Ana Blandiana: "La poesía nace de la pausa existente entre las palabras"

Viorica Patea y Fernando Sánchez Miret
Universidad de Salamanca


 

   
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Usted es hoy en día una de las poetisas más emblemáticas de la literatura rumana y también la más internacional, ya que su obra ha sido traducida a 23 lenguas. No obstante, su trayectoria literaria no ha sido fácil sino que ha estado llena de obstáculos y ha sido marcada por repetidas prohibiciones de publicar y por persecuciones por parte de las autoridades comunistas. Es una de las figuras artísticas y cívicas más importantes en el panorama de la literatura rumana contemporánea, símbolo de la voz de la conciencia que no se deja doblegar por el poder. Además de una gran personalidad literaria, fue una destacada opositora al régimen de Ceausescu. Antes de llegar a convertirse en una prestigiosa poetisa, su nombre fue un nombre prohibido. Ya a los 17 años fue considerada “hija de un enemigo del pueblo” por el gobierno comunista de Gheorghe Gheorghiu Dej (1947-1964) y durante cuatro años se le prohibió publicar y cursar estudios universitarios. Más tarde, en la época de Ceausescu (1965-1989) su obra fue censurada, su correspondencia y su teléfono intervenidos y sus libros fueron retirados de las bibliotecas. ¿Qué nos puede decir de su trayectoria literaria y de las dificultades con las que ha tenido que enfrentarse?

— Ana Blandiana: Mi trayectoria es a grandes rasgos la que Usted ha descrito. Al principio la persecución se debía al hecho de ser hija de un detenido político y más tarde por ser la autora de mis propias páginas. Es cierto que este período no fue fácil, pero fue fascinante, emocionante y lleno de vida. Porque la animadversión de los que estaban en el poder y sus métodos de intimidación eran una respuesta nos sólo a mi obra sino también a la empatía, simpatía y al amor -- me atrevería decir-- con el que la gente leía mis páginas. La indiferencia, que es la aliada más poderosa de la muerte, ni siquiera se planteaba. Todo estaba vivo, el mal al igual que el bien. En la poesía lo que estaba en juego era la vida, esto lo sabía no sólo el escritor sino también el lector. Y eso se traducía en un reconocimiento mutuo. Y este reconocimiento daba miedo a las autoridades y le confería al poeta una importancia más allá del ámbito literario. Adquiría una importancia directamente proporcional al riesgo que asumía cuando escribía lo que escribía. En las condiciones de libertad posteriores a 1989 lo más difícil de aceptar y entender fue el hecho de que la libertad de la palabra disminuyó precisamente la importancia de la propia palabra.

—¿Qué la ha determinado a resistir y a no ceder a las presiones que se han ejercido sobre Usted? ¿Cómo puede un poeta sobrevivir en un régimen totalitario? ¿Está de acuerdo con la idea de que en un mundo absurdo se sobrevive a través de la cultura que se convierte en signo de normalidad y baluarte de unos valores aniquilados por la realidad?

— AB: No quisiera parecer más heroica de lo que fui. Yo he sido simplemente yo misma. Las presiones me hacían desdecirme de mí, para que escribiera lo que se me pedía. Pero esto hubiera sido infinitamente más difícil que soportar el riesgo que asumía al negarme a hacerlo. Por otra parte, era evidente que cuanto más difícil e inaguantable se volvía la realidad cotidiana, la cultura llegaba a ser la solución para la supervivencia. Recuerdo lo impresionada que me quedé cuando un hombre simple, un electricista, me dijo que compraba dos ejemplares de cada libro interesante, puesto que tenía dos hijos y esta era la única herencia verdadera que podía dejarles. Claro que no hay que olvidar que se recurría a la cultura en el contexto de la prohibición de todas aquellas formas de actividad que marginan la cultura en el mundo libre.

—¿Qué ha significado la literatura para Usted? ¿Qué papel ha desempeñado, dado que su escritura se perfila ante todo como una forma de conocimiento y un acto de conciencia?

— AB: No recuerdo ningún período en mi vida en que no hubiera deseado escribir y ningún momento en que los demás no esperaran de mí que escribiera. Escribir ha sido siempre todo para mí: una prueba terrible y un ideal, tanto alegría como suplicio, dado que nunca he escrito fácilmente. La época más dramática no fue aquella en la que estuve condenada al ostracismo y aislada y no tenía más remedio que encerrarme en mi habitación y escribir, sino la época posterior a 1990, cuando entre mí y la escritura ha intervenido el torbellino de la vida pública cuando sólo soñaba con volver a ser de nuevo únicamente una escritora.

—¿Cómo definiría el papel del escritor? Al igual que Anna Akjmátova o Vaclav Havel Usted asumió el papel de ser un testigo de su tiempo. Su axioma “existimos sólo en la medida en la que somos los testigos de la historia, de una historia que a su vez existe sólo en la medida en la que somos sus testigos" recuerdan las palabras del filósofo francés Merleau-Ponty que dice en La fenomenología de la percepción “mi cuerpo está envuelto en el tejido del mundo y el mundo está hecho del tejido de mi cuerpo”.

— AB: Uno de mis primeros libros de ensayos se llamaba justamente La condición de testigo. El testigo es precisamente la persona en función de cuyas palabras se juzga el proceso.. .

—Su actividad no es solamente la de una escritora. Usted fue una destacada opositora del régimen de Ceausescu y después de la revolución de 1989 ha desempeñado un papel importante como presidenta y fundadora de la Alianza Cívica (1991-2001), el movimiento que ha contribuido a restaurar las libertades cívicas en Rumanía. Bajo la égida del Consejo Europeo, dirige junto con su marido, el también escritor y pensador, Romulus Rusan, el “Memorial de las Víctimas del Comunismo y de la Resistencia” ubicado en la ciudad de Sighet en el norte de Rumanía, considerado el tercer museo de la conciencia europea después del memorial de Normandía y el museo de Auschwitz y que constituye al mismo tiempo un Centro de Investigación. El museo surge de la convicción de que “Cuando la justicia no consigue ser una forma de memoria, la memoria sola puede llegar a ser una forma de justicia”. Es difícil de creer que esta implicación en la lucha por la libertad no le haya robado el tiempo que podía haber dedicado a su creación literaria.

—AB: Este esfuerzo ha sido necesario sin duda, pero lo ideal hubiera sido que lo hiciera otra persona --para quien la realización de este cambio de la mentalidad y de la reparación del lavado de cerebro producido por la dictadura hubiera representado la obra de su vida-- y no yo, ya que esta militancia en la calle ha significado un desvío de mi destino. Pero, desafortunadamente, hay poca gente dispuesta a dedicar parte de su vida a unos objetivos teóricos e idealistas con los que no se gana nada. Tengo la mala suerte de formar parte de este grupo; he perdido no solamente tiempo, sino también páginas.

—¿En qué medida existe una relación entre la literatura y los principios éticos y morales?

— AB: En la medida en que para cada autor los valores morales tienen importancia. Para Dostoyevski esta relación es determinante, para Gide era inexistente.

—¿Qué escritores la han influenciado y cuáles son los escritores que más aprecia?

— AB: En mi ascendencia artística están dos grandes poetas rumanos: Mihai Eminescu y Lucian Blaga. Probablemente al lector español estos nombres no le son muy familiares. De la poesía universal me siento cerca, de distintas formas y por diversos motivos, de dos poetas que no tienen nada en común: Rainer María Rilke y Emily Dickinson. Recientemente he leído un estudio amplio escrito por un profesor italiano de la Universidad de Torino, Giovanni Magliocco, acerca del expresionismo de mi poesía. Mantengo con distintos poetas relaciones más bien del alma que artísticas, y las corrientes literarias me parecen más bien divisiones administrativas de la poesía.

—Usted ha definido la poesía como una forma de “amor” y ha afirmado que ”la crisis del lenguaje no es más que la ruidosa afirmación acerca de la eterna verdad de que a los enamorados les es suficiente sólo la mirada para entenderse”. ¿Qué relación hay entre la palabra y el silencio? ¿En qué medida es la palabra una profanación de lo sublime?

— AB: En efecto, hace unos años pronuncié una conferencia titulada “La poesía entre el silencio y el pecado” en la Catedra di Poesia del Centro Internacional Montale de Roma en la que argumentaba que la poesía moderna desde hace mucho tiempo ya no dice sino que sugiere y su principal afán es el de decir cuanto menos para así sugerir cuanto más, el ideal (absurdo) siendo el de no decir nada para sugerirlo todo. Sigo creyendo lo mismo, porque estoy convencida de que la poesía es un juego de aguas movidas no sólo por el autor, sino también por el lector, que la poesía nace como un fantasma a medio camino entre la capacidad del poeta de sugerir y la capacidad del lector de recibir la sugestión. La poesía nace de la pausa existente entre las palabras. En este sentido la palabra es “el pecado”. Así se explica el auge de la poesía y su gran éxito de público en la época comunista: la poesía era la única capaz de sustraerse a la censura, encarnándose con el plasma de las esperanzas y rebeliones comunes al que la emitía y a quienes la recibían.

—Usted ha escrito más de 12 volúmenes de poesía y muchos de ellos han sido traducidos a numerosas lenguas. Igualmente es autora de varios libros de ensayos, de prosa fantástica y de una novela. ¿En qué medida la poesía y lo fantástico responden a una misma poética? ¿Qué relación hay entre sus versos y la prosa fantástica?

— AB: Permítame que le responda en cifras. He escrito doce libros de poesía, dos volúmenes de relatos fantásticos, siete de ensayos y una novela. En traducción me han publicado cuarenta y cinco libros en veintitrés lenguas. Soy por tanto, en igual medida poetisa y prosista. Y sin embargo, todo el mundo -- aunque en el extranjero me han publicado en igual medida la obra en prosa -- me considera una poetisa. Creo que esto es así no sólo porque muchos de mis temas y obsesiones aparecen en los dos géneros, sino porque en el origen de la prosa y de los ensayos, está una perspectiva mágica acerca del mundo, una mirada que cuanto más penetra en las profundidades, se vuelve más misteriosa, no sólo en el sentido de lo secreto, sino en el sentido antiguo de ceremonia sagrada y de revelación. La diferencia entre un poeta y un escritor no consiste en que uno escribe versos y el otro prosa, sino en que el poeta no hace más que expresar un estado de gracia y sólo a través de él este estado de gracia puede plasmarse en el mundo (se trata de un camino, en el sentido hindú de los vedas), mientras que el escritor es un profesional de la escritura que se sienta ocho horas al día en su mesa de trabajo, etc. En este sentido he sido escritora en raras ocasiones, pero casi siempre poetisa. De hecho, mi novela, El cajón de los aplausos, no se subtitula novela, sino poema, (al igual que Las almas muertas de Gogol) porque apela a los recursos de la prosa, pero sus significados son los de la poesía, de la sugestión que va más allá del conocimiento. Siempre he considerado que la poesía es un superlativo, un grado de intensidad de la literatura.

Proyectos de pasado es una colección de once relatos fantásticos que representa al mismo tiempo un fresco de la historia de Rumanía desde 1945 hasta finales de los años ochenta. ¿Qué relación existe entre lo fantástico y la realidad en su prosa?

— AB: En la cubierta de mi primer volumen de prosa fantástica, Las cuatro estaciones (1977), figuraba una cita de mi relato “La primavera”: «Lo fantástico no se opone a lo real, sino que constituye sólo su representación más llena de significados. Al fin y al cabo, imaginar significa recordar».

—Tanto su prosa como su poesía se basan en una doble poética: la del misterio y la de la memoria (o la del proceso de recordar). El misterio es el paradigma de su visión acerca de la existencia. La relación entre la memoria y el arte se inscribe en una antigua tradición literaria y filosófica. ¿Qué piensa acerca del vínculo entre la memoria y la literatura?

— AB: Creo que la respuesta a esta pregunta debería recordar en primer lugar que en la mitología griega, Mnemosine, la memoria, era la madre de todas las musas. En la Grecia preclásica los aedos, los poetas, representaban de generación en generación los portadores de la memoria colectiva que era en igual medida poema e historia. Sólo en la perspectiva del siglo XX, que ha asociado la poesía más bien al juego que a lo profundo, parecer extraño que esto sea así. Pero más allá de estas tradiciones y circunstancias, la relación entre poesía y memoria es definitoria: ambas se adentran en la búsqueda de una realidad perdida que se ha vuelto misteriosa.

—Su obra está llena de signos misteriosos, de significados indescifrables y de recuerdos indefinidos de otra vida. Las cosas más humildes contienen un secreto del que desborda una realidad espiritual o una aureola sobrenatural, mientras que la palabra poética busca sus valencias en una realidad metafísica.

—AB: Mientras que el conocimiento opera con informaciones e ideas y consiste en el deseo de revelar y de esclarecer, la poesía nace de la necesidad de misterio y de revelación, del deseo de expresar lo que no se puede expresar, de la obstinación de definir lo que todos saben que no se puede definir. Escribiendo versos, no intento entender sino recordar lo que he sabido en otra vida. Este impulso hacia lo desconocido --de cuya existencia no tenemos ninguna certeza-- aproxima a la poesía a la oración y demuestra -- por muy extraño que esto parezca -- que el poeta y el santo provienen de la misma semilla. En el frontispicio del oráculo de Delfos no estaba escrito, tal como se suele reproducir con frecuencia, “Conócete a ti mismo”, sino “Conócete a ti mismo y conocerás el universo de los dioses”.

Ser poeta no es una profesión, sino un misterio (en el sentido de los misterios de Delfos o de Eleusis). No sé cuándo escribiré un nuevo poema, más de lo que sabía Pitia cuándo iba a formular una nueva profecía; y componer versos de manera deliberada me parecería una degradación: soy poetisa, no escritora de versos.

—Tanto en su prosa como en su poesía aparece el motivo del sueño y de los ángeles. El sueño parece ser un estado de conciencia que expresa un conocimiento de otro orden distinto del natural. ¿Cómo justifica la presencia de los ángeles en la realidad brutal de nuestro siglo?

— AB: Me gustaría referirme en primer lugar al sueño. En mis libros el sueño constituye una realidad y un mundo que no se prolonga a través de la muerte sino de la soledad. Toda mi vida he deseado estar sola. No conozco otra cosa que haya intentado lograr con más esfuerzos y con menos resultados. Desde muy temprano he descubierto la diferencia entre conseguir estar sola y el que te dejen sola. Ya que no me dejaban estar sola, luchaba por estar sola. Y el sueño era un arma y una forma de libertad. Tengo incluso un poema en que el dictador está desesperado porque no puede controlar a sus súbditos incluso en el sueño, puesto que cuando dormían se escapaban de su poder. Entiendo perfectamente la observación de Dostoyevski, que consideraba en La casa de los muertos que la imposibilidad de estar a solas un instante durante los años y los decenios de su deportación había sido la tortura más difícil. De hecho, la soledad es para mí la condición, la fuente y el pseudónimo de la escritura. En cambio, la muerte no es para mí, como lo era para los románticos, un sueño, sino otra forma de unión. El sueño no se emparenta con la muerte, sino que, todo lo contrario, representa una forma intensificada de la vida.

En lo que concierne a los ángeles, ellos dan cohesión y significado a estos estados; son capaces de pasar de la realidad al sueño, del sueño al despertar, y de la muerte a la vida, de manera natural, sin dar la impresión de que hacen algo sobrenatural. Para ellos el tiempo no existe, por lo que, digamos, no están más alejados de nuestro siglo que de la época de Platón. De hecho, no los he inventado yo: sólo los reconozco con facilidad. De una manera u otra pueden reencontrarse en todas las formas de la historia de las religiones. Ellos son los que confieren significado y sentido a este mundo, al que inscriben en la aureola de una definición misteriosa.

—¿Qué significa la entrada de Rumanía en la Unión Europea y en qué medida ha cambiado la situación de su país después de la adhesión? ¿Qué puede aportar Rumanía a Europa?

— AB: La entrada de Rumanía en la Unión Europea significa desde el punto de vista de la historia la reanudación del hilo roto en 1944, el año de la ocupación de las tropas soviéticas y la instauración del comunismo. Desde una perspectiva política y económica, la obligatoriedad de las normas europeas liberará a Rumanía -- a pesar de la resistencia de una gran parte de su clase política -- del signo del totalitarismo y la ayudará a construir el estado de derecho. Pero, desafortunadamente, la integración no significa sólo entrar en el mundo civilizado, sino también entrar en el mundo uniformizado, transformado en una pasta no diferenciada. Si la sabiduría pudiera comunicar algo a los hombres de hoy en día, Rumanía podría traer al mundo occidental, urbanizado desde hace ya mucho tiempo, el encanto de unas raíces aún no destruidas y de unas aldeas aún habitadas por los últimos campesinos genuinos que viven según tradiciones milenarias y que representan unos oasis de autenticidad que podríamos conservar y defender de la invasión de los templos MacDonald para así poder recordar de dónde procedemos. Por ahora, Rumanía aporta, por lo menos a través de su literatura, la experiencia dramática del comunismo, que Occidente ha tenido la suerte de no vivir más que bajo la forma de las ilusiones…

 

[Ver en Espéculo nº 40: La recepción de la obra de Ana Blandiana en España (Rafael Pisot)]

 

© Viorica Patea y Fernando Sánchez Miret 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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