La confesión perversa:
Un acercamiento a El jorobadito, de Roberto Arlt

Park, Se-Hyeong

Universidad Nacional de Seúl


 

   
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Resumen: El jorobadito (1933), un relato incluido en el primer libro de cuentos de Roberto Arlt, trata temas como el problema del mal, el doble y la incomunicación dentro del marco narrativo de la confesión. En su mundo narrativo, Arlt describió a los marginados resultantes del proceso de modernización y a los aislados por la sociedad burguesa. Este ensayo analiza la estrategia narrativa subversiva del cuento y trata de demostrar que este relato muestra un momento de liberación para los marginados sin salida.
Palabras clave: Roberto Arlt, narrativa argentina, estrategia narrativa subversiva

 

1. Introducción

En El jorobadito (1933), su primer libro de cuentos, Roberto Arlt trata temas oscuros como el delito, la traición, la hipocresía y la crítica a la moral burguesa. El mismo autor dice en su dedicatoria a su esposa que este libro es “trabajado por calles oscuras y parajes taciturnos, en contacto con gente terrestre, triste y somnolienta”, y que tiene como protagonistas a hombres “parecidos a monstruos chapoteando en las tinieblas” (Arlt, 1933: 16). [1] Lo más interesante en esta colección es que los narradores de cuatro cuentos (El jorobadito, Ester Primavera, Las fieras y El traje del fantasma) están en situación semejante. Los narradores están encerrados y aislados, ya sea en el calabozo, el manicomio, el prostíbulo o el hospital a consecuencia de algún acto delictivo, y sus narraciones pueden calificarse como la confesión de sus actos cometidos en el pasado. Sin embargo, también hay diferencias en el tono y la postura. Los narradores de Las fieras y Ester Primavera se encuentran sumidos, humillados y hundidos en el infierno sin salida y hablan con un tono callado, melancólico y arrepentido (Pastor, 1979). Por el contrario, en los otros dos, especialmente en El jorobadito, el tono de la narración es más jocoso, sardónico e irónico y el narrador no se parece a un desesperado sin salida. Teniendo en cuenta estas características, este ensayo intenta analizar El jorobadito para dar respuesta a dos problemas centrales. Primero, ¿qué intenta hacer el narrador mediante su confesión? Segundo, ¿por qué el tono del narrador de este cuento es distinto al de los otros cuentos?

 

2. Confesión: justificación del crimen

El narrador del cuento está encerrado en un calabozo por haber estrangulado a Rigoletto, el jorobadito del título. La sociedad interpreta el asesinato como la consecuencia de su locura y lo encierra en la cárcel. Pero el narrador intenta defenderse de esta acusación construyendo una lógica persuasiva. En este sentido, su confesión puede calificarse como una justificación del crimen. Primero, arguye que el “Sufrimiento” [sic] debido a su sensibilidad singular fue la causa de su acción. Desde la infancia podía intuir y descubrir la maldad encubierta en toda la gente y por eso se transformó en un tipo negativo. Es una víctima por su sensibilidad singular innata:

De este modo, involuntariamente, fui descubriendo todo el sedimento de bajeza humana que encubren los actos aparentemente más leves, y hombres que eran buenos y perfectos para sus prójimos fueron, para mí, lo que Cristo llamó sepulcros encalados. Lentamente se agrió mi natural bondad convirtiéndome en un sujeto taciturno e irónico [...]. (p. 19)

Segundo, sostiene que la madre de la mujer con la que “hacía el novio” (p. 20) tiene responsabilidad al presionarlo y acorralarlo hasta el punto en que no podía soportar más. La madre de la mujer deseaba que el narrador se casara con su hija. Pero él se sentía “amarrado por invisible cordeles” (p. 27). Casarse, para el narrador-personaje, es convertirse en un esclavo y hallarse atrapado en la vida burguesa. Por eso, tenía que provocar un escándalo con la ayuda de Rigoletto para escaparse de la trampa:

Ellas, la madre y la hija, me atarían a sus preocupaciones mezquinas, a su vida sórdida, sin ideales, una existencia gris, la verdadera noria de nuestro lenguaje popular, en el que la personalidad a medida que pasan los días se va desintegrando bajo el peso de las obligaciones económicas, que tienen la virtud de convertirlo a un hombre en uno de esos autómatas con cuello postizo, a quienes la mujer y la suegra retan a cada instante porque no trajo más dinero o no llegó a la hora establecida. (p. 27) [2]

Tercero, y lo más importante, insiste que hizo un favor a la sociedad por matar a Rigoletto. Como insinúa el título, en todo el cuento el narrador intenta presentar a Rigoletto a los lectores u oyentes y distinguirse de él. Narrando su primer encuentro con el jorobadito, el narrador compara los rasgos físicos de Rigoletto con animales como el “sapo”, el “mulo” y el “caballo”. Y diciendo que “todos los contrahechos son seres perversos, endemoniados, protervos” (p. 18), añade que Rigoletto era “un hombre cruel” (p. 18). La crueldad de Rigoletto se manifiesta en un episodio en el que pegaba a los animales sin razón. Además, es un descarado y su manera de hablar es totalmente absurdo:

-Soy más bueno que el pan francés y más arbitrario que una preñada de cinco meses. Basta mirarme para comprender de inmediato que soy uno de aquellos hombres que aparecen de tanto en tanto sobre el planeta como un consuelo que Dios le ofrece a los hombres en pago de sus penurias. Y aunque me cago en la santísima Virgen, la bondad fluye de mis palabras como la miel del Himeto. (p. 23)

Pero la perversidad de Rigoletto se manifiesta en una forma más dramática en la escena del escándalo preparado por el narrador para escaparse de la trampa. El narrador prepara un escándalo que consiste en demandar a la mujer que bese al jorobadito. La mujer se resiste a esta demanda y Rigoletto se enfrenta a dicha resistencia de una manera absurda. Repite que ha venido “en cumplimiento de una alta misión filantrópica” y pide que lo traten con cortesía:

Ustedes están obligados a atenderme como a un caballero. El hecho de ser jorobado no los autoriza a despreciarme. Yo he venido para cumplir una alta misión filantrópica. La novia de mi amigo está obligada a darme un beso. Y no lo rechazo. Lo acepto. Comprendo que debo aceptarlo como un reparación que me debe la sociedad, y no me niego a recibirlo. (p. 34)

Describiendo la escena del escándalo, el narrador intenta enfatizar los actos absurdos y descarados de Rigoletto para mostrar que el jorobado sí era un loco y él, narrador, no estaba desquiciado. Dice que, sin duda, “si allí había un loco, era Rigoletto” (p. 34). De esta manera, quiere defenderse de la acusación de que es un loco y justificar su asesinato como un acto necesario para el bienestar de la sociedad. Sin embargo, curiosamente, el hilo narrativo se interrumpe en este punto. De haber descrito la escena, dice que no recuerda nada de lo que pasó después. El final del cuento es ambiguo y abrupto:

No recuerdo más nada. Dicen los periódicos que me desvanecí al verlos entrar. Es posible.

¿Y ahora se dan cuenta por qué el hijo del Diablo, el maldito jorobadito, castigaba a la marrana todas las tardes y por qué yo he terminado estrangulándole? (p. 35)

Así concluye su confesión, presentando una pregunta a los lectores u oyentes. ¿Y ahora nos damos cuenta, por qué? ¿Nos persuadimos de que su confesión tiene cumplido el objetivo, la justificación de su crimen? Lo que resulta interesante de este párrafo es la colocación de dos preguntas como si éstas fueran una sola. Primera pregunta. ¿Por qué Rigoletto, el jorobadito, castigaba a la marrana? Responderíamos que no tenía ninguna razón para hacerlo. Segunda pregunta. ¿Por qué estranguló el narrador a Rigoletto? Si suponemos que las dos preguntas fueran una misma cuestión, podemos deducir que no tenía ninguna razón. De hecho, la justificación del lado del narrador también se rompe y el objeto de su confesión se derrumba.

 

3. Ruptura: transformación del narrador

El narrador intenta distinguirse de Rigoletto definiendo al jorobadito como un loco y perverso, para situarse él mismo del lado de la sociedad ‘normal’. Sin embargo, desde el principio del cuento el narrador manifiesta su fascinación por los seres perversos y sugiere su afinidad con ellos. Dice que “los odiaba” al mismo tiempo que le “atraían” y como si estuviera frente a “la profundidad abierta bajo la balconada de un noveno piso” (p. 17) se sentía “temblando de cautela y delicioso pavor” (p. 18) acercándose a ellos. Por lo tanto, su amistad con Rigoletto puede explicarse en este punto. Aunque el narrador intenta mantener distancia de Rigoletto tratándolo como su esclavo, llegada la escena del escándalo dicha distancia desaparece.

Como señala Ricardo Piglia en una entrevista, dentro del mundo narrativo de Arlt, el crimen, la locura y la traición funcionan como una salida imaginaria del infierno de la vida cotidiana:

La locura como ruptura de lo posible. Estar loco, en Arlt, es cruzar el li´mite, es escapar del infierno de la vida cotidiana. O mejor, habri´a que decir, la locura es la ilusio´n de salir de la miseria. [...] Quiero decir: la ficcio´n suplanta al milagro como forma de transformacio´n su´bita. (Piglia, 1984: 26)

El narrador del cuento estaba a punto de quedar atrapado en el infierno de la vida cotidiana, una vida mezquina como un marido y un padre. Por eso, necesitaba una ruptura para escaparse. La presencia de Rigoletto era esencial para conseguir este intento, pues como dice el mismo narrador, “no encontraba un filo lo suficientemente agudo para desgarrar definitivamente la malla” (p. 28) hasta que conoció a Rigoletto. Antes de llegar al sitio del escándalo, caminando con el jorobadito hacia la casa de la mujer, el narrador se sentía angustiado y triste, dudaba de sí mismo y de su “idea”. El camino a la casa de la novia está descrito como una transición al otro espacio. Esta descripción puede interpretarse como un símbolo de la transformación del narrador. El viento soplaba fuertemente y no se veía nada por las calles “con una claridad espectral” (p. 31). A su lado, allí está Rigoletto, la encarnación de su “idea”, su maldad perversa, su doble:

El viento doblaba violentamente la copa de los árboles, pero el maldito corcovado me perseguía en mi carrera, como si no quisiera perderme, semejante a mi genio malo, semejante a lo malvado de mí mismo que para concretarse se hubiera revestido con la figura abominable de giboso. (p. 31)

Como señalamos antes, el acto de Rigoletto en la escena del escándalo es descarado y absurdo. Su actitud y su manera de hablar no es el de un aislado ni el de un esclavo. Más aún, se comporta como si fuera un ser por encima de todos afirmándose en su victoria. La descripción de la escena está llena de jovialidad y el narrador, viendo la locura de Rigoletto, “se desplomó en un sofá riéndose a gritos” (p. 33) perdiendo toda la angustia y tristeza de antes. Si el narrador estuviera del lado de la sociedad normal, del mundo de la razón, tendría que haber detenido a Rigoletto. Pero el narrador deja que su doble, la encarnación de su idea, actúe con todo su ser. Por lo tanto, podemos concluir que en este punto el narrador se transforma en un ser absolutamente diferente de lo que insistía ser. La locura lo devora y la distinción entre él y Rigoletto desaparece. Esta transformación súbita del narrador es una ruptura instantánea y coincide con la ruptura del hilo narrativo. Así que el narrador dice que no recuerda nada de lo que pasó y concluye la narración abruptamente.

 

4. Confesión: afirmación del mal

La ruptura mediante la locura puede ser una salida de la vida cotidiana, como dice Piglia en la entrevista antes citada. Pero también es una afirmación del ser, de ser único, como señala Georges Bataille en su ensayo sobre Jean Genet:

Genet ne peut être souverain que dans le Mal, la souverainete´ elle-même est peut-être le Mal, et le Mal n’est jamais plus sûrement le Mal que puni [Genet no puede ser soberano ma´s que en el Mal, la soberani´a misma es quiza´ el Mal, y el Mal nunca es con ma´s certeza el Mal que cuando es castigado]. (Bataille, 1990: 131)

Esta observación puede aplicarse a los personajes del mundo narrativo de Arlt. El más representativo es Erdosain de Los siete locos (1929):

Yo no soy nada para todos. Y sin embargo, si mañana tiro una bomba, o asesino a Barsut, me convierto en el todo, en el hombre que existe, el hombre para quien infinitas generaciones de jurisconsultos prepararon [sic] castigos, ca´rceles y teori´as. Yo, que soy la nada, de pronto pondre´ en movimiento ese terrible mecanismo de polizontes, secretarios, periodistas, abogados, fiscales, guardaca´rceles, coches celurares, y nadie vera´ en mi´ un desdichado sino un hombre antisocial, el enemigo que hay que separar de la sociedad. ¡Eso si´ que es curioso! Y sin embargo, so´lo el crimen puede afirmar mi existencia, como so´lo el mal afirma la presencia del hombre sobre la tierra [...]. (Arlt, 1929: 155-6)

La confesión debe ser una conversión y el que confiesa debe sentirse arrepentido. Es una regla que hallamos en Las confesiones de San Agustín, el prototipo de la narración confesional. Pero la confesión del narrador de El jorobadito no se atiene a esta regla. Por el contrario, presentando a Rigoletto y describiendo su actitud victoriosa, afirma la presencia del mal y su crimen perverso. Es una confesión no como una conversión sino como una perversión. Pretende que su actitud puede justificarse y su ser puede situarse del lado de la sociedad normal distinguiéndose de Rigoletto. Pero al final, triunfa su risa demoniaca que se acepta a sí mismo, afirmando el mal y lanzando una carcajada al mundo.

Lo que resta por interpretar es la ruptura al final del cuento. Es una huella de la risa demoniaca y podemos pensarla como una traición a los lectores u oyentes. Se interrumpe el hilo narrativo y los lectores se encuentran confusos. En el principio del cuento, el narrador pretende tener algo que decir, que comunicar a los otros. Pero al final niega la comunicación. La pregunta al final del cuento demuestra este punto. El narrador quiere decir que el acto de él y de Rigoletto no tenía ninguna razón y los que no están locos no se dan cuenta de su perversidad.

5. Conclusión

Los críticos de hoy consideran a Arlt como un precursor del boom latinoamericano. Donald L. Shaw señala que Arlt es el primer novelista del mundo hispanoamericano que trató el problema de la “modern existencial crisis [crisis existencial moderna]” (Shaw, 2002: 77) y uno de sus temas principales es el mal. En la literatura universal, Dostoyevski, Baudelaire y Poe ya habían tratado este tema antes de Arlt. Específicamente, los cuentos de Poe son relevantes. Entre sus cuentos, se hallan los cuentos confesionales (por ejemplo, The Tell-Tale Heart, The Cask of Amontillado, The Imp of the Perverse, The Black Cat y William Wilson) que pueden compararse con el texto que analizamos. En la literatura hispanoamericana, El túnel (1948) de Ernesto Sábato, que el mismo Donald L. Shaw considera como un candidato de la primera novela del boom (Shaw, 2002: 110), puede compararse con El jorobadito, escrito quince años antes. Hay muchas afinidades entre los dos textos, por ejemplo, el marco narrativo de la confesión, el problema del mal, el tema del doble y la incomunicación.

En el principio del siglo XX, el momento del ‘boom’ de la modernización, Roberto Arlt se preocupó por los marginados y aislados resultantes del mito del ‘progreso’ y de la ‘modernización’, y así describió en sus novelas el lado oscuro de la modernidad. Los aislados de la sociedad moderna y burguesa debían buscar la salida para salvarse y afirmarse. No era sólo una preocupación metafísica sino también social, emocional y sentimental (Shaw, 2002: 79). Un pequeño cuento, El jorobadito también trata de estos temas y nos muestra, aunque sea ilusorio, un momento de liberación para los marginados sin salida con una estrategia narrativa subversiva que serviría de modelo a los escritores de la llamada nueva novela hispanoamericana.

 

Notas

[1] En adelante, citaré entre paréntesis las páginas de esta misma edición.

[2] Convendría señalar la semejanza en este aspecto con el novio de Noche terrible -último cuento de la colección- el cual decide escapar la noche anterior a la boda. En este cuento, se narra sobre el terror a la vida matrimonial y, también de las circunstancias de cómo “fue atrapado” para casarse.

 

Bibliografía

Arlt, Roberto, Cuentos completos. Losada, Buenos Aires, 2008 (1ª. ed. 1998).

___________, Los siete locos, ed. Flora Guzmán. Cátedra, Madrid, 1992.

Bataille, Georges, La littérature et le mal. Gallimard, París, 1990.

Pastor, Beatriz, “Dialéctica de la alienación: Ruptura y límites en el discurso narrativo de Roberto Arlt”, Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, año 5, núm. 10 (1979), pp. 87-97.

Piglia, Ricardo, Sobre Roberto Arlt, en Crítica y ficción. Anagrama, Barcelona, 2001 (1ª. ed. 1986).

Shaw, Donald L., A Companion to Modern Spanish American Fiction. Tamesis, Londres, 2002.

 

© Park, Se-Hyeong 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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