Espéculo

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Alfredo Saldaña

Humus

  

 

Humus de palabras y personas

Fabiola Maqueda

 

Alfredo Saldaña, de ascendencia toledana como el mismísimo Garcilaso, es profesor de Teoría de Literatura Comparada en la Universidad. de Zaragoza, crítico literario y escritor. Poeta del logos, define su quehacer como la experiencia del acabamiento perpetuo, la constatación de una idea de disolución, el simulacro de la muerte. Se escribe para dejar constancia de una pérdida, lo que constituye un rasgo esencial de nuestra identidad, ha declarado en múltiples ocasiones. “Ahora sé que soy ya un texto, tejido textual, cuerpo devenido en discurso que fluye como la corriente de este río” (De “Palabras que hablan de la muerte del pensamiento”, 2003)

Saldaña sintetiza a Mallarmé advirtiendo que la poesía no es una cuestión de sentimientos de un determinado sujeto, el autor del texto, sino asunto del lenguaje: itinerario, lindero, paraíso, con el que está ineludiblemente comprometido, hasta convertirse en su propio infierno.

La blanca afonía como trasunto de la Nada existencialista, un hueco que dé nombre al vacío, una tierra sin adjetivos, cuya sustancia es desierto, será la morada del poeta. Y sin embargo, este esfuerzo creacionista del nombrar, que es el epitelio humedecido por la tinta/sangre, deviene en textura macerada por la adjetivación, eso sí atenuada y precisa, que invoca, convoca, revoca lo dicho para poder representar el mundo.

Que acierte a resolver el sentido del mundo en la plenitud del vacío.

Saldaña mira con ojos abrasados y ve como Tiresias que la palabra es profecía, destino ineludible más allá/acá de la Muerte, la postrera que cerrará nuestros ojos. Pero como en la ascética - es Fray Luís de León pero también la tradición sufí - la Naturaleza vuelve a ser maestra. La palabra debe decir lo inefable, lo indecible, imitando la sonoridad del agua, del pájaro, del viento, en el plano microquirúrgico del surco, más allá del ojo que no ve. Sólo, como en la caverna del filósofo, se entreve desde las sombras la esencia luminosa y ardiente de las cosas; sólo cuando ve, se da cuenta del prodigio.

Contemplación y después Acción. Todo en poesía es siempre Oriente, de donde nos viene la luz. Enajenación de uno mismo, conciencia de su infinita finitud, tránsito a la idea de dolor, hasta verse reflejado en la propia disolución (...) sentirse extranjero en propia casa.

Saldaña nos propone el ascenso unitivo de la mística y el descenso a los infiernos de los humanistas, quizás; en ese sentido, se ha comparado su mirada con la de Francis Bacon. Carne sangrante adelgazada por el ejercicio de vivir muriendo.

Soy una desaparición, dirá.

Un lenguaje marcado por un continuo errar en la búsqueda de sentido, que en su sonoridad y cadencia se hace oración, salmo, mantra: - aire en el aire, tierra por tierra, luz contra luz, la materia inane de las palabras. Caminar, caminar, caminar - conformando el alma del ermitaño, del vagabundo o del náufrago..., las diversas encarnaciones de la voz poética que atraviesa la vida en todas las posibles direcciones: en la horizontalidad del inconmensurable desierto; en las quebradas calles del laberinto, o en la verticalidad del mástil.

Sorprendido de concebir lo impensable, que define el acto de creación, ese estar atónito suspende los latidos de la vida momentáneamente para dar paso a la escritura.

Somos tiempo y memoria - afirmaba Bergamin-, pero sobre todo, soledad.

Saldaña como Rilke (Tzvetan Todorov, 2007) es un aventurero del Absoluto, un creador, y este se distingue de los simples mortales por ser el más solitario entre los solitarios. Así lo confirma aquél cuando proclama: “Soledad y silencio suelen ser beneficiosos compañeros de viaje del poeta y, en ocasiones, no otra cosa que un viaje de regreso, puesto que de ahí también hemos partido”.

Pero la poesía es insumisión, compromiso, resistencia. Ahora que aún nos rompen las entendederas la matanza de civiles en Gaza, convertida en campo de concentración, en cementerio en vida de más de mil inocentes, Saldaña proclama la palabra solidaria, el rescate de los que han sido olvidados, de sus pasiones, retorciendo los titulares de los diarios de información: Por los sicarios de las manos limpias.

Y nos recomienda escarbar en los estercoleros de la infamia para apuntalar la consistencia de vivir.

Ha sido adscrito a la corriente de la Metapoesía , la Poesía del Silencio, en que se valora la escritura como silencio en negación (A. Gamoneda, “Esta luz; José Ángel Valente, “Punto cero”; Paul Celan, “Rejas del lenguaje”, entre otros) aun a pesar de las protestas del autor que ha declarado no pertenecer a ninguna cuadrilla, ni literaria, ni de ningún otro tipo. Ciertamente en “Humus” se rastrea la simbiosis de belleza y conocimiento, que es característica de aquélla.

Por lo demás y a ese respecto, lo conveniente es remitirse a los propósitos enumerados por Saldaña en el poemario en prosa, “Pasar de largo” (2003), que constituye el testamento de su poética:

Escribir con la voz que dicta la conciencia más severa; al margen de las modas más obscenas; desde la soledad solidaria, la desposesión y la distancia de uno mismo; desde la diferencia, la orilla, el otro lado, donde la palabra apenas se oye, pero mejor se escucha; desde el amor vencido y contra el amor amordazado; contra el miedo, al compás del tiempo traicionado, contracorriente, donde la vida encuentra su frontera con la muerte.

En Saldaña, además, sistematicidad y empeño en la depuración de la Palabra en pro de la armonía y de la sonoridad, tanto como de su imagen mental; un batir y rebatir de citas del acervo común, lográndose recuperar la expresividad que el uso abusivo y el empleo torpe e inadecuado habían restado, convertidas en frase hecha, en palabra baúl, vacías de sentido y de comunicabilidad. En el poemario estas expresiones se han cargado, entonces, de dignidad: “dicho y hecho”, y luego “que el tiempo haga de las suyas”, pues cuando la mayor tirana deje sin voz al poeta ¿Quién dirá sin temblar “esta boca es mía”?

La respuesta está, en efecto, en los pliegues de su corazón, en ese bosque de palabras y personas que protege los secretos de los que han amado.

 

© Fabiola Maqueda 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero41/humus.html



Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2009