La amistad y el dinero no hacen suma:
La novela de Belen Gopegui

Maria Sergia Steen

University of Colorado at Colorado Springs.CO, USA


 

   
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Resumen: En esta novela, La conquista del aire, advertimos la cuestión palpitante de las relaciones humanas y el dinero. De alguna forma la amistad entre tres personas va a tomar otro sentido. El préstamo hecho es la causa de la nueva dirección. Estudiaremos las diversas direcciones tomadas por los personajes, teniendo en cuenta la idea de Kafka de que el hombre es condenado y declarado culpable porque conoce el bien y el mal, pero no tiene la fuerza de hacer el primero y evitar el segundo.
Palabras clave: Belén Gopegui, narrativa española contemporánea, amistad.

 

Prestar ocho millones de pesetas a un amigo es la ocasión, en la novela de Gopegui La conquista del aire, para poner en perspectiva la relación de tres compañeros, ya de tiempos de la universidad. En esta nueva situación que se encuentran, descubren la hipotética libertad del sujeto. Santiago y Marta reaccionan más bien por sorpresa; aunque acceden ante Carlos, el préstamo va a originar cambios de conducta. La falta de posesión del dinero opera como mecanismo oculto que se dispara y muestra aspectos de su personalidad como son la inseguridad, la culpabilidad, la inercia o la falta genuina de compromiso social.

Lo cierto es que el préstamo se convierte en un malestar interno traducido en acciones dispares en sus relaciones humanas. Posiblemente crecen semillas en potencia que ya los habitaban. Santiago reacciona con inseguridad al vacío que le supone no poder disponer del dinero; Marta apoya a Carlos; desoye el interés de su esposo de invertir en una casa vieja para renovar; y Carlos defrauda por su falta de compromiso social con quienes creían en él.

Estudiaremos las diversas direcciones tomadas por los personajes, teniendo en cuenta la idea de Kafka de que el hombre es condenado y declarado culpable porque conoce el bien y el mal, pero no tiene la fuerza de hacer el primero y evitar el segundo. Tal es nuestra condición( Martín Greenberg en The terror of art: Kafka and modern literature ,114). El narrador, nos dice la autora Belén Gopegui en el prólogo, quiere saber si el dinero construye la conciencia del individuo o si hay áreas no tocadas de salvación, tal como el discurso idealista en torno a ciertos valores y el discurso de los afectos. Se nos presenta un reto.

En esta novela advertimos la cuestión palpitante de las relaciones humanas y el dinero. De alguna forma la amistad entre tres personas va a tomar otro sentido. El préstamo hecho es la causa de la nueva dirección porque Carlos solamente se preocupa de sí mismo y su éxito. Cuando les dice: “Lo necesito” (19) parece ser que los demás no cuenten. A medida que nos adentramos en la novela, y luego de hacerse efectiva la entrega de cuatro millones por parte de Marta y otros tantos por Santiago, aparece en todos ellos un registro de culpabilidad.

Santiago accede después de que Marta le diga: “Cuenta con ello”(20). Santiago tenía sus reservas. Para él, cuatro millones son su despensa. En su relación con Sol, él es quien decide y ella quien sigue. Sol es sencilla, inteligente, pero no tiene dinero. A Santiago le comen otros gusanos. Deja la relación con la muchacha y se concentra en la persecución de Leticia, bien colocada en la burguesía. Notamos que a medida que Santiago se adentra en la relación con Leticia su complejo de inferioridad crece. Los millones prestados empiezan a ser una referencia como de ‘condición de desposeído’. Incluso incrementa su malestar al moverse en los círculos de Leticia. Sabe que no pertenece al círculo, pero va empujado por el deseo de ser reconocido por la gente de mejor posición social. Por eso Santiago siente el latigazo de ese vacío económico. Desasosiego y culpa parecen coincidir. Casi de forma simultánea, el narrador nos brinda imágenes escritas de que los tres no pueden dormir. Y Santiago cuestiona la obligación que tienen de prestarle el dinero a Carlos. ¿Es el miedo a no ser aceptado o querido por los otros dos? Theodor Reik (22) es de la opinión que una de las razones por las que accedemos a los deseos de los que nos aman, puede ser por el temor a que nos desdeñen. Así seguiremos el proceso psicológico que le hace a Santiago mantener un malestar cuando mide lo ganado con Carlos y el vacío en la cuenta corriente: su manta de seguridad. Esta condición humana de no querer desposeerse de lo suyo, aun cuando la razón lo ceda, le lleva a explorar la relación con una mujer burguesa, a modo de compensación. En el proceso descubriremos lo que anida el corazón de Santiago. También se pregunta, por qué tiene que serle leal a Carlos Pero, el hecho de que Carlos le haya pedido el dinero es señal de que los considera un igual: “...que era como Marta, alguien nacido de pie..”(29) Y al pedirle Carlos los cuatro millones dice el narrador: “ ... estaba sancionando su victoria (29)”. Pero, ¿de qué? Más tarde se encuentra con Sol y no tiene la menor intención de comunicarle la nueva. Razona diciendo que ella no está al tanto de cuestiones de dinero, puesto que no posee nada. Esta explicación lo desliga de tener una intención honorable, genuina, hacia Sol. No hay ligazón entre sentimiento y razón y nos ha dicho la narradora en el prólogo (11) que ambos deben ir unidos, si el sentimiento es parte de la intención de la novela como proceso de formación.

Y no sólo Santiago, sino Marta y Carlos hacen decisiones unilaterales en cuando al préstamo, lo que resultará en sendos conflictos. Sabemos que Guillermo, el esposo de Marta, conoce la situación y considera que a Marta le lleva la amistad que siente por Carlos para consentir en darle los cuatro millones, aunque no haya medido las consecuencias, ni el deseo del esposo: Guillermo quiere comprar una casa vieja y renovarla. En realidad hay tensión al explicarle a su esposo la cesión del dinero; lo que indica no estar totalmente feliz o segura de la decisión. Para Marta es importante funcionar en pandilla. La lleva a su juventud, a un estado de cosas que pasaron; hay una lealtad que la arrastra a consentir, pero de la que más tarde se siente culpable ante Guillermo. Carlos parece ser el que le pasa el cerrojo a la puerta de su conciencia por lo que nos dice el narrador: “El disimulo, la conciencia de no ser como había elegido ser: esa conciencia le había llevado a meterse, primero en un grupo cristiano, después, en los restos de un partido radical y, por último, en un ateneo consejista [...] durante seis años (25)”. La cuestión de salvar la empresa es parte de un proyecto particular, desligado de unos ideales, según veremos. Es posible que sea la separación de sentimiento y razón, lo que más tarde se le recrimine como traición a unos ideales que no defiende. Y volvemos al prólogo (11) para añadir que el sentimiento es válido y debe de estar presente, si entra en relación con la conciencia del sujeto. Carlos aboga por la razón al tiempo de pedir: “Lo necesito” Su mujer, Ainoa, se entera del préstamo en un hueco de un programa televisivo, sin más. Al anuncio siguen dos silencios que no se unen. Gopegui usa metáforas unidas a la temperatura para expresar el grado de intensidad de los sentimientos de Carlos. En la moto, el frío le recobraba el control y el sol, cuando aparca la moto, le molestaba; era: “Una especie de vergüenza de baja intensidad(38)”. Lo que supone un registro de la conciencia, registro de deuda, de caminar en solitario, de culpa. Carlos y Lucas no cobran en la empresa; Rodrigo va a medio sueldo. No se progresa como se anticipó. A Carlos le surge la necesidad de compartir con alguien su cansancio, su temor, pero no tiene a nadie. No así con su deuda contraída porque se vería mancillada su posición de hombre superresponsable, o su figura de héroe, de elegido (39). Carlos viene de familia pobre como Santiago. Son seres que necesitan probarse, triunfar económicamente para ser parte del clan de los vencedores__así se mide el éxito. Carlos exagera su persona con sus aires de campeón y Santiago se siente inadecuado enfrente de la familia de Leticia. ¿Qué quieren, qué les falta; de qué no son merecedores y sin embargo desean a toda costa? Carlos nos dice que: “Siempre había tenido cosas (41)”, a pesar de que sus padres eran trabajadores. Eso tenía un precio: a través de los tabiques escuchaba a los padres discutir cómo iban a pagar las deudas contraídas. El precio es su culpabilidad. El no rehusaba deber y aprendió en la biblioteca que se puede tener un libro a cambio de nada: “Quería tener algo que no fuera suyo, pero que tampoco le faltara a otro (41)”. Empieza con la ansiedad de deber y se le acelera la vida al crearle culpabilidad. Carlos simplemente deseaba poseer algo que no tuviera que agradecer. Lo que no entiende es que los cuatro millones sean tan importantes para él como lo son para Santiago y Marta

Así como pasa el tiempo, Carlos se siente acosado por Santiago que insiste en que se le tenga al corriente de la situación económica de Jard. Le han entrado dudas; piensa que ‘se vio obligado a hacerlo’. Sus adentros le persiguen porque cree que se debe a la amistad de Carlos y a la dependencia del clan. La realidad es que la situación ha despertado un hormigueo en las conciencias de los tres que desencadenará en la ruptura de Santiago con Sol, la separación de Marta y Guillermo y finalmente la desavenencia entre Carlos y Ainhoa. Santiago llegar a considerar a Sol parte del complot de la vida contra él; vive en guerra y va por la victoria con Leticia. Darle el dinero a Carlos fue parte de esos resquicios de idealismos pasados de darse a la multitud, pero Carlos se le ha comida las fichas de su parchís: sus cuatro millones. ¿Y por qué le perturba tanto? Seguimos con la idea.

Marta también considera caducos sus sueños románticos de pandilla y prueba a jugar con Manuel, un ejecutivo de televisión, antiguo compañero de estudios que vive, como Carlos, una tensión amarga; este tipo de personalidad permite encontrar un hueco donde acomodarse, al menos, temporalmente. En el caso de Carlos es un exceso que él mismo se consiente para que los otros le den lo que se merece, en el de Manuel quizá curiosidad. Marta es la mujer mimada por la fortuna. Siempre tuvo de todo y no tiene envidia de nadie; es generosa. Se siente algo mal, pero no del todo; quizá culpable de no desear más. Pero también ella va a la defensa de Carlos después de hablar con Guillermo. Hay un momento en que Santiago y Marta piensan en cómo recuperar el dinero prestado a toda costa y Carlos siente miedo. Todo se le puede venir abajo: el héroe está en manos del enemigo. La encrucijada se le extiende a Carlos cuando piensa en su casa y la obligación de aportar dinero, aunque no se sabe si esto pesa más que el tener éxito en su proyecto.

Marta en su encuentro pasadero con Manuel y a pesar de hacer gala de ideales de izquierda, no abandona su posición cómoda burguesa. Manuel entiende muy bien la situación y le menciona: “Es una suerte sentirse obligado a hacer buenas obras”(57). Seguimos con el tira y daca del sentimiento y la razón: se debate entre los ideales y el compañerismo y exigir lo que lógicamente es suyo, el dinero.

Carlos y su militancia es otro tópico porque él, el privilegiado, mira en todas direcciones. Lo de montar una empresa fue eso de ‘ser de izquierdas es más bien un ritual estético’. Cuando Santiago tiene que arreglar su coche surge de nuevo el tema de los cuatro millones y se echa la culpa. Se acusa de haber fallado y en cuanto ‘él’ se corrija, todo volverá a la normalidad. ¿Ley de balances? Es un proceso al que se halla acostumbrado desde chico: tiene que poner la otra mejilla. Y para encontrarse mejor dice que Sol también lo ha decepcionado porque no ha estado al nivel de las circunstancias: no le ha hecho sentirse mejor, en la cuestión préstamo, tal y como le correspondía. ¡Magnifica excusa para proseguir el asedio de la mejor pieza: Leticia!

Carlos vuelve a pedirles una prórroga. A Marta le surgen problemas de trabajo; es empleada provisional y esto le llevará a quererse sentir protegida y, de nuevo, al préstamo. Tanto ella como Santiago acaban viendo a Carlos como una mala inversión: esto es serio. Con su socio Lucas, Carlos no es completamente sincero y su culpabilidad emergerá como la de K en El proceso: Es una condición de su mente; no por estar en estado impuro, sino por ser deshonesto, según nos comenta Meno Spann (97). Carlos está jugando con las fichas de los otros y ni siquiera quiere agradecérselo. No debe mostrar sus sentimientos y nos alude a la canción inglesa que Alberto le recomienda: “No dejes que se den cuenta de lo que pasas”(90).

Volveremos al prólogo y a la idea de la narradora de que si el sentimiento va a la par que la conciencia, debe registrarse y mostrarse. Precisamente lo que le falta a Carlos: la asociación sentimiento-conciencia..Carlos juega a la doble vida, posición que se desarrollará extensamente en el protagonista de la siguiente novela de Gopegui Lo real. En esta novela todo es un simulacro de realidad. El protagonista se inventa hasta una doble personalidad por el juego y el riesgo de vivirlos. La posición de Carlos puede deberse a que él quiere vivir los ideales del hombre responsable pero se queda corto. Sabe que no alcanza; se siente culpable y quiere inventarse una realidad donde dé la talla. Ante la perspectiva de cambio de empleo el narrador comenta: “...en el otro sitio no fallaría [...] lograría llevar a cabo cuanto se esperara de él”(92). En realidad, se decepciona a sí mismo porque lo quiero todo. En una entrevista entre la autora y Santiago Fernández, Gopegui declara: “La conquista del aire cuenta cómo un préstamo, una carencia de dinero, puede acelerar la necesidad de ascenso social de unos personajes, como esos procesos químicos que ocurrirían de todos formas pero donde, si se introduce alguna sustancia, en este caso el préstamo, se produce la reacción en cadena” (Babab 6). Esto es exactamente lo que ha ocurrido. Marta culpa sus problemas de trabajo al préstamo, Santiago le ha dicho a Sol que la quiere, pero...las circunstancias le obligan. Por fin Marta se lanza y le pide el dinero a Carlos; lo necesita para la casa que quiere comprar Guillermo. Terminan con malestar y remordimiento. Todos reconocen que el préstamo ha desencadenado el fuego. En la conversación con Manuel, Marta defiende a Carlos diciéndole que cree que Carlos es todavía un ser responsable y que en la sociedad todos se han convertido en seres cambiables, para todos usos, desposeídos de identidad.

Carlos y Ainhoa se separan. Ella está defraudada. El idealismo empresarial parece haberse reducido a satisfacer las ambiciones de Carlos, no las de los obreros. Éste responde a sus amigos, pagándoles el préstamo, pero no cumple con Esteban y Rodrigo como prometió. Prueba de ello será la confrontación que le hace Esteban a las afueras de Madrid cuando lo lleva a casa en moto. Por un momento el lector piensa que va a tomar represalias en su persona.

El proceso psicológico sigue con todos ellos y nos volvemos de nuevo a interrogar sobre la idea de Kafka de que el hombre conoce el bien y el mal, pero es lo suficientemente egoísta, o simplemente no tiene la fuerza de defender el bien y evitar el mal. En la entrevista mencionada de Fernández oímos decir a la autora que una cosa es hablar de ideales teóricos, otra, practicar la ideología. Al intentarlo se descubre: “...la diferencia entre lo que las personas piensan y dicen de sí mismas y lo que hacen y son” (Babab 6). Aquí se registra un fracaso social o particular, o ambos. Por otra parte, Janet Pérez comenta sobre la metamorfosis que los personajes han sufrido. “All have become desillusioned with what the parties have achieved during their time in power...(5)”. Habían sido activistas de izquierda y con los valores del socialismo en mente, ven como lo que fue una lucha contra el franquismo ha quedado, con gran rapidez, en una caricatura del pasado. Pero son ellos mismo los que se traicionan. La comodidad, el dinero, la vida muelle y el querer abarcarlo todo los lleva a la fragmentación. También Marta Rivera de la Cruz considera que ésta es la novela de un desencanto: “De la decepción de unos individuos que se descubren a sí mismos y deben aceptar que son mucho peores de lo que en un tiempo pensaron”(1). Pero que al final: “Saben que tienen la obligación de buscar la felicidad [...] todo no está perdido[...] la guerra sigue, y también la vida y la posibilidad de victorias futuras.”(1)

No veo tan justificada la frase de que tienen que buscar la felicidad ya que de lo que aquí se trata es de defender un principio metafísico: el del bien y el mal. Y que si bien hay crisis del sujeto por su aislamiento, su enajenación, la falta de los grandes proyectos, propio del postmodernismo, su final no debe ser únicamente su felicidad, sino su madurez social. Digamos con Carmen de Urioste que: “Frente a la profundidad del individuo social franquista se erige el sujeto leve postfranquista, preocupado por la materialidad y la producción de bienes de consumo”(1). La novela parece pesimista; llena de fracasos sociales y personales; lo que han conquistado es nada. Al contrario, se les han comido las fichas. Pero aun pareciendo pesimista hay un margen final de nuevas direcciones, de querer probar una vez más para ver si sale. Carlos con la multinacional; Santiago con la conquista de la burguesía y Marta con el marido. ¿Hay reconciliación con sus conciencias o son las metamorfosis nuevas formas de seducir su destino? Tenemos que aceptar que el dinero anida en la conciencia humana porque nos brinda la seguridad predicada por el consumismo, la sociedad en que nos movemos. En cuanto a esa reacción de culpabilidad del personaje ¿de qué depende? ¿Será de la circunstancia del individuo y de su forma de practicar el bien y el mal de acuerdo a su conciencia?

Concluimos afirmando que en nuestra sociedad a todos nos mina el mismo gusano. Nos sentimos algo así como K en El proceso : no sabía cuáles eran las reglas del juego.

Dudamos de que el sentimiento haya estado unido a la conciencia, a la razón, desde el principio, y por tanto, que haya sido parte de la intención en la formación de la novela tal y como proponía la narradora. El personaje simplemente, creyéndose libre, desempeña un rol que lo dirige a metas ya fijadas por las demandas sociales.

 

BIBLIOGRAFÍA

De Urioste, Carmen. E-mail; 6 de enero, 2004

Fernández, Santiago. Entrevista: Babab, #6, enero del 2001

Gopegui, Belén. La conquista del aire. Barcelona: Anagrama, 1998

Greenberg, Martín. The Terror of Art: Kafka and Modern Literature. New York: Basic Books, Inc., 1968

Holloway, Vance R. El posmodernismo y otras tendencias de la novela española, Alicante: Universidad de Alicante, 2000

Kafka, Franz. Letters to Milena. Editado por Willi Haas. New York: Shocken Books, 1970

Labanyi, Jo. Myth and History in the Contemporary Spanish Novel. New York: Cambridge, University Press, 1989

Langa, Pizarro, M. Mar. Del franquismo a la posmodernidad: la novela española (1975-1999), Alicante: Universidad de Alicante, 2000

Reik, Theodor. Mit. and Guilt. Kafka and Modern Literrature. New York: George Braziller, Inc., 1957

Rivera de la Cruz, Marta. http://www.ucm.es/info/especulo/numero7/gopegui.htm: “Entrevista con Belén Gopegui” Espéculo nº 7, UCM 1997-98.

Spann, Meno. Franz Kafka. Boston: Twayne Publishers, 1976

Sussman, Henry. The trial. New York: Twayne Publishers, 1993

 

© Maria Sergia Steen 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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