Reseñas:

Bruno Gentili

Poesía y público
en la Grecia antigua

Barcelona, Sirmio-Quaderns Crema, 628 pp., 1996, 3.750 pesetas.
Traducción de Xavier Riu. Introducción de Carles Miralles.
ISBN: 84-7769-070-7


Contenido:


La edición original de esta obra vio la luz en 1984. Gentili ha revisado la edición española, añadiendo contenido en diversos apartados, ha incluido un nuevo capítulo y ha renovado la bibliografía. Nos encontramos, pues, ante una edición totalmente renovada y la obra merece el esfuerzo. La modernidad de sus planteamientos, el entrelazado de diversas perspectivas para afrontar el mundo de la poesía griega antigua hacen que está obra sea un ambicioso proyecto con magníficos resultados. En palabras de su introductor:

La historia del espíritu -tal como fue entendida por Snell, por ejemplo, en campo griego- la sociología, el estructuralismo, la antropología, el psicoanálisis, la teoría de la comunicación y la crítica orientada hacia la audiencia: todas estas metodologías o escuelas no sólo han ido dejando huellas en Gentili sino que él ha logrado ir adaptando e innovando en ellas mientras buscaba una síntesis provechosa, construyendo así una manera crítica que se revela un instrumento idóneo en sus manos para acercarnos a los viejos textos (p. 9).

Para poder abordar de forma consecuente el mundo de la poesía griega antigua, Gentili señala que es necesario tratar aquel mundo en sus propios términos. El peligro de proyectar hacia el pasado nuestros conceptos sólo es posible evitarlo mediante una contextualización que exige comprender el sentido mismo de la poesía en aquella época y sus mecanismos de producción y difusión. Nuestra idea de la poesía, de la literatura misma, difiere bastante de la que se pudo tener en la Antigüedad. Gentili nos advierte:

La poesía griega fue un fenómeno profundamente distinto de la poesía moderna en sus contenidos, en sus formas y en sus modos de comunicación. Tuvo un carácter esencialmente pragmático en el sentido de una estrecha correlación con la realidad social y política y con el proceder concreto de los individuos en la colectividad. Expresó vicisitudes existenciales del propio poeta o de otros, pero no fue idiosincrática en el sentido moderno. El universo de las figuras de su lenguaje, o bien sus imágenes, sus metáforas, sus símiles, no fueron independientes de lo visible ni capaces de permitir la percepción de un mundo no existente, abstracto y ficticio como el lenguaje simbólico de la moderna literatura de ficción, sino que estuvieron, de modo no distinto al del arte figurativo, enraizadas en la realidad fenoménica (p. 13)

Sentadas estas diferencias básicas en la forma de comprender los fenómenos, la obra de Gentili, muy rica en planteamientos, recurre a la denominada "teoría de la oralidad". Desarrollada a partir de las investigaciones de M. Parry y A. B. Lord, de Eric A. Havelock, J. Goody, W. Ong, etc., la teoría de la oralidad analiza las condiciones culturales, la construcción y la transmisión de las formas expresivas en las sociedades sin escritura. Gentili señala tres condiciones para que una cultura pueda definirse como "oral":

  1. oralidad de la composición (improvisación repentizada);
  2. oralidad de la comunicación (performance);
  3. oralidad de la transmisión (tradición confiada a la memoria).

Bajo estos tres aspectos se comprende una teoría completa del hecho artístico, que no se limita a centrarse sobre un objeto (estético) aislado, sino entendida como un proceso que se desarrolla conforme a unas condiciones de producción, que se inscribe en un contexto espacio-temporal de interpretación ante un público, y que establece una tradición conforme a unas determinadas técnicas de conservación. El paso a una cultura escrita supone la variación de todas o algunas de las condiciones señaladas hacia otras muy diferentes: composición escrita, lectura, y copiado y conservación de textos. Para Gentili, la transición de un sistema de oralidad a otro basado en el "libro" no se produce sólo por el cambio de tecnología de la comunicación:

...una serie de grandes transformaciones en el plano político, económico, social y cultural habían asaltado al mundo griego entre los siglos V y IV a.C. Una crisis evolutiva que había llevado a la progresiva superación de un coherente sistema cultural basado en dos principios en apariencia heterogéneos, pero en realidad estrechamente correspondientes y complementarios: la oralidad de la comunicación y la estructura institucional de la polis. El factor de innovación más evidente lo representó el advenimiento del libro y el comercio librero como instrumentos primarios de la difusión del saber. La expansión de este fenómeno se produjo a la vez que el declive de las instituciones democráticas, o en cualquier caso asamblearias, de la ciudad. La escritura fue sentida por primera vez como un acto literario propiamente dicho, literatura tout court. Tucídides, Platón, Aristóteles, Isócrates fueron los grandes portaestandartes de la nueva cultura del libro, que exigía de quien la disfrutaba una lectura atenta y solitaria. La página escrita, como es obvio, comportó inevitablemente una transformación también de las estructuras comunicativas y las normas de composición; en sustancia, para usar la formulación de Aristóteles, el paso del discurso «agonístico» al discurso «gráfico». De ahí que se inicie la especialización del saber y surja la prosa científica al lado de la literaria. Nace así un nuevo tipo de cultura que había de restringir forzosamente el dominio de sus destinatarios, ya no indentificables con una entera comunidad ciudadana, sino con individuos particulares provistos de los necesarios instrumentos hermenéuticos. Una cultura que transforma profundamente su perspectiva y dimensión, tanto en el plano de las funciones como en el de los significados, y que (...) pierde en extensión pero gana en profundidad (pp. 355-356)

La obra de B. Gentili es de gran interés no sólo para los interesados en el mundo de la poesía griega antigua, sino para todos aquellos interesados en comprender los mecanismos de comunicación en el seno de las culturas. De la lectura de esta obra aparece un mundo literario diferente al que produce la imagen estática de los textos aislados de su entorno y su función. Nos encontramos con un mundo en el que la poesía jugaba un papel diferente al que pueda jugar en el nuestro, un mundo vivo en el que los poetas necesitan a sus patronos para vivir y éstos necesitan a los poetas para mantener su poder y hacer perdurar su figura en la historia:

La nueva riqueza favoreció en general a las artes, y no sólo a la poesía, sino también a la pintura y la escultura, y las favoreció no tanto por amor al arte cuanto por un deseo de gloria y poder: mediante la obra del artista, el rico señor o el aristócrata de la ciudad, y por encima de todos el tirano intentaban ennoblecerse y consolidar su poder político. El poeta se convirtió así en el profesional del intelecto que trabajaba para un patrono y recibe en compensación un regalo precioso o unos «honorarios» propiamente dichos, susceptibles en ocasiones de aumento, como dice de Simónides la tradición: invitado el poeta por Anaxilas, tirano de Regio, a cantar una victoria suya con el carro tirado por mulas, rehusó la invitación con el especioso pretexto de que las mulas no eran un sujeto digno de ser cantado en un poema de elogio; pero cuando el tirano le dio una remuneración más alta, compuso el epinicio, que comenzaba ingeniosamente con el verso: «Salud, hijas de los caballos con pies de tormenta» (pp. 257-258)

Joaquín Mª Aguirre

El URL de este documento es http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero4/gentili.htm


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