La búsqueda de una identidad híbrida
en el “El espejo de Lida Sal”, de Miguel Ángel Asturias

Natalia Biancotto

Universidad Nacional de Rosario (Argentina)
nbiancotto@hotmail.com


 

   
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Resumen: Este trabajo presenta un recorrido a través de la lectura del relato “El Espejo de Lida Sal”, incluido en el libro homónimo de Miguel Ángel Asturias, a partir de un concepto clave en el proyecto estético-político del autor, como es el de la hibridación. Dicho programa gira en torno a la búsqueda de la identidad guatemalteca, a partir de la recuperación y reintegración del componente maya de la cultura, que había sido excluido en la construcción de un proyecto de nación racista y discriminatorio.
     El presente análisis estudia los modos que adopta, en el relato de Asturias elegido, esta búsqueda de la tradición indígena que es el sub-texto de la identidad guatemalense, así como la manera en que el autor construye literariamente una visión híbrida y amalgamadora de la guatemalidad.
Palabras clave: Miguel Ángel Asturias / “El Espejo de Lida Sal” / identidad híbrida / guatemalidad / componente maya.

 

La patria material se me fue muriendo dentro, y de ella fue quedando otra patria. La patria espiritual. La mía. La honda. Honda como un estanque de agua, de agua llovida de su cielo, de agua subida de sus mares y ríos. Verme en ese estanque no era simplemente contemplar mi imagen en un espejo líquido. […] Donde este espejo detenía sus fulgores, yo me asomaba. Materialmente, Patria, me asomaba a tu yo íntimo, a tu esperanzada transparencia de fuegos de plata. Pero, ¿qué es la materia fluida, sutil, que copia mi imagen, sino parte de mi espíritu, de mi pupila, de mi yo, de mi existencia viéndote?     MIGUEL ÁNGEL ASTURIAS.

 

Este trabajo se propone realizar un recorrido a través de la lectura del relato “El Espejo de Lida Sal”, incluido en el libro homónimo de Miguel Ángel Asturias, tomando como hilo conductor el concepto de hibridación en la búsqueda de la identidad guatemalense. El objetivo del análisis será descubrir en el texto las posibles formas de la hibridación, en tanto concepto clave en el proyecto estético-político de Asturias.

Dicho programa gira en torno a la búsqueda de la identidad de la nación guatemalteca a través de la palabra. El autor logra construir -dice Arturo Arias- un “maravilloso puente de palabras hacia otra cultura, hacia otro mundo” (Arias 1997: 563). En Asturias anida la conciencia de que hay una realidad otra al otro lado del espejo, al otro lado del puente de palabras, al otro lado de la vigilia, al otro lado de la realidad. En “El Espejo de Lida Sal” Asturias nos invita a entrar al espejo de la cultura guatemalteca, a pasar a través de él para poder contemplar desde el otro lado ese mundo otro.

Lo otro de la cultura, de la identidad de Guatemala, es el componente maya, que había sido reprimido en la construcción de una nación ladina, surgida de un proyecto de nación “racista y discriminatorio”, según Mario Roberto Morales (1996: 407), que excluyó al indio. La intención de Asturias es la de recuperar e integrar esa tradición indígena que es el sub-texto de la identidad guatemalense, para conformar una nación mestiza e híbrida. Se trata de incluir y fundir las culturas subalternas mayas: eso que está detrás, debajo, del otro lado. Se propone hacer resurgir el componente reprimido, para resarcir el proyecto ladino de nación mutilada, con la construcción de una visión híbrida, amalgamadora, de la guatemalidad. Arturo Arias explica este proceso retomando la intelección lacaniana según la cual es necesario que, para tener “un ‘acceso a la realidad’ normal, algo sea excluido, ‘primordialmente reprimido’" (Arias, S/F). Por ello es que la población ladina guatemalteca, para tener su "acceso a la realidad" normal, ha excluido de su conciencia -es decir, ha reprimido- el elemento identitario indígena. Frente a esto, Asturias se propone deshacer esta exclusión, a fuerza de reintroducir el factor indígena como raíz identitaria. Tal arreglo reviste un cierto nivel de delirio, dado que el autor debe, según opina Carlos Rincón (1997: 697), trascender los límites de la razón intelectual, rebasar la red de antinomias exclusivas del llamado “reino de la lógica” -mundo interior/mundo exterior, vida interior/ vida exterior, subjetivo/objetivo-. Su escritura sólo es posible, entonces, en un ambiente de fantasía, de ensueño, de maravilla, en el que la realidad se transmuta en “superrealidad” o realidad “surrealista”, como el mismo Asturias declara (1968: 281).

Los mecanismos estéticos del surrealismo permiten la expresión de lo inconsciente, de lo reprimido, según la concepción que ofrece Carlos Rincón del inconsciente “como ‘voz’ original hasta ahora reprimida” (Rincón 1997: 701). De acuerdo con este crítico, el proceso da como resultado el encadenamiento no-lógico sino analógico-asociativo de las imágenes, propio de los textos automáticos. De este modo, la cultura relegada, negada de los antiguos mayas, que había sido sepultada bajo la cultura occidental, vuelve a resurgir en acto, sale a escena gracias al poder performativo de la palabra, ese poder de crear una realidad de fantasía, una realidad mágica.

La escritura se sitúa en un espacio de dualidad entre sueño y realidad, en un ambiente que es “una especie de sueño, de irrealidad, que al contarse con todo detalle parece más real que la realidad misma”, dice Asturias (Citado en Arias 1997: 561). Él mismo denomina a este tipo de fenómeno con el nombre de “realismo mágico”:

Mi realismo es mágico porque depende un poco del sueño tal como lo concebían los surrealistas. Tal como lo concebían también los mayas en sus textos sagrados. Leyendo estos últimos me he dado cuenta de que existe una realidad palpable sobre la cual se enraíza otra, creada por la imaginación, y que se envuelve con tantos detalles que se hace tan real como la otra. Toda mi obra se desarrolla entre esas dos realidades: la una social, política, popular, con personajes que hablan el habla del pueblo guatemalteco, la otra imaginaria, que los encierra en una especie de ambiente y paisaje de sueño (Citado en Rincón 1997: 696).

Asturias saca a la luz la visión indígena de la realidad desde la perspectiva del sueño, el cual no es considerado menos real que la percepción sensorial, como afirma Carlos Rincón (1997: 697). El inconsciente es concebido como tesoro subjetivo de mitos e imágenes colectivas. De ese tesoro se apropia Asturias desde su posición de guatemalteco, ladino, mestizo y letrado, pero al mismo tiempo hace las veces del tlapicazcatzin, que esel que conserva”, entre los antiguos mayas.

Además de conservar las ruinas de la textualidad maya, el escritor realiza una lectura oblicua de las mismas y fabula a partir de ellas con el poder que le confiere la palabra poética. De acuerdo con Arias, el poeta tiene el poder de nombrar el mundo, de verlo con ojos infantiles y con instinto “no racional, sensual, subjetivo” (Arias 2000: 635). Nombrar el mundo es crear el mundo: la palabra crea con su voz y su cuerpo, como el Ambimano Tatuador crea, para los mayas, el mundo y los artistas que hacen el mundo. Desde su posición de ladino y mestizo, se apropia de lo maya y lo oral de esa cultura, interroga lo antiguo y lo incorpora para integrar esos dos mundos en un entramado cultural, un tejido (“pop”, en maya-quiché) que pueda conformar sintéticamente una nación híbrida. La utopía se logra únicamente a través de la palabra, capaz de restituir la cultura relegada a un plano protagónico y de hacer oír a ese mundo oral sepultado.

La recuperación de la tradición mayense y su apropiación e integración a la cultura central será la clave para la formación, a través de la palabra, de una nación mestiza. El elemento evocativo-musical de la palabra posibilita a Asturias la recuperación y reinvención de los mitos y creencias mayas, que realiza desde una mirada vanguardista, según Morales. Trae las imágenes al centro y funda así una identidad soñada y mestiza de Guatemala en tanto nación híbrida, mediante la amalgama de lo pasado y de lo presente, de la magia y de la realidad. Surge así de su escritura una gran fuerza animada por la sensualidad de las leyendas, las figuras míticas, y las creencias fantásticas mayas, que el autor integra a la realidad actual de su pueblo, como veremos más adelante.

La fuerza escritural de las creencias fantásticas se hace presente en “El espejo de Lida Sal”, relato que se nos presenta con carácter de mito o leyenda: “Lo último que cerró fueron las inmensas congojas de sus ojos que divisaban cada vez más lejos la orilla del pequeño lago llamado desde entonces el ‘Espejo de Lida Sal’” (p. 248) [1]. El texto, al llegar a su final, acaba de revelarnos “su consistencia” (p. 244) de mito fundacional que explica el origen de ese lago llamado el “Espejo de Lida Sal”. Según Martin Lienhard, Asturias se vale de lo indígena para crear la “apariencia de un ‘mito’ -no indígena sino ladino” (Lienhard 1997: 584).

Asturias rompe, crea y transforma: hibridiza para lograr ver realizado el deseo de una Guatemala mestiza, unificada, no disgregada. Esta visión ilusoria sólo se logra a través del sueño: “los laberintos oníricos son los espejos que reproducen sublimadas las imágenes de los deseos”, afirma Ana María Sandoval (2000: 747). La magia de la palabra posibilitará esa visión maravillosa del deseo cumplido; la magia de las “creencias de antes” (p. 237) le permitirá a Lida Sal verse deseada por su amado. Pero para eso tiene que verse “de cuerpo entero vestida de “Perfectante” (p. 245).

Para Arias, Asturias es un sujeto fracturado en busca de la otra parte de su ser, esa parte que le concede origen, raíces, sabiduría y madurez, y le brinda el conocimiento acabado de su propia identidad. Podemos plantear aquí que esa pregunta por la identidad en Asturias se ve retratada en la empedernida búsqueda que emprende Lida Sal de un espejo de cuerpo entero capaz de devolverle la imagen de sí misma: su identidad. Lida Sal es, como Asturias, un “sujeto errante sin conocimiento de su propia subjetividad” (Arias S/F). La mulata, en una de sus fragmentarias visiones en el espejo de agua, afirma no saber quién es: “Se creyó otra. ¿Era ella? ¿Era Lida Sal? ¿Era la mulata que fregaba los trastes en la comidería, la que bajaba por aquel camino, en aquella noche, bajo aquella luna, con aquel vestido de fuego y de rocío?” (p. 247). Aquí apreciamos la manera en que Asturias se vale del poder metafórico de su escritura para representar su obstinada indagación en torno a la auténtica identidad del pueblo guatemalteco.

“De un lado a otro de la playa fue buscando sitio para verse de cuerpo entero. No lograba su imagen completa. De cuerpo entero.” (p. 247). La imposibilidad de hallar el “espejo de cuerpo entero” en el cual puedan verse reflejados los guatemaltecos conformando una nación unificada remite a la dualidad existente entre la cultura popular tradicional y la cultura de los blancos y ladinos que fragmenta a la Guatemala real. El proyecto de Asturias consigue trasladar dicha realidad, como ya se ha dicho, a un universo mágico-surrealista. Esta palabra mágica logra crear una visión híbrida y mestiza de Guatemala, que reconstruye una identidad cimentada en la antigua cultura maya, con vistas a recomponer el proyecto de nación que había excluido a un sector de su población. Asturias recupera el poder mágico y ritual de la palabra maya y la pone en el centro de la creación artística para que con su sonoridad, con su expresividad, con la facultad sanadora de la repetición, re-cree un mundo anterior. El autor levanta con su escritura “la luz de un día sumergido” (p. 247).

La identidad fragmentada, dividida, quebrantada del pueblo guatemalteco se traduce estéticamente en las visiones incompletas de Lida Sal en el espejo de agua. Podría plantearse que esa imagen fragmentaria de Lida se nos hace palpable aún antes de verla proyectada en sus reflejos nocturnos. A lo largo del texto, el autor nos presenta una imagen escindida de la protagonista, que anticipa la problemática central de la identidad partida. Los siguientes pasajes revelan la manera en que Asturias muestra a Lida Sal como una figura inconclusa, trunca, dividida, siempre definida desde la escisión de sus partes:

“Lida Sal, una mulata más torneada que un trompo, seguía con la oreja, no en lo que hacía, sino en la cháchara del ciego…” (p. 236. Subrayado mío.);

“La mano fría y jabonosa de Lida Sal…” (p. 237. Subrayado mío.);

“…y para que dos ojos fijaran en éste sus pupilas negras, llenas de una luz de esperanza […] Cada vez que podía frotaba sus brazos desnudos y sus senos firmes, temblantes bajo la camisita, en los hombros de Felipe. [...] y más le costó formar con sus labios la cifra […] En la mano hecha hueco, hueco en el que sentía el corazón, apretó las moneditas calentitas […] se las llevó a los labios y las besó.” (p. 241. Subrayado mío.);

“Se le fue la cabeza. Apretó la mano en el respaldo de la silla, con la otra mano se apoyó en la mesa, y un sollozo cerrado le llegó a los labios [...] La teta caliente de la mulata se le fue de la mano al viejo, mientras aquélla sentía que las monedas […] escurríansele de los senos hacia el vientre, igual que si su corazón estuviera ya soltando pedazos de metal caliente…” (p. 242. Subrayado mío.);

“Lida Sal, más pómulos que ojos de día, pero de noche más ojos que pómulos, arrastraba las pupilas [...] para acariciarlo con sus mejillas, posarle encima la frente…” (p. 244. Subrayado mío.);

“… vino a tirarla del pelo [...] se dejó tirar la greña y pellizcar los brazos” (p. 246. Subrayado mío.);

“Pero luego fue familiarizando los ojos con las arboledas [...] iban rozándole los hombros [...] le mojaban el cabello y la cara…” (p. 247. Subrayado mío.)

La descripción de Lida Sal como subjetividad fragmentaria está finamente trabajada por Asturias en el desarrollo del texto. El autor centra su mirada en unos cuantos puntos precisos, focaliza cada parte de su cuerpo, aunque no la totalidad. La visión de cuerpo entero no será posible sino hasta el final del relato, cuando suceda el encuentro con el espejo de agua. Antes que de “encuentro” deberíamos hablar, para definir el modo que adquiere la unión entre cuerpo e imagen completa, de “choque” entre el yo real y el yo-reflejo, un yo que es en realidad un otro. Mirarse al espejo es una manera de encontrarse con la propia identidad, pero lo que se ve es sólo un reflejo ausente, una imagen distante. Una imagen de otro mundo, si se quiere, del mundo sepultado, reprimido, que busca Asturias. Ese otro mundo está, en “El Espejo de Lida Sal”, al otro lado del espejo de agua.

“… y la que tenía que mirarse era ella, mirarse de pies a cabeza. Ya estaba, ya estaba sobre una roca de basalto contemplándose en el agua. ¿Qué mejor espejo?” (p.248). El mejor espejo, para Asturias, es el de la “la patria espiritual” (Citado en Martin 1997: 471). Esa patria “honda como un estanque de agua” (Ídem), en la que se mira no simplemente para contemplar su imagen sino para asomarse a su reflejo espiritual: “Pero, ¿qué es la materia fluida, sutil, que copia mi imagen, sino parte de mi espíritu, de mi pupila, de mi yo, de mi existencia viéndote?” (Ídem).

El “mirarse de pies a cabeza” (p. 248) de Lida Sal deja traslucir la obsesión del guatemalteco por mirarse en el espejo de la patria, en el “yo íntimo” de la patria, en su “esperanzada transparencia de fuegos de plata” (Citado en Martin 1997: 471), como veíamos en el epígrafe de este trabajo. Para Asturias, Guatemala era -en palabras de Gerald Martin- “el espejo en que, donde quiera que estuviese, miraba para encontrar la imagen de su cara” (Martin 1997: 504).

Los espejos guardan un arcano saber, según la antigua tradición mágica de la catoptromancia, saber que pueden revelar si se los interroga. Dicha interrogación era tarea del chamán entre los indígenas, quien podía ver en el espejo el alma de los difuntos, según refiere Mircea Eliade (1996: 226). De aquí se deduce que en el imaginario indígena, los espejos, la magia y lo sobrenatural se encuentran asociados.

La pérdida de la identidad o la pérdida del alma que aqueja a la Guatemala de Asturias la convierte en un cuerpo enfermo que el poeta-chamán debe sanar. Restablecer o recrear el alma de la nación sólo es posible para quien puede hacer renacer la palabra maya, la palabra mágica, una palabra esencialmente sonora, una palabra que puede en-cantar. Dicha facultad encantatoria es convocada por el ritmo y la repetición, de la misma manera en que lo hacían los antiguos chamanes, quienes pronunciaban repetidamente cantos y oraciones alrededor de los enfermos para ahuyentar el mal de los cuerpos. Asturias se convierte así en chamán de su pueblo: el que puede curar con la palabra el cuerpo enfermo de la nación y ver el alma verdadera de Guatemala. En este sentido, es interesante el análisis que realiza Arturo Arias, quien afirma que el uso de metáforas, enumeraciones, reiteraciones y acumulaciones progresivas en el texto crea un universo verbal en el que lector “es hechizado por los significantes mismos, por esas construcciones resultantes de una correcta mezcla de signos literarios” (Arias 1997: 563).

En el cuento, el ciego “ve” la solución para Lida Sal. Podría pensarse que este personaje también asume el carácter de chamán, el que puede ver lo que otros no ven; pero el propósito del ciego no es el de aliviar el dolor de Lida Sal sino el de obtener un beneficio personal. El ciego cambia la información que brinda sobre el remedio para curar el mal de la protagonista -mirarse al espejo vestida de “Perfectante”- por un anillo de oro, lo cual remite al trueque fundacional del pueblo americano.

Lida Sal es un cuerpo enfermo en busca de su identidad. En este sentido, podría pensarse que “Lida Sal” es un nombre parlante: contiene la palabra “salado”, cuyo significado es, para los guatemaltecos, el de “desdichado” (Sandoval 1941-2). También “salarse es un vocablo evocado por el nombre “Lida Sal”, y significa -según recogen Gerald Martin y Giovanni Meo Zilio (Asturias 1997: 455) -tener muy mala suerte en todo”. Lida Sal tiene la desdicha y la mala suerte de ser una mulata pobre, enamorada de un “… soltero, guapo, rico…_suspiró Lida Sal_, pero qué se va a fijar en mí, friega trastes, si él es una gran cosa…” (p. 237). Ante esta situación, el único subterfugio posible corre por cuenta de la magia y el sueño: “-Los “Perfectantes” -decía el ciego […]- son los mágicos” (p. 236); “… dormir con el vestido bastantes noches, para que lo dejés impregnado de tu magia, cuando duerme se vuelve mágico, y que así al ponérselo él para la fiesta, sienta el encantamiento y te busque, y ya no pueda vivir sin verte” (p. 242). Vislumbramos aquí una percepción de la exclusión: se trata del pobre que anhela vestiste con el traje del rico. “El espejo de Lida Sal” plantea metafóricamente la contradicción social de Guatemala entre pobreza y riqueza, siendo el rico el dueño del vestido y el pobre el que sólo puede intentar parecérsele por medio del disfraz, vistiendo a hurto, de noche y sin ser visto, unos ropajes que no le pertenecen genuinamente. El travestismo de Lida Sal se inscribe en su propósito de seducir al hombre que ama. Ansía ser como él, ser otra. Pero “la magia tiene sus consistencias” (p. 244) y no consiste sólo en vestirse sino además y sobre todo en verse con el vestido: “La desgracia de ser pobre -se quejó la mulata-, no tengo espejo grande para verme…” (p. 244). Lida Sal encuentra entonces, en el espejo de agua, la salida (Sal-Lida). Pero esa sal-lida no es Lida Sal, sino otra. Lida Sal no puede ser esa imagen, a menos que se funda con ella, y fundirse con su reflejo significa morir, o simplemente caer: viajar hacia abajo, conocer lo que hay debajo y detrás del espejo. Caer significa también recorrer las ciudades subterráneas que deja ver “el Cuco de los Sueños” (Asturias 2000: 10) en “Guatemala”, la primera de las Leyendas de Guatemala: “Es una ciudad formada de ciudades enterradas, superpuestas, como los picos de una casa de altos. Piso sobre piso. Ciudad sobre ciudad” (Ídem).

Cabe destacar este carácter híbrido del nombre Lida Sal: se trata de un compuesto cuyos dos términos aparecen invariablemente unidos cada vez que se la nombra, son piezas inseparables. Los nombres compuestos nacen de la confianza del autor en la capacidad de fusión de la palabra. Constituyen un importante recurso poético en Asturias, dada la productividad semántica que irradian: “Lida Sal”, salida, salado, salarse; “Perfectante”, la combinación de “perfecto + andante”, o también “el que ejerce la perfección”, según propone Ana María Sandoval (2000: 747); “La Petrángela”, amalgama entre “piedra y ángel”, lo material y lo espiritual, lo terrestre y lo sobrenatural, nombre que, según intuye Sandoval (2000: 748), emblematiza al ladino, al mestizo.

Todo esto nos permite concebir la palabra asturiana como polisema o polisímbolo, palabra cargada de una mágica e híbrida pluralidad significativa. En este sentido, el propio traje de “Perfectante” es también un híbrido de tradiciones españolas, mayas, eclesiásticas, folclóricas y católicas. Todas éstas conforman una tradición mestiza única que se resume en la fiesta de la Virgen del Carmen. El personaje de la Petrángela se lamenta por su adscripción simultánea y mixta a dos creencias, o a una creencia doble, que combina fe y superstición: “¡Ay, Señora del Cielo, Virgen Santísima…. -mascullaba-, perdoná mis temores, mis supersticiones, sé que son estúpidos… que son sólo creencias, creencias sin fundamento… pero es mi hijo…mi hijo!” (p. 243). Los temores de la Petrángela acerca de un posible hechizo sobre su hijo se revelarán infundados, ya que Lida Sal nunca podrá completar el artificio. Si bien finalmente encuentra su espejo de cuerpo entero, al asomarse a éste no es ella la que se ve reflejada: esa imagen que ve no tiene más sustento ontológico que el de una ilusión óptica en un cúmulo de agua, una ilusión de agua, una ilusión inasible, que se le escurre como agua entre los dedos. Para Lida Sal está vedada la posibilidad de verse reflejada como quien ejerce la perfección: ella no es una “perfecta andante”, es una mulata pobre. Verse como “perfectante” no es más que un deseo, un deseo que sólo se realiza en los sueños, así como el anhelo de una identidad íntegra de Guatemala, que congregue los elementos que estaban reprimidos, sólo puede realizarse por medio de la construcción onírica de Asturias.

De esta manera, vemos cómo están representadas en el texto las clases sociales que el capitalismo define, junto a la superstición y la magia de la tradición indígena. Dos culturas que forman una sola, híbrida y mestiza.

Para concluir, diremos que la narrativa de Asturias recupera y explora los mitos prehispánicos para refundirlos, a partir de la experimentación letrada, en una nueva subjetividad híbrida de Guatemala. Asturias rescató al mundo indígena y le devolvió a la nación su identidad: el reflejo de su alma híbrida en un espejo de cuerpo entero.

 

Notas:

[1] De aquí en adelante, todas las citas de este relato corresponden a la siguiente edición: Asturias, Miguel Ángel (2000): “El espejo de Lida Sal”, El espejo de Lida Sal. Recogido en: Cuentos y Leyendas, Edición Crítica de Mario Roberto Morales (coordinador). ALLCA XX, Colección Archivos, Madrid. Sólo se consigna el número de página entre paréntesis.

 

Bibliografía:

I. Fuentes:

Asturias, Miguel Ángel (2000): “El espejo de Lida Sal”, El Espejo de Lida Sal. Recogido en Cuentos y Leyendas, Edición Crítica de Mario Roberto Morales (coordinador). ALLCA XX, Colección Archivos, Madrid.

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Sandoval, Ana María (2000): “El espejo de Lida Sal o el reflejo de la otra realidad: lo popular híbrido en Miguel Ángel Asturias”, en: Asturias, Miguel Ángel: Cuentos y Leyendas, Edición Crítica de Mario Roberto Morales (coord.), ALLCA XX, Colección Archivos, Madrid.

Sandoval, Lisandro (1941-2): Semántica guatemaltense o Diccionario de Guatemalquismos, 2 tomos, Editorial Piedra Santa, Guatemala.

 

© Natalia Biancotto 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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