El hombre barroco frente al espejo devorador:
un hombre nuevo y un nuevo arte en Latinoamérica

Mariluci Guberman

Universidade Federal do Rio de Janeiro (UFRJ)
mariluci@domain.com.br


 

   
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Resumen: Del siglo XVI al XVIII la imigración de europeos y africanos fue constante a Latinoamérica, principalmente por la extracción de plata y oro. A partir del descubrimiento de esas riquezas, se intensificaron la miscigenación étnica y cultural, revelando un hombre nuevo americano y un nuevo arte, que registraron intensamente el mestizaje latinoamericano. Ese hombre nuevo fue fundamental para la solidificación de la identidad latinoamericana.
Palabras clave: Colonia; imigración; mestizaje.

Abstract: From the sixteenth to the seventeenth century, there was constant European and African immigration in Latin America due to silver and gold extraction. From the discovery of such resources on, ethnic and cultural miscigenation has increased, unveiling a new American man and art that have intensively accounted for Latin-American crossbreedness. This new man was essential for the consolidation of Latin American identity.
Keywords: Colony; immigration; crossbreedness.

 

En el siglo XVII, España atraviesa una crisis económica y política, iniciada en el siglo anterior con la destrucción de la Invencible Armada (1588) por los ingleses y, luego, con los conflictos generados por la sucesión del trono español, bien como la invasión de la península por José Bonaparte, que ocupó España de 1807 hasta 1814, y fue el colmo de la situación adversa de España y, a la vez, la aceleración del proceso de independentismo de las colonias hispanoamericanas. Esta inseguridad política y económica española debilitó el comercio marítimo exterior y posibilitó el crecimiento de la economía interna en América, principalmente, en los virreinatos de la Nueva España y del Perú. La contratación libre de los trabajadores locales cambia el carácter de la mano de obra: el hombre libre americano, que se había transformado en objeto del trabajo con la Conquista en Hispanoamérica, cambia para sujeto del trabajo con la crisis en España, contribuyendo en gran parte para el desarrollo del Nuevo Mundo.

La conquista militar en Hispanoamérica mantuvo muchas estructuras sociales, como el calpulli [1] en la Nueva España o la mita [2] en el Perú, tributos y prestaciones de servicios colectivos; sin embargo, la conquista espiritual fue devoradora. Para edificar el cristianismo en el Nuevo Mundo, los conquistadores espirituales, es decir, los misioneros, según el investigador Daniel Cosío Villegas (1983: 57), “[...] destruyeron las bases de todas las relaciones espirituales en un mundo que descansaba fundamentalmente sobre una concepción religiosa de la vida. Con ello se aseguraba su occidentalización; así se inició el proceso de desaparición de las antiguas culturas”.

Mientras los soberanos D. João III y Francisco I, respectivamente, reyes de Portugal y Francia, mantenían conversaciones diplomáticas sobre el dominio portugués en Brasil, se creó en estas tierras, en el siglo XVI, la Francia Antártica [3] (Río de Janeiro) y, luego, la Francia Equinoccial (Maranhão). Estas dos instituciones pusieron en riesgo las relaciones entre los dos países, principalmente, después de la argumentación del rey francés, que sólo aceptaría el dominio portugués si le enseñaran un legítimo testamento de Adán.

No sólo los franceses demostraron interés por Brasil, sino también los holandeses, que estaban en guerra con España y, por supuesto, con Portugal, ya bajo el dominio español (1580-1640). En la primera mitad del siglo XVII, los holandeses conquistan, en Brasil, desde el actual Estado do Maranhão hasta la desembocadura del Río São Francisco; sin embargo, el interés se concentra en el que es hoy el Estado de Pernambuco. Según el periodista brasileño e investigador de Estudios Pernambucanos, Leonardo Dantas Silva (2005: 75), los holandeses necesitaban de todo el azúcar [4] producido en Brasil para sus refinarías, que eran veintiseis sólo en Amsterdan. Así empieza la conquista y administración de la Nueva Holanda [5], bajo el comando de Johan Maurits van Nassau-Siegen, que inmediatamente inicia una transformación radical [6] en Pernambuco. Alrededor de Recife, él construye, en 1639, la Ciudad Mauricia (Maurits Stadt) en la Isla Antonio Vaz. Los cambios fundamentales, en Pernambuco, se suceden hasta Nassau retornar para su tierra en 1644. Tras intensas batallas se instauró, en 1645, la paz entre holandeses y portugueses.

Mientras España y Portugal atraviesan crisis políticas y económicas, el Nuevo Mundo se desarrolla y crece: a partir de la segunda mitad del siglo XVI hasta la mitad del XVIII, la mineración [7] fue la principal actividad económica en Latinoamérica. En la Nueva España se descubrieron las primeras minas de plata: en Taxco (1534), también en Zacatecas (1546) y Pachuca (1555). En el virreinato del Perú se descubrieron minas en Potosí (1545).

La ciudad de Cuzco, en la época de la Colonia, pasa a ser regida por Lima, puerto por donde escoaban las riquezas y, principalmente, las riquezas de las minas de la Villa Imperial de Potosí. Después de la muerte de Huáscar y Atahualpa, el centro del Estado Inca pasa a ser Vilcabamba hasta 1572, cuando muere el último emperador, el Inca Tupac Amaru.

En Brasil surge la leyenda de la Sierra Resplandeciente (1549), nombrada Sabarabuçu por los indígenas. En 1550 parte la primera expedición a esta sierra, que jamás regresa; en 1553 parte otra expedición, que regresa sin encontrar riquezas. Solamente un siglo y medio después se descubrieron las “minas generales”, expresión que nombró el Estado de Minas Gerais. Con motivo de ese descubrimiento, la ciudad de Río de Janeiro, en 1763, desplazó el centro político de la ciudad de Salvador (Bahía), y se transformó en sede del Gobierno General, la ciudad más importante de la colonia, un puerto para escoar las riquezas de las minas generales.

La inmigración de europeos al Nuevo Mundo, en el siglo XVI, ha traído los primeros africanos para América, que vinieron en condición de esclavos y fueron explotados hasta el siglo XIX. Los negros formaron la fuerza de trabajo que impulsó a la producción de azúcar en Brasil y en otros países hispanoamericanos. En relación a la contribución cultural de los africanos esclavizados en Brasil, suele destacar la afirmación del antropólogo Darcy Ribeiro (1995: 114):

La contribución cultural del negro fue poco relevante en la formación de aquella protocélula original de la cultura brasileña. Sobornado para incrementar la producción azucarera, integraría el contingente fundamental de la mano-de-obra. Aunque su papel como agente cultural haber sido más pasivo que activo, el negro tuvo una importancia crucial, tanto por su presencia como la masa trabajadora que produjo casi todo que aquí se hizo, como por su introducción ladina más tenaz y continuada, que remarcó el amalgama racial y cultural brasileño con sus colores más fuertes.

En la época colonial en Latinoamérica, la metrópoli tuvo proyectos y retos explícitos, de acuerdo con Darcy Ribeiro (1986: 19): “subyugar la sociedad preexistente, paralizar la cultura original y convertir la población a una sumisa fuerza de trabajo”. Sin embargo, la prosperidad de la empresa colonial permitió, según el antropólogo brasileño, la formación de “una amplia burocracia militar, gubernamental y eclesiástica, que pasó a regir la vida social en cada detalle”.

Las ciudades, en Latinoamérica, surgieron no sólo para controlar la población y las riquezas, sino también para atender a las distintas capas sociales que se constituyeron en el Nuevo Mundo. Grupos étnicos y sociales necesitaban formar centros administrativos y, por eso, se unieron; así como, grupos esencialmente diferentes -los agentes del poder y los sojuzgados- se relacionaron y mantuvieron incluso una convivencia libre entre hombre y mujer, lo que originó el mestizaje étnico.

Durante la colonización de los países latinoamericanos, algunas ciudades mantuvieron gran parte de la cultura indígena -como México y Cuzco-, mientras otras perdieron los substratos indígenas y construyeron un estilo colonial en Hispanoamérica -como Lima, Cuzco, Quito, Cartagena de Índias, Puebla, Oaxaca-, donde surgieron los balcones en estilo mudéjar, muy semejantes a los de Andalucía. Ya en Brasil, las construcciones se aproximaron a las grandes casas portuguesas; como por ejemplo, en las siguientes ciudades: Salvador, Río de Janeiro, João Pessoa, Recife, Olinda, São Luis, Parati, Sabará, São João del Rei, Mariana (antiguo Arraial do Carmo), Ouro Preto...

Esa preservación de gran parte de la ciudad prehispánica encuentra apoyo en la afirmación de Angel Rama (1998: 18),

[...] los conquistadores no reprodujeron el modelo de las ciudades de la metrópoli de que habían partido, [...]. Gradualmente [...], fueron descubriendo la pantalla reductora que filtraba las experiencias viejas ya conocidas, [...] el esfuerzo de clarificación, racionalización y sistematización que la misma experiencia colonizadora iba imponiendo, respondiendo ya no a modelos reales, conocidos y vividos, sino a modelos ideales concebidos por la inteligencia, [...].

De esa forma surgieron las ciudades ideales en la vasta extensión americana, adaptadas a una nueva realidad y a un nuevo exercicio de poder, pues tras la conquista de Hispanoamérica, los españoles se limitaban a actividades políticas, administrativas o religiosas. A principio las ciudades fueron polos de recaudación de impuestos y control de los virreinatos, más tarde se convirtieron en centros políticos que garantizaron la independencia de los países latinoamericanos frente a las coronas europeas.

Desde los primeros fortines hasta los orgullosos virreinatos, según el investigador cubano José Antonio Portuondo (1975: 9), “se eleva el nuevo acento latinoamericano, la voz de un hombre nuevo, producto de nuevas circunstancias geográficas, económicas, sociales, culturales, que integran el Nuevo Mundo”. En relación al Brasil, Portuondo cita la afirmación del profesor y ensayista brasileño Afrânio Coutinho (1981: 15):

Ese hombre nuevo, americano, brasileño, engendrado por el vasto y profundo proceso aquí desenvuelto de miscigenación y aculturación, no podía expresarse con el mismo lenguaje del europeo, por eso lo transformó, lo adaptó, lo acondicionó a las nuevas necesidades expresivas, del mismo modo que se adaptó a las nuevas condiciones geográficas, culinarias, ecológicas, a las nuevas relaciones humanas y animales, del mismo modo que adaptó su paladar a las nuevas frutas, creando, en consecuencia, nuevos sentimientos, actitudes, afectos, odios, miedos, motivos de comportamiento, de lucha, alegría y tristeza. Todo ese complejo cultural nuevo tenía que dar lugar a un nuevo arte, a una nueva poesía, a una nueva literatura, a una nueva danza, a un nuevo canto, a nuevas leyendas y mitos populares. [...]

imagen 1Ese “hombre nuevo” y su “nuevo arte” de los que trata Afrânio Coutinho surgen en Latinoamérica a partir del desarrollo de la mineración en el siglo XVII. Se debe señalar, en las artes plásticas, la escuela de Cuzco, de la que se destaca Diego Quispe Tito (1611-1681) con su producción maravillosa, verdadera transformación del arte Cristiano: en su tela Arcángel con fusil -un ángel con alas, traje español exuberante y fusil al hombro- se verifica la exageración del traje y una crítica a la religión católica, pues el arcángel con su arma es el retrato del poder. En esa época, también la iconografía de la Virgen era constante en la cultura andina, se puede citar el lienzo Virgen del Monte (Potosí), de un Anónimo, que es, según Dawn Ades (1990: 12), “Una de las imágenes significativas [...], cuya falda se abre convirtiéndose en el monte de las minas de plata, y adoptando así la identidad de Pachamama, la diosa andina de la tierra y la creación”, por lo tanto, una mezcla religiosa de las culturas indígena y cristiana.

imagen 2También el arte en la Nueva España buscó registrar el mestizaje que ya se verificaba desde el siglo XVI. En el lienzo Asunción de la Virgen, de un Anónimo del XVIII, aunque la Virgen se presente con tez blanca y cabello rubio, su túnica blanca se encuentra cubierta con flores de colores muy fuertes, al contrario de las madonas de Leonardo, Michelangelo, Raffaello o Tiziano. Ya en el lienzo Divina Pastora (1799), de Anselmo, se observa una Virgen con pelo oscuro y joyería semejante a la de los antiguos mexicanos.

Tras el tumulto de la conquista, según el escritor cubano José Lezama Lima (2001: 82) surge el hombre barroco “que viene al mirador, que se sacude lentamente la arenisca frente al espejo devorador, que se instala cerca de la cascada lunar, que se construye en el sueño de propia pertenencia”. El hombre barroco de los siglos XVII y XVIII, en América, se descubre, se mira y se reconoce, y el arte registra esa mirada, ratificando su reconocimiento, su mestizaje.

Si por un lado Lezama Lima (2001: 79-80) afirma que el barroco europeo es una manera de acercarse al barroco sin olvidarse del gótico; por otro lado, define así al barroco americano:

Primero, hay una tensión en el barroco; segundo, un plutonismo, fuego originario que rompe los fragmentos y los unifica; tercero, no es un estilo degenerescente, sino plenario, que en Espanha y en la América espanhola representa adquisiciones de lenguaje, tal vez únicas en el mundo, muebles para la vivienda, formas de vida y de curiosidad, misticismo que se ciñe a nuevos módulos para la plegaria, maneras del saboreo y del tratamiento de los manjares, que exhalan un vivir completo, refinado y misterioso, teocrático y ensimismado, errante en la forma y arraigadísimo en sus esencias.

La arquitectura barroca en Latinoamérica empieza con las construcciones de las Misiones Jesuíticas de los siglos XVII y XVIII, que presentan una relevante producción estética y dan origen a una vasta literatura. Entre ellas se pueden señalar las construcciones, en Brasil, de los Siete Pueblos de las Misiones (1610-1767), de los que existen solamente las ruinas de São Miguel, São João Batista y Santo Ângelo. En Argentina sobresalen las ruinas de San Ignacio Miní y, en Paraguay, las de Trinidad y Jesú. Ya a noroeste de Bolivia las Misiones Jesuíticas de Chiquitos [8], edificadas entre 1691 y 1760, se encuentran muy conservadas y se asemejan a las construcciones europeas, debido a la influencia del arquitecto suizo que allí vivía, el Jesuíta Martin Schmit.

En la Nueva España sobresale el barroco de la Iglesia de Santa Prisca (Taxco, 1751) en la zona minera; la Iglesia de Santo Domingo y la Iglesia de Santa María Tonantzintla, ambas en Puebla. En Brasil se puede observar la Casa de la Ópera [9] (1770), construida por João de Souza Lisboa. Se destacan aun, en la ciudad de Ouro Preto, entre otras, la Iglesia de Nuestra Señora del Pilar, a la que se atribuye el suntuoso plan de decoración al escultor brasileño Antonio Francisco Lisboa, el Aleijadinho, y la Iglesia de Nuestra Señora del Monte del Carmo. En Bahía se puede apreciar el esplendor de la Iglesia del Convento de San Francisco y la Iglesia del Senhor do Bonfim, ambas en Salvador. En Río de Janeiro sobresalen los siguientes templos: la Iglesia del Mosteiro de São Bento, las Iglesias del Convento de Santo Antônio, la Iglesia del Outeiro da Glória y la Iglesia de Nossa Senhora do Carmo, antigua Sede de Río de Janeiro.

El arte barroco fue, en Latinoamérica, el apogeo del sentimiento nativista y su manifestación criolla. Suele destacar dos significativas expresiones barrocas, en la arquitectura, la del indio boliviano Kondori [10] y la del mestizo brasileño Aleijadinho [11]. De acuerdo con Lezama Lima (2001: 103), “el indio Kondori logra insertar los símbolos incaicos [12] de sol y luna, de abstractas elaboraciones, de sirenas incaicas, de grandes ángeles cuyos rostros de indios reflejan la desolación de la explotación minera”. También, según el escritor cubano, la obra del Aleijadinho “[...] va inundando la ciudad de Ouro Preto, y las otras ciudades vecinas, pues hay en él las mejores esencias feudales del fundador, del que hace una ciudad y la prolonga y le traza sus murallas, y le distribuye la gracia y la llena de torres y agujas, de canales y fogatas”.

imagen 3 Entre las obras más conocidas del Aleijadinho, se destacan la arquitectura y la portada en relieve de la Iglesia de São Francico de Assis (Ouro Preto) y la Terraza de los Profetas (Congonhas do Campo), esculturas de los doce profetas en bloques verticales de piedra jabón, material abundante en la región. También se incluyen Los Pasos (Congonhas do Campo), capillas con esculturas del autor de Minas Gerais, que retratan la Vía Crucis de Jesús [13].

Para Lezama Lima (2001: 104-106), el indio Kondori representa “la rebelión incaica” y el Aleijadinho “la rebelión artística del negro”, es decir, “las dos grandes síntesis que están en la raíz del barroco americano, la hispano incaica y la hispano negroide”. No cabe lugar a dudas, los registros de esos artistas plasman el mestizaje cultural en Latinoamérica y contribuyen para irrumpir la identidad americana.

Aunque las críticas sobre la América colonizada casi siempre fueron negativas, la tierra fecunda estimuló, en el siglo XVIII, un afán de conocimiento y engendró “una rica generación de sabios [14]”, según la afirmación de Portuondo (1975: 10-11): “[...] A este empeño sirve de modo eminente la prensa periódica que aparece en este siglo, en manos siempre de un patriciado criollo de hombres estudiosos, decididos a divulgar en América las novedades de la ciencia y de la técnica indispensables a su progreso económico e ideológico”.

Los primeros periódicos surgieron en el siglo XVII, según Pedro Henríquez Ureña (1979: 42): “La primera Gaceta de México sale en 1667; todavía no se publica periódicamente aparece de tarde en tarde”. Ya, en el siglo XVIII, en la Nueva España, salen a la luz los periódicos Mercurio Volante en 1772 y Gacetas de Literatura, éstas en el período de 1788 a 1795. En 16 de septiembre de 1810, el padre y profesor Miguel Hidalgo y Costilla, pároco de Dolores, puso en la calle los presos y en la cárcel las autoridades españolas del lugar. Se denominó oficialmente a este día como “Grito de Dolores”. A partir de esa fecha, varios movimientos revolucionarios surgieron en México: algunos bajo el liderazgo de Vicente Guerrero; otros, del coronel criollo Agustín de Iturbide, los cuales efectuaron un pacto, el Plan de Iguala o de las Tres Garantías. En 27 de septiembre de 1821 el ejército trigarante, con Iturbide a su frente, entró triunfalmente en la Ciudad de México y, al día siguiente, se nombró el primer gobierno independiente de México.

Con el surgimiento de la prensa en Latinoamérica, surgen también las ideas de libertad e independencia, que vienen de las Trece Colonias recién liberadas de Inglaterra (1776), además de la Declaración de los Derechos del Hombre, que viene de Francia, en 1794, traducida por el colombiano Antonio Nariño [15]. El concepto de república se extendió a los países latinoamericanos, a excepción de Brasil: la invasión de la Península Ibérica por las tropas de Napoleón Bonaparte, en el siglo XIX, provocó el traslado de la Familia Real portuguesa a Brasil, la cual instituyó un imperio en ese país. El caudal de hechos, ideas y conocimientos, divulgado por medio de libros y periódicos, tuvo una importancia significativa en la conformación de la opinión pública.

Otro acontecimiento importante fue la expulsión de los jesuítas latinoamericanos en 1767. Ellos, según Portuondo (1975:11), “reaccionan como criollos heridos [...] y reivindican con orgullo su pasado prehispánico y su derecho a vivir en tierra propia”. Tanto la reivindicación del mundo prehispánico como la mirada y los estudios científicos sobre la naturaleza, la sociedad y la historia de “Nuestra América”, parecían despertar, además del arte, la identidad del hombre de ese continente.

En el siglo XVIII, en Europa, surgieron ideas como el iluminismo, el enciclopedismo y el liberalismo, que fueron fundamentales para la formación de un pensamiento crítico y revolucionario no sólo en el continente europeo sino también en el americano.

El espíritu de investigación y el interés comercial, en Europa, caracterizaron el siglo XVIII como una época de viajes y expediciones científicas. Esas expediciones en su gran mayoría se dirigían a América y fueron significativas para el conocimiento científico y la rectificación de la cartografía americana. Asimismo las expresiones artísticas, registradas por los integrantes de esas expediciones, revelaron riquezas de la fauna y la flora, y la diversidad de la gente de las Américas. A partir del siglo XIX esas incursiones se vuelven una constante.

En 1816, el Príncipe Regente de Brasil, D. João, autorizó la entrada en Río de Janeiro de la Misión Francesa, que trajo pintores, escultores, arquitectos, grabadores etc. También se suele destacar la Expedición de la Comisión Científica al Pacífico (1862-1866), promovida por la España isabelina a tierras americanas: dibujos y fotografías de Rafael Castro y Ordóñez mostraron al mundo más riquezas del continente americano. Tanto los cientistas como los artistas revelaron el rostro de América: fauna, flora, ciudades y gentes.

En Brasil, muchos fueron los movimientos nativistas: desde la época colonial, como la Inconfidencia Mineira en 1789, hasta el período en el que Brasil fue sede del Reino Unido a Portugal y Algarves (1815), como por ejemplo la Revolución Pernambucana en 1817. La insatisfacción de la población con los altos impuestos instituidos por el Reino y el papel crítico y revelador de la prensa [16], que divulgaba los acontecimientos en la Corte y sus consecuencias frente a la población, llevaron D. Pedro, hijo de D. João VI, a proclamar la independencia de Brasil en 1822.

El proceso de ideas, conocimientos y descontentamiento [17], que se desarrolló junto al desprestigio de la Corona, fortaleció el elemento criollo y no fue posible para las coronas de España y Portugal, desde tan lejos, conservar el monopolio comercial y político de sus colonias latinoamericanas. Tras intensas luchas, los países latinoamericanos lograron hasta 1898 sus independencias.

 

Imágenes

—1. “Arcángel con fusil”, pintura de Diego Quispe. En New Orleans Museum of Art. Disponible en

—2. “Virgen del Monte” (Potosí), de un Anónimo.
Disponible en http://www.visitpotosi.com/imagenes/virgen_del_cerro.jpg

—3 Foto de la Iglesia de San Francisco de Asis (Ouro Preto, Brasil) [© Mariluci Guberman]

 

Notas:

[1] [calpulli]: “en la casa grande”, templo bajo el cual se integra un grupo social conformado por parientes, aliados, amigos y vecinos; un territorio determinado dentro de la división de la ciudad (barrio). [...] Sus funciones principales son la distribución del trabajo comunal y de las tierras laborales, la vigilancia, registro de población. En FERNÁNDEZ (1985) p.34.

[2] [mita] tributo o prestación de servicio ya conocido en el período precolombino; sin embargo, según KONETZKE (1998: 184-185), “Tras la conquista, los españoles adoptaron esta vieja institución americana para proporcionar al encomendero, [...], las necesarias prestaciones de los indios”.

[3] La Francia Antártica fue fundada, en 1555, por Nicolau Durand de Villegagnon, en las tierras alrededor de la baía de Guanabara. De la ciudad de São Sebastião do Rio de Janeiro, cerca de la colonia francesa, partieron los portugueses para expulsar los franceses en Río de Janeiro; sin embargo, sólo en 1557 los portugueses lograron la expulsión de los franceses, los cuales regresaron a esta ciudad en 1710 bajo el comando de Jean-François du Clerc, asesinado en 1711. Todavía, en esta fecha, ocurrió la invasión de René du Guay-Trouin que permaneció en Río de Janeiro por aproximadamente dos meses.

[4] La caña de azúcar, originaria de Papua (Nueva Guiné), fue traída por los árabes, primeramente, para Sicilia; luego, para el sur de España. Su plantación, entre los portugueses, tiene inicio en 1404 en el Algarve y, posteriormente, en la Isla de la Madera.

[5] Los holandeses en busca del azúcar estuvieron en Brasil por primera vez en Bahia (1624), cuando se los expulsaron los portugueses y españoles. Sin embargo, en 1630, los holandeses invadieron el actual Estado de Pernambuco, comandados por Hendrick Corneliszoon Lonck (DANTAS SILVA, 2005: 76) y, en 1634, bajo el comando de Sigemundt von Schkoppe, invadieron Paraíba. Así empieza la historia del Brasil holandés: en 1637 llega el noble de treinta y dos años, Johan Maurits van Nassau-Siegen, para administrar Pernambuco. Viene con la primera gran misión científica a cruzar la línea de Ecuador. Durante su mandato en Brasil, él se hizo rodear de pintores alemanes, holandeses y flamencos, que influenciaron la Escuela Baiana (del Estado de Bahia) de pintura, la que se formó con Eusebio de Matos, uno de los alumnos de esos pintores.

[6] Nassau inició la urbanización del área, según un plano definido, con calles, plazas, mercados, canales, jardines, saneamiento, puentes. En DANTAS SILVA (2005: 111).

[7] A mediados de 1740 la Nueva España ingresa en una era de cambios: se funda el Real Seminario de Mineración, se importa mineros de Alemania, se construye fábrica de explosivos, escuelas para hilar, el Jardín Botánico, la Escuela de Bellas Artes y otras instituciones educativas y revolucionarias.

[8] Las Misiones Jesuíticas de Chiquitos (Bolivia) eran las siguientes: San Javier, Concepción, San Ignacio de Velasco y San José de Chiquitos.

[9] La Casa de la Ópera es el actual Teatro Municipal de Ouro Preto, el más antiguo de Sudamérica.

[10] El indio o mestizo Kondori nació en el virreinato del Perú y parece ser originario de Mojos (Bolivia). A él se atribuye la bellísima portada de la Catedral de San Lorenzo de Potosí.

[11] El Aleijadinho, apodo de Antonio Francisco Lisboa (1738-1814), nació en Minas Gerais, era hijo de negra esclava y arquitecto portugués.

[12] Estos símbolos incaicos ya los presentaba el escritor peruano Felipe Guamán Poma de Ayala, en su Nueva crónica y buen gobierno, escrita y dibujada en el siglo XVII. Se tratará de la obra de Felipe Guamán Poma de Ayala en el último capítulo de este ensayo, cuando abordaremos el mestizaje.

[13] El conjunto artístico de Congonhas do Campo, que incluye la Terraza de los Profetas y Los Pasos, fue realizado de 1796 a 1805, por el Aleijadinho.

[14] Portuondo se refiere a los siguientes sabios: el naturalista colombiano José Celestino Mutis (1732-1808), el mestizo ecuatoriano Francisco Eugenio de Santa Cruz Espejo (1747-1795), para el ensayista cubano, una de las más brillantes figuras de la Ilustración latinoamericana.

[15] Ver Portuondo (1975: 12). El investigador cubano también trata de “las estrechas relaciones entre la letra y la vida durante la lucha emancipadora”, cuando cita (p.12-16) a diversos intelectuales, como Simón Bolívar (1783-1830), Andrés Bello (1781-1856) y otros.

[16] Em el siglo XIX, más bien en la década del 20, surgieron muchos periódicos en Brasil, sin embargo tres se destacaron: Sentinela da Liberdade (Pernambuco); Aurora Fluminense (Rio de Janeiro) y O Observador Constitucional (São Paulo).

[17] El sentimiento nativista en la Argentina alcanzó su cumbre en mayo de 1810, cuando José de San Martín logró la independencia de ese país. El general San Martín cruzó los Andes y libertó a Chile en el período de 1817 a 1818. En el Perú, las ideas nativistas ganaron fuerza y, en 1743, se intensificaron con la creación del primer periódico peruano, Gaceta de Lima; luego, en 1791, El Mercurio Peruano. Tras las ideas de libertad y con la participación del general San Martín, recienvenido de Chile, y con la ayuda de lord Cochrane, marino y aventurero inglés, el Perú se tornó independiente (1820), manteniendo la capital en Lima. En Venezuela surgieron los siguientes periódicos: Semanario de Caracas (1810-1811) y El Mercurio Venezolano (1811); luego, Francisco Miranda, al frente de los rebeldes, inicia el proceso de independencia de Venezuela, que alcanza su colmo con Simón Bolívar (1818). Bolívar liberta también a Nueva Granada (1819), Ecuador (1820) y Bolivia (1825). Ver HENRÍQUEZ UREÑA (1979).

 

Referencias bibliográficas

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Mariluci Guberman cursó su Doctorado en la Universidad Complutense de Madrid y la Universidade Federal do Rio de Janeiro. Líder del Grupo de Investigación CNPq O imaginário poético hispano-americano. Investigadora y Profesora de los Cursos de Graduación y Postgraduación en Letras (Literaturas Hispánicas) de la Facultad de Letras de la Universidade Federal do Rio de Janeiro desde 1987. Es autora de los siguientes libros: O teatro barroco da Nova Espanha (UFRJ/ FAPERJ, 1994); Octavio Paz y la estética de transfiguración de la presencia (Universitas Castellae, España, 1998); O corpo na poesia hispano-americana. Vanguarda. Antologia crítica (UEL, Londrina, 1999); Miguel Angel Asturias y su poema “Tiempo y muerte en Copán”: la coreografía lírica de la memoria maya (UFSC, 2005: Capítulo); Poesia Hispano-Americana: imagem, imagem, imagem... (Programa de Pós-Graduação em Letras Neolatinas UFRJ / CAPES, 2006: Organización y Capítulo); Provocações da Cidade (Programa de Pós-Graduação em Letras Neolatinas UFRJ / CAPES, 2009, 336p.: Organización y Capítulo) (in prenta).

 

© Mariluci Guberman 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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