Un poco más sobre «nescit labi virtus» de Valera

Francisco Acero Yus

Universidad de Zaragoza
pacero@unizar.es


 

   
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Resumen: En esta nota se proporcionan datos sobre el origen del mote en latín que aparece al frente de la novela de Valera, Pepita Jiménez.
Palabras clave: Valera, Pepita Jiménez, virtus, novela española siglo XIX.

 

«Nescit labi virtus» no es sólo la máxima latina con que Juan Valera decide encabezar su novela Pepita Jiménez [1], sino que, como podemos comprobar en una carta del autor a Gumersindo Laverde, con fecha 12-II-1874, en un principio debía ser el título de la novela en cuestión:

Los diálogos con Glárifa se han quedado en el III y he empezado a escribir una novelita que no publicaré hasta que esté concluida, si alguna vez llega a estarlo, a fin de que no pase lo que con Mariquita y Antonio, y con Lulú, Princesa de Zabulistán, que se han quedado en los primeros capítulos. La nueva novela tiene un título extraño para una novela. Se titula Nescit labi virtus. [2]

Tomando como punto de partida la relevancia que el epígrafe latino poseía para Valera, la crítica se ha interesado en dilucidar la procedencia de dicha máxima. J. H. Polt [3] ha puesto de manifiesto el modo más plausible en que Valera pudo trabar conocimiento con la sentencia «Nescit labi virtus»: era el mote que la familia Croy-Dülmen ostentaba en su escudo de armas. Esta familia fue conocida por Valera en 1856, según carta a Leopoldo Augusto de Cueto:

Por esto nos detuvimos en Bruselas y por esto nos hemos detenido igualmente en Münster, donde los príncipes de Croy-Dülmen han estado finísimos, no sólo con el Duque, sino con Quiñones y conmigo. [4]

En un sentido afín se sitúan los datos que damos a continuación, si bien la fuente ahora no se trata de heráldica, sino de emblemática. En el diccionario de emblemas de Henkel-Schonë [5] es posible encontrar un emblema en que figura un diamante suspendido sobre un mar tormentoso; las encrespadas olas rompen contra las rocas, y un barco navega por esas peligrosas aguas. El lema que aparece bordeando el emblema es precisamente: «Nescit labi virtus». La glosa que aparece al pie del emblema es la siguiente:

Ipsa suis opibus contra omnes fulta ruinas, virtus, non ullo labitur alma loco

que repite el sentido moral de la leyenda «Nescit labi virtus». La obra a la que remiten Henkel-Shonë como fuente de este emblema es el libro de Gabriel Rollenhagen, Selectorum Emblematum Centuria Secunda, Colonia, 1613. [6]

Según Praz [7], este mismo Gabriel Rollenhagen es quien ilustra el repertorio de emblemas de George Wither [8], en el cual figura asimismo el emblema de que tratamos, con su glosa y descripción correspondientes.

El diamante, en efecto, no sólo es la piedra preciosa que resiste a la fuerza del diablo, sino que es el símbolo de constancia en el amor y en el sufrimiento, así como de inquebrantable sinceridad y pureza [9]. Las rocas poseen un significado afín, ya que a ellas se adscriben propiedades como la inmovilidad, la inmutabilidad y la solidez. Estos peñascos permanecen inalterables como inalterable es el diamante ante los golpes de un mar embravecido, correlato del corazón en cuanto sede de las pasiones. Un mar que es el de Neptuno, según la descripción de Wither, con lo que la virtud se resiste a caer ante los ataques del dios más veleidoso en sus relaciones amorosas, del dios de carácter violento y lleno de desorden e inestabilidad. Y es la virtud quien ayuda a gobernar el navío del hombre, que en su navegar en su vida se ve inmerso en el tormentoso mar de las pasiones.

De lo dicho hasta ahora, podemos inferir que nos encontramos ante un emblema cuyo significado se imbrica perfectamente en el tema de la novela de Valera, si bien éste adopta una postura de ambigüedad cervantina: si el diamante y las rocas simbolizan la virtud imbatible ante la tormenta de la pasión amorosa y «la virtud ignora caer» , ello puede constituir el espejo en que se refleje la historia del amor que, contra viento y marea, se desarrolla entre el seminarista Luis de Vargas y la viuda Pepita Jiménez. Su relación queda situada en los límites de la ética amorosa; es un amor honesto e íntegro, nacido y crecido bajo el auspicio de la virtud. No obstante, esta perspectiva sufre un cambio cuando el propio don Luis enuncia casi literalmente la máxima latina del emblema:

Si hubiera habido virtud sólida en mí, con tiempo te hubiera desengañado y no hubiéramos pecado ni tú ni yo. La verdadera virtud no cae tan fácilmente. [10]

Quedaría pendiente aceptada plenamente la hipótesis de Polt establecer cómo la familia Croy-Dülmen adoptó este tema latino como mote de su escudo, pero lo que sí parece claro es que Valera halló una excelente sentencia cuya muestra más antigua podemos encontrar en la obra de Rollenhagen, y que se relaciona íntimamente con el tema de Pepita Jiménez, hasta el punto de poder constituir la síntesis de la concepción moral sobre la que la novela se sustenta.

 

NOTAS

[1] Juan Valera, Pepita Jiménez, ed. Leonardo Romero Tobar, Madrid, Cátedra, 1994.

[2] María Brey, Juan Valera, 151 cartas inéditas a Gumersindo Laverde, Madrid, R. Díaz-Casariego, 1984, pp. 220-221.

[3] J. H. R. Polt, «More on Valera’s “Nescit labi virtus”», Romance Notes, XXX, 1984, pp. 177-184.

[4] Juan Valera, Correspondencia, 2 vols., Madrid, Imprenta Alemana, 1913, p. 215; carta con fecha 26-XI-1856.

[5] Arthur Henkel y Albrecht Shonë, Emblemata. Handbuch zur Sinnbildkust des XVI und XVII Jahrhunderts, Stuttgart, Ergänzte Neuausgabe, 1976, p. 86.

[6] Henkel-Shonë, p. CXCV. El emblema que nos ocupa aparece en la página 60 de la obra de Rollenhagen.

[7] Mario Praz, Imágenes del barroco: estudio de emblemática, traducción de José María Parreño, Madrid, Siruela, 1989, p. 170.

[8] George Wither, A collection of emblemes 1635, Menston, Scholar Press, 1968. Ed. facsímil de ed. de Londres, 1635; p. 218.

[9] Para lo relativo a elementos simbólicos y su significación, véanse las obras de Jean Chevalier, Diccionario de símbolos, Barcelona, Herder, 1986; Juan Eduardo Cirlot, Diccionario de símbolos, Barcelona, Labor, 1988; Hans Biedermann, Diccionario de símbolos, Barcelona, Paidós, 1993.

[10] Juan Valera, Pepita Jiménez, p. 347.

 

[El presente artículo ha sido publicado previamente en Revista de Literatura, Tomo LXI, nº 117, Madrid, CSIC, 1997]

 

© Francisco Acero Yus 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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