Las expresiones del tremendismo en las artes

Myung Choi

California State University San Bernardino
mchoi@csusb.edu


 

   
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Resumen: La familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela (1942) suele considerarse como la fecha iniciadora de un renacimiento de la novela española. Aunque sobre esta novela se ha escrito mucho, desde diferente punto de vista y opiniones más extremas, ha sido destacada por haber dado origen al movimiento denominado “tremendismo", la estética feísta y el gusto por los aspectos negros y ásperos de la vida no constituyen nada nuevo y representa una tradición artística profundamente enraizada en el arte, y la historia del arte es prueba suficiente en apoyo de la posición de Cela.
Palabras clave: Tremendismo, Camilo José Cela, novela española contemporánea, feísmo.

 

La publicación de La familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela en 1942 suele considerarse como la fecha iniciadora de un renacimiento de la novela española. Aunque sobre esta novela se ha escrito mucho, desde diferente punto de vista y opiniones más extremas, ha sido destacada por haber dado origen al movimiento denominado “tremendismo” [1]. Su autor sin embargo, critica el uso de la palabra tremendista de incorrecto e impreciso defendiendo que los aspectos crudos que aparecen en la obra son nada novedosos. Ante tal situación y apoyado de las palabras de su autor, este trabajo hará observación sobre dos puntos: primero, examinar la existencia de los aspectos crudos retratados en el arte universal y segundo revisar los aspectos tremendistas como el lenguaje y las situaciones chocantes, además de la violencia y los crímenes, que hacen de esta obra irremediablemente tremendista.

En general el concepto de tremendismo se compone de ingredientes como: el realismo y la estética feísta envestida de pesimismo pero en el caso de Pascual Duarte se suman la violencia y el crimen (presentada selectivamente para llevar al límite el efecto de la violencia). En efecto, la estética feísta y el gusto por los aspectos negros y ásperos de la vida no constituyen nada nuevo y representa una tradición artística profundamente enraizada en el arte, y la historia del arte es prueba suficiente que apoya la posición de Cela. Si observamos de cerca, este movimiento tiene puntos de contacto con el naturalismo del siglo XIX, aunque no tiene su determinismo científico y en lugar de analizar las causas, se limita a la observación y presentación de las manifestaciones. Fuera de España, las raíces de estas novelas las podemos encontrar en la revolución industrial (Inglaterra 1750-1830) y en el modernismo donde la ciencia y la tecnología representaron el optimismo del porvenir. En el arte, sin embargo, este optimismo científico y racional significó un pesimismo desconocido hasta entonces o si fue conocido nunca ha sido con tanta pronunciación. Uno de los aspectos relacionados con el modernismo es la alienación y la angustia existencial que resultó del pesimismo generado por las dos guerras mundiales. En el arte, la novela fue el género que mejor representó este síntoma. Sin embargo, a diferencia de las novelas que trataron temas metafísicos como L’étranger de Albert Camus otras, como Pascual Duarte, siguieron su trayectoria realista enfatizando los aspectos negativos de la vida.

En el arte universal este estilo de arte ha existido desde mucho antes. Así la cadena de muertes atroces es encontrada a lo largo de la existencia misma del arte. Así, es fácil observar la repetición de estos temas empaquetados de ingredientes bárbaros y brutales: durante el período gótico, Hieronymus Bosch, The Temptation of St. Anthony y Master of the Rohan Hours, The Dead Man Before His Judge, con sus pesadillas macabras de esqueletos putrefactos y monstruos temerosos. En la literatura del siglo XIX y XX entre los autores que se familiarizaron con temas de muertes y violencias tenemos a Mary Shelley; Frankenstein (1818), Edgar Allan Poe;“The Fall of the House of Usher”(1930), Emily Brontë; Wuthering Heights (1847) y Bram Stoker; Dracula (1897) donde vemos la incorporación del horror físico y melancolía sentimental tratado junto con el misterio y la violencia. Como ha sido mencionado anteriormente, en las brutalidades temáticas y descriptivas yacen razones implícitas que el autor intenta comunicar ya el sentido último de la obra resulte en la angustia existencial como en L’étranger o en el realismo social como en Pascual Duarte.

Cela intenta narrar la historia de Pascual Duarte sin encubrimientos o discurrimientos. La historia del criminal es narrada según el orden de aparición, a excepción de la muerte de Chispa. Terribles son las escenas preámbulos al crimen que ocurren como desgracias, desproporcionados y desmedidos. Ciertamente, a parte de las escenas de crímenes y asesinatos son las escenas absurdas y chocantes que hacen de esta obra representativa del movimiento tremendista. Las escenas que apoyan este punto de vista están concentradas entre los capítulos 2, 4 y 5, entre la muerte del padre y de su hermano anormal.

Su padre, un hombre de carácter impaciente, ejerce la brutalidad física en la familia:

Mi padre... se arrimó hasta la cama de mi madre y sin consideración ninguna de la circunstancia, la empezó a llamar bribona y zorra y a arrearle tan fuertes hebillazos que extrañado estoy todavía de que no la haya molido viva. (42)

...me arreaba unas punteras al desgaire cunado me tropezaba, que vez hubo de levantarme la sangre del trasero (con perdón), o de dejarme el costillar tan señalado como si me lo hubiera tocado con el hierro de marcar. (45)

La reacción de la madre de Pascual ante la muerte de su esposo es suficiente para dejar desorientado a cualquier lector:

Dos días hacía, digo, que encerrado lo teníamos... A mí me asustó un tanto que mi madre en vez de llorar, como esperaba, se riese, y no tuve más remedio que ahogar las lágrimas... cuando ví el cadáver, que tenía los ojos abiertos y llenos de sangre y la boca entreabierta con la lengua morada medio fuera. (55)

La escena donde describe las agonías de Manuel es múltiple y dolorosa:

...un guarro (con perdón) le comió las dos orejas.

...se pasaba los meses tirado por los suelos, comiendo lo que le echaban, y tan sucio que..., llegaba a darme repugnancia. (58)

...éste con la otra pierna le arreó tal patada en una de las cicatrices que lo dejó como muerto y sin sentido, manándole una agüilla que me dió por pensar que agotara la sangre.

La criatura se quedó tirada todo lo larga que era, y mi madre - le aseguro que me asusté en aquel momento que la vi tan ruin - no lo cogía y se reía haciéndole el coro al señor Rafael. (59)

En la muerte de su padre y de Manuel, Pascual no es el ejecutor sino el observador: “... y cuando fuimos a sacarlo pensando que había muerto, allí nos lo encontramos, arrimado contra el suelo y con un miedo en la cara que mismo parecía haber entrado en los infiernos” (55). “...fue a aparecer, ahogado, en una tinaja de aceite...; volcado sobre el borde de la tinaja, con la nariz apoyada sobre el barro del fondo” (61). Es de notar que a partir de los capítulos 6 no existen escenas estremecedoras comparables a los capítulos anteriores [2], a excepción de una en el último capítulo durante la lucha que se desata con su madre en el momento de su asesinato: “Me arañaba, me daba patadas y puñetazos, me mordía. Hubo un momento en que con la boca me cazó un pezón - el izquierdo - y me lo arrancó de cuajo” (179).

Desde el capítulo seis las escenas son más fieles a los acontecimientos narrados de relación de causa y efecto. Cela expone las escenas en secuencia de gravedad sin descripciones estremecedoras de los capítulos anteriores. Los asesinatos y los crímenes son ejecutados uno tras otro por Pascual: (El de Chispa por su mirada crítica) “Cogí la escopeta y disparé; volví a cargar y volví a disparar. La perra tenía una sangre oscura y pegajosa que se extendía poco a poco por la tierra” (34) [3]. (El de la yegua por haber causado el aborto de su primer hijo) “Cuando de allí salí saqué el brazo dolido; la sangre me llegaba hasta el codo. El animalito no dijo ni pío...” (98). (El asesinato de El Estirao, según Pascual el asesino de Lola) “Pisé un poco más fuerte… La carne del pecho hacía el mismo ruido que si estuviera en el asador… Empezó a arrojar sangre por la boca. Cuando me levanté, se le fue la cabeza - sin fuerza - para un lado…” (149).

Circunstancias como éstas contribuyen a los actos de violencia de Pascual que culminará en el asesinato de su madre: “Fue el momento mismo en que pude clavarle la hoja en la garganta… La sangre corría como desbocada y me golpeó la cara. Estaba caliente como un vientre y sabía lo mismo que la sangre de los corderos” (179).

La lista de crímenes acaba aquí (aunque hay una muerte más, la de don Jesús González de la Riva, asesinado por Pascual por motivos desconocidos) [4]. A esta lista de brutalidades físicas se suman el lenguaje empleado y las situaciones abrumadoras fuera del control de Pascual (de ahí también la simpatía de los lectores) para hacerlo responsable de “tremendismo.”

Su autor selecciona un tono de lenguaje poco refinado que representa la personalidad de Pascual [5] -un lenguaje expresivo y rural (pocas veces superado por ningún autor) de campesino elocuente que al contrario de lo esperado es de un humor, un humor alarmante y amargo: Pascual describe a su madre como una persona sucia y descuidada, “... en todos los años de su vida que yo conocí, no la ví lavarse más que en una ocasión en que mi padre la llamó borracha y ella quiso como demostrarle que no le daba miedo el agua. El vino en cambio ya no le disgustaba tanto...” (37). Pascual habla de sí mismo como un pícaro, “Mi madre no quería que fuese a la escuela. ... Dió en terreno abonado, porque a mí tampoco me seducía la asistencia a las clases...” (40); “... Sé que hubo en el pueblo quien me criticó por no haber dado de comer; allá ellos. ... lo que, sin embargo, preferí no hacer, porque me resultaba demasiado atado para las ganas que tenía de irme con mi mujer” (84). Sin embargo, ya devuelta al pueblo después de dos años de ausencia su lenguaje es más directo y sin el humor de los tiempos pasados, “la comida preparada a las horas de ley, ¡da pena pensar que para andar en paz haya que usar del miedo!, y tal mansedumbre mostraba en todo su ademán que hasta desconcertado consiguió llegarme a tener” (140).

En cuanto a la disposición de la obra diremos que hasta el capítulo 12, exceptuando el capítulo 6 [6], son las condiciones que decidirán los crímenes de Pascual: la relación de sus padres, el nacimiento y las andanzas de su hermana Rosario, nacimiento y muerte de su hermano Mario, la muerte de su padre en condiciones inhumanas, la relación de su madre con el señor Rafael, y la herida que causa a Zacarías. A esto se irán sumando la muerte de sus dos hijos, la de Chispa y la de su yegua hasta la muerte de Lola que culminará en el asesinato de El Estirao y su madre. Es de notar que mientras todos los personajes que aparecen en la vida de Pascual tienen nombres-desde su hermano Mario hasta el capellán de la cárcel (Santiago Lureña) o del guardia civil (Cesáreo Martín) -su madre (causa directa de las iras y las cóleras de Pascual) es el único personaje de quien Pascual no da información sobre su nombre: “Mi madre, al revés que mi padre, no era gruesa, aunque andaba muy bien de estatura...” (36), lo contrario de su padre: “Mi padre se llamaba Esteban Duarte Diniz, y era portugués...” (35).

También el ser humano de este personaje: primitivo, impulsivo con todos los defectos, pero inocente y humilde-como Pascual mismo se introduce en la primera línea de la narración: “Yo señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo” (25), son elementos que colaboran al carácter tremendista de la obra. Pruebas de su personalidad son revelados a lo largo de la lectura: “De mí puedo decir, y no me avergüenzo de ello, que sí lloré...” (62), “Me avergüenzo de lo que voy a decir... en aquel momento me alegré de la muerte de mi hermano...” (67). “Desde aquel día siempre que veía a don Manuel lo saludaba y le besaba la mano...” (56).

En suma son estos componentes que distinguen esta obra de otras obras tremendistas. Si el término “tremendismo” sólo tiene en cuenta las cualidades brutales y muertes violentas, la designación del término es problemático ya que su autor integra excelentemente otros elementos de espanto y de alarma. Además, la trascendencia de esta obra está en que Cela utiliza las escenas de violencia para poner en relieve su preocupación sobre la realidad social que el hombre está forzado a encarar. Es probable que las intenciones de Cela en utilizar la violencia hayan sido por motivos mucho más profundos como “las circunstancias como parte decisiva de la existencia del hombre” [7].

La familia de Pascual Duarte intenta establecer el motivo del ser de Pascual, es decir, la idea de que el ambiente y las circunstancias deciden el ser de una persona. Lo que Cela plantea son los factores causantes del crimen y no el criminal. Pascual Duarte es una obra que descubre al hombre social con sentidos, connotaciones y mensajes propios y no solamente una cadena de muertes atroces.

Uno de los objetivos de la crítica literaria es el de intentar dar a la obra una explicación de su sentido último y no “limitarse al análisis puramente histórico, valorándola como motor que generó varias docenas de novelas de características semejantes” (Brenan 406). En esta línea de pensamiento la posición de Cela es totalmente comprensible pero también ha de reconocerse que La familia de Pascual Duarte ofrece además de violencias los aspectos analizados en este estudio que la hace particular en el mundo de la literatura.

 

Notas:

[1] Es frecuente encontrar comentarios referente a esta obra tales como: Pascual Duarte no es sólo una obra de corriente tremendista, sino que es la obra que dió surgimiento a dicho movimiento literario; Pascual Duarte inaugura la corriente tremendista de la posguerra que representa una ruptura con la literatura anterior; La familia de Pascual Duarte es la efigie de la corriente tremendista.

[2] Estas escenas toman lugar en los capítulos 2, 4 y 5.

[3] Aunque Cela da comienzo de las acciones criminales de Pascual con esta escena en el capítulo 1, el acto mismo ocurre presumiblemente, después de la muerte de su segundo hijo en el capítulo 10 según la cronología de eventos.

[4] La muerte de don Jesús no es mencionado por Pascual sino es descubierto indirectamente por la carta de Pascual y las notas del transcriptor.

[5] Debo hacer mención de que el lenguaje, a pesar de ser muy convincente para el lector, no lo podemos considerar de un campesino quien no ha recibido una educación formal o regular aun en la escuela elemental según la confesión de Pascual (40).

[6] Donde Pascual narra su condición en la celda sin dejar de imaginar una posible familia feliz.

[7] La filosofía de Ortega y Gasset, “Yo soy yo y mi circunstancia.”

 

Obras citadas

Brenan, Gerald. Historia de la literatura española. Barcelona: Crítica Editorial, 1986.

Cela, Camilo José. La familia de Pascual Duarte. Barcelona: Destino, 1997.

 

© Myung Choi 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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