Editorial


El bestseller global

Cada vez se hace más complicado distinguir a los escritores por su forma de escribir. La globalización cultural busca autores que sepan escribir para todo tipo de públicos o, para ser más exactos, los editores exigen a sus autores que escriban cosas que puedan entender todos y en cualquier parte. Porque antes —aunque no lo recordemos—, la gente era diferente entre sí. De hecho, se viajaba para encontrarse con gente distinta en lugares distintos. Eso ha cambiado. Uno puede tumbarse en una remota playa en cualquier lugar del mundo y mirar dismimuladamente al compañero de bronceado: lo más probable es que esté leyendo el mismo libro que tú. Quizá en otro idioma, comprado en otra cadena de hipermercados o en otro aeropuerto, pero el mismo libro. Aquella vieja pregunta de "¿qué libro estás leyendo?" hoy carece de sentido. "Es muy fácil acertar, No tiene tampoco mucho mérito. La única cuestión que parece importar es "¿has leído ya...?" Porque la gente lee estos libros para poder comentarlos con otros (algunos para machacarles el final). "Me quedan veinte páginas...¡No me lo cuentes!" ¡Qué pena de tiempo invertido!

La brecha entre la literatura "programada" (mala literatura, de puro consumo, si no se sienten con la necesidad de ser políticamente correctos) y la literatura Los bestsellers son ahora globales. Lo son en dos sentidos (al menos): están globalizados y están llenos de aire, como los globos. Es cierto que los bestsellers nunca han sido una cosa del otro mundo, pero ahora, con eso de tener que ser leídos en cualquier sitio y por cualquiera, la cosa ha decaído mucho. Es imposible interesar a todo el mundo. Por eso el truco consiste en la unificación del gusto. A un libro global le corresponde un gusto global. El problema es cuando es muy mal gusto

Joaquín Mª Aguirre
Editor


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