Reseñas:


Thomas A. Sebeok

Signos:

Una introducción a la semiótica

    

Barcelona, Paidós, 1996, 166 pp., 1.500 pesetas.
Traducción de Pilar Torres Franco. ISBN: 84-493--02-09-9


Contenido:

    Introducción, Marcel Danesi

  1. El estudio de los signos
  2. Seis especies de signos
  3. Signos sintomáticos
  4. Signos indexicales
  5. Signos icónicos
  6. Signos fetiches
  7. Signos del lenguaje
  8. ¿La lengua como un sistema de modelización?

    Bibliografía
    Índice analítico


Nos cuenta Umberto Eco que, en 1984, el gobierno de los Estados Unidos (Office of Nuclear Waste Isolation) se encontró con un problema añadido al construir un vertedero nuclear: la vida activa de los residuos era de diez mil años. ¿Cómo señalizar de forma duradera y efectiva algo que escapaba a cualquier previsión? Durante el tiempo de radioactividad podían desaparecer las sociedades y culturas existentes y ser sustituidas por otras que no comprendieran el significado de las señales de aviso. El gobierno encargó al investigador semiótico Thomas A. Sebeok la resolución de este problema. Se estudiaron todo tipo de señalizaciones, pero ninguna garantizaba la duración necesaria. La propuesta final de Sebeok fue la siguiente:

instituir una especie de casta sacerdotal, formada por científicos nucleares, antropólogos, lingüistas y psicólogos, que se perpetuara a través de los siglos por cooptación y mantuviera viva la conciencia del peligro, creando mitos, leyendas y supersticiones. Con el tiempo, éstos se verían obligados a transmitir algo cuyo conocimiento exacto habrían perdido, de modo que en el futuro, incluso en una sociedad humana que hubiera regresado al estado de barbarie, pudieran sobrevivir oscuramente tabúes imprecisos, pero eficaces.
(U. Eco, La búsqueda de la lengua perfecta, Madrid, Grijalbo-Mondadori, 1996, p. 152)

Eco no nos cuenta lo que el gobierno de los Estados Unidos decidió hacer con la propuesta, pero el hecho nos dice mucho sobre la forma de pensar de Sebeok.

Signos: una introducción a la semiótica es lo que su título anuncia: una introducción. Sin embargo, los enfoques de Sebeok difieren de aquellos a los que estamos acostumbrados en este terreno. Sebeok se mueve, dentro de su concepción de la semiótica, en un terreno próximo a la biología. Tradicionalmente, estamos acostumbrados a que la semiótica se aplique (y explique) en mayor grado a los fenómenos de significación humanos, pero en esta obra son otros los derroteros. Como señala Marcel Danesi, el introductor de la obra:

Sebeok ha transformado la semiótica en una ciencia de la vida, al haberla devuelto a sus raíces de la biología médica. En otras palabras, ha arrancado la semiótica del terreno filosófico, lingüístico y hermenéutico en el que ha sido cultivada durante siglos y la ha trasladado al dominio de la biología, de donde procedía originalmente. La aproximación biológica de Sebeok es inherente a una perspectiva que pretende investigar cómo todos los animales están dotados genéticamente de la capacidad de utilizar las señales básicas y los signos para sobrevivir, y cómo la semiosis humana es al mismo tiempo similar y diferente de esta capacidad (p. 20)

Sebeok lleva la investigación semiótica a sus principios orgánicos, es decir, no se limita a considerar los mensajes como intercambios de signos entre unos organismos y otros, sino que entiende que la semiosis afecta a la representación del mundo que tiene cada especie. Los enfoques tradicionales se ocupan de las estructuraciones de los mensajes y pierden de vista la profundidad del fenómeno semiótico. Sebeok parte de los trabajos del biólogo alemán Jakob von Uexküll (quizá el más citado en la obra junto con Peirce, lo que nos revela el maridaje del autor):

La distinción inicial entre objeto (O) y el signo (S) suscita profundas cuestiones sobre la anatomía de la realidad, e incluso sobre su mera existencia, pero no hay nada que aproxime a un consenso sobre estos enigmas a los físicos, dejando, de esta forma, solos a los filósofos. Una implicación obvia de esta postulada dualidad es el hecho de que la semiosis requiere como mínimo dos actores: el observador y el observado. Nuestra intuición de la realidad es consecuencia de una interacción mutua entre ambos: el mundo privado de sensaciones elementales de Jakob von Uexküll (Merkzeichen, "signos perceptuales") asociado a sus transformaciones significativas en impulsos activos (Wirkzeichen, "signos operativos") y el mundo fenomenal (Umwelt), es decir, el mundo subjetivo que cada animal presenta como modelo de su entorno "verdadero" (Natur, "realidad") que únicamente se revela a sí mismo a través de signos. Las reglas y leyes a las que aquellos procesos relacionados con el signo -a saber, la semiosis- están sujetos, constituyen las únicas leyes auténticas de la naturaleza. "Así como la actividad de nuestra mente es el único fragmento de la realidad conocida por nosotros", argumentaba en su gran trabajo, Theoretical Biology, "sus leyes son las únicas que tienen el derecho a ser llamadas leyes de la naturaleza" (Uexküll 1973 [1928], pág. 40)(p. 27)

Como puede apreciarse, Sebeok llega hasta la concepción básica de la semiosis: la que relaciona a los organismos con su entorno. Lo que los organismos crean es una representación, su propia versión de la realidad. De ahí se sigue que la "realidad" no sea algo constante para todas las especie, sino algo "conocido" según las propias características y posibilidades cognitivas de cada una de ellas. De la célula al ser humano, cada especie tiene su propia "realidad" construida a partir de los datos del entorno. Sebeok señala que el propio Uexküll consideraba su formulación "como una teoría científica de la intuición kantiana" (p. 136).

Sobre este escenario, es más fácilmente comprensible la definición de "semiótica" a la que llega Sebeok:

la semiótica no versa en absoluto sobre el mundo "real" sino sobre modelos reales complementarios o alternativos de él, y -como Leibniz pensaba- sobre un número infinito de posibles mundos antropológicamente concebibles. De este modo, la semiótica no revela nunca qué es el mundo, sino qué circunscribe lo que podemos conocer de él; en otras palabras, lo que un modelo semiótico representa no es la "realidad" como tal, sino la naturaleza descubierta por nuestro método de investigación (p. 20)

Moviéndose en este terreno, Sebeok perfila campos de investigación como la "biosemiótica" o la "zoosemiótica". Para el autor es necesario comprender estos fenómenos para entender que la semiosis no es un proceso únicamente humano, sino que está en la base misma de la vida.

Como ya señaló el zoologo inglés R.J. Pumphrey, hay dos escuelas de pensamiento en relación al desarrollo de la lengua. Una de ellas afirma que el habla humana es diferente de las de los otros animales en cuestiones materiales, pero que ambas están unidas por el nexo de la evolución (teoría de la continuidad). La otra postura defiende que el habla es un atributo específicamente humano, una función de novo, distinta en clase de la que cualquier otro animal pueda ejercitar (teoría de la discontinuidad). Sin estar a favor ni de una ni de otra, hay algo que deberíamos enfatizar por encima de todo: es esencial adoptar una estrategia de investigación que compare los sistemas de comunicación humana y animal para así adquirir una visión más significativa sobre la naturaleza y ubicuidad de la semiosis (p. 56)

La cuestión del lenguaje humano es motivo de reflexión en el último de los capítulos, uno de los de mayor interés. Se abordan en él, revisando las propuestas de la Escuela Moscú-Tartu, las capacidades de la lengua como "sistema de modelización": "la lengua evoluciona como una adaptación, mientras que el lenguaje se desarrolla como una «exaptación» derivativa sobre un período sucesivo de aproximadamente dos millones de años" (p. 139). Sebeok utiliza, siguiendo a Gould y Vrba (1982), estos términos "adaptación" y "exaptación" para señalar "la distinción entre génesis histórica y utilidad actual". Se separan así dos elementos, cognición y comunicación.

De acuerdo con esto, es preferible pensar que las lenguas -que constan de un conjunto de características que estimulan las capacidades- han sido contruidas mediante selección para la función cognitiva de modelización y que, como el filósofo Popper y el lingüista Chomsky habían insistido, no lo han sido para la función de intercambio de mensajes de la comunicación. Esta última concepción era rutinariamente sostenida por el recurso a medios no verbales, como en el caso de los animales, y así sigue siendo en el contexto de la mayor parte de las interacciones de los seres humanos en la actualidad.
Algunos millones de años más tarde, sin embargo, la lengua llegó a estar «exaptada» para la comunicación, primero en forma de habla (y más tarde de escritura, etc.) Este relativamente breve lapso de tiempo era necesario para un verosímil ajuste mutuo de la codificación con la capacidad de descodificación (pp. 139-140)

Sebeok señala el efecto perjudicial que ha tenido para la investigación la inferencia practicada por las teorías evolucionistas del origen de las lenguas ("contaminó de manera importante toda la investigación del siglo XIX") al intentar explicar el origen a partir del uso comunicativo actual.

La lengua pasa a ser definida como "un sistema de modelización secundario" gracias a que posee un elemento original no detectado en otros sistemas: la sintaxis. Esta no sólo permite a los homínidos la representación de la "realidad", sino también "que estructuren un número indefinido de mundos posibles" (p. 141). Es este sistema de modelización secundario el que permite la aparición de sistemas terciarios (la cultura).

Un visión sintética de los procesos semióticos es aportada, partiendo también de Uexküll, en el capítulo Signos indexicales:

La naturaleza (el mundo, el universo, el cosmos, la verdadera realidad, etc.) se revela a sí misma a través de los procesos de los signos o semiosis. Estos son de tres tipos distintos:

Los tipos primero y segundo constituyen etapas complementarias e indispensables en cada biosemiosis (p. 92)

Otros capítulos de interés en la obra son el dedicado a las relaciones entre la semiótica y la lingüística y los varios apartados dedicados a los orígenes médicos de la semiótica en el mundo antiguo.

Joaquín Mª Aguirre


Thomas A. Sebeok, J. K. Uexküll y la Biosemiótica en la Red

Thomas A. Sebeok

Currículum y bibliografía (Univ. de Indiana)
Jakob von Uexküll Centre (Estonia)
Jesper Hoffmeyer
(University of Copenhagen):
Biosemiotics: Towards a New Synthesis in Biology?
Paper presented at the ISHPSSB conference in Leuven, Belgium, July 1995
Biosemiótica: Información general
(Alexei Sharov)

Reseñas