La lengua de La colmena

Maria Rosaria Pennisi

Facultad de Lingue e Letterature Straniere de Catania /
Instituto de Instrucción Secundaria Estatal Pietro Branchina de Adrano (CT)


 

   
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Resumen: Este trabajo analiza las principales características de una serie de unidades fraseológicas del español a través de un texto narrativo, y algunos problemas en su traducción a italiano. El texto en cuestión es La Colmena de Camilo José Cela, perfecto ejemplo de novela donde aparecen diferentes registros lingüísticos. En efecto el autor, con un estilo aparentemente espontáneo que en realidad esconde un cuidadoso trabajo de perfeccionamiento, subraya estos diferentes niveles gracias al uso de unidades fraseológicas que aportan mayor expresividad a la lengua.
Palabras clave: Camilo José Cela, niveles lingüísticos, La colmena

 

Abstract: This work analyses the main characteristics of a series of phraseological unities of the Spanish language through a narrative text, and some problems in their traslation into Italian. The text we are going to analyse is La Colmena by Camilo José Cela, a perfect example of novel where different linguistic registers appear. In fact the author, with an outward spontaneous style that actually hides a meticulous work of perfection, stresses these different levels thanks to the use of phraseological unities that bring more expressiveness to the language.
Key-words: Camilo José Cela, linguistic levels, La colmena

El objeto de este trabajo es aproximarnos a algunas de las características de las unidades fraseológicas del español, así como a cuestiones relacionadas con su traducción al italiano.

U. Eco ya habla de traducción como “negociación” [1] paso importante en la tarea de la traducción; Newmark [2] con su teoría del equivalence effect, venía a subrayar la misma idea. La traducción de las unidades fraseológicas, por tanto, requiere un proceso de negociación entre los elementos de la comunicación.

El estudio de las UFS es relativamente reciente, todos los estudios que se han dedicado a esta parcela de la lengua reconocen la complejidad del tema y hablan de dificultades en la terminología, tratando de solucionar no sólo los problemas de su definición y delimitación entre expresión idiomática, metáforas, locuciones, frases hechas o refranes. En este sentido el término modismo es definido en el DRAE como “expresión fija, privativa de una lengua, cuyo significado no se deduce de las palabras que la forman”.

Por citar algunas de las definiciones más recientes hacemos referencia a la de Buitrago Jiménez [3], para quien el modismo es “una expresión fija de la lengua, cuyo significado no se puede deducir interpretando las palabras que la forman”.

Es también una expresión fija el refrán, y su uso constituye una acción espontánea, puesto que nace de una asociación mental involuntaria e inmediata. Si se sustituyen las largas construcciones lógicas por un refrán, más concreto y sintético, se potencia la economía lingüística y se favorece la memorización del mensaje.

Campos & Barella [4], subrayan el concepto de literariedad:

El refrán lleva siempre visibles huellas de una elaboración estudiada y artificiosa, que aprovecha recursos tan varios como el metro, la rima, la aliteración, el paralelismo, la similicadencia, el dialogismo y toda clase de figuras de dicción y licencias, sin excluir la deformación intencional de las palabras, ni la dislocación de la sintaxis .

Deducimos de estas definiciones que el refrán se puede reconocer fácilmente, en cambio la expresión idiomática a veces se confunde en el enunciado.

No hay que olvidar la frase hecha o proverbial, o sea: “ La que es de uso común y expresa una sentencia a modo de proverbio” según nos introduce el DRAE.

Las UFS son un punto de encuentro entre la lengua y la cultura de un pueblo, ya que en éstas los hablantes proyectan hechos históricos, religión, mitos, moral y sabiduría. A través del estudio sobre las UFS se puede entender mejor la cultura tradicional de un país. Los españoles utilizan las UFS no sólo en los textos coloquiales o en los diálogos informales, sino también en textos escritos y formales, como artículos periodísticos, políticos, obras literarias, esto sucede porque el castellano nace de una matriz popular, la de las diferentes lenguas españolas, protagonistas de un largo proceso de evolución.

No hay clase social que no utilice expresiones idiomáticas, se prefiere “hablar por imágenes” haciendo referencia a situaciones concretas.

Eco [5] afirma que “cada traducción presenta unas márgenes de infidelidad”, ya que traducir significa dar “ la equivalencia de significado” [6], y ya que no siempre dicha equivalencia existe, se concluye que el proceso de traducción no siempre es posible.

La teoría de Eco pone de relieve el aspecto más interesante de la traducción: no hay que traducir mecánicamente palabras o enunciados de una lengua a otra, sino encontrar soluciones equivalentes que respeten el significado del texto original.

Es muy interesante observar cómo los textos narrativos contienen un número abundante de expresiones de uso popular y, en particular, cómo algunas obras literarias expresan mejor que otras lo cotidiano, como la obra de Camilo José Cela, La Colmena.

El autor en esta novela, sin eufemismos y a través de doscientos personajes, hace una crónica explícita y aparentemente objetiva del Madrid de posguerra pasando por la desesperanza, la pobreza, el miedo y el aburrimiento. Todo ello es retratado por el autor tal y como lo viven los personajes, siendo lo cotidiano, lo anodino y lo vulgar la materia poética que el lector descubre tras la cortina de la sencillez. El mismo autor explicaba que para retratar a todos aquellos personajes bastaba con observar porque “ en cada mesa había una novela”. El autor intenta reflejar con el máximo verismo la realidad social de la época adoptando un punto de vista objetivo pero, como es lógico, tuvo que realizar una selección dentro de ese inmenso conjunto. La historia se basa en un espacio novelesco no muy amplio pero con bastantes personajes que intervienen en el transcurso de la obra. Entre todos, los que predominan son los de la clase media baja, la pequeña burguesía venida a menos, es decir gente con una situación económica inestable, que tiene un futuro incierto pues su vida es una “mañana eternamente repetida”. El estilo de La Colmena presenta una apariencia de espontaneidad que esconde un cuidadoso trabajo de perfeccionamiento. La prosa contiene efectos rítmicos, paralelismos y repeticiones. Predomina el tono entrecortado, brusco y directo, pero a veces se abre paso la alternancia en el tipo de discurso, y llama la atención del lector la utilización de diferentes niveles de lengua.

Es este aspecto el que quiero subrayar, o sea el de la lengua, una lengua enriquecida por el autor gracias al uso de varias estrategias presentes en la conversación, donde predominan la expresividad y la espontaneidad. El objetivo de Cela es precisamente el de describir una realidad social caracterizada por una manera de hablar concreta y directa. Elige por ellos UFS que aporten una mayor expresividad a la lengua, y a lo largo de toda la novela podemos encontrar también otros recursos de la lengua hablada [7] en su registro informal. Desde un punto de vista pragmático, su función es la de intensificar para referirse a la cualidad o a la cantidad. Estas expresiones abundan en la lengua popular y coloquial como en el caso de “ la mar de..” [8] que expresa cantidad. Pues su función intensificadora se halla estrechamente relacionada con su papel sintáctico, puesto que constituyen herramientas para destacar la cualidad o la cantidad.

En la novela los diálogos suelen constituir un texto independiente, como ocurre en el lenguaje oral directo, y constituyen, a su vez, una parte de un texto más amplio que explica la situación previa y la subsiguiente al diálogo a la vez que lo envuelve y lo retransmite [9]. Efectivamente, en la conversación se pasa de un tema a otro, se dejan a veces los temas incompletos, se repiten o se recrean intermitentemente, e incluso pueden suplirse los índices de cohesión mediante signos no verbales: el tono de voz puede indicar el paso de un personaje a otro; un gesto o un movimento pueden señalar relaciones que se han omitido verbalmente. El diálogo, en cambio, como texto más formalizado en sus turnos, observa con más rigor las normas de coherencia, pues representa un texto ordenado y progresivo.

El discurso literario dialogado resulta ser una expresión muy compleja porque suma a la interpretación lingüística y pragmática, la literaria en su codificación, en su uso y en su tradición, y la posibilidad de realizarse en contra de esas mismas interpretaciones. Por eso, sólo el análisis de las relaciones textuales pragmáticas, lingüísticas y literarias podrá poner de manifiesto el sentido que adquiere un diálogo determinado.

Así, en La Colmena, se produce un diálogo en el que, aparte de rasgos generales orales (transcripción gráfica de la entonación y de las pausas, por ejemplo), el discurso directo manifiesta en el enunciado la presencia de rasgos generales orales (transcripción gráfica de la entonación y de las pausas, uso de formas apelativas, etc.); el discurso directo manifiesta en el enunciado la presencia de rasgos conversacionales propios de la comunicación infantil. Algunos de ellos son específicamente lingüísticos (son frecuentes diminutivos como mami, hijito,etc.) [10] y otros son de naturaleza pragmática. Ello genera un contraste entre lo efectivamente enunciado y lo interpretado en el plano superior de la enunciación, que es el relato; de ahí surge la significación irónica del fragmento. La imitación dialogal de la oralidad se pone al servicio de la ironía narrativa; el discurso directo desempeña una función narrativa que no consiste sólo, ni principalmente, en la representación objetiva de la realidad, sino en la interpretación del modo de ser del personaje. Ello es posible no sólo por la coherencia interna del diálogo, en el que los actantes adoptan un tipo de discurso que no conviene a su realidad sustancial (madre e hijo adulto) sino a aquella que surge en virtud de la complicidad que el narrador establece con el lector en el plano superior de la enunciación, que es el del relato, y que permite a éste trasladar en clave de ironía maliciosa la transcripción discursiva citada anteriormente.

El texto es una completa paráfrasis de una enunciación en la que no quedan testimonios de la oralidad, el autor-enunciador absorbe las voces de los elocutores, sin embargo algunas veces como, el discurso directo está más cerca de la lengua oral, porque el narrador utiliza un vocabulario y una fraseología que no le corresponden a él sino a sus personajes.

La conversación coloquial es particularmente afectiva o sea que refleja el afán del hablante por influir de un modo persuasivo sobre el interlocutor procurando interesarle, [11] y enfática, si bien dichas marcas no son suficientes para explicar y establecer una tipología de intensificadores en español, puesto que se trata de conceptos difícilmente reducibles a tipos. El intensificador refuerza la verdad de lo expresado y cualquier categoría léxica puede verse afectada por la intensificación.

Entre las intensificaciones encontradas a lo largo de la novela, podemos distinguir las que utilizan la repetición como refuerzo fraseológico, como en el caso de “A rey muerto, rey puesto” [12], expresiones de cambio en “ Se pone colorada” [13], “Se puso de mala uva” [14], expresiones que subrayan la cualidad en “ Hay que tener riñones” [15], la personalización del yo que realza su presencia y eleva su imagen en “ Yo no tengo pelos en la lengua” [16] o el empleo de modos de expresión consecutivos en “Estoy que no me llega la camisa al cuerpo” [17].

Sin embargo, lo que de verdad llama la atención del lector son las continuas referencias a las características físicas de los personajes, como en “Hay que tener riñones” [18], “Se nos suban a las barbas” [19], “No hay Dios que os quite el pelo de la mesa” [20], “Yo no tengo pelos en la lengua” [21], “No quiero que me tomen el pelo” [22], “No tiene pelo de tonto” [23], “Tengo quien me mire a la cara” [24], “Llevaba la boquita hecha agua” [25], “Estoy que no me llega la camisa al cuerpo” [26], “La cara sigue siendo el espejo del alma” [27], “Hay que tener mucha cara” [28], “Está ya con la mosca en la oreja” [29], “Pondría una mano en el fuego” [30]. Cabe señalar también refranes como “De pascua a ramos” [31], “Le había puesto las peras a cuarto” [32], “A lo hecho, pecho, y agua pasada no corre molino” [33], “No hay mal que cien años dure” [34], “Se pueden pescar truchas a bragas enjutas” [35], “Está ya con la mosca en la oreja” [36], “En perro flaco todas son pulgas” [37], “No por mucho madrugar se amanece más temprano” [38] etc.y de términos como “Pues”, “hombre”, “bueno”, “anda”, “vamos”, “vaya”, “claro”, “caray”, “leñe”, “caramba”, etc. que repetidos, enriquecen la novela y la acercan a la conversación cotidiana.

Este uso en efecto hace más espontáneo el diálogo entre los personajes de la novela y, de esta manera, el lector se acerca al contexto de la obra puesto que la conversación diaria usa y abusa de recursos como la intensificación, y de los que pueden considerarse propios, dada su escasa recurrencia en otros registros.

Es cierto, no obstante, que la mayor frecuencia y, sobre todo, algunos modos de expresión se vinculan a variables sociólogicas y, sobre todo, al contexto comunicativo o situación en que se usa el registro. Sin duda, la relación de igualdad y la relación vivencial de proximidad entre los participantes permiten la intensificación, incluso cuando parece que con ella se invade o se atenta contra el interlocutor, sin que por ello haya que hablar de descortesía.

Algunas veces el personaje pretende mediante tales maximizadores transmitir a su interlocutor de forma vehemente sus sentimientos, ese yo, en ocasiones sin más intención que la de impresionar o provocar un mayor interés en la negociación que se lleva a cabo, o la de objetivar lo enunciado, a pesar de que el recurso nada tenga de objetivo. En otras ocasiones implica de algún modo a su interlocutor, intentando influir de una manera persuasiva en éste. Le impone su yo, su actitud, su impulso volitivo.

En suma, los intensificadores son realces pragmáticos, estratégicos, que refuerzan el decir o lo dicho, a la vez que dialógicamente manifiestan de forma intensa el acuerdo o el desacuerdo, ya sea en el plano local, es decir en algunas de las intervenciones o intercambios, ya sea en el plano global de la conversación.

 

Notas:

[1] ECO U. (2003), Dire quasi la stessa cosa. Esperienze di traduzione, Milano: Bompiani, págs. 10-40

[2] NEWMARK P. (1988), A textbook of translation,New York: Prentice-Hall, págs.12-48

[3 BUITRAGO JIMÉNEZ A. (2002), Introducción en Diccionario de dichos y frases hechas, 7°a ed., Madrid: Espasa Calpe, págs. 9-10

[4 CAMPOS J. G. & BARELLA A. (1975), Advertencia en Diccionario de refranes, Madrid: Aguirre, pág. 8

[5] ECO U. (2003), Dire quasi la stessa cosa. Esperienze di traduzione, Milano: Bompiani, pág. 17

[6] Ibidem, pág.26

[7] RUIZ GURILLO L. (1997), Las locuciones elativas en el registro coloquial. En BRIZ, A.; J. R., pág. 369

[8] CELA, C. J. (1986), La colmena, Barcelona-Madrid: Noguer, pág. 271

[9] BOBES NAVES, M. (1993), El diálogo, estudio pragmático, lingüístico y literario, 1993 Madrid:Gredos, pág. 88

[10] BUSTOS TOVAR, J. J., (1996), La imbricación de la oralidad en la escritura como técnica del discurso narrativo en El español hablado y la cultura oral en España e Hispanoamérica / coord. por Thomas Kotschi, Wulf Oesterreicher, Klaus Zimmermann, 1996, págs. 359-374

[11] RUIZ GURILLO L. (1997), Las locuciones elativas en el registro coloquial. En BRIZ, A.; J. R., pág. 241

[12] CELA, C. J. (1986), La colmena, Barcelona-Madrid: Noguer, pág. 241

[13] Ibidem, pág.179

[14] Ibidem, pág.293

[15] Ibidem, pág.116

[16] Ibidem, pág.131

[17] Ibidem, pág.202

[18] Ibidem, pág.116

[19] Ibidem, pág.123

[20] Ibidem, pág.124

[21] Ibidem, pág.131

[22] Ibidem, pág.173

[23] Ibidem, pág.176

[24] Ibidem, pág.188

[25] Ibidem, pág.201

[26] Ibidem, pág.202

[27] Ibidem, pág.202

[28] Ibidem, pág.346

[29] Ibidem, pág.354

[30] Ibidem, pág.384

[31] Ibidem, pág.121

[32] Ibidem, pág. 215

[33] Ibidem, pág. 311

[34] Ibidem, pág.337

[35] Ibidem, pág.345

[36] Ibidem, pág.354

[37] Ibidem, pág.381

[38] Ibidem, pág.388

 

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Maria Rosaria Pennisi. Licenciada en Lingue e Letterature Straniere por la Universidad de Catania, profesora de la Enseñanza Secundaria desde 1999/2000; actualmente imparto clases en el Instituto Técnico de Instrucción Secundaria Estatal Pietro Branchina de Adrano (CT) y docente de Lengua Española y Traducción en la Facultad de Lingue e Letterature Straniere de la Universidad de Catania desde 2006/2007, docente del Curso SISSIS para profesores de enseñanza media y superior. (Curso de Aptitud Pedagógica). Actualmente mis intereses en el campo de la investigación van de los problemas de traducción a la didáctica del español para italófonos.

 

© Maria Rosaria Pennisi 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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