Identidades estigmatizadas: infancia y adolescencia

Prof. Lic. Marcelo Alejandro Moreno

Facultad de Filosofía y Humanidades, Córdoba, Argentina
maralemor@hotmail.com


 

   
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Resumen: El trabajo selecciona como material de análisis el documental Una modesta proposición bajo la elaboración y dirección de Miguel Matos. El mismo se refiere a la marcha realizada por el Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo desde La Quiaca hasta Buenos Aires, reclamando por el Derecho a la Vida. Dicha marcha se efectuó en un período temporal comprendido entre el 7 y el 22 de mayo del año 2001 en Argentina.
    El problema que estudiamos consiste en el establecimiento de los modos de configuración de las identidades estigmatizadas —en el caso particular de la infancia y adolescencia consideradas como “delincuentes”, “drogadictos”, etc—, por parte de las políticas y retóricas del Estado. Según nuestra perspectiva teórica, la marcha es susceptible de pensarla como una forma de intervención política. A partir del ensamblado de la lógica de la dramatología y la lógica de lo performativo, junto a los conceptos de indefensión expandida, cartografía del deseo, sociedades de la emoción y demás, intentamos mostrar a las sociedades europeas las voces y los cuerpos excluidos del sistema social en Latinoamérica.
    Tales voces y cuerpos construyen en el documental la “esperanza” en términos de una pasión política fundamental que constituye, a nuestro juicio, un guiño para mirar las problemáticas sociales de América Latina y también un ejercicio. Ejercicio que signifique asimismo una mirada desde sí misma hacia el continente sudamericano.
Palabras clave: Infancia y Adolescencia, Videoesfera, Indefensión expandida, Sociedades de la emoción, Dramatología y lo performativo

 

“Nosotros, las barricadas que tenemos no son de piedras, sino de globos”
Alberto Morlaschetti
Coord. Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo.

“Al futuro hay que llenarlo de recuerdos”
Padre Carlos Cajade
Mov. Nac. de los Chicos del Pueblo.

 

1. Introducción

El trabajo selecciona como objeto de análisis el documental Una modesta proposición dirigido por Miguel Matos referido a la marcha realizada por el Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo desde la Quiaca a Buenos Aires por el Derecho a la Vida. La misma se efectuó en Argentina del 7 al 22 de mayo del año 2001. Examinamos los modos de configuración estatal de las identidades estigmatizadas relativas a la infancia y adolescencia en relación con las representaciones sociales y políticas del Estado.

Un interrogante problemático que recorre la propuesta es si esta práctica social se rige por la lógica de la dramatología o por la lógica de la performance. Nuestra hipótesis sostiene que el documental trabaja con la combinación y ensamblado de las dos lógicas para producir huellas que no implican transformaciones en los discursos sociales del Estado, pero sí ejercen una manera de intervención política.

 

2 .La indefensión expandida

Un primer punto de partida para el análisis de la película lo constituye el concepto de “indefensión expandida” elaborado por Rossana Reguillo [1] a los fines de poder pensar la conexión con los discursos privatizadores de las sociedades neoliberales. Dicha noción consiste en los modos por los cuales un colectivo social —en nuestro caso las identidades de la infancia y adolescencia actorializadas en “los niños y jóvenes de la calle y los hogares”— se autopercibe como víctima de procesos ingobernables, amorfos e inasibles. Para la comprensión de esta autopercepción resulta imprescindible tener en cuenta una conceptualización de la idea de Estado.

Esta última se piensa en términos de una doble narrativa: en relación con la violencia del terrorismo de Estado y también en vinculación con la violencia económica. La inscripción de la modalidad de este tipo de violencia ligada a la obtención y carencia de dinero produce mecanismos de exclusión y estigmatización de la niñez y juventud. Citamos un fragmento del discurso de Mario en el documental:

“Si no tenés nada y no sos nada, jodete. Porque nadie te da una solución para nada. Nadie te va a dar una mano; nadie te va a ayudar”.

O en las palabras de Alberto Morlaschetti:

“Si el chico está donde no debe estar y deambula en barrios donde no debe estar, transgrede la frontera virtual del sistema, la mera presencia del indeseable es vista como un atentado a la sociedad civilizada”.

También el discurso de otro joven integrante de la Marcha construye, a través de su idea de las relaciones de poder, una representación de la narrativa estatal:

“El poder es lo que maneja todo. Vos vas preso, esto te pertenece a vos, esto lo mandamos para acá. El Gobierno, ¿qué sería? Lo que tendría que ayudar al pueblo, supuestamente.”

Los discursos ejemplificados configuran, además de esta indefensión expandida y una metáfora de la penalización extendida, una narrativa distópica de la democracia. Es decir, no el cumplimiento de la utopía política centrada en los valores sociales de la igualdad, sino su inversión. Dicha transformación produce, en el seno de las representaciones sociosemióticas y políticas del estado, una criminalización de la infancia.

Sin embargo, la marcha constituye un acontecimiento irruptor [2] que interpela al Estado que se caracteriza por su ausentamiento y propone otro concepto de infancia. Estos segmentos analizados poseen, a nuestro juicio, rasgos dramatológicos en la medida en que existe una puesta en escena con características dramáticas que sirve para fundar una nueva legalidad, aquella que propone una mirada distinta sobre la infancia, en tensión con el paradigma político- estatal de la estigmatización.

En el desarrollo de nuestro trabajo se intentará demostrar cómo el documental imbrica la lógica de la dramatología y la lógica de la performance a los fines de producir una huella de intervención política en la selección de los espacios públicos que ocupan en cada provincia a donde llega la marcha en su recorrido. Si tomamos el aporte de Víctor Vich [3] podemos definir el espacio público, o más bien la esfera pública como el rol de la sociedad civil por autogenerar un espacio de relativa autonomía crítica en la producción de opinión popular.

 

3. Pasiones, lazos afectivos y comunidad.

Los sujetos sociales participantes de la Marcha no establecen vínculos societales de relaciones políticas y de la vida con otros desde una matriz de dominación del hombre por el hombre. Según este modelo canónico de construcción de comunidad, el colectivo emergente de la marcha no configura oposiciones del tipo de lo propio y lo ajeno, lo mío y lo tuyo, sino que propone una noción comunitaria en base a los conceptos de pasiones y afectos públicos. Mirta Antonelli y Gabriel Giorgi afirman que:

“Las pasiones (deseos, emociones, sentimientos, afecciones) han sido y son constitutivas de la historia de las relaciones entre cuerpo y política: tanto de las formas de gobierno y de las modalidades del lazo social como de las formas socio- históricas de la subjetividad; de su posibilidad tanto como de su imposibilidad; de su cálculo como de su inculcabilidad” [4]

El tipo de lazo afectivo que vincula a los participantes del acontecimiento analizado se rige, de acuerdo con nuestra lectura, por una narrativa y sintagmática del deseo implicado en el desarrollo secuencial del género documental. Dicha sintagmática del deseo es posible definirla desde tres coordenadas o vectores: el desplazamiento de significados que transita desde la vida común a la vida en común; una cartografía del deseo (un diseño del espacio con nuevas significaciones sociales y simbólicas) que no se refiere sólo a un recorrido geográfico que transita a partir de la Quiaca hasta Buenos Aires, sino que incorpora el deseo y uno de sus atributos fundamentales denominado en términos de “la esperanza” como una pasión política esencial. Es posible definir un concepto de deseo tomando las ideas de Félix Guattari y Suely Rolnik:

El deseo son todas las formas de voluntad o ganas de vivir , de crear, de amar; a la voluntad o ganas de inventar otra sociedad, otra percepción del mundo, otros sistemas de valores (…) El deseo, en cualquier dimensión que se le considere, nunca es una energía indiferenciada, nunca es una función de desorden. No hay universales, no hay una esencia bestial del deseo. El deseo es siempre el modo de producción de algo, el deseo es siempre el modo de construcción de algo. [5]

El último vector que definimos es la inscripción de los afectos públicos. Conceptualizamos a los mismos en tanto una dimensión en la cual las singularidades sociales (las formas de vida en su especificidad, en su experiencia y en su experimentación) se inscriben en el espacio de los tráficos, los intercambios, las mezclas y las fricciones. [6]

El segmento de la película en el cual se narra la experiencia de los participantes de la marcha en Tilcara donde expresan que “se sacaron el pan de la boca para darnos a nosotros”, así como el recibimiento en distintas provincias que se les hace a los integrantes del Movimiento, permite complejizar las ideas de comunidad y afectos públicos. Tal complejidad se produce, a nuestro juicio, por la utilización de la categoría de simpatizante. En palabras de Rossana Reguillo:

“El simpatizante es una interesante categoría social que habla de aquellos que se colocan frente a la agenda pública, la que cotidianamente interpela su subjetividad, poniendo a funcionar sus propios filtros culturales (y de clase) para reconocer a “sus iguales” y desmarcarse de “los otros, los anómalos”. (…) El simpatizante no es una categoría aleatoria, producto del azar; se trata, fundamentalmente de una categoría social que emerge en el complejo entramado cultural en el que se disputa “hasta las últimas consecuencias” el derecho a simpatizar o a disentir con respecto a una realidad que nos atañe” [7]

El simpatizante aparece actorializado, en el caso que nos ocupa, por el sujeto colectivo o individual que los saluda, los acompaña, les hace canciones (la figura de Teresa Parodi, entre otros). Por contraposición, cuando la marcha llega a Córdoba y transita por las Avenidas Colón y General Paz, no se observan en el documental marcas del simpatizante desde un lugar de acompañamiento. Más bien pensamos, de acuerdo con nuestra hipótesis de lectura, que se recorta la categoría de simpatizante y se sitúa bajo la mirada de la representación estatal que se construye en la figura del ciudadano. Este ciudadano, en tanto habitante del espacio urbano, mira con indiferencia el carácter disrruptor de dicho acontecimiento que interrumpe el flujo de tránsitos y actividades del otro sujeto colectivo.

En estos mecanismos de configuración sociodiscursiva del simpatizante se juegan políticas de la mirada (¿quién mira?, ¿a quién se mira? y ¿cómo se mira?), los conceptos de normalidad y anomalía y la puesta en escena de los cuerpos. Aspectos que desarrollaremos más adelante.

 

4. La metáfora del pan

En la película analizada es recurrente el uso de la metáfora del pan en tanto proceso de formación de un concepto de infancia ligado a la recuperación de la inocencia, el sentido del juego y la inscripción en una familia que garantice la posibilidad de una utopía de transformación de un país, además de constituirse en una actividad de los niños y jóvenes participantes de la marcha. El maestro panadero lo expresa:

“Una vez que se unieron bien todos los ingredientes y ya son una sola cosa, hay que amasar con ganas. Da trabajo pero el secreto para un buen pan es que hay que lograr que tenga aire por dentro y sea firme por fuera”

La seriación de los pasos que implican la elaboración del pan (mezcla de ingredientes, amasado, incorporación de levadura y cocción) metaforiza la formación de la infancia según valores fundamentales definidos por la cultura occidental y argentina mencionados más arriba.

Por el contrario, las retóricas de las representaciones políticas y sociales del Estado [8] estigmatizan y criminaliza a los niños y jóvenes excluidos mediante la penalización extendida, ya sea mediante la inclusión de estos sujetos en los espacios de la cárcel o en los institutos. Así lo afirma Alberto Morlaschetti cuando dice: “Ser pobre es ya ser un delincuente”.

Sin embargo, el documental propone una idea distinta de pobreza. Un concepto que, en oposición a las características de victimización y carencia, rescata y recupera la dimensión lúdica y alegre de la infancia, por la cual se la resguarda de las retóricas dominantes del estado y los aparatos de la videosfera [9]. La película, lejos de asumir la mirada objetiva del hambre y la miseria con la consecuente visibilidad de la prensa, construye la identidad de la infancia en tanto adquiere dignidad en el espacio público, como subjetividad afectiva enlazada y también como sujeto de derechos.

Resulta pertinente, en relación con lo anterior, el establecimiento de una distinción entre víctimas y afectados. La primera supone que, ante una situación de crisis, el sujeto social se configure en tanto un objeto inmovilizado y susceptible de una intervención del Estado (las violaciones, las catástrofes, etc). La segunda hace referencia a la posibilidad de actuación por parte del sujeto, el cual toma un papel activo frente a esa misma situación de crisis. Pensamos que los participantes del Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo responden a la categoría de afecciones.

 

5. Normalidad y Anomalía

Otro modo de sostener nuestro eje de lectura en el objeto analizado pensando en la sintagmática narrativa del deseo en relación con las representaciones sociales y políticas estigmatizantes del Estado relativas a la infancia y adolescencia, lo constituye la utilización de los conceptos de normalidad y anomalía [10] formulados por Rossana Reguillo. Tales nociones nos resultan claves para comprender el impacto político del deseo en tanto modo de producción de las voces criminalizadas, excluidas y silenciadas de los actores mencionados como una interpelación a la máquina capitalística. A nuestro juicio, el acontecimiento disrruptor que implica la marcha puede ser leído en términos de una estrategia analítica que, por un lado, nos vuelve capaces de situar los textos disciplinarios. Estos últimos aparecen en la figuración, distribución, prescripción y proscripción de la “razón buena” y la “razón mala”. Este sería el ámbito de la normalidad. Por otra parte, la anomalía permite revisar los criterios de “normalidad” con los que una sociedad particular e históricamente situada opera y toca, en lo profundo, el espacio de apertura social y configura las capacidades de procesamiento frente a los eventos irruptivos.

La anomalía plantea el interrogante por la “tolerancia” y la democratización que, desbordando los márgenes restringidos de la instancia electoral, nos habla del lugar que ocupa la diferencia. En este planteo teórico, la misma no es concebida como exotismo políticamente correcto ni en tanto una acción legítima y afirmativa, sino en términos de un espacio de negociación para la coexistencia de lo diferente.

De acuerdo con las afirmaciones precedentes, nos parece que estos cuerpos puestos en escena sólo dejan huellas de que algo sucedió pero sin producir transformaciones en el escenario político y social. Existen marcas de ello al final del documental cuando se dice: “Juan sigue en la calle recogiendo cartones”, “Marito está preso otra vez”; pero también se afirma que “los chicos del pueblo continuarán marchando”. Dichas marcas nos hablan de la existencia una virtualidad performativa en el sentido de una acción que se reiterará y nos suscita la pregunta: ¿qué pudo la Marcha?

 

6. Los “frescos” y una estética del fragmento

Si bien el género del documental presupone las reglas de un encadenamiento de situaciones y/o estados de cosas articulado por la construcción de un tipo de montaje, pensamos a modo de hipótesis que la propuesta de Matos trabaja la materia significante con procedimientos discursivos relacionados con la noción de “frescos”. Este concepto elaborado por Rossana Reguillo en el artículo citado [11] consiste en que, a partir de una técnica pictórica basada en la utilización de colores disueltos en agua de cal en una superficie preparada (por ejemplo un muro) posibilita el trazado de dibujos previamente ejecutados por zonas.

La autora considera que la idea de “fresco” metaforiza de manera ilustrativa las posibilidades y dificultades que enfrenta el análisis cultural para trazar en una “superficie preparada” el “dibujo previamente ejecutado” que supone el registro etnográfico y el método hermenéutico sobre las realidades sociales que toma por objeto de reflexión.

En el caso de nuestro objeto de análisis, la superficie preparada la constituye el entramado de representaciones políticas y sociales del Estado en relación con la estigmatización de la infancia y adolescencia; sobre esa superficie se traza el dibujo y la cartografía de la Marcha, estableciendo, estableciendo una relación de interpelación con la superficie preparada.

Los procedimientos discursivos de aparición de los “frescos” en la película adquieren la forma de escenas donde escuchamos las voces de los actores y dichas escenas están articuladas por la configuración de un tipo de montaje denominado de corte seco [12]. Es decir, el paso de una escena a otra sin solución de continuidad que posibilita escuchar las voces sociales de los chicos, la de los coordinadores del Movimiento y la del sindicalista de la CTA. A esto se combina el uso de los primeros planos, y la música en la cual se observa una oposición en cuanto a las formas rítmicas: en la escena de los niños limpiando los vidrios aparece un tipo de canción vinculada al género de la bailanta, mientras que en el trayecto de la marcha se escucha una música caracterizada por una forma del ritmo relacionada con el género del folklore y la variante de las formas del registro musical de las zonas del Norte del país. Además, tenemos la canción que funciona como carácter de identificación de la Marcha: “Llegan, llegan cantando los Chicos del Pueblo, quieren vivir”

A nuestro juicio, todo este ensamblado de procedimientos discursivos constituye una estética del fragmento que atraviesa el documental.

 

7. La lógica de la dramatología y la lógica de lo performativo

La pregunta inicial que recorre nuestro trabajo (¿dramatología o performance?) y la hipótesis de lectura según la cual el documental combina las dos lógicas requiere, para su justificación, la aclaración de estas dos categorías. En primer lugar, ¿por qué hablamos de lógicas?

Entendemos por lógica un principio de estructuración de prácticas sociales de intervención política que se definen por la existencia de los siguientes componentes: una apropiación y uso de los espacios públicos, la ruptura con los circuitos institucionales y la interpelación de los mismos, la utilización de los cuerpos, como así también el carácter de acontecimiento irruptivo y efímero.

Hemos conceptualizado las características dramatológicas de la película en términos de una puesta en escena con carácter dramático que tensiona dos legalidades: la legalidad de la Marcha con su reclamo por los derechos de la infancia a través de barricadas que no son de piedras sino de globos, y la legalidad de las representaciones políticas y sociales estatales estigmatizantes de la niñez y adolescencia. Un ejemplo de la legalidad del Estado se observa en las palabras del sociólogo Alberto Morlaschetti cuando describe la situación en los reformatorios.

A nuestro juicio, en el documental aparecen marcas de dramatología en el primer plano del discurso de Marito y en la canción de Juan —por nombrar sólo algunas— de la que rescatamos especialmente unas frases:

“Besos de mamá nunca pudo tener (…) Triste Navidad la de aquel pibe que sólo se conforma con algo pa comer (…) Cuando brinden en la Nochebuena, no se olviden de pibes como yo que vivimos una triste Navidad”

Este fragmento del discurso de Juan lexicaliza en los verbos en plural la tensión con la legalidad del Estado.

En cuanto a la performance y lo preformativo, establecemos dos conceptos implicados: un primer sentido hace referencia a la dimensión espectacular con regimen de enunciación centrado en el uso del cuerpo. Dicho regimen de enunciación se construye por la organización de las voces sociales del actor colectivo “chicos”, la articulación del montaje, el manejo del primer plano, etc.

Un segundo sentido de la conceptualización toma en cuenta la idea según la cual las performances funcionan como actos vitales de transferencia, transmitiendo saber social, memoria, y sentido de identidad a través de acciones reiteradas [13]. Realizamos la distinción entre lo performativo para indicar la puesta en discurso de esas acciones.

El documental configura marcas de performances cuando el Movimiento llega a las distintas provincias, seleccionan algunos espacios públicos específicos (las calles del centro comercial de Salta, la Cañada y la Catedral de Córdoba, entre muchos otros; espacios que se hallan cargados de la densidad monumental de las retóricas identitarias del Estado y del poder en sentido foucultiano) y efectúan bailes, andan en zancos con una vestimenta especial al modo de un espectáculo circense, realizan malabarismos con las caras pintadas, etc. Mediante estos actos performativos, se recupera el carácter lúdico propio de la infancia y de esta manera ocurre una interpelación a las retóricas estigmatizantes de los discursos del Estado.

Un grado máximo de lo performativo aparece en la escena de la película cuando la Marcha se hace presente en la Plaza de Mayo y la multitud reunida de integrantes del Movimiento y los simpatizantes sueltan los ramos de globos. La existencia y funcionamiento de la lógica de lo performativo puede ser leída desde la noción de convivio:

“El convivio es la reunión, el encuentro de un grupo de hombres en un centro territorial, en un punto del espacio y del tiempo. Es decir, en términos de Florence Dupont, la “cultura viviente del mundo antiguo”, basada en la conjunción de presencias, en la oralidad y en la audibilidad, en el intercambio humano directo, sin intermediaciones ni delegaciones que posibiliten la ausencia de los cuerpos. El convivio como una práctica de cuerpos presentes, de afección comunitaria, y como negativa a la desterritorialización” [14]

El convivio, en tanto territorio de la experiencia pura, es irreductible al lenguaje. Pero en el caso que nos ocupa, constituye otra categoría para poder pensar los modos de construcción de comunidad.

Otro concepto que resulta pertinente a los fines del análisis del objeto que hemos propuesto es el de sociedades de la emoción [15]. El mismo se define en términos del efecto de inmediatez del mundo producido por las nuevas tecnologías que suscita una afectación emotiva- sensible reactiva, que eximiría de toda acción pragmática en situación. Pero pensamos que, pese a la “lástima” que puede generar en el plano pasional los discursos de Marito y de Juan, el evento de la Marcha funciona sólo como un paso, un paso fundamental que introduce a los niños en tanto agente de transformación del país.

Otro elemento fundamental para el análisis de lo que hemos denominado la lógica de lo performativo es el tratamiento singular de la retórica pietista de matriz cristina observable en una de las últimas escenas de la película. En la Plaza de Mayo, cuando el Padre Carlos Cajade toma a un niño y con él realiza la bendición “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” se efectúa una apropiación y uso del momento ritual y canónico de la misa católica. Uso y apropiación en dos sentidos:

Ocupación de un espacio público para cargarlo de una semiotización religiosa, en tanto hay un intento de recuperación de los valores específicos de la infancia que reenvíen tal vez a los atributos de una trascendencia religiosa: inocencia, pureza y capacidad de acción.

El acto performativo de persignarse y bendecir a la multitud con un niño en brazos establece, por un lado, una relación interdiscursiva en base a las palabras de Jesús en la Biblia: “Sólo los que sean como niños entrarán al Reino de los Cielos”;y por otra parte, vuelve a introducir el carácter lúdico en la configuración de este tipo de identidades a los fines de entablar una tensión con las retóricas de la criminalización, victimización y beneficiencia, desde la perspectiva de las representaciones sociales y políticas del Estado (ver nota 8, pág. 6).

 

8. Conclusión: ¿densificación o desdensificación?

Al preguntarnos: ¿qué pudo la Marcha?, quisiéramos reflexionar en torno al concepto de desdensificación propuesto una vez más por Rossana Reguillo [16]. La autora opone esta categoría a la de “vaciamiento” en la medida en que las grandes manifestaciones globales de los últimos tiempos y una revitalización de “la calle” como espacio de intervención política en diferentes latitudes, entre otros indicadores, estarían señalando que el espacio público no se “vacía”. Sin embargo, las frases con las cuales finaliza el documental mostraría- según esta estudiosa de los fenómenos sociales- una pérdida de densidad política que, salvo contadas aunque espectaculares excepciones, no logra trascender el efecto performativo y provocar transformaciones en el “paisaje social” en tanto una metáfora que nos permitimos utilizar para hablar de la cartografía del deseo.

Pese a estas consideraciones, pensamos que la Marcha de los Chicos del Pueblo- por su característica de acontecimiento efímero- constituyó una propuesta de intervención política que aportó “unas gotitas de lluvia” para una virtualidad de cambio.

Concluimos con una frase de Alberto Morlaschetti:

“La Historia no corre; la Historia marcha a pasos. La Marcha fue un paso, un paso esencial, si querés llamarlo, y que introduce un nuevo agente de cambio en la sociedad argentina, que son los chicos o los jóvenes. Como no puede ser de otra manera. Que también van a intentar tomar el cielo por asalto. Y que tarde o temprano va a haber un país para todos”

 

NOTAS:

* Trabajo publicado en el libro Los Movimentos Sociales en América Latina: Pasado, Presente y Perspectivas. Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Mar del Plata, Buenos Aires, Argentina,2008.

[1] Rossana Reguillo: “Subjetividad sitiada. Hacia una antropología de las pasiones contemporáneas” en Revista e-misférica, núm 3.

[2] Por acontecimiento irruptor entendemos un evento que interrumpe el curso normal de situaciones para introducir una práctica de intervención social y política de carácter efímero.

[3] Víctor Vich: “Desobediencia simbólica. Performance, participación política al final de la dictadura fujimorista” en Revista e-misférica: “Representación y democracia” Octubre, 2004.

[4] Mirta Antonelli y Gabriel Giorgi: “Pasiones, performance, afectos públicos” en Revista e-misférica, múm. 3, editorial.

[5] Félix Guattari y Suely Rolnik: Micropolítica. Cartografías del deseo. Editorial Tinta Limón, Buenos Aires, 2005, p. 318-319.

[6] Mirta Antonelli y Gabriel Giorgi, op. cit.

[7] Rossana Reguillo, op. cit.

[8] Por retóricas del estado entendemos aquellos mecanismos de intervención social en las situaciones y sobre los cuerpos sistematizables en tres grandes grupos: retóricas de criminalización, retóricas de beneficiencia y retóricas pietistas de matriz cristiana.

[9] Por videosfera se entiende un regimen semiótico estructurado por la imagen espectacular por oposición a la grafosfera, el regimen semiótico definido por la escritura. Ver Debray, R.: El Estado seductor. Las revoluciones mediológicas del poder. Manantial, Buenos Aires, 2002.

[10] Rossana Reguillo, op. cit.

[11] Rossana Reguillo, op cit.

[12] Para el examen de estos procedimientos vinculados al discurso audiovisual, ver el libro de Lorenzo Vilches La lectura de la imagen. Prensa, Cine, Televisión. Paidós, Barcelona, 1995.

[13] Diana Taylor: “Hacia una definición de Performance” en http://www.crim.unam.mx/cultura/ponencias/PONPERFORMANCE/taylor. html

[14] Jorge Dubatti: El Teatro Jeroglífico. Herramientas de una poética teatral. Atuel, Textos Básicos, Buenos Aires, 2002.

[15] Ver Debray, op. cit.

[16] Rossana Reguillo, op. cit.

 

BIBLIOGRAFIA:

ANTONELLI, Mirta y GIORGI, Gabriel: “Pasiones, performance, afectos públicos” en Editorial Revista e-misférica. Performance y Política en las Américas, núm. 3.

ANTONELLI, Mirta: “En el Nombre del Padre: Dramatología de una ley que encontró su(s) cuerpos”. Revista e-misférica. Instituto Hemisférico de Performance y Política, núm. 3, Nueva Cork.

ANTONELLI, Mirta (2007): ¿La espectacularidad del acontecimiento o el acontecimiento de la espectacularidad? Notas para un interrogante. Ponencia escrita en ocasión del Concurso para el cargo de Profesor Adjunto de Introducción a la Literatura. Facultad de Filosofía y Humanidades, UNC.

DEBRAY, R (2002): El Estado seductor. Las revoluciones mediológicas del poder. Manantial, Buenos Aires.

DUBATTI, Jorge (2002): El Teatro como jeroglífico. Herramientas para una poética teatral. Atuel, Libros Básicos, Buenos Aires.

GUATTARI, Félix y ROLNIK, Suely (2005): Micropolítica. Cartografías del deseo. Ed. Tinta y Limón, Buenos Aires.

REGUILLO, Rossana: “Subjetividad Sitiada. Hacia una antropología de las pasiones contemporáneas” en Revista e-misférica, núm. 3, op. cit.

TAYLOR, Diana: “Hacia una definición de Performance” en http://www.crim.unam.mx/cultura/ponencias/POPERFORMANCE/Taylor.html

VICH, Víctor: “Desobediencia simbólica. Performance, participación y política al final de la dictadura fujimorista” en Revista e-misférica. Representación y Democracia. Octubre, año 2004.

 

© Marcelo Alejandro Moreno 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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