Exposición en el Centro Julio González
del Instituto Valenciano de Arte Moderno


El MUNDO DE
JUAN-EDUARDO
CIRLOT


Breve crónica de una recuperación


por Chema de Francisco Guinea

Dotado de un especial sentido de la anticipación, surgido de un atento y continuado estudio de los distintos movimientos estéticos de la historia del arte, la faceta de interprete de Juan-Eduardo Cirlot habla así en el prólogo a la edición española de El arte como oficio de Bruno Munari: "A veces, los artistas de vanguardia tardan en obtener un pleno reconocimiento. Dicho de otro modo, es necesario que pase bastante tiempo hasta que la bruma despertada por lo que parecen sus "rarezas" y "lucubraciones", y en el fondo acaso sea tan sólo el producto de multiplicar su soledad por su espíritu investigador, se desvanezca" 1.

Pues bien, parece que esa bruma de la que nos habla el autor, característica en torno al artista de creación innovadora, como lo fue el mismo Juan-Eduardo Cirlot (1916-1973), va lentamente disipándose alrededor de su propia figura. Poeta extraordinario cuya obra se obstina en recorrer caminos de difícil e inusual tránsito en nuestra lírica, estudioso e investigador del símbolo y lo simbólico a través de las más diversas fuentes del conocimiento, desde la historia de las religiones y de la expresión artística y la antropología hasta el psicoanálisis y psicología profunda, aplica este amplio saber a la interpretación y análisis de la expresión plástica y musical. Además Cirlot se inicia desde joven en el arte de los sonidos, llegando él mismo a componer e interpretar su música, actividad que abandonará al principio de los cincuenta para dedicarse plenamente -en lo que se refiere a creación- a la poesía, en la que están siempre presentes sus amplios conocimientos sobre la teoría y estética de la música contemporánea.

Testigo de excepción y copartícipe durante los años cuarenta, cincuenta y sesenta de la fundación y desarrollo de principales movimientos de renovación y vanguardia en el campo del arte español, escribe y firma manifiestos, publica innumerables artículos en revistas nacionales e internacionales, asi como diversas monografías y libros de arte y sobre artistas, siendo en nuestro país uno de los principales especialistas en la particular poética y estética del surrealismo, y es considerado, asimismo, como el primer y más incisivo y agudo teórico y exégeta de la abstracción informalista catalana y nacional.

En su escritura crítica sobre músicos, pintores, escultores o autores literarios, en los artículos de simbología y otros temas de carácter cultural (de la numismática al cine), se contiene siempre la enigmática personalidad de Cirlot, que va forjando en una insaciable inquietud intelectual surgida, desde sus primeros textos, por la vocación irracional hacia una trascendentalidad, que busca en lo absoluto una superación de la realidad y de la propia vida.

Se constituye así Juan-Eduardo Cirlot en una figura clave en el difícil panorama intelectual español de los años del franquismo, tanto por la importancia de sus trabajos de divulgación de arte y simbología para toda una generación, como por las altas cotas que, en experimentación y calidad poética, alcanzó su literatura.

Sin embargo ese anhelo de trasgresión de lo real, de carácter místico, que vuelca despiadadamente en su poesía, y que se muestra también en su prosa, provoca en muchos de sus contemporáneos la incomprensión y el rechazo. Críticos y escritores le acusan de ser excesivamente subjetivo en la crítica de arte y de elitismo por la ausencia de un mínimo enfoque social en su poesía, en un momento en que predominan este tipo de planteamientos.

Así, la bruma en torno a la figura y obra de Juan-Eduardo Cirlot comenzaba a tejerse aún en vida del autor. Bruma que, además, el mismo autor contribuyó a crear en muchas ocasiones, por ejemplo, con las ediciones particulares y restringidas de su obra poética: "si publico pocos ejemplares es porque creo que, en la actualidad, es muy difícil, o casi imposible, interesar por una poética nueva, sobre todo si ésta versa sobre experiencias espirituales y no sobre problemas de la masa. La humanidad quiere convertir a los poetas en periodistas, agentes de publicidad o sacerdotes, géneros muy distintos y respetables en distinto grado. Pero el poeta no es nada de ello. Es sólo alguien que responde a preguntas formuladas por algo que se asemeja extrañamente a la nada. Y su voz tiene resonancia que él no podría evitar, aunque quisiera. A eso se le llama hermetismo" 2, dice el autor en 1968.

Una lenta recuperación editorial

El problema de la inaccesibilidad a la poesía de Cirlot quedó parcialmente resuelto con la edición póstuma en 1974 (Editorial Nacional, Madrid) de una compilación dirigida por Leopoldo Azancot en colaboración con el propio poeta, consciente de la importancia de su obra, donde se recoge toda la producción poética de Cirlot desde 1966 hasta 1972. Siete años más tarde, en 1981 la editorial Cátedra publica, con edición de Clara Janés, una antología de la poesía cirlotiana quedando impresa una selección de poemas fechados entre 1942 y 1972, además de un apéndice con selección de los aforismos que componen Del no Mundo (La Esquina, Barcelona 1969) texto en el que Cirlot expone su sistema de pensamiento basado fundamentalmente en Nietzsche y Lao Tse. Contando con una breve antología de poemas y otros textos del poeta, llevada a cabo por sus hijas, Lourdes y Victoria Cirlot, y publicado en el número 5-6 de la revista Poesía del Ministerio de Cultura correspondiente al invierno de 1979-1980, podría decirse que las referidas ediciones de la poesía de Juan-Eduardo Cirlot desde su muerte en 1973, no han tenido suficiente consideración por parte de la crítica sino hasta fecha reciente, ni trascendencia en la poesía actual , por no decir que su paso por las librerías ha sido casi inexistente.

Es a partir del final de los ochenta cuando comienzan a reeditarse algunos textos de Cirlot. En 1986, a través de la editorial Anthropos, vuelve a ver la luz El mundo del objeto a la luz del surrealismo, estudio fundamental del objeto artístico en el siglo XX, escrito en 1953, que se anticipa a la importancia de las tendencias artísticas conceptuales de los últimos decenios, y que sigue siendo referencia fundamental para profesores y estudiantes de Bellas Artes y todo aquel interesado en el mundo del objeto artístico. Dos años más tarde, en 1988, aparece en Moreno-Avila editores, 88 sueños, una pequeña joya en forma de libro, que contiene la colección completa de los sueños transcritos por el autor desde 1948 cuando comenzase a publicarlos en la revista "Dau al set", y que forman un alucinado conjunto de composiciones oníricas de inusual ejercicio en nuestras letras, y donde, con una prosa concisa y brillante, el autor nos muestra un mundo de insólitas apariciones, símbolos obsesionantes y constantes recurrencias que darán forma a su imaginario poético.

Pero es ya en los inicios de la presente década cuando comienzan a escucharse con más intensidad las primeras voces que reclaman la recuperación del crítico y del poeta. Estudios y artículos sobre distintos aspectos de la obra cirlotiana se reproducen ya con cierta asiduidad en catálogos y revistas. Nuevas reediciones de libros de Cirlot aparecen en el mercado editorial: Ferias y atracciones (Libertarias/Produfi, Madrid, 1992), una extraña monografía de 1950, continuadora de la brecha abierta por Ramón Gómez de la Serna y La Verbena de Giménez Caballero en la exploración del lado mágico y surrealista de la experiencia cotidiana; El ojo en la mitología. Su simbolismo (Libertarias, Madrid, 1992), de 1954, un tratado sobre el simbolismo del ojo a través de la mitología de distintas civilizaciones, es un anticipo a la que sería su gran obra (y preferida por él de entre todos sus libros) de simbolismo, Diccionario de símbolos, que en 1992 contaba con nueve ediciones, las últimas de ellas a cargo de Labor; El espíritu abstracto (Labor, Barcelona, 1993), original de 1966, es un texto de carácter hermenéutico que interpreta el sentido de las expresiones plásticas de tipo abstracto (elevando a categoría de arte lo tradicionalmente considerado como decorativo) desde el paleolítico hasta el período gótico, estableciendo relaciones con la abstracción del arte moderno.

En cuanto a la poesía de Cirlot, la editorial barcelonesa Península recuperó para los lectores en 1993, 44 sonetos de amor, poemario de 1971, en un momento en que Cirlot se ve invadido por una fuerte posesión creativa y poética. Por su temática, ideología y tratamiento estos poemas están emparentados con los que componen el Ciclo de Bronwyn y, según palabras del autor, en ellos: "mi concepción doloroso-sublimadora del amor se vuelve mito religioso".

Ya en 1996 asistimos a nuevas publicaciones de la obra de Juan-Eduardo Cirlot. Confidencias literarias es el título de un volumen editado por Huerga y Fierro (Madrid) en el cual Victoria Cirlot ha seleccionado diversos textos y artículos de Cirlot referidos al problema de la creación poética, su particular revisión de movimientos estéticos como el surrealismo y el romanticismo, asi como su lectura de autores predilectos como Nerval, Blake, Allan Poe o Trakl entre otros. Lectura de poeta enfrentado a otros poetas, son escritos publicados en revistas o en La Vanguardia Española, fechados entre 1944 y 1971, en los cuales encontramos muchas de las claves necesarias para comprender la obra, ideología y pensamiento literario de Cirlot.

En el campo de la creación, ve ahora la luz el último proyecto poético del autor condensado en un libro titulado Variaciones fonovisuales (Pàgines Centrals, Barcelona 1996). Trabajo hasta ahora inédito -salvo el poema Gloria, en la antología de Clara Janés en Cátedra- supone una vuelta de tuerca más del insatisfecho experimentador Cirlot en su poesía, donde el dibujo tipográfico se combina con el tratamiento permutatorio (método de su invención basado en el dodecafonismo de Schönberg y la Cábala profética de Abraham Abulafia) bajo el simbolismo fonético característico de su preocupación por la indagación en el significado del lenguaje poético.

Por otro lado, antes de terminar el año se publicará a través de la editorial Quaderns Crema, bajo la dirección de Lourdes Cirlot, una selección de la correspondencia que Cirlot mantuviese entre 1958 y 1962, con artistas y escritores como Miró, Cela, Fontana, Saura, Millares, Chillida y Cuixart entre otros. Y se ha anunciado, como proyecto a medio plazo, una reedición del momento culminante de la poesía de Juan-Eduardo Cirlot, el Ciclo de Bronwyn, una de la obras más extrañas y rica de nuestra poesía contemporánea, en la editorial Siruela.

Detrás de toda esta labor de recuperación editorial, prologando y encargándose de las ediciones, se hallan siempre presentes las hijas del autor, Lourdes y Victoria Cirlot. Vicedecana de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona, historiadora y crítica de arte, Lourdes Cirlot ha publicado libros sobre los primeros movimientos de vanguardia artística en el siglo XX asi como monografías dedicadas al grupo "Dau al set" y al movimiento informalista catalán, y dirige actualmente una tesis doctoral en la mencionada facultad, sobre la actividad desarrollada como crítico de arte por Cirlot. Por su parte, Victoria Cirlot, reconocida medievalista y actual codirectora de la colección "El árbol del paraíso" en la editorial Siruela, ha publicado diversos artículos en revista sobre la relación de Juan-Eduardo Cirlot con la música, la simbología y la poesía.




"Mundo de Juan Eduardo Cirlot"

La iniciativa más importante destinada a reivindicar y recuperar la figura de Juan-Eduardo Cirlot, se lleva ahora a cabo en el Centro Julio Gonzalez del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), con una exposición que con el título Mundo de Juan-Eduardo Cirlot se presentó el pasado 19 de septiembre y que permanecerá en sus salas hasta el 17 de noviembre.

Sus responsables, tanto el director del centro, Juan Manuel Bonet, como los comisarios, Emmanuel Guigon y Enrique Granell Trías, han colaborado antes juntos en distintas exposiciones donde de una u otra manera Cirlot ha estado presente. Bonet y Guigon comisariaron conjuntamente en 1990, El objeto surrealista en España en el museo de Teruel con un texto de Granell sobre Cirlot para el catálogo. En 1992 para el mismo museo, Guigon y Bonet cocomisariaron de nuevo Ciudad de ceniza. El surrealismo en la posguerra española, para cuyo catálogo escribió Granell otro texto sobre Cirlot. Además, Emmanuel Guigon ha comisariado importantes exposiciones en España como la dedicada a Luis Buñuel, El paréntesis de la mirada, en 1993 también en el museo de Teruel, y Automatismos paralelos. La Europa de los movimientos experimentales (1944-1956), en 1992, una ambiciosa exposición para la sala de exposiciones de la Comunidad de Madrid. Por su parte Eugenio Granell ha escrito distintos artículos en revista sobre distintos aspectos de la creación cirlotiana. Asi mismo podemos considerar a Juan-Manuel Bonet como el crítico e historiador de arte que más y mejor ha considerado la labor de Cirlot en sus trabajos sobre arte español. Ellos son los encargados de desentrañar a través de la exposición, esa fórmula matemática compuesta de "rarezas" y "lucubraciones", de soledad y espíritu investigador, que definen, según Cirlot, la figura del artista de vanguardia, y que tan bien se adapta a su propia personalidad y trabajo intelectual.

Mundo de Juan-Eduardo Cirlot en el IVAM, se presenta como una muestra sin antecedentes, por tratarse el protagonista de un escritor cuyo rasgo fundamental es infundir a su obra ensayística sus particulares dotes poéticas. Así lo entienden los comisarios de esta exposición, montada de forma convencional, con pinturas, esculturas y dibujos de distintos artistas que, engarzados con libros, partituras, cartas, artículos, dedicatorias y objetos pertenecientes a Cirlot, nos muestra un recorrido por la evolución del arte español de posguerra hasta su internacionalización, a través de la aventura intelectual que Cirlot emprendiese junto a sus principios y objetivos.

La exposición se abre con una sala como umbral de acceso al mundo cirlotiano. A lo largo de una amplia pared, el visitante contempla la terrible colección de espadas medievales, quemadas por la guerra y el tiempo, que Cirlot fue sustituyendo por otras de una primera colección de estas armas de los siglos XVI y XVII. Distribuidas por la sala se hallan instaladas seis mesas-vitrina, cuyo objetivo es compartimentar y sintetizar, a través de documentos y objetos personales, los ámbitos del conocimiento que interesaron al autor y los trabajos que realizó con respecto a ellos. La primera vitrina está dedicada al simbolismo y esoterismo, y en ella se exponen, entre otros, libros importantes que pertenecieron a su biblioteca: René Guénon, Hermes Trismegisto, un precioso libro rojo de William Blake, así como El origen musical de los animales-símbolos de Marius Schneider, autor que introdujo a Cirlot en la simbología y al que está dedicado el Diccionario de símbolos, expuesto también, en sus ediciones española e inglesa. En otra vitrina se muestran las primeras ediciones de los libros de poemas que Cirlot compusiera en la década de los cuarenta: una docena de poemarios desde La muerte de Gerión de 1943 a Lilith y Eros ambos de 1949, pasando por uno de sus textos de poética más importantes, La vivencia lírica de 1946. Una tercera vitrina nos muestra libros de medievalismo que pertenecieron a autor, libros sobre armas o el Santo Graal, un texto propio sobre ¿Una espada barcelonesa del siglo XV?, asicomo cabezas de hachas y otra espada de su colección. En la cuarta vitrina están dispuestas algunas piezas de su biblioteca de literatura (Trakl, Nerval, Stefan George, Poe, Shakespeare y Blake) asicomo discos de su colección (El Tristán, Scriabin, Mahler y Messiaen), libros de partituras, la monografía que Cirlot escribe en 1949 sobre Stravinsky, cartas de compositores (De Pablo, Jolivet), un artículo sobre Schönberg, y la dedicatoria en 1947 a Carlos Edmundo de Ory de su única pieza musical conservada, Suite atonal, ahora grabada en disco. La siguiente vitrina contiene documentos que muestran su entorno familiar e íntimo: fotografías, cartas, recuerdos y un esquema autobiográfico, construido para una posible redacción de sus memorias, proyecto del cual se tiene alguna noticia. En la sexta y última vitrina de la primera sala están expuestos algunos de los libros que Cirlot escribió sobre arte gótico, románico y contemporáneo.

Esta plétora de documentos cirlotianos se ve ilustrada con una serie de cuadros cuya disparidad de autores, estilos y contenidos se justifica por la relación que éstos tuvieron con Cirlot. Un "collage" de Alfonso Buñuel que introduciría a Cirlot en el surrealismo a principio de los cuarenta; un academicista retrato por Antonio Tápies a José Gudiol, erudito que inició a Cirlot en medievalismo al final de la década de los cincuenta; un autorretrato de Arnold Schönberg, al cual nuestro poeta admiraría profundamente; hasta Picasso, Sucre y Manuel Capdevilla que, entre otros, forman un confuso conjunto, y al que encontramos definitivo sentido en sus reproducciones en el catálogo de la exposición.

Tras esta "iniciación" al mundo de Juan-Eduardo cirlot, la exposición en el IVAM se propone realizar un recorrido por la evolución del arte español de vanguardia de la mano de Cirlot. Emmanuel Guigon señala que los criterios de montaje y comisariado siguen dos hilos argumentativos: el desarrollo histórico, cronológico, por un lado, y paralelamente, las referencias conceptuales. Estas últimas se refieren a los aspectos de contenido simbólico que las obras expuestas comparten con los poemarios de Cirlot. De esta manera, junto con los cuadros que Cirlot analizó, podemos ver los esquemas simbólicos que sirvieron para su interpretación.

Bajo el título "El espíritu mágico", vemos expuesta la obra de los pintores componentes de "Dau al set", grupo de vanguardia catalana formado en 1948, al que Cirlot se unió en 1949, y para el cual escribió un texto-manifiesto donde se hacían patentes las inquietudes del grupo: magicismo y esoterismo de orientación surrealista que Cirlot infundió con sus conocimientos, como señala John F. Moffit, "En España... puede observarse que las mutuas influencias entre artistas y post-ocultistas son especialmente notorias, como se manifiesta en el conocido Diccionario de Símbolos, de Juan-Eduardo Cirlot, miembro del colectivo "Dau al set", grupo de artistas catalanes en cuyo léxico observamos frecuentemente el uso de gran cantidad de metáforas alusivas al simbolismo hermético" 3. Comprendiendo el período 1948-1953, los libros sobre surrealismo, los poemarios época "Dau al set", y los documentos de relación con el surrealismo francés (Peret, Breton) en las vitrinas, comparten sala con las pinturas de Tápies, Ponç, Cuixart y Tharrats como miembros del grupo barcelonés junto con Millares, un móvil de Angel Ferrant y Saura. Las influencias de su pintura se muestran con pinturas de Miró, Max Ernst, Paul Klee y Arshile Gorky, que dan a la sala un ácido colorido surreal.

El itinerario por el mundo de Cirlot continua ahora bajo el epígrafe "El espíritu abstracto" que comprende los años 1955-1960. En este período Cirlot se dedica intensamente a la crítica de arte, y corresponde con la transición de los pintores de "Dau al set" al informalismo, en particular Tápies y Cuixart. La principal característica del análisis que Cirlot hace del movimiento informalista está en la conexión que el escritor establece entre arte y literatura, como señala Gabriel Ureña: "Juan Eduardo Cirlot puso de manifiesto la interacción informalismo/literatura desde la coetaneidad hasta los albores del Romanticismo: a Edgar Allan Poe, Novalis, Herman Hesse y al Goethe de "lo que esta dentro, también está fuera", rendía Cirlot homenaje como cimentadores de la base cultural de la estética del Arte Otro"4. Por otro lado, a partir de 1955 con la publicación de El palacio de plata, mediante la técnica permutatoria, su poesía tenderá a la abstracción por una reducción de contenido anecdótico externo, en busca de sentidos "otros".

Junto con los libros y artículos de Cirlot dedicados al informalismo y a la abstracción pictórica y escultórica, el informalismo francés, representado por dos cuadros de Dubuffet y Fautrier, y el expresionismo abstracto americano de Franz Kline y Barnett Newman, comparten espacio con el informalismo catalán de Tápies, Cuixart o Román Vallés (de quién Cirlot escribió su última monografía).

La escultura abstracta española de los cincuenta queda representada en la exposición Mundo de Juan-Eduardo Cirlot por piezas de Chillida, Serrano, Chirino, Subirach y Oteíza, observadas todas ellas por una impresionante Femme au miroir (1936) de Julio Gonzalez, que hubiesen merecido una sala aparte o al menos algo más de espacio "vital" para cada una.

El grupo "El Paso", en el cual Cirlot tomó parte firmando su primer manifiesto en 1957, y de cuyos componentes escribió una gran cantidad de artículos, asicomo el texto de presentación del grupo para su primera exposición en Nueva York, en la galería Pierre Matisse en 1960, tiene una amplia presencia en estas salas del IVAM donde, representando un momento en que la pintura abstracta española alcanza una extraordinaria proyección y reconocimiento internacional, las pinturas de Antonio Saura, Millares, Rivera, Canogar y Feito cuelgan junto a las de otros pintores españoles abstractos como Gustavo Torner, Daniel Argimón, Guinovart, Lucio Muñoz, Gerardo Rueda o Rafols-Casamada a quién, como señala Bonet, "en 1960, Cirlot lo consideraba como uno de los pintores de la generación abstracta que más se acercaban al anhelo de pureza de Rothko"5.

La exposición termina en una amplia sala donde los cuadros de grandes dimensiones, de colores oscuros y apagados, crean un clima frío y una atmósfera silenciosa e inquietante. Ocho vitrinas como mesas de disección se alinean simétricamente formando una succionante avenida que conduce nuestra mirada al mítico rothko Green on Maroon, de 1961, al fondo de la habitación. En las vitrinas se muestra el esfuerzo realizado por concluir una poesía completa de Cirlot, donde destacan especialmente las primeras ediciones de los volúmenes que forman el Ciclo de Bronwyn, circundados por manuscritos y esquemas simbólicos realizados y utilizados por el autor. Entre las fotografías, los cuadernos de notas y los poemarios, encontramos un esquema donde Cirlot sintetiza mediante colores su proceso artístico-biográfico: de forma ascendente el verde-azul (1948-1954) dará paso al marrón (1954-1966) que finalmente alcanzará al negro (1966-...), en una progresión que el poeta hace coincidir con la significación simbólica, vegetación-cielo, tierra neutra y putrefacción alquímica, respectivamente. Esta evolución cromática, que parte del surrealismo y va abstrayéndose progresivamente hasta alcanzar una voluntad de purificación místico-religiosa a través del sentimiento amoroso, y donde coinciden siempre poesía y ensayo, simbología/simbolismo y arte, es la que encontramos en Mundo de Juan-Eduardo Cirlot.

La pintura expuesta aquí ha ido lentamente oscureciendose sala tras sala, abandonando el color, ensanchando su formato hasta más allá de los límites del cuadro. El desgarro de Millares, la infinita espacialidad de Fontana, el eterno silencio tapiano y la monstruosa belleza de Saura se reúnen con una tabla gótica del Siglo XIV en contundente coherencia cirlotiana. No en vano, Antonio Saura, el autor junto con Tapies de más presencia en la exposición nos comentaba: "los cuadros reunidos aquí son el mismo Cirlot".

Un libro-antología-catálogo.

La dificultad impuesta por el formato específico de la sala de exposición en un museo, de mostrar el espíritu general que rige la actividad del escritor, ha quedado resuelta y superada en el catálogo editado. Como señala el comisario Granell, "el mundo de Juan-Eduardo Cirlot está en el catalogo", pues éste no sólo recoge las reproducciones de las obras colocadas en la exposición y los documentos mostrados en ésta, sino que se constituye como una antología de textos donde el criterio de selección ha quedado determinado por la voluntad de unir poesía y arte, idea profundamente cirlotiana.

Así, una completa antología de poemas y textos ensayísticos van enlazándose, ilustrados con los documentos y obras de arte, en cinco apartados que recogen la época de posguerra, el período "Dau al set", la década de los cincuenta y los años sesenta, junto con un apartado dedicado a la música, nexo de unión de todo su pensamiento estético. Guigon y Granell Trías nos introducen en cada uno de los capítulos, acotando épocas e "ideología" y situando la perspectiva que cada apartado alcanza.

Por otro lado, el catálogo cuenta con los testimonios de cinco autores que fueron amigos y compañeros de Cirlot. Rafael Santos Torroella y Antonio Saura muestran el reconocimiento de la enorme talla intelectual del autor; Carlos Edmundo de Ory, Joan Perucho y Edouard Jaguer, aportan nuevos e interesantes puntos de vista sobre la personalidad y obra cirlotiana. Por su parte Lourdes y Victoria Cirlot, en otro apartado, nos muestran como contrapunto, el lado íntimo y cotidiano de su padre en una selección de recuerdos y anécdotas familiares. Asimismo, entre sus páginas encontramos la reedición del poemario Donde nada lo nunca ni I y II, publicados entre 1968 y 1971 por cuenta del autor, de carácter experimental, donde la desazón disonante elimina toda referencia real-exterior procurando una suerte de abstracción de la Nada.

El catálogo se cierra con una relación de datos biográficos del autor y una completa bibliografía que incluye, a la vez de los libros, cientos de artículos para revista, prólogos y escritos de reciente publicación sobre Cirlot. Además se han editado conjuntamente un texto recuperado de los archivos de la editorial PEN, titulado La imagen surrealista de 1952, cedido por la familia Giralt-Miracle, y un disco compacto que recoge la interpretación de la única partitura conservada, compuesta por Cirlot, Suite atonal de 1947, asi como el recitado de dos importantes poemas fonéticos del autor, Bronwyn, n, de 1969, e Inger permutaciones de 1971.

Con todo ello, la exposición de dedicada al Mundo de Juan-Eduardo Cirlot por el IVAM, se constituye como el mayor esfuerzo realizado hasta el momento, por reivindicar la figura intelectual de un autor cuyo trabajo ayudó decisivamente a cimentar las principales configuraciones estéticas de nuestras vanguardias artísticas. Desde las profundas alturas que Cirlot habitó, su ineludible vocación poética nos muestra aun, desconocidos horizontes donde la verdadera creación amanece. Así, el catálogo-antología-libro editado por el IVAM no sólo llena un considerable hueco editorial, abre nuevas posibilidades de engrandecer la justicia que obligadamente se le debe a Juan-Eduardo Cirlot.

Notas:

  1. pag. 7 del prólogo a Bruno Murani: El arte como oficio. Barcelona, Labor, 1991. (traducción de Juan-Eduardo Cirlot)
  2. Cirlot, J.-E.: "¿Quién es Bronwyn?". Revista Europa, nº 560. 15 de enero de 1968.
  3. Moffit, J.F.: prólogo a la edición comentada por Santiago Sebastian de La fuga de Atalanta de Michel Maier. Ed.Tuero, Madrid, 1989. p.XXV.
  4. Ureña, G.: Las vanguardias artísticas en la posguerra española. 1940-1959. Madrid, Itsmo, 1982. p.195
  5. Bonet, J.M.: catálogo para el Museo de Arte Abstracto Español de Cuenca. Fundación Juan March, Madrid, 1991. p.147.

© Chema de Francisco Guinea 1996.

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