El mito de Narciso en la poesía española de los Siglos de Oro:
la reescritura del mito y la búsqueda de la voz femenina

Brandee Strickland

Universidad de Calgary
Calgary, Alberta, Canadá
bmstrick@ucalgary.ca


 

   
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Resumen: En este trabajo se examinan las referencias al mito de Narciso en tres poemas de los Siglos de Oro de España. Específicamente, se enfoca en la tendencia en esta poesía de “reescribir” el mito al comparar a la mujer, y no al hombre, con Narciso. Finalmente, se cita un poema del barroco, escrita en voz femenina, que rompe aquella tendencia, sugiriendo una posible diferenciación en la representación del mito en cuanto a la voz masculina y femenina.
Palabras clave: Narciso - Poesía de los Siglos de Oro- Fernán Pérez de Guzmán - Juan Boscán - María de Zayas y Sotomayor

 

Desde la edad media, los poetas españoles han hecho mención a la mitología griega en sus obras, aunque, según José María de Cossío, estas referencias han recibido poca atención crítica por no corresponder al “realismo castizo” tan identificado con las letras españolas (Cossío 1952: 1). Sin embargo, como Cossío ha demostrado en su estudio detallado, Fábulas Mitológicas en España (1952), algunos de los escritores más canónicos de la literatura española han empleado las figuras griegas en su poesía, con diferentes grados de fidelidad a los mitos originales. En el presente trabajo nos enfocaremos en la presencia de un mito específico en la poesía española desde la época medieval hasta el renacimiento: el mito de Narciso.

Cómo veremos a seguir, escritores españoles tan conocidos como Fernán Pérez de Guzmán y Juan Boscán han aludido al bello joven Narciso en su poesía, aunque generalmente en un contexto que modifica el mito original. Por un lado, se fijan en el triste final de Narciso como evidencia de su vanidad, ignorando que su muerte fue un castigo de los dioses, no por el crimen de amor propio, sino por el de rechazar a todos sus pretendientes. En segundo lugar, el problema de “narcisismo” se identifica en estos poemas como un mal que afecta al género femenino y no, como sería de esperar basándose en la historia de Narciso, al género masculino. Esta tendencia ha inspirado a un crítico a hablar de “las reescrituras sexuales del mito de Narciso” en la poesía española (Torras 2007: 5). No obstante, en un poema mayormente ignorado por los estudios críticos del mito, la escritora Doña María de Zayas y Sotomayor emplea la figura de Narciso de otra manera, sugiriendo una posible diferencia entre las voces masculinas y las voces femeninas con respecto al tratamiento de este mito.

En el presente trabajo, nos recorreremos primero a la obra literaria del famoso poeta romano Ovidio, la fuente más segura de conocimiento de la mitología griega para los autores españoles de la edad media y del renacimiento, con el fin de conocer el mito “original” [1]. A continuación nos enfocaremos en dos poemas escritos durante los Siglos de Oro de España que incluyen referencias a Narciso, analizando cómo interpretan al crimen de Narciso. También se examinará la ya mencionada reescritura sexual del mito. Finalmente, procederemos con el análisis de un poema que ha recibido menos atención crítica, de una escritora española del barroco. En este caso, su referencia a Narciso subvierte las tendencias de sus precursores, devolviéndole a Narciso su sexo masculino e interpretando de una manera más parecida al contexto original su crimen.

En su estudio de la mitología griega en España, Cossío nos asegura que el conocimiento de estos mitos se remite a un poema épico del autor romano Ovidio. Ovidio era un poeta en la época de César Agosto que vivió la mayor parte de su vida en Roma (Boyd 2002: 3). Una de sus obras más ambiciosas es Las Metamorfosis, un poema largo dividido en 15 libros, que presenta ‘un dédalo de historias sobre las transformaciones de las creaturas y del cosmos’ (traducción mía, Boyd 2002: 14) [2]. En la época medieval ya existían varias traducciones de este libro hechas del latín al francés y al español, aunque generalmente tales traducciones iban acompañadas de interpretaciones y comentarios extratextuales. Como explica Cossío, “el sentido directamente poético de estas fábulas es desconocido para estos escritores, que han de buscar una moralidad en cada una…” (Cossío 1952: 1). Efectivamente, observaremos en el presente análisis el uso de las referencias a Narciso para agregar un mensaje moral no necesariamente inherente en la obra de Ovidio.

El mito que es el enfoque del presente estudio aparece en el Libro III de Las Metamorfosis y la historia es la siguiente: La madre de Narciso, una ninfa del río llamado Liriope, ella todavía encinta, pregunta a un sabio que si su hijo vivirá hasta cumplir una buena edad y él le responde que sí, pero sólo mientras no se conozca. Narciso nace y se convierte en un joven bello que inspira pasión en todos, aunque él nunca se enamora de nadie. Una de las ninfas, entre las muchas, que se enamora de él se llama Eco. Debido a un castigo de los dioses, Eco no puede hablar en su propia voz, siendo obligada a repetir solamente las últimas sílabas de las palabras que escucha. Ella trata de expresar su amor por Narciso, pero éste le rechaza y poco tiempo después, debido a su tristeza, pierde toda su fuerza corporal, sobreviviendo solamente como una voz que habita los bosques. Otro joven también rechazado por Narciso lo maldice, y la diosa Némesis escucha sus lamentos, prometiendo castigarlo a Narciso. Un día durante una caza, Narciso descubre una fuente de agua cristalina, con árboles y pasto alrededor. Al ver su reflejo en el agua, se enamora de él inmediatamente, sin saber que es su propia cara la que ve en ella reflejada. Se queda al lado de la fuente, tratando de tocar y abrazar la figura que ve allí, pero se frustra al darse cuenta que no es posible. Triste con la pena de un amor no realizable, Narciso muere al lado de la misma fuente. Sintiendo piedad por él, Eco repite sus últimas palabras de dolor y de despedida. Finalmente, el cuerpo de Narciso se transforma en flor (Golding 2005: 29-34).

Como se puede ver al leer este resumen del mito, la tragedia de Narciso no se trata necesariamente del “narcisismo” en el sentido moderno de la palabra. El “crimen” para el cual Narciso es castigado no es el de quererse demasiado, sino el de rechazar a los demás. Cuando se enamora de su reflejo, es bajo influencia divina. El psicólogo Arash Javanbakht, en un ensayo crítico del año 2006, argumenta que el mito ha sido mal interpretado desde hace siglos, ya que el error auténtico de Narciso no era el del amor propio, sino el de rechazar las oportunidades de amor que se le ofrecían. Su castigo, cuando se enamoró de su reflejo, fue obra de los dioses y no el resultado del “narcisismo” como se suele definir, ya que Narciso no sabía que lo que veía era su propio reflejo (Javanbakht 2006: 65).

No obstante, las referencias a Narciso en la poesía española de la época medieval y el renacimiento parecen basarse en la misma interpretación del mito que Javanbakht ha descrito como equivocada. Los poetas se fijan en el acto de enamorarse de su reflejo como raíz del problema de Narciso, en lugar de verlo como un castigo de los dioses. En su libro, The Mirror of Narcissus in the Courtly Love Lyric, Goldin explica esta misma tendencia en la lírica francesa de la época, postulando que los poetas medievales estaban obligados a interpretar el mito de esta manera, ya que insistían en “la supresión de todos los elementos sobrenaturales. Así, los poetas medievales debían demostrar cómo esta historia extraordinaria acomoda los hechos de la experiencia humana cotidiana” (traducción mía, Goldin 1967: 21) [3]. En la época medieval, al tener que explicar cómo Narciso pudo enamorarse de su propio reflejo sin elementos sobrenaturales por intermedio y queriendo, como ya hemos visto, agregar un elemento moral al mito, los escritores estaban obligados a concluir que Narciso murió como consecuencia de su extrema vanidad.

En esta línea, el primer poema de la tradición española que nos corresponde analizar apareció en varios cancioneros medievales y, según Lapesa, incluye la referencia más temprana a Narciso de la poesía castellana (Lapesa 1998: 13). No se sabe la fecha exacta en la que se escribió, pero en su Poesía de Cancionero, Álvaro Alonso lo atribuye a Fernán Pérez de Guzmán (Alonso 1986: 117). Pérez de Guzmán, un pensador y escritor español que vivió aproximadamente de 1377 a 1460 era un hombre muy leído con un gran interés en los tratados de historia y moralidad (Guzmán 1965: IX). Escribió poesía y obras en prosa y solía seguir una temática didáctica con poco sentido del humor (XIII). El poema que analizaremos, Loores, que fiso e ordenó a Leonor de los Paños, data de alrededor de 1410 y es de tema amorosa (Alonso 1986: 118-119). Se ha especulado que iba dirigida a la futura esposa del autor, “Leonor Álvarez, camarera de otra doña Leonor, la reina de Aragón” (Lapesa 1998: 13). Aunque el poema contiene un mensaje didáctico, su tono es más ligero que la mayoría de las obras de Pérez de Guzmán. Sin embargo, es probable que él sea su autor, ya que menciona a Ovidio por nombre en otro de sus poemas, así demostrando su familiaridad con una fuente importante del mito de Narciso.

El presente poema, producto de la vida de corte de la España medieval, consta de seis estrofas con 8 versos octosilábicos en cada estrofa. Es un decir, forma que permite al poeta exponerse de una manera menos apasionada y más intelectual. Explica Álvaro Alonso acerca de los decires lo siguiente: “…el decir está destinado a la lectura…permite un análisis más demorado de las emociones” (Alonso 1986: 26- 27). La voz poética utiliza un tono que alterna entre didáctico y elogioso. A diferencia de la mayoría de los poemas de la casuística del amor cortés, no describe un amor frustrado ni inalcanzable. El hablante se dirige a la amada sin mencionar ningún obstáculo entre ellos:

El gentil niño Narciso
en una fuente engañado,
de sí mesmo enamorado
muy esquiva muerte priso.
Señora de noble riso
e de muy gracioso brío:
a mirar fuente nin río
non se atreva vuestro viso.

Deseando vuestra vida,
aun vos dó otro consejo:
que non se mire en espejo
vuestra faz clara e garrida.
¿Quién sabe si la partida
vos será dende tan fuerte
porque fuese en vos la muerte
de Narciso repetida? (Alonso 1986: 118, versos 1- 16)

Podemos observar en este fragmento del poema que, al hacer sus referencias a Narciso, el autor incluye detalles que concuerdan con el mito como expresado en la obra de Ovidio. Se refiere al “gentil niño Narciso (1)/ en una fuente engañado (2)/de sí mesmo enamorado” (3) y también alude a su muerte al lado de la misma fuente. De esta manera, Pérez de Guzmán demuestra su conocimiento de las obras clásicas romanas. Sin embargo, no vemos ninguna referencia a la intervención divina en la tragedia de Narciso, sugiriendo que Pérez de Guzmán tiende a la misma “supresión de los elementos sobrenaturales” que Goldin ha observado en la lírica francesa de la época (Goldin 1967: 21). Narciso se enamora de sí mismo no por el castigo de una divinidad, sino por “emaginación (sic) loca” (Alonso 1986: 118, verso 18).

De acuerdo con esta interpretación de la historia de Narciso, llegamos a la función didáctica del poema. Cossío ha referido al “carácter moral” del tratamiento de estos mitos en la época medieval de España y el poema de Pérez de Guzmán no provee una excepción a esta regla (Cossío 1952: 11). Al aludir a Narciso en referencia a su amada, la voz poética logra a la vez elogiar su belleza y advertirla que no debe volverse egoísta. La amada tiene una “faz clara e garrida” (Alonso 1986: 118, verso 12), pero debe cuidarse que “tal codicia non vos ciegue” (38) y lo mejor es que “vuestra vista siempre niegue (39)/ las fuentes y sus dulçores” (40). Si ella se mira en el espejo, puede que en ella sea “…la muerte (15)/ de Narciso repetida” (16). Aunque el hablante del poema admira la belleza de su amada, no quiere que ella llegue a fijarse demasiado en su apariencia.

Más de cien años más tarde, ya en el pleno renacimiento en España, otro poeta alude a la figura de Narciso en una expresión de amor parecida, aunque con un tono más amargado que el que hemos visto en el “decir” de Pérez de Guzmán. Juan Boscán, poeta de la corte y amigo de Garcilaso de la Vega, escribe un poema de sólo 10 versos, titulado Del mismo a un espejo, en el que implica que su amada es una mujer indiferente y egoísta que se interesa más en el espejo que en él (Boscán 1991: 186) [4]. El poema es breve pero comunica efectivamente su temática, concordando así con la descripción de la copla esparza, un género poético de la época que, según Clavería, “se caracteriza por su unidad temática y por tratar de manera condensada e ingeniosa una idea…” (citado en Manrique 2003: 173). Lo voz poética expresa el siguiente lamento:

Porque quien me da pasión
no me consiente tenella,
dirás a la causa d[‘] ella
que vea en ti la razón
que tengo de padecella,
sino que temo que en ti
vea el bien y [el] paraíso,
que la muerte me da a mí
y muere como Narciso
de amores propios de sí. (Boscán 1991: 186, versos 1-10)

Podemos observar que la voz hablante de este poema, a diferencia de la voz poética anterior, es amargada porque su amada no le “consiente tenella” (2). Quizás por esta razón toma otra táctica y dirige su poema no a ella, sino al espejo, rogando que lo ayude. El hecho de que el espejo pueda influir en los sentimientos de la amada demuestra de manera indirecta el egoísmo o vanidad de ella; el hablante sugiere que su amada pasa mucho tiempo delante del espejo. Sin embargo, acordándose del caso de Narciso, la voz poética al final repente en sus súplicas. Se le ocurre que en el espejo su amada puede “ver el bien y el paraýso” (7) y morir “como Narciso (9)/ de amores propios de sí” (10). La amada es tan egoísta que el hablante no se atreve a dirigir sus palabras a ella, pero sus intentos de pedirle ayuda al espejo tampoco tendrán fruto.

La existencia de estos dos poemas entre otros demuestra que el mito de Narciso ejerció su influencia en la lírica española de la época medieval y el renacimiento. En el poema de Pérez de Guzmán observamos que el autor conocía en detalle el mito como se describe en Las Metamorfosis de Ovidio, aludiendo a la fuente donde el joven había visto su reflejo. Aunque no reconoce el factor divino en el caso de Narciso, efectivamente alude a que Narciso haya sido “engañado” (Alonso 1986: 118, verso 2). Por eso ha podido enamorarse de su reflejo. El poema de Boscán es menos exacto en su referencia al mito, ya que la voz poética se dirige a un espejo, no a una fuente, y simplemente explica que Narciso se ha muerte de “amores propios de sí” (Boscán 1991: 186, verso 10).

No obstante estas diferencias en la representación del mito, los dos poemas de igual forma hacen una comparación entre el Narciso de los mitos y la mujer de su época. En un artículo en el que examina las representaciones comunes de la mujer ante el espejo, Meri Torras plantea la pregunta: “Si Narciso era hombre, ¿por qué el narcisismo se considera un vicio femenino?” (Torras 2007: 6). Como modo de responder su pregunta, la autora postula que al adaptar el mito al contexto del amor cortés en España, fue necesario la “reescritura” del mito en términos de género. De esta forma el poeta cortés, al expresar su dolor ante un amor imposible, se identifica con Eco y la mujer perfecta e indiferente que lo controla hace “gala de una hermosura y frialdad que la asemeja a Narciso” (8). A nivel más profundo, Torras ve en la poesía de amor cortés y en la comparación de la mujer a Narciso una tendencia de asignar a la mujer un “papel espectorial”, ya que ella viene a ser un mero reflejo que el poeta emplea para elogiar su propia capacidad de amar (8). En su análisis de las representaciones femeninas de Narciso y de las mujeres en general, la autora sugiere que en el arte de hoy existe la misma tendencia y propone que al representarse en la literatura moderna, las mujeres deberían empezar a modificar estas tendencias.

De acuerdo con este planteamiento, parecería que los escritores masculinos de la edad media y el renacimiento de España, al adaptar el mito a sus propósitos de “amor cortés”, se vieran obligados a subvertir el género de Narciso, comparando a la mujer fría y hermosa con Narciso. Aunque esta explicación de la reescritura del mito parece satisfactoria, nos obliga a considerar una pregunta relacionada a ella: ¿Qué ocurre cuando la voz poética es femenina? Cuando una voz femenina se expresa en la literatura, puede imitar las convenciones masculinas, que en este caso supondría adoptar la costumbre de comparar a la mujer con Narciso, o las puede subvertir, de cierta forma devolviendo el mito a sus orígenes. Será necesario, entonces, observar la manera en que las escritoras representaban a Narciso en la literatura española en la época de Pérez de Guzmán o Boscán.

No obstante ello, identificar una voz femenina durante los Siglos de Oro que se haya enfocado en el mito de Narciso no es una tarea tan fácil de llevar a cabo. El estudio de Cossío, un trabajo exhaustivo que pretende examinar las referencias mitológicas en la literatura española hasta inclusive el siglo XX, examina la representación de Narciso en dieciséis poemas, pero ninguno de ellos es obra de una escritora. En un artículo que se enfoca específicamente en el mito de Narciso en la edad media y el renacimiento, Lapesa tampoco incluye poemas con voces femeninas o escritos por mujeres. El artículo de Meri Torras, que se enfoca en el tema de la mujer ante el espejo especialmente en relación al mito de Narciso, desafía a las escritoras de hoy a “cruzar la superficie del cristal del espejo- the looking glass - para redescubrir” la expresión femenina, pero ella no se refiere a ninguna obra femenina ya existente sobre el tema de Narciso (Torras 2007: 10).

Por suerte, en años recientes ha habido un interés cada vez mayor en rescatar las obras literarias producidas por mujeres, que en su momento eran casi ignorados. Una antología de poesía femenina, Tras el espejo la musa escribe: lírica femenina de los Siglos De Oro ( Olivares 1993), título apropiado en relación a nuestro estudio, incluye entre otras autoras a María de Zayas y Sotomayor, quien ha escrito un poema dedicado al tema de Narciso. Es curioso que este poema no haya sido incluido en los estudios anteriormente mencionados, especialmente en el de Lapesa, que trata exclusivamente el mito de Narciso. Es posible que no se incluya porque María de Zayas y Sotomayor, una escritora activa en la vida literaria de España a principios y mediados del siglo XVII, es más conocida como novelista que como poeta (García 1987: 25). De hecho, el poema que examinaremos, el Villancico XXII, apareció por primera vez en un cuento titulado “El castigo de la miseria” en su libro Novelas amorosas (Olivares 1993: 255-258).

Cualquiera que sea la razón por su falta de inclusión en los estudios del mito, no parece justificada, ya que el poema incluye una clara referencia a Narciso en un estribillo que se repite a lo largo del poema, y hasta menciona por nombre a Eco. Empieza con un estribillo inicial de 4 versos, seguido de 10 estrofas, con una variación en los dos últimos versos del estribillo, siendo repetida al final de cada estrofa. En este poema, la voz poética es femenina, y se dirige a las aguas de una fuente, pidiendo que recuerden a Narciso de su sufrimiento:

Claras fuentecillas,
pues murmuráis,
murmurad a Narciso
que no sabe amar.
Murmurad que vive
libre y descuidado
y que mi cuidado
en el agua escribe;
Que pena recibe
si sabe mi pena,
que es dulce cadena
de mi libertad.
Murmurad a Narciso
que no sabe amar. (Olivares 1993: 255, versos 1-14)

Queda manifiesto al ver el fragmento del poema que aquí la referencia a Narciso es central, pero con algunas diferencias con respecto a los poemas de voz masculina que hemos analizado. En este poema es el personaje masculino a quien se compara con Narciso, aunque no por vanidad, sino por no ser capaz de valorar el amor que la hablante lo ha querido entregar, o simplemente por no “saber amar.” La voz poética, ahora voz femenina, se compara a Eco, una de las ninfas que Narciso rechazó, diciendo, “…he sido (51)/ Eco desdichada, (52)/ aunque despreciada (53)/siempre lo he seguido…” (54). Además, al pedir las aguas de la fuente que hablen por ella, demuestra estar en una situación frustrante similar a la de Eco; no logra una comunicación directa con su amada, aunque por razones distintas. De cierta manera la escritora de este poema se ha mantenido más fiel al mito original de Narciso, ya que describe la falta de Narciso como la de no “saber amar” (14). Como hemos visto en el resumen del poema de Ovidio, éste fue el “crimen” de Narciso, que provocó el castigo de los dioses y que finalmente lo llevó a la muerte.

Al concluir este breve estudio del motivo de Narciso en la poesía española de los Siglos de Oro, cabe señalar que hemos observado un patrón en la representación masculina del mito que es contrariado por al menos una voz femenina de aquel tiempo. Los dos poemas de voz masculina llaman la atención por hacer una comparación entre la mujer y la figura de Narciso, resaltando el narcisismo como vicio femenino. Pérez de Guzmán usa su poema para alabar la belleza de su amada y, a la vez, aconsejarla a evitar seducirse por la vanidad. Por otro lado, el hablante del poema de Boscán comunica una expresión más típica del amor cortés, describiendo las crueldades de una mujer indiferente e inalcanzable, una que desea fijarse más en el espejo que en él. Estos dos poemas constituyen un ejemplo de la reescritura sexual del mito de Narciso que Torras ha identificado en la lírica española.

Sin embargo, en este trabajo hemos logrado identificar a por lo menos una escritora del barroco que representó de otra manera al mito de Narciso. En el poema de Zayas y Sotomayor, hasta el momento ignorado por los estudios críticos del mito de Narciso, la voz femenina se compara a Eco y lamenta los maltratos de su amado, Narciso. De esta manera Narciso vuelve a ser un personaje masculino. Aunque un poema no es representativo de una tendencia general, sí nos puede indicar que hay una potencial diferenciación entre la voz masculina y la voz femenina a la hora de representar a Narciso. Posiblemente, las voces femeninas poéticas tendrán una tendencia más fuerte de rechazar la representación del narcisismo como un vicio femenino. Es de esperar que se descubran más poemas con el motivo de Narciso escritos por mujeres y que ellos estén incluidos en los futuros estudios como los de Lapesa y Cossío. De esta forma, se puede realizar trabajos más detallados que incluyan las diferentes representaciones del mito; desde la perspectiva masculina y femenina.

 

Notas

[1] Ovidio no es el creador del mito, pero como su versión es la que más influencia ha tenido sobre las letras españoles, para los propósitos de este ensayo solamente lo consideraremos el mito “original”.

[2] La cita original en ingles es la siguiente: “an intricate chain of tales about creaturely and cosmic transformations” (Boyd 2002: 14).

[3] La cita original en ingles es la siguiente: “…supressing all of the supernatural elements. Thus the medieval poets were constrained to show how this extraordinary story accommodates the facts of ordinary human experience” (Goldin 1967: 21).

[4] Los datos sobre la vida del autor se encuentran en la introducción de Carlos Clavería a las Obras de Boscán.

 

Obras citadas

Alonso, Álvaro (1986): Poesía de Cancionero. Ediciones Cátedra, Madrid.

Boscán, Juan (1991): Obras. PPU, Barcelona.

Boyd, Barbara Weiden (2002): Brill's Companion to Ovid
http://site.ebrary.com.ezproxy.lib.ucalgary.ca/lib/ucalgary/Top?%3Fnosr=1&id=10089118&layout=document . Brill Academic Publishers, Leiden.

Cossío, José María de (1952): Fábulas mitológicas de España. Espasa-Calpe, Madrid.

de García, Susan Paun (1987) Love and Deceit in the Works of María de Zayas y Sotomayor. University Microfilms International, Ann Arbor, Michigan.

Goldin, Frederick (1967): The Mirror of Narcissus in the Courtly Love Lyric. Cornell University Press, Ithaca.

Golding, Arthur (2005): Ovid’s Metamorphoses. Ed. Peter Scupham. Carcanet Press Limited, Manchester.

Guzmán, Fernán Pérez de (1965): Generaciones y Semblanzas. Ed. R.B. Tate. Tamesis Books, London.

Javanbakht, Arash: “Was the myth of narcissus misinterpreted by freud? Narcissus, a model for schizoid-histrionic, not narcissistic, personality disorder”, American Journal of Psychoanalysis, 2006, 66, 63-71.

Lapesa, Rafael: “Sobre el mito de Narciso en la lírica medieval y renacentista”, Epos: revista de filología, 1998, 4, 9-22.

Manrique, Jorge (2003) Poesía. Ed. María Morrás. Castalia, Madrid.

Olivares, Julián y Elizabeth S. Boyce (1993): Tras el espejo la musa escribe: lírica femenina de los Siglos de Oro. Siglo veintiuno de España editores, Madrid.

Torras, Merri: “Bellas, sabias, narcisistas, prudentes y vanidosas: feminidades especuladas. Una aproximación al motivo de la mujer ante el espejo”, Extravío. Revista electrónica de literatura comparada, 2007, 2, 5-19, http://www.uv.es/extravio 9 abril 2008.

 

© Brandee Strickland 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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