Editorial


Ahondar en la lectura

Se acaba de celebrar en la Universidad de Almería un merecido y justo homenaje a Montserrat del Amo. Se ha hecho en un encuentro simultáneo: VII Seminario Internacional Internacional de Lectura y Patrimonio cultural y el grupo de Universidades Lectoras. Los motivos para el homenaje a la autora se han acumulado a lo largo de los años y no es necesario hacerlo aquí. La larga trayectoria de Montserrat del Amo, quien lleva ininterrumpidamente publicando para los niños y jóvenes desde 1948, va más allá de la simple justificación del aniversario. Profesores de diversos países de América y de Portugal y España han debatido durante tres días la problemática de la lectura infantil y juvenil y lo han hecho con ella como atenta y entusiasta seguidora de las sesiones.

Espéculo ha querido sumarse a este homenaje mediante la publicación de un especial dedicado a la autora. En él se reúnen parte de los trabajos presentados durante el encuentro.

Desde hace muchos años, la LIJ (Literatura infantil y juvenil) ha sufrido un triple desprecio: el de los autores, el de los críticos y el de los universitarios. Los autores de "adultos" no consideraban de su misma estirpe a los de LIJ; la crítica no se molestaba en considerar una literatura a la que no se concedía gran valor estético y, por último, el mundo filológico universitario daba la espalda a los que se ocupaban de este específico territorio de la escritura. Tremendo error, triple equivocación. A todo ello, hay que sumar un nuevo problema general: la ola de utilitarismo social que está dejando fuera, por superfluos, los conocimientos humanísticos, la literatura entre ellos, reducida a mero entretenimiento.

El abandono de este campo, su consideración por algunos como de segunda clase, olvida que es en la formación de lectores infantiles por donde se debe comenzar a construir una sociedad lectora. La investigación de los fenómenos lectores no puede prescindir de este hecho: como las casas, no se pueden comenzar por el tejado. Los malos lectores que recibimos en los estratos superiores de la educación —y que posteriormente salen del sistema educativo— son el resultado de este abandono, de esa indiferencia con la que se trata el fenómeno. Tarde y mal. Los buenos lectores infantiles, tienen muchas posibilidades de serlo también de adultos. El caso contrario, difícilmente se dará. El lector es el resultado de su propia historia de lecturas, un enriquecimiento progresivo.

Es necesario indagar más, investigar más sobre los fundamentos de la lectura en todas las edades; dar mayor reconocimiento crítico a las obras y a sus autores para poder sentar los cimientos culturales generales. Nos consta que existen personas e instituciones que llevan años dedicando tiempo, esfuerzo y recursos a tratar de fomentar la lectura de calidad en nuestro país. Pero es necesario algo más que recursos: también lo es el reconocimiento. La tarea es importante.

Joaquín Mª Aguirre
Editor


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