Cuba en los sesenta.
Una marca indeleble en la trayectoria de Rodolfo Walsh1

Carolina Castillo      Miguel Ángel Taroncher

Universidad Nacional de Mar de Plata
castillo@mdp.edu.ar           migueltaroncher@yahoo.com.ar


 

   
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Resumen: Hacia fines de los años cincuenta y diez años más tarde, en las postrimerías de la década del sesenta, Rodolfo Walsh viaja a Cuba, como muchos de los intelectuales de la época, para quienes la experiencia de la revolución y el trabajo a su servicio constituirán una marca insoslayable en el devenir de su historia personal y su desempeño profesional. En el caso particular de Walsh, dichas estadías significarán la posibilidad de madurar y confirmar ciertas ideas en el campo de la literatura, el periodismo, la política y la militancia.
Palabras clave: Rodolfo Walsh, literatura argentina, Cuba

 

Los hechos son conocidos por todos: la interpretación de los hechos, por supuesto, ha sido desfigurada por toda la maquinaria de propaganda del régimen. Esa es la función de la prensa en un régimen capitalista: ocultar lo esencial, perderse en detalles; en otras palabras, no contribuir al esclarecimiento de la verdad.
John William Cooke

 

Introducción: El autor y su contexto.

Los años sesenta marcan el contexto internacional como una época de profundas transformaciones sociopolíticas y económicas. En los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy estableció una nueva agenda pública donde convocaba a los ciudadanos a la empresa de una nueva frontera y a la integración social, a ocupar un rol dinámico en defensa de Occidente, a extender la ciencia, la paz, el progreso y el saber más allá de los límites conocidos hasta ese momento. Hacia fines de los años cincuenta, un proceso de cambio político se planteaba en la Unión Soviética a partir del proceso de desestalinización impulsado, pocos años antes, por Nikita Kruschev. En Oriente, China consolidaba su liderazgo, en una combinación de tradición y modernidad, como una potencia mundial al ritmo del liderazgo que imponía el presidente Mao. El proceso de descolonización africano, con sus secuelas de tensiones, guerras y movimientos de liberación nacional, y más tardíamente con la toma de conciencia de sus propias señas de identidad, la conferencia de Bandung entre ellas, parecían hacer chirriar los pesados goznes de la historia colonial contemporánea y marcar un avance más en el giro del siglo XX.

En forma paradójica, este período se caracteriza -a nivel global- por la vigorosa emergencia del Tercer Mundo y por la “coexistencia pacífica” entre el bloque capitalista y el soviético, que, parecieran de común acuerdo evitar, en sus propios territorios y cercanías, conflagraciones de alta intensidad. La disputa por la hegemonía y la resolución de las tensiones quedaría, dentro de este nuevo esquema bipolar, radicada en el ámbito que presta la periferia planetaria, serían “las guerras en la paz”. Esta década se caracteriza por las dimensiones de masas que alcanzó en Occidente la revuelta y protesta juvenil, donde el Mayo Francés encabezará la lista de una serie de movimientos de protesta que se expandirán rápidamente. La libertaria protesta de masas obrero-estudiantiles, con epicentro en París, dejará perplejos a los gobiernos responsables del contexto internacional caracterizado por un sostenido crecimiento económico y prosperidad general. Sin embargo, las conquistas materiales no satisfacían a la juventud, la que advertía que la desigualdad social y la falta de oportunidades para la creatividad y la renovación se perpetuaba, encorsetada por los bloqueos tradicionales. Dentro de este mundo en ebullición, Latinoamérica se hace presente con la Teología de la Liberación, la Revolución Cubana, la guerrilla, los estados burocráticos-autoritarios latinoamericanos que se verán cuestionados por organizaciones armadas y resistencia civil.

Hacia fines de los años cincuenta y diez años más tarde, en las postrimerías de la década del sesenta, Rodolfo Walsh viaja a Cuba, como muchos de los intelectuales de la época, para quienes la experiencia de la revolución y el trabajo a su servicio constituirán una marca insoslayable en el devenir de su historia personal y su desempeño profesional. En el caso particular de Walsh, dichas estadías significarán la posibilidad de madurar y confirmar ciertas ideas en el campo de la literatura, el periodismo, la política y la militancia. Si los años previos a la investigación de Operación Masacre representan los tiempos de la indefinición política y estética, el regreso de Cuba luego de su trabajo en Prensa Latina y -tiempo más tarde- como expositor del Congreso Cultural y jurado del premio Casa de las Américas, a lo que se suma el encuentro con Perón en Madrid, implican un proceso de conversión y de concientización, en términos de lo que el propio autor denomina “tentativas de cambio”.

El presente trabajo tiene por objetivo ahondar en el impacto y las consecuencias que produjeron estos viajes en la figura de Walsh, en función de las disyuntivas que se vislumbran en su trayectoria como intelectual y hombre de acción. El punto de partida para el análisis de este Walsh en el contexto de la revolución, surge de la pregunta cómo percibe un viajero el mundo y el lugar que escoge para su estadía. Como consecuencia de lo anterior, hemos de intentar vislumbrar qué marcas llevará consigo luego de su acercamiento a una revolución impulsada por un movimiento de liberación nacional que pocos años después se vinculará con la URSS y a partir de su retorno a la Argentina qué influencias y nueva perspectiva se proyectan en función de los tiempos vividos en el exterior.

 

Viaje y revolución: la experiencia y la transformación.

Sylvia Saítta señala que “la palabra revolución expresa un cambio violento y profundo; alzamientos o insurrecciones que generan conmoción tanto en las estructuras políticas y sociales existentes como en los sistemas de valores” [2] y, en este sentido, aborda el concepto de “utopía” en aquellos viajeros del siglo XX que -a instancias ya sea de la revolución en Rusia, China o Cuba- han de encontrarse con sociedades en las cuales los intereses de la comunidad prevalecen sobre los del individuo y la realidad se encuentra arraigada en la clase trabajadora. Asimismo, y tal como lo sostiene Saítta, a través del viaje en intelectuales, cronistas, periodistas como Masetti o Walsh (en el caso de Cuba), se genera la idea de un “modelo”. Es decir, citando a Mario Laserna, con respecto a la Revolución Rusa, se viaja para conocer una realidad concreta que es importante no sólo por lo que constituye en sí misma, sino porque “representa la materialización de una teoría general que se piensa transmisible y trasladable a otros espacios, a otras naciones, a otras culturas”. [3]

Figuras emblemáticas como las de Fidel Castro y el Che Guevara produjeron gran entusiasmo y admiración entre los intelectuales argentinos, quienes observaron con suma atención a estos protagonistas de la revolución, que no dependían de partidos políticos, sino de movimientos de liberación nacional, no integraban la vieja izquierda y se encontraban ávidos de la experimentación en el terreno de un proceso de transformación radical, en todos los órdenes.

Para los nuevos gobernantes cubanos un proyecto prioritario será la creación de una agencia de noticias, que trasmitiera la realidad vista desde una perspectiva latinoamericana y que a su vez contrarrestara la distorsión, difamación y bloqueo informativo que ejercerá Estados Unidos y sus satélites, en particular a partir de que Fidel Castro declara el carácter marxista leninista de la revolución y que la potencia imperial rompe relaciones con Cuba el 3 de enero de 1961. Periodista de Radio El Mundo, por la que fue enviado como corresponsal a Cuba en 1958 para entrevistar a Fidel Castro en Sierra Maestra. Cuando regresa a Buenos Aires, publica sus experiencias revolucionarias en el libro Los que luchan y los que lloran. El impacto de los tres días transcurridos en Cuba será definitivo: en enero del año siguiente, Masetti regresa a Cuba junto a su mujer y sus hijos, invitado por el Che Guevara, donde participa de la “Operación Verdad” y funda Prensa Latina, primera agencia independiente de noticias. Señala Muñoz Usain, periodista de Prensa Latina, en una entrevista que le hiciera Enrique Arrosagaray, que el proyecto de trabajo periodístico en Cuba surge luego de que Masetti hubiera estado en dos oportunidades en Sierra Maestra desempeñándose como cronista de radio El Mundo y, una vez de regreso en la Argentina hacia 1958, comentara que si la guerrilla triunfaba, el Che estaba dispuesto a apoyar la creación de una agencia latinoamericana de noticias. A partir de que Fidel toma el poder, la idea se concreta. Había pasado un año y medio de Operación Masacre y Walsh deja Buenos Aires para marcharse a Cuba y embarcarse en el proyecto periodístico revolucionario [4]. La agencia Prensa Latina nace el 17 de abril de 1959 y emite su primer cable el 16 de junio de ese mismo año. En el mes de mayo Walsh ya había abierto la sede de la agencia en Río de Janeiro. Otro brillante periodista argentino, Rogelio García Lupo, será corresponsal en Chile. [5]

Masetti, García Lupo y Walsh se habían conocido en las reuniones de la Alianza Libertadora Nacionalista, de la que ambos formaron parte en su juventud, el fin del gobierno peronista los encuentra como militantes opositores a lo que consideran concesiones al capital extranjero en detrimento de la soberanía nacional. Masetti es convocado por Guevara para dirigir la agencia, luego de haberlo conocido en el contexto de la sierra y en plena lucha revolucionaria, cuando el periodista viajara para entrevistar a Fidel Castro y al propio Che. En una misma sucesión de hechos, Masetti convoca a Rodolfo Walsh, con el objeto de nombrarlo director del Departamento de Servicios Especiales de Prensa Latina, confiando en su trayectoria profesional pero, evidentemente en función de un pasado común y compartido, el de la participación en el nacionalismo que había conspirado contra Perón, debido a su acercamiento a los Estados Unidos y los proyectos de contratos petroleros para atraer inversiones norteamericanas.

Carlos Ulanovsky revela a Masetti como uno de los periodistas peronistas revolucionarios de la primera hora [6], pero según aclara a posteriori Elenora Bertranou: “Masetti más bien tuvo una relación con el peronismo llena de altibajos y finalmente de desencanto con su líder” [7]. Es decir que, tanto en Walsh como es su amigo Masetti, se vislumbra -al menos en apariencia- un proceso poco homogéneo, más bien sinuoso y en ninguna de sus etapas definitivo. Señala Bertranou:

En los doce años que transcurren desde el paso por la Alianza en la adolescencia al trabajo de Prensa Latina en Cuba, Walsh y Masetti pudieron haberse reencontrado en los ambientes del periodismo cuando ambos escribían para conocidas, aunque distintas, revistas del ambiente local. [8]

En el contexto de Prensa Latina, según sostiene Miguel Bonasso, no sólo se hacía un periodismo inmediato como el de cualquier agencia de noticias, sino que también se hacía periodismo de investigación. Walsh traía consigo la experiencia y la consagración que le otorgara en este sentido Operación Masacre, y el paso por la agencia dirigida por Masetti ha de brindarle ciertas certezas en lo que respecta a su labor profesional, inclinando la balanza hacia lo social y popular. “Es allí, a partir de la experiencia revolucionaria en Cuba, que Walsh dio un segundo salto desde el punto de vista de su conciencia”, señala Bonasso [9], ya que hasta ese momento la noción del significado del socialismo y de que este pudiera ser parte de un proyecto de liberación nacional por parte de sectores del peronismo tardarían en conquistar a Walsh para la militancia del peronismo de base, ya que su papel se resumía a accionar sobre el teclado. Sobre el teclado debía defender a la Revolución Cubana y estaba dispuesto a ello. ¿Qué conocía de esta revolución? En realidad, casi nada. Ni dentro de las tropas revolucionarias había unidad teórica profunda. La había en lo central: contra la dictadura de Fulgencio Batista, y contra los yanquis hasta cierto punto. Walsh no conocía mucho más de lo que conocía todo el mundo. Y no tenía el espíritu revolucionario de los combatientes cubanos. No era cubano. No era marxista. Tenía una formación política de raíz conservadora y una actitud antiimperialista un tanto cándida. No cuestionaba, por lo menos a fondo, al capitalismo. En la cabeza de Walsh, Cuba provocó una revolución. Una revolución que lo arrasó. [10]

Es así que, de regreso a la Argentina, luego de este primer viaje a la isla, pasará bastante tiempo hasta que Cuba vuelva a ser un tema de referencia en sus escritos. La obra de teatro La batalla que, al igual que La granada, recurre al procedimiento del absurdo para dar cuenta de una historia dictatorial, nos recuerda a muchos de los gobiernos latinoamericanos del siglo XX. Años más tarde escribirá unas líneas dedicadas a Masetti y otras al Che, con motivo de su fallecimiento. Seis años después retornará a la isla para participar del Congreso Cultural de La Habana (1967) y redescubrirá “cuánto tiene en común con ese mundo al que no puede permanecer ajeno” [11]. El debate de aquellos tiempos lo atrapará en un nudo irresuelto: ¿la función del intelectual debe estar abocada al trabajo con la palabra o el desafío real está puesto en la acción propia de la intervención en la realidad? De regreso a la Argentina volverá a convencerse de la toma de partido en pos de la defensa del régimen cubano, respondiendo -por ejemplo- a un texto que el escritor Cabrera Infante publicara en contra de Fidel, denunciando -entre otras cosas- que en Cuba no se podía escribir. Walsh hará lo suyo a través de una carta que ha de enviar a la revista Primera Plana, probando hasta qué punto -señala Jozami- “había adoptado una postura militante en defensa del proceso cubano”. [12]

 

El autor, su experiencia y los textos.

Desde comienzos de la década del cincuenta, Walsh publica más de una veintena de artículos en la revista de interés general Leoplán. Muchas de sus notas fueron firmadas con el seudónimo de Daniel Hernández, nombre del protagonista de varios de los relatos de ficción que compusiera en su primera etapa de producción, aquella que se ha dado en llamar -en términos de Viñas- “una literatura a lo Sherlock Holmes”. Es decir, una literatura de desciframiento a partir de la presencia de alguien que puede leer lo que otros no entienden. Una producción literaria y una actitud vital circunscripta a un espacio cerrado, puesta entre paréntesis respecto de lo social, de lo histórico y de lo político. En este contexto, se trata de un tipo de relato donde la interpretación de los hechos recae en aquel detective que, en el caso de Walsh, está representado por el personaje -y alter ego- del eximio corrector de pruebas de imprenta Hérnandez. Ocupación ésta que se emparenta notoriamente con la entrada de Walsh al mundo editorial, con sus trabajos como traductor, editor y corrector. Asimismo, la tradición bíblica, que trae aparejada la formación católica del autor, está presente en este primer recorrido por su escritura. Daniel, el investigador y descifrador, es quien en el Antiguo Testamento interpreta, en un lugar tan emblemático como el banquete de Nabucodonosor (rey de Babilonia), la escritura codificada en la pared [13]. Es decir que, en esta primera etapa de producción, el autor acatará las formas propias de una escritura -según sus propios conceptos- de tipo pasatista o burguesa, dirigida a snobs, que significará nada más ni nada menos que un medio de subsistencia. Son los tiempos en que, incursionando en el juego de los razonamientos lógicos del policial de enigma, obtiene el Premio Municipal de Literatura con Variaciones en rojo. Los trabajos literario-periodísticos de Walsh, es decir sus textos testimoniales o del género no ficción, aportaron “una comprensión política profunda de los hechos, porque supo vincular los brazos ejecutores de los asesinatos a los autores intelectuales de las órdenes y por extensión, a las motivaciones políticas de esas órdenes”. [14]

Del mismo período de las obras de teatro, luego de Cuba con Prensa Latina y previo a la próxima estadía en la isla caribeña, son una serie de notas periodísticas en las cuales Walsh, según Aníbal Ford, “realiza un importante trabajo ya sea desde el punto de vista técnico (por ejemplo, en algunos casos el excelente y precursor uso del grabador) como desde el punto de vista informativo y analítico”. En dichas notas, “la realidad será la gran argumentadora” [15]. Se refiere a la etapa de trabajos realizados para la revista Panorama. Señala Ford:

Junto con el valor de la historia rescatada, el paso a primer plano del referente y la ubicación de Walsh como intermediario, señalaban su instalación definitiva en un discurso diametralmente opuesto al de su primera literatura. En este caso se refiere al policial de enigma, evadido por completo del contexto de producción. [16]

Estas investigaciones surgieron próximas a las diversas experiencias en Cuba, la de Prensa Latina y las subsiguientes, en los contextos de fines de los cincuenta y fines de los sesenta, respectivamente. Eleonora Bertranou se refiere a lo que significó para Walsh trabajar como profesional para un proyecto político de izquierda que fundamentalmente lo llenó de confusión, y en tal sentido señala que:

Formado en un medio de aspiraciones burguesas, en situaciones de empobrecimiento progresivo y bajo un proyecto siempre individualista, se vio inmerso de pronto en una experiencia que demandaba asumir una concientización de la experiencia colectiva. [17]

En 1969, Walsh declara en una entrevista para el Semanario Siete Días:

Hasta 1957 yo era nacionalista. Aunque jamás fui antiperonista, cuando se produjo la caída de Perón estuve de acuerdo con el hecho. El primer suceso que me hace pronunciar políticamente es lo que sucede a partir de Operación Masacre [...] Es cierto que empieza como una curiosidad periodística, pero el comienzo mismo fue tan transformador que desde un principio me sentí haciendo otra cosa: cumpliendo una función política más o menos consciente. Por otra parte, en 1959 viajé a Cuba, donde estuve un año y pico. Allí vi por primera vez una revolución en acción, me interesé por la teoría revolucionaria, empecé a leer algo -no mucho- descubrí una línea que perdura hasta hoy. [18]

En resumen, de regreso a la Argentina, luego de este primer viaje a la isla, pasará bastante tiempo hasta que Cuba vuelva a ser un tema de referencia en sus escritos. La obra de teatro “La batalla” que, al igual que “La granada”, recurre al procedimiento del absurdo para dar cuenta de una historia dictatorial, nos recuerda a muchos de los gobiernos latinoamericanos del siglo XX. Años más tarde escribirá unas líneas dedicadas a Masetti y otras al Che, con motivo de su fallecimiento. Seis años después retornará a la isla para participar del Congreso Cultural de La Habana (1967) y redescubrirá “cuánto tiene en común con ese mundo al que no puede permanecer ajeno”. [19]

El debate de aquellos tiempos lo atrapará en un nudo irresuelto: ¿la función del intelectual debe estar abocada al trabajo con la palabra o el desafío real está puesto en la acción propia de la intervención en la realidad? De regreso a la Argentina volverá a convencerse de la toma de partido en pos de la defensa del régimen cubano, respondiendo -por ejemplo- a un texto que el escritor Cabrera Infante publicara en contra de Fidel, denunciando -entre otras cosas- que en Cuba no se podía escribir. Walsh hará lo suyo a través de una carta que enviaría a la revista Primera Plana, probando hasta qué punto -señala Jozami- “había adoptado una postura militante en defensa del proceso cubano”. [20]

La literatura y el periodismo serán para Walsh las dos caras de una misma moneda, actividades que se retroalimentan y resignifican a través de diversos vasos comunicantes, sobre todo a partir de la experiencia de escritura de una narrativa de corte testimonial. En la entrevista referida, el autor manifiesta el hecho de que cada una de las notas que fueron confirmando su militancia política se convirtieron simultáneamente una nueva puerta hacia posibilidades en el ámbito de la ficción. Su escritura periodística más comprometida dará origen, en muchos casos, a la posterior edición bajo el formato acabado del libro, como novelas de no ficción actualizadas a través de las sucesivas reediciones, en consonancia con el avance de las investigaciones. Dicho proceso de trabajo intelectual se ve representado a partir ciertas instancias de transformación y maduración periodística y de militancia, que nos permiten vislumbrar diversas etapas. En tal sentido, cabe señalar que resulta muy diferente la investigación de Operación Masacre, sobre los fusilamientos de José León Suárez del ´56, respecto de ¿Quién mató a Rosendo? del ´69, acerca del crimen del sindicalista Rosendo García, acontecido tres años antes en una confitería de Avellaneda, en medio de una contienda entre sectores del gremialismo nacional. Asimismo, ambas investigaciones se distinguen respecto del Caso Satanowsky, escrito en el ´58 y publicado recién en el ´73, con respecto a las circunstancias que rodearon la muerte del prestigioso abogado de la ciudad de Buenos Aires, Marcos Satanowsky, ultimado impunemente en manos de la SIDE a mediados del año ´57.

La diversidad y los matices tienen que ver con la intencionalidad del autor, las circunstancias de cada contexto histórico, las características propias de cada trabajo en lo que respecta a lo puramente periodístico, el medio a través del cual se difundieron y la recepción del poder de turno, de los medios y la industria cultural tanto como del público lector, quien en primera instancia leyó cada uno de estos trabajos en ediciones por entregas, al modo de los folletines del siglo XIX, a través de publicaciones tales como Revolución Nacional o el semanario de izquierda Propósitos, de Leónidas Barletta, la revista Mayoría, el semanario Azul y Blanco o el de la CGT de los Argentinos. Mayoría era dirigida por los hermanos Jacovella y Azul y Blanco por Marcelo Sánchez Sorondo, todos y cada uno de ellos nacionalistas como Rodolfo Walsh, quien había apoyado el golpe del ‘55 pero que al poco tiempo no tardaría en desencantarse del gobierno de la Libertadora, efectuando un giro hacia los perseguidos y convirtiéndose, aunque no aún en peronista, en una suerte de “nacionalista solidario”, que advirtió a partir de los hechos del ‘56 que el poder de turno estaba plagado de “miopes, cobardes y torpes”, como escribiera en el epílogo a la edición de Operación Masacre de 1957. Texto en el cual Walsh también explica las razones de su apoyo a la Revolución Libertadora, señalando que tenía la certeza de que “acababa de derrocarse un sistema que burlaba las libertades civiles, que negaba el derecho de expresión, que fomentaba la obsecuencia por un lado y el desborde por el otro”. [21]

Sin embargo, y como parece ocurrir con varios de aquellos jóvenes periodistas que años antes habían transitado por la Alianza Libertadora Nacionalista, el camino recorrido resulta heterogéneo y permeable a las mutaciones. Un temprano apoyo al peronismo, en algunos casos, y varias instancias de ruptura luego, con motivo de la firma de las actas de Chapultepec o en función de los contratos petroleros con capitales extranjeros, y en adhesión -finalmente- a los hechos del ’55. Aunque luego han de sucederse la denuncia de abusos y torturas, por ejemplo a través del semanario de Sánchez Sorondo, y la propia investigación sobre los fusilamientos de civiles en el contexto del levantamiento de Valle y Tanco, por parte de Rodolfo Walsh. De hecho, como Ulanovsky señala, el propio Tulio Jacovella se hace cargo de la edición de Mayoría “con el propósito de denunciar la corrupción, la simulación de libertad y la política de entrega del patrimonio nacional por parte de la titulada Revolución Libertadora”. [22]

Señala Walsh:

En Operación Masacre yo libraba una batalla periodística “como si” existiera la justicia, el castigo, la inviolabilidad de la persona humana. Renuncié al encuadre histórico, al menos parcialmente. Eso no era únicamente una viveza; respondía en parte a mis ambigüedades políticas. ¿Quién mató a Rosendo?, en cambio, es una impugnación absoluta al sistema y corresponde a otra etapa de formación política. (El subrayado en nuestro). [23]

Su acercamiento al peronismo de base y la experiencia de la publicación de la CGTA forma parte de una etapa de formación política que se vincula con la experiencia posterior a una de sus últimas estadías en Cuba, durante el Congreso Cultural, hacia fines de la década del sesenta, a través de la cual y ya de regreso al país, conocería en Puerta de Hierro al dirigente gráfico Raimundo Ongaro, con quien emprenderían juntos el proyecto de publicación de la CGTA. Precisamente en este mismo espacio de trabajo se reencontraría con el periodista argentino Rogelio García Lupo, con quien compartiera con anterioridad los tiempos de Prensa Latina: “Rodolfo regresó de Madrid después de reunirse con Juan Domingo Perón y convocó a una grupo de amigos que hacíamos un trabajo ad honorem. El diario duró 55 semanas, con un período de legalidad de 50 números y con 5 ediciones clandestinas”. [24]

El trabajo periodístico en el contexto gremial se convierte en la puerta de entrada al peronismo de base, que representaba una experiencia de proyecto autónomo socialista en el movimiento de los trabajadores. La conversión, el proceso de concientización y la toma de partido habían comenzado a mediados de la década del cincuenta y frente a aquel famoso “fusilado que vive”, para afianzarse a partir del trabajo periodístico desarrollado en Cuba, en plena emergencia del gobierno revolucionario. Con el ingreso a la CGTA, luego de la entrevista con Perón y de la mano de uno de los más reconocidos líderes sindicales de la época, se produce decididamente una vuelta de tuerca en función de ciertas indecisiones políticas, el punto de partida y el primer escalón en un camino que Walsh ya no desandaría. Los pasos definitivos en dirección a la lucha armada y la consigna irrenunciable de la desarticulación del discurso dominante. Sin duda alguna, el rumbo vertiginoso de los hechos, de una época marcada por el espíritu revolucionario en todas las esferas sociales (política, cultura, etc.), del ámbito tanto nacional como internacional, requieren de un escritor puesto al servicio de la información, de un militante inmerso en la experiencia histórica y de un intelectual que se presente como hombre de acción. Del mismo modo que los acontecimientos en la Cuba de fines de los cincuenta y principios de los sesenta requirieron del trabajo intempestivo e ininterrumpido de figuras como las de Masetti, García Márquez e incluso Sarte, comprometidos con el avance de un proceso irrefrenable, en función de la revolución. [25]

En marzo del ’68 se lleva a cabo el congreso normalizador de la CGT, donde Ongaro, como representante de la corriente combativa, se opuso a la corriente participacionista del vandorismo. Como consecuencia de la impugnación de dicho congreso, la CGT se ve fracturada según las dos tendencias mencionadas y Ongaro queda a cargo de la CGTA, enfrentándose duramente a la dictadura de Onganía. Dentro de esta línea combativa se desempeñaría Walsh como periodista del Semanario, denunciando la acción de los monopolios, las traiciones del sector colaboracionista, las maniobras del gobierno de turno y los conflictos de la clase obrera en sus puestos de trabajo, así como difundiendo las consignas de la lucha estudiantil y la resistencia popular, en una época altamente convulsionada, marcada por la muerte de Guevara, el exilio de Perón, las contiendas sindicales y los estallidos sociales, tales como la sublevación rosarina y el Cordobazo, entre otras. En esta misma línea se inscribirá el periodismo de investigación de Rogelio García Lupo en el diario y con libros cuya lectura formaba parte de la agenda de lecturas de los militantes de izquierda: Contra la ocupación extranjera y Monopolios y mercenarios en la Argentina.

Si bien no lleva la firma de Walsh, es popularmente conocida la autoría del Programa del 1º de mayo de la CGT de los Argentinos, titulado “Mensaje a los trabajadores y al pueblo argentino”, que fuera leído en el acto encabezado por Raimundo Ongaro y Agustín Tosco, llevado a cabo en el Córdoba Sport Club, con motivo de celebrarse el día del trabajador en el marco de la normalización del año ’68. Dicho documento se presenta como una proclama dirigida a la clase obrera nacional, instada a recorrer el camino de la revolución, hasta el momento incumplida y traicionada (en clara alusión a los representantes gremiales de la corriente participacionista). A su vez, el texto indaga metódicamente en el avance del imperialismo, a partir de las negociaciones de entrega del patrimonio económico a capitales extranjeros, convocando a la clase trabajadora a la movilización y a la defensa de sus derechos. Dicho documento ha sido publicado íntegramente en el primer número del semanario sindical. [26]

Desde el punto de vista de la argumentación y el análisis político-económico que el autor realiza, tanto como del contexto dictatorial al que refiere, dicho texto significa la antesala de lo que en 1977, casi diez años a posteriori de la fundación del Semanario de la CGTA, representará la “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”. La carta no sólo realiza una síntesis acabada de los que implicó la represión clandestina, sino que simultáneamente y a través de un riguroso trabajo de análisis periodístico- se centra en las maniobras en torno del poder económico, ejercidas desde la dictadura contra los sectores populares, del mismo modo que el Programa del 1º de mayo hace especial hincapié en el proceso de desnacionalización de la industria argentina y sus consecuencias inminentes sobre la clase obrera. Por otra parte, el “Mensaje a los trabajadores y al pueblo argentino” llamativamente concluye con una frase que remite al cuento “Un oscuro día de justicia”, redactado por Walsh hacia fines del ’67, un mes después de la muerte del Che en Bolivia, lo cual no resulta en absoluto en dato menor. El relato de la saga de los irlandeses esgrime sobre el final: “...el pueblo aprendió que estaba solo y que debía pelear por sí mismo y que de su propia entraña sacaría lo medios, el silencio, la astucia y la fuerza”. [27]

El texto del programa de la CGTA culmina con una imagen especular, respecto de lo antedicho:

...nada nos habrá de detener, ni la cárcel ni la muerte. Porque no se puede encarcelar y matar a todo el pueblo y porque la inmensa mayoría de los argentinos, sin pactos electorales, sin aventuras colaboracionistas ni golpistas, sabe que sólo el pueblo salvará al pueblo. [28]

Entre mayo y junio del mismo año, 1968, Walsh publica en el periódico sindical la saga de notas periodísticas en torno del asesinato de Rosendo García, y en 1969 aparece, a través del mismo medio, la investigación titulada “La secta del gatillo alegre”, abocada a la denuncia del modus operandi de la policía, procedimiento conocido bajo el rótulo de “gatillo fácil”. En julio de ese mismo año el diario es clausurado.

 

El progresivo acercamiento a Montoneros.

En mayo de 1971 apareció el primer número de La Opinión, dirigido por Timerman, quien ocho años antes había lanzado Primer Plana, de donde rápidamente dio un paso al costado. El diario se convirtió en uno de los clásicos del periodismo argentino y, según señalan Anguita y Caparrós, la frase consagrada para definir su perfil decía que “era izquierdista en cultura, centrista en política y derechista en economía” [29]. Entre los periodistas que colaboraron con este emprendimiento se encontraba Rodolfo Walsh. También muchos de sus compañeros eternos: Horacio Verbitsky, Miguel Bonasso, Paco Urondo, entre otros prestigiosos como Tomás Eloy Martínez, Osvaldo Soriano y Juan Gelman. Hacia 1972, los periodistas que apoyaban al peronismo revolucionario, entre ellos Walsh, quien da el primer paso a través de las Fuerzas Armadas Peronistas y luego pasa a Montoneros, se habían organizado en dos agrupaciones sindicales y, a partir de éstas, fomentaron cierta coordinación con la idea de “crear una especie de usina de acción psicológica, lanzando trascendidos, informaciones, versiones que permearan la línea editorial de los medios donde trabajaban”. [30]

En 1973, Rodolfo Walsh conforma el jurado para el “Premio Internacional de Novela América Latina”, otorgado por La Opinión y la editorial Sudamericana y obtenido por el escritor argentino Juan Carlos Martelli, aunque el voto de Walsh fuera para Paco Urondo. En el mismo año, participa del diseño y la publicación del diario Noticias. Su director era el escritor argentino Miguel Bonasso, miembro de la agrupación Montoneros. Muchos de los periodistas pertenecientes a este grupo de militancia, que ya venían trabajando con Walsh, compartieron la experiencia del nuevo periódico, entre ellos y nuevamente: Verbitsky, Gelman y Urondo. Según sostiene María Seoane, la publicación estaba dirigida a un grupo politizado, al igual que el diario El Descamisado, pero más amplio. Walsh estaba a cargo de la sección de Policiales e Información General y era uno de los editores del periódico. En simultáneo y desde dicha redacción, también colaboraba en la formación profesional de periodistas jóvenes, entre los cuales se encontraba su hija Patricia [31]. Ya hacia fines del ’73 y en los comienzos del ’74, Walsh ingresó decidida y definitivamente en el espacio de la militancia política. Su labor narrativa ha de estar totalmente subordinada y si bien sus proyectos literarios estarán presentes hasta el último de sus días, serán postergados por compromisos que él consideró de mayor urgencia para las circunstancias inmediatas. La conciencia de las exigencias sociales, según palabras de Piglia, quien lo entrevistara con motivo de la publicación del cuento “Un oscuro día de justicia”, y el contexto explosivo de la política argentina de los ’70, lo suman a la vieja tradición de Sarmiento y Hernández: “para ser eficaz, es necesario abandonar la literatura” [32]. En el mismo sentido sostiene Jorge Lafforgue:

La opción ética no le dejaba salida: jugarse entero a la revolución social en ese mundo real de la violencia cotidiana o ser creador de mundos imaginarios. La opción ética, equivocada o no, lo empujó a abandonar la ficción para abrazar la lucha armada. Aunque acosado por dudas y ambigüedades, Rodolfo Walsh, hombre duro y drástico en sus planteos, optó por aquello que sus principios le dictaban. [33]

Por entonces entrevistó, para el diario Córdoba, al director de cine Jorge Cedrón, realizador cinematográfico de la película Operación Masacre. Dicha filmación se realizó durante el ’71, durante la dictadura de Lanusse y de forma clandestina, concluyéndose a mediados del ’72, con el guión de Walsh y Cedrón y la participación actoral y testimonial de Julio Troxler, uno de los sobrevivientes de los fusilamientos del ’56 en manos del gobierno de la Libertadora. La nota lleva como título “El reportaje de hoy”, es de noviembre del ’73, se conserva en el archivo del Círculo Sindical de la Prensa de Córdoba y se refiere a la presencia del director cinematográfico en dicha ciudad con motivo de la proyección del film. Cedrón resalta allí el inicio de una etapa de combate y denuncia en la historia del cine argentino, con miras a concretar la ansiada concienciación del pueblo [34]. Si bien la película había sido previamente difundida gracias a la Juventud Peronista, organizaciones de base, agrupaciones sindicales y estudiantiles, la proyección a la que se refiere la entrevista se realiza en el marco de un gobierno constitucional, que acababa de ser electo democráticamente. A continuación, en el ’74, Walsh escribe para Noticias una saga de crónicas sobre la Revolución Palestina en Medio Oriente, en la sección Internacionales [35], y la reconocida nota de tapa del 2 de julio del ’74, con motivo del fallecimiento del presidente Juan Domingo Perón, a instancias de que el poder de turno quedara en manos de su viuda y de López Rega:

El general Perón, figura central de la política argentina en los últimos 30 años, murió ayer a las 13:15. En la conciencia de millones de hombres y mujeres la noticia tardará en volverse tolerable. Más allá del fragor de la lucha política que lo envolvió, la Argentina llora a un líder excepcional. [36]

 

Informar desde la clandestinidad.

En dicho contexto no tardía mucho en darse la clausura de varios de las revistas y diarios revolucionarios, tales como El Mundo (del ERP) y la propia Noticias, hacia fines de agosto. Al mes siguiente, la agrupación Montoneros pasaría a la clandestinidad. En el ´76 Walsh organiza la Agencia Clandestina de Noticias, desde el Departamento de Informaciones e Inteligencia de Montoneros, según sus propias palabras “como un acto de libertad” y con el objeto de abrir un canal informativo de difusión popular, con miras a combatir la incomunicación, el aislamiento y la desinformación propiciada desde el terrorismo de Estado, instaurado por la última dictadura militar en la Argentina. Dicho proyecto apuntaba a la implementación del ejercicio del poder a través de la circulación de la verdad en manos del pueblo, como medio de ruptura del cerco de silencio vigente. Dicha Agencia propugnaba un carácter ofensivo respecto del poder económico y militar, según sostiene Natalia Vinelli, y no sólo apostaba a la organización en una situación opresiva, sino que se definía como herramienta de contrainteligencia, de ahí que mantuviera cierta independencia respecto del grupo político de origen y presentara una identidad algo difusa [37]. ANCLA estaba integrada por un grupo disperso de periodistas y otros militantes que, como sostienen Anguita y Caparrós “escribían informes, tipo cables de agencia, sobre lo que los medios de prensa censuraban: sobre todo, las actividades represivas de la Junta Militar, sus disensiones internas, la marcha de la economía”. El servicio de inteligencia que representaba la Agencia contaba con una gran cantidad de contactos y con los más imprevisibles colaboradores, lo cual le permitía abocarse al trabajo sobre materiales diversos y notables [38]. Del mismo modo que bajo la experiencia de Prensa Latina en Cuba, instancia en que Walsh se dedicara a contrarrestar la catarata de información internacional tergiversada en torno de la revolución, con el caso de la Agencia de Noticias Clandestina su labor ha de estar abocada a la resistencia contra el régimen desde el punto de vista del conocimiento la verdad y su difusión. En este sentido, su trabajo previo en el marco del periodismo de investigación, al que hiciera honor a través de las sagas de Operación Masacre, ¿Quién mató a Rosendo? y el Caso Satanowsky, sirven como ejemplos fehacientes de lo que un autor comprometido es capaz de demostrar a través de la lectura a contrapelo de los sucesos históricos que el discurso oficial a omitido, obliterado o reescrito según su propia voz y versión.

Hacia fines del mismo año y luego de la muerte de su hija Victoria, Walsh crea la Cadena Informativa, la última de las experiencias tendientes a la difusión de los acontecimientos de la realidad más próxima en que inteviniera el desaparecido escritor, antes de ser ultimado por las fuerzas militares, cumplido un año del golpe de Estado. Los boletines de la Cadena Informativa eran textos breves que, en la mayoría de los casos circulaban de mano en mano y -al igual que desde la Agencia de Noticias- lo hacían de forma clandestina. El primero de esos boletines, de diciembre de ’76, lleva el título de “Crónica del terror”.

 

Conclusiones.

En la misma época, comienza a circular por varias redacciones, sedes partidarias y embajadas, un informe periodístico redactado por Rodolfo Walsh durante ese año, con un pormenorizado estudio sobre el estado de la cuestión a partir de la toma del poder por parte de la Junta. El texto se denomina “Historia de la guerra sucia en la Argentina” y anticipa gran parte de los datos que tres meses después volcaría, más sintéticamente, en la Carta Abierta. El texto organiza aquellos relatos, comentarios, situaciones y rumores que para muchos eran vox populi, pero que muy pocos se animaban a afirmar con la coherencia y certeza aterradora con la que Walsh los enunciaría en este vasto documento histórico. Según se hace constar en La Voluntad, resultaron claves para su producción dos informantes que colaboraron con el escritor aportando datos fehacientes, principalmente sobre los hechos sucedidos en la Escuela de Mecánica de la Armada, como centro clandestino de detención. Ellos son el colimba Sergio Tarnopolsky y el guardiamarina Mario Galli, ambos secuestrados durante el año del golpe militar, junto a sus familias, y que aún hoy permanecen desaparecidos. [39]

La investigación denuncia las internas y divergencias políticas dentro de la propia Junta de Gobierno, la aplicación del impopular plan económico del ministro Martínez de Hoz con el respaldo de las tres Fuerzas Armadas, el secuestro de los delegados y activistas de las principales fábricas de Buenos Aires, Córdoba y Rosario, la violación de los derechos humanos en la guerra contrarrevolucionaria, la vigencia de la pena de muerte, la recurrencia a la tortura como medio para obtener información a través de los detenidos, la implementación de procedimientos enmascarados a cargo de pequeños grupos operativos no identificables, los casos pendientes de asesinatos a sacerdotes y al propio obispo Angelelli, el arrojo de cadáveres de desaparecidos al Río de la Plata, la férrea censura de prensa instaurada en el país, la persecución indiscriminada de profesionales, artistas, sindicalistas y políticos, entre los que se mencionan los casos del escritor Haroldo Conti, el hijo del poeta Juan Gelman y la hija del novelista David Viñas, entre otros; así también se refiere a la imposibilidad de conocer los nombres de los secuestrados, el lugar de detención y la identidad de los cadáveres de los presos políticos o de las víctimas ultimadas en los procedimientos diarios. Finalmente, el trabajo de investigación agrega dos partes por demás significativas al análisis anteriormente descripto: 1º) una detallada descripción del accionar dentro de la ESMA, como uno de los principales centros de interrogatorios y torturas de la Capital, su sistema defensivo y ofensivo, las operaciones especiales fuera de su asentamiento y las tareas de apoyo a la Policía Federal; 2º) el testimonio de un ex detenido en la ESMA que narra, a través de su propia voz, las vivencias atroces y los hechos de los que fue testigo durante las tres semanas de su estadía en el predio de detención de la Armada.

La contundencia y frialdad de los datos de este informe dejan al lector estupefacto. Si hay algo que caracteriza la escritura periodística de investigación del desaparecido escritor Rodolfo Walsh, es la forma clara, concisa e irrefutable con que presenta los hechos, las pruebas, los testimonios, el manejo de la estadística. Lejos de todo tipo de ambigüedades, dobles lecturas o analogías, los datos son expuestos -en cada uno de sus trabajos- con una rigurosidad y síntesis magistral, que muy poca letra dejan al enemigo. Atrás quedarían los tiempos de la escritura pasatista de los relatos policiales propios de la admirada tradición inglesa, tanto como el periodismo cultural de sus primeras notas. El enigma está ubicado en el centro del tablero y tiene el rostro de una realidad estrepitosa, dibujada por los hechos atroces que tienen al propio autor por testigo y protagonista.

Notas:

[1] El presente artículo es una versión revisada y ampliada de la exposición realizada por los autores a instancias del III Encuentro sobre la problemática del viaje y los viajeros “América Latina y sus miradas. Imágenes, representaciones e identidades”, Mesa: Observaciones, comparaciones y construcción de identidades (UNC, Tandil-Argentina, agosto 2008).

[2] SAÍTTA, Sylvia (Comp.). Hacia la revolución. Viajeros argentinos de izquierda, Buenos Aires: CFE, 2007, p.11.

[3] SAÍTTA, Sylvia. Ob.Cit., pp. 17-8.

[4] ARROSAGARAY, Enrique. Rodolfo Walsh, de dramaturgo a guerillero, Buenos Aires: Catálogos, 2006: p. 42.

[5] Casi todo el tráfico informativo se hacía en inglés. Eran la United Press International (UPI), la Associated Press (AP) y la International News Service, con una pequeña presencia de la France Presse. O sea, no había posibilidad de escuchar otra versión de los hechos.

[6] ULANOVSKY, Carlos. Paren las rotativas. Una historia de grandes diarios, revistas y periodistas argentinos, Buenos Aires: Espasa Calpe, 1997, p. 80.

[7] BERTRANOU, Eleonora. Rodolfo Walsh. Argentino, escritor, militante, Buenos Aires: Leviatán, 2006, p.107.

[8] BERTRANOU, Eleonora. Ob. Cit., p.107.

[9] BONASSO, Miguel. “Homenaje a Rodolfo Walsh”, en: INVERNIZZI, Hernán y GOCIOL, Judith. Un golpe a los libros: represión en la cultura durante la última dictadura militar, Buenos Aires: Eudeba, 2002, p.395.

[10] ARROSAGARAY, Enrique. Ob. Cit, p.15.

[11] JOZAMI, Eduardo, “Descubrimiento de Cuba”, en: Rodolfo Walsh. La palabra y la acción, Buenos Aires: Norma, 2006, p.118-9.

[12] JOZAMI, Eduardo. Ob. Cit, p.122.

[13] Antiguo Testamento - Libro de Daniel: 5, en: La Santa Biblia, Gran Bretaña: Soc. Bíblica Americana, 1951, p. 896.

[14] ARROSAGARAY, Enrique. Ob. Cit., p. 65.

[15] FORD, Aníbal. “Walsh: La reconstrucción de los hechos”, en: Desde la orilla de la ciencia. Ensayos sobre identidad, cultura y territorio, Buenos Aires: Puntosur, 1987, p.170.

[16] Idem, p.172.

[17] BERTRANOU, Eleonora. Ob. Cit., p. 99.

[18] “¿Lobo estás?”, en: Siete Días, Buenos Aires, 16 de junio de 1969, incluida en: WALSH, Rodolfo. Ese hombre y otros papeles personales, Buenos Aires: Seix Barrall, 1996, p.117.

[19] JOZAMI, Eduardo. Ob. Cit., pp. 118-119.

[20] JOZAMI, Eduardo. Ob. Cit., p.122.

[21] WALSH, Rodolfo. “Provisorio epílogo (de la primera edición, julio de 1957)”, en: Operación Masacre, Buenos Aires: Planeta, 1994, p.289.

[22] ULANOVSKY, Carlos. Ob. Cit., p. 118.

[23] WALSH, Rodolfo. Ob. Cit., p.119.

[24] GARCÍA LUPO, Rogelio. “La muerte de Walsh no tiene nada que ver con la carta, sino con su vida”, en:

[24] JOZAMI, Eduardo. Ob.Cit., p. 122.

[26] Ver: “Programa del 1º de mayo de la CGT de los Argentinos”, en: CARABALLO, Liliana y otros. Documentos de la historia argentina (1955-1976), Buenos Aires: Eudeba, pp.132-4 / ANGUITA, Eduardo y CAPARRÓS, Martín. La Voluntad. Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina, 1966-1973, Tomo I, Buenos Aires: Norma, 1997, pp. 179-184.

[27] WALSH, Rodolfo, Un oscuro día de justicia. Zugzwang, Buenos Aires: Ediciones de la Flor, 2006, p.52.

[28] Walsh, R., en: CARABALLO, Liliana y otros. Ob.Cit., p.184.

[29] ANGUITA y CAPARRÓS. Ob.Cit. Tomo I, p.449.

[30] ANGUITA y CAPARRÓS. Ob.Cit. Tomo I, p.634.

[31] SEOANE, María. Rodolfo Walsh, la palabra no se rinde - Caras y Caretas, Cuaderno nº4, Buenos Aires: Fundación Octubre, marzo 2007, p.84.

[32] PIGLIA, Ricardo. “Hoy es imposible en la Argentina hacer literatura desvinculada de la política- Nota al pie”, en: WALSH 2006, Ob.Cit., p.72.

[33] LAFFORGUE, Jorge. “Prólogo” a: WALSH, Rodolfo, Ob.Cit., p.15.

[34] WALSH, Rodolfo. “El reportaje de hoy”, en: Tramas para leer la literatura argentina. Rodolfo Walsh, Córdoba: CILS, Vol. I, nro.1, 1999, pp.170-172.

[35] El artículo se tituló “El Sionismo, el estado Israelí y la Lucha del Pueblo Palestino” y se publicó en el mes de junio de 1974. Dicha investigación expone las conclusiones a las que Walsh arribara, luego de realizado su viaje al Líbano, en torno al proceso histórico del pueblo palestino, atendiendo a las implicancias políticas y religiosas de la lucha entre árabes e israelíes. Ver: DÍAZ, Claudio y CASTILLO, Jimena. “Dossier. Información sobre Rodolfo Walsh”, en: Tramas para leer la literatura argentina. Rodolfo Walsh, Córdoba: CILS, Vol. I, nro.1, 1999, pp.101-148.

[36] WALSH, Rodolfo. “Dolor”, en: Noticias, Buenos Aires, año I, nº 214, 2/7/74, p.1.

[37] VINELLI, Natalia. ANCLA. Una experiencia de comunicación clandestina orientada por Rodolfo Walsh, Buenos Aires: La Rosa Blindada, 2000, p.11.

[38] ANGUITA, Eduardo y CAPARRÓS, Martín. La Voluntad. Una historia de la militancia revolucionaria en la Argentina,1976-1978, Tomo III, Buenos Aires: Norma, 1998, pp.131 y 184.

[39] ANGUITA y CAPARRÓS. Ob.Cit. Tomo

 

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© Carolina Castillo y Miguel Ángel Taroncher 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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