No todos fueron Crímenes ejemplares:
“Epitafios”, “Suicidios” y “De Gastronomía” de Max Aub

Dr. Pedro Tejada Tello

I.E.S. Vicent Castell i Domènech (Castellón)
ptej2000@yahoo.es


 

   
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Resumen: En el presente artículo estudiamos los Suicidios y los Epitafios de Max Aub, emparentables con los aforismos y las greguerías. Como los aforismos se caracterizan por su sentenciosidad conceptista, a los que Max añade un baño de humor irreverente y absurdo, que lo acerca al humorismo de Ramón y a alguno de sus seguidores (Mihura, Tono y Jardiel Poncela). El análisis de los recursos lingüísticos y retóricos confirma el gran influjo de la técnica greguerística en Aub.
Palabras clave: greguerías, Ramón Gómez de la Serna, Max Aub

 

A pesar de que esta conocida obra de Max Aub lleva por título Crímenes ejemplares, en realidad la mayoría de ediciones incluyen junto a los crímenes, composiciones de otro tipo. Sólo una edición, la de Finisterre en 1969 (?) (que erróneamente se suele temporalizar en 1968 [1]) avisaba desde el título de la presencia de otras piezas: Crímenes ejemplares y otros. Esos “otros” son los subgéneros o secciones que han aparecido en las principales ediciones y que podemos considerar ya inseparables de los crímenes, con los que se complementan perfectamente: epitafios (que se publicaron por primera vez en la revista unipersonal aubiana Sala de espera entre 1949 y 1951), suicidios y de gastronomía.

 

Colección integrada y miscelánea

Siguiendo a Gabriela Mora (1993:115), “llamamos integrada a la colección de cuentos que presentan paradigmas de relación entre los diversos relatos, para distinguirla de otra de tipo ‘misceláneo’ en que dicha relación no existe.” La singularidad del libro aubiano reside en que aúna ambas condiciones de colección, pues, por una parte podemos hablar de integración al unirse algunos de los motivos conectores que señaló Forrest: temas, tipo de narrador, escenario común y mismo tipo de personajes (Romera y Gutiérrez, 2001: 660). Por otra parte, la obra también puede considerarse una miscelánea porque se yuxtaponen diversos subgéneros de la minificción (crímenes, suicidios, de gastronomía y epitafios). Centrándonos en los motivos conectores, observemos que el tema común a todo el libro es el de la muerte, bien en su forma natural -epitafios-, bien en su forma provocada, asesinato o suicidio. En todas las piezas, salvo contadas excepciones, el narrador corresponde a una primera persona, que suele ser la del asesino (crímenes, de gastronomía) o la del muerto antes de dejar esta vida (suicidios, epitafios). El escenario también es común: el espacio de la confesión en los crímenes o el del suicida. Los personajes igualmente poseen notas igualatorias: intransigentes y egocéntricos.

Del mismo modo que los crímenes se organizan o vinculan por series, como los veinticinco marcados por el estribillo anafórico Lo maté/La maté…: “LO MATÉ porque era más fuerte que yo.” (p.51) [2], “LA MATÉ porque me dolía el estómago.” (p.52), “LO MATÉ porque me lo dijo mi mamá.” (p.61), (estribillo inspirado sin duda en la frase popular, lexicalizada, La maté porque era mía), también esta suerte de estribillos la encontramos en los restantes minitextos de esta miscelánea: en “Suicidios”, “NO SE CULPE a nadie de mi muerte…” (p.68) y en “Epitafios” la propia estructura “DE…”, “DEL…”, “DE UN…”, como “DE DON JUAN”, “DEL BUENO”, “DE UN MARICA”, etc.

En el presente artículo nos vamos a olvidar de las piezas narrativas, esto es, de los crímenes [3] y nos vamos a centrar en las piezas que son más emparentables con los aforismos y las greguerías, es decir, suicidios y epitafios. De gastronomía, que comparte rasgos con todos los anteriores, la hemos tratado recientemente en otro lugar. [4]

 

Los aforismos. Jardiel Poncela

Aforismo (del latín aphorismus) lo define el DRAE como “sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte” (—>DRAE). La crítica ha señalado que en la escritura de Max Aub son frecuentes las ocasiones en que consciente o inconscientemente cultiva este tipo de decir sentencioso. Merece destacarse en este sentido la recopilación realizada por Javier Quiñones titulada Aforismos en el laberinto, donde reúne un buen número de citas extraídas de toda la obra aubiana (entre las que están los epitafios y suicidios) y que considera aforismos. Quiñones explica así la noción de aforismo (más amplia que la académica) y por qué la vincula sin vacilación a nuestro escritor: “Si se entiende el aforismo como una manifestación de la inteligencia, del ingenio, de la sabiduría y de la belleza, que responde con tanta brevedad como intensidad y precisión a un pensamiento profundo que comunica una visión del mundo y de la vida, sin duda Max Aub fue un escritor de aforismos. Y lo fue aunque no cultivara deliberadamente esa forma más que en unas cuantas ocasiones.” (Aub, 2003:23)

Franklin García Sánchez ve en estos epitafios y suicidios aubianos una conexión “con la literatura sentenciosa del barroco, y más específicamente con el conceptismo a lo Gracián” (Aub, 2006:30). No resulta difícil encontrar ejemplos de esta sentenciosidad y de este conceptismo entre los suicidios:

“NO SE CULPE a nadie de mi muerte”. Mentira, siempre se suicida uno por culpa de alguien. “Nadie” siempre es alguien. (p.68)
Se suicida uno por todo. (p.69)

O entre los epitafios:

DE UN TIRANO:
Fue a lo suyo
por lo tuyo.
(p.80)

DE UN MARICA:
Dio lo que no tenía.
(p.81)

Sin embargo, García Sánchez puntualiza enseguida que “los adagios de Aub, lejos de todo ‘arte de prudencia’, despliegan un desinhibido posicionamiento humorístico neobarroco, hecho de ironía, espíritu irreverente y gusto de lo grotesco” (Aub, 2006.:30). Véanse los siguientes suicidios:

SIEMPRE SE SUICIDA uno aculado. (p.71)

“PUDE DAR LA VIDA, luego me la puedo quitar. Que los mantenga su abuela”. (p.72)

LLÁMANLO EL SUEÑO eterno. Como padezco horriblemente de insomnio, pruebo. (p.75)

Siguiendo a su admirado Quevedo, Max demuestra su agudeza de ingenio reuniendo apretadamente en esos minitextos condensaciones de conceptos, implicaciones, inferencias o antítesis. Por ejemplo, el siguiente suicidio:

- DORMIR ES SUICIDARSE un poco cada noche.
- Usted es soltero.
- ¿Cómo lo sabe?
(p.70)

Aquí se asocia “suicidio lento” con soltería y queda implícito “suicidio rápido” o “suicidarse del todo” con matrimonio. Se da igualmente en este minitexto un recurso típico de Miguel Mihura: el uso de verbos de significación absoluta como “ser”, “casarse”, “morir(se)”, “asesinar”… con un matiz relativo, que además de ser un procedimiento cómico, sirve para caracterizar a determinados personajes tímidos o inseguros. [5] Recuérdese el título mihuriano El caso de la mujer asesinadita. Sin embargo, es este el único caso (incluyendo los crímenes) que hemos encontrado en el libro de Max que nos ocupa.

Si acabamos de nombrar a Mihura, es obligatorio referirnos también a uno de sus maestros: Ramón Gómez de la Serna. Es bien conocida la admiración de Max Aub por Ramón [6] y la influencia de las greguerías en los textos que analizamos, así como en Signos de ortografía, es muy perceptible. La concepción ramoniana del humor va a tener un influjo enorme en una serie de dramaturgos y novelistas, entre los que se encuentra Aub. El humor entendido como una actitud ante la vida. “Casi no se trata de un género literario, sino de un género de vida, o mejor dicho, de una actitud frente a la vida”, escribía Ramón en 1928 (Buckley y Crispin, 1973:270). El humor hace más soportable la vida, todo el entramado social: “Sólo se puede soportar el tinglado de lo social gracias al humor, que desface idealmente lo que es irritante que esté hecho, tan uniformado, tan en estrados de entronización.” (Ibid.:271) El magisterio de Ramón fue muy importante en lo que se ha venido en llamar “la otra generación del 27”: Mihura, Jardiel Poncela, López Rubio, Edgar Neville, Tono y otros. Aub, sólo dijo sentir aprecio por obras de Tono y Mihura (1993:17). Y este aprecio puede venir porque Max y estos dos escritores comparten una concepción del humor en la que se unen absurdo e inverosimilitud.

Si nos detenemos por un momento en Signos de ortografía de Aub nos vamos a llevar alguna sorpresa, como la vinculación de Max con algún escritor que se encontraba en sus antípodas ideológicas (como también lo estaban Mihura y Tono): nos referimos a Enrique Jardiel Poncela. Éste, como Ramón y como Max, se vio atraído por la forma breve y en concreto por la literatura aforística o greguerística. Resulta muy llamativo que algunas de las secciones de los aforismos coinciden con las de Max [7]. Así, Jardiel Poncela dedicó a las erratas toda una sección de sus aforismos: “Variaciones sobre un mismo tema tipográfico” (2000:237-249) [8], publicada en 1967, sólo un año antes de que Max hiciera su recopilación homenaje a la tipografía -y, por ende, a las erratas-, Signos de ortografía. Y entre los aforismos jardelianos destacamos uno inmediatamente asociable a los Crímenes ejemplares:

[1202] [9] Una errata de imprenta es siempre una invitación al crimen (Jardiel)

[506] [10] Puntos, comas, guiones, paréntesis, asteriscos:

¡Cuántos crímenes se cometen en vuestro nombre! (Aub)

Jardiel también dedica entre sus “Aforismos sobre temas que, por no ser de actualidad, está siempre de actualidad” sendos apartados a la muerte y al suicidio, de los que seleccionamos los siguientes ejemplos:

[61] No se sabe nada de la muerte: en el “más allá” hay censura gubernativa.

[62] Morirse es un error.

[70] Morirse da siempre pereza

[225] El suicidio es la teoría de muchos y la práctica de unos pocos. (Compárese con este de Max: LOS QUE dicen: / - Dan ganas de matarse. / - Dan ganas de desaparecer. / - Dan ganas de morirse, / no se suicidan nunca. (p.71)).

[227] La amistad, la mujer y el suicidio es el trípode en que se apoyan los espíritus débiles.

[271] Suicidarse es tener el valor de un instante para ahorrarse el valor de varios años.

 

Las greguerías: su técnica

Dentro de Crímenes ejemplares es en “Suicidios” y “Epitafios” donde más se percibe la técnica greguerística de Ramón. Seguiremos la sistematización de recursos lingüísticos empleados por Ramón en sus greguerías realizada por María del Carmen Serrano Vázquez, fundamentalmente en el capítulo II de su trabajo, “Mecanismos que producen el humor en las greguerías”. Anota esta estudiosa que “muchas greguerías basadas en la paradoja son reflexiones sobre la vida y su significado, expuestas no en un tono grave sino de forma humorística.” (1991:73) Para Ramón el humorismo -son sus propias palabras- es “aquello en que se mezcla la credibilidad y la incredulidad, lo trágico y lo cómico, la vida y la muerte, es decir, todos los polos contradictorios.” (1959:560) Greguerías de este tipo serían:

Lo más importante de la vida es no haber muerto.

En realidad, los seguros de vida son seguros de muerte. [12]

En estos dos ejemplos aparecen antónimos complementarios, es decir, opuestos no graduables, que admiten los siguientes requisitos:

La negación de A implica la afirmación de B no vida = muerte

La afirmación de A implica la negación de B vida = no muerte

Esta clase de antonimia, que según Serrano es la más recurrente en las greguerías, también la podemos encontrar en algunos suicidios:

“NO SE CULPE a nadie de mi muerte.” Mentira, siempre se suicida uno por culpa de alguien. “Nadie” siempre es alguien. (p.68)

Nadie # alguien       Nadie implica no alguien

Alguien implica no nadie

(No hay nadie implica hay alguien.

No hay alguien implica hay nadie.)

¿QUIÉN ES “nadie”? -clamaba el Comisario. (p.68)

Este suicidio enlaza con el anterior y se da por contraposición al mismo. Aquí la antonimia conlleva otro desplazamiento de significado, porque “nadie” se toma como si fuera nombre propio. Nadie = alguien, perdiéndose el carácter negativo y surgiendo el chiste por el despiste del personaje del comisario.

Nadie # alguien

Nadie = alguien

La designación es también una de las notas definitorias de las greguerías. Siguiendo a Coseriu, “la designación es la referencia a la ‘realidad’, o sea, la relación en cada caso determinado entre una expresión lingüística y un ‘estado de cosas’ ‘real’, entre signo y ‘cosa’ denotada.” (1981:283) [12] Esta realidad designada será el motivo del que brote el humor. Nos interesan especialmente las greguerías en las que el referente es el desencadenante del humor “por el hecho de que sus sujetos hacen referencia a personajes conocidos -reales o ficticios-: escritores, figuras literarias, pintores, filósofos, etc.

Estos sujetos son nombres propios, el paradigma por excelencia de la referencia.” (Serrano,1991:76-77) Ramón compuso greguerías en las que aparecían personajes célebres, pero modificando su imagen tradicional seria, sus atributos más característicos, de un modo que “no es mordaz, sino inocente, infantil.” (Ibid.:78) Ejemplos:

Dalí afina sus pinceles como si fueran bigotes.

La Dama de Elche es la primera mujer que gastó auriculares.

Lo más portentoso de Romeo fue que utilizó un hilo de araña para subir a ver a Julieta.

Max se vale de un recurso similar en los epitafios:

DE DON JUAN:
Mató a quien quiso.
(p.81)

DE ALEJANDRO DUMAS (hijo):
Aquí vive el hijo
De Margarita Gautier.
(p.82)

DE NIJINSKI:
Que le quiten lo bailado. (p.82)

Algunas greguerías participan de este humor infantil e ingenuo porque adoptan además el molde de los acertijos:

- Se embriaga todos los días y nunca ha ido a la comisaría.
¿Quién es? El bizcocho borracho.

¿Qué hace la comadreja de árbol en árbol? Lleva chismes.

En los suicidios de Aub se pueden plantear enigmas, escamoteando las pistas:

SE SUICIDÓ porque no le salió lo que debía salirle. (p.70)

LA VI,, no me gustó. Con que ¡hasta más ver! (Si no lo entienden, lo siento). (p.72)

“A VER si adivinan. Si no, tanto da”. (p.73)

A veces con un tono desafiante:

¡ADIVINEN, JÓVENES, ya que son tan listos! (p.76)

Las pistas se pueden omitir al no importar el motivo, puesto que las razones pueden ser innumerables:

SE SUICIDA uno por cualquier cosa. (p.70)

Este humor ingenuo que imita las percepciones imaginativas infantiles, no suele aparecer en los suicidios y epitafios (y tampoco en los crímenes, pues aunque alguna excusa de los asesinos puede parecer pueril, ni los niños que intervienen como criminales ni sus acciones ni sus palabras resultan ingenuas).

El carácter lúdico del vanguardismo y de toda la obra de Ramón se manifestó sobre todo en las acrobacias verbales, que pretendían rebelarse contra los significados fijos y tradicionales. Entraría aquí un recurso empleadísimo para provocar el humor verbal: la etimología popular. [13]

Monólogo quiere decir mono que habla solo.

Este recurso se da en un epitafio de Aub:

DE UN AVARO CATALÁN:
De tanto guardar,
y aguardar,
solo que aquí
este res-guardo.
(Res en catalán, es nada, en castellano)
. [14]

La paronomasia [15] también es muy utilizada en las greguerías, aunque pocas veces como simple juego de palabras por el valor fonético, pues normalmente la similitud de sonidos también se asocia a la proximidad de significados:

Qué fácil es que el adulto pase ser adúltero.

Las hormonas son las hermanas de las vitaminas.

La paronamasia se combina habitualmente con otros recursos: puede asociarse a la homonimia silábica y a la falsa etimología: en el epitafio del avaro catalán, junto a los parónimos guardar-aguardar-resguardo, la homonimia silábica guardar/ (res-)guardo y la falsa etimología res-guardo, nada-guardo (en “catalano-castellano”). Pero, sobre todo, se suele combinar con la dilogía (uso de una palabra en dos sentidos diversos). Encontramos ejemplos en los epitafios:

DEL METICHE:
Se metía en todo.
Aquí está metido.
(p.80) (“Metiche” en México significa “entrometido”; paronomasia: metiche-metía-metido; dilogía: meter(se): “entrometerse”/ “enterrado”.)

DE UN ACHICHINCLE:
De tanto servir, no sirve.
(p.81) (“Achichincle”: “persona que sigue ciegamente las órdenes de su superior”; paronomasia: servir-sirve; dilogía: “servilismo”/”inutilidad”).

En muchas ocasiones a Aub le sobra y basta con la dilogía para provocar el efecto cómico, como en el epitafio

DE DON JUAN:
Mató a quien quiso.
(p.81) (Querer: “amar” y “desear matar”.)

O en el suicidio

- EL SUICIDIO es un punto de partida.
- No tienes ninguna gracia.
- Desde luego que no en el sentido de tiro de gracia. (p.71) (Gracia: “chispa, humor” y “remate”.)

En las greguerías, además del sonido, el aspecto visual, tipográfico, de las letras, números y otros signos tipográficos dan lugar a asociaciones sorprendentes:

La F es el grito del abecedario.

El 6 es el número que va a tener familia.

Max dedicó una obra, que ya hemos citado anteriormente, Signos de ortografía, a asociaciones ingeniosas de este tipo:

Murió descoyuntado entre la j y la g. (p.402)

Punto y aparte: el degüello. (p.403) [16]

Igualmente encontramos tanto en Ramón como en Aub juegos conceptuales que parten de unidades de lo que se conoce como discurso repetido [17]: locuciones, frases hechas, modismos, etc. Hallamos suicidios en los que Max combina el verbo “suicidarse” con locuciones que, aunque susceptibles de agruparse con más de un verbo, son incompatibles con aquél:

SUICIDARSE en seco. (p.69) : la locución adverbial “en seco” (“fuera del agua o de un lugar húmedo”) es combinable con “frenar” o “parar”, “limpiar”, “varar”, “quedarse”… pero no habitualmente con “suicidarse”). La sorpresa también se da con:

SE SUICIDA uno por todo. (p.69)

SE SUICIDA uno por cualquier cosa. (p.70): “enfadarse”, “alterarse”, “entusiasmarse” y otros verbos de sentimiento están en la base de estas locuciones.

Otros casos son ejemplos claros de lo que Bergson estableció como “ley de la inversión” o darle la vuelta a una frase, siempre que ésta siga ofreciendo sentido (Bergson , 1983:80). Puede ser un retruécano, como el suicidio:

TRABAJA uno hasta matarse. (p.72)

O el mismo recurso acompañado del cambio de una enunciativa afirmativa por una negativa, como en el epitafio:

DE UN DICTADOR:

Poder no es querer. [18]

O a la inversa, como en el siguiente suicidio:

“QUE DIOS me lo tenga en cuenta”. (p.74)

El efecto cómico puede saltar cuando el significado figurado de la frase hecha se interpreta en significado literal, como en estos dos suicidios:

“NO BUSQUEN a la mujer. Precisamente porque no la hay corto el hilo de mi vida: con unas tijeras para mayor precisión.(p.74)

DESPUÉS DE TODO, nada.

Me mandó al demonio; voy. (p.75)

 

Conclusión

El estudio de los suicidios y epitafios de Aub ratifica la importancia de dos constantes en la obra de este autor: el vanguardismo y el conceptismo. El primero se relaciona con las deudas de nuestro autor con “los ismos” y sus afinidades estéticas con los escritores de la “otra generación del 27” (aunque ideológicamente su distancia fuera enorme). El segundo tiene que ver con un estilo que Max Aub sabe acomodar perfectamente al molde de estos minitextos.

 

Bibliografía

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Notas

[1] Esta edición no lleva ninguna fecha de impresión ni colofón. Se suele fechar esta edición en 1968, porque esta es la datación de la P.D. de la “Confesión”. Pero esta edición debe de ser como muy pronto de 1969, pues en la solapa de la colección en la que se inserta Crímenes ejemplares y otros, denominada “MIL Y UNA”, figura una lista de títulos publicados (el primero precisamente esta obra aubiana), luego dos títulos en prensa, y después una lista más larga de libros en preparación, que son premios y menciones honoríficas del Premio Internacional de Cuento “León Felipe”, 1969.

[2] Todas las citas de los crímenes, suicidios y epitafios las extraemos de la edición Calambur (1996). (Ver bibliografía.)

[3] Los crímenes los hemos estudiado en otras partes (V. Tejada: 2006, Tejada: 2008 a, Tejada: en prensa.)

[4] Ver Tejada: 2008 b.

[5] Ver Villar Corrales (1986:27).

[6] “Fue un fenómeno, en todas las acepciones de la palabra” (Aub, 1974:491). “Él [Valle-Inclán] y Juan Ramón Jiménez son los padres de nuestra actual época gloriosa sin olvidar a otro genial creador: Ramón Gómez de la Serna, que señorea otros campos.” (Aub, 1993:8).

[7] No pretendemos establecer la hipótesis de una influencia directa de un autor sobre el otro, porque carecemos de pruebas documentales. Es evidente que llegaron a ocurrencias semejantes, posiblemente por coincidencias de fuentes, de lecturas (Ramón), etc.

[8] En la edición de Valls y Roas, que es la que utilizamos, corresponde a los números 1182-1208.

[9] Esta numeración es la establecida por Valls y Roas en su edición.

[10] Adoptamos aquí la numeración marcada por Quiñones en su edición de Aforismos en el laberinto. (Ver bibliografía.)

[11] Todas las greguerías que citamos están extraídas del estudio de Serrano Vázquez. (Ver bibliografía.)

[12] Citado por Serrano Vázquez (1991:75-76).

[13] “Fenómeno que se produce por ‘la tendencia a asociar a cada palabra un sentido determinado. Esta creación de significado se manifiesta, en general o bien por un trastueque semántico o bien por adaptación fonética de la palabra’ (Wartburg).”( Lázaro Carreter (1984:176))

[14] Este epitafio sólo apareció en la revista Sala de espera (2002: volumen III, nº29, pp.8-9).

[15] Paronomasia es la colocación en una misma frase de parónimos o palabras fonéticamente semejantes.

[16] Estas citas son de la edición de las Obras Completas (Aub: 2006).

[17] “El ‘discurso repetido’ abarca todo lo que tradicionalmente está fijado como ‘expresión’, ‘giro’, ‘modismo’, ‘frase’ o ‘locución’ y cuyos elementos constitutivos no son reemplazables o recombinables según las reglas actuales de la lengua.” (Coseriu (1977:113), cito por Serrano (1991:105)).

[18] Epitafio sólo publicado en Sala de espera (2002: volumen III, nº29, pp.8-9).

 

© Pedro Tejada Tello 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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