Destino, suerte y la experiencia inmigratoria en A Handbook to Luck

Dra. Lisa Wagner y André Zampaulo

Departamento de Lenguas Clásicas y Modernas
Universidad de Louisville
lcwagn01@louisville.edu         a0zamp01@louisville.edu


 

   
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Resumen: La novela A Handbook to Luck, de Cristina García, publicada en 2007, une las historias aparentemente no relacionadas de tres jóvenes de diferentes partes del mundo: Enrique, de Cuba; Marta, de El Salvador; y Leila, de Irán. La historia revela una experiencia en común que comparten los tres protagonistas: la opresión. En las vidas de Enrique, Marta y Leila, la opresión se manifiesta en las circunstancias políticas, culturales y personales que los tragan. Durante la obra, García explora la experiencia inmigratoria desde la perspectiva de los protagonistas. En el presente trabajo, exploramos el tema universal del destino versus la elección a la luz de la búsqueda del sueño americano de Enrique, Marta y Leila.
Palabras clave: azar, destino, inmigrantes, opresión, sueño americano

Abstract The novel A Handbook to Luck, by Cristina García, published in 2007, weaves together the apparently unrelated stories of three young people from different parts of the world: Enrique from Cuba, Marta from El Salvador, and Leila from Iran. The story reveals a common experience they all share: one of oppression. In the lives of Enrique, Marta and Leila, oppression manifests itself in the political, cultural and personal circumstances that they encounter. In the present paper, we explore the universal theme of destiny versus free choice in Enrique's, Marta's and Leila's search for the American Dream.
Key words: fate, destiny, immigrants, oppression, American Dream

 

En su novela A Handbook to Luck (2007), Cristina García une las historias aparentemente no relacionadas de tres jóvenes protagonistas de diferentes partes del mundo: Enrique, de Cuba; Marta, de El Salvador; y Leila, de Irán. A primera vista parecen muy variadas las diferencias entre los espacios geográficos donde los personajes principales pasan su niñez y las realidades socio-culturales, políticas e históricas que encuentran en esos espacios. Sin embargo, todos comparten una experiencia común de opresión y una serie de luchas que resultan de la ayuda no necesariamente benevolente que reciben. Sin embargo, Enrique, Marta y Leila manejan sus circunstancias opresivas y dificultades de maneras muy distintas: Enrique confía en unas probabilidades y el control, Marta, en la imaginación y la fe y Leila, en obedecer a su familia y en particular los deseos y planes tradicionales de ellos.

La novela empieza en Santa Monica, California, con la historia de Enrique a los seis años: el hijo del extravagante mago cubano, Fernando Florit. Fernando y su hijo Enrique huyen de Cuba después de dos hechos llamativos: su esposa y la madre de su hijo se muere en uno de sus actos mágicos y Fidel Castro asume el poder. Fernando Florit es un soñador despreocupado, un hombre de actitudes infantiles y temerarias en la búsqueda por su gloria anterior como gran artista. Trabaja esporádicamente, mientras que Enrique asume el papel del hijo consciente de sus deberes, encargándose de la mayoría de los quehaceres de la casa. Es un niño inteligente que anhela la estabilidad y no quiere nada más que sentirse aceptado: el hecho de haber perdido a su madre y tener que dejar a su casa le ha causado muchos problemas de confianza. Como estudiante, pronto descubre su afinidad con las matemáticas y disfruta de la certeza de que los números y las fórmulas acarrean:

Enrique desconfiaba de los hechos. Para él, nadie podía tener la certeza de nada excepto los números o alguna cosa que se podía agarrar con las dos manos. [1]

Mientras parece reconocer básicamente que no puede impedir los acontecimientos, Enrique confía en que puede predecir la probabilidad de la ocurrencia de los hechos, y al hacerlo, le confiere cierto orden a su vida:

La semana pasada Enrique había encontrado un libro en la biblioteca llamado The Odds [Las probabilidades]. En él, se calculaba la probabilidad matemática de hasta las cosas más aleatorias. Lo raro de morir en un taxi, de dar a luz a cinco bebés al mismo tiempo, o de nacer con un sólo riñón o con seis dedos. Todo podía predecirse de una forma relativa. [2]

Después de pasar algunos años en Santa Monica, le ofrecen a Fernando Florit un trabajo en Las Vegas. Enrique había empezado a sentirse cómodo en California y no quiere mudarse otra vez, pero apoya los sueños de su padre. A medida que Enrique madura con la edad, también lo hacen las responsabilidades hacia su padre. Como un preadolescente en Las Vegas, Enrique aplica sus conocimientos de probabilidad en el juego de póker y rápidamente se queda atrapado en un ciclo para rescatar a su padre de las deudas que éste contrae de manera descuidada. Cuando recibe una nota perfecta en el examen de matemáticas para entrar a la universidad, Enrique sueña con ir a una facultad prestigiosa de la Costa del Este de EE.UU. Sin embargo, cuando golpean a su padre violentamente y lo llevan al hospital, Enrique se ve forzado a reconsiderar seriamente sus planes:

Las falsas ilusiones de Papi le estaban aplastando, aplastándoles a los dos. Pero eran tan fuertes, que sería cruel quitárselas. ¿Por cuánto tiempo tendría que mantener a su padre, a todo esto? ¿Qué les pasaría si se marchara de Las Vegas? ¿No tendría Papi que arreglárselas él mismo? [3]

No obstante, el protagonista no se atreve a abandonar o alienar al único familiar que le queda, y decide posponer los propios sueños: “¿Qué oportunidades realmente tenía?” (67). [4] El MIT (Instituto de Tecnología de Massachusetts) lo acepta, pero su padre le implora que postergue su ida a la universidad, y Enrique así lo hace, resignándose a ganar la vida con las apuestas en los casinos y las clases en una facultad comunitaria local. Un día, en un casino, conoce a Leila-una chica iraní que había hecho un viaje corto antes de su casamiento para hacer unas apuestas en Las Vegas. Los dos pasan íntimamente cinco días juntos y se vuelven perdidamente enamorados. Enrique pone la pulsera de plata de su madre en la muñeca de Leila y le pide en matrimonio, pero ella se lo rehúsa:

Leila le dio a Enrique el único motivo que él entendía: Ella no aguantaría decepcionar a su familia. [5]

Cuando Enrique finalmente se marcha de Las Vegas, encuentra muy difícil echar raíces y a duras penas se gana la vida haciendo apuestas en unos transatlánticos por el Caribe. Siente que le ha pasado la oportunidad de ir a la universidad y se encuentra amargo y frustrado:

Si no fuera por Papi, lamentaba Enrique, ahora ya habría terminado la carrera en el MIT, conseguido un buen trabajo de consultor, se establecido en un apartamento agradable en Boston o Nueva York. ¿Por qué no podía renegar de su padre para ir a ganarse la vida? Pero el pensar en todo esto sólo le hacía sentirse culpado. [6]

Finalmente encuentra placer en la compañía de Delia, una hermosa mujer caribeña. Se casan, luego tienen tres niños y se establecen en Los Ángeles, donde Enrique dirige un casino. Aunque su vida ahora no es tan emocionante como la de jugador, encuentra satisfacción al mantener a su familia y sentir el respeto que le muestran en el trabajo. Delia es una buena madre y una esposa cuidadosa, pero no le entusiasma al marido como lo hacía Leila, así que Enrique no consigue olvidarse de ésta. Después que su padre queda fatalmente herido al hacer un truco con un arma, Enrique revisa sus cosas y encuentra una carta de Leila de hace dos años. Los dos, entonces, empiezan una correspondencia de larga distancia y así la llama de su relación se vuelve a prender.

Marta Claros crece en El Salvador asolado por la pobreza durante la guerra civil y se enfrenta a una niñez de opresión política y dificultades socio-económicas. A los nueve años, su madre le obliga a dejar la escuela para vender ropa usada en las calles. Aunque la profesora de Marta trata de convencer a su madre de que la educación sea imprescindible para una vida mejor, la madre de la protagonista ve el mantenimiento de la familia como prioridad, y su ignorancia y desesperación le dejan poco espacio a los imponderables y los sueños. Como pasa muchas horas vendiendo sus artículos bajo el sol infernal de los trópicos, Marta utiliza dos recursos para distraerse de esta tarea agotadora: la imaginación y la fe. Se dedica a la inofensiva fantasía infantil de crear amigos imaginarios y reza una y otra vez con la esperanza de salvarse:

Ahora que ya no iba a la escuela, tendría que aprender todo sola. Como por qué los canarios sabían cantar y los otros pájaros no, pero aún así podían hablarse. O por qué su padrastro le pegaba tan fuerte a Mamá que tenía que comprar maquillaje a crédito para esconder los moretones. [7]

El padre de Marta abandonó a la familia para buscar trabajo en Honduras y jamás se oyó hablar de él otra vez. Los arranques abusivos y violentos de su padrastro le obligan a su frágil hermano, Evaristo, que se huya de casa para vivir en un árbol, y allí presencia silenciosa que presencia la muerte de unas personas por soldados del gobierno durante la noche. Cuando muere el padrastro, la madre de Marta se ahoga en una depresión profunda y la niña pasa a encargarse de los quehaceres de la casa y cuidar a su madre, además de continuar a vender los artículos de ropa usada. Marta sueña con asegurar su futuro y cuidar a su hermano, y se casa con un soldado a los 16 años. Sin embargo, pese al deseo desesperado por tener y amar a un niño, Marta no puede concebir, y su marido le echa la culpa por la esterilidad. La relación entre ellos se vuelve abusiva tanto física como emocionalmente, y Marta pronto se entera de que su marido forma parte de un pelotón de fusilamiento. Marta empieza, entonces, a poner a buen recaudo muchos de sus ingresos para huir hacia el Norte y promete mandar buscar a su hermano lo más antes posible. Tras escaparse de los abusos del marido, Marta se dirige hacia Beverly Hills, donde finalmente encuentra trabajo en una fábrica, se vuelve una defensora de ese puesto, y empieza un matrimonio civil común con su jefe coreano. Finalmente, con la ayuda del nuevo marido, la protagonista consigue traer a su hermano a los Estados Unidos, donde él vive con la pareja y vende crucifijos en las calles. Aunque cuida al marido y al hermano adulto, Marta sigue con el anhelo de tener un hijo. Su necesidad de criar asume formas excéntricas hasta guarda unos huevos de gallina en una cuna y les hace prendas de vestir como si fueran seres humanos. Compra un medallón pintado de la Virgen María y, una vez que lo use de día y de noche, espera que “…La Virgen le tenga lástima y le bendiga con un niño.” [8] Aunque lleva una vida más allá de ideal, cree en el sueño americano y jamás desiste de él:

En Los Ángeles uno podía llegar a ser lo que quisiera. Podía irse de pobre a rico y viceversa, aprender un nuevo idioma, acostumbrar la lengua a diferentes sabores. Podía comprarse casi medio kilo de carne por ochenta y nueve centavos. Esto no podía pasar en su país de origen. [9]

Su marido, Frankie, se vuelve un frecuentador del casino dirigido por Enrique y Marta encuentra trabajo cuidando a los niños de los Florit. Sus oraciones para tener un niño se las atiende cuando recibe una llamada de su tía Mathilde en El Salvador. Ésta le cuenta a Marta que tuvo un caso y se quedó embarazada, pero no puede quedarse con el niño. Así que le pregunta a la sobrina si puede quedarse con él, y Marta lo acepta con mucho gusto. Tía Mathilde casi cambia de idea durante el parto:

…pero La Virgen intervino. En los momentos finales del parto, Tía Mathilde rezó lo alto suficiente para que la partera le oyera: “Virgencita, perdóname por no cumplir mi promesa a Marta, pero no puedo darle este niño.” Después de un largo rato en silencio, la partera le susurró: “Lo siento mucho, pero el bebé no sobrevivió. Dejó de respirar.” Tía Mathilde se hizo la señal de la cruz y retiró lo dicho. Entonces el niño milagrosamente abrió la boca, tragó un poco de aire y empezó a gritar… ¿Qué más necesitaba Marta para saber que José Antonio sería suyo? [10]

Como madre, Marta está finalmente realizada:

Marta sintió pena por las mujeres que desperdician sus emociones con los maridos o los amantes. Los hombres iban y venían-ésta era la ley del universo-pero los hijos eran para siempre. [11]

Leila crece en una familia privilegiada de clase media-alta de Teherán. Su padre es un cirujano cardíaco y su madre pasa los días como ama de casa, gritando órdenes y coqueteando con el horticultor británico que trabaja en el jardín. Leila tiene un hermano, cuatro años mayor, diagnosticado con un tipo raro de leucemia y sólo con algunos meses más de vida. De la misma manera que Enrique Florit lo hace por su padre y Marta por hermano, Leila asume el papel de cuidadora del hermano:

“Anda a ver a tu hermano,” ordenó Maman. “Niña despreciable, hace tiempo que él no toma la inyección. ¿Qué haría él si yo no te lo recordara?” [12]

Cuando no está en el hospital, el padre de Leila, indisponible emocionalmente, pasa horas solo en su biblioteca o leyendo libros de filosofía para el hermano de Leila. Cuestiona abiertamente al Sah, y en general entra en arrebatos y diatribas sobre el gobierno durante las reuniones familiares, lo que pone a su familia en peligro.

Como regalo para su decimotercer cumpleaños, la madre de Leila le paga a la hija una cirugía plástica en la nariz. Está siempre tratando de arreglarle en su hija lo que no sea a su gusto. Cuando Leila se aproxima de la edad de casarse, el nuevo proyecto de su madre se convierte en encontrarle a la hija un marido adecuado:

Habría un muchacho interesante en la fiesta de la tía Parvin esta noche, un estudiante de física de los Estados Unidos que había venido a casa para el descanso de invierno. Tenía rasgos bonitos, decía Maman, sería la pareja perfecta. [13]

Leila y un cierto Sadegh acaban poniéndose de novios, y la protagonista va a estudiar a una universidad en Los Ángeles. Pese a un breve caso con Enrique, Leila apacigua los deseos de su familia y se casa con Sadegh como se había planeado. Su marido acepta un trabajo de investigador en Nuevo México, donde hacen su hogar. Sin embargo, Leila jamás se olvida de Enrique, y dolorosamente reconoce que por toda la vida ha puesto los deseos de su familia en primer lugar:

A veces Leila pensaba que la verdadera elección no había sido entre Sadegh y Enrique, sino entre agradarle a su madre y agradarle a sí misma. [14]

Leila y Sadegh se hacen papás, pero la vida con el marido se vuelve insoportable después que el hermano de Sadegh comete suicido y se lo reprueban a Sadegh en el trabajo por su origen étnico. La pareja regresa entonces a Teherán, donde para Leila la vida se hace totalmente opresiva. Sus padres se han separado: la madre vive en Londres y el padre experiencia violencia y opresión diarias bajo el gobierno del Talibán. Su familia se ha fragmentado y el momento en el que más necesita su apoyo, no le ofrecen ninguno. Sueña con rever a Enrique y desea reconquistar las libertades de que disfrutaba en EE.UU. antes de casarse. Finalmente le convence a Sadegh a dejara volver a California de vacaciones con su hija, pero su marido cambia de idea y le prohíbe abandonar el país:

“¿Crees que soy tan tonto, Leila? ¿Un idiota sin ojos en la cabeza?” La culpa era suya por adelgazarse y hacerse aquellos tratamientos de belleza. Su marido sabía que no se estaba poniendo tan guapa para él. [15]

Las historias de Enrique, Marta y Leila convergen en las últimas páginas de la novela. Enrique ofrece un asado el Cuatro de Julio, en el que Marta le ayuda con las festividades y trae a su hijo consigo. Cuando se dirige a una tienda para comprar más bebidas, Marta acaba por abandonar a su hijo. Mientras ella está fuera, Enrique recibe una carta urgente de Leila en la que ésta le pide disculpa y escribe que ya no vendrá a Los Ángeles. Tampoco le ofrece alguna explicación:

Todo sucedió tan rápidamente que él que no pudo razonar las cosas. En retrospectiva, se había podido prever cada pedazo de la secuencia y reconocido su importancia acerca de donde podía terminar. Los accidentes no se ocurren de una vez. Tenía que creerlo. ¿Qué sería más previsible que un asado el Cuatro de Julio? [16]

Enrique encuentra al hijo de Marta flotando en la piscina con la cara hacia abajo, pero consigue resucitarlo tras unos momentos de tensión:

En la vida había un antes y un después, creía Enrique, un espacio entre lo que uno quería y lo que de hecho lograba, entre lo que planeaba y lo que realmente sucedía…no había un “por qué” convincente a nada, no había respuestas, sólo buena o mala suerte acometiendo la vida de una manera u otra. Enrique ya no creía más en excepciones o estadísticas o la razón. Algunas cosas simplemente no se podían dejar en el pasado. Las excepciones podían calcularse, la distracción enfocarse, el razonamiento destrozarse. Pero la suerte, pensaba él, la suerte era una cosa totalmente diferente. [17]

El protagonista se da cuenta de que la búsqueda por controlar los eventos de la vida le ha sido fútil. Desiste de sus sueños para cuidar a su padre, pero luego su padre muere en un accidente. Se permite conservar la esperanza de otra oportunidad en el amor, pero esta posibilidad se la huye y él no sabe por qué. Se resigna a reconocer que muchos eventos de la vida residen más allá de la predictibilidad, y el azar se hace una fuerza aún más grande que el control humano.

Mientras está en la tienda de bebidas, Marta tiene la visión de unas alas de ángel en la espalda de su hijo. Regresa a casa aterrorizada, consternada con haberlo dejado solo y se siente culpable que el accidente se haya ocurrido. Como siempre cuando Marta se ha enfrentado a la adversidad, confía en la fe y su fuerza interior. Sin embargo, esta vez no enseña lo desconocido a sí misma-se lo enseña a su hijo. Camina hacia al mar y se obliga a hundirse o a nadar, y aunque pasa apuros en el principio, a la larga consigue nadar. Si bien García nunca nos cuenta específicamente, nos lleva a creer que Leila, al sentirse atrapada y sin esperanzas, comete el suicidio y sucumbe a su destino predeterminado.

Cada protagonista inmigra a los Estados Unidos bajo condiciones más que desfavorables: Enrique y su padre dejan la Cuba comunista y la muerte de su madre, Marta escapa de una familia deshecha y el gobierno opresivo de El Salvador, y Leila abandona a una madre verbalmente abusiva y una vida restricta bajo el Sah en Irán y entra a los EE.UU. como parte de un matrimonio concertado. La mayoría de las discusiones y teorías acerca de la inmigración desde el tercer mundo por una vida privilegiada en los EE.UU. se centran en la búsqueda del Sueño Americano (Clark 2003; McDonald y Hill 1993; Suárez-Orozco y Suárez-Orozco 1995, entre otros). Para Clark (2003), el Sueño Americano representa un “conjunto de principios para obtener éxito…la noción perdurable de que hasta los que son pobres y no tienen mucho conocimiento pueden tener éxito.” (4) [18] Muchos inmigrantes creen que EE.UU. es el país de la oportunidad, y si uno se esfuerza lo suficiente en el trabajo, puede mejorarse socio-económicamente para llevar una vida más cómoda de la que su país le podría ofrecer. El sueño americano se compone de principios sobre como lograr éxito. Hocheschild (1995:26-34) examina lo que llama los cuatro principios del sueño americano. El primero mantiene que todos pueden participar igualmente en ello y todos pueden volver a empezar. No obstante, durante la historia, las mujeres de cualquier raza y los hombres no blancos tenían poca elección en cuanto a sus futuros. La potencia del sueño americano ha hecho que la gente que si podía identificarse con ello sea la norma para todos cuando en realizad las historias no eran tan positivas. El segundo principio es la anticipación razonable de éxito, con tal de que haya recursos suficientes y oportunidades disponibles a todos. Sin embargo, en una sociedad capitalista basada en la competencia, cuando mejor sale el sueño para algunos, peor sale para otros. El tercer principio es que el éxito resulta de las acciones y características que uno mismo controla. Este principio asume que el individual tiene alto nivel de poder. Finalmente el cuarto principio se asocia el éxito con la virtud y el fracaso con la maldad. Evaluarles así a los perdedores permite que se crea en un mundo justo ¿Cómo retrata A Handbook to Luck la experiencia inmigratoria? ¿Personifican los tres protagonistas la búsqueda del sueño americano?

El padre de Enrique, Fernando Florit, no busca tanto la fortuna, sino la fama. En las primeras páginas de la novela, sabemos que Florit no tiene intenciones de quedarse en los Estados Unidos toda la vida. Al contrario, ve la decisión de traer a su hijo a ese país como temporaria, sólo hasta que se derroten a Castro y al Comunismo en Cuba y pueda Fernando entonces regresar a un ambiente en el que se encuentre libre para practicar su espectáculo de magia:

Durante los primeros meses en Los Ángeles, Papi tenía una maleta lista por si necesitasen regresar a Cuba inmediatamente. Oía las radios en español y cantaba boleros toda noche antes de dormir. Leía El Diario en busca de alguna noticia sobre la caída del Comandante y dejaba los relojes tres horas adelantados, a la hora de La Habana. Después de cierto tiempo, se quedaron acostumbrados a esperar. [19]

Según Daniels (1990:376), muchos cubanos todavía se consideren exiliados y quieren volver a Cuba cuando el gobierno se caiga. Por muchos años, esta mentalidad atrasaba algunos aspectos de la aculturación de los cubanos. Cuando Fernando le cuenta a Enrique acerca de la oportunidad laboral que le han ofrecido en Las Vegas, el hijo le pregunta sobre el sueldo, pero su padre le da poca importancia:

-¿Cuánto te van a pagar?

-Los detalles se van a arreglar en el tiempo debido, mi pequeño contador. ¿No te he enseñado que un mago puede ignorar la fortuna, pero jamás una oportunidad? [20]

Fernando Florit no está dispuesto a abandonar su amor por la magia en lugar de un trabajo más estable y lucrativo en los Estados Unidos. Durante su adolescencia Enrique, utiliza su genialidad en las matemáticas para sacar a su padre de problemas financieros y aún pospone su sueño de ir a la universidad. McDonnell y Hill (1993), y Suárez-Orozco y Suárez-Orozco (1995) señalan que se espera que los niños inmigrantes trabajen para ayudar a la familia y con frecuencia los niños dejan los estudios.

Si bien Fernando y Enrique Florit no se encajan totalmente en el perfil estereotípico de los inmigrantes del tercer mundo que llegan a los Estados Unidos, Marta Claros lo hace perfectamente. Marta comienza la vida en los EE.UU. como cuidadora de pájaros para una mujer rica de Beverly Hills. Después, acepta un puesto en una fábrica donde puede trabajar más horas y así ganar más dinero. Sin embargo, como otros tantos inmigrantes, no abandona a su familia en El Salvador:

Ella tenía un buen sueldo, diez dólares a la hora, y con eso podía hacer lo que quería y todavía mandaba dinero de vuelta a El Salvador. [21]

Ahorra su dinero, y con la ayuda de Frankie, consigue traer a su hermano, Evaristo, a los Estados Unidos:

Tenía más o menos mil dólares guardados para el billete de Evaristo. Necesitaba otro mil para contratar a un coyote de primera clase…Frankie se metió las manos en el bolsillo y agarró su billetera de lona. Contó diez notas de cien dólares y se las pasó a Marta quien se sentaba al otro lado de la mesa. Ella miró fijamente el dinero. ¿Por qué se lo estaba dando? -Para ayudarte con tu hermano, dijo. [22]

Poco después, Marta empieza a salir con su jefe, Frankie, y termina viviéndose con él:

Después de que Frankie salió a trabajar, ella se subió a una furgoneta totalmente nueva, que le había sido regalada el Día de San Valentín. Era de color azul claro y tenía aire acondicionado y asientos envolventes.[23]

El pasado marzo Frankie y ella se habían mudado a la nueva casa. La había construido un artesano en los años 1920 y ahora se estaba desmoronando. El tejado tenía un agujero y las tablas del suelo se estaban pudriendo, pero Frankie negoció buen precio y la compró. Decidieron arreglarla poco a poco. [24]

Su vida aún continúa a mejorar después de casarse con el jefe:

Aquella misma tarde él la llevó al Ayuntamiento y allí se casaron, tal cual. (Frankie la sorprendió también con un nuevo lavaplatos de la tienda Sears como regalo de boda). [25]

Aunque Leila y su marido residen en los Estados Unidos después de que éste recibe su doctorado, Sadegh ve la residencia en EE.UU como temporaria:

Sadegh había estado tentado en quedarse en Teherán-todos le trataban como alguien importante-pero los científicos que conocía insistieron en que él aprovechara la oportunidad de aprender todo lo que pudiera para después regresar a Irán y compartirlo con ellos. [26]

Cuando se casan, a Leila le falta un semestre para graduarse de la universidad. El verano anterior a su último año, Leila hizo unas prácticas en una compañía americana de San Diego. Su trabajo consistía en encontrar y resolver los problemas de los robots de la fábrica. “Había alguna cosa profundamente satisfactoria en el orden y la lógica.” [27] Había probado brevemente un poco de lo que hubiera sido el colocar su licenciatura en práctica y trabajar en los Estados Unidos.

Tras el suicidio del hermano de su marido, Leila y Sadegh regresan a Irán, donde él trabaja para la Comisión de Energía Nuclear:

Un físico nuclear como Sadegh, entrenado en los Estados Unidos, se lo necesitaba mucho en Irán. Ésta es la razón por la cual decidió quedarse tras el funeral de su hermano. Todos le besaban los pies, especialmente cuando empezó a presentar informes directamente al jefe de la Comisión de Energía Nuclear. Sadegh disfrutaba de la atención y los privilegios especiales. Por toda aquella charla de libertad, en Estados Unidos se sentía aprisionado. Aquí podía ser un verdadero hombre otra vez. [28]

Sadegh le prohíbe que su esposa trabaje, así que Leila se encuentra forzada a conformarse una vez más a los límites rígidos de una sociedad tradicional. Leila se vuelve oprimida por la rutina diaria y piensa cómo habría sido su vida si se hubiera quedado en Los Ángeles y no se hubiera casado con Sadegh:

Leila extrañaba Los Ángeles, el gris único del océano Pacífico, las aves metiéndose en las olas al anochecer, las sesiones semanales de submarinismo. En general, extrañaba la sensación de posibilidad, de un día ser diferente del otro. ¿Por qué había desistido de su libertad para casarse con Sadegh? [29]

Aun sueña despierta con regresar a California a la vida que allí llevaba un día:

“Generalmente soñaba con regresar a California. Quería hacer submarinismo otra vez, terminar la carrera. ¿Pero qué tipo de vida le sería posible? Para mantenerse, necesitaría trabajar doce horas al día. Pensaba más y más en Enrique. ¿Estaba casado? ¿Tenía hijos? ¿Estaba todavía en Las Vegas jugando al poker? Decidió escribirle una carta a él mañana para averiguarlo. [30]

Una vez que Leila y Enrique retoman el contacto, ella se pone determinada a regresar a los Estados Unidos a visitarlo. Sin embargo, como Sadegh no permite en absoluto que Leila viaje a California, ella desiste del sueño de regresar y le informa a Enrique que ya no lo visita al final. De este modo, aunque Leila casi termina la licenciatura, ha disfrutado del trabajo fuera de casa haciendo prácticas y parece tener la facilidad de encontrar un empleo decente en EE.UU., el matrimonio, las obligaciones familiares y la adhesión a la tradición islámica hacen que regresen los dos a Irán y no le permite que Leila realice el sueño americano.

En A Handbook to Luck Cristina García sugiere a los lectores que la experiencia inmigratoria no sigue ningún patrón preestablecido. Como Eckstein (2006), Garcia nos muestra mediante los tres protagonistas que no existe una única forma de aculturación, asimilación o mantenimiento de las raíces de una persona. Las experiencias personales son distintas, y a veces el trabajo arduo y la vida correcta no significan la garantía de la estabilidad socio-económica, la comodidad o la felicidad en general. La vida es una jornada curiosa de destinos y oportunidades, que nos pasan a nosotros y con nosotros, cuyos procesos y fines resultan imposibles de predecir o planear, y lo mejor que podemos hacer es contar con la buena suerte y tener el coraje para seguir adelante.

 

Notas

[1] Traducción libre de “Enrique was suspicious of facts. As far as he could tell, nobody could be sure of anything except numbers, or something you could hold in your own two hands.” (11)

[2] Traducción libre de “Last week Enrique had come across a library book called The Odds. In it, the probabilities of even the most seemingly random events were mathematically calculated. The odds of dying in a taxi cab, of being born a quintuplet, or with only one kidney or a sixth finger. Everything could be relatively predicted.” (16)

[3] Traducción libre de “Papi’s delusions were crushing him, crushing them both. Yet his delusions were so much like faith it seemed cruel to take them away. How long was he supposed to keep his father afloat, anyway? What would happen if he just left Vegas? Wouldn’t Papi have to figure things out by himself?” (67)

[4] Traducción libre de “What chance did he really have?” (67)

[5] Traducción libre de “Leila offered him the only reason Enrique understood: She couldn’t bear to disappoint her family.” (153)

[6] Traducción libre de “If it weren’t for Papi, Enrique thought miserably, he would’ve graduated from MIT by now, landed some big consulting job, been set up in a nice apartment in Boston or New York. Why couldn’t he disavow his father long enough to get away for good? But thinking this only made him feel guilty.” (152)

[7] Traducción libre de “Now that she wasn’t in school, she would have to learn everything by herself. Like why canaries sang and other birds didn’t and they could all talk to each other. Or why her step-father hit Mamá so hard that she had to buy face powder on credit to cover the bruises.” (21)

[8] Traducción libre de “…La Virgen will take pity on her and bless her with a baby.” (145)

[9] Traducción libre de “In Los Angeles it was possible to become someone other than who you started out to be. You could go from poor to rich and back again, learn another language, accustom your tongue to different spices. You could buy steak for eighty-nine cents a pound. This couldn’t have happened back home." (146)

[10] Traducción libre de “…but La Virgen intervened. In her final moments of labor, Tía Mathilde prayed loud enough for the midwife to hear: “Virgencita, forgive me for breaking my promise to Marta, but I can’t give her this child.” After a long silence, the midwife whispered, “I’m very sorry, but he didn’t make it. He stopped breathing.” Tía Mathilde quickly crossed herself and took back her words. Then the boy miraculously opened his mouth, swallowed a gulp of air, and howled to high Heaven… What proof did Marta need that José Antonio was meant for her?” (220)

[11] Traducción libre de “Marta felt sorry for the women who expended all their emotions on their husbands and lovers. Men came and went-this was the law of the universe-but children were forever.” (238)

[12] Traducción libre de “Go check on your brother,” Maman ordered. “Worthless girl, he’s overdue for his injection. What would he do if I didn’t remind you?” (36).

[13] Traducción libre de: “There would be an interesting young man at Aunt Parvin’s party tonight, a physics student from the States who was home for the winter break. He was an identical twin, Maman said, a lucky trait.” (84)

[14] Traducción libre de “Sometimes Leila thought that the real choice hadn’t been between Sadegh and Enrique but between pleasing her mother and pleasing herself.” (161)

[15] Traducción libre de: “Do you think I’m stupid, Leila? A fool, with no eyes in my head?” It was her own fault for losing weight and getting those beauty treatments. Her husband knew she wasn’t looking this good for him. (244)

[16] Traducción libre de “Just then everything happened so fast that he couldn’t have related it with any coherence. In retrospect, every piece of the sequence might have been anticipated, recognized for its importance, for where it could lead. Accidents didn’t happen all at once. He had to believe that. What could be more predictable than a barbecue on the Fourth of July?” (251)

[17] Traducción libre de “In life there was a before and an after, Enrique believed, a gap between what you wanted and what you got, between what you planned and what actually happened…there was no convincing “why” to anything, no answers, just good luck or bad tilting life one way or another. Enrique didn’t put faith in odds, or statistics, or reason anymore. Some things just couldn’t be outrun. Odds might be calculated, inattention focused, reasoning torn apart. But luck, he thought, luck was something else entirely.” (252)

[18] Traducción libre de “…set of tenets about achieving success…the enduring notion that even those who are poor and have limited skills can succeed.” (4)

[19] Traducción libre de “During their first few months in Los Angeles, Papi had kept a suitcase packed just in case they needed to return to Cuba in a hurry. He listened to the Spanish-language radio stations and played boleros every night before bed. He read El Diario for any news of El Comandante’s fall and kept their clocks three hours ahead, on Havana time. After a while they grew accustomed to waiting.” (7)

[20] Traducción libre de “How much will they pay you?” / “The details will be worked out in due time, my little accountant. Haven’t I taught you that a magician may disregard fortune, but never opportunity?” (15)

[21] Traducción libre de “She earned a good salary, ten dollars an hour, and with that she was able to do what she wanted and still send money back to El Salvador.” (219)

[22] Traducción libre de “She had nearly a thousand dollars saved for Evaristo’s passage. She would need another thousand for a first-rate coyote…Frankie reached into his pocket and pulled out a canvas wallet. He counted out ten one-hundred dollar bills and slid them to Marta’s side of the table. She stared at the money. Why was he giving this to her? “To help with your brother.” (110)

[23] Traducción libre de “After Frankie left for work, she climbed into the brand-new van he’d given her for Valentine’s Day. It was light blue and had air-conditioning and bucket seats.” (143)

[24] Traducción libre de “Last March she and Frankie had moved into their house. It was an old craftsman, built in the 1920s, and falling apart. There was a hole in the roof and the floorboards were rotting but Frankie bargained it down to a good price. They decided to fix it up little by little.” (145)

[25] Traducción libre de “That same afternoon he took her to City Hall and they got married, just like that. (Frankie surprised her with a new dishwasher from Sears as a wedding present, too).” (218)

[26] Traducción libre de “Sadegh had been tempted to stay in Tehran-everyone treated him like a big shot-but the scientists he knew urged him to seize the opportunity to learn everything he could then return to Iran and share it with them.” (162)

[27] Traducción libre de “There was something deeply satisfying about the order and logic of the work.” (163)

[28] Traducción libre de “An American-trained nuclear physicist like Sadegh was in great demand in Iran. This is why he decided to stay after his brother’s funeral. Everybody kissed his feet, especially once he began reporting directly to the head of the Nuclear Energy Commission. Sadegh basked in the attention and special privileges. For all the talk of freedom, he’s felt imprisoned in America. Here he could be a real man again.” (183)

[29] Traducción libre de “Leila missed Los Angeles, missed the particular gray of the Pacific, the seabirds plunging into the waves at dusk, her weekly scuba diving trips. Mostly she missed the sense of possibility, of one day being different from the next. Why had she given up her freedom to marry Sadegh?” (183)

[30] Traducción libre de “Often she fantasized about returning to California. She wanted to scuba dive again, finish her degree. But what sort of life would be possible? To support herself she would need to work twelve hours a day. More and more, she wondered about Enrique. Was he married? Did he have children? Was he still in Vegas playing poker? Tomorrow, Leila decided, she would write him a letter and find out.” (187)

 

Referencias

Clark, William A.V. 2003. Immigrants and the American. Dream: Remaking the Middle Class. The Guilford Press: New York, NY.

Daniels, Roger. 1990. Comino to America: A History of Immigration and Ethnicity in American Life. Visual Educational Corporation: New York, NY.

Garcia, Cristina. 2007. A Handbook to Luck. Knopf Publishing Group: New York, NY.

Hochschild, Jennifer L. 1995. Facing up to the American Dream. Race, Class, and the Soul of A Nation. Princeton University Press: Princeton, NJ.

Eckstein, Susan. "Cuban emigrés and the American Dream",

McDonnel, Lorraine and Hill, Paul T. 1993. Newcomers in American Schools: Meeting the Educational Needs of Immigrant Youth. Rand: Santa Monica, CA.

Suárez-Orozco, Marcelo and Suárez-Orozco, Carola. 1995. Transformations: Immigration, Family Life and Achievement Motivation among Latino Adolescents. Stanford University Press: Stanford, CA.

 

Lisa C. Wagner (Ph.D, The Ohio State University) is an Associate Professor of Spanish and Linguistics at the University of Louisville. She regularly teaches Intro. to Hispanic Linguistics, Spanish Phonetics and Diction, and Sociolinguistics, as well as courses in Spanish conversation and composition. Her research areas include: Sociopragmatics, Discourse Analysis, Popular Culture and Applied Linguistics. Recent publications include articles in Hispania, the International Journal of Applied Linguistics, a chapter in Us and Others, edited by Anna Duszak, published by John Benjamins, and a co-edited volume (with Manuel F. Medina) of the International Communication Studies Journal.

André Zampaulo (MA, University of Louisville) is a Graduate Teaching Assistant in Spanish at the University of Louisville. He teaches courses in Spanish Language. His research interests include: Spanish phonetics and phonology, Hispanic Linguistics, Dialectology and Translation / Interpretation.

 

© Lisa Wagner y André Zampaulo 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero42/handluck.html