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Mujeres y narrativa, otra historia de la literatura

Alicia Redondo Goicoechea

  

 

Mujeres y narrativa... concordancia en femenino

Fabiola Maqueda (UCM)

Alicia Redondo Goicoechea, profesora de Filología Hispánica en la Universidad Complutense, es una analista de amplia espectro que enarbola, sin complejos teóricos, la perspectiva que conviene a cada propósito ensayístico. Suya es la reciente edición de las obras completas de Cyro Bayo, un prolífico pero poco conocido escritor y folclorista argentino, autor del “Vocabulario criollo-español" (1910) una de sus treinta obras. También ha trabajado en la metodología de análisis de recogida en un libro teórico-práctico, Manual de análisis de literatura narrativa: la polifonía textual, publicado en Siglo XXI, que versa sobre trabajos de autores de diferentes épocas, desde Juan de Timoneda o María de Zayas hasta Ana Maria Matute o Juan García Hortelano.

Mujeres y narrativa, otra historia de la literatura (2009), aunque de factura académica, tiene la virtud de ser hablado para múltiples lectores. A las constantes en juego de la crítica literaria: narrador/ narratario, tramas y personajes, espacio- tiempo, la profesora Redondo Goicoechea subraya dos aspectos fundamentales de la autoría, desde que se inicia la modernidad: la autoconciencia y la filiación.

Su particular didáctica nos permite seguirla en los razonamientos iniciales/ iniciáticos de lo que supone el compromiso de la perspectiva feminista en la indagación de voces de escritoras singulares, que pusieron su marca de identidad en primera persona: el Yo enunciador que se afirma en una decidida voluntad de veracidad de lo enunciado. Un yo que no debe confundirse con la autobiografía, aunque sí con la autoficción como elemento de conversión a la feminidad.

En ese registro, el tiempo cronológico (cronos) es menos importante que el tiempo interior, subjetivo (kairos) e incluso que el tiempo simbólico. El presente se imbrica con el pasado de la infancia para recorrer el proceso de constitución del ser femenino.

La idea de la reconciliación simbólica con la madre que preconiza el feminismo de la diferencia (Luisa Muraro) es un eje para la escritura y también para generar las bases de la autoconciencia (desamor, orfandad), hoy imposibilitadas por estar relegadas a los países donde el catolicismo vuelve a ser férreamente controlado por una iglesia misógina. En la experiencia infantil, tres adjetivos como base de la saludable constitución de la idea de amor: Verdadero+ Mesurado (idea de equilibrio espacio temporal que elude el concepto de infinito amor tan deshumanizado y castigador) + Justo.

También los espacios están marcados por la feminidad, eligiéndose comúnmente los interiores (dentro están nuestros órganos sexuales) y teniendo como eje los movimientos de fusión, de posesión, descenso y sobre todo, horizontalidad (dentro-fuera; cerca-lejos, vg. Los caminos, M. Zambrano o el espacio en relación, de Milagros Rivera) mientras que el universo masculino busca la verticalidad y la oposición arriba-abajo.

La ensayista reprocha a los teóricos de la literatura un acendrado empeño en buscar marcas de diferencia cualitativas entre los distintos géneros, cuando la diversidad está, en su opinión, en la cantidad de sus presencias, por ende también de sus ausencias, lo que tiene que ver con las marcas de género sexual.

Todo es cuestión de proporciones.

Indica la autora de Mujeres y narrativa que puede haber diferencias también en la organización del texto, el lenguaje y las técnicas, pero, al ser cuerpo sexuado, tenemos campos de interés tradicionales como lo son la descripción de los miembros familiares y la inclusión del análisis de los sentimientos. Nos inclinamos con preferencia hacia el delectare, prodesse y movere, es decir, divertir , enseñar y hacer cambiar.

Como filóloga interesada en el análisis de los textos literarios - empeñada en expresar la diferencia entre vivencia, voz y discurso -Alicia Redondo plantea la conveniencia de arbitrar dos epistemologías: femenina y masculina, y dentro de ellas, tres géneros, así como cuatro lenguajes o voces, que engendran multitud de discursos individuales.

Constituye un expresivo exponente de la mirada masculina, aunque desde la homosexualidad, el enfoque del femenino castrante, feo, valiente -vagina dentata- que se filtra en la cinta de Pedro Almodóvar, Hable con ella. La autora de este ensayo cuestiona que la película haya sido recibida por aclamación, sin matices, en toda Europa y también en Estados Unidos.

“La base de la relación como de la diferencia, de su constitución y epistemología, es el deseo sexual, origen a su vez de la creación artística.”. A los aspectos sexuales o fisiológicas y de género o sociales, ya señalados desde S. de Beauvoir hasta J. Butler, añade A. Redondo Goicoechea una tercera marca que denomina de querencia y que define como el acto de voluntad personal de querer ser mujer, indispensable en la consecución de una epistemología femenina. Se pasa del feminismo sin haber venido; se prescinde de las afirmaciones de C. Martin Gaite o posteriormente de M, Roig acerca de una literatura propia, como si de ese modo estuviéramos negando el deseo de igualdad civil.

En este capítulo de instrucciones para leer el ensayo, se referencia la epistemología femenina a través del reciente trabajo de L. Etxebarría y S. Nuñez Puente, En brazos de la mujer fetiche, en el que se revisan las actitudes masculinas mediante un recorrido literario -desde el pie de La Regenta a la necrofilia del Marqués de Bradomín, pasando por los maniquíes eróticos de Gómez de la Serna o la pierna cortada de Tristana, en el que se documentan los aspectos silenciados del eros decimónico y del imaginario burgués.

Reivindica Redondo Goicoechea modelos de valores como la libertad, el respeto y la solidaridad, que aparecen en la Historia de la Literatura encarnados en el femenino Amadís, el masculino Quijote o el olvidado poema de El Cid.

 

...Otra historia de la literatura

Una vez advertidos de la perspectiva de análisis elegida, desde el feminismo, Alicia Redondo afirma que la principal coincidencia entre tres escritoras representativas de los ss. XV, XVI y XVII: Teresa de Cartagena, Teresa de Jesús y Maria de Zayas es, precisamente, un afán de enseñar a la mujer de su tiempo a cambiar sus actitudes frente a los hombres en la vida real. Los argumentos de la dramaturga parten de la igualdad en esencia entre hombres y mujeres, a los que separa únicamente el estudio y la dedicación:

“En cuanto a la crueldad para con las desdichadas mujeres, no hay que fiar en hermanos ni maridos, que todos son hombres (...) pues, a mi parecer ¿qué mayor perdición que enamorarse?”

A mitad de nuestro recorrido, a la altura del capítulo 4º, Alicia Redondo, prescindiendo de Ilustradas y Románticas, da un paso de gigante que nos sitúa en la sociedad de Masas de la 2º mitad del s. XX, en un mercado europeísta de lectores alfabetizados, en el que se ha estabilizado el uso del catalán, gallego y vasco como lenguas de cultura.

En la introducción a este complejo capítulo, por ser mucho más numerosas las propuestas y también difuminadas las lindes, A.Redondo Goicoechea propone como posible clasificación entre muchas, la del año de nacimiento, remontándose a las décadas de los 20 y 30, que obligó a algunas de aquellas escritoras a exiliarse a causa de la guerra; la generación que nació entre los 40 y los 50 y por último la de las jóvenes nacidas a partir de los 60. Particularmente en la España de Franco en la etapa del desarrollismo, la renovación dejará las obras maestras de L. Martin Santos, Tiempo de silencio y Señas de Identidad de J. Goytisolo, pero también las menos recordadas de Entre visillo” de C. Martin Gaite; Primera memoria de Ana Mª Matute y La plaça del Diamant de Mercé Rodoreda, en las que el yo vuelve a ser el de la visión aparentemente limitadora de una mujer escritora frente a otra pretendidamente objetivista y masculina.. Sin embargo, a través de esa intrahistoria de los personajes femeninos, se vislumbra también la realidad social española de aquellos tiempos.

Del mismo modo que en páginas anteriores tejió el cabo de la escritura a partir de tres destacables autoras de los Siglos de Oro, en el ecuador de este ensayo lo anuda al extremo con otro trio singular, pero de la escritura contemporánea, personificado en Carmen Martín Gaite, Ana Mª Matute y Enriqueta Antolín. Con las palabras de Ana Mª Matute creo que podría validarse la línea que traza el muro de carga de la historia de la escritura en femenino, que forma parte de la literatura universal, cuando dice: “mi vida es de papel.”, es decir literaria. Ahora sí se confunden ficción y dicción, una alianza a la que tuvieron que renunciar las clásicas en favor de la verdad, y esa dilución se practica diariamente en las mujeres que escribimos, ya sin tener que pedir disculpas ni a la sociedad ni a la Academia, pues la Retórica es herramienta común.

En otro orden de cosas, cita a Almudena Grandes, de quien señala que descabala la dualidad modélica de lo femenino, ese iconograma Ave/Eva, atravesado por los valores de cosificación de nuestro tiempo.

Alicia Redondo establece un hilo conductor entre las escritoras del s. XV y las contemporáneas, que es el del uso de un lenguaje común, con rastros de oralidad, lo más sencillo posible.

En cuanto a la otra línea maestra: la narración de lo sentimental, el personaje femenino por excelencia, la nueva Eva lesbiana y madura de extracción burguesa (Esther Tusquets) busca encontrase a través del amor y el sexo. Amor sin barreras, intenso en el momento presente, pero sin futuro. El argumento no importa demasiado. Un amor y un modelo de mujer que se repite en obras lesbianas, como Solitario de amor de C. Peri Rossi, aunque encubierto detrás de un insostenible personaje masculino.

Relatos, memorias y autobiografías que ha crecido desde los 70 mostrándonos otras formas de revisión del pasado, en las que poder destacar a Laura Freixas (relatos de madres e hijos). Desde los relatos míticos e históricos propiamente dichos de una Lourdes Ortiz, documentados, al otro extremo de recreación de la historia, de los relatos de Paloma Diaz-Mas o como recreación libre de un modelo cristiano en la Magdalena de Fanny Rubio. Otra variante es la de las biografías más o menos noveladas de Mª Teresa León, Carmen Llorca, Ángeles Caso, Rosa Montero, Almudena de Arteaga y Mª Teresa Álvarez..

Feministas o no, partidarias de una literatura en femenino o en contra de semejante apelativo lo cierto es, y así lo resalta la autora de Mujeres y Narrativa, que desde principios del s. XX y hasta hoy mismo, escritoras como Chacel, Zambrano, Laforet. Matute, Atencia, Rodoreda, Gaite o Lucia Etxebarría se ahondan en un compromiso ético, que definen como autenticidad (al modo de la veracidad de sus antecesoras), solidaridad, dar voz a los silenciados, en su dimensión más concretamente política, dando sentido al dicho: “Lo personal es político”.

Mención aparte merece la explosión comercial de las novelas de Corín Tellado.- 5000 títulos escritos a lo largo de 60 años - el fenómeno sociológico que revolucionó la ”novela rosa”, que le valió ser considerada por la UNESCO la escritora en español más leída de todos los tiempos. Recibida con renuencia y desprecio por la crítica literaria, a pesar de ser un género popular en la España del folletín, es a finales del 2000 cuando comienza a ser visibilizada por Andrés Amorós en su ensayo, Sociología de una novela rosa; fruto de los prejuicios de la alta cultura, incluso entre los especulativos más izquierdistas, aun a pesar de que ofrece un valor añadido, como pone de manifiesto A. Redondo Goicoechea, y es el de la publicitación de la libertad sexual, especialmente la de la mujer, de características tan amenazantes para el régimen franquista como la literatura ciclostilada de la oposición política.

La ensayista recoge un dato importante en este estudio sobre literatura en femenino, constatando que nunca se han computado tantas novelas escritas por mujeres como las producidas entre los años 40 y 60. Carmen Martín Gaite y su proyecto de libertad con un lenguaje propio -pensamiento/soledad- . Ana Mª Matute, que por inclasificable, fue sacada de los paneles luminosos de la crítica coetánea. Se le ha achacado exceso de imaginación, de lirismo, de autobiografía y de barroquismo lingüístico en una época en que no primaba la originalidad creativa.

Ahora, tampoco, creo yo.

Compañera de la generación literaria del medio siglo, de un elenco de escritores importantes: I. Aldecoa, Caballero Bonald, García Hortelano o Sanchez Ferlosio, y varios más, su obra narrativa completa - entre novelas y cuentos - se edita entre 1948 y 1971, ocupando dos décadas fundamentales de una escritura singular, de cuyos frutos, apenas se siguen abrillantando los cuentos, que se alabaron desde el primer momento. Alicia Redondo y Ana Maria Matute conversan sobre la vida y las obras de ésta y la interesante entrevista se transcribe en las páginas de este ensayo como una afortunada adenda, en la que la escritora barcelonesa recupera su voz en primera persona.

Reserva el último capítulo a la penúltima generación de novelistas, durante los noventa, nombrando a Almudena Grandes su máxima representante, seguida de la mediática, Lucia Extebarría, en un final abierto. Algunas escritoras, afirma la autora, han disfrazado su escritura de masculinidad y abominan de lo femenino ¿Es quizás en parte por esto por lo que las mejores escritoras españolas de fines de siglo son, quizá, las poetas?

Que sean ellas las que alcen su voz, entonces.

 

© Fabiola Maqueda 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2009