Pablo y Virginia en España: recepción, modalidades y consecuencias

Clara Isabel Martínez Cantón

Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED)
claraimc@gmail.com


 

   
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Resumen: Este artículo consiste en un estudio sobre la recepción en España de la obra Pablo y Virginia, que escrita a finales del siglo XVIII en Francia, se hace famosa en toda Europa en el siglo XIX, adaptándose a los más variados formatos, cultos y populares. Se realiza un recorrido desde su primera traducción al español, realizada por el abate Alea en 1798, a todas las que le seguirán, llegando a la realizada por Cernuda ya en el siglo XX.
Palabras clave: Bernardin de Sant-Pierre, Pablo y Virginia, Alea, Romanticismo, recepción literaria

 

1. Paul et Virginie: el texto original francés.

La obra de Jacques-Henri Bernardin de Saint-Pierre, Paul et Virginie [1], fue publicada por primera vez en Francia en 1788, cosechando en muy poco tiempo gran fama y éxito.

La obra parte de las ideas filosóficas del siglo XVIII. La filosofía de las Luces invade Francia, y estamos en un momento de ebullición social. Se publican en esas fechas la Enciclopedia, las obras de Rosseau, de Voltaire, la Historia Natural de Buffon, etc. Las concepciones tradicionales del hombre y el universo están cambiando. Las reflexiones se centran en cuatro grandes temas: naturaleza, Dios, el hombre y la sociedad.

Bernardin de Saint-Pierre, un hombre de su tiempo, conoce este nuevo pensamiento y participa activamente en él. Serán la filosofía de Rosseau la que más profundamente cale en su espíritu. La defensa del buen salvaje, del hombre primitivo que vive feliz, acorde con la naturaleza se hace eco en Bernardin de Saint-Pierre, así como la concepción religiosa teísta, de un Dios como presencia continua, bienhechora y anónima. El sacrificio en esta vida para alcanzar otra superior se reemplaza por la idea de conseguir la felicidad en el presente, aquí y ahora. Ahora bien, esto no significa la inexistencia de una moralidad, muy al contrario, como vemos en Paul et Virginie, ésta se basa en la virtud.

Pero si algo cuestiona Paul et Virginie es el modelo de sociedad. Existe una búsqueda de la sociedad perfecta, un cambio en las relaciones de poder. Para Bernardin de Saint-Pierre, esta sociedad mejor ha de surgir por la conformidad del hombre con las leyes de la naturaleza.

Sin embargo, en la obra hay algo que puede resultar sorprendente. Los personajes de Pablo y Virginia, viven felices y acordes con la naturaleza, dentro de su pequeña sociedad. Es el exterior lo que se entromete en sus tranquilas vidas truncando con ello sus planes. Lo que resulta extraño es, que a la vuelta de Virginia, en el naufragio, pudiendo ella luchar por su vida y reemprender su anterior destino, renuncia a ella, muere, y se niega con ello la posibilidad de un paraíso terrestre. Los demás personajes morirán también, arrastrados y como última opción, tras ver sus deseos hechos trizas. Es el germen del Romanticismo.

Pero pasemos a analizar la aceptación que tuvo la obra. La novela gozó desde un primer momento de un éxito inmenso, sobre todo en la época romántica. La crítica y el gran público se pusieron por una vez de acuerdo y alabaron su grandeza moral y literaria. Muy pronto se empieza a traducir Pablo y Virginia a los más diversos idiomas, obteniendo fama y reconocimiento en todos los países. En Inglaterra se publica la primera traducción en 1789, tan sólo un año después de su nacimiento. Toinet [2] señala, además, que en 1800 ya existían 36 ediciones francesas del libro y 20 extranjeras.

Las razones del éxito de la novela son más o menos las mismas para todos los países en los que triunfó: su colorido, sus imágenes casi pictóricas, su inocencia, el exotismo de la naturaleza salvaje, y la defensa del sentimiento, que hará conmocionarse a los corazones más duros. Pasemos ahora a ver su recibimiento en España.

 

2. Traducciones al español

La novela como género literario tiene en el siglo XVIII y principios del XIX, gran descrédito, en toda Europa. Llama la atención que incluso en España, que había “alumbrado” el género con Don Quijote, la novela se considere un género menor, propio de señoritas que lo usaban como pasatiempos. No se cree que sea literatura seria, y se desprecia porque no es educativa. En España se publicaba poca novela durante todo el siglo XVIII, y sólo a partir del reinado de Carlos III España se abre algo más a la literatura extranjera, en especial francesa e inglesa. Los Diarios de Jovellanos mencionan distintas novelas francesas entre las que se encuentran Pablo y Virginia, pero en relación con proyectos educativos, es decir, como instrumento pedagógico, no literario.

Había muchas lagunas en la traducción de obras extranjeras, en muchos casos imputables a la censura del Estado y de la Iglesia. La mayoría de las novelas francesas que se traducían eran mediocres. El caso de Pablo y Virginia fue una excepción admirable y da pie al primer romanticismo.

En España la obra no será traducida hasta 1798 por el eclesiástico José Miguel Alea. Antes de ello había sido traducida ya al inglés, al italiano y al alemán. El azar [3], más que la firme determinación, es el que facilita esta tarea, poniendo en las manos de Alea una traducción inglesa de la obra. El abate, un apasionado del pensamiento francés, y que dedica gran parte de su vida a darlo a conocer en nuestro país, se ve deslumbrado por la riqueza de saberes que el libro encierra: geográficos, botánicos, físicos y, por supuesto, morales. El conocimiento de esa época sobre estas regiones era mínimo, por lo que seguían constituyendo un misterio, y le daban a la narración un toque exótico que encantaba a los lectores.

La traducción de Alea, aunque sobre un texto inglés, será revisada con un texto original francés por el escrupuloso abate. En un litigio por los derechos de traducción el rey otorga a José Miguel Alea el privilegio absoluto y exclusivo de publicación y reimpresión de Pablo y Virginia. Alea dedicará su traducción “a la virtud” y la acompañará de un prefacio.

La traducción de Pablo y Virginia de Alea se seguirá utilizando hasta el año 1855, en una edición mejicana. Entre estas fechas (1798-1855) se publicarán otras ediciones de la obra o bien anónimamente traducidas o realizadas por otros traductores.

El abate Alea en una nota anterior a su traducción se lamenta de no poder adaptar plenamente la obra con todo su genio al castellano, aunque juzga que su versión no violenta demasiado la obra ni la lengua castellana. Su labor de traducción en esta obra será alabada en críticas posteriores, y comparada, por ejemplo con la traducción del Padre Isla del Gil Blas. Y es que Alea no era un principiante. De hecho, tenía ya experiencia como traductor, y su propia teoría sobre el ejercicio, que se resume en “el traductor no debe ser ni el déspota ni el esclavo de la obra” [4], es decir, no forzar la obra original, ni forzar la lengua a la que se traduce.

En la nota preliminar a la obra, Alea se pronuncia defendiendo la realidad de la obra (característica muy común en las novelas de la época, y que luego abordaremos), a la vez que sus grandes virtudes. Destaca sus valores morales: desdén de las riquezas, obediencia, confianza en Dios, caridad, y trabajo. Pero Alea sabe ver también los méritos literarios. Alaba lo que tanto se repetirá después, la belleza lírica del estilo y las imágenes, bien grandiosas en unos fragmentos, bien simples y naturales en otros. Pero lo que es más interesante es la defensa que realiza el abate de la prosa de la obra. La novela es en el siglo XVIII y también a principios del XIX un género denostado, y poco entendido. La calidad literaria se logra difícilmente si no es en verso. Por ello Alea se apresura a ratificar que la prosa de Bernardin de Saint-Pierre es armónica, melodiosa, con cadencia y tiene la dulzura de la métrica. La forma de expresión es fácil, natural, y persuasiva. La sensibilidad y la imaginación son dos de las virtudes más sobresalientes del autor francés.

El artículo de Sarrailh recoge además opiniones de revistas de la época que hacen una crítica o hablan sobre el texto de Bernardin de Saint-Pierre. Una de esas críticas reflexiona sobre el género novelístico y el callejón cerrado al que había llegado, con novelas inmorales (como se dice asimismo en Pablo y Virginia propiamente), de lenguaje pomposo, y vacías de contenido. La obra del francés abre un género, en ese sentido, con sus bellas imágenes, simples, pero interesantes y dulces. En general las críticas de las que se habla ensalzan doblemente la obra, por su contenido moral ejemplarizante y por su valor literario.

Me gustaría en este punto, repasar algunas de las ediciones de Pablo y Virginia. En 1963 publica Toinet una bibliografía [5] de Pablo y Virginia, en la que me basaré, a falta de haber encontrado nuevas ediciones por otros medios. Toinet recoge las ediciones del libro hasta más o menos el año 1963 (fecha de publicación del trabajo). Aquí nos limitaremos al siglo XIX, ya que es este nuestro objeto de estudio.

Para empezar llama la atención que esta obra que tanto éxito consiguió, no sea reeditada en España una segunda vez hasta 1814, en Palma de Mallorca. No podemos determinar si quizá hubo alguna otra edición que no conocemos, pero ésta nueva edición, de traducción anónima, sí será seguida ya, de muchas otras cercanas.

Sorprendente es también que la segunda edición en español de la novela se publique en Filadelfia (1808), así como la tercera (1810). Ambas son la traducción de Alea. No sabemos cómo llegó allí el texto ni quién lo publicó.

Si en 1814 salía la edición mallorquina del texto, poco después, en 1816 y 1822, habrá nuevas ediciones en Valencia, y en 1832 en Barcelona (donde habrá siete ediciones del libro durante el siglo XIX). Sarrailh ve en estos datos un índice de la mayor apertura de la parte oriental peninsular a las influencias francesas y europeas. Si bien en la mayoría de casos esta afirmación suele ser cierta, en el caso de la obra de la que nos ocupamos no tiene una base demasiado fuerte, ya que si bien en Madrid hubo en ese siglo sólo cinco ediciones de Pablo y Virginia, dos de ellas (la primera de 1798 y otra de 1819), son anteriores a la primera de Barcelona.

Por otra parte, son muy abundantes las ediciones en lengua española publicadas en Francia: en 1816 una en Perpiñán, en 1824 otra en París (hay hasta 5 durante el siglo XIX), y en 1826 una en Marsella, que Sarrailh justifica por la presencia allí del abate Alea.

En total Toinet recopila 28 ediciones en español de la obra durante el siglo XIX, aunque hoy en día, con un estudio más exhaustivo podríamos encontrar, seguramente, más.

Nada más, excepto la traducción ya de 1933 que realiza Cernuda de la obra, y que nos hace reparar en la importancia e influjo que ésta siempre tuvo [6] , otorgándole, si aún es necesario un sello de calidad inigualable.

 

3. Modalidades

Recojo en este apartado las obras en español del siglo XIX que no son una traducción de la obra de Bernardin de Saint-Pierre, sino una versión, generalmente más popular, del tema.

No podemos hacer referencia a todo lo existente en relación con la novela, ya que se nos habla de numerosos objetos, existentes en la España del XIX, que representaban la historia de Pablo y Virginia. Jean Sarrailh cuenta que Juan Valera ve en una pensión de Granada “diez o doce cuadros de litografía iluminada, representando las aventuras de Matilde y Malek-Adel y las de Pablo y Virginia” [7] . Toinet recoge en su obra también los grabados que pudo recopilar. Aquí haremos referencia solamente a los textos de los que tenemos noticia que tratan este tema. Dividiré en dos apartados esta sección, una dedicada a las versiones teatrales y musicales de la obra y otra a la literatura de cordel -tan popular, y que dio lugar en España a un romance de cordel de Pablo y Virginia, a una Canción lamentable, y a un pliego de aleluyas-.

Es realmente en esta sección donde vemos el alcance que la obra tuvo llegando no sólo al público ilustrado, sino prácticamente a todo el mundo. Diversos autores reconocen esta faceta de la obra, de la que se produjeron gran número de “obras anexas”, como las llama Toinet. En Francia encontramos libros infantiles, almanaques, teatro…, y como vamos a ver en España también tuvo gran repercusión.

Versiones teatrales y musicales

1.- La primera versión teatral que conocemos, es la siguiente: Pablo y Virginia: drama pastoral en tres actos:: sacadode la historia que escribió en francés Santiago Bernardino Enrique de Saint-Pierre / y acomodada al teatro español por Don Juan Francisco Pastor. Fue publicada en Valencia en 1822, según Toinet, y el catálogo de la Biblioteca Nacional de España. Sin embargo, es interesante que Toinet apunta que en el catálogo del British Museum fecha en 1795 la obra, aludiendo además a una reimpresión del texto en 1800. No he podido localizar en el catálogo on-line de la Biblioteca Británica esta versión, pero me resultan muy reveladoras las palabras de Sarrailh al respecto. Nos dice que Juan Francisco Pastor solicita en 1799 la autorización para representar la obra en el Teatro del Príncipe. No sabemos sus fuentes, pero esta información podría confirmar la fecha del British Museum, o al menos no retrasar la fecha hasta 1822. Si la obra teatral hubiera sido escrita en 1795, sería anterior a la de José Miguel Alea, y, por lo tanto, hecha sobre el original francés, seguramente.

Este drama en tres actos trataba de reproducir el exotismo de la novela, pero es mucho más pobre, pierde las bellas imágenes del autor francés. Además, el tratamiento de los personajes es también muy simple respecto a la fina psicología utilizada por Bernardin de Saint-Pierre. Sarrailh destaca como en la obra teatral Pablo y Virginia, al crecer, y con la marcha de Virginia, se encienden en una viva llama amorosa, mientras que en la novela original, los dos chicos van notando los cambios de la infancia a la adolescencia, muy leve pero intensamente. Además, los presupuestos filosóficos de los que hablábamos al principio, y en los que se sustenta la novela, son, en el drama, simplificados, despojándoles de su finura y esencia, y pasando a ser una simple oposición de contrarios: naturaleza-civilización, ciudad-campo, riqueza-pobreza...

Quizás lo más extraordinario de esta obra sean los cambios realizados por Juan Francisco Pastor, respecto a su obra de referencia. Para empezar, introduce un nuevo personaje, y con él, un tema muy de la época, la esclavitud. El personaje es otro esclavo negro llamado Zavi, revolucionario, que se pronuncia a favor de la igualdad de todos los seres humanos y que mantiene conversaciones sobre este tema con Domingo (el esclavo de Margarita), mucho más resignado, y que cree que los blancos son superiores. Estas doctrinas que defienden el derecho natural y la igualdad de los hombres son un claro eco de la filosofía de principios del siglo XIX, y no constituyen ninguna novedad, ni pensamiento nuevo.

Pero lo más llamativo es sin duda, el cambio a un final feliz. En la tormenta que hace hundir el San Gerando, Pablo logra llegar a su amada y salvarla así de la muerte. Es un cambio muy teatral, buscando el favor del público, y hace que la obra se desvincule totalmente de su base, y pierda ese germen romántico que contenía.

2.- Pablo y Virginia, drama de gran espectáculo en tres actos, es otra obra teatral que nombra tanto Toinet, como López de Meneses [8] . Está datada en 1862 y es de Tomeo y Benedicto. Hay un ejemplar en la Biblioteca Nacional de España. La obra debió ser representada ricamente, con música, decorados y bailes, y debió tener gran éxito, ya que en 1863 López de Meneses nos habla ya de una reposición.

3.- Pablo y Virginia, “ópera semiseria en tres actos y nueva”, estrenada en 1823. De esta ópera tan sólo he podido tener noticia por el artículo de López de Meneses, pero confirmaría que la fama del tema se había extendido ya considerablemente en España.

4.- Pablo y Virginia, “ópera semiseria en tres actos y nueva”, con música de Pedro Carlos Gugliemi, que se estrenó en Barcelona en 1823.

5.- Pablo y Virginia, drama. También nombrada por López de Meneses, que dice que pertenece a José Turmo y está datada en 1836.

Todavía nombra, López de Meneses, otras obras y que no se sabe si son la reposición de ésta de José Turmo, pero con otros nombres. Son un “drama en tres actos”, de 1844, o un “drama pastoril en 3 actos”, de 1847, y un “drama pastoril histórico en tres actos”, también de 1847. En 1860 existe sobre Pablo y Virginia un “acreditado melodrama”, dirigido por Miguel Ibáñez. En 1970 también se representa un “drama de aparato” o “de espectáculo”.

6.- En el catálogo de la Biblioteca Nacional encontramos también una Barcarola en el drama de Pablo y Virginia. Su autor parece ser un tal Luis de Cepeda, que la puso “en música con acompañamiento de piano forte”. Tiene una partitura vocal de dos páginas y está fechada hacia 1859. La barcarola era una canción folclórica creada al modo de las que cantaban los gondoleros de Venecia. Fue un género utilizado en la ópera en los siglos XVIII y XIX.

7.- Encontramos así mismo en el catálogo, una partitura vocal de 3 páginas de una zarzuela, hecha por Eusebio Blasco (música), y José Rogel (libreto). Se llama Pablo y Virginia: zarzuela en dos actos. López de Meneses hace referencia a una zarzuela en dos actos sobre Pablo y Virginia que debió representarse en 1869, pero que no se hizo. Supongo que se refiere a esta misma obra, que la Biblioteca Nacional fecha en 1867.

8.- Todavía citaré, aunque dije que me limitaría al siglo XX, una obra teatral de Marcelino López y Muñiz, de Gijón, de 1907. Se titula: La crueldad del destino: Drama lírico en un acto y cuatro cuadros en verso. Aparece también en el catálogo de la Biblioteca Nacional, y constituye un vivo ejemplo de cómo la historia de Pablo y Virginia continúa viva a principios del siglo XX.

Literatura popular y de cordel

La desprestigiada literatura de cordel fue muy importante durante los siglos XVIII y XIX en España, ya que constituye un medio de difusión de historia y literatura accesible hasta para los bolsillos más humildes. Su fragilidad y el hecho de que los autores solían ser poco ilustrados en la literatura hacen que este género haya sido poco estudiado, y hasta denostado.

Joaquín Marco recoge la definición de pliego suelto o de cordel como: “cuaderno de pocas hojas destinado a propagar textos literarios e históricos entre la gran masa lectora, principalmente popular” [9] . Algunas de las características de este género son el bajo precio que tenían los pliegos y que los hacía accesibles a todo el mundo, su facilidad de transporte, su gran distribución, y la presencia de dibujos y grabados que facilitan la comprensión del texto. Se les llamaba también “romances de ciegos”, aunque no tenían por qué estar escritos en ese metro, y “de ciego”, porque son los sustituidos de la figura del ciego recitador.

Había pliegos en prosa (más raro), y en verso, y muchos eran usados para la educación de los niños: enseñar a leer, enseñar preceptos morales, contar cuentos, etc.

Esta literatura tiene un carácter mixto, ya que se difundía, además de por la lectura individual, por medio de lecturas colectivas, que permitían a los analfabetos acceder a ella. Por eso, vemos en muchos casos, cómo se hace alusión al verbo “leer” y poco después al “oír”.

El carácter marcadamente popular se observa también en que los pliegos son en muchos casos anónimos, y siguen los cauces más sencillos: romance, copla, canción, etc. No es una literatura innovadora, y se basa mucho en los tópicos. Es, en forma y fondo, conservadora.

No era la novela uno de los géneros favoritos para basar en ella un pliego. Como decíamos al principio era un género calificado como menor. Por ello cuando una novela como Pablo y Virginia se adapta al género de cordel se intentan introducir ejemplos morales y dotar a la historia de gran verosimilitud.

Introduzco dentro de la literatura de cordel las llamadas aleluyas, siguiendo el criterio de Mendoza Díaz-Maroto [10] que se caracterizan por tener una gran presencia del elemento gráfico. Es un tipo de literatura de cordel en el que predomina la imagen, y en la que la letra es un mero comentario del grabado. Las aleluyas solían constar de 48 grabaditos (a veces para recortar) e ir en una hoja de papel, formato pliego, pero sin doblar. El resto de características son las mismas que habíamos dicho anteriormente, utilizan los mismos temas, y en muchos casos tenían finalidad educativa o religiosa, moralizante.

Pero vayamos ahora ya directamente a las versiones de cordel que conocemos de Pablo y Virginia.

1.- Pliego de cordel: Breve relación de la trágica historia de Pablo y Virginia. López de Meneses, que encuentra el pliego en el Archivo Municipal de Barcelona, describe un grabado que aparece detrás del título con estas palabras: “Un grabado que representa a Virginia en medio de furiosa tempestad y a Pablo en la orilla. Los dos haciendo grandes aspavientos”. La impresión es de 1833, de la casa de Ignacio Estivill, en Barcelona.

En un pliego posterior se reproduce este romance, pero acompañado de una Canción Lamenble de Pablo y Virginia. Aunque López de Meneses lo cita, no dice de qué año pudo ser. En la bibliografía de Toinet vemos que se hace referencia a un “Estrado de la historia de Pablo y Virginia, cansion lamentable”, de Valladolid, en el año 1843, conservado en el Bristish Museum.

Este pliego de cordel intenta, como decíamos, dar verosimilitud a la historia, por ello, después de una dedicatoria “al lector”, comienza con una introducción en prosa a resumirnos el comienzo de la historia. Destaca el hecho de que al final de esta introducción se sitúe la Isla Mauricio (llamada Isla de Francia en el relato, pero que ya por estos años era posesión inglesa con este otro nombre). Se dan las coordenadas exactas, y se informa de la materia prima de la que vive la isla: maderas, como el ébano, azúcar y especias. Así mismo se da cuenta de los habitantes que viven en ella y de un desastre ocurrido: “contiene sobre unos 40 mil habitantes, a pesar de que en el año de 1817 un fuerte huracán derribó muchísimas casas, de cuyas resultas quedó muy arruinada.” La razón que justifica esta aparición de datos objetivos ajenos a la historia, es obviamente, el dotarla de realidad, así como el situar al lector-oyente en ese espacio exótico tan diferente del suyo. Obviamente, con esta breve descripción no se consiguen los efectos que Bernardin de Saint-Pierre logra tan brillantemente, pero se puede suscitar la atención y el interés.

El carácter mixto (pliegos para lecturas individuales y colectivas), se observa desde el primer momento, el romance comienza así: “Óyeme, lector piadoso,/ préstame atención un rato, /oirás de Pablo y Virginia/ la historia y su fin amargo.”

Esta Historia reproduce la novela haciendo algunos leves cambios. Si en la novela la tierra que ocupan la señora La Tour y Margarita, es pobre, pero por medio del trabajo le sacan provecho, en la Historia la tierra es bundante en “maderas, pesca, fruta y buenos pastos.” El marido de la señora La Tour que en la novela muere al ir a hacer fortuna a India, en la Historia se pone enfermo hasta morir. Algo muy representativo del estilo poco ilustrado de su autor (anónimo), es que las descripciones no pintan productos exóticos, quizás por desconocidos, que pueden confundir al público. Dice por ejemplo al hablar de lo recogido por el trabajo: “De arroz, patatas, naranjas,/ granadas y frutos varios/ se veían a su tiempo/ los grandes cestos colmados.”

Los contenidos ideológicos son así mismo simplificados: trabajo, separación del mundo corrompido y desprecio del dinero, son los más visibles. Los personajes, en especial Pablo no son virtuosos y contenidos, sino que por ejemplo, éste estalla al conocer la noticia de la partida de Virginia: “¿Y tú me dejas, ingrata?/ ¡duélete de mis quebrantos!/acuérdate que ni un día/ Virginia nos separamos.” Se busca dar una vivez teatral y exagerada a los personajes, acorde con el gusto del gran público.

La forma es así mismo sencilla, romance. Además, en algunas ocasiones salta las reglas de dicha estrofa, para retomarlas luego:

En dicha carta decía
que por el genio y mal trato
de su tía, regresaba
porque no pudo aguantarla.

Como vemos tampoco hay grandes innovaciones, ni figuras literarias, como encabalgamientos, metáforas, aliteraciones, etc. Parece escrito de oído, para sonar bien, musicalmente, y no sujeto a reglas rígidas.

2.- Canción lamentable de Pablo y Virginia. Estos versos, añadidos en un pliego de cordel con la Historia que anteriormente hemos descrito, suponen un tipo de literatura popular más elevada.

Formalmente, se halla escrita en octavas italianas, estrofa inventada por Bermúdez de Castro, escritor romántico poco conocido. Consiste en ocho versos de arte mayor (normalmente endecasílabos, pero en este caso decasílabos), en donde riman el cuarto y el octavo verso en rima aguda: 10-, 10A,10A,10B´;10-,10C,10C,10B´.

En el contenido la historia de Pablo y Virginia se aborda desde la fatalidad de una Virginia ya muerta y un Pablo deseoso de seguir el mismo camino. Es, ciertamente un lamento, más lírico que la Historia, y con pocos elementos narrativos. Destaca la excesiva presencia de exclamaciones y preguntas retóricas que intentan dar al poema una gran emoción, pero que lo cargan extremadamente.

Como vemos, esta Canción lamentable, es una prolongación lírica, de no muy alta calidad literaria, de la Historia, es decir, como un comentario a ella. Lo que puede destacarse es quizá un mayor influjo del Romanticismo en el poema.

3.- Pliego de aleluyas: Historia de Pablo y Virginia. Consta de 48 viñetas en blanco y negro, y pertenece a la serie de aleluyas (es el número 51) de la imprenta de Marés, en Madrid.

Jean-François Botrel [11] fecha la primera edición de esta aleluya pocos años antes de 1858. López de Meneses dice que hay una versión de 1956. Se debió de reeditar en múltiples ocasiones, ya que sabemos de al menos 7 ediciones: 1856, 1866, 1870, 1883, y tres posteriores no fechadas. En las últimas ediciones las aleluyas se editan en pliegos de colores: salmón, lila, verde o rosa.

El texto que comenta el dibujo es muy simple, como mero acompañamiento. Son pareados octosilábicos. El contenido visual trata también de reflejar ese exotismo de la isla con la representación de múltiples palmeras. Las expresiones de lamento y de llanto son constantes, abusando también de la sensibilidad del público, que gustaba de estos sentimientos desaforados.

4.-Hay también, encontrado por López de Meneses en la Biblioteca de Cataluña, un folleto en prosa sobre la historia de Pablo y Virginia. Es de la imprenta de José Miret, en Barcelona, y su fecha es probablemente posterior a 1875, porque según no dice López de Meneses en las “historias” anunciadas, hay alguna sobre la guerra civil de 1871 a 1876.

5.- López de Meneses refiere, en su artículo, la existencia de unas 12 cubiertas de librillos de papel de fumar, con grabados sobre Pablo y Virginia, y al pie una tercetilla explicativa, glosada en una décima.

No podemos fechar estos poemillas, pero representan una de las más claras pruebas de la importancia que tomó la historia en España, y lo popular que llegó a hacerse.

Otras obras

1.- No quería terminar esta recopilación de obras sin hacer referencia a un libro encontrado en el catálogo de la Biblioteca Nacional: Ilustraciones de la obra Pablo y Virginia. Su autor es Vicente Peleguer, y contiene 9 estampas de aguafuerte y buril. Son grabados calcográficos de la España del siglo XIX, que representan distintas escenas que ilustran la obra literaria. Las escenas son las siguientes: Pablo y Virginia coronados por unos amorcillos - Nacimiento de Pablo y Virginia - El negro Domingo los halla en una tempestad - Alojamiento de Pablo y Virginia - Despedida de Pablo y Virginia - Pablo lleva a cuestas a Virginia - Llegada de Mister Bourdonati - Pablo recibe una carta del regreso de Virginia - Naufragio de Virginia.

La fecha exacta de publicación no la sabemos, pero seguramente es entre 1830-1865 (fecha en que muere su autor).

Los grabados sobre novelas populares, como también la de Atala y Corina, debían de ser, como hemos comentado, muy corrientes, haciendo llegar estas historias a los oídos de todas las personas.

 

4. Conclusiones

La adquisición que el público español hace de Pablo y Virginia es sorprendente. En muy poco tiempo se reproduce en los más diversos formatos, y pasa de ser una historia culta, y con bases fuertemente filosóficas, aparte de una “mitología”, un cuento popular que se reproducía como decimos, en numerosos grabados y litografías.

Las numerosas reimpresiones que tiene el libro se multiplican hacia la segunda mitad del siglo. En mi opinión esto puede ser signo del crecimiento del número de personas con educación, que saben leer, aprecian los libros y tienen dinero para comprarse uno.

Es sorprendente, sobre todo, el número de veces que la obra es llevada al teatro, y cuántas veces es versionada. Si realmente en 1800 fue ya representada, debemos pensar en lo pronto que el público español se familiarizó con ella, y cuánto duró el idilio (aproximadamente un siglo).

La imprenta donde se hizo aleluya de Pablo y Virginia nació hacia 1845 y fue pasando de manos, editando cada vez más aleluyas hasta 1930, y con reediciones hasta 1935, por lo menos. Este es un dato importante que nos lleva a reflexionar sobre el consumo y la importancia de las mismas, considerándolas algo así como literatura para analfabetos. La aleluya de Pablo y Virginia debió ser difundida ampliamente durante todo este tiempo.

Si Pablo y Virginia fue adoptada por todo tipo de públicos es porque su filosofía encaja bastante bien con el pensamiento general, y los valores de la sociedad española, profundamente condicionada por la religión católica: la idea de sociedad corrupta, la imagen del paraíso, el hombre condenado al trabajo (en este punto la filosofía de Bernardin de Saint-Pierre es muy distinta, trabajo como construcción interior y exterior, no como condena), la virtud, el amor casto con fines matrimoniales, etc. Así, el público español recibe la historia, ajena en muchos casos (cuando la conocen por versiones o historias populares) a su valor literario.

La ideología de la obra no nos es hoy muy lejana. Conocemos esas ideas morales, y en muchos casos todavía las compartimos. La imagen de la vida pacífica en la isla, es todavía un gancho para el lector, y conserva aún su exotismo.

La prosa utilizada por el autor francés es fantástica, capaz de hacer ver imágenes delante de nosotros de una gran belleza. Sin embargo, se torna en algunos casos algo lenta para los gustos actuales.

Resulta curioso que una obra tan conocida hace un siglo, haya pasado a tan injusto olvido, desapareciendo de esa “mitología popular”, a la que nos referíamos. Es enriquecedor acercarte a este tipo de obras para comprender su magnitud, la sociedad que las provocó, y lamentar, en muchos casos, el haberlas olvidado.

 

Notas

[1] La edición en la que me baso es la siguiente: SAINT-PIERRE, Bernardin de, Pablo y Virginia, ed. de Maria Luisa Guerrero, Madrid, Cátedra, 1989.

[2] Toinet, Paul, Paul et Virginie. Répertoire bibliographique et iconographique, Paris, G.-P. Maissonneuve et Larousse, 1963.

[3] Sarrailh, Jean, “Paul et Virginie en Espagne”, en Enquêtes romantiques, Paris, Les Belles Lettres, 1933, p.10

[4] Sarrailh, Jean, “Paul et Virginie en Espagne”, cit., p.17.

[5] Ver nota 2.

[6] Méndez Robles, Pedro Salvador, “Paul et Virginie en la versión de Luis Cernuda”, Revista electrónica de estudios filológicos, VII.

       El Méndez Robles recoge además otras ediciones del texto que no recogen Sarrailh ni Toinet: “Por lo que respecta a las traducciones, Trahard (1964: 289-299) facilita un listado de las traducciones de Paul et Virginie y sorprende comprobar que la obra ha sido traducida a un buen número de lenguas: inglés, alemán, italiano, español, portugués, polaco, griego, armenio, anamita, húngaro, holandés, ruso,... En el caso del español, cita seis ediciones entre los años 1798, y 1905 [1798, 1816 y 1849 -en todas éstas el traductor es José Miguel Aléa-, y 1834, 1862 y 1905]. Pero consultando los catálogos bibliográficos de la BNE y del CSIC y el Catálogo Colectivo del Patrimonio Bibliográfico Español he podido comprobar que este listado está incompleto. Para el periodo anterior a la versión de Cernuda (1933), además de las ediciones de 1798 y 1862 que cita Trahard, aparecen catalogadas estas otras: 1816 (reimpresa en 1827), 1826 ( traductor, también, José Miguel Aléa), dos de 1850 (la edición de 1862 que cita Trahard es una reimpresión de una de ellas), 1854 (edición colectiva), 1855 (traductor, José María Alea), 1857, 1875 (traductor, Luis Calvo), 1880? (edición resumida), 1880-1890, 1899, 1902 (traductor, Melchor de Palau),191? y 1929. En el catálogo de la BNE aparecen también dos ediciones que no están datadas: en una de ellas el traductor es Joaquín García Bravo, en la otra Torcuato Tasso Serra. Por su parte, Jean Sarrailh (1933: 38) apunta la existencia en la BNE de una traducción de Miguel Domingo, otra de un denominado J.R y una versión de 1907, que actualmente no aparecen en el catálogo de su página web.”

[7] Sarrailh, Jean, “Paul et Virginie en Espagne”, cit., p.35.

[8] López de Meneses, Amada, “Pablo y Virginia, Atala y Corina en España”, Bulletin Hispanique, LII (1950), pp.93-117.

[9] Marco, Joaquín, Literatura popular en España en los siglos XVIII y XIX, Madrid, Taurus, 1977, p.33.

[10] Mendoza Díaz -Maroto, Francisco, Panorama de la literatura de cordel española, Madrid, Ollero & Ramos, 2000.

[11] Botrel, Jean-François, "La serie de aleluyas Marés, Minuesa, Hernando", Aleluyas. Actas del Simposio sobre Aleluyas celebrado en julio de 2000 en Medina del Campo, Urueña, TF. Media y Diseño, 2002, pp. 24-43.

 

Bibliografía

Botrel, Jean-François: "La serie de aleluyas Marés, Minuesa, Hernando", Aleluyas. Actas del Simposio sobre Aleluyas celebrado en julio de 2000 en Medina del Campo, Urueña, TF. Media y Diseño, 2002, pp. 24-43.

López de Meneses, Amada: “Pablo y Virginia, Atala y Corina en España”, Bulletin Hispanique, LII (1950), pp.93-117.

Marco, Joaquín (1977): Literatura popular en España en los siglos XVIII y XIX, Taurus, Madrid.

Méndez Robles, Pedro Salvador, “Paul et Virginie en la versión de Luis Cernuda”, Revista electrónica de estudios filológicos, VII.

Mendoza Díaz -Maroto, Francisco (2000): Panorama de la literatura de cordel española, Ollero & Ramos, Madrid.

Montesinos, José F. (1996): Introducción a una historia de la novela en España en el siglo XIX, Castalia, Madrid.

Saint-Pierre, Bernardin de (1989): Pablo y Virginia, ed. de Maria Luisa Guerrero, Cátedra, Madrid.

Sarrailh, Jean, “Paul et Virginie en Espagne”, en Enquêtes romantiques, Paris, Les Belles Lettres, 1933, pp. 3-39.

Toinet, Paul, Paul et Virginie. Répertoire bibliographique et iconographique, Paris, G.-P. Maissonneuve et Larousse, 1963.

 

© Clara Isabel Martínez Cantón 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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