El viaje hacia la derrota y victoria de Pedro Urdemales:
Un esbozo de viaje mítico popular

Gabriel Saldías Rossel


 

   
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Resumen: En el siguiente artículo se intentará comprobar la relevancia simbólica de la configuración de un personaje de la literatura popular chilena (y latinoamericana), como Pedro Urdemales. El eje que guiará esta caracterización se encontrará dentro del marco del “viaje del héroe”, considerando así los aspectos que tiene en común con los héroes clásicos desde su construcción antropológica y, más importante aún, las diferencias que lo convierten en un héroe escaso, especial y diferente. Para esto, será necesario revisar paso a paso su evolución, su “viaje” en diferentes etapas de su vida, para que pueda ser comprendido que todavía la literatura mantiene vivos a sus héroes populares.
Palabras clave: Héroe, tragedia, viaje, popular, Pedro Urdemales

Abstract: The following article will try to show the symbolic relevante amongst the configuration of a character who belongs to the tradicional folkloric chilean (and latinamerican) literature , such as Pedro Urdemales. The guideline for this analysis will be the “journey of the hero”, taking then into special account all the relative features of the character that may connect him with some classic heroes, even from his very own construction, and more important yet, all the diferences wich make him such a rare, special and diferent hero from the estereotype. To do this, it’ll be neccesary to review his evolution, his “journey”, step by step, considering every stage of his life as important as the next, so it can be understood that there still are popular heroes inside literature.
Palabras clave: Heroe, tragedy, journey, popular, Pedro Urdemales

 

1. El concepto de “héroe”; visiones encontradas.

Para referirnos al viaje del héroe es necesario primero precisar qué se entenderá por héroe. Para estos fines, la acotación que hace Juan Villegas [1] al término resulta bastante esclarecedora:

La idea de héroe ha de ser, a nuestro juicio, necesariamente dinámica y adecuarse, por consiguiente, a la concepción del hombre y del mundo. […] Limitar la existencia del “héroe” a tipos humanos del pasado es como exigir que en nuestro tiempo se escriban epopeyas […] (Villegas, 61)

De acuerdo a este planteamiento, la calificación de héroe debe corresponderse necesariamente con el mundo en que es aplicable. En el caso de los cuentos de Pedro Urdemales, se trata de un mundo rural principalmente, de escasez e itinerante. Sin embargo, no basta una vaga descripción del mundo presentado para inscribir a un personaje dentro del marco de lo heroico.

Dentro de la acción del personaje es necesario que este sea coherente con un pensamiento “positivo”, en el sentido valórico del mundo en que vive. Sin embargo, semejante descripción también resulta en extremo vaga, dado que el mismo término es, de acuerdo al primer planteamiento, relativo al estado de cosas en que se desenvuelva la narración. El mismo Villegas se contradice al referirse a este punto.

Se insiste en el carácter especial, representativo de virtudes positivas. Se desplaza, además, la “heroicidad” desde un plano externo, social e histórico, a uno psicológico, en el cual el personaje aparece como salvador o liberador en la zona oscura de nuestra personalidad. (Villegas, 65)

¿Cuál es el caso específico de Pedro Urdemales? ¿Se podría pensar que el personaje efectivamente encarna características “virtuosas” que lo hacen merecedor del título de héroe? Lo cierto es que la actitud de Urdemales es tan ambigua y binaria como la caracterización que presenta Villegas.

Lo positivo y lo negativo, en el mundo de Urdemales son aspectos relativos a la situación. Todo se define en el acontecer de un eterno presente, no en base a una norma estricta de regularidades morales. Así, el robar y engañar, que serían dos de sus características más típicas, no necesariamente encuentran castigo moral y en muchos casos se justifican como medidas implícitamente justas sobre un actuar peor, que sería el de sus víctimas.

Es interesante, rescatando las palabras de Villegas, pensar en un planteamiento dual; tanto extrínseco (mundo físico- moral de las virtudes) como intrínseco (mundo psicológico personal). Probablemente en el caso de los héroes clásicos y de la Edad Media, ambos mundos se irían apoyando a manera de plasmar una armonía alegórica en las imágenes de la tierra, concordante a las imágenes de la psiquis y del mundo espiritual del héroe.

En el caso de Urdemales, es posible plantear que existe una disociación entre el actuar moral externo y su propio desarrollo psicológico, dado que en ningún cuento el personaje efectivamente llega a formular una opinión moral negativa respecto a sí mismo. Sin embargo, esto no quiere decir que en el mundo se le exonere de toda culpa, ya que en la mayoría de los cuentos se le intenta dar caza y castigarlo por sus fechorías, mas siempre sin éxito alguno.

También es cierto que las justificaciones positivas del actuar de Urdemales generalmente responden a necesidades físicas (comida, dinero, etc…), por lo que nunca llega a formular una valorización moral de su propio actuar. De esta forma, resulta imposible adscribir al personaje a un sistema de valores determinado, dado que este mismo evita a toda costa hacer mención alguna a este respecto. La naturalidad de su comportamiento responde a una caracterización propia de lo psicológico colectivo, los arquetipos y el actuar simbólico, aspectos que no tienen relevancia aún, en cuanto solo resulta indispensable identificar los sistemas de funcionamiento morales al interior de la obra narrativa y de su protagonista.

De esta forma, Urdemales tiene conciencia de lo que es negativo para la moral común y aún así actúa de esta manera. Esta contraposición elemental quizás podría llevar a pensar que nada hay de heroico en el personaje, que no posee desarrollo alguno hacia lo “virtuoso”. Por esto, para comprender el verdadero camino hacia el heroísmo de Pedro Urdemales, es necesario plantearlo desde una perspectiva psicológica profunda.

El viaje de Urdemales es un viaje hacia el fracaso de lo heroico establecido, un viaje en esencia trágico. Sin embargo, su viaje sigue siendo un viaje heroico, en cuanto representa un constante enfrentamiento consigo mismo que puede llevarlo al éxito o al fracaso [2], y aunque su figura fracase en alcanzar lo “virtuoso” o lo positivo [3], esto no lo hace menos héroe. Piénsese solamente en figuras clásicas como la de Prometeo, condenado eternamente por un delito, o la de Ícaro, quién también fracasa en su prueba final.

La derrota del héroe frente al mundo implica también un reconocimiento, un trabajo interior y un viaje, incluso muchas veces más profundo de lo esperable. Urdemales es derrotado en cuanto no consigue conciliar una relación armónica entre el mundo exterior y su propio mundo interno, y es esto lo que le da un ferviente carácter heroico, dado que encarna representativamente un aspecto de lo humano tan vasto como antiguo [4].

Pedro Urdemales resulta ser héroe en una perspectiva muy personal a diferencia del héroe clásico, salvador de pueblos y restaurador del justo orden, que encuentra su título en la aprobación de la comunidad. Urdemales no busca aprobación alguna en el exterior, todas sus pruebas son pruebas para sí mismo, para justificar y mantener su sistema de moral independiente.

¿Cómo puede conjugarse esto con el plano histórico social del pueblo? La relevancia de Pedro Urdemales a nivel popular existe, por lo que debe pensarse que efectivamente existiría algún vínculo entre el pueblo y su personaje, vínculo que será explicado con posterioridad al referirnos al aspecto estrictamente psicológico de su figura y a su viaje hacia el fracaso para constituirse como “héroe personal”.

Resulta claro entonces, a partir de esto, que en las aventuras de Urdemales y sus constantes encuentros con el mundo, se muestra generalmente un giro en el paradigma binario de las virtudes y los defectos. El protagonista constantemente manipula los obstáculos en su camino para volverlos en su favor y en cuanto estos truecan, cambian también de valorización de acuerdo a la perspectiva del cuento que está enfocada, evidentemente, sobre la visión psicológica del protagonista.

Lo que era malo se vuelve bueno, lo injusto se vuelve justo y lo condenable se vuelve notable; en eso radica el poder central de las narraciones que giran sobre la figura del personaje (sin duda un poder totalmente ligado a lo carnavalesco [5]).

Con esta facultad en consideración, las aventuras del personaje se vuelven cada vez menos fechorías y más tretas, o incluso justos castigos contra personajes que poseen algún defecto moral (por ejemplo, los monjes avaros o los caballeros codiciosos). Su derrota y muerte finalmente reúnen todas las dudas, dejando siempre abierta la pregunta que resulta tan compleja de responder: ¿Fue justo su fin? ¿Justo de acuerdo a quién? ¿En dónde está la justicia cuando se trata de Pedro Urdemales?

Cabe aclarar también que, a pesar de poseer la facultad de ser “impermeable” a la moral de su mundo, Urdemales no es un antihéroe, dado que el planteamiento de esta clasificación tiene por primera necesidad una concepción delimitada de heroísmo. Antihéroe sería aquel que lucharía contra las fuerzas positivas, una especie de antagonista moral, representante de todo lo reprobable en el mundo en que existe. Villegas lo resume de la siguiente manera:

[…] Por lo tanto, como el portador de los valores no recomendados, negativos, en el contexto de la novela. Perspectiva que implica gran flexibilidad, porque los sistemas de valores, como hemos dicho, se infieren del mismo contexto novelesco y no de nuestra realidad. En consecuencia, tanto el héroe como el antihéroe son figuras representativas del sistema de valores expuesto en la novela. (Villegas, 67)

En el caso de Pedro Urdemales, dado que los valores del mundo externo tienden a invertirse en favor de este y su propia psicología interna, hablar de un antagonista resulta irrelevante. Si se tratase de antagonista o antihéroe a todos los personajes a los que hace víctimas, se dejaría en claro que estos estarían representando la parte negativa de la sociedad del héroe. Sin embargo, muchas veces resulta patente que los personajes con los que se encuentra Urdemales no resulta fácil clasificarlos como buenos o malos, a veces sencillamente son ingenuos o no tan astutos como él, no convirtiéndose por esto ni en antagonistas ni en antihéroes, sino en representante de los valores y la moral del mundo externo.

Igualmente resulta infructuoso caracterizar a Urdemales como antihéroe, dado que se comporta de manera similar a sus víctimas. En momentos pareciera que desea actuar solo movido por sus instintos, luego pareciera que desea hacer justicia y en otros momentos no existe explicación alguna de su actuar, por lo que no se adscribiría de manera alguna a ninguna forma de categorización valórica externa. Como ya se señaló con anterioridad, Urdemales funciona en base a una psicología interior que se contrapone a la del mundo, pero que dentro de la visión presentada por los cuentos, es la que resalta como visión positiva, ligándolo más a la visión de un héroe que fracasa, que a la de un antihéroe que triunfa.

Con el concepto de héroe más o menos delimitado en base a una contraposición moral entre el mundo externo de la obra narrativa y el mundo interno-psicológico del personaje, es necesario analizar parte a parte las estructuras más relevantes del viaje de Pedro Urdemales, dado que estas revelarán de alguna manera cómo se irá transformando el protagonista desde su infancia hasta su muerte, llegándolo a consagrar como a un héroe caído en su propia cruzada personal.

2.1- La noción de viaje

Campbell en El héroe de las mil caras [6] resume la estructura del viaje mítico del héroe en base a una simple fórmula de salida-iniciación-retorno, fórmula reiterada por Villegas en su análisis:

El camino común de la aventura mitológica del héroe es la magnificación de la fórmula representada en los ritos de iniciación: separación-iniciación-retorno, que podrían recibir el nombre de unidad nuclear del monomito. (Campbell, 35)

En el caso particular de Pedro Urdemales ya el mínimo intento de referirse a un viaje per se presenta una dificultad metodológica, dado que las narraciones escogidas, salvo contadas excepciones, no están ordenadas de manera cronológica. Igualmente, tampoco se consignan elementos caracterizadores propios de la figura del personaje (edad, contextura, etc…) por lo que resulta muy difícil, basándose en los pocos elementos externos que entregan las narraciones, considerar que efectivamente se podría realizar una estructura de viaje ordenando los múltiples cuentos.

Sin embargo, si bien cronológicamente no se puede establecer una ordenación más que general, el viaje de Pedro Urdemales es por esencia un viaje interno y psicológico, por lo que los aspectos que han de afectar y que efectivamente pueden revelar algún tipo de progresión temática, serían los propios a la personalidad del protagonista. De esta manera, para lograr una organización temática ordenada, han de tenerse en consideración ambas perspectivas a la hora de clasificar los diferentes cuentos. En algunos casos, como en el cuento “El nacimiento de Pedro”, recopilado por Matamala [7], se podrá efectivamente comprobar que el cuento está aludiendo a una etapa específica de la vida del personaje; etapa que a su vez puede encontrar correspondencia en el esquema de viaje planteado por Campbell. Sin embargo, en otros cuentos, las diferencias psicológicas llegan a ser extremadamente sutiles, por lo que será necesario, de acuerdo a cómo corresponda, especificar con detenimiento algunos aspectos psicológicos que demostrarían el proceso evolutivo propio de Urdemales, y de acuerdo a esto, clasificarlos según corresponda en las categorías de análisis de Campbell.

Con esto, será posible establecer el doble viaje de Urdemales, tanto en el plano físico como en el psicológico, demostrando así cómo es posible que elementos propios de su infancia-adolescencia puedan influir de manera determinante en su manera de concebir al mundo y su rechazo a las formas de vida establecidas como correctas de acuerdo al orden valórico inserto en las narraciones.

2.2- Primera etapa: La partida

De acuerdo a la estructura base propuesta por Campbell, el héroe debería pasar por una etapa previa a su aventura, etapa en donde se verían los rasgos más puros del mundo en que vive y los primeros atisbos de una psicología pronta a cambiar. Si el héroe ha de salvar un pueblo, se mostrará el pueblo a salvar, si ha de rescatar a una princesa, igualmente tanto ella como su salvador han de ser presentados en sus características esenciales.

Esta primera etapa, previa a la aventura misma, tiene una doble funcionalidad. Por un lado permite establecer el marco de referencia sobre la que girará la obra (es decir, el mundo presentado) y por otro lado ayuda caracterizar al héroe antes de ser héroe, con todas sus falencias por pulir y debilidades por eliminar.

Si bien Campbell no se extiende demasiado en describir esta primera etapa [8], dado que solo la considera en cuanto es la etapa del primer gran momento en la aventura del héroe, en el caso de Pedro Urdemales este resulta ser un período de central importancia para comprender el resto de su viaje.

Corresponde esta etapa a la infancia de Pedro Urdemales, infancia que es considerada desde su nacimiento hasta sus primeras aventuras. En este primer período, ya se pueden observar rasgos centrales en la figura de Urdemales, como por ejemplo los retratados en el poema de su nacimiento:

El día que nació Pedro
el Maule corrió pa'rriba,
los gallos pusieron huevos
y las gallinas parían.

El día que nació Pedro
la lluvia subió del suelo
el chancho nació con cachos
y la culebra con pelo.

El día que nació Pedro
tembló la tierra cien días
se vió un cometa en el cielo
con la cola retorcía. (Matamala, 7)

Como se puede apreciar, el nacimiento de Urdemales no es equivalente al de cualquier mortal. De manera análoga a como Hércules o Aquiles son benditos por los Dioses del Olimpo al nacer, Urdemales también estaría marcado de alguna manera por un destino particular. Su nacimiento, más que estar plagado de símbolos de buen augurio, representan más bien elementos propios del carnaval; la inversión, la extrañeza y lo asombroso son los dioses guardianes que Urdemales tiene a su haber y por los cuales se regirá en vida.

Esta extraña marca providencial da un primer indicio de la característica central del viaje heroico de Urdemales: su lucha con el mundo. De manera física se expresa en el cuento cómo el mundo se conmociona ante la llegada de Urdemales, como si presintiera la batalla que entre ambos habría de llevarse a cabo. Los sucesos extraordinarios que acontecen el mismo día son muestras, por otro lado, de que no hay elemento en el planeta que no esté enterado de su llegada (tierra, cielo, animales, agua, etc…) y de lo que esta podría significar, aún de manera intuitiva.

Más adelante, en los cuentos XII, XIII y XIV recopilados por Laval [9], podemos encontrar nuevas marcas de lo que sería la infancia de Pedro, aún viviendo con su madre y no lanzado a la aventura.

En el cuento XII se puede apreciar un esquema inicial de lo que serían las aventuras de Pedro en esta primera etapa. Primero el personaje se encontraría en una situación estable (en este caso, su trabajo con los cerdos), luego urdiría alguna manera de obtener algún provecho extra, desestabilizando levemente la situación (la idea de la venta) para más tarde tratar de obtener un nuevo provecho (la treta de las colas) y perder toda estabilidad llevándose algún fruto (despido de su trabajo).

Este esquema básico de comportamiento en Urdemales tiene escasas variaciones a través de sus primeras aventuras. Aún no se plantea la duda moral que ha de guiar su conflicto con el mundo; se trata exclusivamente de obtener algún tipo de beneficio económico o físico a sus necesidades.

Es en este momento en que se llega a la primera etapa del viaje mítico, la partida. Villegas resume de excelente manera los motivos clásicos que utiliza Campbell para describir las diferentes variantes de partidas presentadas por los diferentes héroes:

1. La llamada a la aventura o señales de la vocación del héroe. El personaje puede aceptar o rechazar el llamado.

2. La ayuda sobrenatural, que facilita el camino de la aventura.

3. El cruce del umbral, que implica el abandono del mundo y el primer paso hacia lo desconocido.

4. El vientre de la ballena, o sea, el paso al reino de la noche. Una vez que el héroe abandona su tierra se incorpora al mundo desconocido. (Villegas, 74)

En el caso de Urdemales, los motivos o mitemas que mayor relevancia presentarían serían el primero y el cuarto. La ayuda sobrenatural planteada por Campbell es en todo tono positiva, es decir, una ayuda proveniente de las fuerzas extra-terrenales que potenciaría a que el héroe emprendiese su búsqueda, pero en el camino de Urdemales no existe siquiera un aliado. La escasa ayuda que recibe es siempre en términos de pago por un trabajo, por lo que de ninguna manera se trata de efectos ni sobrenaturales ni desinteresados. También hay que considerar que la mayoría de los encuentros que tiene el personaje son con personajes a los que engaña o con los que tiene conflictos, por tanto, representantes de la moral del mundo, contrarios a su propia moral interna.

El caso del “cruce del umbral” resulta demasiado evidente y presenta un primer paso en la evolución psicológica del personaje, dado que en el momento en que se efectúa el cruce, el personaje adquiere un nuevo nivel (consciente o inconsciente) de conocimiento del mundo. Urdemales no siente esta evolución sino de manera tardía ya enmarcado en su aventura, por lo que el paso por el umbral, si es que se pudiese identificar dicho paso, de ninguna manera tendría la profundidad psicológica inherente al viaje del héroe. Esto es dado ya que, como se vio en el ejemplo del cuento XII, generalmente Urdemales actúa en sus primeras aventuras de manera exclusivamente guiada por la necesidad. Más adelante esta característica seguirá dándose, pero acompañada también de elementos de conciencia moral no presentes en esta primera etapa.

El “vientre de la ballena” podría ser un mitema aceptable, en cuanto implica a grandes rasgos el abandono de lo conocido hacia lo desconocido, acción que efectuaría Urdemales en el cuento XII al alejarse de su madre y emprender un rumbo solitario sin manifestar deseo alguno de querer regresar al cobijo materno. Sin embargo, nuevamente se hace patente la carencia de conciencia en el personaje, vista, por ejemplo, en sus últimas palabras del cuento ya citado:

Pedro Urdemales se fue muy contento con la platita que le dio su patrón y la que había recibido del caballero que compró los chanchos, y decía:- Ya voy saliendo bien; ¡tan lesito que es esta maire!- Y siguió andando por un camino en que se puso a hacer su necesidad. (Laval, 30)

En este cuento Urdemales descubre su vocación y su don particular para transformar las situaciones y engañar a la gente. Si se aleja del mundo conocido, no es para penetrar en lo terrible y aniquilador, como lo plantea Campbell:

La idea de que el paso por el umbral mágico es un tránsito a una esfera de renacimiento queda simbolizada en la imagen mundial del vientre, el vientre de la ballena. El héroe en vez de conquistar o conciliar la fuerza del umbral es tragado por lo desconocido y parecería que hubiera muerto. (Campbell, 88)

Su viaje comienza entonces en base a un descubrimiento particular: puede ser más astuto que los demás y puede obtener de ellos más beneficios de los que una vida honrada podría darle. Si hubiese que caracterizar esta primera parte de alguna manera, sería en referencia al primer punto que propone Villegas, dado que efectivamente Urdemales descubre su vocación, pero lo que es más importante, comienza a descubrir la forma en que funciona el mundo.

No es tan relevante que el personaje considere que está orgulloso de su actuar, sino que reconoce este actuar como algo positivo (“Ya voy saliendo bien”). Este es el primer indicio de una voluntad moral en Urdemales que se contrapone a la voluntad de su mundo externo. En este sentido, su descubrimiento no solo implica la aceptación de un sistema de vida (el suyo personal), sino que conlleva por otro lado el negar el sistema valórico “positivo” creado culturalmente (y representado en este cuento por su oficio de cuidador de cerdos).

Esta actitud tan demarcada se corresponde con el proceso que Campbell denomina “la negativa al llamado” y de acuerdo al cual, el primer llamado a la aventura, a la “correcta” aventura si es que se quiere, sería evadido por el personaje o sencillamente ignorado, dado que implicaría esta un sacrificio no deseado por el personaje en cuanto representaría más un problema personal que una justificación a su existencia.

Los mitos y cuentos populares de todo el mundo ponen en claro que la negativa es esencialmente una negativa a renunciar lo que cada quien considera como su propio interés. El futuro se ve no en los términos de una serie inevitable de muerte y nacimientos, sino como un sistema concreto de ideales, virtudes y finalidades de uno y como si se establecieran o aseguraran ventajas. (Campbell, 62)

Con Urdemales esto es justamente lo que acontece. Encontrándose el personaje en una etapa de su vida en que debe definir qué camino tomar, él opta por el camino contrario a la llamada virtuosa, aún sin intentar definir su propio camino (cosa que hará más adelante en su aventura) sino que siguiéndolo casi por contraste: de no ser el camino virtuoso el que desea seguir, entonces ha de ser el contrario

Campbell conceptualiza la negativa al llamado como un proceso de necesaria negación antes de la aceptación, es decir, como una etapa enriquecedora en el crecimiento humano. Evidentemente Campbell está pensando en los héroes arquetípicos, que si bien pueden rechazar la llamada en un comienzo, tarde o temprano terminarán por asumirla.

Urdemales no clasifica como un héroe clásico, entendido en cuanto a arquetipo, dado que su negativa a la llamada ha de ser su bandera y consigna de lucha contra el mundo desde ese momento en adelante. Jamás recapacita y jamás se arrepiente de las cosas que hace, mucho menos del camino que eligió. En los cuentos sucesivos al ya citado (XII y XIV) se ve cómo el personaje, en un inicio intuitivo, se va volviendo paulatinamente más y más técnico para sus engaños, guiando esto el paso a una nueva etapa en donde ya se habrían delimitado las bases sobre las que actuaría el protagonista.

2.3- Segunda etapa: La Iniciación

Resume esta etapa del viaje Villegas basándose en los mitemas propuestos por Campbell considerándolos de la siguiente manera:

1. El camino de las pruebas, o el aspecto peligroso de los dioses.

2. El encuentro con la diosa, o la felicidad de la infancia recordada.

3. La mujer como tentación.

4. La reconciliación con el padre.

5. Apoteosis

6. La gracia última. (Villegas, 74)

De estas seis clasificaciones las dos últimas quedarán desplazadas hacia la tercera parte del viaje por considerarse más constitutivas del final de Pedro Urdemales que de su progreso a través de la aventura. De entre las otras cuatro clasificaciones, dos se presentan de manera sucinta al interior de los textos: la reconciliación con el padre y el encuentro con la diosa, mientras que el mitema de la mujer como tentación parece estar dejado de lado. El encuentro con la diosa como motivo se verá caracterizado de manera más completa también en la tercera parte del viaje de Urdemales, cuando encuentre su muerte en manos inesperadas.

La etapa de central importancia en estas narraciones es el camino de las pruebas, dado que a través de los textos el personaje va sometiéndose una y otra vez a diferentes situaciones que debe superar haciendo uso de sus herramientas personales y particularmente de su astucia.

Ya se señaló con anterioridad un breve esquema inicial de lo que habrían sido las aventuras del personaje en su primera etapa, aún sin conocimientos del mundo y con apenas una leve intuición de las molestias que de este podrían llegarle. Al avanzar a esta nueva etapa de pruebas, el esquema narrativo se vuelve más complejo, siendo bosquejado de acuerdo a su proceder literario al interior de los relatos de la siguiente forma:

A. Necesidad: Sigue el motivo principal aludido anteriormente. La motivación del personaje no excede sus propias necesidades físicas o materiales.

B. Concepción de treta: Dado que el protagonista cuenta con más medios y madurez que en su primer período, ahora es capaz de idear sus engaños antes de llevarlos a cabo. Ya no parecen acciones sobre la marcha o la situación (como en el caso de los cuentos XII, XIII y XIV), sino que se trata de acciones premeditadas, evaluadas y llevadas a cabo de acuerdo a un plan.

C. Presentación de la víctima: Las víctimas, anteriormente solo mencionadas o aludidas de manera referencial, ahora están elaboradas de manera más completa, presentando en la mayoría de los casos muestras de alguna debilidad específica (gula, en el cuento III, codicia en el cuento V, venganza en el cuento VII, etc...).

D. Treta: se lleva a cabo el engaño.

E. Beneficio: Urdemales casi siempre, salvo las excepciones de los cuentos XV y XX, obtiene el beneficio que estaba buscando. En algunos casos dicho beneficio es obtenido por medios inesperados (como en el cuento XVI, en donde se lleva a cabo un engaño que salvaría a Urdemales posteriormente a la obtención del beneficio).

F. Huida: En la etapa anterior el personaje no tenía necesidad de huir, principalmente porque el engaño estaba completado de tal manera, que cualquier huida hubiese sido innecesaria. Sin embargo, en esta nueva etapa, generalmente Urdemales escapa luego de haber obtenido su beneficio, mostrando con esto una clara conciencia moral de su actuar.

G. Desengaño: A veces presente, otras veces no. Se trata de la descripción del momento en que la víctima descubre el engaño y generalmente manda a cazar a Urdemales, siempre sin éxito.

Dentro de este esquema inicial, el camino de las pruebas se gesta de manera excepcionalmente positiva para el personaje. Salvo el caso del cuento XX, Urdemales siempre triunfa, lo que a su vez implica una derrota de la moral exterior contra la que lucharía. En este sentido, Campbell alude a las pruebas como un sistema de constitución del héroe esencialmente positivo:

[…] cuando los sentidos están “humillados y limpios” y las energías e intereses “concentrados en cosas trascendentales”, o en un vocabulario más moderno: éste es el proceso de disolución, de trascendencia, o transmutación de las imágenes infantiles de nuestro pasado personal. (Campbell, 97)

Es claro que en el caso del personaje este “concentrarse en cosas trascendentes” no se genera. Esto se puede deber principalmente a que Urdemales no conoce la derrota, y cuando la conoce eso le significa la muerte. Por esto, las pruebas que deberían ser un período de crecimiento fuera de lo personal, son para él solo reajustes de su primer actuar, justificado en sus múltiples éxitos.

Dos cuentos, sin embargo, resultan interesantes para someterlos a análisis, en cuanto muestran una efectiva evolución psicológica del personaje. En este sentido, las pruebas resultarían ser situaciones creadas para potenciar al personaje en su correcto actuar, para devolverlo al justo rumbo que habría abandonado al rechazar la llamada. Se trata de los cuentos XVIII y XIX.

En el primer cuento, titulado “El saco”, el personaje se ve atrapado por un grupo de bandidos que van a acabar con su vida. Extrañamente un vaquero pasaba por el lugar y lo encontró atado al interior de un saco, y compadeciéndose de este decidió sacarlo. Urdemales, quién estaba vestido como párroco, luego le explicó que los bandidos lo habían atrapado allí dado que se había rehusado a aceptar todo el dinero que le estaban ofreciendo y que no podía poseer dada su calidad de monje. El vaquero, sintiéndose tentado, le ofreció entonces que intercambiasen lugares para poder recibir él la suma de dinero que los bandidos le habían ofrecido a Pedro. Una vez vueltos los bandidos, echaron el saco a las aguas de un río y el vaquero murió. A raíz de esto, Urdemales profiere uno de los pocos pensamientos reflexivos insertos explícitamente en sus narraciones:

Pedro, desde lo alto de un árbol, contemplaba la escena y pensaba que lo que le ocurría al pobre vaquero era lo que le habría pasado a él sin su astucia; y no bajó hasta que cesaron de producirse los górgoros que en el agua ocasionaban la caída del saco. (Laval, 42)

En esta cita se puede ver cómo Urdemales ya ha reconocido la diferencia que existe entre su propio pensamiento y el mundo exterior. Su astucia es considerada un don salvador en comparación a la compasión y tentación del vaquero, que terminan por costarle su vida. Este es ya un Pedro Urdemales más maduro, que reconoce en sus pruebas el valor que posee su propio ser, pero igualmente reconoce los peligros que le acechan si no está alerta en todo momento.

Hecho también de importancia es que en este mismo cuento el personaje se transforma primero en monje y luego en vaquero (tomando las vestiduras que había cambiado con su salvador), disfrazándose así frente al mundo, haciéndole creer a todos que es un portador más de la buena moral, un “correcto vividor” de la vida como todos, cuando en realidad solo utiliza estos atavíos para engañar y volver a enaltecer su propia moral interna.

Otro caso relevante lo plantea el encuentro con el gigante en el cuento XX, en donde efectivamente Urdemales se somete a una serie de pruebas acordadas de manera explícita entre él y su interlocutor. Aquí Campbell hace una señal muy interesante en referencia a uno de los mitemas que planteamos como presentes sucintamente, que sería el de la reconciliación con el padre.

Porque el aspecto de ogro del padre es un reflejo del propio ego de la víctima, derivado de la sensacional escena infantil que se ha dejado atrás, pero que ha sido proyectada para el futuro; y la fijación idólatra de esa pedagógica no-cosa es en si misma la falta que hace permanecer al individuo penetrado de la esencia del pecado […] (Campbell, 122)

El padre, según lo entiende Campbell, es una representación demónica [10], presente en forma de Ogro o (¿por qué no?) de gigante. Sin embargo, la asociación freudiana y el posterior análisis del autor están enfocados justamente sobre la significancia que tiene la figura del padre en el camino simbólico del héroe. En nuestro caso, resulta más interesante comprender lo que señala Campbell como “reflejo del propio ego”,

En el cuento XX, Urdemales debe enfrentarse a un monstruo que posee algo que él no, una fuerza extraordinaria. Por esta razón, todas las pruebas que debe superar frente a su contrario son pruebas de fortaleza física, de las que sale victorioso gracias, una vez más, a su astucia.

Pedro Urdemales evidentemente tiene una noción de super yo, en términos freudianos, noción nacida de la moral externa contra la que se manifiesta, pero el gigante de este cuento extrañamente no encarna dicha función. En estos términos, pareciera que el análisis freudiano se queda escaso para presentar la real funcionalidad de este personaje, y es por eso que si se recurre a Jung, probablemente se encuentre un concepto más adecuado para describir este elemento.

De acuerdo a Jung, este “reflejo del ego”, como lo plantea Campbell, tiene implicancia con el concepto de “sombra”, de acuerdo al cual el protagonista encontraría un reflejo de lo que no posee, de lo que anhela o rechaza psicológicamente, en otra figura. El encuentro con la sombra representa uno de los momentos centrales en el proceso de individuación del sujeto [11], proceso que como se verá más adelante, en Urdemales estaría truncado.

Es por esto que este supuesto encuentro con el padre, no es más que un encuentro con el propio Urdemales. En el sentido de las pruebas, sería una prueba más para devolver al personaje a la senda virtuosa, en cuanto el reconocimiento de sí mismo, el encuentro con su sombra podría significar a la vez una toma de conciencia a nivel general (individuación completa del individuo como ser carente e incompleto), lo que podría llevarlo a arrepentirse y a adscribir definitivamente a la moral consciente del mundo presentado. Evidentemente, el triunfo de Urdemales sobre el gigante representa lo contrario: una reafirmación de lo visto en el cuento XII como motivo inicial y en el cuento XVIII como motivo de reflexión y salvación frente a los peligros. Al nivel de este cuento, Urdemales ya lleva andado un gran trecho de su viaje psicológico, dado que ya ha reconocido las facultades de su actuar, las ha contrapuesto al actuar de los demás y en definitiva ha decidido mantener su propia moral y su propio concepto de “virtuoso” a toda costa.

2.4- Tercera etapa: ¿El retorno?

Este tercer momento del viaje de Urdemales es sin duda el crucial, dado que en él se verá cómo llega a concluir la vida este personaje, la tragedia de su derrota, el intento de rectificarse y la duda de su condena. Es por esto que los cuentos que más interés tomarán serán el XX, el encuentro de Pedro con el Diablo [12] y el de su llegada a los cielos [13].

Esta es, quizás la etapa que mayores problemas encuentra con el esquema campbelliano, principalmente debido a que los héroes en los que piensa Campbell siempre logran terminar su viaje en vida [14] de manera positiva, mientras que Urdemales terminará su viaje una vez muerto y aún así de manera incompleta. Villegas rescata los siguientes mitemas centrales de esta parte del estudio de Campbell:

1. La negativa al regreso, o el mundo negado.

2. La huida mágica, o la fuga de Prometeo.

3. El rescate del mundo exterior.

4. El cruce del umbral del regreso.

5. La posesión de los dos mundos.

6. La libertad para vivir. La naturaleza y función de la gracia divina. (Villegas, 74)

Agregados a estos seis motivos quedan dos de la etapa anterior (La gracia última y la Apoteosis) dado que, a pesar de no ser mitemas presentes al interior de las narraciones (o no al menos de manera relevante y simbólica), sí explican mejor el proceso final del viaje del personaje.

La Apoteosis sería el estado óptimo de ligazón entre el mundo y el personaje, a tal nivel que se produciría una extirpación de la psicología personal del ser humano para poder llevarla al mundo. La gracia última, por su parte, representaría la llegada final a un estado de consumación y armonía tal que no quedaría rastro alguno de las falencias humanas presentadas en el héroe, es decir, implica la llegada a un aspecto semi divino de comprensión (sabiduría) y compasión (virtud) [15].

Pedro Urdemales por su parte no llegaría en ningún momento a este estado de excelencia cósmica, intentándolo al menos una vez como puede verse en el cuento en que se encuentra con el Diablo. En este cuento, Urdemales hace efectivamente una obra bondadosa con miras de ayudar a los demás sin obtener nada a cambio.

PEDRO : Es muy fácil pa'un cristiano y es imposible pa'l diablo.

Escucha tú y escuchen to'oh. La manzana es la vida. Que es bonita pero emprestá, porque el Señor nos la dió y El nos la quitará. Los cinco son los sentidos y los diez los mandamientos, que ambos nos dió el Señor pa'ir por la vida rectamente. Y ahora, diablo, harás lo que yo te diga. Y es lo siguiente: Primero, volverás a la Lucha Matías a su tamaño original; Y, segundo, te irás de esta tierra pa'no volver nunca mah. (Matamala, 37)

Es esta una adaptación hecha a modo de obra de teatro de un cuento oral recopilado por el autor, y extraña particularmente el hecho de que el personaje se adhiera al discurso cristiano y además intente beneficiar a otros mediante este. De acuerdo al esquema de Campbell, esta sería una etapa de suma sabiduría, ya en los límites de terminar el viaje, lo que se correspondería de alguna manera con la actitud de Urdemales.

Tampoco puede dejarse notar que el mismo Diablo le hace ver a Urdemales que se verán nuevamente cuando llegue al infierno, es decir, que esta “buena obra” de ninguna manera borraría todas las negativas pasadas. Con esto, el camino del personaje queda marcado; la redención ya no existe en vida. Aún si es que el discurso de Urdemales hubiese sido un efectivo discurso hecho a conciencia, y no otra de sus tantas tretas para tratar de obtener algún beneficio, no bastaría para ganarse la gracia última.

Esto nos lleva necesariamente al cuento eje por excelencia de todas las narraciones recopiladas por Laval, el XX. Allí, Pedro Urdemales intenta llevarse a una princesa consigo que es rescatada por una viejecilla, que carga su saco con una perra y salva a la princesa. Cuando Urdemales trata de sacar a la princesa, la perra lo muerde y escapa, pero no muere de esto el personaje:

Cuando llegó Pedro a su casa, abrió el saco para sacar a la princesa, pero en vez de salir ella, saltó afuera la perra y lo mordió en las pantorrillas.

Desde ese momento Pedro Urdemales vivió muy triste, hasta que murió de la pena que le causó el haber sido engañado por una vieja. (Laval, 50)

Pedro Urdemales muere a raíz de lo que le significa su derrota moral. La gran aspiración del personaje al intentar vivir una vida libre de la imposición del mundo externo queda aplastada cuando el mismo mundo lo acaba por destruir en su propio juego. Con esto, el sistema moral de Urdemales se derrumba, dado que si es factible que su propio sistema pueda destruirlo, entonces no es funcional para la vida.

Este final no puede ser contenido por ninguna de las clasificaciones de Campbell, de acuerdo a las cuales el héroe siempre intentaría algún tipo de retorno al mundo para irradiarlo con una nueva perspectiva vital o sabiduría. Sin embargo, el viaje de Urdemales fracasa de manera solitaria y abandonada; no existe una negativa al retorno como en el caso de la negativa a la llamada, sino que su derrota lo enfrenta a su realidad última: el abandono de su ser. Mientras que la vuelta del héroe campbelliano significa una glorificación del mundo, la derrota de Urdemales solo es una derrota para él mismo.

Es importante recalcar que el hecho de que el personaje “muera de pena” tampoco es gratuito. La muerte es fruto de la humillación y del fracaso, y en ese sentido se ajusta al paradigma del mismo Urdemales; el que es derrotado, merece perder lo que más ama, en su caso personal, la vida. Su axioma psicológico personal se ve invertido en su contra y con esto implica el triunfo total de la moral externa que aplica su justicia casi de manera divina sobre el personaje.

Si hubiese que clasificar en orden cronológico este cuento y en el que se presenta al Diablo, existirían dificultades. Por una parte se podría pensar que Urdemales habría hecho una última acción bondadosa antes de su muerte-derrota, una especie de intuición final de la correcta vía seguida de la caída inevitable producto del propio ser. Por otro lado, también es posible plantear que una vez engañado, el personaje reconocería la ineficacia de su sistema valórico relativo [16].

Sea cualquiera la interpretación que se le dé a esta relación, lo importante sigue siendo la dualidad de la derrota frente a la toma de conciencia. Sea cual sea la que haya acontecido primero, es importante recalcar que estas dos acciones repercutirán en el encuentro final de Urdemales con las fuerzas celestiales. Campbell a este respecto señala:

Sin embargo, y esta es la gran clave para la comprensión del mito y del símbolo, los dos reinados son en realidad uno. El mundo de los dioses es una dimensión olvidada del mundo que conocemos. […] Los valores y las distinciones que en la vida normal parecen de importancia desaparecen con la tremenda asimilación del yo en lo que anteriormente era mera otredad. (Campbell, 200)

Es por esto que ante el Diablo la acción positiva del personaje no constituye un gran cambio a su anterior existencia. La dicotomía valórica contra la que Urdemales luchó durante su vida era solo ilusión, es decir, nunca habría existido la supuesta dualidad entre ser y mundo, sino que ambos habrían estado conjugados en una sola existencia. Al darse cuenta de esto, el personaje reconoce su verdadera derrota. No es que el mundo, su moral y sus valores se hayan impuesto sobre su propia forma de vivencia, de relativización circunstancial y de libre aprovechamiento, sino que ambas partes, tanto él como todo lo que rechazaba, eran constitutivas de una misma vida. El reconocimiento de esta realidad dual solo puede significarle la muerte, dado que le es imposible adaptarse.

En la adaptación del cuento “Pedro en el cielo”, Matamala entrega una visión de cierre tomando en consideración los aspectos más relevantes ya señalados. Es esta la etapa final del viaje en donde se evaluarían todos los aspectos de la vida, obra y muerte de Pedro Urdemales.

Al principio, Urdemales no logra encontrar sitio en el cielo, por cuanto San Pedro lo juzga como hombre malvado y no perteneciente a ese lugar. Luego va hasta los infiernos, en donde vuelve a derrotar al Diablo en un duelo y queda libre de estar allí, pero entonces se hace patente el abandono al que el personaje queda sometido.

Expulsado de la tierra por no ser capaz de vivir en esta, en el cielo y los infiernos la situación es igual. Urdemales se queda solo y abandonado sin lugar a donde ir, y decide volver al cielo solo a mirar a través de una rendija. San Pedro accede a mostrarle un poco del cielo, pero ante el intento del personaje de tratar de entrar, lo captura en la puerta riendo.

Es necesaria la intervención de Dios para encontrar un lugar a Urdemales. Dios, como suprema justicia, decidiría si es que Pedro habría de quedar en el cielo o vagar eternamente y es entonces cuando se inicia el juicio.

Un acto importante en este juicio lo constituyen las dos intervenciones de personajes secundarios, la madre de Pedro y el “pueta”, quienes interceden en su favor. Es extraño este suceso dado que en vida nadie intercedía por él, ni así él tampoco lo quería, pero en este caso se dan a conocer los “dioses benévolos”, de acuerdo a Campbell, que habrían de interceder y proteger a todo héroe.

Estos guardianes se presentaban, siguiendo el esquema campbelliano, en la primera etapa del viaje, como protectores del héroe que habría de emprender su jornada. En este caso, los que apelan son su madre, como la responsable de la vida [17], una intercesora inapelable y el “pueta”, representante de la tradición y el amor popular. Ambos personajes, con las fuerzas que encarnan, en la vida de Urdemales no estuvieron presentes y nunca le prestaron su auxilio, ¿puede considerárseles entonces como dioses protectores o más bien como dioses que descuidaron a su protegido? Quizás en vida no le dieron la asistencia necesaria, pero en la muerte interceden a su favor para permitirle optar a lo que de otra manera no hubiese logrado, así que al menos en algún sentido funcionan como dioses guardianes.

Finalmente, se le permite a Urdemales permanecer en el paraíso a cambio de una penitencia [18], penitencia que por lo demás se plantea como eterna o al menos de muy largo plazo. En este sentido, no se podría decir que el personaje llega a la obtención de los dos mundos (humano y divino), dado que llega a reconocerlos solo mediante la muerte. Su adquisición una vez muerto resulta imposible, en cuanto su calidad de humano se ha perdido una vez comprendida la unión entre ser y mundo.

De la misma manera, tampoco se podría plantear que Urdemales alcanza la libertad para vivir, que de acuerdo a Campbell es el último estadio del viaje del héroe, en la cual la gracia ha sido esparcida, el mundo mejorado y el héroe ha conseguido llegar a la plenitud del saber vivir. Evidentemente el protagonista de estas narraciones tampoco alcanza este nivel, dado que la muerte es una vez más la valla sobre la que no puede regresar, su libertad para vivir se transforma más bien en una semi-libertad para morir.

 

Conclusiones

Habiendo revisado el viaje del héroe parte por parte, es posible concluir lo planteado en la primera parte de este análisis. El viaje de Pedro Urdemales es un viaje hacia la derrota y el reconocimiento, hacia el necesario sacrificio y el aprendizaje. Su actuar heroico radica en dos factores: su lucha interna para establecerse como ente autónomo a nivel psicológico-moral y su derrota-sacrificio final, que si bien no lo llevan a la redención, le permiten adquirir un grado de conocimiento elevado y la tranquilidad que nunca tuvo en vida.

La diferencia entre este héroe popular y los héroes que siguen Campbell y Villegas es esencialmente la relación que tienen con su mundo y comunidad. Los héroes clásicos y medievales, o los de la novela del siglo XX en Villegas, todos mantienen un vínculo estrecho con su comunidad en cuanto se reconocen como seres sociales y por tanto, o sienten un deber hacia esta o al menos se sienten repelidos, pero siempre están insertos, como sujetos psicológicos, en medio de una cultura que no pueden ignorar.

Pedro Urdemales responde más a la sabiduría del ser personal. Su construcción resulta popular en cuanto es universal; no se trata de un elemento aislado que se extrapola simbólicamente desde un nivel micro a un nivel macro, como lo hace Campbell al extraer los símbolos de los mitos y los mitemas. No, Pedro Urdemales, si bien puede poseer rasgos profundamente simbólicos en su construcción, resulta interesante porque es singularmente plural a todas las situaciones. Su ligazón con la cultura no es en ningún sentido limitante, lo que explica que se haya reactualizado constantemente desde el siglo XVI en España hasta el XX en Chile.

Finalmente, y a modo de resumen, el héroe popular no le debe el mismo respeto a la tradición que el héroe clásico, por lo que puede construirse con la libertad de un Pedro Urdemales o la de un Juan Moya. No es lo mismo que un pícaro, y esto ha de verse más adelante con el estudio psicológico de la figura del trickster, dado que el pícaro si tiene un estrecho vínculo con su sociedad, aunque sea de manera negativa. El héroe popular, como Urdemales, puede escoger el grado de vinculación que tendrá con su comunidad, pudiendo ser igual al de un Roldán o Mío Cid, un poco menor o más negativo, como en el caso de los pícaros o sencillamente antagónico y agresivo, como en el caso revisado.

La búsqueda personal de Pedro Urdemales tiene la facultad de que puede ser la búsqueda interna de cualquier ser humano. Ya no es necesario ser ordenado caballero, ser un burgués adinerado o poseer algún tipo de cualidad distintiva. Urdemales representa la búsqueda, fracaso y victoria del “ser como se quiera ser” frente a la imposición del mundo, y será esto lo que lo llevará a convertirse en un figura ya no solo popular, sino incluso arquetípica como se intentará demostrar a continuación.

 

Notas:

[1]. Villegas, Juan. La estructura mítica del héroe. Barcelona; Planeta, 1978

[2]. Acota Villegas a este respecto: “Junto a la insistencia en la idea de vencerse a sí mismo importa recordar la historicidad del concepto y su dinamismo […]” (Villegas, 65). La primera lucha del héroe es siempre consigo mismo.

[3]. Por “virtuoso o positivo” se entiende evidentemente lo designado de esta manera por el sistema moral externo a la psicología del personaje, es decir, a la moral del mundo contra la que se enfrenta.

[4]. Véanse las referencias al concepto de arquetipo de Jung y en especial al arquetipo del trickster en la obra citada.

[5]. La asociación con Jung y el carnaval es de central importancia en el proceso de individuación del personaje.

[6]. Campbell, Joseph. El héroe de las mil caras. Trad. Luisa Josefina Hernández, México, D.F; Fondo de cultura económica, 1959

[7]. Matamala, Roberto. Los cuentos de Pedro Urdemales a lo Humano y lo Divino. Valdivia, Kultrún, 2005

[8]. Aquí se describe esta primera etapa de manera estructural adecuada al formato narrativo, pero Campbell la consigna de una manera más antropológica dentro de su noción de “monomito” (Véase Campbell, Joseph. Op. Cit. “El monomito” pp. 11 - 49).

[9]. Laval, Ramón. Cuentos de Pedro Urdemales. Santiago de Chile, Cervantes, 1925

[10]. Entendido desde la perspectiva del daimon griego.

[11]. En este trabajo no se menciona semejante proceso de manera completa. Para referencias, ver Jung, Carl Gustav. Op. Cit. “Empiria del proceso de individuación” pp. 273- 332.

[12]. Matamala, Roberto. Op. Cit. “Cuento de Pedro y el Diablo”.

[13]. Matamala, Roberto. Op. Cit. “Pedro en el cielo”.

[14]. Los descensos a los infiernos comportan una parte importante de lo que Campbell denomina “Vientre de la ballena” y forman parte del proceso de formación más que de la culminación de la aventura heroica en particular.

[15]. “Como el Buddha mismo, este ser divino es el modelo del estado divino al que llega el héroe humano que ha atravesado los últimos terrores de la ignorancia.” (Campbell, 140).

[16]. En este sentido el cuento se correspondería al mitema señalado por Campbell como “El cruce del umbral del regreso”, dado que el personaje emprendería un viaje de retorno sobre el mundo intentando devolverle, con su propio don de astucia, la gloria que le quitó en el resto de su vida.

[17]. Una interesante analogía puede establecerse entre esta madre-vieja y la vieja del cuento XX de Laval. Ambas resultaron ser madres de los personajes (la vieja del cuento de Laval había alimentado a la princesa que rescató) y así ambas intercedieron por ellos para rescatarlos, lo que da una clara idea de la importancia irreprimible de este vínculo en la comunidad.

[18]. “[…] No tan rápido, gallito,
que te agarré los fundillos.
Un momento. No estás listo.
Te falta la penitencia
que te impondré ahora mismo
Grano a grano has de pasar
cien mil almudes de trigo
de las cestas a los sacos
pa' llevarlos al molino.
Los molerás, uno a uno,
con el molido más fino
y con la harina obtenida
se harán las hostias de oficio.” (Matamala, 60)

 

© Gabriel Saldías Rossel 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero39/urdemale.html