construido una nueva representación de Trinidad que incluye el pasado colonial y sus propias raíces indias. Ante este hallazgo, el narrador expresa:

“Los documentos (…) me retrotrajeron al descubrimiento. Me produjeron la impresión de una isla india aborigen densamente poblada, ocupada de sus propios asuntos y casi sin relación con la que yo había conocido (…) En Londres, separado por muchos años y algunos miles de kilómetros de esa visión a ras del suelo (…) resultó más sencillo sentir la verdad de la otra isla, la aborigen” (Naipaul, 1995: 219)

Esta revelación del espacio en su complejidad es la idea que atraviesa todos los capítulos del libro y que acompaña el desarrollo de cada una de las historias, de cada uno de los personajes. La dinámica del cambio constante de la que hablaba Theroux se reproduce en la construcción del espacio trinidadiano. Muchas escenas transcurren en otros lugares, tales como África, Venezuela o la India. Si bien en una primera lectura esto podría descentrarnos, el narrador convoca estos espacios como elementos configuradores de la isla: los negros africanos, las relaciones con Venezuela, la emigración india.

El concepto dinámico de “nación”, ampliamente trabajado por la crítica postcolonial, ingresa de lleno en la propuesta de Naipaul. En An introduction to Post-Colonial Theory, en relación con las teorías de Homi Bhabha, se expresa: “In post-colonial space, the cultural threat of difference shifts from the nation’s exteriorities to its interiorities because the unified people invoked by the narrative differ from the diverse people addressed by it” (Childs and Williams, 1997: 139). Trinidad es un espacio absolutamente heterogéneo conformado por diferentes grupos étnicos y sociales. Esa noción de diversidad, así como la dinámica del cambio constante, es lo que Naipaul traduce en las páginas de A way in the world.

Nos interesa destacar el valor que adquiere la narración como el elemento que da existencia al espacio. En el capítulo nº 4, el narrador expresa: “Todos los años los cruceros traían a uno o dos escritores que escribían sus diarios y tomaban fotos para sus ‘libros de viaje’” (Naipaul, 1995: 81). A continuación, recupera numerosos relatos de viajeros que llegaron a Trinidad desde el extranjero y que escribieron acerca de la isla, dando cuenta de su existencia. Esta intención de recuperar la historia discursiva de la isla a través de las plumas extranjeras surge en el narrador como una posible solución para entender la complejidad del espacio al que se está refiriendo. Los viajeros a los que se refiere han dado impresiones erróneas de la realidad de la isla, muchas veces asociadas con el turismo ingenuo y las imágenes exóticas.

No obstante, a través de la construcción que el narrador efectúa del espacio, logra darle a la isla una verdadera entidad, compleja y dinámica, pero propia. La experiencia del autor, tal como aparece en el ensayo citado, “Leer y escribir”, se corresponde con esta idea: la complejidad del espacio se descubre con la perspectiva que da la distancia y, una vez efectuado este movimiento, el compromiso de dar cuenta de ello es inevitable.

 

Algunas conclusiones

Luego de efectuar un recorrido a través de la estructura de la obra, de la construcción de la voz narradora y del espacio al que se refiere, en este caso, la isla Trinidad, podemos decir que entre estos elementos se guarda una serie de correspondencias. En primer lugar, la organización del material narrativo propone al lector un juego en el cual se descubren los procesos de elaboración del mismo. Esta particularidad mantiene relación con la experiencia concreta del autor en la búsqueda de su propia voz. De este modo, la primera persona que maneja el desarrollo argumental, si bien se esconde bajo las historias de los demás personajes, mantiene el control narrativo a lo largo de las historias a fin de reflejar en ellas sus propias preocupaciones, claramente cotejables con las preocupaciones de V. S. Naipaul.

Por último, la construcción del espacio completa este panorama de correspondencias, pues a través de la mirada del narrador se define la isla en su heterogeneidad y dinamismo. Esto le permite al autor exponer, a través de la voz narradora, sus propias ideas acerca de la realidad política, social y económica de la isla Trinidad en el complejo escenario del mundo postcolonial.

 

Bibliografía

Childs, Peter; Williams, Patrick (1997): An introduction to Post-Colonial theory. T.J. Press, Hemel Hempstead.

Naipaul, V. S (1995): Un camino en el mundo. Tr. Francisco Páez de la Cadena. Debate/Círculo de Lectores, Madrid.

Naipaul, V. S: "Leer y escribir”, Fractal, abril-junio, 2001, año 6, n° 21, volumen VI, http://www.fractal.com.mx/F21naipa.html

Rai, Sudha (1982): V. S. Naipaul. A study in expatriate sensibility. Humanities Press, Atlantic Highlands, N.J.

Theroux, Paul (1972): V. S. Naipaul. An introduction to his work. André Deutsch, Londres.

Varela Zapata, Jesús (1998): V. S. Naipaul. Sociedad postcolonial y literatura de la Commonwealth. Universidade de Santiago de Compostela, Santiago de Compostela.

 

Notas:

[1] Utilizaremos para las citas la edición en español: NAIPAUL, V. S. Un camino en el mundo. Tr. Francisco Páez de la Cadena. Madrid: Debate/Círculo de Lectores, 1995

 

© Paula Simón 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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