En una silla de ruedas o la doble conformación del héroe

María Patricia Quesada Villalobos

Universidad de Costa Rica
mpquesad@gmail.com


 

   
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Resumen: El texto En una silla de ruedas de la autora costarricense Carmen Lyra presenta una dualidad en la conformación de los héroes: por una parte aparece Sergio, protagonista de la obra, inicia un viaje que tiene como finalidad principal, según los postulados teóricos de Joseph Cambpell (1972), el rescate del mundo exterior. Sin embargo, el desempeño de Ana María también la convierte en una heroína, ella viaja a Europa siendo una niña y regresa convertida en una mujer que se ha apropiado de su sexualidad; de ser una niña abandonada y tímida, pasa a mujer hermosa, desenvuelta y segura. Ambos recorridos se llevan a cabo tanto a nivel simbólico como a nivel físico; Sergio es expulsado de la familia donde había crecido y se le suplían todas las necesidades afectivas, para comenzar a vivir desprotegido del afecto y la unidad familiar, en una serie de espacios que lo degradan y lo hacen buscar incansablemente la estabilidad económica y emocional que perdió cuando la familia se desintegró. Ana María, por su parte, viaja a París en compañía de la tía Concha, quien la había sacado de un orfanato para hacerla su criada y explotarla a cambio de techo y comida, allá aprende francés y sufre un proceso de metamorfosis que la prepara para encarar la maternidad y resolver la crisis personal y social que la obra presenta, en cuanto al planteamiento de lo femenino en una sociedad marcada por parámetros patriarcales excluyentes.
Palabras clave: Literatura costarricense, novela, Carmen Lyra, héroe, En una silla de ruedas.

Abstract: The passage “In a wheel chair” presents a duality in the conformation of heroes, on one hand Sergio, the main character of the novel, beings a trip which main purpose is, ( according to the theoretical postulates of Joseph Cambpell 1972), the rescue of the outside world, However. Ana Maria's acting also transforms her into a heroine, she travels to Europe being a girl and she returns as a grown woman who has control over her own sexuality, from being an orphan and shy girl, into a beautiful, graceful, and secure woman. Both journeys are carried out not only as a symbolic level but also as a physical level; Sergio is expelled from the family where he had grown and where all the affective necessities were given, to begin living without the protection of the family core, in a series of settings which degraded him and made him look unfailingly for the economic and emotional atability that was lost when his family was disintegrated, Ana María, on the other hand travels to Europe with the company of aunt Concha who had taken her out of an orphanage to make Ana her maid and to exploit her in exchange of roof and food, in there she learned French and suffered a metamorphosis process that prepares Ana to face the maternity and solve the personal and social crisis the novel presents, regarding the feminine position in a society marked by patriarchal and excluding parameters.
Key words: Costa Rican literature, novel, Carmen Lyra, hero, In a wheel chair.

 

INTRODUCCIÓN

Tanto Sergio como Ana María, personajes de la novela En una silla de ruedas, reúnen las características del héroe propuestas por Campbell. Los supuestos teóricos de este experto no contemplan la formación heroica femenina, sin embargo, en este trabajo se intenta demostrar cómo aquellos preceptos teóricos que han servido para conformar el héroe masculino, también pueden ser aplicados en el caso de la elaboración de las heroínas, de ahí que ambos personajes se presentan en el relato con cualidades extraordinarias, seres que la sociedad ha marginado, abandonados por sus progenitores, y que han tenido que vivenciar experiencias de dolor, pobreza, conflictos familiares y explotación entre otros. No obstante, estos héroes no se rinden y luchan para vencer estas carencias, finalmente, consiguen establecer una familia que va a sustituir aquella que perdieron.

Por otra parte, el héroe, según Campbell, frecuentemente es honrado por la sociedad a la que pertenece, en este sentido Sergio es amado y respetado por Mama Canducha y Miguel, quienes tratan incansablemente de prodigarle el amor y los cuidados que sus padres no le dan, el extranjero Shirley también es una persona que lo admira y descubre en él la vocación de músico que le va a permitir la solvencia económica suficiente para establecer su propia familia. Ana María es admirada por Sergio, que desde su incapacidad física le valora la energía, la alegría y la creatividad que muestra para lidiar con los problemas que la vida cotidiana le presenta, ella sabe cómo consolar a Sergio y convertir su vida gris en un mundo maravilloso y esperanzador:

Finalmente, alude Campbell que el héroe y el mundo, o él o el mundo, en el que se encuentra sufren de una deficiencia simbólica, es decir, en el contexto donde surgen los héroes y las heroínas hay una crisis que se amerita resolver. La sociedad de Sergio y Ana María posee una insuficiencia que estos personajes tratan de solventar: la creencia de que la familia tradicional constituye un valor funcional, rígido e invariable.

Indudablemente estas características perfilan a Sergio y a Ana María como héroes que deben, entonces, llevar a cabo ese viaje para redimirse, y con ello, salvar al mundo exterior.

 

LOS HÉROES SON LLAMADOS A LA AVENTURA

El primer estadio que Campbell determina en la jornada mitológica lo denomina ““la llamada de la aventura” significa que el destino ha convocado al héroe” (Campbell, 1972:60). Este puede obedecer al llamado por su propia voluntad o puede ser empujado por agentes malignos o benignos, el recorrido simbólico inicia desde el mundo de todos los días hacia una región de prodigios sobrenaturales, se enfrenta con fuerzas poderosas y gana una victoria decisiva (Campbell, 1972:35). El viaje de Sergio se emprende desde lo cotidiano, su infancia, cuando su madre Cinta abandona la casa paterna con otro hombre y su padre decide expulsarlo y llevarlo a vivir con su hermana, la tía Concha. El niño-héroe no desea emprender este recorrido, sin embargo, no puede resistirse porque su padre lo decide por él, es decir, es empujado a un viaje que no desea llevar a cabo, pero que debe realizar.

Por su parte, la heroína Ana María también acoge el llamado a la aventura, tampoco tiene opción de elegir, el destino la lanza a un recorrido que indudablemente cambiará su propia vida, las de los que la acompañan y la del mundo real, ella simboliza a la niña abandonada, marginada y excluida por una sociedad patriarcal que no le ha permitido desarrollarse como persona, la tía Concha en nombre de la caridad la sacó de una institución de benevolencia para convertirla en su esclava, nunca ha podido vestirse o desempeñarse con libertad, ya que su ama la uniforma y le obliga a cuidarla con entrega, sin remuneración alguna, pues al ser huérfana y pequeña nadie reclama sus pocos derechos, situación que le permite a la tía Concha abusar de su condición de empleadora adinerada:

“Razón tenía Engracia la cocinera al decir que “la niña Concha no arrancaba pelo si sangre”. Si la chiquilla no andaba por los suelos bruñendo o encerando los ladrillos, estaba limpiando vidrieras, barriendo patios y desagües, desyerbando el jardín, llevando y trayendo las vacas, metiendo leña. El caso es que la tía Concha no dejaba a la pobre criatura tentar tierra” (Lyra, 1976:75 -76)

Es justamente esta condición la que Ana María debe vencer, por una parte debe superar su condición económica para alcanzar la libertad personal y social, pero también es necesario que sean superados los prejuicios sociales, develados en el texto, en cuanto a la maternidad y el matrimonio, retos que la novela resuelve mediante el viaje simbólico que los personajes llevan a cabo.

 

LA AYUDA SOBRENATURAL ASISTE A LOS HÉROES

Sergio, entonces, emprende el viaje y se produce la ayuda sobrenatural, el primer encuentro del héroe con una figura protectora que proporciona amuletos para enfrentar las fuerzas opositoras destructivas (Campbell, 1972:70). Ese primer hallazgo el protagonista lo vive con Mama Canducha, quien representa un soporte emocional importante para Sergio, pues sustituye la madre que lo abandona, ella en todo momento lo cuida y nunca lo desampara:

“Mama Canducha se fue a servir por ahí. Los domingos pedía permiso a la patrona para ir a ver a “su muchachito”. Al llegar y al despedirse me apretaba largamente contra su corazón, como si le costara desprenderse. Yo oía palpitar el corazón de la anciana, aquel corazón tan noble que se lo desearan reyes” (Lyra, 1976:89)

Ana María constituye otro importante auxilio, ella le indica a Sergio que sus obsequios tienen como principal propósito el alejarlo de la soledad y la desprotección, la ayuda mágica vendrá entonces de esos amuletos que representan la fuerza protectora y benigna del destino: “¿De dónde cogió Ana María estos objetos? El prisma lo encontró en la Iglesia y la cruz la tiene desde que estaba en el hospicio”. (Lyra, 1976:74).

Como lo apunta Campbell el ayudante sobrenatural puede tener forma masculina. Sergio también recibe el socorro prodigioso de Miguel, quien le regala otro talismán, el violín, que le servirá para encontrar su vocación y posterior medio económico, Shirley constituye otro auxilio maravilloso que apoya al protagonista para que se convierta en un músico renombrado, este le obsequia el conocimiento y la habilidad necesaria para desarrollar esa destreza.

Por su parte, Ana María recibe también este tipo de beneficios; personajes como Rosa, su hijo y Sergio saldrán en su ayuda. Sergio apoya a su amiga en forma incondicional, le entrega el amor y la amistad que Ana María tanto valora, ayudas sicológicas que le permitirán avanzar en el viaje y lograr alcanzar la meta final:

“La voz de Sergio resume honda ternura. La llama Anita, busca las palabras más cariñosas para hablarle. Ana María siente que puede acurrucarse dentro de este acento cálido y de la mano que le acaricia la cabeza, como un pájaro adherido dentro del calor de un nido” (Lyra, 1976:146)

Rosa se presenta como un personaje femenino con las mismas carencias de Ana María: una mujer sola, cabeza de hogar, pobre y madre de varios hijos, que se hace cargo de la muchacha y el bebé cuando son despedidos de la casa de la tía Concha. La unión y la solidaridad entre los desposeídos se presentan como una alternativa salvadora, que tiene como fin afianzar la personalidad de Ana María:

“La pobre Rosa y sus hijos nos han recibido como no habrían recibido al presidente. Es una gente muy buena y su pobreza que tiene tantas ternuras para mi hijo y para mí, se parece a la choza en donde me han recibido: la niña Concha diría que es miserable, pero yo sé que es limpia y está llena de hendijas por donde el sol sabe meter sus dedos tibios y dorados, y que escapan, quién sabe por qué milagro a los de la lluvia, tan fríos y desconsoladores” (Lyra, 1976:156)

El hijo de Ana María, Sergio, sin lugar a dudas, conforma el principal amuleto que la vida le entrega a esta mujer. Por medio de la maternidad ella logra completar el cambio, su viaje concluye, la mujer está completa, es suficiente el amor que experimenta hacia su pequeño para salir adelante y superar la condición de abandono y esclavitud:

“A ratos me desconsuelo, pero me pongo a ver a mi hijo y el valor me vuelve. Siempre tengo en la memoria tus palabras, de que ya lo llamé a este mundo, debo ser su guía y protección” (Lyra, 1976:157)

Por consiguiente, ambos personajes se presentan como entes pasivos, son incapaces de cambiar, por sus propias fuerzas, su destino, y mucho menos el de los demás. No poseen los medios económicos ni psicológicos para lograrlo, de ahí la necesidad de emprender el viaje, y en este contexto las ayudas sobrenaturales y amuletos cumplen una función “consoladora”. Se presenta, entonces, la idea de que la “felicidad del hombre está supeditada a la obtención de riqueza material” (Víquez, 1976:105).

 

CRUZANDO UMBRALES INESPERADOS

Una vez que Sergio se lanza al viaje, se da lo que Campbell denomina el cruce del primer umbral, ahí debe enfrentarse al guardián, detrás de él está la oscuridad y el peligro, “la persona común está no sólo contenta sino orgullosa de permanecer dentro de los límites indicados y las creencias populares constituyen la razón de temer tanto el primer paso dentro de lo inexplorado.” (Campbell, 1972:77). Los héroes del texto en estudio se enfrentan a esa situación, mientras han disfrutado de la compañía familiar se han sentido protegidos y seguros, los dogmas populares les han enseñado que esa forma de vida es ideal y constituye la única donde la persona se siente feliz, de ahí que experimenten miedo de abandonar esta forma de existencia. En el texto mencionado es la casa de la tía Concha el primer umbral que deben atravesar y es la tía Concha el guardián del lugar. Tanto Ana María como Sergio deben luchar contra los prejuicios sociales, religiosos y culturales de ese custodio, que trata de valorar a los seres humanos abandonados y solitarios como Ana María y Sergio desde parámetros sociales rígidos y egoístas. Sin embargo, la ironía e imaginación que los protagonistas manifiestan ante las actuaciones de la tía Concha les sirven como escudo y protección para combatir contra esas fuerzas y afianzar, de esa manera, los valores como la solidaridad, la comprensión y el afecto hacia los demás seres humanos:

“De pronto la señora entra, se deja caer en una silla y prorrumpe en sollozos. La zozobra de Sergio llega al colmo.-Por Dios, tía Concha, ¿qué pasa? Entre convulsiones ella contesta:¡ Ay Sergio! He albergado en mi pecho una víbora._Tía Concha ¡Una Víbora! ¿La ha mordido?” (Lyra, 1976:144)

Es necesario recalcar en este pasaje la presencia de la “víbora”, emblema que en la antigüedad estaba asociado a la fertilidad y el erotismo, constituía una insignia mágica religiosa de la primitiva fuerza de la vida, imagen de la divinidad creadora misma. Sin embargo, también estaba relacionada con el caos, el peligro y la muerte, aspectos que la convierten en un símbolo dualista “fuente de fuerza cuando se domina pero potencialmente peligrosa” (Tresidder, 1999:214). En este sentido, el texto presenta ambas versiones del símbolo, para Sergio, Ana María representa la fertilidad, la vida y la esperanza, en boca del personaje masculino, la maternidad adquiere un matiz muy significativo, alejado, desde luego, de los prejuicios sociales que manifiesta la tía Concha, quien asocia lo materno, en el caso de la muchacha, con parámetros destructivos y mortales. La tía representa, como su nombre lo indica, una concha cerrada que juzga el embarazo de Ana María desde una visión fatalista y prejuiciosa.

Luego de que el héroe y la heroína superan las pruebas iniciáticas, “la idea de que el paso por el umbral mágico es un tránsito a una esfera de renacimiento queda simbolizada en la imagen mundial del vientre, el vientre de la ballena. El héroe en vez de conquistar o conciliar la fuerza del umbral es tragado por lo desconocido y parecería que hubiera muerto” (Campbell, 1972:88). En este sentido, ambos personajes experimentan el dolor del abandono, por momentos creen que el destino se ha ensañado contra ellos y el sufrimiento es enorme, algunos espacios descritos muestran ese tránsito por el vientre de la ballena, como por ejemplo cuando se describe la muerte de Mercedes, hermana de Sergio: “El dolor ha escarbado mi ser y ha llegado hasta la entraña de la amargura. Ahora sí que ya nunca faltará una lágrima en mis ojos” (Lyra, 1976:103), o la alusión que se hace al abandono de Ana María por parte de su novio:”Diego no volvió desde que supo que iba a ser madre. Le dolía mucho pensar que Diego fuera un hombre que le tenía miedo a la responsabilidad de sus actos” (Lyra, 1976:147)

Sin embargo, los personajes se refugian en el pasado, en la casa paterna, donde el calor de la familia suplía el amor y la protección que el presente no posee, visualizan en la consolidación de una familia el fin último y único de todo ser humano y la imagen materna como el refugio y columna protectora que se necesita para atravesar la prueba:

“¿Qué significo yo entre esos bultos que reposan allí cerca? En el fondo vela, una luz mortecina que apenas si logra espantar la oscuridad del aposento. ¿Qué harán los que yo amo? ¿En qué punto de la tierra dormirá mi mamá?” (Lyra, 1976:127).

Una vez que los héroes han atravesado el umbral se baten en un paisaje de sueño poblado de formas ambiguas, en donde deben pasar por una serie de pruebas. Los protagonistas son ayudados por el consejo, los amuletos y los agentes secretos del ayudante sobrenatural que encontraron antes de su entrada en esta región. Puede ocurrir también que descubran la existencia de la fuerza benigna que los sostendrá en este paso sobrehumano. Sergio debe abandonar la casa de la tía Concha porque ésta emprenderá un largo viaje por Europa, su padre entonces le indica que debe ir a vivir con él y su nueva esposa, ésta constituye la segunda prueba que Sergio logra vencer airadamente, ya que en forma enfática le dice a su papá que si eso llega a suceder, él se matará, por tal razón Juan Pablo decide internarlo en el colegio de los Salesianos, en Cartago. La vida de Sergio en este lugar es muy solitaria, aquí recibe la visita de los hermanos por parte del padre, y los hermanos por parte de la madre. Sergio enfrenta la dura experiencia de ver, después de tantos años, nuevamente a su mamá, quien viene acompañada por sus nuevos hijos. Una vez que Juan Pablo se entera de esta visita, prohíbe enfáticamente que Cinta vuelva a encontrarse con su hijo, Sergio sufre, entonces, un segundo abandono maternal:

“Pero Sergio no volvió a ver a Cinta, porque Juan Pablo Esquivel, al saber que ella estaba en Cartago, comprendió que había venido a ver a Sergio y dio orden en el Colegio de que cuando “esa señora” llegara a preguntar por su hijo, le contestaran que no lo podía ver. La visita de su madre hizo a Sergio sentir intensamente su abandono” (Lyra, 1976:134-135).

Sin embargo, el héroe recibe la ayuda sobrenatural, como lo apunta Campbell, de aquellas personas que han suplido las necesidades afectivas del muchacho:

“Se refugió entonces en el recuerdo de los tiempos idos, y lo más grato para su corazón fue evocar todo lo relacionado con mama Canducha. ¡Estaba rodeado de una soledad tan fría. Lo más tibio, lo más suave en su vida había sido esta viejecita guanacasteca” (Lyra, 1976:135).

Después de su estadía en el colegio de los Salesianos, Sergio regresa al caserón de San Francisco, ya que su tía había vuelto del viaje por Europa luego de dos años de ausencia. En esta oportunidad el protagonista enfrenta aquí otra prueba, el embarazo de Ana María y la consecuente expulsión de la casa, razón por la cual debe trasladarse al Hospicio de incurables, estadía que la tía convino en compañía de mama Canducha:

“No marchaba desolado a su destino, como en aquellas otras veces en que la silla enrumbara hacia una nueva habitación. No esperaba placeres; pero al recordar que con él vivirían su violín y mama Canducha, experimentaba una sensación de bienestar. Iba preparado a habitar al lado de muchas miserias. Cuando pensaba en esto, se decía que aliviaría todas aquellas que pudiera” (Lyra, 1976:154).

Por otra parte, Ana María también supera las pruebas que el destino le depara, una vez que sale del orfanato, utiliza la creatividad y la imaginación para hacerle frente al cansancio y a la explotación de la que fue víctima durante su vida al lado de la tía Concha:

“Dichosamente Ana María tenía una imaginación viva y alegre, y todos sus trabajos los volvía juego: si limpiaba el pavimento de una habitación, dividía los ladrillos en dos bandos, el suyo y el de la niña Concha. Los que pertenecían al primero, quedaban convertidos en espejos, y a los otros les daba poco brillo, para que rabiaran. Si la ponían a barrer el patio, hacía fogatas con las hojas secas, que representaban incendios terribles; a veces tenía compasión de una ramilla que se retorcía entre las llamas y la salvaba.” (Lyra, 1976:76)

Esa misma estrategia utilizan los personajes cuando tienen que bregar con los prejuicios y las ideas obsoletas que la tía Concha manifiesta en cuanto a la maternidad, el matrimonio, el amor y el embarazo en mujeres solteras como Ana María:

“Padecía de jaquecas, y el día que amanecía con este mal, se colocaba unas rodajas de para cruda en la frente, las cuales se sostenían con un gran pañuelo blanco. Sergio pensaba al ver a la tía Concha con aquella venda en un difunto que movía a risa. Ana y él se burlaban a las escondidas.” (Lyra, 1976:80)

No obstante, los personajes mencionados van tomando fuerza y poder, conforme logran superar las pruebas que el destino les pone. A medida que el relato avanza, se dejan de percibir sentimientos derrotistas y los héroes experimentan un proceso de mejoramiento, demuestran que pueden luchar contra cualquier adversidad. De aquí en adelante la historia deja ese sentido melancólico y triste que la ha caracterizado; el héroe y la heroína empiezan a disfrutar de sus logros.

Se produce el encuentro con la diosa, “La imagen recordada no es sólo benigna, también es la madre “mala”: 1) la madre ausente, inalcanzable, en contra de quien dirigen las fantasías agresivas y de quien se teme una igual respuesta agresiva; 2) la madre que obstaculiza, que prohíbe, que castiga; 3) la madre que se apodera del niño que crece y trata de huir; y finalmente 4) la madre deseada pero prohibida (complejo de Edipo) cuya presencia es una incitación a los deseos peligrosos (complejo de castración)” (Campbell, 1972:106). El encuentro con la diosa es la prueba final del talento del héroe para ganar el don del amor, según Joseph Campbell, “es la vida en sí misma, que se disfruta como estuche de la eternidad” (Campbell, 1972:112). Sergio se encuentra con su madre, es la prueba final para obtener el amor y la fuerza para luchar por los sueños que tiene. A partir de este momento, entonces, la historia de Sergio toma otra dirección, ha adquirido la fuente de amor, esa madre deseada, incansable y ausente a quien le ha recriminado el abandono y el dolor regresa para salvarlo. Ana María experimenta un encuentro semejante, la crisis de identidad radica en que desconoce a sus padres, sin embargo, el compartir con Sergio, un hombre tierno y pendiente de sus necesidades, la hace experimentar el encuentro con ese padre amado y deseado, vence también esa prueba final y se halla con el amor.

Se produce el matrimonio místico con la reina diosa del mundo para concretar otra faceta del recorrido del ídolo, lo que “representa el dominio total de la vida por el héroe; porque la mujer es la vida y el héroe es su conocedor y dueño” (Campbell,1972:114), este acontecimiento significa para Sergio y Ana María la liberación, empiezan a luchar por lo que siempre han querido: la obtención de la casona ancestral y la nueva constitución de la familia que tanto extrañan. Si la mujer es la vida, Ana María representa la mujer-tentación que Sergio debe vencer, en la primera infancia ella se presenta como la hermana y cuidadora de su amigo, posteriormente cuando regresa de Francia, su compañero la considera hermosa y seductora, pero se abstiene de establecer con ella alguna relación porque, como lo apunta Rojas (1991), la considera su hermana y ante una relación amorosa estaría cometiendo incesto. Ana María se convierte, entonces, en la mujer que llega a la vida de Sergio no para abandonarlo, sino para que él logre superar la ausencia de su madre y ella la ausencia del padre, ella es la mujer salvadora y él el padre anhelado, no obstante, no se convierten en compañeros maritales, pero sí en los seres que se complementan y que juntos llegan a la meta final del viaje que los redime. A la vez resuelven la crisis social planteada en el texto al proponer una unión familiar sin parámetros sociales rígidos, están juntos, es cierto, pero no como marido y esposa, no existen promesas eternas ni roles rígidos que los una, sino las carencias, la solidaridad, la entrega, un compromiso basado en una historia de abandono y el querer prodigarle las necesidades afectivas al nuevo niño, la generación venidera que no debe sufrir las privaciones que ambos han tenido que vivir.

El camino del héroe sirve a los hombres y mujeres para traspasar los muros que lo reprimen, se deben encontrar los ogros y luchar contra ellos para resolver los enigmas de su humanidad (Campbell,1972:114). En la novela en estudio existen varios ogros con los que no hay enfrentamiento alguno, por ejemplo la sexualidad, la estructura doméstica tradicional como valor único en la conformación de relaciones familiares, el concepto mismo de niñez, la maternidad y la paternidad, el modelo oligárquico, son aspectos que en la novela no se resuelven, sin embargo, se plantean en forma evidente y algunas veces inconsciente.

El paso próximo en este recorrido místico del héroe lo ha denominado Campbell “la reconciliación con el padre”, en la novela En una silla de ruedas este acontecimiento tiene lugar cuando el protagonista manifiesta su imposibilidad de confiar en la figura paterna:

“.¡qué dicha! ¡Ya se va, yo no lo quiero! La anciana le respondió cariñosa: -procure no sentir así, mi hijito, acuérdese que es su padre” (Lyra, 1976:51).

Por consiguiente, Juan Pablo Esquivel se presenta como el intruso, él viene a desequilibrar el paraíso del niño con su madre, por este motivo, todos los enemigos simbólicos que Sergio tendrá en el futuro serán símbolo también del padre. En este sentido se presentan dos seres antagónicos a Sergio, que derivan directamente de la familia paterna: Concha y su amiga que en tono irónico son descritas y anuladas en el relato.

Este aspecto provoca el desfallecimiento del ego y la centralización del personaje en la representación de la madre, ayuda que brinda la seguridad para soportar la crisis “sólo para descubrir, al final, que el padre y la madre se reflejan el uno al otro y que son en esencia los mismos” (Campbell, 1972). Por consiguiente, la obra presenta un cuestionamiento a los roles maternos y paternos ancestrales, ambas imágenes son igualmente negativas, ya que la sociedad ha encomendado que tanto el padre biológico como la madre biológica desempeñen ese papel tradicional a costa de la pérdida de libertad, el desamor, la responsabilidad y otros roles impuestos, que se han asumido no con agrado, sino como una obligación. En el caso de Sergio, él logra superar esa imagen negativa de ambos progenitores, una vez que Miguel y Canducha asumen los roles de padres sustitutos, además de la presencia del personaje extranjero que también cumple con el rol de padre que Juan Pablo no lleva a cabo.

En el desarrollo de la novela Juan Pablo ha sido el individuo que ha puesto en Sergio todas las pruebas, es el culpable directo de la desintegración familiar, por el abandono afectivo de Cinta. Además, lo expulsa de la casa paterna y le prohíbe todo contacto con la madre, siempre aparece en la vida de Sergio no para prodigarle ternura y atenciones al niño, sino todo lo contrario, para marcar las más difíciles pruebas que el héroe debe superar. Sin embargo, la protección de mama Canducha y Ana María le ayudan a superar la prueba y al final del relato descubre, como lo apunta Campbell, que el padre y la madre se reflejan y conforman un solo ser que deben superarse para obtener la recompensa final de la libertad y el amor:

“Un sentimiento de inefable bienestar ha descendido sobre Sergio. Parece que no piensa...solo se siente envuelto por esa sensación de felicidad.

Hace unos momentos estaba intranquilo; había un dolor que le punzaba el pensamiento con tal intensidad, que toda la vida se le volvía una pena infinita. Ahora es algo así como aquel día en que siendo muy n iño, Miguel descubría ante su espíritu el mundo de la música y él daba en sus dominios los primeros pasos· (Lyra, 1976:198). .

Sergio se reconcilia con la figura patena cuando en el desenlace del relato él se presenta como el padre de Sergio, el hijo de Ana María. Este niño es prodigado del afecto y la atención que a Sergio padre le faltó, su carencia se convierte en dádiva para el niño, ser que a su vez representa aquel infante solitario y triste, el hijo de Juan Pablo, que hoy Sergio adulto puede salvar, el viaje llega a su fin: los protagonistas han recorrido la existencia, desde sus tristes infancias hacia la plenitud de la vida adulta y han ganado la conformación de una familia, donde se desempeñan aquellos los roles tradicionales: padre, madre e hijos, valores que representan, como la apunta Quesada (2002), los modelos del paradigma patriarcal que la oligarquía pretendía perpetuar:

“La nación se homologa, en cuanto a relación jerárquica, con la familia, el orden social con el orden doméstico, la autoridad del padre con la autoridad del gobernante patriarcal o la clase dirigente. Así, la homología nación-familia alude a tipo ideal de relaciones que deberían existir en ambas formaciones: armonía, ausencia de conflictos, origen común, respeto y obediencia a la autoridad y el poder. Por otra parte, la autoridad del padre es similar a la de Dios la ley, por lo que la conservación del orden familiar tradicional se asimila a la conservación del orden social y en última instancia del orden moral”. (Quesada, 2002:42)

La cita anterior demuestra cómo por una parte Lyra procura romper el orden patriarcal oligárquico, sin embargo, el inconsciente la traiciona, Sergio se convierte en un patriarca fundador de una familia tradicional que intenta recuperar el orden social y moral que había pedido.

Por otra parte, Campbell afirma que “las fantasías infantiles que todavía acariciamos en el inconsciente, están continuamente en juego en el mito, en el cuento de hadas y en las enseñanzas de la Iglesia como símbolos del ser indestructible. Esto es útil, porque la mente se siente como en su casa con las imágenes y le parece recordar algo ya conocido. Pero esta circunstancia es también un obstáculo, porque los sentimientos se apoyan en los símbolos y resisten violentamente todo esfuerzo para sobrepasarlos· (Campbell, 1972:164). En este sentido se aprecian las contradicciones que el texto literario presenta, por una parte se vislumbra la disfuncionalidad de la familia tradicional, pero por otra parte la familia se instaura como el fin último. En la novela en estudio este aspecto se evidencia al final, cuando Sergio para alcanzar la felicidad perdida funda una estructura familiar, que aunque ostenta algunas variantes, como ya se mencionó, se presenta como un símbolo indestructible que se hace necesario perpetuar.

Una vez que la misión del héroe se concreta, “el aventurero debe regresar con su trofeo trasmutador de vida” (Campbell, 1972:179), le queda como fin último la renovación de la comunidad a la que pertenece. Sergio y Ana María logran este propósito, los roles familiares tradicionales, es decir, la madre y el padre que cuidan, dan amor a sus hijos, protegen y nunca abandonan, constituyen la forma de vida que trae al ser humano felicidad y estabilidad, fuera de este estado, el caos, el desorden, la intranquilidad y la muerte. Este aspecto se evidencia con la maternidad que representa Ana María, en boca de este personaje el texto literario deje claro cuál debe ser el rol materno:” ya que lo llamé a este mundo, debo ser su guía y su protección” (Lyra, 1976:157)

 

CONCLUSIÓN

Con este emblema la novela En una silla de ruedas rescata la importancia de la dificultad que los héroes experimentan al tener que cruzar el umbral al regreso del mundo simbólico y místico a la vida diaria. Ambos mundos son diferentes y contrapuestos, pero los héroes, después de internarse en la oscuridad, realizan su aventura, pasan las pruebas y los peligros que les acechan y regresan, no obstante, ambos mundos son uno solo, ya que el viaje al mundo desconocido constituye una parte soslayada del mundo real, “Los valores y las distinciones que en la vida normal parecen de importancia desaparecen con la tremenda asimilación del yo en lo que anteriormente era mera otredad” (Campbell, 1972:200). La tristeza de los niños abandonados, los estudiantes internados, los discapacitados, la falta de sensibilidad de quienes proclaman credos religiosos, los prejuicios sociales, la disfuncionalidad de la familia tradicional y la incapacidad de los roles materno y paterno, son realidades que existen en cualquier sociedad que no se pueden obviar, los monstruos que ambos héroes enfrentan, al final del viaje, se convirtieron en retos que les ayudaron a adquirir sabiduría, una consciencia social firme y la convicción de saber cuál es el desempeño ideal del papel de padre y madre, desde las concepciones patriarcales que la sociedad ha impuesto y que se consideran válidas y perdurables.

En este sentido los héroes niños poseen ambos mundos, sus egos personales han muerto y se erigen en el yo, “es el campeón de las cosas que son, no de las que han sido, porque el héroe es. Antes de que Abraham fuera, yo soy.” Él no equivoca la aparente invariabilidad del tiempo con la permanencia del Ser, ni teme los momentos venideros (ni la “otra cosa”), como destructores de la permanencia con su propio cambio” (Campbell, 1972:222):

“Ahora a la vera del camino hay un árbol lleno de florecillas color de oro, y él es este árbol. Sus piernas se han hundido en el suelo; son unas raíces negruzcas que serpentean entre las sombra húmeda y apretada de la tierra, pero siente la copa bañada por la luz del sol matinal. Merceditas y Sergio, el chiquillo de Ana María, juegan a su sombra. Como tiene deseos de acariciar a Sergio y a Merceditas, alarga las ramas floridas y comienza a pasa la extremidad sobre los rizos de lso niños” (Lyra, 1972:199-200).

 

BIBLIOGRAFÍA

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© María Patricia Quesada Villalobos 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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