La burla en los personajes sainetescos
de Tomás Luceño (1844-1933)

Julio Vidanes Díez

Doctor en Filología Hispánica
Profesor asociado de la Facultad de Educación (U.C.M.)
jvidanes@edu.ucm.es


 

   
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Resumen: Estudio de los mecanismos burlescos desarrollados en la obra de Tomás Luceño. Se establece también una tipología de los personajes que intervienen en los sainetes de Tomás Luceño y que son objeto de burla.
Palabras clave: Tomás Luceño, sainete, comicidad, burla

 

I) Representación de la burla

Como señala Sala Valldaura (1994: 42), la burla y el engaño son recursos cómicos no lingüísticos junto a la ridiculización física o moral, la introducción de elementos insólitos y las referencias a la realidad. Este truco popular aparece en muchos sainetes de Tomás Luceño, aunque con ligeras variantes. La burla cumple una función expiatoria y se dirige a petimetres, majos, chulos, monosabios, gallegos, asturianos, catalanes, médicos, barberos, cesantes, inválidos, sordos, estudiantes, viejos, novios, comerciantes, verduleras, toreros, empresarios, vagos, jugadores y aduladores. En otros sainetes, la burla también tiene una importancia relevante: El arte por las nubes, Un juicio de exenciones, ¡Hoy sale, hoy!, Fiesta nacional, Fraile fingido, ¡Viva el difunto! y Un tío que se las trae.

En La comedianta famosa se critica a los hombres que requiebran a las artistas de teatro y se olvidan de sus esposas, costumbre muy generalizada y, por lo mismo, objeto de muchos comentrarios jocosos. Hacen creer a Gorito [1] que viene en una carroza la famosa actriz María Ladvenant, pero en realidad es el Corregidor. Esta actriz trama una burla que sirva de escarmiento a dos admiradores suyos: un marqués disfrazado de tapicero y un tapicero disfrazado de marqués, y que provoque a la vez los celos de un duque. Gorito, disfrazado de marqués, corteja a María. Ésta encierra al marqués bajo la amenaza de que viene su mujer y pide al duque que traiga a la mujer y al suegro del carpintero. Después encierra a la mujer de Gorito en la habitación donde se supone que estaba el marqués. Gorito siente celos cuando se entera por la criada. Al final, con la ayuda de la criada, del duque y de Teresita, esposa de Gorito, consigue su propósito.

María
Yo fui el Marqués.

Gorito
Pero, ¿y el Marqués de veras?

María
Antes de que Teresita
se escondiese en esa pieza,
como alma que lleva el diablo
le hice bajar la escalera,
diciéndole que aquí estaba
buscándole la Marquesa (LC, vv. 839-846).

En ¿Cuántas, calentitas, cuántas? se satirizan las riñas matrimoniales y se ridiculizan los casamientos desiguales: mujer rica y mayor que se casa con hombre pobre y más joven. Javiera, viuda de un carpintero acomodado, se casa en segundas nupcias con Gorito, quien deja de solicitar a una castañera, y pretende los amores de otra, apodada la Temeraria

En Adula y vencerás o El caballo de Fernando VII una familia burguesa trama una burla para reírse de un amigo que adula exageradamente. La burla consiste en hacer pasar a un mono por un bebé. El burlado se burla a su vez de los burladores. En este sainete y en otros como El maestro de hacer sainetes o Los calesines y La comedianta famosa, donde intervienen personajes de la clase media, el castigo de la burla es más civilizado y urbano.

Macallister convence a Luis para ganar dinero fácil a costa del público, haciendo de cabeza parlante. El padre de Luis desenmascara esta burla, sin saber que se trata de su hijo, y se desencadena el viejo mecanismo del burlador burlado.

Luis
Entrando. ¡Socorro, favor, socorro!

Ceferino A Modesto, que intenta contenerle.
¡Déjeme Vd. que le abra
por la mitad la cabeza
y veremos quién se engaña!

Modesto
Pero, señor, ¿qué ha pasado?

Ceferino
¡Así al público se estafa!
(AN, vv. 709-714).

Luceño critica el viejo y picaresco afán por burlar la ley, según el dicho popular: “hecha la ley, hecha la trampa” en Un juicio de exenciones.

D. Dimas
Quiero intentar lo primero
burlar la ley, que la gracia
no está en cumplirla, consiste
muchas veces en burlarla (JE, vv. 268-272).

Al final, el alcalde se burla de los que han pretendido burlar la ley. Pascuala y Patrocinio, vendedoras de billetes de lotería, que se consideran mal pagadas, engañan a Benigno con una moneda falsa.

Benigno
Toma otra
que me queda en el bolsillo.
(Da otra moneda guardándose la falsa sin
mirarla y volviendo a contemplar el décimo.)

Patrocinio
Ya que la Hacienda se lleva
la cuarta, lo que yo digo...
una tiene que ayudarse
también (H, vv. 573-578).

Fiesta nacional es una revista en la que aparecen muchas situaciones de burla entre los personajes protagonistas. La ironía del autor respecto al mundo del toreo queda reflejada en el tono de chanza o burla que emplea en todo el espectáculo teatral.

Un timador, disfrazado de teniente alcalde, decomisa productos que Pablo, dueño de la tienda, había conseguido de los matuteros [2].

Timador
A ver, saque usted al momento
salchichón, pan y garbanzos
y todo lo que usted tenga

Pablo
Si viene a decomisarlo,
le advertiré, con respeto,
que va a llevarse un gran chasco.
Géneros como los míos
no hay en Madrid (U, vv. 704-711).

El secretario Luis dice a los visitantes aduladores que el Presidente del Consejo de Ministros ha sido cesado. Los aduladores (potenciales burladores) son burlados.

Ceferino
Adiós, Luisito. Siento la caída; pero, francamente, este Gobierno no podía seguir. A este hombre le faltaba la cabeza.

Luis
Y a usted le falta la nariz, porque no ha olido que esto fue una broma y que el Presidente sigue en su puesto y seguirá por muchos años (A, escena última).

En ¡Viva el difunto! Máiquez, actor rechazado para un papel por María-actriz y directora-, se hace pasar por su marido difunto. María, que en un principio cae en el engaño, acaba dándose cuenta, pero reconoce su mérito artístico y le contrata para actor de El mayor monstruo, los celos.

Cómico
(...)Y yo, para demostrarte
que es calumnioso tu fallo,
aquesta farsa inventé,
en la que bien he probado
que soy capaz de sentir
amores, celos y agravios...
Ahora dirá el auditorio
si merezco o no el aplauso.

Antonia (A María, irónicamente.)
Y tú, si el galán de invierno...
puede servir en verano (V, vv. 732-741).

Un tío que se las trae recoge la burla y escarmiento que un pueblo hace con su alcalde, quien desea introducir el moderno liberalismo en su municipio. El discurso lúdico o paródico aparece en todos los sainetes de Tomás Luceño estructurando la acción principal o enriqueciendo las diferentes escenas. Los diversos elementos costumbristas intercalados lúdicamente en las escenas sirven de elemento polifónico que enriquece el sentido festivo de los sainetes, frente a la unidad temática de la comedia tradicional.

La burla por motivos amorosos aparece muchas veces en el teatro breve de Tomás Luceño, pero siempre de forma anecdótica y no estructurante. Es un caso excepcional su único entremés Fraile fingido, pues la burla amorosa se erige en el motor predominante de la acción dramática, siguiendo los modelos del estilo más tradicional. Un estudiante tiene un encuentro amoroso con una joven esposa de un campesino viejo y rico. Éste les sorprende y, antes de vengarse, encarga al criado que avise a un confesor para que Dios les perdone y no vayan al infierno. La tía de la mujer se disfraza de fraile y luego pone el mismo hábito al joven estudiante para que pueda huir dando bendiciones a todos sin infundir sospechas.

 

II) La burla personificada

En este apartado establecemos una tipología de los personajes que intervienen en los sainetes de Tomás Luceño y que son objeto de burla. La brevedad de los sainetes impide desarrollar en profundidad los caracteres. Más que personajes, son tipos o figuras predefinidas social y psicológicamente. A diferencia del entremés, los personajes de los sainetes han mejorado su condición social y están menos ridiculizados que en los géneros teatrales mayores. El público percibe globalmente estos personajes-tipo, que siempre hablan y actúan según unos convencionalismos predeterminados.

El personaje-héroe es el hombre vulgar, de pasiones, defectos y virtudes elementales, que resulta risible en extremo, pero que concita también la compasión y la identificación moral. [3]

La fuente de inspiración del teatro de Tomás Luceño siempre ha sido la clase popular. Los personajes de sus sainetes son gentes sencillas, que ocupan y protagonizan la escena, sin depender siempre de sus amos, como en la comedia clásica. Luceño se fija en un medio social, en una clase determinada, en una costumbre o en una diversión y escoge los tipos convenientes a su objeto. A continuación, los dibuja de una vez, casi aisladamente, sin más enlace de unión que su comunidad de origen y las afinidades propias de su índole. A este respecto, Margot Versteeg dice:

Los personajes de rango inferior, los tipos barriobajeros, cuyas virtudes se ensalzan en los sainetes finiseculares, son unos antihéroes si los comparamos con los protagonistas del llamado teatro serio, a los que por otra parte parodian. [4]

La funcionalidad de los personajes-tipo respecto a la trama es siempre la misma: servir de excusa o soporte de la misma. El resto de los personajes están caricaturizados exageradamente para provocar rápidamente el mayor grado de comicidad posible. En los sainetes que representan la época del autor, los personajes protagonistas pertenecen a las clases más populares y artesanales. En los que representan épocas pasadas aparecen personajes de las clases sociales más acomodadas (petimetres, señoritos/as, madamas, esposas, maridos, cortejos, vejetes, amigos) y de las más populares (majos/as, criados/as, pajes, payos, cómicos). La denominación de los personajes también sirve para identificarlos más fácilmente y conseguir el beneplácito y la sonrisa del público.

Los personajes se pueden clasificar según los siguientes criterios:

1. Profesiones, oficios y ocupaciones: empresario, comerciante, patrona de casa de huéspedes, artista, actor/actriz, estudiante, maestro, alcalde, torero. Los antiguos payos del sainete dieciochesco son ahora el campesino del pueblo y los habitantes de la ciudad: jornalero, cafetero, barbero, peluquero, portero, soldado, policía, sereno, verdulera, castañera, criado/a, y cigarrera. Estos tipos son rudos y escasos de entendimiento, aunque muy prácticos y austeros.

El sainete titulado Cuadros al fresco es uno de los más apropiados para estudiar y conocer los diferentes personajes representativos de la época. El cafetero, señor Cosme, sigue fiando la consumición a un cesante, que en la obra no tiene nombre propio, y a un sereno, que nunca hace nada que le comprometa (CF, escena III-IV). Un policía municipal multa a Andresito por hacer pis en la calle; pero Matilde, su novia, le paga la multa. El municipal critica el exceso de liberalismo, pero tampoco hace nada que le comprometa (CF, escena XXII). Un barbero, peligroso con la cuchilla, afeita al cesante, quien se va sin pagar.

Cesante
¡Dios me socorra!
Oye, en la esquina parado
hay un perro que te mira
hace ya bastante rato.
¿Es tuyo?

Barbero Ca, no señor,
sino que el muy condenado,
porque le eché el otro día
un pedacillo de labio,
que le arranqué a un aguador,
mientras le estuve afeitando,
cree que todos los días
voy a hacerle ese regalo (CF, vv. 273-285).

La verdulera Nicolasa discute por envidia con Anselma, que es criada de don Tadeo y también fue verdulera. Finalmente asistimos a un desfile de soldados que se van a la Habana (CF, escena XIII).

Los criados y criadas cumplen la función de dar recados y noticias a los señores; hablan mucho, sin prudencia y con vulgarismos e incorrecciones; les gusta la buena comida y las fiestas. Son muy divertidas las pullas verbales entre Gregoria y Colás (AV, escena I). El criado Domingo no respeta a Gorito, pues sabe que quien manda en la casa es Javiera (CCC, escena II). Celedonia es una criada incompetente que ha venido recomendada y por eso se burla de su señora doña Mercedes (R, escena VIII).

En Carranza y Compañía destacan los siguientes personajes: dependientes, costureras, mendigo, señorito enamorado, señoras, madre y dos hijas, barón, baronesa, ama y niño de cría, mozo de tahona y el dueño, que quiere ser concejal.

Modesto es un joven escritor de dramas románticos, desechados por el público; Lesmes es un viejo librero y vendedor de romances. Luis es un joven estudiante de pintura, casado con Carolina, con quien tiene un hijo (AN).

Los personajes de Teatro moderno son: Natalia, bailarina que ha perdido las pantorrillas para bailar el can-cán; Dolores, vendedora de fósforos; Nicolás, tabernero y empresario de café-teatro; Raimundo, actor y director de café-teatro; Ramón, camarero; Juan, memorialista, perseguido por Socorro, su celosa mujer; Eladio, estudiante y amante de Amparo, mujer casada con marido celoso; Don Lucas, maestro en Aranjuez que no cobra ni puede cerrar la escuela.

En el sainete ¡A perro chico! y en La niña del estanquero volvemos a ver a los personajes de los teatros por horas: empresario en activo, empresario fracasado, traspunte, apuntador, protagonistas, actor-director, actores secundarios, jefe de la claque, tramoyistas, autores, padre de la actriz, agente de policía. El peluquero catalán Rufino hace el papel de cómico que vive siempre preocupado por cumplir con sus obligaciones (NE, cuadro 3º, escena II).

El alcalde, ayudado por el alguacil, el secretario, la maestra y los regidores, se propone alistar a los jóvenes quintos, que son examinados por el médico y tallados por el sargento (JE).

Tomás Luceño satiriza irónicamente a los personajes que rodean el mundo del toreo en Fiesta Nacional: toreros retirados que enseñan a otros aspirantes, periodistas que escriben sobre toros, madres e hijos de aficionados a los toros, inspector de policía, contratista de caballos, abonado, practicante, monosabio, mulilleros, chulos, revendedores y gente del pueblo.

2. Condición social: vejete, esposo/a, viuda, novio/a, padre/madre.

Los vicios de los vejetes masculinos son motivo de risa. El viejo rico don Tadeo invita al Cesante y presume de su éxito con las criadas jóvenes:

Tadeo
Ya se ve, como yo soy,
aunque me esté mal decirlo,
un viejo bien conservado...
me dan cuanto yo las pido.
Tengo ochenta y cuatro años
y aparento treinta y cinco (CF, vv. 205-210).

El marido viejo Francisco tiene siempre celos de su joven esposa Casilda, quien le engaña con un estudiante, mientras él se va a trabajar al campo (FF, escenas I, IV,VIII-XII). Los maridos son siempre responsables de sus negocios, de su casa y de su familia: Cornelio, marido de Ramona y padre de Eloísa, apacigua a Nicolasa y Anselma, mientras va a comprar para su mujer, antes de que se despierte.

Las esposas necesitan siempre ser el centro de atención; son coquetas y caprichosas:

Santiago critica a Gregorio por casarse por conveniencia con Javiera.

Santiago
(...)que el hombre debe ser libre
y no depender de nada
ni de nadie; y el sujeto
que, cual tú hiciste, se casa
con mujer rica, dejando
a su novia en la estacada
sin más caudal que sus penas,
sus fuelles y sus castañas,
bien merece que le humille
su esposa y que le eche en cara
la comida que le da,
el traje que le regala,
el techo que le cobija,
y hasta la luz y la cama (CCC, vv. 49-62).

Socorro va con su bebé a buscar a Juan, memorialista de café-teatro, para llevarle un paraguas con la excusa de que está lloviendo, pero sólo le lleva un pañuelo grande:

Socorro
Además yo he venido
no por mis celos;
por hacerte un servicio,
vine corriendo.
Juan ¿Pues qué sucede?
Socorro Que está lloviendo a mares (TM, 268-273).

Toribia y sus hijos vienen del pueblo a Madrid para buscar a su marido Trifón que es alumno de la escuela de toreo. Al final también se aficiona a los toros pues cree que su marido va a triunfar (FN, escena X-XVIII-XX).

Doña Rita, viuda cleptómana que roba una liebre a un criado y es robada, a su vez, por un pilluelo, acude a la iglesia a rezar por su difunto marido a pesar de que la maltrataba (CF, escena XVII).

Dos novios se encuentran por la noche, ella en el balcón, vigilada por su padre, y él en la calle. Eloísa manifiesta con ironía y sarcasmo su frustración por no poder casarse. Después de tres meses de noviazgo, Eloísa pide el matrimonio. Abelardo pone la excusa de que le faltan cinco años más para terminar la carrera. Al final, Eloísa consiente en esperar. Abelardo piensa abandonarla, pues en tres meses ha tenido siete novias y todas le pedían boda.

Eloísa
Pues yo imagino
que no, porque hace tres meses
tienes amores conmigo,
y aún nada me has hablado
de matrimonio, ¡clarito!
¿Qué, crees que soy yo tonta?
Pues no lo soy, hijo mío.
Y debo advertirte ahora,
que si no estás decidido
a casarte, te retires
con la música a otro sitio (CF, vv. 39-44).

Ceferino, padre de Luis, rico agricultor aragonés invita a los amigos de su hijo a cenar y a pasar una velada agradable (AN).

Padres, abuelos y novias se afanan por conseguir la ansiada exención, recurriendo a la típica picaresca popular (JE).

3. Deficiencias físicas: inválido, ciego, sordo, cojo.

Un inválido (cojo, manco y tuerto) de la tercera guerra carlista vitorea patrióticamente a los soldados y manifiesta su deseo de ir con ellos (CF, escena última).

Un ciego es el único que se queda como responsable de la tienda de Carranza, pues todos se han ido a votar y Narciso está con su novia (C, escena XXII).

Un sordo asiste al sorteo de la lotería nacional y sus intervenciones resultan ridículas (H, escena XXII). Diversos personajes con deficiencias físicas (un flaco, un gordo, un jorobado, un cojo y un sietemesino) acuden al estanco (NE, escena I).

4. Los que viven a costa de los demás: chulos/as, jugadores, pilluelos, mendigos, ladrones, matuteros, cucas, truhanes, prestidigitadores, murgantes, petimetres y abates.

Los chulos madrileños del siglo diecinueve aparecen caracterizados con rasgos tópicos y son herencia clara de los majos del siglo dieciocho [5]. Parece que no trabajan y que están siempre de fiesta. Sus gestos, su vestimenta y su forma de hablar llaman siempre la atención por su tono desafiante, sin llegar nunca a la maldad del rufián, y suelen oponerse a los señores de clase más alta.

No siempre son respetados por las mujeres:

Lorenza
Y tengo un chulo
de la vuelta de abajo...
¡Valiente puro! (H, vv. 658-660).

Salcedo, chulo y jugador, intenta convencer a Manolillo para que deje su vida de jornalero y se pase al mundo del juego en su compañía.

Manolillo
¡Soy honrado!...

Salcedo
No parece
sino que yo no lo soy.

Manolillo
Y todo el que honra tiene
quiere ganarse la vida
con el sudor de su frente.

Salcedo
Déjate de tonterías,
Manolillo, anda, vente
y yo te daré otro traje
mucho mejor, que tú eres
simpático, y para el arte
de gancho, precio no tienes (CF, vv. 428-438).

Luceño reivindica la figura del chulo en el sainete:

¡Benditos chulos, bendita
la gentuza de plazuela,
sobre todo, cuando están
hechos de mano maestra,
por las dos autoridades
únicas en la materia:
o Ricardo de la Vega! [6]

Silverio es el típico chulo y jugador que no trabaja y es cliente del café-teatro (TM).

En ¡Hoy sale, hoy!, vemos a los personajes que participan en el gran acontecimiento popular de la lotería de Navidad: lotero, voceadora, vendedoras, chicos que venden lista de premios, viuda triste y viuda alegre, cigarrera, aguardentera, chulo/a, señores/as, obreros, militar retirado, caballero, sordo, matrimonio de Móstoles, papá, paleto, señor gordo, guardia municipal, padres, hijos, lacayito y sereno.

Ramona es un cuca que tras una noche de juego comenta los lances con Salcedo, señorito vago y jugador (CF, escena IX).

Macallister, prestidigitador, murgante y truhán. El mismo Macallister nos presenta irónicamente al resto de los habitantes del edificio: un titiritero, un dentista francés, un actor de café-teatro, un picador, un sacristán y una vieja echadora de cartas (AN, vv. 310-341).

En Un juicio de exenciones vemos a los personajes típicos de un pueblo español, que también aparecen en Un tío que se las trae: alcalde liberal, alcaldesa, hija, médico y su mujer, boticario y su mujer, herrador, señorito, chicos, maestro y paisanos.

Fraile fingido también sirve para contemplar a los personajes protagonistas de los entremeses antiguos: marido viejo, mujer infiel, estudiante amante, mozos y gente del siglo.

Ultramarinos es el escaparate de los personajes de un barrio popular de Madrid: tendero, dependientes, cochero de simón, recién casados, sereno, criada, patrona de casa de huéspedes, esposo con amante, zapatero de viejo y cacos. En el café El Imparcial aparecen personajes parecidos.

Rufina, vendedora de periódicos que busca novio para su hija, habla con la mayoría de los parroquianos: bailaora y jaleadores, capellán, sablista, marido bebedor, coristas, marido cornudo, mujer e hija con amantes, hijo maltratado, viejas emperejiladas, barítono, cochero, etc. (Los lunes de “El Imparcial”).

¡Amén! o el ilustre enfermo es un divertido sainete en el que vemos desfilar por la casa del Presidente del Consejo de Ministros, enfermo grave, a una serie de personajes aduladores y solicitantes de recomendaciones: ayudante de general, médicos interesados, señoronas, senador, etc.También destacan otros personajes: inspector de policía, criado, ayudante de cámara, portero, joven pobre que pide a un médico que visite a su marido enfermo, doncella, chulos, mozo de la funeraria, hija e hijos.

Los personajes que visitan al ministro de turno para solicitar una recomendación son: una señora rica, su hermana, su hijo, su marido, criadas, porteros, asistente, general, señoronas, cacique, diputado (Las Recomendaciones).

En El teatro moderno contemplamos un cuadro de costumbres típico de los teatros modernos: los café-teatros. Luceño ironiza socarronamente sobre los personajes que asisten a estos espectáculos: Nicanor, que recomienda a su hijo Felipe para que sea contratado por Nicolás; Restituta, que busca novio para su hija Sinforosita; vendedor de pantallas, mujeres, soldados, aguadores, sastra, cerrajero, panadero, etc.

En La niña del estanquero, volvemos a ver a los personajes que rodean al mundo de los teatros por horas. Flora y Jerónimo regentan un estanco. Su hija Juanita quiere ser actriz, pero su padre se opone. Alfredo, pretendiente de Juanita, típico estudiante vago, que está en quinto año de carrera porque ha repetido cinco veces el primer año (NE, escena IV). Asisten al espectáculo: un marido, su mujer y tres hijas, el pretendiente, tramoyistas, empresario, abonados, coristas, peluquero, actores, traspunte, apuntador y un inspector. Estos personajes también aparecían en ¡A perro chico!

El corral de comedias sirve a Luceño para hacer un homenaje a Ramón de la Cruz y nos presenta a los personajes de su época: Leandro Fernández de Moratín, su criado, autores españoles enemigos y contrarios a la forma de escribir de Ramón, marquesita, corregidor, alguacil, torero, cómicos, etc. Interviene el abate Luciano Comella, culto, ridículo, presumido y falsamente erudito, que primero critica la obra de Moratín (escena IV) y luego la alaba hipócritamente y le aconseja que cambie el final (escena XIII). Aparecen los petimetres, Narciso y la Marquesita, amantes del buen vivir y de la vida social, que son superficiales, vanidosos y seguidores de las modas; prefieren visitar al torero enfermo Pedro Romero que asistir al teatro de Moratín (escena VIII). También son petimetres. Pepito, Adelardo y Narciso, petimetres ataviados con modestia, son novios de las tres señoritas de la casa (AV). Luceño se burla de los petimetres porque tienen un pie en la aristocracia. Luisito, petimetre casado, dice: ¡sí, que el mundo es un fandango!

Los antiguos cortejos estarían representados por Gorito, hombre casado que hace la corte a María Ladvenant (LC) y a la castañera Temeraria (CCC); por Lucas de Sandoval, maestro que viene a Madrid a reclamar su salario, de quien se quiere hacer invitar Dª Restituta y su hija Sinforosita (TM, escena IX); por Eladio, que huye del marido de su amante Amparo (TM, escena III); por Trifón, hombre casado que huye de casa para ser torero e intenta seducir a Remigia que está con su hija Rufina; por Gonzalo, novio de Juanita, que galantea con Irene y sus tres hijas a quienes regala cuatro entradas para el teatro (NE, escena II); por el Barón con su amante (CC, 815); por don Lino y su pantalonera (U, 496) y por Luisito que corteja a las castañeras (CCC, vv. 547). Anselmo corteja a su prima Celestina, mientras ésta acompaña a sus tres sobrinas cuando pasean con sus novios petimetres (AV, 284).

En La Comedianta famosa vemos a los personajes típicos de los sainetes del siglo XVIII: María Ladvenant, maja, majo, esposa ultrajada, criada, tapicero, duque, marqués, alguacil, alférez y el corregidor. Juana y José utilizan el habla típica de los majos y majas. Personajes parecidos intervienen en ¡Viva el difunto!

En ¿Cuántas, calentitas, cuántas? encontramos a los mismos personajes de las Castañeras picadas de Ramón de la Cruz: cómicas, castañeras, maja/o, petimetre/a, criado, carpintero, su mujer y un niño. Este autor es el protagonista de El maestro de hacer sainetes o Los calesines. Otros personajes son: novio avaro, criados, padre e hijas, petimetres, tapicero y alquilador. Adula y te caerás nos vuelve a situar en el siglo XVIII para ver a un adulador y a una familia amiga que se burla de él.

Jacinto Octavio Picón sintetiza magistralmente el cuadro de personajes que Luceño nos presenta en sus sainetes:

Gente que madruga o trasnocha, en Cuadros al fresco; miedosos y pillos que quieren librarse de quintas, en Juicio de exenciones; tenderos de poco pelo y parroquianos de menos dinero, en Ultramarinos; fanáticos por la lotería y los toros, en ¡Hoy sale, hoy! y Fiesta Nacional; aduladores y lamerones políticos en Amén, o el ilustre enfermo; cómicos de café en el Teatro moderno y A perro chico; tramposos y cursis en Carranza y Compañía; y apasionados de la flamenquería y la juerga, en Los lunes del Imparcial; tales son algunos de los tipos que ha trazado con pocos y fieles rasgos, muchos de ellos de mano maestra, prestándoles el lenguaje que realmente usan y teniendo siempre un tacto exquisito y una habilidad extraordinaria para que, aun los más ruines desarrapados y bajos, salgan de sus manos tolerables y puedan pisar la escena sin perder originalidad ni carácter; labor mucho más difícil de lo que a primera vista parece, pues dados tales elementos, le es preciso a veces trazar un cuadro artístico limpio y agradable, con figuras repulsivas al buen gusto y contrarias a todo sentimiento de lo bello. [7]

Luceño recurre a tipos ya conocidos y que el público podía identificar fácilmente, por su cercanía real o por sus referencias a autores pasados o contemporáneos. A veces también recurre a los estereotipos como el sereno asturiano o el criado gallego. Dado el carácter espectacular de los sainetes, el reparto de personajes era muy numeroso.

El autor identifica a sus personajes por su nombre de pila [8], su apodo (la Temeraria), el oficio (sereno, municipal y vendedor) o función (jaleadora) que desempeña en la obra o por sus relaciones familiares (madre, hija, novio y marido).

Es fácil distinguir los personajes principales, los acompañantes y los secundarios ya que sus rasgos aparecen esbozados en las acotaciones y, sobre todo, están implícitos en los diálogos. Los personajes de los sainetes de Luceño, aunque herederos de los entremeses del barroco y de los sainetes dieciochescos, son un poco más dignos pues no exageran tanto los aspectos grotescos. Podemos aplicar aquí el juicio de Sala Valldaura:

El sainete incluye relaciones de comicidad más cercanas al reírse-con que al reírse-de, bastante más a menudo que el teatro breve anterior.

 

Notas:

[1] Gorito es el mismo nombre del marido infiel de la carpintera Javiera en ¿Cuántas, calentitas, cuántas?

[2] matuteros, personas que aprovechan la mañana para hacer contrabando.

[3] Huerta Calvo (1985: 85).

[4] Versteeg (2000: 149).

[5] cfr. Rodríguez Solís (1889).

[6] Luceño (1889: 96).

[7] Picón (1917: 6).

[8] muchos de estos nombres tiene un doble sentido irónico y un marcado origen popular. cfr. II.8.2.

[9] Sala Valldaura (1996: XXXVIII).

 

Bibliografía:

HUERTA CALVO, Javier, El teatro en el siglo XX, Madrid, Playor, 1985.

LUCEÑO, Tomás, Romances y otros excesos, Barcelona, Librería española, 1889.

PICÓN, Jacinto Octavio, Prólogo a Tomás Luceño en ¿Cuántas, calentitas, cuántas?, La novela cómica, 18 (1917), pp. 1-9.

RODRÍGUEZ SOLÍS, Enrique, Majas, manolas y chulas, Madrid, Imprenta de Fernando Cao y Domingo Val, 1889.

SALA VALLDAURA, Josep María, El sainete en la segunda mitad del siglo XVIII. La mueca de Talía, Lérida, Universitat de Lleida, 1996.

VERSTEEG, Margot, De fusiladores y morcilleros. El discurso cómico del género chico (1870-1910), Amsterdam-Atlanta, GA., Rodopi, 2000.

VIDANES DÍEZ, Julio, Tesis doctoral sobre Tomás Luceño en:

http://www.ucm.es/eprints/5581/

 

© Julio Vidanes Díez 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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