Hechos consumados y El toro por las astas, de Juan Radrigán:
Un conflicto entre tipos de creencias

Dr. Jorge Rueda C.

Facultad de Humanidades
Universidad de Santiago de Chile
jorge.rueda@usach.cl


 

   
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Resumen: Con base en la propuesta de T. van Dijk sobre la noción de “creencia” y sus tipos, se examina Hechos consumados y El toro por las astas como textos dramáticos en los cuales las prácticas discursivas de los personajes pueden caracterizarse en función de dos registros. Por una parte, el registro de la indefensión aglutina creencias no compartidas por los otros personajes, lo cual provoca el distanciamiento de cualquier aspecto de interacción social. En oposición, el registro de la rebelión se manifiesta en asimetría con el anterior e interpela a propiedades genéricas y colectivas. Por esto, aspira a convertirse en un discurso de creencias compartidas. El conflicto de las composiciones estudiadas se manifiesta cuando compromete los posicionamientos pragmáticos de los personajes, los cuales se proyectan desde los tipos de registros analizados.
Palabras clave: Creencias personales, creencias colectivas, discurso, conflicto.

 

1. Presentación.

Es posible que de los textos escritos por el chileno Juan Radrigán, durante los años de la dictadura militar, sean Hechos consumados (1981) y El toro por las astas (1982) las obras que, tanto por su contenido como por los efectos de comunicación logrados, hayan trascendido con mayor relieve. Representante de la dramaturgia que rescató a los sectores carentes de los beneficios que disponen los grupos de poder, ambas creaciones legitimaron al subproletariado y marginales en cuanto estructura social de fundamento. Hoy, a poco más de veinticinco años de las escenificaciones que de ellas realizó el “Teatro Popular El Telón”, conviene volver sobre los textos con el propósito de examinar relaciones entre ambos y ofrecer otras lecturas que se sumen a aquéllas establecidas por la crítica [1].

Como se recordará, Hechos consumados muestra a dos indigentes, Emilio y Marta, cuyo conflicto - el desamparo material y espiritual - se acrecienta cuando un tercer personaje, Miguel, cuidador del sitio, los conmina a abandonar el lugar donde se han arrimado: un terreno baldío. Ante la negativa de Emilio, Miguel lo asesina brutalmente. En El toro por las astas, Made, Jaque, Lucía, Víctor y Antonio, moradores de un prostíbulo, experimentan la significación del pecado y el desamor. Desvalidos y frustrados esperan a El Milagrero, un predestinado que les “traerá” la redención [2].

El predominio que tiene el elemento comunicativo en ambos textos, donde los mundos dramáticos emergen del decir de los personajes (éstos hacen mínimas acciones), obliga a concentrarse en el estudio de una categoría capaz de dar cuenta del proceso pensar-hablar-interactuar de las figuras dramáticas. Resulta conveniente hacerlo a través del concepto de creencias. Teun van Dijk (1999: 38), las define como “unidades de información y de (su) procesamiento [...] Se consideran como productos del pensamiento, como de las condiciones y consecuencias (mentales) del discurso y la interacción social” [3]. Así, se puede afirmar que tanto en Hechos consumados como en El toro por las astas, el acento marcatorio de sus estructuras discursivas está dado por la comunicación de creencias concentradas en una semántica que tiene como base la conciencia del fracaso y el abandono, hecho que predetermina la condición desgarradora y victimizada de los locutores. La amenaza violenta, la negación de la justicia y el desamor serían sus condicionantes situacionales. Llama la atención, sin embargo, la articulación de ciertos actos comunicativos - y, en consecuencia, del flujo de creencias - de Emilio, Antonio y básicamente de El Milagrero, que representan a un grupo de personajes cuyos discursos profieren una estrategia de resistencia a la idea de víctimas del sistema y a los contextos generados por las obras: violento y criminal en Hechos consumados; grotesco y pecaminoso en El toro por las astas.

Rebeldes y en evidente asimetría con la situacionalidad de enunciación dentro de la cual se ubican como hablantes, Emilio impugna, en Hechos consumados, la idea de la batalla perdida [4]:

Sean quienes sean, agarraron un camino... Y algún día, andando y andando, tienen que llegar a alguna parte. A lo mejor así tiene que ser uno, a lo mejor no hay más meta que la que uno puea poner. ( p.177)

No, si cada vez me pego más la cachá ... Claro po’; morir no cuesta na’, tamos hechos pa’ eso, lo que cuesta es nacer; porque uno no nace cuando lo paren, nace cuando es capaz de vivir... Y el que quiere vivir, tiene que romper un mundo. ¡El que quiere vivir tiene que romper un mundo! ( p. 186).

Por otro lado, Antonio y el Milagrero reclaman, en El toro por las astas, la liberación sólo a partir de la potencialidad humana:

Pa’ demostrar la fe, hay que tener más paciencia que caballo e feria y más aguante que bombo e circo... La gente tiene que llegar hasta el fondo pa convencerse de la realidá. (Antonio, p. 200).

¡Yo no pueo decirle a nadie lo que tiene que hacer; too lo que se hace pa’ vivir es güeno, ¡pero lo que se hace pa’ vivir! ... Escondíos aquí como ratas asustás, no tienen salvación; podrían tar llorando y esperando cien años, docientos, pero no sacarían na’; porque la vía’stá aentro de ustedes ... No hay nadie en el cielo ni en la tierra que puea ayudarlos; porque la vía está aentro de ustedes. (El Milagrero, p. 217).

Justamente, por la asimetría que estos discursos conforman respecto de la situación de entorno, de la práctica verbal de los otros personajes y en cuanto mecanismo discursivo de contra-reacción, es que se les calificará como creencias del registro de la rebeldía. Al mismo tiempo, se les figura como la fuerza provocadora del conflicto dramático en los dos textos por examinar.

 

2. Problematización y propósito.

En oposición al registro que se calificará como de la indefensión, característico del discurso de la mayoría de los personajes, se imponen las siguientes interrogaciones: ¿Cómo se explica la asimetría composicional del registro de la rebeldía? ¿Qué función cumple al interior de los contextos dramáticos en estudio? Estas preguntas - ejes estructuradores del presente artículo - se responderán a partir del examen de las prácticas discursivas que caracterizan a Emilio, Antonio y El Milagrero. Se dilucidará, en primer lugar, las propiedades que en cuanto tipo de comunicación - postulado como creencias - sustentan. Posteriormente, se demostrará que el registro asimétrico de la rebeldía intensifica los conflictos de los mundos dramáticos al funcionar como enunciados que aspiran, sin conseguirlo, a convertirse en creencias grupales y así resistir a la condición victimizada de las figuras.

Creencias.

La razón por la cual se hablará de creencias, obedece a que éstas equivalen a una categoría pertinente para dar cuenta de los propósitos que motivan la presente exposición. Según van Dijk, las creencias son unidades o representaciones derivadas de (e involucradas en) el procesamiento de información que tiene lugar en la memoria. Necesitan, por tanto, algún tipo de contenido; deben ser acerca de algo. Son productos del pensamiento cuya vía más natural de expresión es el discurso, el cual las hace corresponder con dimensiones reales o irreales del mundo. De aquí que, a su vez, las creencias incluyan tanto el pensar que como el pensar en. Sin embargo, tales supuestos no implican que sean sólo personales, que siempre emerjan como productos de la mente individual, ni que el análisis de las mismas deba detenerse allí. Muchas de ellas pueden ser adquiridas, construidas y modificadas por medio de prácticas sociales y la interacción en general (cf. van Dijk, 1999:38-39 y 44-45).

Complementando, las creencias se comparten socialmente y se relacionan con estructuras grupales. En consecuencia, se infiere que, además de sus dimensiones semántico-mentales (para un individuo o un grupo social), las creencias tienen dimensiones pragmáticas. Son consideradas creencias, de acuerdo con van Dijk, los siguientes productos del pensamiento:

a) El conocimiento: creencias que “nosotros” (como grupo, comunidad, cultura, caso particular o institución) consideramos creencias verdaderas, de acuerdo con ciertos fundamentos o criterios (de verdad). Estos criterios establecen que las creencias (para nosotros) son válidas, correctas, certificadas, sostenidas de una manera general, o que reúnen los estándares de verdad socialmente compartidos” (van Dijk, 1999: 35). El(los) conocimiento(s), corresponde(n) al orden epistémico de las “creencias fácticas”, es decir, el sistema implícito que caracteriza el criterio básico de verdad para las creencias sobre el mundo. Para efectos del análisis de los textos seleccionados, este orden se asimilará al nivel semántico del discurso de los personajes.

b) Las opiniones y los juicios: creencias que no se limitan sólo a lo que existe, o a lo que es verdadero o falso. “Corresponden a evaluaciones, o sea, a lo que nosotros pensamos (encontramos) que es verdadero o falso, agradable o desagradable, permitido o prohibido, aceptable o inaceptable, etc., es decir, a los productos de los juicios basados en valores o normas” (van Dijk, 1999: 36). Las opiniones y los juicios corresponden al orden moral (doxa) de las creencias evaluativas, es decir, las normas y valores que organizan las relaciones (juicios), posiciones y actitudes que la gente tiene sobre el mundo y lo que debería hacerse al respecto. Se asimilará, en consecuencia, al nivel pragmático del discurso de los personajes.

Por fin, conviene rescatar para esta sistematización teórica que las creencias pueden formar grupos con otras creencias, y así formar conglomerados más complejos. En otras palabras, pueden construirse, almacenarse, reactivarse y organizarse en unidades mayores (cf. van Dijk, 1999: 38).

Surge aquí la necesidad de aclarar que tanto las creencias fácticas (conocimiento, episteme) como las creencias evaluativas (moral, doxa, actitud), deben ser compartidas para transformarse en posiciones generales de interacción social. El carácter abstracto de ellas es el signo que las da por sentado al interior de una colectividad. En contraposición, no constituyen sistemas de creencias grupales el conocimiento, las actitudes y las opiniones no compartidas.

 

3. Hechos consumados y El toro por las astas: Un conflicto entre tipos de creencias.

Se debe ahora, como consecuencia del marco conceptual anterior, distinguir la expresión de los tipos de creencias en el discurso de los personajes. Un aspecto que resulta clave para dar cuenta de esta tarea es que el registro de la indefensión, con el cual se identifican las actividades discursivas de la mayoría de las figuras, está habitualmente referido a la transmisión de creencias vinculadas a experiencias personales y en relación directa con los contextos específicos. Dependen, en otras palabras, de las propiedades variables de la situacionalidad de enunciación, tales como los participantes, sus roles y ubicación espacio-temporal.

Si se consideran no sólo las acotaciones contenidas en la didascalia inicial de Hechos consumados (la ruindad del “sitio baldío en los extramuros de la ciudad”, p. 165), las circunstancias que rodean la enunciación de los personajes predeterminan la confusión. Marta, básicamente, experimenta el temor frente a las condiciones del contexto, instituyéndose como la voz acentuada por la precariedad:

MARTA - (mirando en rededor) ¿Qué parte es ésta? ... ¡Oye, mira, mira la cachá de gente que va por ahí! ... ¿Quiénes son? ¿Pa’ onde van? ...No me gusta, me da mieo. (p.166)

MARTA - Parece que juera domingo. No no parece ná que juera domingo: parece qu’ estuviera amaneciendo ... (p. 168)

MARTA - (Gritando) ¡Eh! ... ¿De dónde vienen? ... ¿Pa ónde van? ¡Contesten! ¿Quiénes son? (p.173)

MARTA - (Medrosa) Y no son ná (sirenas) de bomberos, esas suenan di’otra manera. ¡Tenimos que correrlos! (p.177)

En El toro por las astas, las propiedades del contexto, caracterizadas en la didascalia inicial, proveen a la composición de una atmósfera sórdida: “Un prostíbulo de mala muerte” (p.191). A esto se suma una atmósfera de pavor que se verbaliza en los personajes. Principalmente las prostitutas Jaque y Made se sienten interferidas por lo inhóspito del espacio de percepción, el cual aparece a lo largo de la obra aludido como, simplemente, la guerra. Éste subyace e influye en las formas de interacción de los personajes:

JAQUE - (Aún tensa, asustada) ¿No ha terminao?... ¡Toavía no ha terminao la guerra?” (p.193).

O cuando, en otro momento, ella expresa:

Vi un par de ojos que me dejaron helá, igual que cuando a una le pedían el carné en la calle... (p.196)

Por su parte,

MADE - (Exasperada) ... Ha durao tanto la guerra! (p.201).

El temor frente a la guerra recorre, amenazante, el discurso de los moradores del prostíbulo, intensificando la desconfianza, las incertezas, los miedos:

Eso es lo que dicen los muertos de los dos laos: “Yo no tenía na’ que ver en esta guerra”, y tienen razón ... Lo malo es que la guerra no sabe eso ... ¿Pero, y si es cierto que la guerra no ha terminao? ¿Si es cierto que la cosa’stá igual ...? (JAQUE y MADE, pp. 196-197).

ANTONIO - No se puee andar preguntando mucho, usté sabe la revoltura que hay; los tiempos de guerra son fregaos. (p.203)

Un aspecto involucrado en la caracterización del registro de la indefensión, es la relación que establece con el mundo externo. Se le utiliza para representar algún hecho puntual de la vida de los personajes. Tal representación-relación compromete al locutor pasivamente; éste transmitirá creencias sólo acerca de acciones que describen propiedades de hechos vividos:

MARTA - ... Una vez quedé embarazada, pero lo perdí. (Se encoge de hombros) También qu’el Mario no quería. (Queda pensando) Pero debe ser encachao tener una hijo ... Yo he visto que ninguna vez se les pone la cara más bonita a las mujeres que cuando aprietan así (mima) a un hijo en los brazos. (Hechos..., p.171)

JAQUE -... Yo nunca jui a la iglesia. Nunca jui a ninguna parte... Por eso es que a una no la van a ver nunca al cementerio cuando se muere: porque no ha hecho na. (El toro...,p.193)

Así, el registro de la indefensión se centra en la experiencia histórica de los locutores, la cual escasamente tiene con ver con una posición o intereses grupales. Una variable de esta condición son los discursos referidos a experiencias pasadas que motivan una reflexión sólo de alcance personal.

Por ejemplo, de cara a la supervivencia:

MARTA - Mi’ acuerdo que cuando andábamos arreglando jardines con el Mario, cobráamos tres gambas, con puchero incluío. Pero cuando la situación s’empezó a poner mala, los quitaron el puchero; después los empezaron a pagar dos gambas, y después una ... Ese era el trato y nosotros teníamos que aceptarlo, ¡pero puta que dolía! (Hechos..., p.181).

O respecto de la degradación del amor:

MADE - Tuve dos encontrones. Uno era fuerte y el otro débil ... Al qu’era fuerte, el José, cuando llegaba curao y sin plata, se le antojaba que me pusiera a cantar con él ... ‘Canta - me decía - no quiero que los vecinos piensen que t’ estoy dando mala vía’. Y entonces me sacaba a la rastra de la cama y me hacía cantar ¿Habís cantao llorando voh?, es como’starse ahogando. No al José no podía darle mi hijo, me lo habría convertido en bestia; al que puee tener esclavos no l’interesa el amor. (El toro..., p.194).

JAQUE - Nacer debe ser igual que cuando una s’enamora: no importa el mal que ti’hagan, con tal de que alguna vez ti’hagan cariño. (El toro..., p.195)

O del pasado doloroso que condiciona e interfiere el presente:

JAQUE - Por un gesto que hizo un cliente. Cuando s’estaba sacando la camisa, vio que le faltaba un botón, y entonces medio como se rió así, y movió la cabeza ... Lo mismo que hacía el Ariel (Pausa breve). Pero si no es eso, es otra cosa, nunca falta: puee ser una mirá, un gesto, una palabra ... Siempre hay algo que parece que abre una puerta aquí aentro (se toca el pecho). (El toro..., p.195)

VÍCTOR - Tengo hambre, un hambre que ha sío la causa de toas mis desgracias... Una vez hicieron un asao, yo era poco más que un niño ... Pero de repente dijeron que había hecho algo malo, y m’ encerraron ... (El toro..., p.213)

Otra variable del registro de la indefensión corresponde a la enunciación de proyectos o preferencias personales:

MARTA - ... Yo no quiero aprender a tener mieo, no quiero aprender a llorar ... Es bonito vivir, la tierra no tiene la culpa de na’; es como una casa sin murallas... (Hechos..., p.178)

MADE - Cuando yo entre a la fábrica de cosméticos van a cambiar las cosas, porque voy a ser otra persona, no voy a’star na’ entre puros rastrojos de hombres. (El toro..., p.195)

JAQUE - (Mirando hacia fuera) Puea ser que la cuestión no sea como ir a meterse a un basural ... A ratos me da mieo; junté too lo que me quedaba pa poder armar esta esperanza: si la pierdo nunca más voy a poder creer en na’. (El toro..., p.198)

MADE - No te pongai tan complicá po, si too se va arreglar pa siempre. Mira, cuando yo trabaje en la fábrica de cosméticos, te voy a regalar una crema que borra las herías pa’ siempre. (El toro..., p.207)

Como se observa, la semántica comunicada a través de las creencias del registro de la indefensión, versa sobre hechos, eventos, situaciones de los que han participado los personajes o acerca de los cuales tienen información a través del discurso de otros. Son creencias que sólo los comprometen a ellos. Sus descripciones y referentes constituyen una suerte de autobiografía episódica que traduce vivencias no compartidas por el grupo. Distanciadas de la interacción social, el registro de la indefensión genera una actitud o posicionamiento (dimensión pragmática) pasivo de los hablantes respecto de la situacionalidad dentro de la cual se ubican.

Por ser unidades que comunican realidades acontecidas con anterioridad, de caracteres estrictamente referencial-episódico, afectivo y personal, las creencias que constituyen el registro de la indefensión no configuran episteme ni doxa colectivos y pueden ser formalizadas mediante el siguiente diagrama:

Por el contrario, el registro de la rebelión se manifiesta en evidente asimetría con el análisis arriba mostrado. La mayor parte de estos enunciados tienen una naturaleza semántica general o abstracta. Es decir, no refieren hechos concretos, sino que - como primera variable - aluden a propiedades o rasgos genéricos de la vida, desligadas del contexto puntual que enmarca los discursos:

EMILIO - Pero si’stá re clara la cuestión: en alguna parte se abrió una puerta y entró de golpe too lo malo que hay. Del hambre, de la soledá y de las patás, ya no te salva ni Cristo; pero la dignidá te puee salvar de convertirte en animal (Hechos..., p.174).

EMILIO - Cuando a uno le dicen: ‘No se haga el leso, po iñor’, lo’stán acusando de algo... (Hechos..., p.177).

EMILIO - ... La ley es un animal muy raro amigo, no come carne fina, le gusta la carne flaca y traspirá (Hechos..., p.179).

ANTONIO - ... La vida de la gente está hecha de miles de estaciones donde se sientan a esperar... (El toro..., p.199)

También corresponden a este registro, en cuanto segunda variable, la manifestación de experiencias históricas colectivas:

EMILIO - Perseguíos sin enemigos, locos, maríos conformándose con la muerte de la esposa, gente (señala) perdía entre el cielo y la tierra, hambre, soledá, mieo. ¿Sabe lo que le diría a Dios si lo encontrara por ahí? Le diría esta pura cuestioncita: ‘Eh, compadre; no le haga a otro lo que no le gustaría que le hicieran a usté po’. (Hechos..., p.184)

EMILIO - ¿Crestón el mundo, no? ¿Cuándo comenzaría todo esto y por qué? Claro, porque al principio partimos iguales, o sea que no había un bacán y un torreja: éramos iguales y partimos pa onde mismo (...) Los hicieron y los dijeron: ‘Aquí están, vayan p’allá, pero no los dijeron por qué los habían hecho ni a qué teníamos que ir a ese lao que no conocíamos... (Hechos..., p.186)

ANTONIO - Cuando la gente empieza a llamar milagro a comer dos días seguíos, puee llamar milagros a cualquier cosa... (El toro..., p.198)

O la expresión de valores, normas y actitudes que apuntan a entregar respuestas con sentido realista de lo que es posible hacer y de aquello que no lo es, al tiempo que realzan la libertad de acción:

EMILIO - ... a uno pueen patiarle y echarle abajo muchas puertas, y uno puee seguir aletiando, pero si t’echan abajo la puerta de la dignidá, ahí ya no podís porque entonces ya no soy na, ni siquiera desperdicio... (Hechos..., p.174)

EMILIO - ... Yo no desafío a nadie (...) depende de mí el no permitir que nadie me atropelle: si no han podío obligarme a hacer algo que no me gusta, no habrán podío obligarme a na, y al final, eso es lo único que vale... (Hechos..., p.175).

EMILIO - ... son muchas veces ya las que me han obligao a dar dos pasos, muchas veces que he tenío que decir ‘Sí’, cuando quiero decir ‘No’; son muchas veces ya las que he tenío que elegir no ser ná ... No, compadre: d’aquí no me muevo. (Hechos..., p189).

O cuando las actitudes a que llama el registro en cuestión se subsumen en creencias evaluativas enmarcadas en una moral socializante:

EMILIO - ... El único pan que cura toas las hambres es la justicia ... “ (Hechos..., p.170)

EMILIO - ... Lo que tiene una puerta de entrá tiene que tener una puerta de salía. (Hechos..., p.177)

ANTONIO - El que cava la fosa cae dentro de ella, y el que rueda una piedra se le viene encima. (El toro..., p.197)

ANTONIO - Atrás, adelante, más adelante, más atrás, too es la misma cosa oh: la gente vive crucificá por lo que no ha tenío nunca. (El toro..., p.199)

El Milagrero, más apasionado en la expresión, en los valores, normas y actitudes a las cuales interpela, enfatiza criterios éticos. Reniega de conductas débiles y aun irresponsables, de un tipo de posicionamiento irresoluto o carente de energía. Por el contrario, interpela a los personajes para asumir determinaciones globales:

MILAGRERO - ...(Gritando) ¡Escucha mi voz; el que sea pacífico, el que sea manso de corazón, el que tenga hambre y sé de justicia, que escuche mi voz!, porque el amor es la verdá, y la verdá es como la sangre y como los ríos, nadie puede borrar sus pasos, nadie puede hacerla volver atrás! Escucha mi voz, hombre que acorralan, hombre que habís caío y te dan patás, mujer que morís y desmorís a caa rato... (El toro..., pp.211-12)

MILAGRERO - ¡Lo que vengo a decirles es pa toos! ¡Tan perdiendo el tiempo, se les está yendo de las manos como aceite por el vidrio: tan perdiendo la vía! (El toro..., p.217)

MILAGRERO - El que quiera vivir, salga. ¡Salga como salieron del vientre de su madre; como salen las piedras de las manos, como sale el fuego de los palos! ¡Salgan los presos por ellos mismos, los presos por los demás; los temerosos, los escondíos! (Enajenado) ¡Lloren los salvajes matadores, los falsos adivinos que reparten consuelos mentirosos... ¡Estalle la gran indignación de las viudas, de los hambrientos, de los sin pega! ¡Escúchense lamentos de saquiadores; aullíos de fieras que resuenen por el fin de la gloria de su poder! (El toro..., p.218) (El subrayado es mío).

Desde la perspectiva pragmática, el registro de la rebelión tiende, como se desprende del análisis anterior, a convertirse en creencias compartidas. Se localizan - o propenden a hacerlo - en una memoria colectivo-grupal cuyo propósito es volverse un repertorio compartido y legítimo. Esta manera de formular la naturaleza compartida de la rebeldía, fundamenta el proyecto que llama a realización práctica (posicionamiento pragmático) de sus principios. Teórica y empíricamente, esta relación es de capital importancia, puesto que explicaría la motivación argumentativa de los discursos de Emilio, Antonio y el Milagrero, en cuanto estrategia verbal de resistencia, como se postuló al inicio.

Por ser unidades conceptuales generalizadas y abstractas, esencialmente no-referenciadas a episodios de sus vidas, racionales y argumentativas, las creencias que constituyen el registro de la rebelión aspiran a configurar episteme y doxa colectivos. La no-referencialidad a lo episódico-histórico está marcada por el índice gramatical subrayado: predominio de verbos en tiempo presente de indicativo, imperativo o subjuntivo, de gerundios (con dimensionalidad de presente), sin anáforas (palabras que se refieren a los segmentos precedentes del discurso). El carácter racional-argumentativo lo da la estructura problema-causa-solución, de relieve ideológico. Las categorías “causa” o “solución” coinciden con la inclusión normativa principal de este tipo de creencias (cf. van Dijk, 1999:92). Vale decir, lo que se debe hacer para resolver el problema. El hecho comunicado se percibe como la consecuencia (y/o la razón) de un rasgo sociológico general, de una ley impersonal o estado universal de la conducta humana. Configuran, por lo mismo, una suerte de “resumen” en un nivel elevado de gran número de creencias específicas. Incluso aquellos enunciados que evocan episodios de la vida de los hablantes, al comprometerse con el registro de la rebelión, tienden a ser incluidos en creencias de mayor nivel, lo que hace considerar el recuerdo como simbólico de una cualidad general del hombre:

EMILIO - Yo siempre tuve boches con los cuidaores...Mi’acuerdo que había uno que le decían ‘Palomo’... lo echaron a la centrífuga. Claro, por vaca. Era carpintero, pero después queó de portero, y jue el perro más grande que ha habío... ¿No hay peor cuña que la del mismo palo, no? (Hechos..., p.181).

ANTONIO - Una vez, una mujer llena hasta los topes de amor, de ternura y too eso, se abrió igual que cuando se abre una puerta, y yo salí a andar... La mujer se llamaba Mamá o Madre (...) pero llámense como se llamen, el final siempre es el mismo: alguien abre una puerta y yo salgo... (El toro..., p. 200).

MILAGRERO - ... Nací, crecí, aprendí la pega de la carpintería con el viejo de mi taita, y cuando apareció la Magdalena los juntamos po ... Desde qu’El me puso los ojos encima me desgració. Me dejó solo igual qui’un árbol...No hay pior condena que tener la razón contra tóos... (Gritando). (El toro..., p.211)

En función de lo mostrado, las creencias que constituyen el registro de la rebelión forman conglomerados complejos de aspiración compartida: sostienen un número de afirmaciones sobre lo que es verdadero o falso (dimensión semántica de conocimiento grupal), sobre lo que consideran valórico y sobre lo que debería hacerse al respecto (dimensión pragmática de actitudes activas). Estas creencias pueden ser formalizadas mediante un diagrama de proposiciones complejas:

El mundo de los textos se intensifica cuando compromete los posicionamientos pragmáticos que se proyectan desde ambos tipos de registros analizados. La razón más evidente es que el decir de la rebelión no se convierte en presupuesto [5] de las creencias que se enclavan al interior del registro de la indefensión. En el discurso, esto significa que tal registro no es tomado por los miembros del grupo como ya conocido. Por el contrario, Emilio, Antonio y el Milagrero necesitan afirmarlo explícitamente como información nueva con fuerza argumentativa que se apoya en elementos paraverbales y gestuales reforzadores tales como “Gritando” (p.212), “Abruptamente” (p.216), o “Enajenado” (p.218).

Explicar la intensificación del conflicto dramático en ambas obras, a partir de la polaridad de creencias, significa reconocer el proyecto frustrado del registro de la rebelión por convertirse en conglomerados de creencias grupales y sortear, así, los mecanismos de coerción que evidencian los entornos situacionales. Si - tal como lo postula van Dijk (cf.1999: 43) - consideramos que los hechos existen independientemente, las creencias serían sus sustitutos mentales. En este marco, el decir de Emilio, Antonio y el Milagrero no sólo representa el mundo, sino que también lo interpreta argumentativamente y, lo más importante, intenciona, por un lado, conocimiento social y, por otra parte, opiniones y actitudes realizativas. Percepción, comprensión, planes, expectativas, esperanzas e ilusiones - utopías, en última instancia - se activan cuando este discurso incorpora lo que debería hacerse en términos de lucha personal e interacción grupal. No obstante, el conflicto se agudiza cuando tal dimensión pragmática fracasa. Esto significa la ausencia de una ideología que pueda hacer frente, en términos colectivos, a las causas que generan el estado de victimización material y espiritual de la mayoría de los interlocutores. Lo personal-episódico-específico del registro de la indefensión no se incorpora, a lo largo de los textos, a la estructura colectivo-general-abstracta del registro de la rebelión. Las creencias de Marta, Made, Jaque y Lucía no presuponen los valores, las normas, las actitudes y los posicionamientos grupales a que llaman Emilio y El Milagrero.

Si la mayoría de las ideologías (conglomerados de creencias grupales) son representaciones sociocognitivas (cf. van Dijk, 1999: 52), en consecuencia Hechos consumados y El toro por las astas composicionan un conflicto entre tipos de creencias. El final de las obras, que compromete tanto la muerte de Emilio como la de El Milagrero puede entenderse en cuanto actitud sacrificial malograda, que no logra redimir el estado de dolor, culpa y marginalidad de los otros personajes. Llamados a la reacción y a compartir una semántica y una pragmática colectivas, como una forma para luchar por la sobrevivencia y eventual liberación, Emilio y El Milagrero gritan la necesidad de recuperar una memoria grupal con noción de cambio futuro. Sus cuerpos donados, casi ritualmente, se hacen en términos no son privados. Por el contrario, significantes de una violenta teatralización pública, ellos hablan a una historia abierta y colectiva. También resulta significativo que Antonio sea el único de los personajes que abandona sin compañía el prostíbulo una vez que, en otro acto simbólico, El Milagrero abra con violencia furiosa su puerta:

Una claridad viene de afuera. Es una claridad recia dura. Sale. Víctor hace amago de seguirlo; se detiene. Queda mirando hacia fuera. (El toro..., p 218)

Sin distinguir los valores auténticos de un sistema de creencias colectivas sobre la vida, Marta, Jaque, Made, Lucía y Víctor acrecientan su propio aislamiento y, lo que es peor, la incapacidad para entender lo que sucede y discernir la verdad. Los actos comunicativos finales de estos personajes - todas preguntas y exclamaciones angustiosas - connotan el estado de extravío que evidencia la irresolución de sus conflictos. Voces silenciadas, interrogaciones sin respuestas, son metáfora de la inmovilidad que les condena a continuar siendo víctimas de los contextos situacionales y de sus memorias episódicas, las que han abortado la posibilidad de convertirse en memoria comunitaria y social.

En Hechos consumados:

MARTA - ... Tamos locos ... tamos toos locos (...) ¿Qué hicieron con nosotros? ... ¿Qué re’ crestas hicieron con nosotros? (p.189)

En El toro por las astas:

JAQUE - ¿Qué le pasa? ¿Qué le pasa?

MADE - ¿Qué hacimos? ... ¿Qué vamo hacer ahora?

LUCÍA - (Al Milagrero. Lenta) ¡Levántate!...

Y las acotaciones finales que aluden a la imposición patente de la guerra, como culminación del aniquilamiento, doblega a los personajes a la resignación y al dominio opresor:

Made, en actitud de absoluto desamparo, rompe el delantal. Queda sólo el sonido de balas, órdenes, gritos, carreras que brotan de la radio. (pp.218 - 219)

 

4. Comentario final.

La lectura propuesta intentó ilustrar el ritmo de polarización y de conflicto social que los textos atestiguan. Al final, sólo una reflexión. Resulta útil pensar la relación existente entre la producción artística y el sistema social que, evidentemente, se entrecruza en el caso del dramaturgo y las dos creaciones estudiadas. Extrapolar estas últimas como síntesis entre lo estético y lo político, las convierte en contrarrespuesta a la oficialidad chilena de los primeros años de la década de los ochenta. Significó convertirlas en metáfora teatral con propósito interpelativo.

En un período de dispersión histórica, Hechos consumados y El toro por las astas reconocen cierta pragmática comunitaria: el llamado al grupo de espectadores para constituirse en sujetos sociales con memoria colectiva. En este sentido, los textos examinados involucran a personajes enfrentados con la vigilancia, la sanción, el poder que los excluye y deshumaniza, todos aspectos reales de la situacionalidad histórico- social delimitada. Pueden, en consecuencia, ser reconocidos como símbolos colectivos en la medida en que sus significaciones responden a la manera con que diferentes grupos sociales se enfrentaron, en Chile, al aparato político de los ochenta y a la estructura social de la época. Conflictos como éstos generaron motivos para que dramaturgos como Juan Radrigán hicieran de sus creaciones metáforas que permitieron a los grupos excluidos del poder, reconocerse emocional e intelectualmente. Es importante rescatar que el “Grupo Teatral El Telón” representó inicialmente estas obras en círculos poblacionales. En cuanto práctica social, la dramaturgia de Radrigán en estas dos creaciones estudiadas, orienta y da sentido a un discurso en cuanto práctica social. Ambas obras fueron expresión de conflictividad al interior de un marco de condiciones sociales históricas, lo cual lleva hoy a entender mejor la dinámica de las posiciones asumidas por dos registros discursivos tensionales.

Configurar una memoria grupal capaz de luchar simbólicamente contra la deshumanización del entorno equivale, en los textos mostrados, a definir la historia personal dentro de los marcos de una historia colectiva de interacción y en rechazo de una memoria episódica. Todo, desde una perspectiva ideológica, vale decir, desde creencias grupales de resistencia.

 

NOTAS

[1] Se apela a estudios tales como: “Los niveles de marginalidad en Radrigán”, de María de la Luz Hurtado y Juan Andrés Piña. “Juan Radrigán: Los límites de la imaginación dialógica”, de Hernán Vidal. Ambos en Juan Radrigán: Hechos consumados. Teatro 11 obras. LOM Ediciones, Santiago de Chile, 1998, pp. 5 - 36. También a “Presentación del dramaturgo Juan Radrigán”, de Rodrigo Cánovas. En Lihn, Zurita, ICTUS, Radrigán: Literatura chilena y experiencia autoritaria. Flacso. Ediciones Ainavillo, Santiago de Chile, 1986, pp. 118 - 126. O al estudio de Enrique Luengo, “Poder, resistencia y reacción en Hechos consumados de Juan Radrigán”. En Latin American Theatre Review. Nº 32, spring 1999, pp. 69 - 86.

[2] Se citará según la edición de LOM indicada en la nota anterior.

[3] El marco teórico que sustenta el desarrollo de las ideas expuestas acerca de las creencias, corresponde a Ideología: un enfoque multidisciplinario, de Teun van Dijk. Gedisa, Barcelona, 1999. La cita se ubica en la p.38.

[4] De acuerdo con la categoría por estudiar - las creencias -, los diálogos referidos se citarán in extenso y lo más fiel al contexto de enunciación dentro del cual se han emitido.

[5] El “presupuesto” representa una dimensión global del discurso al presentarse como una evidencia donde se inscribe la conversación, determinando y/o modificando las relaciones de los hablantes. Cfr. Ducrot, O. (1986): El decir y lo dicho. Barcelona: Paidós, Cap. 1.

[6] Cfr. Grínor Rojo, “Teatro chileno bajo el fascismo”. En “Araucaria”, Nº 22, pp. 123 - 136 (citado por Rodrigo Cánovas, op. cit. p. 119).

 

BIBLIOGRAFÍA.

Cánovas, R. (1986). Lihn, Zurita, ICTUS, Radrigán: Literatura chilena y experiencia autoritaria. Flacso. Ediciones Ainavillo, Santiago de Chile.

Ducrot, O. (1986). El decir y lo dicho. Paidós, Barcelona.

Radrigán, J. (1998). Hechos consumados. Teatro 11 obras (2a. ed.). LOM Ediciones, Santiago de Chile.

Van Dijk, T. (1999). Ideología: un enfoque multidisciplinario. Gedisa S.A, Barcelona.

 

© Jorge Rueda C. 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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