Una mirada crítica en el horizonte simbólico de Roberto Bolaño

Valeria Bril

Becaria de la SECYT
Universidad Nacional de Córdoba
República Argentina
cvbrilvaleria@yahoo.com.ar


 

   
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Resumen: En los años ´90, un importante número de escritores emergentes se abre camino en la escena literaria con gran repercusión a nivel internacional. Los nuevos narradores interactúan en un complejo horizonte discursivo, proponiendo aportes particulares en sus obras que posibilitan su inclusión en la llamada “Nueva Narrativa Chilena”.
   El discurso de la crítica literaria y cultural promueve cambios en el panorama actual, que permiten la aparición de nuevos escritores como es el caso de Roberto Bolaño. En esta perspectiva, he convenido en vincular de manera crítica, la relación de Bolaño con la literatura chilena y particularmente la Nueva Narrativa, en vistas a una definición del escritor dentro del espacio crítico. Mi hipótesis analiza cómo el discurso de la crítica crea un espacio en el cual convalida nuevos sujetos que sobrepasan los sistemas literarios de producción nacional.
Palabras clave: Nueva Narrativa Chilena, Roberto Bolaño

 

En las últimas décadas del siglo XX, el discurso de la crítica literaria y cultural hispanoamericana opera en las nuevas narrativas a partir de diferentes modos de construcción o reconstrucción en relación con sus condiciones de producción y recepción. La vertiente teórica proveniente de la Sociocrítica ha permitido nuevas lecturas de autores y obras de la literatura actual. En este sentido, observamos cómo se vuelven explícitas las operaciones discursivas que dan lugar a nuevas narrativas como es el caso de la Nueva Narrativa Chilena, y particularmente de la narrativa de Roberto Bolaño.

Desde esta perspectiva, me propongo analizar cómo el discurso de la crítica crea un espacio en el cual convalida nuevos sujetos que construyen nuevos objetos teóricos, y consecuentemente, estos sujetos sobrepasan los sistemas literarios de producción nacional. Para ello, es necesario poner énfasis en las discusiones que entablan estudiosos como Nelly Richard (2001), Maximino Fernández Fraile (2002) y Carlos Oliváres (1997), entre otros, sobre los procesos socio-culturales de gestación de las nuevas producciones narrativas de los escritores chilenos. Carlos Orellana Riera advierte al respecto que:

“Finalmente, no hemos considerado la producción, cada día más relevante, de los chilenos que han hecho su carrera literaria en el extranjero, como Isabel Allende, Luis Sepúlveda, Ariel Dorfman o -el más reciente de todos- Roberto Bolaño. No todos aceptan la idea de integrar con plenitud de pergaminos esta literatura al tronco madre, la narrativa que se produce y se publica en el interior de Chile” (Olivárez 1997: 51).

El surgimiento de nuevas figuras en la literatura chilena responde básicamente a los contextos en que emergen como “figuras postergadas”, y a los mecanismos de recepción que están íntimamente relacionados con las condiciones culturales y sociales del país. En los años ´90, la aparición de nuevas voces en la literatura posibilita importantes cambios culturales en el ámbito de las letras chilenas.

Los cambios sociales, políticos y económicos ocurridos por el regreso a la democracia en el país repercuten en el panorama literario actual, y es la crítica cultural y literaria un espacio privilegiado para dar cuenta de estos cambios. Las discusiones teóricas sobrepasan los alcances de la práctica crítica orientada exclusivamente a los textos y los sistemas literarios, y contribuyen a consolidar sus propios sujetos. Así lo especifica Nelly Richard en el siguiente comentario:

“Contra la imagen de un sistema inconmovible en su ley [...], ciertas prácticas de arte prefieren apostar a lo incierto -a lo hipotético, conjetural- de una diferencia quizás jugada a pérdida, sin certeza a cambio, pero que moviliza la imaginación crítica en torno a los riesgos de una apuesta que cree en que no todos los tiempos ni los modos de experiencia de la subjetividad son anticipables por el mercado, ni convertibles a su serie.” (Richard 2001: 268).

Los discursos críticos permitieron la vertiginosa aparición en escena de nuevos escritores que ocupan un “lugar” en el espacio literario nacional y, a la vez, tienen una repercusión a nivel internacional. Los nuevos escritores chilenos siguieron caminos diferentes en el desempeño de su rol de escritores, porque se insertaron inicialmente en ámbitos complementarios a la producción literaria. Pero, desde el punto de vista de las narrativas que producen estos escritores, presentan rasgos comunes que operan sobre un complejo horizonte discursivo. La más reciente promoción de escritores se muestra con una preocupación estética que va desde el lenguaje, el tema, al tratamiento y la intención de su literatura. Como grupo, las diferencias, entre unos y otros escritores, se reflejan en las preocupaciones temáticas tan disímiles en sus obras.

Los críticos y los propios escritores han configurado aquellas producciones literarias del período de los ´90, obras en algunos casos no oficializadas, bajo la denominación de “Nueva Narrativa Chilena”, o “Mini-boom” haciendo alusión al fenómeno socio-cultural de los años ´60 [1]. La denominación de este grupo de escritores emergentes ha sido un problema; la polémica existe al considerarla un invento de la prensa para nombrar de algún modo el hecho inusitado de las altas ventas que alcanzaron algunos autores a principio de los ´90 (Fernández Fraile 2002: 40).

El panorama literario cultural está poblado de nuevas voces, pero mi interés es poner énfasis en el escritor chileno Roberto Bolaño, autor de una importante producción literaria como poeta, cuentista y novelista, y considerado por la crítica en general como uno de los escritores mayores de las últimas décadas. De sus obras narrativas podemos mencionar: La pista de hielo (1993), La literatura nazi en América (1996), Los detectives salvajes (1998), Nocturno de Chile (2000), Una novelita lumpen (2002), 2666 (2004), entre sus novelas; y los libros de cuentos Llamadas Telefónicas (1997), Putas asesinas (2001) y El gaucho insufrible (2003).

Bolaño es un escritor cuya producción literaria se caracteriza por compartir ciertos rasgos particulares con la literatura chilena. A pesar de no vivir en Chile, su horizonte simbólico sigue siendo la narrativa de este país. En 1998, Bolaño visita Chile para presentar su novela, La pista de hielo, y la prensa local registra su llegada, reproduciendo en diversos medios gráficos la siguiente frase: “luego de 25 años llega al país un autor chileno que triunfa en España” [2]. El reconocimiento de la crítica periodística y académica, precedido por la obtención de algunos premios galardonando el trabajo del autor, se debe, según la perspectiva de la estudiosa chilena Patricia Espinosa, al escaso nivel de producción nacional y la notable calidad literaria de Bolaño (Moreno 2005: 103).

El autor despliega en su obra una inagotable riqueza significativa por la madurez de su escritura y su destreza narrativa, que lo colocan en un lugar privilegiado. La obra de Bolaño aparece como una nueva forma literaria, que se centra en una realidad violenta o violentada, abordada desde los tópicos de la nostalgia, el miedo y la alienación. Bolaño se proyecta como un fuerte opositor de la estética vigente para algunos escritores chilenos, aunque paradójicamente comparte con ellos cierta temática. Pero, es su intención desarrollar de manera casi obsesiva motivos temáticos, procedimientos narrativos y claves de lectura propios.

Según Alberto Fuguet (2006), Bolaño: “Creó un mundo, una ética y una estética”. El autor está ubicado, según las consideraciones de algunos críticos, en el primer lugar de una larga lista de la narrativa local. Darío Osses, otro compatriota del autor, considera que Bolaño era el escritor latinoamericano con más futuro (Maristain 2007). De modo que, como bien precisa Perera San Martín: “Sea como fuere, todos queríamos expresarle de viva voz nuestra admiración por su talento y su labor”. (Moreno 2005: 95).

Más allá del reconocimiento de sus pares, la lucha de los escritores por sobrevivir en este oficio y encontrar su propio lugar, es una problemática que Bolaño desarrolla en algunos cuentos, como por ejemplo: “Sensini”, “Henri Simon Leprince”, “Enrique Martín” en Llamadas telefónicas y “Encuentro con Enrique Lihn” en Putas asesinas. El cuento “Sensini”, dedicado al escritor argentino Antonio Di Benedetto exiliado en España, relata las peripecias de un escritor joven y un viejo que participan activamente en los concursos literarios, buscando ganar sus premios:

“A mi padre y a ti, os llamaba los pistoleros o los cazarrecompensas, ya no me acuerdo, algo así, los cazadores de cabelleras. Me imagino por qué, dije, aunque creo que el verdadero cazarrecompensas era tu padre, yo sólo le pasaba uno que otro dato. Sí, él era un profesional, dijo Miranda de pronto seria. ¿Cuántos premios llegó a ganar?, le pregunté. Unos quince, dijo ella con aire ausente. ¿Y tú? Yo por el momento sólo uno, dije.” (Bolaño 1997: 14).

“Henri Simon Leprince” cuenta la historia de un escritor que se comporta de manera evasiva con sus colegas, y construye un enigma en torno a sí mismo:

“Los escritores hablan de él. [...] Los escritores quieren saber (las noches de espera son largas y angustiosas y a algunos le da por hablar) dónde ha publicado sus escritos. Leprince menciona revistas y periódicos pútridos, cuya sola mención despierte la náusea o la tristeza en el oyente.” (Bolaño 1997: 17).

En el cuento “Enrique Martín”, cuento dedicado al poeta Enrique Vila-Matas, Bolaño escribe sobre la tenacidad que se necesita para llevar adelante la convicción de ser poeta y sus preocupaciones escriturales:

“Un poeta lo puede soportar todo. Lo que equivale a decir que un hombre lo puede soportar todo. Pero no es verdad: son pocas las cosas que un hombre puede soportar. Soportar de verdad. Un poeta, en cambio, lo puede soportar todo.” (Bolaño 1997: 20).

En “Encuentro con Enrique Lihn”, Bolaño despliega en la figura de un escritor, aparentemente desconocido, el rol social que ocupa en la comunidad literaria. El protagonista en una suerte de biografía ficcional, mantiene relaciones con otros personajes literarios en lugares reales:

“En 1999, después de volver de Venezuela, soñé que me llevaban a la casa en donde estaba viviendo Enrique Lihn, en un país que bien pudiera ser Chile y en una ciudad que bien pudiera ser Santiago, si consideramos que Chile y Santiago alguna vez se parecieron al infierno y que ese parecido, en algún sustrato de la ciudad real y de la ciudad imaginaria, permanecerá siempre. Por supuesto que yo sabía que Lihn estaba muerto pero cuando me invitaron a conocerlo no opuse ningún reparo. Tal vez pensé en una broma de la gente que iba conmigo, todos chilenos [...]” (Bolaño 2001: 119).

Las historias de los personajes de los cuentos bolañianos convergen en la idea de soberanía de la práctica literaria, que confirma el punto de vista que tiene Bolaño sobre su propio oficio de escritor. La naturaleza de estas historias es contar cómo la vida y la literatura se confunden bajo una estética de oscuridad con personajes que desaparecen por la desesperanza y la marginalidad en que se encuentran.

Roberto Bolaño es un referente imprescindible no sólo de la Nueva Narrativa Chilena, sino de la narrativa hispanoamericana. Los numerosos títulos y las diferentes traducciones de sus obras, convierten a este escritor latinoamericano que comienza siendo un desconocido, en un emergente de la literatura de mediados de los ´90. Su obra radicalmente literaria de una “insensata vocación de totalidad” (según la definición del propio Bolaño), nos permite afirmar que este polémico escritor es una de las voces más significativas de la literatura con reconocimiento nacional e internacional.

 

NOTAS:

[1] Algunos de los escritores que encontramos usando esta denominación son: Ramón Díaz Eterovic, Sonia González, Alberto Fuguet, y el editor Carlos Orellana Riera en Nueva Narrativa Chilena (1997). Además, el escritor Gonzalo Contreras y Maximino Fernández Fraile en Literatura Chilena de Fines de Siglo XX (2002).

[2] Esta frase encabeza diferentes artículos en los diarios locales. Por ejemplo la podemos encontrar en el Suplemento “Segundo cuerpo”de Las últimas noticias, 12 de julio de 1998, p. 7.

 

BIBLIOGRAFÍA

Bolaño, Roberto (1993): La pista de hielo. Editorial Planeta Chilena, Santiago.

—— (1997): Llamadas telefónicas. Anagrama, Barcelona.

—— (2001): Putas asesinas. Anagrama, Barcelona.

Fernández Fraile, Maximino (2002): Literatura Chilena de Fines del Siglo XX. Edebé, Chile.

Fuguet, Alberto: “Saludos desde casa. Testimonios escritores chilenos”, en http://www.robertobolaño.com [Consulta: 12 de diciembre de 2006].

Maristain, Mónica: “Entrevista Confesiones de un detective salvaje”, en http://www.robertobolaño.com [Consulta: 20 de enero de 2007].

Moreno, Fernando (coord.) (2005): Una literatura infinita. Centre de Recherches Latino-américaines/Archivos Université de Poitiers.

Oliváres, Carlos (1997): Nueva Narrativa Chilena. Lom Ediciones, Santiago.

Orellana Riera, Carlos (1997): “¿Nueva narrativa o narrativa chilena actual?”, en Nueva Narrativa Chilena. Lom Ediciones, Santiago.

Perera San Martin, Nicasio (2005): Una literatura infinita. Fernando Moreno (coord.). Centre de Recherches Latino-américaines/Archivos Université de Poitiers.

Richard, Nelly (2001): Residuos y metáforas. Ensayos de crítica cultural sobre el Chile de la Transición. Cuarto Propio, Chile.

Suplemento “Segundo Cuerpo”, en Las últimas noticias. Santiago. 12 de julio de 1998. p. 7.

 

© Valeria Bril 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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