Reseñas:


Emilio Lledó:

Lenguaje e Historia


Madrid, Taurus, 1996, 267 pp.
ISBN:84-306-0051-5

Contenido:


Reedición de la obra del filósofo Emilio Lledó; recoge una serie de estudios publicados entre 1967 y 1977. Los textos giran sobre un triple eje: la historia, la historia de la filosofía y la filosofía de la historia. En relación con todo ello, abarcándolo y permitiendo su formulación y conocimiento está el lenguaje.

Una de las preocupaciones centrales de la obra es la necesidad de devolver al lenguaje su expresividad originaria, saber lo que se quiso decir y la relación que mantenían las palabras con las cosas y con los que las empleaban:

Toda interpretación y, por consiguiente, también la filosófica, se apoya en el lenguaje, de ahí que el punto de partida de cualquier investigación tiene que situarse en el lenguaje mismo. ¿Qué quiere decir una investigación en el lenguaje mismo? Se trata, en nuestro caso, de un análisis semántico en el que la palabra puede devolvernos, a través de las conexiones con el paisaje lingüístico que la rodea, el contenido que encierra. El contenido de una palabra no es sino la posibilidad de referencia inequívoca a una determinada realidad, en principio extralingüística (Notas semánticas sobre el origen de la filosofía y de su historia, pp. 104-105)

Para Lledó, el hombre contemporáneo se encuentra en un punto peligroso de su evolución al haber perdido la experiencia de las palabras. El lenguaje se ha visto sometido a un proceso de desnaturalización, en el sentido de no responder ya a la experiencia del hombre, sino a lo que él mismo denomina la "semantización del léxico":

una conciencia crítica del lenguaje que nos circunda es imprescindible para la construcción de esa sociedad flexible que nos libere de la creciente y peligrosa semantización del léxico. En un determinado momento de la historia, el lenguaje se paralizó en una terminología descontextualizada, pero hoy se está desmoronando en algunos de sus estratos al producirse ese fenómeno de semantización. Las palabras, apareciendo en contextos inusitados o describiendo hechos inadecuados a su primitva semántica, comienzan a cargarse de los nuevos contenidos, que cuartean y deterioran el valor simbólico del lenguaje ( El horizonte de las formas simbólicas, p. 49)

Con la desnaturalización del lenguaje se produce también la del hombre que lo usa. Cada vez es menos posible comprender en el lenguaje. El mundo se retira al romperse la relación verdadera entre las palabra y las cosas.

Ejemplo de ello es el proceso seguido por la filosofía, que se ha alejado de sus primitivos y originarios fines:

la historigrafía filosófica ha pretendido, casi siempre, olvidar dos hechos fundamentales (...) El primer olvido se tematiza en haber pretendido hacer historia del «pensamiento», o sea, de una entidad inaprensible, casi fantasmagórica, si no se materializa en el lenguaje, o en actos no exclusivamente lingüísticos. El segundo olvido consiste en pensar que la historia de la filosofía es la descripción de una serie de problemas, aprisionados en los límites de lo que se suele llamar el «pensamiento de los filósofos». Este pensamiento parece alimentarse de una raíces inmersas en un difícil y distante mundo de problemas, alejado de cualquier motivación que no fuera exclusivamente «filosófica». El famoso tópico de la «oscuridad» de los filósofos, de su «estar alejados» de la realidad, expresa, a pesar de su trivialidad, lo profundamente que está arraigado en la sociedad este carácter peculiar, entre mágico y extraño, del pensamiento filosófico. Lo cual no deja de ser sorprendente, si se considera que la filosofía, cuando rastreamos en sus orígenes, no fue más que una respuesta inmediata a los estímulos del entorno (Notas semánticas sobre el origen de la filosofía y de su historia, pp. 146)

Obra interesante, con algunos capítulos brillantes, y otros que permiten ver la evolución personal de Lledó confrontada con las corrientes que establecen el "fin de la historia".

J. Mª A.


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