Niveles de realidad y la creación de Santa María.
Aspectos deícticos del texto literario

Bernardo E. Pérez Álvarez

Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo
perezbernardo@hotmail.com


 

   
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Resumen: Este trabajo presenta un acercamiento a algunas obras del autor uruguayo Juan Carlos Onetti a partir de dos ejes fundamentales: un primer acercamiento analizará la incorporación de unas narraciones en una narración abarcadora, generando así diversos niveles de realidad, y la segunda aproximación se determinará por la búsqueda de perspectivas abiertas para la interpretación de las narraciones incorporadas en la narración inicial, es decir, los mundos posibles abiertos a la imaginación en la construcción de una ciudad ficticia.
    Para ello, será necesario presentar primero el concepto de deixis como elemento estructurador de la emisión lingüística, puesto que permitirá entender el rol que juega el espacio, el tiempo y el enunciador en la organización estructural del texto narrativo.
Palabras clave: Onetti, literatura uruguaya, deixis

 

Introducción

Este trabajo presenta un acercamiento a algunas obras del autor uruguayo Juan Carlos Onetti a partir de dos ejes fundamentales: un primer acercamiento analizará la incorporación de unas narraciones en una narración abarcadora, generando así diversos niveles de realidad, y la segunda aproximación se determinará por la búsqueda de perspectivas abiertas para la interpretación de las narraciones incorporadas en la narración inicial, es decir, los mundos posibles abiertos a la imaginación en la construcción de una ciudad ficticia.

Para ello, será necesario presentar primero el concepto de deixis como elemento estructurador de la emisión lingüística, puesto que permitirá entender el rol que juega el espacio, el tiempo y el enunciador en la organización estructural del texto narrativo.

¿Por qué este estudio de la obra de Onetti? El autor uruguayo basó algunas de sus novelas y relatos en una misma ciudad imaginaria: Santa María. Esta ciudad se convirtió así en el espacio ficticio donde se desarrollan diversas historias y en donde coinciden distintos personajes. Lo interesante en estas construcciones narrativas es que las historias no se implican unas a otras de manera obligatoria, es decir, no establecen una visión lógico-cronológica, sino que cada historia se enfoca en distintos personajes y permite percibir una temporalidad fragmentada. El resultado narrativo es que, a partir de personajes coincidentes en un mismo espacio -la ciudad de Santa María-, se genera una cantidad de perspectivas diferentes desde las cuales el lector puede buscar la reconstrucción de la historia de la ciudad.

De esta manera, esta exposición seguirá, en un primer momento, una reflexión en torno a la deixis, particularmente espacial y temporal, pasará en un segundo momento a considerar los niveles de realidad gestados en las narraciones onettianas, para así poder explicar mejor los mundos posibles generados por la imaginación narrativa.

 

1. El concepto de deixis y el tiempo en el lenguaje

El concepto de deixis, desarrollado en el ámbito de los estudios del lenguaje a partir de trabajo pionero de Karl Bühler (1934), ha servido para determinar las “coordenadas” de todo acto de habla o escritura. Siempre que hay un discurso, sea hablado o escrito, existe un yo que habla, un lugar desde donde se habla y un momento en el que se habla. Para Bühler estos tres elementos determinan el origo de todo acto de habla, y pueden ser localizados a partir de tres palabras que tienen un carácter indexical, para el caso del español son yo, aquí, y ahora. Estas tres palabras adquieren valor únicamente en el momento en que son emitidas, pues de otra manera carecen de un significado desligado al contexto comunicativo. Este origo enunciativo permite también organizar otro tipo de palabras, por ejemplo temporales, como ayer, mañana, o también de expresiones como el otro día, hace rato o una vez, que sirven para marcar una distancia temporal respecto al momento en que se pronuncian. Esta característica temporal de algunas palabras, es decir, con un valor semántico temporal de carácter léxico, adquiere rasgos gramaticales de orden morfológico en la conjugación del español, por ejemplo en el plus quam perfecto, que se define como un pasado del pasado, o dicho de otro modo, una forma gramatical que indica un momento pasado a partir de la determinación de un momento temporal pasado respecto al momento en que se dice. De esta manera, un elemento aparentemente circunstancial como ahora o en este momento sirve como eje ordenador del tiempo en el discurso.

Lo mismo se puede afirmar del sistema espacial, que sirve para explicar no únicamente el aquí como el lugar desde donde se emite el discurso, sino para entender verbos como venir o ir, que tienen sentido solamente desde la perspectiva del que habla. La deixis espacial ha sido analizada tradicionalmente en la conversación interpersonal en su combinación con palabras o expresiones deícticas relacionadas con el espacio físico de la comunicación. La explicación clásica busca dar razón de expresiones como “lo dejé allá”, “¿ves aquel árbol?” o “pásame ese vaso”, frases que suelen ir acompañadas de un movimiento corporal (la mano extendida, un giro de la cabeza). Sin embargo, dos textos clásicos en el estudio de estos fenómenos distinguen tres usos diferentes de la deixis. Charles Fillmore, en sus Lectures on deixis (1997), distingue entre los usos deícticos gestuales, simbólicos y anafóricos. Una distinción semejante se puede encontrar en el libro Sprachtheorie (1934) de Karl Bühler, quien hace la distinción entre la demostración ad oculos, la anáfora y la demostración am phantasma. La demostración gestual y ad oculos involucran el espacio físico donde se realiza el acto de habla, que permiten distinguir entre este vaso y aquel vaso. Por otra parte, la demostración anafórica (tanto Fillomore como Bühler coinciden en nombrar así a este tipo de deixis) establece una relación correferencial entre elementos intratextuales. El último tipo de uso deíctico, llamado am phantasma por Bühler y simbólico por Fillmore, involucra nuestro conocimiento del mundo y se constituye a través de dos procesos, el recuerdo y la fantasía. La representación del espacio se realiza en este caso a través de elementos ya conocidos (acto de recordar) que sirven como sustitutos a una situación real, con lo cual posibilitan un acto imaginativo dentro del cual las palabras índices cobran sentido.

A partir de estos presupuestos, cobra interés revisar qué sucede con la estructuración espaciotemporal del texto narrativo, pues como un acto de habla ubicado en un espacio y en un tiempo am phantasma, dentro de una delimitación simbólica, resulta interesante observar cómo el texto narrativo adquiere consistencia interna gracias a estos elementos deícticos, aunque no necesariamente responda a un orden lógico cronológico completamente lineal, tal como podría ser concebida la sucesión temporal bajo el sentido de un continuo devenir.

 

2. La creación de Santa María

Santa María es una ciudad imaginaria, donde se desarrollan muchos de los relatos de Juan Carlos Onetti. Sin embargo, en la ficción narrativa, la creación de este lugar se debe al personaje principal de la novela La vida breve, Juan María Brausen. Es decir, Onetti, como autor, atribuye la creación de Santa María a uno de sus personajes, con lo cual se genera una novela marco que, siempre dentro de la ficción narrativa, sirve como eje estructurante de las novelas y relatos sanmarianos. Esta ciudad es el marco de las novelas que componen la trilogía sanmariana: Tierra de nadie, Juntacadáveres, y El Astillero. Además, varios relatos son ubicados en esta misma ciudad, entre los que destacan Para una tumba sin nombre, La muerte y la niña, La cara de la desgracia y Tan triste como ella.

2.1. La creación de Santa María en “La vida breve”

En la novela La vida breve, Juan María Brausen, personaje principal, es presentado como un escritor con poco renombre que trata de ganarse la vida escribiendo trabajos para otros, como por ejemplo guiones para cine. A lo largo de esta novela surge y toma forma la idea sobre una novela en la mente de Brausen, como se puede leer en la siguiente cita:

No estoy seguro todavía, pero creo que lo tengo, una idea apenas, pero a Julio le va a gustar. Hay un viejo, un médico, que vende morfina. Todo tiene que partir de ahí, de él. Tal vez no sea viejo, pero está cansado, seco. Cuando estés mejor me pondré a escribir. Una semana o dos, no más. No llores, no estés triste. Veo una mujer que aparece de golpe en el consultorio médico. El médico vive en Santa María, junto al río. Sólo una vez estuve allí, un día apenas, en verano; pero recuerdo el aire, los árboles frente al hotel, la placidez con que llegaba la balsa por el río. Sé que hay junto a la ciudad una colonia suiza. El médico vive allí, y de golpe entra con una mujer en el consultorio. Como entraste tú y fuiste detrás de un biombo para quitarte la blusa y mostrar la cruz de oro que oscilaba colgando de la cadena, la mancha azul, el bulto en el pecho. Trece mil pesos, por lo menos, por el primer argumento. Dejo la agencia, nos vamos a vivir afuera, donde quisiste, tal vez se pueda tener un hijo. (La vida breve: 17-18)

En esta cita se puede apreciar cómo se genera un origo narrativo que servirá como punto de partida para comenzar a gestar un nuevo espacio ficticio, donde las narraciones irán determinadno el devenir temporal del lugar. Esta primera idea tiene ya una ubicación en la ciudad de Santa María como el espacio para desarrollar la historia de un médico, cuyo nombre será conocido posteriormente por el lector al avanzar en la lectura de la narración. El médico se llama Díaz Grey:

Ella y él (Elena Sala y Díaz Grey) tienen todo el tiempo para estarse y bostezar, todo el tiempo de mi vida; un minuto antes de mi muerte puedo volver a pensarlos, los encontraré tan jóvenes como ahora, igualmente aburridos y la misma serena malicia vibrará en la voz, chispeará en los ojos del obispo sin que ellos lo hayan notado. (La vida breve: 198)

En esta cita se puede leer cómo Santa María y sus personajes se encuentran en la mente del escritor Juan María Brausen. En principio, se puede afirmar que la idea de Santa María surge de una ciudad real, donde Brausen estuvo “un día apenas, en verano”, pero de donde conserva “el recuerdo del aire, los árboles frente al hotel, la placidez con que llegaba la balsa por el río”. Sin embargo, la ciudad termina por desarrollarse y adquirir una forma literaria en la narración que surge de la mente de Juan María Brausen. En la novela la vida breve se pueden seguir dos historias paralelas, la del personaje principal, el escritor Brausen, y la de su creación literaria, Santa María con sus personajes:

Y esto sucedía siempre, con pequeñas variantes que no cuentan; una vez y otra, fingiendo trabajar en mi mitad de oficina, vigilando las espaldas de Onetti, yo colocaba a Elena Sala y el médico en la luz blanca de un mediodía serrano, los llevaba de un criado a otro, del familiar al obispo. (La vida breve: 198)

Como se puede apreciar en la cita anterior, la manipulación del escritor sobre sus personajes en la historia que él escribe se manifiesta de manera explícita, por la posibilidad que otorga el trabajo de un escritor sobre los personajes incluidos en su propia narración. Esta capacidad creativa del escritor se manifiesta también en el texto mismo, como en la cita que viene a continuación, donde se presenta una reflexión acerca del poder del autor sobre sus personajes y el espacio en el que éstos se desenvuelven:

Periódicos viejos y tostados se estiraban en la ventana de la fonda y me defendían del sol; yo podía desgarrarlos y mirar hacia Santa María, volver a pensar que todos los hombres que la habitaban habían nacido de mí y que era capaz de hacerles concebir el amor como un absoluto, reconocerse a sí mismos en el acto de amor y aceptar para siempre esta imagen, transformarla en un cauce por el que habría de correr el tiempo y su carga, desde la definitiva revelación hasta la muerte; que, en último caso, era capaz de proporcionar a cada uno de ellos una agonía lúcida y sin dolor para que comprendieran el sentido de lo que habían vivido. (La vida breve: 264)

Es interesante observar cómo el trabajo de creación literaria, mostrado en el proceso de creación de los personajes, se tematiza y se vuelve parte de la obra literaria. Esta característica es común en la obra de Onetti, quien suele incluir el proceso de la narración dentro de la historia narrada. Así, se puede observar cómo el tema de la narración no es sólo la trama que ha de ser contada, sino el proceso mismo de organización de esta trama. Podría afirmarse que el momento de la enunciación se vuelve tema de la narración, lo que genera un replanteamiento del momento de la narración y de su estructura temporal. La división básica entre momento de la enunciación y momento de la narración es difuminada en su carácter dicotómico para volverse un juego de circularidad.

2.2. La creación de Santa María en otras obras

Santa María aparece además en otras novelas (la trilogía sanmariana, compuesta por Juntacadáveres, El Astillero y Tierra de nadie) y en algunos relatos breves y cuentos de Juan Carlos Onetti. En estos otros textos se presenta la ciudad de una manera distinta, pues no hay ningún escritor que imagine a la ciudad para sus novelas. Sin embargo, con el antecedente de La vida breve, los demás relatos quedan enmarcados dentro de la imaginación de Brausen. Desde esta perspectiva cobran sentido las expresiones aparecidas en algunos de estos relatos como las referencias al “todopoderoso Brausen”, “nuestro señor Brausen” y algunas otras, donde se alude a Juan María Brausen como el creador de Santa María y, por tanto, quien rige el destino de los personajes sanmarianos.

Santa María aparece así de diversas maneras según la historia que se cuenta. Los personajes determinarán la perspectiva desde la cual aparece la ciudad, y en algunos casos incluso es posible una ubicación temporal relativa en el entramado de las demás historias. Es importante señalar que las novelas y relatos sanmarianos no son partes integrantes de un conjunto narrativo en sentido estricto, ya que no se trata de historias que se continúan, sino más bien son ángulos y perspectivas generados por diversas tramas que se entrecruzan en diferentes circunstancias y momentos, tal como se puede observar, por ejemplo, en los intentos por determinar la Historia oficial de Santa María, con su origen en el Falansterio, o bien a través de los sucesos de algunos de sus personajes, como Larsen alias Juntacadáveres, la vasquita Moncha Insurralde, Jorge Malabia o la continua presencia del doctor Díaz Grey.

Santa María se presenta en las distintas narraciones como un espacio ficcional diverso y complejo. Ahí es posible dar cabida a diferentes personajes, recurrentes en los distintos relatos, que presentant distintas perspectivas. Pero la narración onettiana no intenta contar la vida de una ciudad como tema conductor o hilo dramático, sino que sirve únicamente como marco espacial envolvente de una serie de historias diversas, donde los personajes adquieren el rol de protagonistas y, en ese sentido, cada historia sigue una trama diferente según el personaje que se encuentre en la posición de protagonista.

 

3. El mundo de Santa María

Santa María se constituye así en un espacio imaginario donde pueden ser ubicados personajes e historias. Al ubicar historias en un mismo espacio, con personajes recurrentes, Santa María pasa de ser un simple lugar a constituirse en un mundo de interacción entre los personajes que lo habitan. El doctor Díaz Grey tendrá un lugar relevante entre los personajes debido a que será quien siga el rol de narrador de historias, ahora como narrador-personaje intradiegético, y no como en el caso de Brausen, quien funciona en dos niveles de ficcionales: como narrador-personaje intradiegético para la trama de La vida breve, pero como narrador extradiegético ominsciente para las narraciones sanmarianas.

El papel asignado a Díaz Grey es determinado en La vida breve, como se puede apreciar en la siguiente cita:

Empecé a dibujar el nombre de Díaz Grey, a copiarlo con letras de imprenta y precedido por las palabras, calle, avenida, parque, paseo; levanté el plano de la ciudad que había ido construyendo alrededor del médico, alimentado con su pequeño cuerpo inmóvil junto a la ventana del consultorio; como ideas, como deseos cuyo seguro cumplimiento despojara de vehemencia, tracé las manzanas, los contornos arbolados, las calles que declinaban para morir en el muelle viejo o se perdían detrás de Díaz Grey, en el aún ignorado paisaje campesino interpuesto entre la ciudad y la colonia suiza. (La vida breve: 243)

Es en este mundo imaginado por Brausen donde transcurrirán varias de las historias escritas por Onetti. Incluso esta ciudad aparece con una historia contada por los historiadores de la ciudad, como se presenta en Juntacadáveres:

Unos meses después se agregaron, como le dije, otro par de matrimonios. Hicieron, es justicia decirlo, todo lo que se habían propuesto para la primera etapa. La estanzuela, el Falansterio, marcharon bien, pero que muy bien, durante un año o dieciocho meses. Los historiadores no nos hemos puesto de acuerdo respecto a la duración exacta de la dicha. Pero cuando juntábamos nuestras soledades, de origen diverso, para jugar al tute o al mus, coincidíamos en aquello que la Historia impone con fechas, en lo que tiene de más incomprensible, huero y tonto. Coincidíamos en el objetivismo histórico. En la nada, en la cáscara de huevo vacía. (Juntacadáveres: 127)

Como se puede leer en la cita anterior, se introduce la perspectiva del historiador sanmariano, para quien la historia de Santa María no pertenece a la imaginación de Brausen sino que se constituye por una realidad histórica objetiva. Los historiadores de Santa María coinciden en el objetivismo histórico. A fin de cuentas, Santa María es, más que la historia de una ciudad, la historia de la ciudad, historia de personajes y sucesos que cuentan el ascenso y la decadencia de una ciudad, como lo visualiza Díaz Grey, el personaje siempre presente en las historias sanmarianas:

Siempre sentía la reiteración: los héroes y los pueblos subían y bajaban. Y el resultado que me era posible afirmar, lo sé ahora, era un ciento o miles de Santas Marías, enormes en gente y territorio, o pequeñas y provinciales como ésta que me había tocado en suerte. Los dominadores dominaban, los dominados obedecían. Siempre a la espera de la próxima resolución, que siempre sería la última. (“La muerte y la niña”, en Cuentos completos: 397)

Esta historia arquetípica se particulariza con la aparición de lugares y personajes específicos, pero no por ello dejará su carácter recurrente y simbólico.

3.1. Los personajes

De acuerdo con lo dicho hasta este momento, se pueden establecer ya diversos niveles de análisis del mundo sanmariano a partir de sus personajes. En primer lugar, el todopoderoso Brausen pasa, de ser un personaje en la vida breve, a ser el creador de Santa María. Por tanto, lo que pasa por su imaginación, puede suceder en el mundo sanmariano.

En un segundo nivel encontramos a personajes como el doctor Díaz Grey, quien aparece continuamente como un personaje importante y presente en la mayoría de las historias sanmarianas. En muchas ocasiones él mismo se presenta como narrador de algunos relatos. También en este ámbito se encuentran los otros narradores de Santa María, a saber, sus historiadores, quienes contarán la historia de la ciudad y buscarán la objetividad histórica o, cuando menos, la coherencia lógico temporal de los acontecimientos.

En tercer orden aparecen otra serie de personajes recurrentes, quienes se puede decir que constituyen las historias de la ciudad, es decir, a quienes les ocurren los hechos que marcan al mundo sanmariano, como el caso de Larsen, Jorge Malabia, Tito Perote y otros más.

3.2. Los lugares

La ciudad de Santa María aparece también desde diversas perspectivas, que parecieran dar indicios de ubicaciones temporales específicas. En algunas historias aparece más bien como un poblado pequeño, por momentos parece una pequeña ciudad de provincia, hasta llegar a ser una ciudad grande a la orilla del mar.

3.3. El tiempo

Es difícil establecer un tiempo específico y definitivo para los sucesos de Santa María. Sin embargo, por ser un mundo cerrado en sí mismo, aun con el ordenamiento que impone la objetividad histórica citada por uno de los historiadores sanmarianos, es posible determinar una secuencia temporal aproximada entre los sucesos de la ciudad. Este trabajo se impone como una labor de reconstrucción cronológica basado en los datos aportados por las mismas narraciones. De cualquier modo, se impone la pregunta sobre las características de dicha reconstrucción: se trata fundamentalmente de una reconstrucción lógicotemporal que carece de fundamento histórico tal como se conoce en la ciencia histórica. En este caso, se trata más bien de una coherencia narrativa que busca el ordenamiento temporal como una perspectiva causal y que determina la sucesión en antecedente y consecuente. Pero este acercamiento posible pareciera quedar en el terreno de la imaginación de Brausen, es decir, permitido sólo desde otro nivel de análisis, o lo que llamaré otro nivel de realidad.

 

4. Los niveles de realidad

Hasta este momento he intentado demostrar que la organización narrativa en torno a la ciudad de Santa María permite el establecimiento de una unidad temática y una organización lógicotemporal de la historia de la ciudad aportada por elementos arquetípicos. Es decir, se puede hablar de la constitución de una ciudad en un mundo narrativo debido a la repetición de ciertos elementos: personajes, lugares, e historias particulares. Las consideraciones hechas hasta el momento radican fundamentalmente en la experiencia primera de lectura de los relatos onettianos. Con estos fundamentos es posible pasar a un segundo ámbito de la reflexión que permita sentar algunas bases de carácter teórico. Es decir, una vez con los elementos narrativos clasificados, trataré de analizar los aportes generales que ellos permiten para la definición de una postura teórica en torno a los mundos narrativos.

Con este objetivo, paso ahora a definir el primer concepto que da título a este trabajo. Los niveles de realidad se constituyen bajo el principio de la puesta en abismo, es decir, tienen su origen en la posibilidad de incorporación de una historia en otra. Este recurso narrativo es bastante antiguo y se pueden encontrar numerosos ejemplos de su utilización: uno de los clásicos en la aplicación de este recurso es Las mil y una noches, donde la historia de Sherezada sirve como marco general donde se insertan las historias que ella cuenta. El mismo principio rige la estructura del Decamerón. Un juego similar es el que utiliza Cervantes al atribuir otra versión de la historia del Quijote a un autor árabe. Quizá la última gran novela que basa su estructura en ese recurso sea Si una noche de invierno un viajero, de Ítalo Calvino. El nivel de realidad es entonces al ámbito narrativo abierto a través de la incorporación de una historia en otra.

Los niveles de realidad pueden establecerse desde la perspectiva narrativa abordada. La narración permite la incorporación de diversos niveles de realidad a través del lenguaje. En el caso que aquí nos sirve de análisis, se pueden distinguir básicamente tres niveles: el primero, apenas mencionado, es el nivel de la realidad objetiva, establecido entre Juan Carlos Onetti como escritor y el Onetti que renta una oficina a Brausen en la vida breve. El segundo nivel es el que se establece entre Brausen escritor y el todopoderoso Brausen de Santa María. El último nivel es el que se establece entre las narraciones de Díaz Grey y los historiadores sanmarianos y las historias “reales” que suceden en Santa María. Pasaré a analizar con detenimiento estos tres niveles.

4.1. De “La vida breve” al mundo sanmariano

El primer nivel de realidad abierto con la existencia de Brausen escritor, se manifiesta de manera clara en La vida breve, como se puede leer en la siguiente cita:

Pero no pensaba en ella; trataba de valorar la posible amenaza que la noticia de mi despido contenía para aquellas necesidades secretas: seguir siendo Arce en el departamento de la Queca y seguir siendo Díaz Grey en la ciudad al borde del río. Tal vez no se me hubiera ocurrido nunca. En aquel momento -[...]- comprendí que había estado sabiendo que yo, Juan María Brausen y mi vida no eran otra cosa que moldes vacíos, meras representaciones de un viejo significado mantenido con indolencia, de un ser arrastrado sin fe entre personas, calles y horas de la ciudad, actos de rutina. (La vida breve: 130s.)

A partir de estos moldes vacíos inicia el viaje por la imaginación de este escritor, quien llenará esa vacuidad con las historias acaecidas en Santa María. Este personaje se establece como enlace entre su propio mundo y el mundo sanmariano surgido de su fantasía.

4.2. El rol de Brausen

Brausen aparece como el todopoderoso debido a su imaginación creadora de Santa María y determinante de los personajes que la habitan. El siguiente párrafo, tomado de La muerte y la niña, muestra claramente el rol que le es atribuido a Brausen por los personajes sanmarianos. Ahí aparecen continuas referencias a Nuestro Señor Brausen, que indican también una característica importante de Díaz Grey, no saber cómo transcurre en él el tiempo:

Ellas siempre lejanas e intocables, apartadas de mí por la disparidad de los treinta o cuarenta años que me impuso Juan María Brausen, maldita sea su alma que ojalá se abrase durante uno o dos pares de eternidades en el infierno adecuado que ya tiene pronto para él un Brausen más alto, un poco más verdadero. (“La muerte y la niña”, en Cuentos completos: 368)

Y después, en el mismo relato, una visión más clara sobre el transcurso del tiempo determinado por Brausen:

Pero también yo me sentía cambiado. No sólo envejecido por los años que me había impuesto Brausen y que no pueden contarse por el paso de trescientos sesenta y cinco días. Comprendí desde hace tiempo que una de las formas de su condena incomprensible era haberme traído a su mundo con una edad invariable entre la ambición con el tiempo limitado y la desesperanza. Exteriormente, siempre igual, con algunos retoques de canas, arrugas, achaques pasajeros para disimular su propósito. (“La muerte y la niña”, en Cuentos completos: 378)

Quizá estas sean las reflexiones que Brausen señala en la mente del doctor Díaz Grey, cuando seleccionaba las desapasionadas preguntas que habría de plantearme si llegara a encontrarme un día, las reflexiones continuas que producen los monólogos interiores del personaje.

4.3. Omnisciencia e imaginación

De esta manera, el todopoderoso Brausen aparece como un personaje omnisapiente de la historia sanmariana, pues la historia de la ciudad y de sus personajes se debe a la imaginación creadora de este escritor que en su despacho va dando forma a ese mundo fantástico. La imaginación se constituye así en la fuerza ordenadora de las historias contadas en Santa María. Estas historias, sin embargo, no existen más allá de su presencia verbal, es decir, son únicamente la imagen manifiesta de lo imaginado por Brausen, pero no de su imaginación potencial mientras ésta no se manifieste por el lenguaje.

 

5. Los mundos posibles

Los mundos posibles son los mundos narrativos existentes a partir de la apertura de los niveles de realidad. En este sentido, podrían considerarse como mundos virtuales dotados de existencia debido a su composición narrativa, aunque esta presencia sea sólo de orden lingüístico. Ellos existen como mundos narrativos dotados de sentido por el lenguaje, aunque carezcan de una existencia física.

5.1. La historia de Santa María

Santa María cuenta con una historia, que se puede deducir a partir de las historias que en ella suceden y que son las contadas en los relatos onettianos. De estas historias, se deben resaltar las perspectivas abiertas por los personajes mismos, en particular por los narradores-personajes, como el caso de Díaz Grey.

La intervención de los narradores en la estructuración de las historias determina a las historias mismas. Si se distingue entre los “sucesos” que son contados y la necesidad de una organización lógica de la narración, los primeros deben subordinarse a la segunda para permitir la coherencia narrativa. En este proceso se generan las versiones narrativas, puesto que no es posible contar una historia de manera única y definitiva, o bien estructurar por el leguaje todos los aspectos que involucraron al “suceso”. Es necesario aceptar que la narración de un suceso es tan solo una versión posible del suceso, más que por el “suceso”, por la perspectiva adoptada en la organización lógica de la narración de éste. La narración adquiere por tanto, una validez particular, y no puede ser considerada más que como una versión. Esta limitación es tematizada en algunas de las historias de Onetti, donde además se juega con la coherencia narrativa indicando los aspectos añadidos para que ésta se logre en la narración, como es el caso de la siguiente cita:

Tenía el remordimiento de haberle hecho creer en una historia perfecta, haberle permitido creer que la historia que empecé a contarle en aquellas vacaciones obtuvo su final perfecto. Eso nunca sucede; si se pone a pensar, verá que todo falla por eso y sólo por eso. De modo que corregí. Y agregué la prostitución de Rita, en beneficio mío y del cabrón; un agregado que, en cierto modo, también modifica la historia. (“Para una tumba sin nombre”, en Cuentos completos: 122)

5.2. Versiones narradas

5.2.1. Los juegos con las historias

Las versiones posibles de un acontecimiento se vuelven interesantes cuando el narrador, al dejar su afán de “verdad histórica”, pasa a simular su interés por la coherencia narrativa y la presenta de manera explícita en dos intentos, que se vuelven dos versiones de un mismo acontecimiento, como en el caso siguiente:

Los lancheros lo despertaron antes del amanecer debajo del cartel Puerto Astillero. Averiguó que iban hacia el norte y le aceptaron sin esfuerzo el reloj en pago del pasaje. Acurrucado en la popa se dispuso a esperar que los hombres terminaran la carga. Se levantaba el día cuando encendieron el motor y gritaron frases de despedida. Perdido en el sobretodo, ansioso y enfriado, Larsen imaginaba un paisaje soleado en el que Josefina jugaba con el perro; un saludo lánguido y larguísimo de la hija de Petrus. Cuando pudo ver se miró las manos; contemplaba la formación de arrugas, la rapidez con que se iban hinchando las venas. Hizo un esfuerzo para torcer la cabeza y estuvo mirando -mientras la lancha arrancaba y corría inclinada y sinuosa hacia el centro del río- la ruina veloz del astillero, el silencioso derrumbe de las paredes. Sorda al estrépito de la embarcación, su colgante oreja pudo discernir aún el susurro del musgo creciendo en los montones de ladrillos y el del orín devorando el hierro.

(O mejor, los lancheros lo encontraron, pisándolo casi, encogido, negro, con la cabeza que tocaba las rodillas protegidas por el untuoso prestigio del sombrero, empapado por el rocío, delirando. Explicó con grosería que necesitaba escapar, manoteó aterrorizado el revólver y le rompieron la boca. Alguno después tuvo lástima y lo levantaron del barro; le dieron un trago de caña, risas y palmadas, fingieron limpiarle la ropa, el uniforme sombrío, raído por la adversidad, tirante por la gordura. Eran tres, los lancheros, y sus nombres constan; estuvieron atravesando el frío de la madrugada, moviéndose sin apuros ni errores entre el barco y el pequeño galpón de mercaderías, cargando cosas, insultándose con amansada paciencia. Larsen les ofreció el reloj y lo admiraron sin aceptarlo. Tratando de humillarlo, lo ayudaron a trepar y acomodarse en la banqueta de popa. Mientras la lancha temblaba sacudida por el motor, Larsen abrigado con las bolsas secas que le tiraron, pudo imaginar en detalle la destrucción del edificio del astillero, escuchar el siseo de la ruina y del abatimiento, pero lo más difícil de sufrir debe haber sido el inconfundible aire caprichoso de septiembre, el primer adelgazado olor de la primavera que se deslizaba incontenible por las fisuras del invierno decrépito. Lo respiraba lamiéndose la sangre del labio partido a medida que la lancha empinada remontaba el río. Murió de pulmonía en el Rosario, antes de que terminara la semana, y en los libros del hospital figura su nombre verdadero.) (El astillero: 216-217)

En este caso se pueden apreciar dos versiones de un mismo acontecimiento. En otras partes se hace apenas mención de aquellos sucesos acontecidos pero no narrados. Su historia dentro del relato queda tan sólo esbozada como un suceso acaecido, pero no contado:

Nunca fue escrita aquella parte de la historia de Díaz Grey en la cual, acompañado de la mujer o siguiendo sus pasos, llegó a La Sierra, fue recibido en el palacio del obispo, vio y escuchó palabras y cosas que tal vez no haya comprendido hasta hoy. La visita tenía muchas variantes; pero, en todo caso, tuvieron que caminar, con simulada decisión, entre una doble fila de alabarderos, de baja estatura, apenas marciales, conscientes del mal estado de sus uniformes, de los desvaídos colores del paño. (La vida breve: 194)

5.2.2. Las posibilidades narrativas

Las posibilidades narrativas dependen de las versiones posibles que permite todo acontecimiento en su ordenamiento narrativo, que intenta siempre una coherencia interna, aportada por la relación causal de los sucesos o bien por su ordenamiento cronológico. Como en otros casos ya citados anteriormente, esta posibilidad también es tematizada de manera explícita por el narrador en el siguiente párrafo:

(En cuanto al narrador, sólo está autorizado a intentar cálculos en el tiempo. Puede reiterar en las madrugadas, en vano, un nombre prohibido de mujer. Puede rogar explicaciones, le está permitido fracasar y limpiarse al despertar las lágrimas, mocos y blasfemias). (“Tan triste como ella”, en Cuentos Completos: 310)

 

6. Algunas conclusiones

6.1. De los niveles de realidad

Como se pudo observar, los niveles de realidad abiertos por las estructuras narrativas presentan la posibilidad de desarrollar espacios narrativos en el terreno de la imaginación que pueden ser presentados como reales gracias a las características lingüísticas otorgadas por elementos deícticos a la narración. La incorporación y alternancia de niveles de realidad no es una posibilidad abierta apenas por la simulación por computadora, sino que tiene sus antecedentes en la imaginación narrativa explotada por la literatura con anterioridad, aunque la preeminencia de la vista sobre los demás sentidos en los seres humanos en general y en particular en algunas culturas, haga que los niveles de realidad sean más notorios cuando se simulan visualmente más que cuando lo son verbalmente.

6.2. De los mundos posibles

Los mundos posibles se fundamentan en el momento en que los niveles de realidad abiertos se desarrollan y exigen la existencia de una coherencia interna, en nuestro caso narrativa, puesto que con ello se da existencia a historias particulares que se desarrollan en un espacio y en un tiempo específico con determinados personajes que “viven” en dichos mundos. Así, la coherencia narrativa, exigida por todo relato, da existencia a mundos narrativos diversos ubicados espaciotemporalmente a través de los acontecimientos de las personas que son insertados en dichos espacios y momentos.

6.3. De las posibilidades narrativas

Los niveles de realidad y los mundos posibles por ellos generados presentan la riqueza de posibilidades aportadas por el lenguaje en su carácter narrativo. La narración se establece como una estructura de posibilidades abiertas para la generación de historias y de mundos en los cuales éstas pueden ser incrustadas. La narración es una posibilidad del lenguaje que permite el desarrollo potencial de infinidad de mundos, aunque éstos tengan una existencia sólo verbal.

6.4. De las marcas narrativas

Un último aspecto que conviene resaltar es el recurso explotado continuamente por Onetti, que consiste en participar al lector del acto de creación literaria y de organización narrativa, gracias a las marcas deícticas que permiten ubicar a un hablante y que convierten a la narraión en tema al presentar el acto mismo de narrar. El juego entre momento de la narración, como punto deíctico de organización temporal de la historia contada, y el momento de la enunciación, como punto deíctico de la organización temporal del acto mismo de narrar, en Onetti es llevado al extremo, pues incluye las cavilaciones narrativas de los narradores en el acto de la enunciación, lo cual consitutye una interiorización en la mente del narrador, y no sólo de los personajes, como sucedió anteriormente en la literatura.

 

7. Bibliografía

Bühler, Karl (1934/1982), Sprachtheorie. Die Darstellungsfunktion der Sprache, Gustav Fischer Verlag, Stuttgart (Uni-Taschenbücher 1159)

Fillmore, Charles (19972), Lectures on Deixis, CSLI Publications, Stanford

Onetti, Juan Carlos, Confesiones de un lector, Alfaguara, Madrid, 1995.

Onetti, Juan Carlos, Cuando ya no importe, Alfaguara, México, 1993.

Onetti, Juan Carlos, Cuentos completos, Alfaguara, Madrid, 1994.

Onetti, Juan Carlos, Dejemos hablar al viento, Mondadori, Madrid, 1991.

Onetti, Juan Carlos, El astillero, 3ª ed., Seix Barral, Barcelona, 1980 (Biblioteca breve 437)

Onetti, Juan Carlos, El pozo. Para una Tumba sin nombre, Mondadori, Madrid, 1990.

Onetti, Juan Carlos, Juntacadáveres, Alianza, Madrid, 1995 (El libro de bolsillo 866).

Onetti, Juan Carlos, La vida breve, Sudamericana, Buenos Aires, 1968.

 

© Bernardo E. Pérez Álvarez 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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