El poeta didáctico en la poesía de Aníbal Núñez*

Jesús Muñoz Morcillo**

Staatliche Hochschule für Gestaltung Karlsruhe
jmunoz@hfg-karlsruhe.de


 

   
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Resumen: Este artículo ofrece un análisis de la función del topos clásico del poeta didáctico en la poesía de Aníbal Núñez. Para ello se utilizan textos que integran citas literales de autores como Hesiodo y Virgilio prestando especial antención a la manipulación del mensaje originario mediante el uso de una dicción de desmontaje.
Palabras clave: Aníbal Núñez, poesía didáctica, tradición clásica, Hesiodo, Virgilio

Abstract: This article offers an analysis about the role of the classical topos of the didactic poet in Aníbal Núñez’ poetry. For this purpose are used texts that make up quotations from ancient authors such as Hesiod and Virgil with special attention to the manipulation of original messages by using a dismantling diction.
Keywords: Aníbal Núñez, didactic poetry, classic tradition, Hesiod, Vergil

 

Uno de los aspectos más interesantes del diálogo de Aníbal Núñez con la tradición clásica es su postura ante los poetas didácticos. Vamos a analizar este tema empleando unos poemas que beben directamente de citas textuales de poetas didácticos, y después trataremos de concluir con un texto que refleja, de una manera bastante explícita, la motivación estético-moral que justifica su uso del lenguaje.

En el libro que sucede al poemario Fábulas domésticas -Naturaleza no recuperable- tenemos dos [1] poemas significativos que toman sus contenidos del Virgilio didáctico. El primero, “Consejos de su madre al pastor Aristeo”, es una traducción directa de un pasaje del libro IV de las Geórgicas (vv. 537-546). Unos años antes escribía A.N., al alimón con Paco Castaño, el desenfadado e hilarante poema “Sintigo y con Lucrecio” [2] (1967-71) donde, para exponer irónicamente el dolor de la distancia y la frustración sexual, jugaba con unas citas extraídas de la traducción que el Abate Marchena hiciera del De rerum natura [3]. La preferencia de los poetas didácticos como lectura es, por tanto, bien temprana y está presente en diversas partes de su obra como en los poemas “Informe meteorológico del poeta Virgilio”, “Inutilidad del poeta didáctico” u “Octavo consejo de Hesiodo”. [4]

Aníbal Núñez hace uso de los mensajes de estos poetas, les deja hablar a través de su sintaxis mediante una dicción entrecortada y retroactiva con tendencia al encabalgamiento estructural, de tal suerte que el poema, pertrechado de figuras híbridas generadas por la distribución del material lingüístico, reduce el contenido original a una negación paradójica que a su vez se erige como nuevo aforismo. Esto ocurre en “Octavo consejo de Hesiodo” y “Consejos de su madre al pastor Aristeo”.

El caso más cristalino de este ejercicio de usurpación formal de contenidos por oposición -siempre dialéctica, irónica y en cierto modo trágica- a la poesía clásica de índole moralizante es el poema “Inutilidad del poeta didáctico” cuyo título resume en una sentencia la vacuidad del ejercicio poético sujeto a fines éticos, sociales o religiosos.

Pero empecemos por las Geórgicas. A.N. escoge el pasaje en que Aristeo ha perdido sus abejas a causa de la venganza de Orfeo ya que por su culpa murió Eurídice. A ésta le había mordido una serpiente cuando Aristeo -siendo, según su costumbre, infiel a su esposa Autónoe- la perseguía por la orilla de un río con intenciones de violarla. Ante tal situación Aristeo fue a ver a su madre Cirene para pedirle ayuda; ésta le aconsejó que consultara a Proteo, guardián de las focas de Poseidón; pero Proteo sólo respondía a la fuerza, de modo que Aristeo aprovechando un descuido lo encadenó para que le prestara su ayuda. Cumplida esta hazaña Cirene accede a darle unos preceptos rituales que el padre del malogrado Acteón deberá cumplir si quiere recuperar sus abejas [5]: Aristeo deberá sacrificar cuatro novillos y cuatro novillas, amén de una oveja, si quiere aplacar los manes de Eurídice. Aristeo cumplió el ritual y recuperó sus abejas. Sin embargo A.N. no escoge el texto por el carácter auxiliar del rito sino por ser el rito en sí -en su enunciado- el que se convierte en algo inútil en las postrimerías del siglo XX. Visualicemos el texto:

«Antes quiero decirte de qué modo
su auxilio invocarás
            Elige cuatro
toros los más hermosos
entre todos los tuyos que ahora pastan
en las cumbres del verde
Liceo y otras tantas
novillas
cuya cerviz no haya
aún tocado coyunda
Alza en los altos templos de las diosas
cuatro altares degüella
las víctimas en ellos
y ofréceles su sangre en holocausto
dejando abandonados en la umbrosa floresta
            los cuerpos
                  Luego cuando
pasados nueve días
vaya a rayar la aurora
ofrece en sacrificio
a Orfeo adormideras
y a Eurídice da culto
para aplacar sus manes inmolando
una becerra sacrifica
asimismo una oveja
            negra
                        Y regresa luego
a la selva»
            APROVECHA
                        AHORA QUE PUEDES PERMITIRTE EL LUJO. [6]

El constante empleo del encabalgamiento estructural («cuatro / toros»; «verde / liceo»; «otras tantas / novillas...») así como la contigüidad en la dicción sin ningún tipo de puntuación -sólo marcada la pausa por los violentos finales de verso-, algunas aliteraciones («vaya a rayar») y la insistente rima interna de los versos finales (ea en asonancia: «becerra», «oveja», «negra», «regresa»), así como el coloquialismo final -ya fuera de comillas- tan irónico como dramático, demuestra que el sentido real del texto nada tiene que ver con una cita clásica por mor de decorar el contenido supuestamente bucólico de su poemario. Nos encontramos ante la dramática actualización de un mensaje extraído -desgajado- de su contexto primigenio que pierde toda su trascendencia al quedar diluida su utilidad en el mismo lenguaje que constituye el poema. De hecho, si analizamos este poema a la luz del libro entero, vemos claramente que el rito no podría tener ninguna función salvadora en medio del pesimismo extendido por todo el poemario cuyo máximo exponente son acaso los versos finales:

Y tú sol,
pon de luto la luz ya para siempre:
apaga y vámonos...[7]

Muy semejante al poema comentado es el tono didáctico sometido a una dura dicción entre arcaizante y barroca del poema “Aspersión (informe meteorológico del poeta Virgilio)”[8]. Lo que trasmiten estos ejemplos de Naturaleza no recuperable es el traumático y súbito abandono de la vida rural y sus valores naturales por el desarraigo cosmético y superficial de lo urbano y la consecuente asimilación al mundo capitalista al albur de una alienación inconsciente y pueril. Esto justifica sus preferencias expresivas al servicio de una negación de la representación poética, el simulacro, lo efímero, mediante la presentación verbal de lo observado. Este curioso compromiso lingüístico que trata de abolir la norma llevándola a término induce a un peculiar condicionamiento del contenido a través de la forma. Una de las consecuencias más evidentes de estas preferencias expresivas es que forma y contenido se unen paradójicamente generando la tensión conceptual en que desemboca su propuesta de compromiso estético y moral. Poco o nada tiene que ver este planteamiento, bastante afín a las teorías postestructuralistas [9], con la poesía social que se venía produciendo en España desde los años cincuenta.

Visualicemos ahora el poema “Octavo consejo de Hesiodo”:

Cuando hagas casa no la dejes
sin terminar no sea
que sobre ella se pose
la siniestra corneja

            y en tu nuevo
prefabricado y preferido
hogar (epitalamios
te cantarán tus núbiles hermanas
ignorantes del cierzo que tú en vano
tratas de sepultar bajo el cosmético)
habrá gato encerrado un invisible
maullido tutelar sin cuerpo; el cuerpo
hiede entre los cascotes de la casa
inacabada, fiel, ahora su tumba.[10]

En este poema se continúa una cita de Trabajos y días (vv. 746ss, «Al hacer la casa no hay que dejarla con salientes, no sea que posándose encima empiece a graznar la chillona corneja») [11] con unas referencias irónicas. De lo que se está hablando es del tópico de fundar una casa, acogiéndose aquí Aníbal Núñez a la interpretación que de este pasaje hesiódico da Proclo [12]: se concibe la llegada de la corneja como símbolo de mal agüero, pero él lo desarrolla de tal manera que el miedo se convierte en una historia vulgar, desapasionadamente doméstica.

Uno de los versos de “Octavo consejo de Hesiodo” da título al libro. Precisamente Aníbal Núñez utiliza como emblema las palabras que se refieren a lo que Hesiodo aconseja no dejar sin hacer: una Casa sin terminar.

La institución familiar es presentada irónicamente como la sede de lo blando, lo cosmético que oculta una realidad tempestiva y violenta (el «cierzo» del poema); la protección de la casa en que el hombre pone sus afanes es el fetichismo de la propiedad privada; la postura de esta literatura no podía ser más radical: romper con una institución impuesta y aceptada hasta convertirse en un esquema cultural incuestionable. La amenaza es un «invisible» (elemento fantástico no sometido a razón) «maullido tutelar» (es decir, que protege) pero «sin cuerpo» (lo cual resalta su carácter de ley tácita). Posiblemente haya que ver aquí una referencia a su propia creación poética. Él no hace poemas perfectamente redondeados [13] sino que les deja salientes a los que el lector se agarre para interpretarlos. Desprecia esa seguridad en que tanto se afana Hesiodo, se convierte en una especie de Perses horaciano que desde su posición llega sorprendentemente a moralizar: la desavenencia del máximo exponente del bienestar es el “gato encerrado”, lo que hiede bajo los cascotes como un peligroso símbolo ignorado por la ceguera mental del propietario. Su compromiso también es poético: su opción, por tanto, es el poema inacabado como fiel presentación de una realidad no inmutable. Esta lúcida mirada se cierne sobre el consejo de Hesiodo diluyéndolo en su contrario: la vieja advertencia es transcendida por su término opuesto. Es el mismo desarrollo irónico y regresivo -mediante el paréntesis de cuatro versos y los dos encabalgamientos finales- el que favorece el cambio de perspectiva, de tal forma que Hesiodo se pierde en el mismo poema, en la contradicción de su enunciado. De esta contradicción deliberada surge el verdadero talante didáctico de la poesía de A.N.

Finalmente para acabar con este tema hacemos referencia al poema “Inutilidad del poeta didáctico” de Definición de savia, donde se pone en evidencia explícitamente lo que hasta ahora se deducía del peculiar uso del lenguaje poético. A.N. se identifica con el propio poeta didáctico pero es consciente de su inutilidad. Y de ahí el tono amargo e irónico que le permite al menos situarse por encima de tan dramática e impotente situación. Visualicemos el poema:

INUTILIDAD DEL POETA DIDÁCTICO

La rosaleda del chalé mantiene
relaciones cordiales con la baja
maleza del camino

            Esto bastaba
para hacer una fábula, un cuento edificante
sobre la abolición de las barreras
sociales por amor. Añadiríamos
que una abeja dorada es la correveidile
y que sin que lo sepa el jardinero
ha brotado un rosal al otro lado

La sola exposición de estos detalles
de por sí moraliza: de su mera
contemplación surgió la moraleja,
la urgencia de escribirla
y un precoz sentimiento de sonrojo
intentando variar sin conseguirlo
el vuelo de la musa moralista

Esperemos...
que el lastre de verdad que la corona
la haga precipitarse y vuele libre
cuando haya perdido la cabeza
... sentados.

El tono jocoso e irónico no deja lugar a dudas sobre su postura definiendo al mismo tiempo su forma de escribir. La espera de que la verdad de la moraleja vuele libre sin nada ni nadie que la encauce y manipule es una espera vana, inútil, y sin embargo él opta por esa postura sabiendo que no es un Virgilio ni un Hesiodo que aleccione a Perses ni un Lucrecio capaz de quitarse el miedo al futuro incierto o a la muerte inevitable. Esta conciencia dramática determina el distanciamiento respecto a una postura directamente aleccionadora: prefiere la mera exposición de los hechos en su conflicto real; no olvidemos el tono del poema que abre Definición de savia [14]:

Aquella música que nunca
acepta su armonía es armonía:
arpegios que se miran en la luna
trinos que se regalan al oído
son sucia miel no música

Tienes ejemplos en las olas
que saben que su próxima batida
en el acantilado no es la última
ni la mejor de todas
            y en la lluvia
que da su aroma a tierra agradecida
y no puede sentirlo

            De la lucha
contra tus propios ídolos
nace toda, la única
armonía celeste: lluvia, olas
son insatisfacción son melodía,
inagotable música.

No es baladí que este poema ocupe la primera página del libro e “Inutilidad del poeta didáctico” la última. De hecho podemos ver en ambos textos que hay una lucha y una trabazón constante entre lo que se dice y lo que se muestra, entre moral y estética. Este compromiso poético determina su postura: él es un poeta que está entre dos bandos [15] y reafirma su desprecio a ambos: ni lo exquisito ni lo meramente instructivo; por eso el poeta didáctico, metáfora del social, no sirve, aunque gustaría que sirviera, sino que provoca incluso sonrojo. La verdad ha de ser extraída de otra forma: «de la lucha contra los propios ídolos», de la «insatisfacción» ante el mundo que celebra lo subalterno, del desprecio a la figura del poeta “iluminado”. No hay valores absolutos a los que asirse. Como el rizoma de Deleuze el único conocimiento posible se alcanza a través de un ejercicio de diferenciación: la recontextualización formal del contenido genera por sí misma los contrastes necesarios para tal fin.

 

Notas

[1] “Consejos de su madre al pastor Aristeo”, Núñez, Aníbal (1995), Obra poética (I), Madrid: Hiperión, p. 89. “Informe meteorológico del poeta Virgilio”, ibid., p.92.

[2] Vid. Núñez, Aníbal (1995), Obra poética (II), Madrid: Hiperión, pp. 25-29.

[3] Publicada por Cátedra, Letras Universales (Madrid, 1983), con introducción de Agustín García Calvo.

[4] Poemas incluidos respectivamente en Naturaleza no recuperable (1972-74), Definición de savia (1974) y Casa sin terminar (1974).

[5] Geórgicas IV, 537-546, precisamente los versos que Aníbal traduce y que presenta como traducción entre comillas.

[6] Vid. Núñez, Aníbal (1995), Obra poética (I), Madrid: Hiperión, pp. 89-90.

[7] Vid. Núñez, Aníbal (1995), Obra poética (I), Madrid: Hiperión, p. 117.

[8] Ibid., p. 92.

[9] Vid. Muñoz Morcillo, Jesús (2009), Figur in einer Landschaft: La “Derelitta” von Núñez. Beitrag zu Ekphrasisstrategien in der Lyrik der Postmoderne.”, GRIN Verlag, pp. 34-37

[10] Ibid. , p. 181.

[11] Traducción del autor.

[12] Como dice Pérez Jiménez -Teogonía. Trabajos y días. Barcelona: Bruguera, 1975 (=Gredos, 1983)-, según los escoliastas hay dos posibilidades de interpretación recogidas por Plutarco (fr. 94 Sandbach): que hay que terminar la casa antes del invierno cuyo comienzo representa la corneja (muy acorde con el «cierzo» del poema), o que siempre que se construya una casa hay que terminarla completamente para evitar las críticas de los vecinos, representadas metafóricamente por la «chillona corneja» (lakéruza koróne). Sin embargo existe también otra lectura del adjetivo anepíxeston, palabra de difícil traducción (normalmente se traduce «con salientes» o «inacabada», de an- privativo y eríxein , «pulir la superficie de algo»); tal lectura es anepírrekton , que significa «sin sacrificios». Se encuentra como variante en (=scholia vetera) y Proclo (l. 748) la propone en su comentario considerando que el texto quiere decir que al hacer la casa no deben descuidarse los sacrificios de fundación pues de esta manera se evita la mala suerte simbolizada por la corneja (Sinclair, Hesiod, Woks and Days, London, 1932, p. 76-77). Sin embargo no hace falta forzar el texto para reconocer a la corneja como símbolo de mal agüero. West en su comentario (Works and days. Oxford, 1978 (=1982), p. 341) considera que la variante anepírrekton («sin sacrificios») fue seguramente una anticipación accidental del verso 748 (med’ apò xutropódon anepirrékton anelónta / ésthein medè lóesthai, «no hay que comer ni lavarse cogiendo de calderos con patas sin consagrar»), y sin necesidad de alterar el texto llega a una conclusión idéntica a la de Proclo. Según West hay suficientes referencias en la antigüedad -algunas de las cuales han sobrevivido hasta nuestros días- que demuestran la superstición existente en torno a ciertos tipos de aves como el búho, el cuervo o la corneja (op. cit. p. 341). Independientemente de que se hayan realizado los sacrificios de fundación o no, una corneja cantando sobre el tejado de una casa no puede traer nada bueno. Sin embargo queda sin resolver el verdadero alcance de la palabraanepíxeston. El dilema queda abierto pues no sabemos hasta qué punto está relacionado el estado inconcluso de la casa con el mal agüero de la corneja. Aníbal Núñez, sin conocer -aunque pudo (y seguramente lo hizo) consultar otras fuentes- la nota aclaratoria de Aurelio Pérez Jiménez ni la interpretación bastante acertada de West (pues las fechas de ambos libros -1975 y 1978 respectivamente- son posteriores a la redacción de Casa sin terminar, 1974), optó por la versión que Proclo pretendía y que West corrobora sin necesidad de alterar el texto, que resulta ser la lectio dificilior. El texto, fruto del azar de la transmisión, le proporciona al poeta, con todos sus problemas textuales, un material conflictivo muy acorde con la idea de que la historia, la tradición, los consejos de nuestros antepasados en este caso, quedan reducidos a juegos de palabras. Aunque tal vez esto sea ir más lejos de lo que el texto deja ver. Sea como fuere nuestro poeta realiza una traducción que modifica la literariedad y da paso a una postura interpretativa que juega con la lectura más difícil. Así se puede ver en la expresión «siniestra corneja» que no traduce exactamente el significado de las palabras griegas lakéryza koróne («chillona corneja») y en la omisión del verbo króxein («graznar»), dos hechos que dan, sin duda, mayor sugerencia al texto que si hubiera realizado una traducción servil.

[13] Vid. Núñez, Aníbal (1995), Obra poética (II), Madrid: Hiperión, p. 115: “un poema resultado de la suma de versos estupendos uno a uno puede y debe ser un fracaso. El poema pulido y esférico se escapa de las manos como un balón de sebo. Debe tener salientes, perchas, garfios de carnicero que atrapen al lector, arrugas -artesanales, no azarosas- que le confieran textura prensil: un aparente guante que sea cepo.”

[14] Vid. Núñez, Aníbal (1995), Obra poética (I), Madrid: Hiperión, p. 151.

[15] Ibid., p. 152

 

* Texto revisado perteneciente al artículo „La tradición clásica en Áníbal Núñez”, publicado en The survival of the greco-roman antiquity in the european culture of the second half of the twentieth century (Literature, Art, Political Thought), Salónica 2000, pp. 334-366

** Jesús Muñoz Morcillo. Licenciado en Filología Clásica por la Universidad de Salamanca y Magister Artium en Teoría del Arte y de los Medios de Comunicación por la Staatliche Hochschule für Gestaltung Karlsruhe.

 

© Jesús Muñoz Morcillo 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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