Doña Perfecta de Galdós:
la representación del conflicto identitario de la sociedad española.

Marta Manrique Gómez

Concordia University
Dept. Classics, Modern Languages and Linguistics
Montreal, Quebec, Canada


 

   
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Resumen: El presente trabajo tratará de aportar un nuevo análisis de la novela. En él, se establecerá una estrecha relación entre la estructura estética y narrativa que la obra presenta y aquellos defectos y dolencias fundamentales por los que se caracterizaba y definía la sociedad española de la famosa década de 1868-78. La síntesis de la problemática que aparece retratada en Doña Perfecta, puede considerarse como un diagnóstico que el autor formula para tratar primero de identificar y después representar el grave y problemático “estado enfermizo” con el que se definían las relaciones socio-políticas de la nación española de su época. Posiblemente las intenciones de Galdós en Doña Perfecta no fueran sólo las de formular, de manera detallada y concisa, un completo diagnóstico de la enfermedad que padecía la sociedad española, sino también examinar la posibilidad de poner en práctica un buen y eficaz tratamiento con el que, en última instancia, poder erradicarla o al menos llegar a reducir su nivel de gravedad.
Palabras clave: Benito Pérez Galdós, Doña Perfecta, novela española

 

La novela Doña Perfecta de Pérez Galdós, que ha sido analizada y estudiada desde muy distintos ángulos y perspectivas y que ha recibido las más numerosas y variadas interpretaciones por parte de los más renombrados especialistas en el campo de los estudios galdosianos, exhibe una estructura narrativa clara y concisa, prestándose bien a una crítica moderna. El presente trabajo, en clara consonancia con esta fructífera y rica labor interpretativa, tratará de aportar un nuevo análisis de la novela. En él, se establecerá una estrecha relación entre la estructura estética y narrativa que la obra presenta y aquellos defectos y dolencias fundamentales por los que se caracterizaba y definía la sociedad española de la famosa década de 1868-78.

Doña Perfecta, uno de los grandes hitos galdosianos, es un libro español que cobra todo su sentido una vez establecida la directa conexión y relación existente entre ella y la esencia del corazón de la historia española del siglo XIX. En concreto, en esta novela, la primera de corte social de Galdós, sin duda, la historia ha sido novelada con la intención de representar una síntesis detallada del encarnizado y prácticamente crónico enfrentamiento socio-político que ha caracterizado no sólo a la década de 1868-78, sino también a la mayor parte del siglo XIX español. En otras palabras, la síntesis de la problemática que aparece retratada en Doña Perfecta, puede considerarse como un diagnóstico que el autor formula para tratar primero de identificar y después representar el grave y problemático “estado enfermizo” con el que se definían las relaciones socio-políticas de la nación española de su época. Yendo más lejos, me atrevo a añadir que posiblemente las intenciones de Galdós en Doña Perfecta no fueran sólo las de formular, de manera detallada y concisa, un completo diagnóstico de la enfermedad que padecía la sociedad española, sino también examinar la posibilidad de poner en práctica un buen y eficaz tratamiento con el que, en última instancia, poder erradicarla o al menos llegar a reducir su nivel de gravedad.

Volviendo al diagnóstico de la enfermedad, es importante destacar que, sin duda, para Galdós tanto los personajes de su obra de ficción como aquellos otros pertenecientes a la realidad presentan síntomas y dolencias comunes que son consecuencia directa del padecimiento de una misma enfermedad. En otras palabras, las actitudes y posiciones vitales de todos ellos reflejan una acusada dicotomía ideológica que es la causa fundamental del serio enfrentamiento político-social en que se encuentran inmersos. Entre los síntomas y dolencias más comunes de la enfermedad retratada por Galdós destacan, entre otros: el riguroso conservadurismo o liberalismo político, los elevados índices de fanatismo religioso, las extremas actitudes de intolerancia y los acusados niveles de corrupción, violencia, intransigencia e hipocresía que caracterizan y envuelven las acciones de casi todos los personajes de la obra.

En cuanto al método utilizado por Galdós en su novela Doña Perfecta para analizar y diagnosticar la enfermedad de la nación española, cabe mencionar que éste es un método esencialmente deductivo, es decir, un método en el que la argumentación del autor deviene de lo particular a lo general, utilizando el recóndito y aislado espacio o escenario imaginario de Orbajosa como símbolo o emblema de toda la sociedad rural española de su época. De este modo, Orbajosa representa la ficticia población rural que actúa simbólicamente como microcosmos de todos y cada uno de los pueblos españoles de existencia real y ubicación geográfica clara y precisa con el fin de que todos sus defectos y virtudes, a nivel político, económico y social, puedan extrapolarse a básicamente cualquiera de ellos. De esta forma, por extensión, la enfermedad de Orbajosa consigue emular realmente la enfermedad que padece la nación española en su conjunto, precisamente, gracias a su ficticio escenario y dudoso emplazamiento geográfico. En otras palabras, Galdós consigue ejemplificar a la perfección, a partir de la invención artificial del recurso Orbajosa, los principales síntomas que caracterizan la enfermedad que padece la sociedad española de su propia época, resumidos a partir de la descripción detallada de sus más notorios defectos y vilezas y entendidos como una de las consecuencias directas de la estricta y extrema división y enfrentamiento social y político ya mencionados. Como bien señala Cardona: Orbajosa es esencial en la novela galdosiana porque ejemplifica al pie de la letra la base del problema, “la confrontación entre una visión provinciana, tradicionalista y primitiva, [defendida y cumplida por todos sus habitantes] y otra visión europeizada, liberal, y sumamente centrada en la metrópoli [y representada por Pepe Rey]” (16). Por lo tanto, partiendo de Orbajosa, población imaginaria, pero al mismo tiempo de localización geográfica polivalente, Galdós consigue adentrarse en la raíz del problema nacional español al demostrar que la culpa o causa más directa del problema nacional se encuentra, sin duda, en el enfrentamiento contínuo de “las dos ideologías contendientes” (Cardona 16) e históricamente enemigas.

Ahora bien, claramente si el hecho de conocer el papel simbólico que Orbajosa ocupa dentro de la novela permite pensar que todo lo que en ella sucede podría estar sucediendo en cualquier población rural española del último cuarto del siglo XIX; también por añadidura, el desolador aspecto con que el entorno de Orbajosa es presentado al principio de la novela podría servir para ejemplificar el terrible estado de deterioro y abandono propio con que Galdós percibe la gran mayoría de poblaciones rurales españolas de esa época. Así resume en Doña Perfecta el terrible aspecto de Orbajosa:

Después de media hora de camino [...] apareció a los ojos de entrambos apiñado y viejo caserío asentado en una loma, del cual se destacaban algunas negras torres y la ruinosa fábrica de un despedazado castillo en lo más alto. Un amasijo de paredes deformes, de casuchas de tierra pardas y polvorosas como el suelo formaba la base, con algunos fragmentos de almenadas murallas, a cuyo amparo mil chozas humildes alzaban sus miserables frontispicios de adobes, semejantes a caras anémicas y hambrientas que pedían una limosna al pasajero. Pobrísimo río ceñía como un cinturón de hojalata, el pueblo, refrescando al pasar algunas huertas, única frondosidad que alegraba la vista. […] No podían verse existencias que mejor encajaran en las grietas de aquel sepulcro, donde una ciudad estaba, no sólo enterrada sino también podrida. Cuando nuestros viajeros se acercaban, algunas campanas, tocando desacordemente, indicaron con su expresivo son que aquella momia, Orbajosa, tenía todavía un alma. (20)

Retomando la idea ya formulada y a partir de la cita arriba transcrita, se puede deducir, en consonancia con la terminología ya empleada hasta ahora, que el terrible estado de deterioro físico, decadencia económica, ruina y anquilosamiento, en los que se encuentra el entorno natural y material de Orbajosa que Galdós nos presenta, son una mera estrategia mediante la cual resulta más fácil representar el verdadero objetivo del autor, en otras palabras, el grave y triste estado de abandono espiritual en que se encuentra la sociedad que en ella habita. Curiosamente, nótese que para describir el área territorial de Orbajosa, Galdós ha utilizado vocablos directamente relacionados con la terminología de la muerte: momia, sepulcro, enterramiento y alma, entre otros, posiblemente para representar de una manera más real el serio y prácticamente irreversible estado terminal en que se encuentra la enfermedad que padecen las poblaciones rurales españolas del siglo XIX. El aspecto general de todas estas poblaciones, y no sólo de Orbajosa, se asemeja o da la agria impresión de un sepulcro donde se encuentra enterrada la vida de sus habitantes y donde, de acuerdo al planteamiento de Cardona: “nunca sucede nada de importancia” (23). Sin duda, metafóricamente, el aspecto físico de Orbajosa, el extremo estado de anquilosamiento en que se encuentra, consecuencia directa de la defensa férrea por el mantenimiento de la tradición, la severa oposición al progreso y el parco estancamiento e incluso retroceso económico, sirven para describir los males que, de manera general, achacan por aquel entontes tanto a la sociedad Orbajosense como al conjunto de la sociedad española.

Para Galdós, tanto los Orbajosenses en la ficción como los españoles del medio rural y urbano en la realidad, no olvidemos los orígenes urbanos de Pepe Rey, -uno de los principales personajes de la obra que también padece la misma enfermedad que el resto de personajes de la obra-, son los directos responsables de la profunda defensa del mantenimiento de la tradición y del no sólo inamovible, sino también involucionista estado que define y caracteriza su existencia. Es más, sin duda, para Galdós, tal y como Cardona señala, el mayor defecto de los habitantes de Orbajosa (aplicable también al resto de los españoles) es el hecho de:

estar satisfechísimos con el tipo de vida en que se encuentran inmersos. Viven aislados del resto del mundo y no quieren averiguar nada de lo que sucede fuera de su pequeño y cerrado círculo social. De hecho, [...] todos ellos sufren de un complejo de superioridad y creen firmemente que su modo de vida es el único posible y, en resumen, que ellos poseen la verdad. (23)

En otras palabras, el mayor defecto de los Orbajosenses es la práctica de una fuerte intolerancia hacia el resto del mundo que les impide hacer autocrítica interna y les obliga, entre otros aspectos, a cumplir estrictamente ciertas reglas y practicar determinados hábitos relacionados con el fuerte conservadurismo político y el exacerbado fanatismo religioso que defienden. Esto explica el hecho de que todos ellos no sólo esperen, sino también exijan que sus modos de vida y creencias sean respetados, practicados y reconocidos por todos los españoles.

Por ello, al defender un estricto mantenimiento y conservación de la tradición, la población Orbajosense conserva un estado de estratificación y anquilosamiento totalmente anticuado, de clara tendencia involucionista, el cual es, sin duda, más propio de la sociedad estamental característica del Antiguo Régimen que de la que se espera predomine ya en el periodo histórico que la obra describe, el último cuarto del siglo XIX. Para Galdós, el nivel de gravedad de la enfermedad que padece la sociedad española es directamente proporcional a la organización estratificada de la misma sociedad. En otras palabras, para Galdós, los personajes que se encuentran en la cúspide directora de la sociedad, los personajes que indiscutiblemente controlan los hilos del poder político y social tanto en la novela como en la vida real son los que padecen la enfermedad en un estado que reviste una extrema gravedad. El ejemplo visible en la novela aparece descrito en los elevados índices de fanatismo, conservadurismo e hipocresía que padecen estos personajes que se encuentran en la cúspide de la escala social. Tal es el caso de Don Inocencio, popularmente conocido como el Penitenciario, director religioso y espiriritual de toda la comunidad de Orbajosa, quien destaca por encima del resto y a quien todo el mundo debe un falso respeto y admiración. Lo mismo ocurre con Doña Perfecta, otro personaje crucial en la novela, la cual se encuentra también en la cúspide directora prácticamente al mismo nivel que Don Inocencio, gracias, entre otras razones, a su fuerte poder económico y a “las costumbres intachables y la bondad pública” (282) de las que ella misma hace contínuo y falso alarde a lo largo de la novela. Su elevado grado de hipocresía y maldad, así como el exagerado nivel de falsedad que la caracterizan, son destacados por Galdós en las páginas finales de su novela:

su mirar, aun acompañado de bondadosas palabras, ponía entre ella y las personas extrañas la infranqueable distancia de un respeto receloso [...] Era maestra en dominar, y nadie la igualó en el arte de hablar el lenguaje que mejor cuadraba a cada oreja [...] Podía decirse de ella que con sus hábitos y su sistema de vida se había labrado una corteza, un forro pétreo, insensible, encerrándose dentro, como el caracol en su casa portátil. Doña Perfecta salía pocas veces de su concha. (282)

No cabe duda que en la novela tanto Don Inocencio como Doña Perfecta, dos figuras ficticias, enclavadas en el ficticio espacio que corresponde a Orbajosa, ejemplifican con su presencia a los defensores más recelosos y agresivos históricamente en cuestiones relacionadas con el estricto mantenimiento de la tradición española. Como cabe esperar, en una sociedad tan jerarquizada y estratificada como la del siglo XIX, también en la novela todo el mundo estaba totalmente sublevado a sus órdenes. Ahora bien, dentro de un sistema tan tradicional como el que componen las figuras de Don Inocencio y Doña Perfecta, ¿qué futuro puede deparar a una persona que defienda intereses bien distintos (por no decir opuestos) y que trate de difundirlos a lo largo y tendido de una sociedad tan tradicional como ésta? Galdós nos da la respuesta a esta cuestión en su novela con la inserción del ejemplo concreto de Pepe Rey, sobrino de Doña Perfecta, que viaja de Madrid a Orbajosa con la intención de casarse con su prima Rosario. Pepe Rey es un liberal que, de manera contraria a la sociedad de Orbajosa, es consciente del enorme grado de atraso y retroceso en que se encuentran todas las poblaciones rurales de España, así como de la urgente necesidad de orden y progreso que demandan. Así lo demuestran las primeras impresiones que expresa inmediatamente después de su primera llegada al pueblo:

por lo poco que he visto, me parece que no le vendrían mal a Orbajosa media docena de grandes capitales dispuestos a emplearse aquí, un par de cabezas inteligentes que dirigieran la renovación de este país, y algunos miles de manos activas. Desde la entrada del pueblo hasta esta casa he visto más de cien mendigos. La mayor parte son hombres sanos y aun robustos. Es un ejército lastimoso cuya vista oprime el corazón. (98)

Como bien defiende Zahareas, la opinión que Pepe Rey formula acerca del espacio ficticio de Orbajosa y de lo que ésta contiene y representa está estrechamente relacionada con la imperiosa y por momentos impetuosa necesidad de establecer el progreso y el orden social. De hecho, es precisamente la irracional manera con la que Pepe Rey se propone llevar a cabo su deseo, algo tan directamente opuesto a la idea defendida por los agresivos e involucionistas defensores del mantenimiento de la tradición española, la que indica que también Pepe Rey padece una enfermedad similar a la sufrida por el otro bando ideológico. Esto lo corrobora el hecho de que Pepe Rey es incapaz de entender las pocas posibilidades de éxito que podría tener, en una sociedad en un estado tan terminal como la de Orbajosa, la inserción del proyecto político de orden y progreso social que él mismo tan empedernidamente defiende (52). Éste es para Galdós el verdadero dilema político español, y de acuerdo con la terminología empleada en el presente trabajo, la verdadera enfermedad española, en otras palabras, la acérrima intransigencia que demuestra el hecho de que cada uno de los dos bandos políticos trate de imponer al otro por la fuerza sus principios ideológicos de una manera tan extremadamente intransigente y tan poco acorde con un análisis objetivo de la realidad.

De esta forma y en clara consonancia con lo anterior, si, por un lado, en la novela, Pepe Rey llega a ser rechazado prácticamente por todos los habitantes del pueblo precisamente por el hecho de llegar a pronunciarse abierta e impetuosamente en contra de todas las reglas tradicionales que el grupo de Orbajosenses sigue al pie de la letra; por otro lado, también Pepe Rey mantiene un arrogante punto de vista sobre él y la conducta de los otros, ya que en ningún momento trata de dialogar con ellos por considerarles enemigos y defensores de ideas opuestas y diferentes a las que él mismo defiende. El hecho de no poder simpatizar con el extremo y anclado conservadurismo social y político de una comunidad rural como la de Orbajosa, le impide ver que en una sociedad como ésta, las ideas relacionadas con el cambio y la modernización son divisas prácticamente irrealizables. Consecuentemente, en este caso, la mayoría de los liberales españoles, que actuaron en la vida real tan impacientes como Pepe Rey actúa en la novela, tampoco pusieron nada de su parte para tratar de mejorar la difícil situación de enfrentamiento y discordia socio-política por la que atravesaba la sociedad española de aquel momento. En realidad, la visita de Pepe Rey y sus continuas disputas con la gente local de Orbajosa, que van apareciendo a lo largo de la novela, sirven precisamente para reflejar las serias tensiones y las profundas divisiones entre dos formas de ser antagónicas, que existían no sólo en esta pequeña comunidad ficticia, sino que también estaban extendidas por toda la geografía española y que básicamente se resumen en lo siguiente: el liberalismo de las ciudades y el fiero conservadurismo político de todas y cada una de las áreas rurales.

Ahora bien, Galdós aborda con “cierto” grado de optimismo la existencia de una posible cura de la enfermedad, resumida en un intransigente, irreversible y violento enfrentamiento socio-político, que afecta a la sociedad española de su época. En otras palabras, para Galdós, a pesar de su gravedad, la enfermedad no era incurable, sino todo lo contrario y por esta razón al final de la novela se observa la manera en que el autor baraja y sugiere la puesta en práctica de un tratamiento concreto para erradicarla. En su opinión, la forma más fácil de eliminar o combatir la enfermedad padecida por la nación española consiste, tal y como deja entrever en la novela, en “el establecimiento de una reconciliación definitiva entre los dos bandos políticos, tan encarnecidamente enfrentados” (190) a través de la aplicación por todo el territorio nacional versus Orbajosa de elevadas dosis de apertura religiosa, tolerancia, respeto y convivencia. Se debe añadir que, aunque, en su novela, Galdós considera este tratamiento como una posibilidad efectiva para obtener una cura efectiva de la enfermedad, sin duda, también deja claro que la perfecta implantación de este tratamiento, así como sus posibilidades de éxito, son tremendamente difíciles, por no decir imposibles. En otras palabras, en una sociedad como la que Galdós presenta en Doña Perfecta, en una sociedad que se caracteriza por un fanatismo tremendamente cerrado y anclado, en una sociedad en la que, tal y como Gilman señala: “el contraste entre los dos grupos sociales no podría haber sido más acusado” (10), es prácticamente imposible aspirar a que se produzca la mencionada reconciliación y por ello la novela se dirige precisamente en la dirección contraria. La enfermedad no consigue llegar a erradicarse, sino todo lo contrario se agudiza, entrando, de hecho, en un acelerado proceso de deterioro que aumenta cada vez más la distancia, separación y enfrentamiento entre los dos grupos sociales y políticos en ella representados.

En conclusión, con el espacio virtual de Orbajosa o sin él, la novela da clara fe de los tiempos en que fue escrita, sin duda, recordando los problemas principales que yacían bajo la lucha por el poder en el convulso periodo histórico que sucede a la revolución de 1868. En otras palabras, Galdós representa el hecho de que la violencia e intransigencia con que los dos bandos políticos españoles se comportan sirve únicamente para engendrar más violencia e intransigencia y, consecuentemente, para que al final de la novela no haya ninguna diferencia entre las distintas formas de actuar debido a que todos y cada uno de los personajes, especialmente de aquellos que padecen la enfermedad en un estado más avanzado, se dejan dominar por las más terribles e irracionales pasiones. Sin duda, para Galdós, ambos grupos, el representado por Don Inocencio y Doña Perfecta y el que representa Pepe Rey, son facciosos de su propia causa porque ambos padecen la misma enfermedad de carácter ya crónico por haber caracterizado históricamente la evolución general de la nación española.

 

Obra Citadas:

Cardona, Rodolfo. “Introducción”. Benito Pérez Galdós. Doña Perfecta. Madrid: Cátedra, 2001. 11-55.

Gilman, Stephen. “Novel and Society: Doña Perfecta”. Anales Galdosianos 11 (1976): 15-27.

Pérez Galdós, Benito. Doña Perfecta. Ed. Rodolfo Cardona. Madrid: Cátedra, 2001.

Zahareas, Anthony N. “Galdós’ Doña Perfecta: Fiction, History and Ideologoy”. Anales Galdosianos 11 (1976): 29-58.

 

© Marta Manrique Gómez 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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