Literatura africana de lengua portuguesa: Una panorâmica actualizada

Eduardo Javier Alonso Romo

Universidad de Salamanca
edujar@usal.es


 

   
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Resumen: Este trabajo pretende ofrecer una visión panorámica actualizada sobre las jóvenes literaturas producidas en los cinco países africanos de lengua oficial portuguesa: Angola, Mozambique, Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe y Guinea-Bissau. Tras repasar el origen de cada una de estas literaturas, se abordan con mayor detalle los autores y los textos de las últimas décadas. Se ha cuidado particularmente la bibliografía, para ayudar al lector a introducirse en este campo literario, para muchos totalmente desconocido.
Palabras clave: África, literatura afroportuguesa, compromiso, colonialismo.

 

Amanhã
entoaremos hinos à liberdade
quando comemorarmos
a data da abolição desta escravatura

Nós vamos em busca de luz
os teus filhos Mãe
(todas as mães negras
cujos filhos partiram)
Vão em busca de vida.
(Agostinho Neto, Sagrada esperança)

 

1. Presentación general

Los antecedentes remotos de las literaturas africanas de lengua -o de expresión- portuguesa hay que buscarlos en la expansión que Portugal llevó a cabo en el siglo XV a lo largo de las costas de África en busca de un camino hacia la India. Esta primera fase de descubrimientos, dará lugar a un largo periodo de colonización lusa en territorio africano -sólo efectiva en los territorios insulares y en algunos enclaves costeros- con conexiones directas con el tráfico esclavista. Durante este largo periodo autores portugueses producirán textos de “literatura ultramarina”, como la Crónica da Guiné [c.1452] de Gomes Eanes de Zurara o la História geral das guerras angolanas (1680) de António Oliveira de Cadórnega.

A partir de la Conferencia de Berlín (1884-85), durante un siglo de dominación efectiva de Portugal, van surgiendo en las colonias africanas una serie de publicaciones, ligadas al establecimiento de la imprenta, que inician y configuran un discurso literario propio. De este modo, periodismo y literatura se han ido conformando al mismo tiempo. Partiendo de una exótica literatura colonial -centrada en el hombre europeo en África y apoyada por las autoridades portuguesas-, paralela y progresivamente se irá fraguando una literatura propiamente africana escrita en portugués. En este sentido vale la pena destacar el importante papel desempeñado por dos instituciones creadas en Lisboa a mediados del siglo XX: la “Casa dos Estudantes do Império” (1945-1964) y el “Centro de Estudos Africanos”.

En un segundo momento asistimos a una singularización de cada una de las cinco nuevas literaturas, que se corresponden con los nuevos estados surgidos a partir de 1974 con el nombre de PALOP (“Países Africanos de Língua Oficial Portuguesa”): Angola, Cabo Verde, Guiné-Bissau, Moçambique y São Tomé e Príncipe, ello tras una larga guerra colonial (1961-1974) [1], seguida de diversas guerras civiles en las décadas siguientes, ya en el seno de las repúblicas independientes. Y ello en países que se cuentan entre los más empobrecidos del continente africano y del mundo entero en tremendo contraste con la riqueza de sus recursos naturales.

La crítica al abuso de poder y al sistema político vigente en el país, así como la desilusión ante los ideales revolucionarios traicionados son temas predominantes en los escritores africanos de la generación post-independencia. Estos autores ponen al descubierto la inconsciencia y el cinismo de las élites en el poder, corrompidas y completamente alejadas del pueblo.

Separadas geográficamente y con una evolución histórica muy diversa, cada una de estas literaturas, alimentada ya por una verdadera conciencia nacional, obedecerá a dinámicas históricas y sociales diferentes y formarán distintos sistemas literarios; aunque hemos de reconocer que no siempre es fácil resolver la cuestión de la nacionalidad literaria -tanto por el origen o evolución de los autores, como por el contenido de sus obras-. Y este problema surge no sólo en los inicios, en relación con la llamada literatura colonial, sino también actualmente. Por citar un caso paradigmático, José Eduardo Agualusa, de raza blanca, nació en Angola en 1960, hijo de padre brasileño y madre portuguesa; desde 1977 (a sus 17 años) vive fuera de Angola: en Portugal, Alemania y Brasil. Más frecuentes han sido itinerarios como el de Rui Knopfli, quien vivió en Mozambique hasta la independencia de este país (1975), trasladándose entonces a Londres, como agregado de la embajada de Portugal. Además, podemos decir que en general estos autores han mantenido una importante vinculación con el sistema literario de la antigua metrópoli, destacando el papel desempeñado por la lisboeta Editorial Caminho y su colección “Uma terra sem amos”.

Por otra parte, en cada uno de estos cinco países el portugués -idioma de unidad nacional- coexiste con las lenguas originarias de cada territorio, pero también con el criollo de base portuguesa en Cabo Verde, Guiné y S. Tomé. Y no debemos olvidar que los niveles de alfabetización y educación formal tradicionalmente han sido bajísimos en todos estos países, salvo -relativamente- en Cabo Verde, analfabetismo que ha sido casi sistemático entre la población femenina.

Se trata en todo caso de literaturas jóvenes, surgidas del mestizaje entre los míticos Próspero y Calibán, que pretendemos presentar sintética y cronológicamente, con algún mayor detalle en lo concerniente a los últimos decenios [2]. Estamos hablando, en algunos casos escogidos, de autores que -aunque modestamente- comienzan ahora a ser conocidos en España, e incluso traducidos al castellano -en particular por las barcelonesas Ediciones del Cobre -.

Un aspecto a destacar desde el principio es la importancia de las revistas y de las antologías, como vehículo privilegiado para dar a conocer las emergentes literaturas africanas en lengua portuguesa. Ello es consecuencia no sólo de problemas editoriales, sino también de la urgencia por dotar de un medio de difusión a un proyecto cultural y literario. Se trata, por otra parte, de unas literaturas doblemente periféricas: por africanas y por utilizar el portugués (en relación con las anglófonas o francófonas).

Terminamos esta breve introducción señalando que -en medio de la gran variedad de cada autor y cada obra- aparece la esperanza, animosa y militante, como vector temático fundamental de estas literaturas cargadas de futuro -en claro contraste con la escritura europea-. Además, en la última década hay una mayor apertura de estos autores hacia la universalidad, de modo que la africanidad ya no es su único horizonte.

 

2. Angola

El inmenso territorio de Angola (1.246.700 Km2) está constituido por un mosaico de grupos etno-lingüísticos -con clara mayoría de pueblos bantúes- que conforman una población de unos catorce millones de angoleños. Tras cuarenta años de guerra (1961-2002), Angola vive en paz y está experimentando un fuerte crecimiento demográfico y económico.

La literatura angoleña nace en 1849 con Espontaneidades da minha alma, de José da Silva Maia Ferreira (1827-1867), poco después de la introducción de la imprenta con la publicación del Boletim Oficial de Angola (1845). Claramente marcado por el Romanticismo, se trata del primer libro de lengua portuguesa publicado en África.

Dentro del ámbito de la producción periodística destacan el Almanach de Lembranças (1851-1900) e Luz e Crença (1902-1903). Más específicamente literarias son otras publicaciones, como la colectánea Voz de Angola clamando no deserto (1901) o la novela Nga mutúri (‘Señora viuda’, 1882) de Alfredo Troni (portugués radicado en Angola). Cabe reseñar los diversos trabajos de Cordeiro da Mata, dignificador de la “angolanidade” a través de sus trabajos de investigación lingüística, sociológica y etnográfica.

En las décadas siguientes encontramos poetas como Tomás Vieira da Cruz (Quissange - saudade negra, 1932 y Tatuagem, 1941) o Geraldo Bessa Victor (Ao som das marimbas, 1943), y narradores como António de Assis Júnior (O segredo da morta, 1935) o Castro Soromenho (Terra morta, 1949: primera novela de la llamada “trilogia de Camaxilo”). Estos autores, algunos todavía muy marcados por la literatura colonial, preparan el camino a la consolidación de la literatura angoleña, que se operará en el periodo siguiente.

Con el grito “Vamos descobrir Angola!”, aparece en 1948 el “Movimento dos Novos Intelectuais de Angola”, movimiento que culminará con la revista Mensagem (1951-1952), y que dará nombre a una generación homónima. En ella se integran autores como António Jacinto, Mário Pinto de Andrade, Viriato da Cruz, Alexandre Dáskalos o Agostinho Neto. Por entonces se crea la “Associação dos Naturais de Angola”, que en 1950 edita la Antologia dos novos poetas angolanos. Son años de búsqueda de la identidad nacional, entrecruzada con la influencia del neorrealismo y de la negritud.

Estas iniciativas serían continuadas más tarde por la revista Cultura (IIa série), entre 1957 y 1970, ligada a nombres como el novelista Luandino Vieira y el estudioso de la literatura angolana Carlos Ervedosa (véanse sus memorias: Era no tempo das acácias floridas, 1990). Diferente es la línea marcada por las “Edições Imbondeiro” (1960-1965), con sede en Sá da Bandeira (actual Lubango), trabajando desde una orientación ecléctica al margen de la militancia nacionalista.

Si Viriato da Cruz representa el compromiso con la negritud, António Jacinto es el referente del neorrealismo. Del primero es el libro Poemas (1961), que incluye el paradigmático “Mamã negra (canto de esperança)”; mientras que el segundo es autor de poemas tan conocidos como “Carta dum contratado” y “Castigo pró comboio malandro”, además del libro Sobreviver em Tarrafal de Santiago (1985).

Pero, sin duda, la obra de referencia de esta poesía es Sagrada esperança (1974) de Agostinho Neto (1922-1979), una especie de texto épico angolano, a partir de la experiencia prometeica de la revolución, compuesto por quien sería el primer presidente de la República Popular de Angola y que se hace portavoz de un pueblo “sem terra, nem língua, nem pátria”. En la saga exhortativa de Sagrada esperança encontramos los temas de la alienación y la explotación, la miseria y el analfabetismo, pero también el amor y la solidaridad, todo ello en un tono reflexivo y sereno. Importante es también su obra póstuma A renúncia impossível (1982), auténtico libelo acusador con las prácticas colonialistas. Este líder do MPLA (“Movimento Popular para a Libertação de Angola”) es un claro ejemplo de la interacción entre literatura y política nacionalista-revolucionaria, interacción que es común en los cinco países del África lusófona y que llegó a su culmen en los años 60 y 70.

Posteriormente surgirá la llamada “Geração de 70”, con poetas como João-Maria Vilanova (Vinte canções para Ximinha, 1971), Ruy Duarte de Carvalho (Chão de oferta, 1972), Jofre Rocha (Tempo de cicio, 1973), David Mestre (Do canto à idade, 1977) y Arlindo Barbeitos (Angola angolê angolema, 1976). La fundación en 1975 de la “União dos Escritores Angolanos” -responsable de la revista Lavra & Oficina- marca una nueva etapa.

En los años 80 aparecen nuevos autores agrupados en el movimiento “Brigada Jovem de Literatura” (1981) y en la revista Archote (1986). Algunos de estos autores son los poetas y narradores António Cardoso, José Luís Mendonça, João Maimona, Boaventura Cardoso o João Melo.

No obstante, en la narrativa de las últimas décadas sobresalen tres nombres: Luandino Vieira, Pepetela y José Eduardo Agualusa. Luandino Vieira (*1935) [3], es un escritor nacido en Portugal pero radicado en Luanda desde los dos años y cuya militancia política le llevó a once años de prisión. Con su sabia utilización de los recursos de la oralidad, representa un poderoso caso de renovación del lenguaje literario, desde la ruptura discursiva y textual. Su obra más conocida es la colectánea Luuanda (1964): tres historias simbólicas en torno al tema del hambre. Después ha publicado obras como A vida verdadeira de Domingos Xavier (1974), Nós, os do Makulusu (1975), João Vencio: os seus amores (1979), o Kapapa - pássaros e peixes (1998).

Pepetela (*1941), premio Camões en 1997, es un autor que viene de la guerra de liberación y que estuvo fuertemente comprometido en el proceso de independencia. Sus obras tratan de temas tan diversos como la épica de la guerrilla (Mayombe, 1980), la relectura del colono a través de una saga familiar (Yaka, 1984), un balance crítico respecto al pasado próximo (A geração da utopia, 1992), o la historia lejana (Lueji, 1990; A gloriosa familia. O tempo dos holandeses, 1998). Especialmente críticas son O cão e os caluandas (1985) y O desejo de Kianda (1995) relacionada con el realismo mágico . Sus últimas novelas son: A parábola do cágado velho (1996) texto muy marcado por la oralidad , A montanha da água lilás (2000) y Jaime Bunda, o agente secreto (2002). Como dramaturgo es autor de la pieza histórica A revolta da Casa dos Ídolos (1980) sobre una revuelta popular sucedida en el siglo XVI.

La última revelación de la narrativa angoleña es el internacional José Eduardo Agualusa (1960). Narrador, poeta y periodista, se ha dado a conocer con novelas como A conjura (1989), Estação das chuvas (1996) y especialmente Nação crioula (1997): novela epistolar que recupera al queirosiano Fradique Mendes. Ha publicado también libros de cuentos como O homem que parecia um domingo (2002) o Manual prático de levitação (2005). En 1991 publicó un libro de poesía titulado Coração dos bosques.

La materia histórica es también el fondo de la obra Misericórdia para o Reino do Congo (1996) de Henrique Abranches, autor también de A konkhava de feti (1981), dentro de una literatura rústica de fundamentación étnica. Por su parte Manuel Rui (*1941), partiendo de una escritura militante, construye narraciones divertidas a partir de situaciones caricaturizadas: Quem me dera ser onda (1982), Crónica de um mujimbo (1991), Rioseco (1997) o Saxofone e metáfora (2001). Otros narradores actuales a tener presentes son Uanhenga Xitu, Manuel Pedro Pacavira, Cikata Mbalundo o Sousa Jamba.

Dentro del género dramático -además de Pepetela- citamos a Henrique Guerra (O círculo de giz de Bombô, 1979); a Costa Andrade (No velho ninguém toca, 1979); y Manuel dos Santos Lima (A pele do diabo, 1977) también narrador: As sementes da liberdade (1965), As lágrimas e o vento (1975) y Os anões e os mendigos (1984) .

 

3. Mozambique

Con una extensión de 812.000 km2 y una población de casi veinte millones de habitantes, Mozambique está formado por nueve grupos bantúes, y tradicionalmente constituyó una encrucijada de los portugueses en su camino hacia la India. Posteriormente ha sido mayor la influencia sudafricana especialmente en la zona de Maputo my incrementada a causa e la emigración de muchos mozambiqueños a su vecino del sur. Después de una dura guerra civil, el país consiguió la paz en 1992.

El establecimiento de la imprenta, en 1854, dio origen a diversas publicaciones periódicas, entre los que destacarán O Africano (1909) y O Brado Africano (1918). No obstante, el libro fundador de la literatura mozambiqueña son los cuentos reunidos en O livro da dor (1925), del periodista João Albasini (1876-1922). La ficción breve continuará con Godido e outros contos (1952) de João Dias, mientras que en poesía se distinguen como pioneros Campos Oliveira y Rui de Noronha.

Hacia 1950 circuló -de Mozambique a Portugal, pasando por Angola- un cuaderno policopiado formado por 43 poemas: Sangue Negro, de Noémia de Sousa (1926-2002), impactante síntesis entre neorrealismo y negritud, que clama doloridamente por la dignidad de los negros, con un lenguaje marcado por la emoción y la fraternidad proletaria. En este tiempo sobresalen los poetas ligados a la efímera publicación Msaho (1952): Duarte Galvão (pseudónimo de Virgílio de Lemos: Poemas do tempo presente, 1960), Alberto Lacerda o Reinaldo Ferreira.

Poco después aparece la gran figura del periodista y escritor autodidacta José Craveirinha (1922-2003), premio Camões de 1991. Craveirinha, hijo de madre negra y de padre portugués, es “el poeta nacional” de Mozambique, moviéndose siempre entre los géneros lírico y épico. Publicó títulos como: Chigubo (1964), Cantico a un dio de catrame (1966: en portugués e italiano), Karingana ua Karingana (1974) donde reúne textos escritos desde 1945 , Cela 1 (1980), o Maria (1988). Autor también de las narrativas incluidas en Hamina e outros contos (1997), sin embargo, gran parte de su obra se encuentra todavía inédita. Sus características más marcadas son la narratividad y la adjetivación exuberante, así como un continuo proceso de reescritura y reelaboración de los poemas.

En 1971 aparecen los cosmopolitas cuadernos Caliban, bajo la dirección de Grabato Dias (pseudónimo de António Quadros) y Rui Knopfli (1932-1997), autor de Memória consentida, 1982 y O corpo de Atena, 1984. Knopfli, poeta híbrido y buen conocedor de la tradición occidental, representa el discurso filosófico, dialéctico e iconoclasta. A la misma generación de mozambiqueños expatriados pertenece Eugénio Lisboa. Muy diferente es la combativa poesía de guerrilla surgida en el entorno del FRELIMO (“Frente de Libertação de Moçambique”), y marcada por la pedagogía revolucionaria, en la que se integran voces poéticas como Marcelino dos Santos o Jorge Rebelo.

Después de 1975 surgen varias publicaciones importantes: Charrua, Forja, Gazeta de Artes e Letras o Xiphebo. En este periodo destacan los poetas Rui Nogar (Silêncio escancarado, 1982); Luís Carlos Patraquim (A inadiável viagem, 1985); Juvenal Bucuane (Requiem - com os olhos secos, 1987); Eduardo White (O país de mim, 1989); Armando Artur (O hábito das manhãs, 1989); Nelson Saúte (A pátria dividida, 1993); y Filimone Meigos (Poema & Kalash, 1994).

El desarrollo de la prosa narrativa comienza tardíamente con la obra Nós matámos o cão-tinhoso (1964), de Luís Bernardo Honwana (*1942), obra traducida a varias lenguas. En 1965 sale a la luz Portagem, de Orlando Mendes, obra escrita en los años 50. Entre los narradores actuales tenemos a Albino Magaia: Malungate (1987); Ungulani Ba Ka Khosa: Ualalapi (1987), Orgia dos Loucos (1990) e Histórias de amor e espanto (1999); Guilherme de Melo (Os leões não dormem esta noite, 1989); o Paulina Chiziane: Balada de amor ao vento (1990), Ventos do apocalipse (1993) y O sétimo juramento (2000).

Lugar especial merece el auténtico fenómeno literario llamado Mia Couto (*1955), sin duda el más internacional de los actuales escritores de los PALOP. No en vano se trata de uno de los autores más innovadores de lengua portuguesa, en la línea del brasileño Guimarães Rosa o del angoleño Luandino Vieira. Su estilo, basado en la creatividad inventiva de neologismos, el realismo, el animismo y el humor ingenioso, queda patente en todas sus obras. Mia Couto es autor de crónicas algunas de ellas verdaderos cuentos , como: Cronicando (1988) y Pensatempos (2005); cuentos, como los reunidos en Vozes anoitecidas (1986), Cada homem é uma raça (1990), Estórias abensonhadas (1994) y Na berma de nenhuma estrada (2001). Finalmente, en 1992, publica su primera novela: Terra Sonâmbula (1992), una alegoría sobre la guerra. Le seguirían A varanda do frangipangi (1996), Vinte e zinco (1999), O último voo do flamingo (2000), A chuva pasmada (2004), O outro pé da sereia (2006) y Venenos de Deus, remédios do diabo (2008). Se trata de una narrativa que inteta exorcizar los fantasmas del colonialismo y que profundiza en la intimidad de los personajes, como búsqueda de a identidad nueva, fruto de la mezcla de razas, culturas y experiencias. Couto también ha cultivado desde muy joven la poesía: Raiz de orvalho (1983).

Dentro del teatro mozambiqueño señalamos tres títulos: Três setas apontadas ao futuro (1959), de Afonso Ribeiro; Um minuto de silêncio (1970), de Orlando Mendes; y O feitiço e a religião (1973), de João Fumane.

 

4. Cabo Verde

Las diez islas de Cabo Verde, con una superficie total de poco más de 4.000 km2 y una población de poco más de medio millón de habitantes, constituyen un caso muy interesante de mestizaje biológico, lingüístico y cultural. Una de las naciones más estables de África, el país de la morna y el grogue [4] es a la vez una tierra asolada por la sequía y el hambre, se ha caracterizado siempre por una fuerte migración hacia Europa y América, hasta el punto de que hay más caboverdianos fuera que dentro del país [5]. Por ello en su literatura aparece recurrentemente el tema de la despedida y de la ausencia de la tierra natal. Otra marca de estos autores ha sido su tradicional contacto con Brasil.

A pesar de su pequeña extensión geográfica, Cabo Verde ha sido siempre una verdadera potencia desde el punto de vista literario, en el conjunto de los países africanos. Poco después de la introducción de la imprenta en 1842, surge la primera novela “caboverdiana”: O escravo (1856), de José Evaristo de Almeida, en torno al amor imposible de un esclavo que se enamora de una mulata libre. En esta etapa inicial debemos señalar el Liceo-Seminario de São Nicolau, como una institución que contribuyó notablemente para el surgimiento de una clase letrada en el país.

En la década entre 1926 y 1935 tenemos el llamado periodo “Hesperitano”, entre la evasión y la búsqueda, a partir de la temática en torno a las míticas islas Hespérides de Estrabón, vinculadas a la leyenda de la Atlántida. En estos años aparecen libros de poesía como Hespérides (1930) de Pedro Cardoso, o Arquipélago (1935) de Jorge Barbosa.

La aparición de la revista Claridade en 1936 pretenderá hincar los pies en la tierra caboverdiana al tiempo que aprovecha el ejemplo de los modernismos portugués y brasileño. Su líder es Baltasar Lopes (1907-1989), auténtico patriarca de las letras caboverdianas. Autor de la más célebre novela caboverdiana: Chiquinho (1947) y del libro de cuentos Os trabalhos e os dias (1988), Baltasar Lopes firmará su poesía -reunida con el título de Cântico da manhã futura (1986)- con el pseudónimo Oswaldo Alcântara. Chiquinho es una novela de aprendizaje que narra el itinerario de la aldea a la ciudad, y de ahí al extranjero (América). Asimismo es notable la labor de Baltasar Lopes como ensayista: Cabo Verde visto por Gilberto Freyre (1956) y O dialecto crioulo de Cabo Verde (1957).

Otros miembros del grupo claridoso son Manuel Lopes (Chuva braba, 1956; Os flagelados do vento leste, 1969) y António Aurélio Gonçalves (O enterro de nhá Candinha Sena, 1957; Noite de vento e biluca, 1977). Todos ellos son considerados como los creadores de la literatura caboverdiana -entendida como un proyecto diferente del portugués-, introduciendo temáticas como la sequía y la emigración.

En 1944 la revista Certeza continuará esta línea, aunque acentuando la temática social en sentido neorrealista. Algunos nombres a recordar de este momento son António Nunes, Arnaldo França y Orlanda Amarílis (Cais-do-Sodré té Salamansa. Contos, 1974), además del portugués Manuel Ferreira. Otros autores continuarán posteriormente esa línea neorrealista: así Luís Romano con la novela Famintos (1962); y Teixeira de Sousa, con las narrativas Ilhéu de contenda (1978), o Xaguate (1988).

A finales de los años 50 se produce una ruptura protagonizada por los escritores unidos en torno al Suplemento Cultural. La publicación más significativa para entender el nuevo periodo es el ensayo de Onésimo Silveira titulado Consciencialização na literatura cabo-verdiana (1963), cuya idea central es que Cabo Verde debe mirar hacia África. A esta generación, que introduce el tema de la nacionalidad literaria, pertenecen autores como Gabriel Mariano, Ovídio Martins, Aguinaldo Fonseca Terêncio Anahory o Yolanda Morazzo. El anticolonialismo y antievasionismo quedan patentes en el título Gritarei, berrarei, matarei - não vou para Pasárgada (1973) de Ovídio Martins.

En 1962 surge el grupo Sèló, en el que se alinean poetas como: Oswaldo Osório (Caboverdianamente construção meu amor, 1975); Mário Fonseca (Mon Pays est une musique, 1986); y especialmente Arménio Vieira (*1941), autor que se dio a conocer como poeta, pero que posteriormente ha publicado obras de ficción, como O eleito do sol (1989) o No inferno (2001).

En consonancia con el proceso de independencia política, los años setenta significan la madurez literaria de Cabo Verde, en un contexto de universalización de esta literatura. En esta línea universalista encontramos a varios autores fundamentales de los últimos años. Uno de ellos es João Manuel Varela, que firma con los pseudónimos de João Vário y Timóteo Tio Tiofe: O primeiro livro de Notcha (1975). Más conocido es Corsino Fortes (*1933) y su poesía de tono épico: Pão & Fonema (1975) sobre Cabo Verde hasta su independencia , Árvore & Tambor (1986) celebración del nuevo país .

Entre los narradores de la post-independencia destaca Germano Almeida (*1945), cuya obra -mezcla de realismo y fantasía, con buenas dosis satíricas- ha traspasado las fronteras de Cabo Verde. Como narrador se dio a conocer con O testamento do Sr. Napomuceno da Silva Araújo (1991), historia retrospectiva cuestionadora de muchas hipocresías sociales. Otros títulos posteriores son Os dois irmãos (1995), A família Tiago (1998), Dona Pura e os camaradas de Abril (1999), O mar na Lajinha (2004) y Eva (2006), son sus títulos más representativos. Por otra parte Germano Almeida dirigió, juntamente con Leão Lopes, la revista Ponto & Vírgula (dieciocho números publicados entre 1983 y 1987).

Otros autores recientes -entre los que encontramos algunas mujeres- son Vera Duarte (Amanhã madrugada, 1993); Dina Salústio (Mornas eram as noites, 1994); Euricles Rodrigues (Vítreas labaredas, 1992); Fernando Monteiro (Desassossego, 1994); Valdemar Velhinho (Relâmpagos em terra, 1995); o Mário Lúcio (Sob os signos da luz, 1994).

Debemos mencionar además la creciente producción en criollo caboverdiano con autores como Manuel Veiga, autor de la primera novela en criollo (Oju d’agu, 1987); o el poeta Kaoberdiano Dambará (Noti, 1964) dentro de la literatura de combate.

 

5. Santo Tomé y Príncipe

Diferente es el caso de la pequeña república de Santo Tomé y Príncipe, cuya evolución socio-histórica en muchos aspectos ha sido paralela a la de Cabo Verde. Las dos islas de Santo Tomé y Príncipe suman menos de 1.000 km2 y una población de unos 160.000 habitantes. Desde su inicio esta literatura se ha mostrado particularmente vocacionada para la expresión poética.

La literatura santotomense hunde sus raíces en la tradición del periodismo practicado desde la segunda mitad del siglo XIX. El denominador común de esta primera fase es la fascinación del hombre ante la naturaleza. Entre los precedentes debemos citar a Caetano da Costa Alegre (fallecido en 1890), autor de Versos (1916). Junto a él cabe destacar a Marcelo da Veiga (1892-1976), cuya poesía -reunida póstumamente en O canto do ossôbó (1989)- recorre seis décadas y marca la evolución en el proceso de toma de conciencia, desde el intimismo romántico y simbolista hasta la reivindicación socio-política y cultural como en el conocido poema “África é nossa!” de 1935 , convirtiéndose así en pionero del discurso negritudinista.

Será, sin embargo, el poeta neorrealista Francisco José Tenreiro (1921-1963), autor de Ilha de nome santo (1942) y de Coração em África (1967), quien marque el nacimiento de la literatura santotomense como literatura autónoma. De hecho, Tenreiro ha sido considerado como el primer poeta verdaderamente africano de expresión portuguesa, en particular desde la perspectiva de la negritud, desde el orgullo de la raza y la exaltación telúrica, lo que le lleva a adoptar cierto tono grandilocuente.

A partir de los años 50 surge la generación propiamente nacionalista con poetas reivindicativos como Tomás Medeiros, Manuela Margarido o Alda do Espírito Santo (É nosso o solo sagrado da terra, 1978); pero también narradores, como Sum Marky: No altar da lei (1962), novela que denuncia la masacre de Batepá, ocurrida en 1953. Un hito a destacar es la publicación en 1963 de la antología Poetas de São Tomé e Príncipe, prefaciada por Alfredo Margarido. Se trata de textos que realizan un discurso de combate social, anticolonial y de denuncia [6].

Los años 70 estuvieron inevitablemente marcados por una fase eufórica de “panfletarización” de la escritura en torno a la independencia nacional. Posteriormente surgen iniciativas interesantes como la revista Batê Mon, editada por la “União Nacional dos Escritores e Artistas São-tomenses”. En relación con la actual literatura santotomense podemos citar poetas como Fernando de Macedo (Anguéné, 1989); o Aíto Bonfim (*1955): O suicidio cultural, 1992; O golpe, 1996. Señalemos que, como autor teatral, Aíto Bonfim es autor de piezas como A berlinização ou a partilha de África (1987).

Entre los narradores cabe destacar a varios nombres que, partiendo de las relaciones socioeconómicas entre colonizados y colonizadores, progresivamente van ampliando su temática. En 1984 Frederico Gustavo dos Anjos publica Bandeira para um cadáver, una novela corta en prosa poética. El año siguiente sale a la luz Rosa do Riboque e outros contos, de Albertino Bragança, una colección de cuatro relatos sobre la vida cotidiana de los africanos urbanizados. Por su parte, Sacramento Neto es autor de varias novelas breves, como Vovó Marquinha (1998) y A Codé (2000).

Dos nombres femeninos con presente y futuro son la narradora Olinda Beja (Quinze dias de regresso, 1993) y la poeta Conceição Lima (O útero da casa, 2004). Una buena muestra de la actual lírica santotomense puede encontrarse en la antología Bendenxa 25 poemas de São Tomé e Príncipe para os 25 anos de independencia (2000).

 

6. Guinea-Bissau

Mucho menos significativo es el lugar ocupado por la literatura de este pequeño país de la antigua África portuguesa: 36.120 km2 y una población aproximada de 1.350.000 habitantes. Con razón señala Francisco Salinas Portugal que Guinea-Bissau es “la pariente pobre” de las literaturas africanas de lengua portuguesa, constituyendo durante mucho tiempo algo así como un espacio vacío. Hasta 1879 este territorio estuvo subordinado a la administración de cabo Verde. Tengamos en cuenta también que el primer periódico independiente, titulado Ecos da Guiné, no aparece hasta 1920 [7], y que el primer liceo de enseñanza secundaria sólo se crea a mediados del siglo XX [8]. La primera facultad de rango universitario no ha surgido hasta 1990 [9]. Ciertamente se trata de una literatura tardía y escasa, subordinada durante mucho tiempo a la de Cabo Verde.

Los inicios hay que buscarlos entre escritores coloniales como Fernanda de Castro (Mariazinha em África, 1925) y Fausto Duarte (A revolta, 1945). Carlos Semedo, con Poemas (1963), será el primer poeta guineano que aparece con libro publicado, iniciando así la consolidación de una historia literaria escrita. Las tres grandes voces poéticas de Guinea-Bissau son António Baticã Ferreira (poesías dispersas); Vasco Cabral: A luta é minha primavera (1981) discurso de esperanza através de um imaginário cristiano, pacifista y ecológico ; y sobre todo, ya en um contexto postcolonial, Helder Proença (*1956): Não posso adiar a palavra (1982), libro atravesado por El propósito de legitimar su pátria en una nueva África. No debemos olvidar al carismático Amílcar Cabral, líder del PAIGC (“Partido Africano para a Independência da Guiné e Cabo Verde”) y autor de poesías dispersas, además de algunos ensayos políticos muy infuyentes en toda el África portuguesa [10].

Previamente dos antologías habían marcado poéticamente la década de los 70: Poilão. Caderno de poesias (1973), que presenta cuatro guineanos de um total de once poetas; y Mantenhas para quem luta! (1977), que recoge la poesía más específicamente militante de catorce autores e incluye el criollo como lengua literaria. De modo análogo, una serie de publicaciones colectivas marcarán el devenir poético posterior: Antologia dos jovens poetas (1978), Os continuadores da revolução e a recordação de passado recente (1979), Antologia poética da Guiné Bissau (1990), O Eco do Pranto (1992). En los años 90 la revista Tcholona se revela como un interesante espacio de creación en portugués y criollo. Algunos nombres actuales a tener en cuenta en el área de la poesía son: Odete Semedo (Entre o ser e o amar, 1996); o António Soares Lopes (Noites de insônia na terra adormecida, 1996).

La urgencia por hacer llegar el mensaje a los destinatarios, fruto e las circunstancis istoricas, ciertamente retardó el surgimiento de la prosa de ficción. En el campo de la prosa debemos tener presente que sólo en 1993 se publicó el primer libro de ficción propiamente dicha de Guinea-Bissau: una colección de cuentos de Domingas Samy con el título de A escola. Ahora bien, el auténtico pionero de la novela guineana es Abdulai Sila (*1958), que se estrenó con Eterna paixão (1994), cuyo protagonista es un afro-americano que emigra a África en un deseo de retornar a sus raíces. A esta obra han seguido A última tragédia (1995) y Mistida (1997). Otros narradores que podemos mencionar son Filinto de Barros (Kikia matcho, 1998);o Filomena Embaló (Tiara, 1999).

 

7. Notas

[1] La lucha armada comenzó en Angola (1961) y siguió en Guinea-Bissau (1963) y en Mozambique (1964). Señalemos que esta guerra colonial de África ha dejado muchas marcas en la reciente narrativa portuguesa; pensemos en obras como: A memória de ver matar e morrer (1978) de João de Melo, Os cus de Judas (1979) de António Lobo Antunes, o Jornada de África (1989) de Manuel Alegre. Véase Eduardo Mayone Dias http//dialnet.unirioja.es/servlet/autor?codigo=98501, “La novelística de las guerras coloniales portuguesas de 1961 a 1974”, Revista de Filología Románica http//dialnet.unirioja.es/servlet/revista?tipo_busqueda=CODIGO&clave_revista=1169, 18, 2001, 115-131.

[2] Resaltamos, con letra negrita y señalando las fechas de su vida, aquellos autores que consideramos más significativos o canónicos.

[3] En el año 2006 Luandino Vieira obtuvo -y rechazó- el prestigioso Premio Camões.

[4] La palabra morna designa a la canción y la danza populares, típicas de Cabo Verde. El grogue es el aguardiente local.

[5] Algunos cálculos hablan de un millón de caboverdianos emigrantes.

[6] Denuncian la explotación colonial, la precariedad socioeconómica derivada del sistema de monocultivi (cacao y café), así como el drama de los contratados desarraigados, y obligados a quedarse en una tierra a la que fueron llevados a la fuerza.

[7] Previamente existía el Boletim Oficial do Governo da Província da Guiné, publicado en Bolama entre 1880 y 1974. En 1930, en Bissau, se crea la primera tipografía particular, que saca a la luz los 20 números de O Comércio da Guiné.

[8] Es más que significativo que en 1961 el 99,7% de la población fuera considerada “indígena”, es decir, analfabeta, y por tanto sin derecho a la ciudadanía portuguesa.

[9] Se trata de la facultad de Derecho, creada en régimen de cooperación con Portugal. En 1996 se establece la facultad de Medicina, en cooperación con Cuba.

[10] Amílcar Cabral (1924-1973) es un buen ejemplo de la histórica interrelación de Guiné-Bissau con Cabo Verde. Por otra parte, siempre supo distinguir entre el régimen colonial portugués (enemigo) y la nación portuguesa (amiga y copartícipe de la misma lengua).

 

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© Eduardo Javier Alonso Romo 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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