Juan José Rodríguez: poder y violencia en el norte mexicano

José Manuel Torres Torres*

Pontificia Universidad Católica de Valparaíso - Chile
josemanueltorrestorres@gmail.com


 

   
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Resumen: En el artículo, a partir de las ideas de Michel Foucault sobre las relaciones de poder, nos proponemos revisar el modo en que estas se articulan, las formas en que se construyen las redes de poder y la violencia que se deriva en las novelas Asesinato en una lavandería china y Mi nombre es Casablanca. En ese sentido la propuesta sostiene que las relaciones de poder en las novelas citadas tienen como base fundamental tres elementos que son: el ejercicio de estrategias, la movilidad y la productividad.
Palabras clave: norte mexicano - relaciones de poder - violencia - narcotráfico

 

Juan José Rodríguez es un narrador mexicano, originario de Mazatlán, Estado de Sinaloa. Autor de varias novelas, entre ellas, Asesinato en una lavandería China (1996) y Mi nombre es Casablanca (2005), que constituyen los textos de estudio del presente artículo [1].

Rodríguez pertenece a la denominada narrativa del norte de México, que tiene en las narrativas del desierto y de frontera dos importantes soportes, que aparece en el espacio literario mexicano e internacional con un considerable número de autores y con una propuesta diferente a la producida en el centro de ese país, especialmente en los últimos cinco lustros.

Entre los escritores más representativos destacan Élmer Mendoza, Gabriel Trujillo, David Toscana y el propio Juan José Rodríguez, cuyas obras reflejan una forma de vivir y asumir la cotidianidad nortina de manera diferente. Para el crítico y escritor Eduardo Antonio Parra, en el norte hay:

“Un devenir muy distinto al que registra la historia del resto del país; una manera de pensar, actuar, de sentir y de hablar derivadas de ese mismo devenir y de la lucha constante contra el medio y contra la cultura de los gringos, extraña y absorbente. Derivadas también del rechazo al poder central; de la convivencia con las constantes oleadas de migrantes de los estados del sur y centro; de una mitología religiosa -“tan lejos de dios”- que se manifiesta en la adoración a santos regionales laicos o más o menos paganos” (Parra 2004:72).

A lo anterior se debe agregar, como parte de esa cotidianidad, la presencia del ingente tráfico de drogas y de indocumentados hacia Estados Unidos. El primero, por la relevancia que ha adquirido, contribuye a la configuración de una idea de narcocultura, que se construye desde los narcocorridos y la narrativa policíaca como productos culturales. Ambos tienen en común la “representación de la narcocultura, es decir, la normalización de una forma de vida donde el crimen y en especial el narcotráfico se muestran como una opción lógica” (Ramírez-Pimienta 2005:15). En ese contexto el poder y la violencia tienen un registro especial. Ambos conceptos constituyen un rasgo distintivo de esa cultura. El narcotráfico permea y modifica las percepciones, actitudes y concepciones de las distintas esferas sociales que de una u otra forma se ven alcanzadas por el fenómeno.

Nuestra propuesta sostiene que en Asesinato en una lavandería china y Mi nombre es Casablanca la violencia deriva de las diversas articulaciones de las relaciones de poder, que se ejercen desde dominios tan disímiles como el del narcotráfico y el del Estado a través de sus aparatos políticos y militares, que tienen como base fundamental tres elementos que son: el ejercicio de estrategias, la movilidad y la productividad. En ese sentido recurrimos a las ideas que con respecto al tema ha aportado Michel Foucault, en cuyos escritos podemos entender que desarrolla un análisis del poder, que no pretende responder qué es, sino cómo funciona y de qué manera se articulan y establecen sus relaciones. Para tal efecto, Foucault afirma que hay dos modelos para analizarlas: “El que nos propone el derecho (el poder como ley, prohibición, institución) y el modelo guerrero o estratégico en términos de relación de fuerzas” (Foucalt 2004:172). Sin embargo, ambos serían insuficientes para configurar una adecuada noción modélica. En consecuencia, plantea que para analizar el poder es necesario entenderlo como una forma de relación que tendría ciertas especificidades a partir de la suspensión de algunos postulados tradicionales en torno al mismo, que Gilles Deleuze tematiza de manera esclarecedora y que serían los siguientes: a) el poder no sería propiedad o posesión de una clase que lo conquistó, sino una estrategia que se ejerce. b) el poder no radica en el aparato del Estado, sino que éste es parte de distintos núcleos constituyendo una microfísica del poder, cada núcleo es un tipo de poder. c) el poder a través del aparato del estado no está subordinado a un modo de producción, sino que las relaciones de poder se ubican y desempeñan directamente en un rol productor. d) el poder carece de atributos que califiquen y distingan a los dominantes de los dominados. El poder es operatorio y relacional en términos de relaciones de fuerza que atraviesan las fuerzas dominantes y dominadas, es móvil. e) en términos modales el poder no reprime, sino que es un productor de realidades, el poder no ideologiza, sino que produce verdades, discursos explicativos. f) el poder del estado no es una ley que se impone o la resultante victoriosa en una guerra ganada por la fuerza. Sería una ley que diferencia distintos tipos de ilegalismos, formalizándolos y consecuentemente generando privilegios, compensaciones y dominios [2].

A partir de estas apreciaciones en torno a la idea de poder y en función de las novelas en estudio es posible acceder a las relaciones de poder desde tres perspectivas: el ejercicio de estrategias, la movilidad y la productividad, que se construyen desde lo que Foucault llama una microfísica del poder, entendida no como la reducción de elementos visibles, sino como otros tipos de dominio, que no comprenden solamente al Estado, sino que generan diferentes tipos de relaciones, móviles y con diversas localizaciones, donde no se encuentra un poder, sino varios poderes, con distintas características de dominación: “Se trata de formas locales, regionales de poder, que poseen su propia modalidad de funcionamiento, procedimiento y técnica” (Foucault 2005 Las redes: 50).

En ambas novelas el dominio del narcotráfico constituye el elemento nuclear que atraviesa el eje de las narraciones y un segmento importante de la historia de México.

En el caso de Asesinato en una lavandería china, el fenómeno narco cruza la historia desde la llegada de los emigrantes chinos a fines del siglo XIX, con la instalación de fumaderos de opio, plantaciones de adormidera y su posterior expulsión del país en la tercera década del siglo pasado, hasta la actualidad.

La representación se realiza a través de un cartel de vampiros, que en este caso son seres humanos con algunas características singulares con respecto a ese fenómeno: viven alrededor de ciento cuarenta años, no les molesta la luz del sol, subsisten de día o noche, necesitan escasa sangre como alimento y no son inmortales.

La longevidad que poseen estos personajes les permite formar parte de una asociación que articula sus relaciones de poder sobre un ejercicio de diversas estrategias y una movilidad en tiempo y espacio más allá de las normales.

En la década del cuarenta, el abuelo del protagonista y narrador Alejandro Medina, que no es vampiro, junto a sus socios (Jack Sullivan, Rafael Yeng y Carlos Goldoni, estos dos últimos son vampiros): “introducían de contrabando a orientales que con miles de sacrificio reunían dinero para pagar la cuota de libertad. Ganaron y perdieron mucho, cantidades increíbles desaparecían y surgían de la noche a la mañana…” (Rodríguez 1996: 15). El negocio se realizaba entre los puertos de Mazatlán y San Francisco, surge de la coyuntura y aprovechamiento del racismo y discriminación que son víctimas los chinos en el norte de México y de las severas decisiones que adopta con ellos el gobierno de ese país [3].

Los socios aparte de traficar con personas se vinculaban y participaban del negocio de la droga, empleando sus propias modalidades y procedimientos que contravienen las severas reglas que ha instituido el Tong del puerto norteamericano, organización criminal que domina y rige ese comercio [4]. En ese sentido se han establecido formas locales de poder que colisionan, producto de una disputa por trabajos y territorios con diferentes ejercicios de estrategias.

Para resolver la controversia determinan reunirse en la trastienda de una lavandería china donde se desata una masacre con muertos en ambos bandos. El Tong resentido por la intromisión de los foráneos y por las bajas que han sufrido decide dictar venganza.

El Tong sale fortalecido, su dominio vuelve al monopolio y extiende sus tentáculos a Mazatlán en busca de la señalada venganza, persiguiendo y alcanzando a la familia Medina. Ultiman a la primera mujer del padre de Alejandro Medina, el narrador. El asesino es Carlos Goldoni, un personaje clave en la construcción de la historia de la novela, un longevo vampiro, que a través de su vida conoce y traba relaciones con los tres Medina, es decir, el abuelo, el padre y el protagonista. Él es quien mejor representa la movilidad de las relaciones de poder en tiempo y espacio. En un comienzo participó de la sociedad de contrabando y tráfico de drogas con el abuelo. Lo traiciona y asume el rol de vengador del Tong en Mazatlán, pero a la vez decide instalarse en el puerto, en el comercio de drogas. Su larga vida lo lleva en el final de la novela, en tiempos actuales, a enfrentarse con Alejandro Medina, pensando que es un vampiro, pero sucumbe en el intento.

Los elementos de análisis citados son más evidentes y adquieren mayor relevancia en el caso de la novela Mi nombre es Casablanca, en la cual la construcción discursiva del ejercicio de estrategias se presenta a partir de un artificio, que se visualiza desde el epígrafe, en dos versos que corresponden al soneto I del poema Ajedrez de Borges: “En el oriente se encendió esta guerra / cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra”.

El diseño de las estrategias de los narcotraficantes como expresión de poder a través de la violencia está representado en la novela como un juego de ajedrez, realizando jugadas que corresponden a acciones con tácticas provocadoras, violentas, mortales, que implican respuestas semejantes. En el comienzo caen peones (albañiles) para continuar con otras piezas en procura de llegar a las mayores como la reina ( una reina de belleza en el texto) y dar el jaque mate. La mortal partida se establece entre dos narcotraficantes colombianos, Salvador Caicedo y Ricardo Benamejí, que han conformado un cartel y pretenden abrir nuevos mercados para sus productos. El primero en Mazatlán, México, y el segundo en Cartagena, Colombia, para lo cual en un estilo muy peculiar deciden limpiar el camino con la eliminación de los principales grupos narcotraficantes de cada una de esas ciudades, generando una guerra intestina que provoca las suspicacias de unos con otros, a través de operaciones semejantes a las del ajedrez. Las dos facciones del cartel de Sinaloa, de don Armando Ibarra Borbón y don Genaro Barreto, sospechan entre sí, no obstante tener pactado y delimitado el control del espacio de sus operaciones.

Los asesinatos crean un enigma policial de difícil elucidación para Luis Ayala Marsella, personaje protagónico, agente del ministerio público, que años atrás detuvo a Rosendo Caicedo, el hermano de Salvador en un bullado caso que le dio la fama excepcional de ser un agente incorruptible por haber encontrado y devuelto un maletín con un millón de dólares y que ahora debe investigar las muertes de un número creciente de albañiles, un caballo, un cura, una muchacha de la alta sociedad de la ciudad. Cada uno representa una pieza en el juego de ajedrez. En la medida que Marsella avanza en sus pesquisas se acerca a la conexión colombiana, para asestar el golpe final y liquidarlos.

Entre ambos dominios se desarrolla una guerra subrepticia en que el diseño del ejercicio de estrategias de los colombianos apunta a la ampliación de su comercio, a tomar una mejor posición geográfica por la cercanía con el mercado norteamericano, que es su objetivo final, lo cual se contrapone con la reticencia de los mexicanos a aceptarlos. Es una nueva forma de relacionarse entre el poder global y el poder local en que éste último debe rediseñar sus estrategias para no resentirse, armar nuevas formas de resistencia, cambiar las tácticas, ya que es necesario transar para acceder a la globalidad del negocio a efecto que el comercio funcione y no ser excluido, tal como lo señala en el texto uno de los capos mexicanos con respecto a la presencia de los colombianos:

“No los queremos en estos rumbos. Ellos producen la cocaína base y necesitan la infraestructura sinaloense para moverla […]. A los colombianos no les conviene mantenerse aquí. Ya se los dije, no es redituable, desconocen el terreno y hasta son reconocibles físicamente. Deben estar lejos y venir las veces necesarias nada más” (Rodríguez 2005: 134).

El dominio del narcotráfico no pretende extender sus redes de poder a través de grandes cárteles, que ya han sido desbaratados en Colombia, sino que a través de cárteles de menor cuantía, con espacios más reducidos, con capacidad para extenderse e interconectarse con otros dominios semejantes, tanto para los efectos de producción y distribución. De esta manera se constituye la globalización del negocio a través de una diversificación de las articulaciones de las relaciones de poder, siendo gravitante el empleo de tecnologías cada vez más sofisticadas, que implica una visión geopolítica apoyada y conectada con agentes externos a las organizaciones: políticos, jueces, policías y otros, que contribuyen a la configuración de redes que se amplían y procuran la mayor perdurabilidad posible, generalmente signadas por el factor corrupción.

En último término, en la propuesta de estudio señalamos otro elemento fundamental que consiste en la productividad de las relaciones de poder. En ese sentido Foucault afirma que: “De hecho, el poder produce; produce realidad; produce ámbitos de objetos y rituales de verdad. El individuo y el conocimiento que de él se pueden obtener corresponden a esta producción” (Foucault 2005 Vigilar: 198). Dichas realidades corresponden a diversas formas de dominio y en cada uno de ellas se configura un conocimiento. En consecuencia, es posible señalar que el poder es productor de saber y que ambos tienen una relación de implicancia : “No existe relación de poder sin constitución correlativa de un campo de saber, ni de saber que no suponga y no constituya al mismo tiempo unas relaciones de poder” (Foucault 2005 Vigilar: 34).

En Mi nombre es Casablanca se observan diversas formas de productividad en torno a las relaciones de poder. Primero, aquella relacionada con Marsella, que representa el discurso-saber institucional, regido por la ley, desde el dominio del poder policial articulado por el Estado, que produce conocimiento en relación a un ámbito, a un territorio y que tiene como misión emplearlo para reprimir y desmantelar en este caso a la organizaciones criminales, reducir a los jefes principales, evitando el desarrollo de sus estrategias y que consoliden posiciones con sus mercados. Segundo, otra forma corresponde a las mafias del narcotráfico de los colombianos Caicedo y Benamejí y de los mexicanos Ibarra Borbón y de Barreto, que representan un discurso-saber de la institución del narcotráfico, que está al margen de la ley del Estado, y que establece con rigurosidad su propia normativa [5]. Así se produce una determinada forma de conocimiento, también en relación con ámbitos y territorios específicos, cuyos objetivos son anticiparse y neutralizar la acción policial con acciones sorpresivas, mayoritariamente violentas, en otras pasivas, pero marcadas por la corrupción. En ese sentido ambos dominios producen realidades, pero también tienen como característica su movilidad y complejidad en relación con sus formas de articulación.

En último término, en la novela aparece un elemento relevante que son los mass media, que se constituyen en productores de realidades de acuerdo a las informaciones de diversa naturaleza que reciben, a veces distorsionadas interesadamente desde otros dominios o simplemente equivocadas por provenir del rumor. En ese sentido dependen del tipo de fuentes informantes, pero producen una verdad de amplia repercusión en la formación de la opinión pública. En el texto Carlos Antuñano es un periodista de la crónica roja, que firma como Carlos R-15, representa un dominio que desarrolla sus propias estrategias para conocer la verdad de primera fuente, según lo expresa el propio Marsella: “Desde hace años su periódico interviene la señal de radio y escuchan lo mismo que nosotros. En vez de seguirnos, lo que hacen es encontrarnos” (Rodríguez 2005: 48). Este dominio puede producir una verdad de acuerdo a su visión objetiva de los hechos, a la interpretación de los mismos, a los acuerdos que tengan con otros dominios con lo cual configuran un ámbito que produce un discurso con notoria incidencia en la recepción de la información:

Nadie sabe nada. Existe un gran hermetismo y la cuenta de ajusticiados se ha dilatado. Ya hay quien pide la intervención del ejército y que se suspendan las garantías individuales para aplacar al menos la masacre que nos envuelve. Nunca, en la historia de esta ciudad, habíamos enfrentado tal desafío a la autoridad y con una impunidad que a estas alturas nos parece sospechosa (Rodríguez 2005:115).

El texto periodístico, por una parte, crea conmoción e incertidumbre de acuerdo a la intención del discurso [6]. Por otra, la sospecha apunta a la siempre latente corrupción, que supuestamente constituye la base de la ineficacia policíaca y el aumento del descrédito de la autoridad; idea de carácter ancestral en México, cuyas raíces se remontan a la época colonial, según señalan diversos investigadores [7].

En palabras finales, la forma en que el dominio del narcotráfico se representa en la literatura del norte mexicano es comprensible a partir del análisis y descripción de las relaciones de poder en el estudio de las dos novelas, que permite establecer una idea central: No existe un poder, sino diversos poderes que llevan a distintas formas de dominación que, como consecuencia, se vinculan a través de algunos postulados, que en el caso de nuestra propuesta apuntan al ejercicio del poder y su manifestación de violencia como un diseño de estrategias, a la movilidad y productividad de sus relaciones, situación que se estructura desde diversas perspectivas en la diégesis de las novelas revisadas.

 

Notas.

[1] También destacan en su producción novelística El gran invento del siglo XX (1997) y La casa de las lobas (2005).

[2] En relación con estos postulados, véase Gilles Deleuze. Pp. 51-56.

[3] En la década del veinte, según refiere J. J. Rodríguez en una entrevista: “Las autoridades mexicanas subieron a un tren a decenas de familias de la comunidad china y las abandonaron en el desierto sin agua y sin comida. La mayoría murió de hambre, sed e insolación. Los pocos que de milagro lograron sobrevivir llegaron hasta Sonora a un sitio cercano al mar y ahí fundaron el pueblo conocido con el nombre de El Chinal”. El poblado aún existe, tiene 278 habitantes y se encuentra en el municipio de Alamos, en el Estado citado. Bazan, Gibrán. Cada habitante. URL.

[4] Los Tong son sociedades secretas chinas de antigua data y que en Estados Unidos surgen a mediado del siglo XIX como grupos protectores de los inmigrantes orientales, vinculados al crimen organizado y que se dedican al contrabando, la prostitución y la evasión de impuestos.

[5] A partir de los estudios sobre la mafia hay una serie de coincidencias que se pueden inferir entre ésta y los carteles de drogas latinoamericanos, en relación con las normas que se establecen en los códigos y las conductas de sus miembros, que se puede entender como una influencia de la primera hacia la segunda de las citadas. En ese sentido, véase a Fabricio Calvi

[6] La propuesta se corresponde con la decisión que adopta Felipe Calderón, en los primeros meses de su gobierno, que saca a más de sesenta mil efectivos del Ejército a las calles para colaborar y combatir el narcotráfico y su escalada de violencia.

[7] Para conocer el sentido de la corrupción en México desde sus orígenes revisar el artículo sobre el Virreinato de Nueva España de Solange Alberro. En la misma edición, a través de otros escritos, se podrá apreciar el desarrollo de la misma a través de la historia de ese país. Véase a Claudio Lomnitz.

 

Bibliografía.

Bazan, Gibrán. “Cada habitante oriundo de Sinaloa, esconde en el fondo un autor policiaco”. CNCA. 06 agosto 2001. 25 julio 2006
htpp://www.cnca.gob.mex/cnca/nuevo/2001/diarios/ago/060801/noverod/html

Calvi, Fabrizio. El misterio de la mafia. Barcelona. Gedisa. 2004.

Deleuze, Gilles. Foucault. Buenos Aires. Paidós. 2005.

Foucault, Michel. Las redes del Poder. Buenos Aires. Editorial Lectour. 2005.

------Vigilar y castigar. Buenos Aires. Siglo XXI Editores.2005.

------Un diálogo sobre el poder y otras conversaciones. Madrid: Alianza Editorial.

2004.

Lomnitz, Claudio. Coordinador. Vicios públicos, virtudes privadas: la corrupción en México. México. Ciesas - Porrúa. 2000.

Parra, Eduardo Antonio. “El lenguaje de la narrativa del norte de México” Revista de Crítica Literaria Latinoamericana. Año XXX. N° 59. Lima- Hanover. 1° semestre. 2004.

Ramírez-Pimienta, Juan Carlos. Fernández, Salvador C. (compiladores) El norte y su frontera en la narrativa policiaca mexicana. México. Plaza y Valdés. 2005.

Rodríguez, Juan José, Asesinato en una lavandería china. México. Conaculta. 1996.

------ Mi nombre es Casablanca. México. Random House Mondadori. 2005.

 

[*] José Manuel Torres Torres. Candidato a Doctor en Literatura. Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Con tesis en término.

 

© José Manuel Torres Torres 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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