Comunicación:

Herbert I. Schiller

Aviso para
navegantes


Barcelona, Icaria, 1996, pp. 104.
ISBN:84-7426-279-8

Contenido:

    Introducción
  1. Fantasías de las autopistas de la información y realidades empresariales
    Las autopistas de la información: ¿un callejón sin salida?
    Todo el poder al sector empresarial
  2. Poder estatal y redes electrónicas universales asociadas
  3. El eclipse de la soberanía cultural nacional
    La cultura popular estadounidense arrasa
    El alcance cultural de las industrias culturales
    Función política de las empresas de los medios de comunicación global
    Acallar el debate público
    Globalización de las imágenes y los anuncios
    El declive y la renovación de la oposición internacional al dominio cultural de Estados Unidos
    El debilitamiento de las estructuras internacionales de control de la información
    Glosario
    Bibliografía

Aviso para navegantes es una obra en la que se crítica el mundo que se está construyendo a partir de las denominadas "autopistas de la información". Quizá debamos matizar esta primera afirmación. Schiller no critica tanto el sistema tecnológico en sí como su utilización al servicio de los grandes intereses financieros internacionales, es decir, su instrumentalización. En opinión del autor, todas las expectativas que se han generado con la aparición de nuevos avances en las tecnologías de la comunicación se han visto frustradas por su utilización al servicio de intereses económicos. Todas las esperanzas culturales, todas las expectativas de progreso social que acompañaron el nacimiento de la radio o de la televisión se han disuelto en "entretenimiento" y en trivialización de los contenidos, aprovechando el poderoso efecto difusor de los medios para crear mercados globales y homogéneos en los que vender productos. En última instancia, lo que se pretende no es la difusión de la cultura sino crear el "mercado global".


La circulación de datos mercantiles, las películas de Hollywood y los programas de televisión, las estadísticas de negocios, las apuestas caseras, los videojuegos, los espectáculos de realidad virtual y los canales de venta, son los posibles menús de los nuevos circuitos electrónicos. ¡Bienvenido al nuevo orden mundial de las fuerzas de mercado!
H. I. Schiller

Herbert I. Schiller deja claros sus argumentos desde el principio de su exposición:

La formación de macroempresas en el ámbito cultural-multimedia permite prever cuál será la forma y el contenido del entorno simbólico mundial en los próximos años:
  1. Una gigantesca concentración de capital (...)
  2. La producción y la difusión de gran parte de los mensajes y las imágenes que forman el entorno simbólico de las personas, se unifica con una finalidad empresarial. Es decir, en todas las facetas artísticas de los medios de comunicación el proceso creativo está sujeto a los imperativos del capital: obtener los máximos beneficios. Esta dinámica influye decisivamente en la forma y el contenido del producto de los medios de comunicación
  3. Por último, los nuevos colosos de los medios de comunicación tratan de lograr una posición dominante en el mercado para situar sus productos en cada rincón del planeta. En ningún lugar del mundo se puede evitar que lleguen las películas, los programas de televisión, las grabaciones, los bancos de datos y los parques temáticos producidos por un puñado de compañías. (pp.8-9)

Las grandes concentraciones de capitales internacionales, las fusiones de las empresas de comunicación buscan establecer situaciones de dominio mundial en un mercado que se prevé muy rentable para este inicio de siglo: el del entretenimiento. Según Schiller, el poder de estas grandes compañías internacionales les está permitiendo imponer sus condiciones a los gobiernos nacionales para que eliminen todas aquellas barreras (económicas, legales, culturales) que impidan un mercado global en el que puedan moverse libremente.

Las oleadas de privatizaciones en todo el mundo se producen por las presiones de los grupos internacionales que así se aseguran su penetración en todos los mercados nacionales. La estrategia es controlar la producción y la distribución, esta vez mundial gracias a los nuevos sistemas de comunicación. Schiller es rotundo: lo estados han claudicado ante las empresas, cuyo único objetivo es el beneficio. Las grandes inversiones en el terreno de las telecomunicaciones son formas de acelerar la creación de infraestructuras que permitan ese mercado global. Schiller analiza la política del equipo Clinton-Gore y ve en su entusiasmo por las "autopistas de la información" el deseo de expansión comercial a través de los elementos "culturales". En todos los países se han creado grupos de expertos, asesores de los gobiernos, para establecer ese desarrollo tecnológico necesario para que puedan llegar los productos o las informaciones sobre ellos. Los gobiernos de los países ricos ven en las "autopistas" formas de ampliar mercados y reactivar sus economías. Las redes serán instrumentos de normalización y penetración económica y cultural sobre los países incapaces de defenderse del avance.

En otra obra reseñada en esta misma sección, la premiada por Fundesco La nueva alfombra mágica. Usos y mitos de la red de redes, del mejicano Raúl Trejo Delarbre, éste se quejaba, con toda razón, del enfoque expresado por el "entonces Vicepresidente" español Narcís Serra al explicar el Acuerdo Estratégico sobre telecomunicaciones aprobado no hacía mucho tiempo por el Consejo de Ministros:

La apuesta española por una presencia singular en las autopistas de la información se deplegaría por tres ejes: "las comunicaciones móviles de voz y datos; la generalización de la informática a distancia; y la liberalización o la apertura a la competencia de mercados tradicionalmente situados en régimen de monopolio".
El idioma español sería un elemento de identidad para una participación aventajada, de ese país, en el mercado de las naciones en donde se comparte dicha lengua. Sin duda, en estrategias como esa, si se traducen en proyectos específicos y conjuntos, hay un amplio campo dentro del que se puede avanzar. Sin embargo, la mencionada nota periodística apunta que el vicepresidente Serra habló de "la necesidad de desarrollar el mercado audiovisual español con proyección hacia Latinoamérica" (el subrayado es nuestro). No dijo con Latinoamérica.
¿Es exagerado hablar de una posible nueva colonización? ¿Nuestras siempre erizadas susceptibilidades latinoamericanas podrían considerarse violentadas por esa eventualmente agresiva y nueva incursión de la cultura y el comercio españoles, ahora a través del cable coaxial o la fibra óptica, capaces de llevar en directo la señal de la madre patria hasta nuestras computadoras? (p. 198)

¿Es la guerra comercial el estado natural que nos depara el futuro? Terminada la política internacional de bloques, terminada la carrera armamentística, ¿comienza la de las telecomunicaciones y el consumo? Cada vez se hace más necesario que todos aquellos que creen que el avance tecnológico es una puerta abierta a la colaboración cultural, a la construcción de una sociedad no global, en el sentido de estandarizada, sino interconectada, una sociedad en la que se puedan desarrollar las riquezas propias en beneficio del conjunto, una sociedad diversa y plural, se manifiesten en contra de estas tendencias mercantilistas y reductoras. El mismo H. I. Schiller, en su estancia en Barcelona, refiriéndose al caso de Internet, señaló: "la gran cuestión sobre el futuro de Internet será si habrá suficiente gente dentro del sistema con la voluntad de mantenerlo libre" (Luis Ángel Fernández Hermana, Juicio digital, en.red.ando, 18/6/96). El caso de Internet será un campo de batalla en un futuro muy próximo. Puede ser el gran rival de ese aparato audiovisual que se está gestando. Si los grandes intereses económicos llegan a la conclusión de que Internet es un serio rival, que hay demasiada "morralla" que perturba su necesidad de monopolio, los ataques -como ya está sucediendo- arreciarán. La única forma de defensa es mantener firmemente los tres principios básicos del origen de la red: universalidad, gratuidad y cultura. "Universalidad" por vocación de llegar a todos los que compartan un interés o tengan una necesidad en cualquier lugar del mundo; "gratuidad" para no elevar barreras que impidan el acceso a nadie; y "cultura" introduciendo contenidos que permitan el avance social e individual. Puede que las empresas tengan que moverse a golpe de interés, pero las instituciones, públicas o privadas, los grupos sociales, los individuos, pueden tener otros motivos más solidarios y altruistas.

Cuando se abran realmente las "autopistas de la información", cuando se supere esta fase de prueba en la que nos encontramos, la lucha del mercado audiovisual, convertido en eje de la "cultura", se trasladará a ellas. La advertencia de Schiller, su análisis de los intereses económicos tras la "información" y sus efectos culturales y sociales, coincide con la reticencia mostrada por R. Trejo ante la actitud del político español, convencido de que va a estar a la cabeza de los "vendedores".

Estamos contemplando el mundo en términos de mercado en donde los otros sólo pueden ser "clientes" o "competidores". El potencial cultural que supone una red de comunicaciones mundial será desperdiciado en favor de la difusión de productos pobres en contenidos, alienantes en sus efectos, y vinculados al consumo de otros productos dentro de estrategias globales asociadas.

La obra de Schiller es lo que su título anuncia, un aviso, una advertencia ante lo que se prevé como una invasión pseudo-cultural a través de los medios audiovisuales en sus nuevas tecnologías, el cable fundamentalmente. Schiller denuncia las estrategias mundiales de estas grandes compañías cuya primera baza ha sido allanar el terreno de juego para el combate posterior. El siglo XXI se anuncia como el de los grandes negocios en la información y el entretenimiento. La sociedad que nos diseñan es la del "ocio", es decir, la de los consumidores pasivos de información y productos. Los riesgos de una información monopolizada son evidentes desde el punto de vista político; los del entretenimiento, la alienación cultural y la ausencia de sentido crítico.

La globalización, que a muchos les parece una prometedora
perspectiva, es, desde un punto de vista más realista,
una propagación extraordinariamente bien lograda de la mercadotecnia
y el consumismo a la comunidad global

Herbert I. Schiller

Joaquín Mª Aguirre

Herbert I. Schiller en la Red

Herbert I. Schiller
su currículo en catalán
Herbert I. Schiller:
Media, Technology, and the Market: the Interacting Dynamic
Herbert I. Schiller:
Challenging the Global Cultural Factories

El URL de este documento es http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero4/schiller.htm


Reseñas