Análisis textual de la Rima LII de Gustavo Adolfo Bécquer

Giselis Estupiñán y Yelenny Molina Jiménez

Instituto Superior Minero Metalúrgico (Cuba)
gestupinan@ismm.edu.cu           ymolina@ismm.edu.cu


 

   
Localice en este documento

 

Resumen: El presente trabajo pretende realizar el análisis textual de una de las reconocidas rimas del escritor español Gustavo Adolfo Bécquer, la LII. Para ello dividimos el poema en dos subtextos y nos adentramos en las particularidades de cada estrofa, resaltando sus aspectos más significativos.
Palabras clave: G.A. Bécquer, poesía española, sujeto lírico, fonosimbolismo

 

Gustavo Adolfo Bécquer es el último de los grandes románticos españoles del siglo XIX cuya actitud ante la vida y el arte tienen como eje a dicho movimiento literario. Como buen escritor supo dominar la prosa y el verso. Sin embargo, lo que lo hace célebre en el mundo de las letras es la colección de poemas Rimas, formada por setenta y seis composiciones.

En esta colección Bécquer modela sus versos logrando con cada toque de su pluma imágenes, colores, ritmo, armonía y sentimientos que subyugan y conmueven al lector, quien se siente extasiado ante la belleza más exquisita y engrandecedora. Precisamente es nuestro objetivo realizar el análisis textual de una de las rimas de dicha colección: la número LII (anexo 1).

El ansia de evasión y muerte a través de las fuerzas violentas de la naturaleza es el tema que presenta Bécquer en esta rima. La misma es posible dividirla en dos subtextos. El primer subtexto abarca las estrofas I, II y III y en ellas se expresa la desesperanza y desolación absolutas. El segundo subtexto recoge la IV y última estrofa, en la que el sujeto lírico, lleno de angustia y amargura, desea el aniquilamiento.

En el primer subtexto, a partir de la palabra clave naturaleza (término que de forma objetiva es jerárquicamente superior dentro del texto por su significado) puede establecerse una red de palabras, es decir, un conjunto de vocablos que se relacionan conceptual y denotativamente entre sí en torno a la palabra clave y que es factible graficar (anexo 2).

Apréciese que en esta red de sintagmas nominales predominan las compuestas y la intención es evidente. El sustantivo con el adjetivo antepuesto (tres ocasiones), pospuesto (dos ocasiones) o con el complemento preposicional en función adjetiva (tres ocasiones), está caracterizada con el objetivo de mostrar una naturaleza brutal y avasalladora ante la que el sujeto lírico no siente el menor temor.

Todo el texto constituye una imagen de gran plasticidad. Parece que asistimos ante un cuadro o una representación. Y esta es, precisamente una de las características de la poesía de Bécquer.

El poema inicia de una forma violenta, con la prosopopeya “Olas gigantes que os rompéis bramando”, la cual comunica el estado furioso de un mar implacable. Dentro de esa prosopopeya resalta la hipérbole “olas gigantes”, sintagma nominal que nos muestra, junto a la descomunal grandeza de las olas, un mar encrespado que hará desaparecer inexorablemente lo que caiga en él. Resulta significativo al final de este verso el fonosimbolismo que se logra con la utilización del fonema /-r/ en los vocablos rompéis y bramando, este expresa el sonido del mar, sonido que está dotado de un matiz agresivo.

Ese mar bravío, implacable, se ubica en un lugar concreto a través de la adjetivación “las playas desiertas y remotas”, aquí los adjetivos no solo están caracterizando un lugar, sino que constituyen la prolongación del deseo romántico de evasión, en el sentido de que el hombre romántico busca la soledad y alejamiento de su medio.

Fónicamente el sujeto lírico desea desaparecer de una forma romántica: “envuelto entre las sábanas de espuma”. La forma verbal “envuelto”, en presente del indicativo, comunica cierta pasividad que contrasta con el matiz de las formas verbales anteriormente analizadas y las que luego se estudiarán. La metáfora “sábanas de espuma” hace referencia al mar y a sus olas, implícitamente el vocablo “espuma” está aportando un color a los sentidos del lector: el blanco. Para el sujeto lírico solo con la muerte se hallará la paz.

La estrofa concluye con el estribillo “¡llevadme con vosotras!”, que aparece entre signos de exclamación y que aporta un matiz exaltado y desesperado en el estado psíquico del sujeto lírico. Hay un elemento electrizante en este verso y es el pronombre enclítico “me” que desempeña la función de complemento directo. La imagen que se presenta ante el lector es impresionante, un hombre en medio de la desesperación que teme a la vida y desea violentamente la muerte.

La segunda estrofa incrementa la violencia de la naturaleza, véase la metáfora que la inicia “Ráfagas de huracán que arrebatáis/del alto bosque las marchitas hojas”. Debe destacarse aquí el uso, nuevamente, del fonosimbolismo dado por el fonema /-r/ en los vocablos “ráfagas” y “arrebatáis” con el que se intensifica la furia de la naturaleza. La forma verbal “arrebatáis”, en presente del indicativo, desde el punto de vista semántico, aumenta también el estado convulso, pues indica crudeza y brusquedad.

Los sintagmas nominales “alto bosque” y “marchitas hojas”, en los que los adjetivos preceden a los sustantivos, muestran una naturaleza estática y pacífica que sucumbe a fuerzas poderosas. Aquí está implícito también el color a través del adjetivo “marchitas”, que denota un color mustio, pálido.

Si en la estrofa anterior el sujeto lírico quería desaparecer “envuelto”, ahora desea hacerlo “arrastrado”, es decir que en la medida en que se transita por el poema el sujeto lírico desea un aniquilamiento desgarrador.

La personificación “el ciego torbellino” aumenta el deseo de una muerte cada vez más cruel. La ansiedad lleva al sujeto lírico a querer desaparecer en un remolino de viento que lo extermine totalmente, que no sea encontrado ni después de muerto. La estrofa concluye con el estribillo que va enfatizando el patetismo del texto.

La tercera estrofa lleva a un nivel climático el estado de la naturaleza y del sujeto lírico. Inicia con el sintagma nominal “Nubes de tempestad”, mediante el cual se hace referencia a una alteración en el orden de la atmósfera, el medio es sumamente agresivo y puede resultar implacable. Nuevamente aparece el fonosimbolismo, apoyado como en los casos anteriores en el fonema /-r/, indicando el sonido que produce este elemento del medio ambiente. Otra vez se utiliza una forma verbal que sugiere la furia de la naturaleza: “rompe”. La metáfora “y en fuego ornáis las desprendidas orlas” es el único momento del poema donde se ve la belleza, aunque letal, de la naturaleza. El uso de la luz, propio de la poesía becqueriana, se patentiza en este verso.

El verso siguiente se inicia con la forma verbal “arrebatado”, en presente del indicativo, que reitera la iracundia de la naturaleza. El sintagma nominal con que cierra el verso “la niebla oscura” insiste en el deseo de desaparición hacia lo ignoto, hacia donde él no encuentre a nadie y nadie lo encuentre a él. Se refuerza aquí el sentido de evasión y soledad del hombre romántico. Concluye la estrofa y el subtexto con el estribillo “¡llevadme con vosotras!”, con el cual se enfatiza el estado emocional del sujeto lírico, pero dicho estribillo no aparecerá más en el poema.

Resulta interesante destacar que, en este primer subtexto, la utilización de las formas verbales referidas a la naturaleza y al sujeto lírico indica, en su mayoría, una acción de arrebato, agresividad y desgarramiento. La utilización del voceo, con las formas verbales “rompéis”, “llevad”, “arrebatáis” y “ornáis”, dota al texto de elegancia en el lenguaje. Se aprecia, además, que el poeta subordina la estructuración sintáctica al contenido. Hay un paralelismo sintáctico dado por la estructura oración principal + oración subordinada + oración principal.

Al observar la estructura básica compleja (EBC) que se muestra en el anexo 3 puede advertirse que se enfatiza, por medio de las oraciones principales, en los elementos de la naturaleza: “Olas gigantes”, “Ráfagas de huracán” y “Nubes de tempestad”, a los que el sujeto lírico invoca a partir de una actitud lírica apostrófica, así como en el deseo del sujeto lírico: “¡llevadme con vosotras!”, petición esta que constituye un estribillo en el texto y que se repite en tres ocasiones. El valor enfático de dicho estribillo refuerza el deseo vehemente de evasión, desaparición y destrucción total. Es decir, dentro de la EBC, las oraciones principales alcanzan la primacía por su valor comunicativo.

Por su parte, las oraciones subordinadas alcanzan un segundo lugar, ellas caracterizan los elementos de la naturaleza que son fuerzas brutales, devastadoras y letales. Dichos elementos son imágenes que se identifican con el estado anímico del sujeto lírico y también fuerzas a las que invoca para que lo destruyan y lo saquen de su dolor.

El primer subtexto es el clímax temático del poema, en él está contenida la mayor intensidad del texto. A través de una potencialidad comunicativa que va in crescendo se transita hacia la cuarta y última estrofa que constituye el segundo subtexto y donde se llega a una quietud expresiva con un lenguaje dolorosamente humano.

Si las estrofas anteriores concluyen con el estribillo que contiene la forma verbal “llevad”, esta estrofa final inicia con esa misma forma verbal, la intención: resaltar el sentimiento de evasión y dolor que se respira en el texto. El complemento circunstancial “Por piedad” muestra el estado de desolación en que se encuentra el sujeto lírico así como el derrumbe de sus fuerzas.

La metáfora “el vértigo con la razón me arranque la memoria” comunica el deseo del sujeto lírico de borrar el pasado y los recuerdos. Aquí encontramos otra forma verbal que indica violencia, nos referimos a “arranque”; o sea, prevalece la intensión de que desaparezcan los recuerdos de forma brutal, para que no quede huella alguna del pasado.

La oración gramatical “¡Por piedad!”, que posee matiz exclamativo, refleja un total estado de desamparo y angustia así como un profundo dolor contenido pero desgarrador. Las reticencias empleadas trasmiten el estado mental del sujeto lírico.

La estrofa concluye con la oración enunciativa afirmativa, con matiz exclamativo y que tiene valor epifonemático: ¡Tengo miedo de quedarme con mi dolor a solas! Ella sintetiza el contenido del poema. Con un tono exaltado y ya sin fuerzas, el sujeto lírico explicita su sentimiento: el pánico de tener que soportar en la soledad su pena.

Este segundo subtexto rompe la actitud lírica y la idea expresada así como el paralelismo sintáctico. Ahora las relaciones interoracionales que se establecen son de subordinación y yuxtaposición. De estos dos tipos de relaciones la que más resalta es la de yuxtaposición, pues todas las ideas que se trasmiten en la estrofa están a un mismo nivel sintáctico, es decir, todas tienen la misma importancia. Dicho subtexto constituye el anticlímax del poema y en él se manifiesta un estado de dolorosa inquietud.

Los versos del poema poseen la cualidad de ser flexibles, suaves y matizados, efecto que se logra atenuando la rima y rehuyendo las estrofas de contextura rígida. O sea, encontramos las combinaciones de la rima asonante con versos libres y de versos endecasílabos con heptasílabos; esta última le confiere gran musicalidad al texto. Este efecto de versificación, a la vez sencillo y refinado, se advierte en la armonía interior con que se corresponden las ideas en el orden de la composición. En resumen, Bécquer evitó la rima consonante y la estrofa rotunda para ofrecer un verso moldeable y delicado.

El tono del texto es vehemente como corresponde a su contenido romántico. La belleza poética emerge de estos versos, tanto de las ideas que se expresan como de su configuración formal. El texto es muy emotivo y esto está dado por la actitud lírica apostrófica y el empleo de los signos de exclamación. El contenido semántico de la composición, el fino trabajo de la sintaxis, hacen que el lector sienta con pasión y emotividad el mensaje de estos versos.

A modo de conclusión puede decirse que lo más relevante, desde el punto de vista semántico, es el tema tratado: las ansias de evasión y muerte a través de las fuerzas violentas de la naturaleza; tema este que está determinado por el dolor, el pesimismo y la exaltación del yo, propios del hombre romántico.

En el aspecto sintáctico resalta el uso del paralelismo que se logra en las tres estrofas del primer subtexto, donde la estructura oración principal + oración subordinada + oración principal está en función de trasmitir el estado exaltado del sujeto lírico.

En cuanto al léxico debe destacarse la nominalización dada por sintagmas que aluden a elementos, en su mayoría violentos, de la naturaleza, característica propia del movimiento al que pertenece el autor.

Y en el orden fónico hay que señalar el empleo certero del fonosimbolismo, dado por el uso del fonema /-r/, que trasmite la sensación del desencadenamiento de una naturaleza violenta, de movimientos súbitos y enérgicos, en la que se prolonga el estado psicológico del sujeto lírico.

 

Anexo 1

Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre las sábanas de espuma,
¡llevadme con vosotras!

Ráfagas de huracán que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!

Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las desprendidas orlas,
arrebatado entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!

Llevadme por piedad a donde el vértigo
con la razón me arranque la memoria…
¡Por piedad…! ¡Tengo miedo de quedarme
con mi dolor a solas!

 

Anexo 2

Anexo 3

 

© Giselis Estupiñán y Yelenny Molina Jiménez 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero41/rimaliib.html