"Es una historia que necesitaba contar"

Entrevista con Juan Carlos Méndez Guédez

Patricia Valladares-Ruiz

Profesora de literaturas caribeñas
University of Cincinnati


 

   
Localice en este documento

 

A veces sueño que un ojo gigante me mira, un ojo insomne, gélido, como el ojo absurdo de los peces encerrados en una pecera.
J.C.M.G.

Juan Carlos Méndez Guédez (Barquisimeto, 1967) es una de las voces más nítidas y celebradas de la narrativa venezolana de la última década. Su recorrido vital y literario ha estado en constante mutación. Actualmente, Méndez Guédez nutre el creciente corpus literario de la llamada “literatura inmigrante” en España, donde actualmente reside. Entre sus libros, Hasta luego, míster Salinger, Una tarde con campanas y El libro de Esther dan buena cuenta de ese mestizaje rítmico y elegante que sugieren sus vaivenes de uno y otro lado del Atlántico. Las siguientes líneas fueron recogidas en su casa de Madrid.

 

La casa que me esperaba

¿Cómo fue su proceso de adaptación a su llegada a España?

Rápido y cada vez más intenso. Es como si aquí hubiese estado siempre una casa que me esperaba, unos amigos que pedían cervezas para mí porque aunque no me conociesen sabían que en cualquier momento de la noche me sentaría a reír con ellos.

¿Por qué no regresó a Venezuela?

Soy feliz en una ciudad donde la gente queda para cenar a las once de la noche, y en la que sólo ves militares en los desfiles del 12 de octubre. Una ciudad así merece la pena. Pero mejor no digamos nunca, digamos que sigo aquí y que todavía no he regresado.

¿Cómo ha afectado la distancia su visión de Venezuela?

Lo primero que hago cada mañana es mirar los periódicos venezolanos; en la noche es posible que haya soñado que estoy en Caracas o en Barquisimeto; por eso no creo que me encuentre distante. Vivo en una imaginación que me conecta con Venezuela y con España como si fuesen una continuidad, una calle de distintos colores.

¿Hay algo que todavía eche de menos de Venezuela?

De Venezuela extraño los diminutivos, los abrazos y los besos que nos damos diariamente y a cada minuto. Aquí son afectuosos, pero hasta que comprenden tus costumbres piensan que eres un obseso sexual.

¿Cómo ha afectado la experiencia migratoria su vida y su oficio?

Dije en alguna ocasión que todos deberíamos ser extranjeros alguna vez en la vida porque seríamos mejores personas.

Yo quizás no soy mejor, pero soy diferente al que se bajó de un avión en Madrid en 1996. Viajar te reconcilia con la flexibilidad; con la mutación; con la posibilidad de ser uno y muchos.

Tanto Venezuela como España son países marcados por la experiencia migratoria. Sin embargo, resulta cuando menos curioso que la emigración masiva de venezolanos y las avalanchas de inmigrantes en España no hayan motivado más textos literarios en ambos países. ¿Cómo podría explicar este cierto desinterés?

Hay autores que en mayor o menor medida han hablado de la emigración, incluso de manera específica de la emigración española a Venezuela: pienso en José Manuel Castañón; en León Barreto; en Juan Pedro Castañeda; en Manuel Rivas. Pero sí es cierto que el conjunto de obras literarias podría ser más amplio.

Creo que se trata de un tema doloroso. La memoria selectiva de la España actual le impide imaginar lo que significó ese momento cuando a sus ciudadanos los fumigaban para dejarlos entrar a otros países europeos.

Por otro lado, en el caso venezolano es ahora cuando está ocurriendo la emigración masiva de quienes desean vivir un aire más limpio y menos crispado. Creo que ya vendrán esas obras, incluso, como dijo alguna vez Milagros Socorro, veremos algunas de esas obras escritas en otros idiomas.

En Una tarde con campanas usted propone un acercamiento al fenómeno de la inmigración. ¿De dónde surge esta motivación?

Es una historia que necesitaba contar. Algo que veían y contemplaban mis ojos y que no pude dejar de escribir. Me pareció que de nuevo se escenificaba mi vida de infancia: sólo que ahora los niños asustados que llegaban a un colegio extraño no eran gallegos, canarios, italianos o portugueses que comenzaban a vivir en Caracas, sino que eran venezolanos, colombianos, ecuatorianos o peruanos que empezaban una nueva vida en Madrid.

Me gustó mucho escribir ese libro. Se trataba de armar a un mismo tiempo una historia dolorosa y celebratoria. Un niño que al llegar a España piensa que el otoño es una enfermedad que afecta a los árboles y a las personas, pero que luego también reconoce aquí la amistad y el esplendor de la infancia.

El tema de la inmigración fue uno de los puntos más álgidos en las pasadas elecciones generales y, sin duda, continúa siendo una de las mayores preocupaciones del gobierno español y de la Unión Europea. ¿Sigue habiendo un lugar para los inmigrantes en España?

Venezuela fue un mejor país gracias a los miles y miles de españoles que vivieron entre nosotros. Espero que España comprenda eso, y que terminen por desinflarse esos discursos étnicos que desde la izquierda y la derecha están intentando limitar el espacio digno que merecen quienes aquí trabajan, pagan impuestos, y generan riqueza cultural y económica.

Yo en lo personal sigo subrayando que este es un lugar generoso, receptivo. La España que yo vivo mañana a mañana es mucho mejor que la que leo en los discursos políticos de los periódicos.

 

Si triunfas, te vuelves García Márquez

Sus trabajos han despertado mucho interés en la crítica española y han gozado de una excelente recepción. ¿Por qué cree que las editoriales, distribuidores, libreros y críticos venezolanos no se han interesado lo suficiente en sus trabajos?

El actor Ricardo Darín dijo alguna vez que pudo ser un resentido y que prefirió ser un agradecido. Comparto esa idea. No me gusta quejarme. Estoy lleno de agradecimiento por los lectores, por los críticos y los editores que en Venezuela alguna vez se han tomado el trabajo de leerme. Cuando voy a Venezuela es cierto que las personas me dicen que cuesta conseguir mis libros, pero yo valoro mucho el esfuerzo que hacen por acceder a mis novelas, lo entusiasmado de sus comentarios, las anécdotas que les han ocurrido en relación con mis historias.

¿Qué efecto han tenido los años de crítica y análisis literario durante sus estudios doctorales en su oficio de escritor?

Tal vez ninguno.

¿Qué se necesita para triunfar como escritor en Venezuela?

Un escritor, cualquier escritor, piensa siempre que ha fracasado. Por eso escribe nuevos libros, para seguir fracasando con la mayor dignidad posible. Si triunfas te vuelves García Márquez, comienzas a escribir peor y a tener amistades siniestras.

En su caso, ¿sería posible vivir de la literatura en Venezuela? ¿Y en España?

En Venezuela supongo que no. En España me alcanza para pagarme bocadillos de lomo con queso, cigarrillos y un par de cañas.

¿Qué opina de movimientos literarios como la “generación McOndo” o la “generación Crack? ¿Cuán beneficiosos y oportunos pueden resultar en la actualidad los manifiestos literarios?

Me atrae mucho la escritura de algunos autores de esos grupos. Alberto Fuguet; Jorge Volpi; Sergio Gómez. Eso es lo verdaderamente importante. Como conjunto, creo que Mc Condo y el Crack fueron eficaces instrumentos de promoción literaria, así que cumplieron el cometido para el que fueron diseñados.

Ud. ha mencionado a Manuel Puig y a Alfredo Bryce Echenique como algunas de sus principales influencias literarias. ¿Ha heredado de Puig y Bryce el recurso del humor en su producción literaria? ¿Se puede decir lo mismo de la presencia de la ternura en sus trabajos?

Yo experimento la existencia como existencia en sí misma pero también como literatura. Me gusta mezclar ambas cosas: no sólo la vida viaja hacia los libros, sino que los libros viajan hacia la vida.

Claro que Bryce y Puig han tenido influencia en mi trabajo, pero en parte es porque en mi propia existencia son fundamentales la risa, la ternura, la amistad, la sensibilidad excesiva, chillona y cándida de las canciones de la radio, de las telenovelas, de las serenatas, de las películas de charros. Y eso de alguna manera está en Bryce, en Puig.

Me gusta pensar que la vida es un grupo de gente con corbatas y palabras altisonantes, dándose codazos, empujándose, lanzándose dentelladas para salvar el mundo, para triunfar o ganar mucho dinero. Y que yo estoy en un rincón tranquilo, con gente querida, llorando y riendo con ellos, sin prestar demasiada atención a los señores encorbatados.

¿A qué cree que se deba que la literatura venezolana no goce de la proyección internacional de otras literaturas latinoamericanas?

La proyección cada vez es mayor. Ahora lo que hace falta es saber que la literatura no es como los juegos olímpicos. No competimos por ganar medallas de oro por equipos.

Yo leo con gran placer al boliviano Edmundo Paz Soldán. Creo que el rigor de su escritura no disminuye porque se desconozca la existencia de un “dream team” boliviano de la novela.

¿Cuál es su opinión acerca de la literatura venezolana del nuevo milenio?

La literatura venezolana actual tiene presencias muy interesantes. Leí hace poco a Rodrigo Blanco Calderón, a Salvador Fleján, a Enza García, a Doménico Chiappe... allí hay mucha calidad. Del mismo modo en que esa calidad ya era evidente en autores como Rubi Guerra o Silda Cordoliani o Juan Carlos Chirinos. Quizás en esa lista puede estar lo singular de la literatura venezolana de este momento. Ahora existe una literatura realizada dentro del país y una que pertenece a la diáspora.

Espero que los lectores venezolanos conozcan una y otra, y descubran que hay gente que habla de lo que a ellos les importa, les duele, les hace reír.

 

No hay nada cómo ver a un sargento gritón quedarse mudo y humillado

No pasa un día sin que aparezca una noticia relacionada con Chávez en la prensa española. ¿Qué impacto tuvo en su entorno el “por qué no te callas”?

Compartimos muchas y dolorosas risas. No hay nada cómo ver a un sargento gritón quedarse mudo y humillado. Si no supiéramos que se trata de un invencible estratega militar, de un guerrero heroico que desconoce el miedo como demostró en esas valientes acciones del Museo Militar, o aquel abril en Miraflores, pensaríamos que cuando le alzan la voz se pone a temblar.

En varias ocasiones se ha mostrado abiertamente crítico al actual gobierno venezolano. ¿No teme que le pasen la factura?

La factura verdaderamente grave es la que le pasaron a quienes perdieron sus trabajos, a quienes fueron golpeados, arrestados, asesinados.

Tener opiniones críticas significa desaparecer del circuito cultural controlado por el gobierno. Pero en esa situación se encuentran centenares de artistas que no quieren besar las botas del régimen.

No me produce temor, porque no es tan grave desaparecer de la mente de personajillos oscuros.

¿Cómo afecta la situación nacional de Venezuela el trabajo intelectual y creativo?

Me parece significativo lo que alguna vez dijo Blanco Fombona al comentar que su odio al tirano Gómez le hizo daño a su escritura.

Lo mejor es que un tiranucho jamás perturbe lo que somos cuando estamos frente a la computadora.

¿Cree usted que las nuevas políticas culturales de Venezuela incentivan la creación literaria?

El verdadero escritor no debe esperar que las políticas culturales lo motiven. Pero quizás a Isaías Rodríguez, a Farruquito Sesto y a Jorgito Rodríguez sus nuevos trabajos los han motivado mucho. Se les ve muy felices y prósperos.

¿Si tuviera que recomendarle a sus amigos españoles una pequeña lista de libros de autores(as) venezolanos(as), cuáles serían?

Les hablaría en principio de algunos de mis “clásicos”: Ifigenia de Teresa de la Parra, Percusión de José Balza, Piedra de Mar de Francisco Massiani, Los platos del diablo de Eduardo Liendo, Elena y los elementos de Sánchez Peláez y Terredad de Eugenio Montejo.

Finalmente, ¿en qué está trabajando en estos momentos?

Trabajo en una antología de mis cuentos que en el 2009 publicará en Venezuela Ediciones B. Se titula: La Bicicleta de Bruno y otros cuentos. Habrá allí una selección de mis relatos desde los años noventa hasta hoy. Me alegra mucho este proyecto porque es una manera de reencontrarme con los lectores venezolanos, recuperando libros míos que ya no existen como Historias del edificio, o La ciudad de arena, y agrupando relatos que aparecieron en antologías o periódicos españoles con relatos totalmente inéditos.

 

Bibliografía:

Hasta luego, míster Salinger (Madrid: Páginas de Espuma, 2004).

Una tarde con campanas (Madrid: Alianza Editorial, 2004).

Tan nítido en el recuerdo (Madrid: Lengua de trapo, 2001).

Árbol de Luna (Madrid: Lengua de Trapo, 2000).

El libro de Esther (Madrid: Lengua de Trapo, 1999).

Retrato de Abel con isla volcánica al fondo (Caracas: Troya, 1997; Santa Cruz de Tenerife: La calle de la costa, 1998)

La ciudad de arena y algunas historias del edificio (Ayuntamiento de Cádiz, 1999).

 

© Patricia Valladares-Ruiz 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero42/jcmendez.html