Editorial


Bolonia con vacas flacas

Lo dijimos en esta misma sección hace tiempo. Y ha ocurrido, lamentablemente. Avisamos que la reforma que se había puesto en marcha, independientemente de cualquier otro criterio, necesitaba de muchos recursos para que fuese eficaz. Ahora, en plena crisis, lo que antes se veía oscuro, parece serlo aún más.

Bolonia es un sistema caro; caro para quien lo imparte y caro para quien lo recibe. En la medida en que el sistema español de enseñanza superior estaba distante de los existentes en Europa, la distancia se va a hacer ahora más difícil de recorrer. Nuestro modelo de grandes universidades, al que se le han añadido toda una serie de vecinas crecidas al riego de las autonomías, va a pasar factura. Lo está haciendo ya.

Con todas las administraciones buscando la manera de hacer recortes en sus presupuestos, parece que —de nuevo— será la enseñanza la que los padezca con más severidad. No será casualidad, sino una muestra más de la insensibilidad hacia la educación, de su rumbo errático durante las últimas décadas. Al que le digan que el más encendido debate educativo de este país se ha centrado en una sola asignatura, entenderá porqué no hay que esperar mucho de los que deberían aportar soluciones o, al menos, no crear más problemas..

Las pérdidas de rumbo de la enseñanza se viene señalando desde hace tiempo: pérdida de identidad, pérdida de respeto y pérdida de motivación. Algunos han confundido la identidad de las instituciones con la imagen corporativa; otros creen que es una simple forma de regulación del mercado laboral; y también están los que creen que con la competitividad, hacer que la gente se lance sobre las migajas, se soluciona todo. A estas tres enfermedades anímicas se suma —no diremos ahora— la carencia de recursos. Es el momento de que nos digan que esto se soluciona con carreras más "atractivas". Será la guinda.

Joaquín Mª Aguirre
Editor


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