Literatura y comunicación virtual:
cuestiones y desafíos de las palabras en red

Dênis de Moraes*

Universidad Federal Fluminense


 

   
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Resumen: Sin sobreponerse o equipararse a la literatura tradicional, la ciberliteratura subraya la emergencia de un ecosistema con conexiones comunicacionales que posibilitan intercambios entre emisores-productores y receptores-consumidores.
Palabras clave: cyberliteratura, redes de comunicación, media

 

1. Mutaciones de la literatura en el ecosistema virtual

En el ambiente de redes infoeletrónicas, accesos en tiempo real y interacciones virtuales que caracteriza la era digital contemporánea, debemos admitir que la literatura ya no gravita sólo en torno de libros impresos, ni se vincula a las políticas editoriales de los medios de comunicación tradicionales. Los materiales literarios tienen en Internet una rara e imprevista desenvoltura. La mega-red planetaria los integra con flexibilidad para enlazar nuevos contenidos y multiplicarlos en usos divididos, a través de bases de datos y publicaciones electrónicas, en constantes mutaciones, abarcando periodos históricos, géneros, movimientos y escuelas. Si a tales evidencias sumáramos las ventajas propiciadas por la velocidad de la transmisión digital, el bajo costo de producción y la substancial autonomía de difusión que Internet tiene frente a la esfera impresa, encontraremos pistas concretas para la fiebre literaria virtual.

De hecho, la Web se encuentra poblada de páginas literarias - desde colecciones de textos de la era greco-romana a los blogs y workshops virtuales. El poeta joven puede colocar en el aire sus versos titubeantes, lado a lado con las páginas de los Premios Nobel. En segundos, usted se desplaza por bibliotecas electrónicas que ofrecen, gratuitamente, obras de William Shakespeare, Gabriel García Márquez, Pablo Neruda, Katherine Mansfield o Bernard Shaw. Se cuentan por centenares los grupos de discusión, conferencias y salas de conversación en tiempo real sobre asuntos tan dispares como la literatura vietnamita y la poesía de Jorge Luis Borges. Y también se amplia exponencialmente la divulgación de autores, libros y géneros literarios en las comunidades que integran las redes sociales cómo Orkut, Facebook y My Space. En esos espacios en red, circula todo lo que se pueda imaginar en materia de contenidos literarios: debates sobre autores y libros, críticas y reseñas, poemas, ensayos y cuentos, informes sobre congresos y concursos, comentarios sobre la actualidad cultural, proyectos académicos, indicaciones de webs y periódicos especializados, etc. [1]

Las bases literarias estocan y ponen en línea gran volumen de datos, clasificados por autores, géneros y actividades creativas (poesías, cuentos, romances, ensayos, reseñas, estudios críticos, biografías, hiperficción). Se organizan en secciones temáticas, links y mecanismos de búsquedas, agrupados a partir de campos geoculturales comunes: literaturas brasileña, portuguesa, norteamericana, inglesa, francesa, italiana, española etc. Para ello convergen acervos documentales de bibliotecas electrónicas, centros de búsquedas, guías de autores etc. Los bancos de datos comprenden listados de webs, repositorios de artículos, periódicos, materiales iconográficos y sonoros, catálogos y listas de discusión. [2]

Los usuarios pueden consultar aún colecciones de textos digitalizados, con downloads gratuitos de clásicos de la literatura universal y obras de referencia. Solamente el Project Gutenberg ( http:://promo.net/pg), financiado por instituciones públicas y privadas norteamericanas, tiene más de 20 mil títulos disponibles para download, entre los que se encuentran la Biblia, diccionarios, enciclopedias y textos de autores como Shakespeare, Henry James, Somerset Maugham, Katherine Mansfield, Bernard Shaw, Julio Verne, Conan Doyle, Honoré de Balzac, Joseph Conrad, T. S. Eliott, Paul Verlaine, Alexandre Dumas y Charles Dickens. El catálogo de Gutenberg tiene más que 100 mil obras para consultas. El Proyecto Cervantes (http:://www.csdl.tamu.edu/cervantes/esp/) ofrece toda la obra de Miguel de Cervantes digitalizada. El Projeto Vercial (http:://alfarrabio.di.uminho.pt/vercial/) reúne lo más grande acervo sobre literaturas y lengua portuguesas.

Sin sobreponerse o equipararse a la literatura tradicional, la ciberliteratura subraya la emergencia de un ecosistema con conexiones comunicacionales que posibilitan intercambios entre emisores-productores y receptores-consumidores. Es posible informar y ser informado casi simultáneamente. No veo exageración al hablar de una explosión de e-magazines literarios. [3] Ora aparecen como acciones personales, ora resultan de iniciativas de grupos e instituciones, ora son las versiones digitales de revistas y suplementos de prestigio. Se publica de todo: poemas, cuentos, reseñas, ensayos, biografías, entrevistas, concursos, fotografías, ranking de best-sellers, narrativas hipertextuales... La regla, una vez más, es la coexistencia de las afinidades electivas, en un campo permanentemente abierto a la retroalimentación.

Internet disuelve la subordinación a las instancias intermediarias (académicas, mediáticas o editoriales) y descentraliza los procesos de edición, difusión y consumo de textos. En el ciberespacio (4), no existen hierarquías, comandos centrales o límites preestablecidos. La figura del autor tiene importancia estratégica: puede ser su propio editor y distribuidor; puede alterar o actualizar sus obras sin costo adicional; puede divulgar y debatir el que produce por correo electrónico, en listas de discusión, boletines y anillos de webs.

El hipertexto permite nuevas soluciones de intervención por parte de los lectores. . El usuario tiene la alternativa de saltar de una fuente a otra, en un itinerario sin comienzo ni fin. Los textos deslizan por el monitor, en ritmo secuencial, con muchas interferencias individuales y colectivas. George Landow percibe el hipertexto como una galáxia de significantes, no más uma estructura de significados fijos. “Los códigos que él moviliza se extienden para tan lejos cuanto el ojo puede alcanzar, ellos son indeterminados. Los sistemas de significado pueden dar cuenta de ese texto plural aboluto, pero su número nunca se completa, porque se basa en la infinitud del lenguaje.” Landow se apoya en Roland Barthes para explicar las posibilidades que se crean con el hipertexto: ““En S/Z Roland Barthes describe una textualidad ideal que ensambla perfectamente aquella que en computación fue llamado de hipertexto, texto compuesto de bloques de palabras (o imágenes) conectados electrónicamente por diversos caminos, corrientes, trillas en textualidad indeterminada, de final abierto, descritas por links, nosotros, comunidades, redes y caminos.’[5]

Conforme sus intereses y preocupaciones, los usuarios siguen caminos propios y buscan sentidos en los datos localizados. Pierre Lévy observa que, en la comunicación escrita tradicional, los recursos de montaje son utilizados en el momento de la redacción. "Una vez impreso, el texto material mantiene una cierta estabilidad... a la espera de los desmontajes y remontajes de sentido a que el lector se irá a entregar." Ya el hipertexto digital aumenta considerablemente el alcance de las operaciones de lectura: "Siempre en un proceso de reorganización, él [el hipertexto] propone una reserva, una matriz dinámica a partir de la cual un navegador-lector-usuario puede crear un texto en función de las necesidades del momento. Las bases de datos, sistemas periciales, hojas de cálculo, hiperdocumentos, simulaciones interactivas y otros mundos virtuales constituyen potenciales de textos, de imágenes, de sonidos, o de calidades táctiles que las situaciones particulares actualizan de mil maneras. El digital recupera así la sensibilidad en el contexto de las tecnologías somáticas [voz, gestos, danza], manteniendo el poder de registro y de difusión de los medios de comunicación." [6)

De manera análoga, en la escritura colaborativa se divisan nuevas técnicas de composición. La creación experimenta desplazamientos, variaciones y modulaciones- las "tempestades de constantes secuencias" de que nos habla Michael Joyce, pionero de la hiperficción con Afternoon: la story [7) Este texto de Joyce se desenrolla en torno de un accidente de coche que puede o no haber acontecido. Todo depende de la navegación del lector por los meandros de la narrativa. A cada toque del mouse, sobreviene una escena, un nuevo personaje surge, una nueva versión de los hechos es conocida. Michael Joyce escribió el romance después de haberse unido a un programador para crear un software que permitiera crear textos en la pantalla. Hoy, el programa es la base de la mayoría de los libros electrónicos encontrados en Internet.

Los links reordenan la estructura narrativa y la arquitectura ficcional, así como dinamizan los itinerarios de lectura e interpretación. Lo que es sólido puede ser también móvil, fluido, desenraizado y accesible en cualquier segundo. Los flujos interactivos de Internet incrementan la composición literaria colectiva, a través de hipertextos que producen novelas, cuentos y poemas con la interferencia de usuarios. Lectores participan de la construcción de novelas y cuentos interactivos. La antigua estructura del texto final convive ahora con la escritura secuencial del espacio virtual, que esboza un nuevo tipo de escritor - bautizado como autor electrónico-, que se vale de soportes electrónicos para la formulación de narrativas hipertextuales y para la integración de los lectores al proceso creativo. [8]

 

2. Nuevos soportes, antiguos dilemas

El fenómeno de la literatura virtual viene suscitando críticas -a las veces apasionadas o apocalípticas- sobre el futuro de la expresión escrita y del propio libro. En 1964, Marshall McLuhan decía que las tecnologías electrónicas suplantarían a los vehículos impresos. "El poeta Stéphane Mallarmé pensó que ‘el mundo existe para acabar en un libro’. Ahora, estamos en condiciones de poder transferir todo el espectáculo para la memoria de un ordenador", sentenciaba McLuhan [9). Si fuera vivo, el teórico canadiense estaría publicando sus libros, para subrayar el fracaso de su vaticinio. En contrapartida, la revolución informacional confirmaría su idea de que las redes electrónicas proyectan para fuera del cerebro humano "un vivo retrato del sistema nervioso central", en el cual las actividades cotidianas son como fajos de neuronas.

Pero, existen intelectuales que desconfían del ordenador. No adelanta ponderar que estamos ingresando en la era multimedia, que permite unificar los circuitos de Internet, televisión a cabo y telefonía. Guillermo Cabrera Infante, escritor cubano radicado hace una década en Londres, afirma no estar familiarizado con La Web, ni con el CD-ROM, mucho menos con "cualquiera de los métodos espectaculares de conocimiento". Desafía las innovaciones: "El libro existe hace tres mil años. Es muy difícil abandonar un hábito querido." En la oficina del autor de La Habana para infantes difuntos, hay un ordenador regalado por la familia. Pero a Infante no le gusta el contacto con la máquina. [10]

Se torna indispensable demarcar los territorios en tensión. De un lado, los cultores de paradigmas clásicos, para los cuales la literatura se materializa sólo en el papel. Esta cadena recusa la pertinencia de los flujos tecnológicos en la creación artística. El mundo electrónico amenazaría la importancia de la obra literaria, sustituida por el encantamiento virtual. La abundancia desordenada de las redes dificultaría reflexiones críticas.

Fabio Lucas, destacado crítico literario brasileño, alerta sobre los efectos de la hipervelocidad en el dominio cultural. Determinadas actividades humanas no se ajustan a la lógica de la urgencia, bajo presión de la media y de las tecnologías de información. Lucas también destaca que la creación y la fruición literarias demandan tiempos más demorados, mientras que en la media prevalece la rapidez. Y añade: "El tiempo de la producción literaria no siempre se coadyuva con la velocidad de acceso a las matrices del saber. El vagar de la reflexión crítica y de la elaboración artesanal de la obra se choca con la fugacidad de las impresiones de la era de la imagen. Una cosa es el placer de la lectura de un texto literario, su fruición estética; otra cosa el deleite vertiginoso de un video clipe. La literatura necesita de pausas, mientras el lenguaje de la publicidad vive del bombardeo intenso de mensajes sobre el consumidor potencial aturdido." [11]

Preocupaciones semejantes a las de Fabio Lucas comparte el escritor mexicano Carlos Fuentes. Ni quiere oír hablar del ordenador: "Escribo como en el siglo XIX. Escritores como Balzac, Juan Goytisolo y William Styron escribían a mano y con lápiz. Estoy demasiado acostumbrado y feliz con la comunicación que existe entre mi mente, mi corazón, mi mano, mi lápiz y mi papel. Todo fluye con gran rapidez. Se dice en inglés que no se puede enseñar a un perro viejo trucos nuevos. Gabriel García Márquez, que escribía a mano, un día, ya tarde, descubrió el ordenador y él se volvió loco de gusto. Dice que escribe mucho más rápido. Yo no; no sé como manejar un aparato de ésos. Soy un idiota mecánico. Mas, con un lápiz, voy lejos, con una velocidad que no alcanzo siquiera con la máquina de escribir." [12]

Si Fabio Lucas y Carlos Fuentes levantan objeciones contra la literatura electrónica, en el lado opuesto se sitúan los profetas de la decadencia del libro impreso. Entre las ventajas insuperables del libro digital, enaltecen la naturaleza y el alcance de su difusión; la distribución en ancho espectro; el bajo costo de edición, sin gastar papel; libertad de publicar textos de cualquier tipo o tamaño; búsquedas en archivos literarios; nuevas posibilidades de creación ficcional y poética. En tono apocalíptico, el escritor uruguayo Juan Grompone sostiene que el libro impreso está en vías de extinción: "No quiero decir que vaya a desaparecer en cinco años, pero está condenado a la muerte. Vivimos en un mundo de imágenes, donde los colores y las formas nos condicionan totalmente. Creo que continuarán siendo publicadas las obras de gran calidad, con tiradas limitadas, en excelente papel, ilustradas a mano, esas cosas que son casi artesanales." [13]

La polarización es un falso dilema. En primer lugar, el libro no es un fetiche, sea él de papel, de paño o electrónico, en CD-ROM, disquete o en Internet. Cualquier soporte que disemine informaciones favorece, en mayor o menor grado, la socialización de la cultura -y parece indudable que la infraestructura de las redes constituye un poderoso canal de distribución. Ella descentraliza y abarata el proceso editorial, sin dependencia a las exigencias del mercado. Las herramientas electrónicas contribuyen a preservar la memoria literaria, en acervos digitales. Obras raras vuelven a ser accesibles. Sin contar las innovaciones de escritura y lectura en las narrativas hipertextuales.

Pero el libro impreso no perdió ni perderá su vitalidad, porque se adapta a los varios contextos socioculturales, abarcando idiomas y líneas de pensamiento. Es fácilmente transportable y no depende de dispositivos para ser utilizado; su durabilidad no está sujeta a los ciclos tecnológicos, como puede ocurrir, por ejemplo, con un CD-ROM (títulos impresos hace siglos continúan legibles); engendra protocolos de lectura insuperables. Leer delante de la pantalla cansa, dificulta la concentración y a veces el entendimiento. Sin embargo, el texto exhibido en el monitor puede llegar al papel y ser leído en la playa o en el taxi - basta apretar el botón de la impresora para materializarlo. Aun así, el confort proporcionado por el disfrute del libro no será ultrapasado por el más leve y funcional de los ordenadores portátiles.

¿Por qué necesitamos de libros? Derrick de Kerckhove responde con una analogía entre el ritmo febril de los bits y la lectura cadenciosa en el papel. El diferencial de la literatura consistiría en contraponerse a la velocidad de los sistemas electrónicos, devolviendo las pausas y el tiempo necesario al buceo en la imaginación. La obra impresa funcionaría como "desacelerador consumado", como explica Kerckhove: "El libro es fijo, estable y establecido, y esta estabilidad es crucial. Porque hoy el desafío no es acelerar la información, sino tornarla más lenta. (...) Nuestra cultura es absolutamente obcecada en acelerar todos los aspectos de las actividades humanas y las formas en que nos relacionarnos con ellas. Lo que necesitamos es desacelerar y construir sentidos en nuestra relación con la información, para negociar con ella en un ritmo adecuado. El tiempo tecnológico es muy rápido y fuera de control Para controlarlo, tenemos que jugar golf o leer libros. (...) En el ambiente electrónico, el papel de los libros es, entonces, el de desacelerar la información y acelerar el pensamiento, dando a las personas tiempo para pensar sobre esto y tornar el proceso de lectura en un elemento de capacitación de conocimiento." [14]

La eficacia del soporte literario virtual depende de su capacidad de ofrecer elementos operativos que satisfagan a las demandas culturales, liberando avances que las tecnologías anteriores no alcanzaron. Es el caso de la ficción on line. La primera versión de un escrito puede ser modificada a partir de comentarios y sugerencias por correo electrónico o en grupos de discusión. Y se tornan accesibles obras de autoría colectiva, reuniendo personas que tal vez nunca se hayan visto o siquiera hablado por teléfono o carta. Otra evolución: periódicos electrónicos publican documentos literarios de todo y cualquier tamaño - de pequeños libros a volúmenes enteros de dominio público.

Eso tiene que ver con las nuevas bibliotecas, a la vez con las estructuras tradicionales de consulta y sus acervos digitalizados y disponibles on line a lectores e investigadores de cualquier país, a traves de la Web. Por ejemplo, la Biblioteca de Alejandría, en Egipto, en su época de mayor esplendor llegó a almacenar 700 mil libros en rollos de pergamino. Su nuevo predio ha sido diseñado y construido en los años 1990 para estar en la vanguardia de las ciencias de información y de la tecnología digital. “No son los bibliotecarios quienes deben detener el avance de las nuevas posibilidades de distribución y acceso a los textos, menos los de los países en desarrollo. El camino para las bibliotecas de nuestros países, de nuestro lugar en el mundo, es la digitalización. Si desarrollamos esa línea, y compartimos los archivos digitales de nuestras colecciones, podremos enriquecer nuestras bibliotecas y trabajar por la educación y el acceso de todos a la cultura", observa su director, Ismail Serageldin. [15]

La cuestión de los derechos autorales y de la propiedad intelectual también pasarán por cambios significativos con la emergencia de las bibliotecas digitales. Eso tiene que ver la necesidad de buscarse nuevos parámetros que estimulen la diseminación de las obras por las redes electrónicas, posibilitando una ampliación de los accesos y por supuesto una circulación social más democrática de los textos. Eso va a cambiar todo el sistema editorial, pues que involucrará autores, editoriales, bibliotecas y instituciones públicas y privadas, más allá de los límites convencionales del copyright, que tendrá de ser redimensionado para no constituirse en impedimento para una intensificación de las prácticas publicación, difusión, comercialización y consumo de libros por medio digital. Serageldin entiende que el nuevo gran desafío para los bibliotecarios será repensar la organización del conocimiento en función de las nuevas tecnologías. “Ellos tendrán que animarse a cruzar ciertos límites y no esperar contar con la aprobación del departamento legal. Tendrán que negociar con los editores y autores un modo distinto de trabajo en la era digital. El copyright representa a un modelo de industria que se está quedando obsoleto.”

Así como el paso de la reproducción artesanal a la mecánica significó que algunas personas perdieran sus fuentes de ingreso (lo monjes copistas, por ejemplo), el salto de la reproducción mecánica a la digital representará una disminución en las ganancias de las empresas editoriales. Y eso tiene que ser entendido en el cuadro más amplo de que, con la revolución informática y digital, un mayor número de personas podrá tener acceso a un mayor número de libros, de modo semejante al que se pasa com músicas y películas disponibles en Internet. Las grandes empresas están luchando por mantener sus ganancias acostumbradas, acusando la piratería de violar los derechos de autor. Lo que ellas califican, algunas veces, como piratería es simplemente una consecuencia de las nuevas dinámicas de publicación, reproducción y consumo, y por supuesto no se puede confundir, automáticamente, piratería con muchas de las oportunidades de difusión literaria autónoma y descentralizada permitidas por la digitalización.

 

3. Hacia una coexistencia de escrituras

El libro coexistirá con la televisión, la multimedia y la realidad virtual. Así como la prensa no suprimió los manuscritos. El propio libro fue combatido por los epígonos de la cultura elitista de la Edad Media. Los beneficios de la impresión mecánica no se impusieron de inmediato. Durante mucho tiempo ella dividió la escena con los pergaminos, hasta consolidarse como medio que posibilitó una circulación social más rápida, barata y amplia. Las sociedades se valen de distintas tecnologías de comunicación, al mismo tiempo. Los soportes son empleados en función de su uso social. La escritura manual se relaciona a la comunicación personal, mientras el ordenador es utilizado con frecuencia en el trabajo, de diversas maneras, y para la información y el entretenimiento, a través de las redes informáticas, del CD-ROM y de juegos electrónicos. Para el contacto instantáneo a la distancia, el teléfono continúa insuperable. Otras circunstancias piden el fax, el correo electrónico, el pager o la carta registrada.

No será otra la lógica que presidirá las fronteras de complementariedad entre las literaturas impresa y digital. Primero, porque no necesitamos abrir mano del agradable placer de la lectura para navegar por publicaciones on line, y viceversa. Acabamos por acumular datos y experiencias que ninguna de las partes sola podría exhibir. La convergencia entre el sector editorial y las industrias multimedia, en especial en los EUA, se traduce en la hibridación de recursos y procesos tecnológicos para generar rentables productos asociados a los best-sellers impresos, como películas, seriales televisivos, CD-ROMs, vídeos, DVDS (Digital Video Disc), CDS, videogames, video clipes y juegos on line. La conjunción de actividades se revela crucial para el éxito en el mercado, en una coyuntura económica marcada por la evolución de los conocimientos científicos y de continua renovación de sistemas y métodos productivos. [16]

El libro electrónico, hipertextual, introduce tres vectores nuevos que deben ser tenidos en cuenta, según André Parente: "1) la velocidad de la transmisión y recuperación de los textos aumenta enormemente; 2) el lector puede insertarse en la escritura, interaccionar, transformar, traducir, imprimir, o sea, él puede elaborar el texto utilizando ciertas dinámicas que le permitan interrogarlo de forma jamás vista; 3) él puede aún crear textos en grupo utilizando los sistemas de groupware". [17] Rapidez, difusión descentralizada, recorridos creativos por los nodos de la red y accesos ilimitados a acervos on line son los principales diferenciales que reconfiguran las formas de expresión, difusión y usufructo de los materiales literarios. No será otra la explicación para la aparición en serie de editoras virtuales y de los llamados e-books.

Un número cada vez mayor de obras puede ser producido, difundido, leído y analizado, en una prueba de las intersecciones posibles entre lo real y lo virtual, en el interior de un conjunto de ambientes integrados, bajo la primacía de la inteligencia humana. ¿Por qué aislar las variables electrónicas de los tesoros impresos? “ Ismail Serageldin tiene razón cuando subraya que no hay razón para abandonar la noción de un conjunto de textos sobre papel, ligados de un sólo lado, que se puede abrir y cerrar, incluso porque el hábito de leer libros impresos ya se ha incorporado a las preferencias permanentes de la humanidad. “Sin embargo, las nuevas tecnologías nos permiten hacer otro tipo de cosas con los textos, como búsquedas muy precisas y rápidas, que las bibliotecas no pueden ignorar. Además permiten el acceso, a través de la digitalización, a obras que por su valor no podrían estar incluidas en toda biblioteca.”

El punto de vista de Joaquín María Aguirre Romero es convergente con la perspectiva de Serageldin y sobretodo llama la nuestra atención para la importancia que el ecosistema virtual puede asumir en términos de ampliación de la diversidad cultural: “Cualquier sistema o soporte que contribuya a una mejora de la circulación social de la información cumple su requisito de favorecedor del florecimiento de la cultura. La digitalización combinada con las infraestructuras de redes son un nuevo y poderoso canal de distribución de la información que permitirá compartir más entre más.” [18]

La verdad es que la literatura tiene que ver con el mundo incontrolable de la imaginación, y por eso nunca será prisionera de cualquier soporte, mucho menos de las tecnologías. Cualquiera que sean los medios de expresión, las preferencias y gustos, la literatura seguirá su camino de extraordinaria autonomía, pues su compromiso esencial es con una traducción específica de las cosas del espíritu y de la vida. La literatura, en cualquier de los soportes, continuará fascinante e insubstituible. El acto mágico de escribir no tiene sustitutos mecánicos ni electrónicos. Lo fundamental es ejercitarse la capacidad creadora, un atributo que se manifiesta a través de formas expresivas singulares, todas ellas relacionadas a la fascinación provocada por las palabras.

 

NOTAS

[1] Ver, por ejemplo, Internet Public Library: Literature (http://www.ipl.org/div/subject/browse/hum60.00.00/).

[2] Algunas expresivas bases literarias en la Web: Literary Resources on the Net (http://ethnicity.rutgers.edu/~jlynch/Lit/), en inglés; Viajero Virtual (http://www.ucm.es/info/especulo/viajero/turista4.htm), en español; Jornal de Poesia (http://www.revista.agulha.nom.br/poesia.html), en portugués.

[3] Entre los periódicos literarios electrónicos, destaco Espéculo (http://www.ucm.es/info/especulo), en español; The París Review (http://www.parisreview.com/) y New York Review Books (http://www.nybooks.com/nyrb/), en inglés; y Sagarana (http://www.sagarana.net/rivista/numero35/), en italiano.

[4] Empleo los términos ciberespacio y cibercultura en las acepciones propuestas por Pierre Lévy. Ciberespacio es el nuevo medio de comunicación que emerge de la interconexión mundial de las redes de ordenadores. Engloba la infraestructura material de la comunicación digital y también el océano de informaciones, así como abriga al mismo tiempo los seres humanos que por él navegan y el alimentan". Cibercultura designa el conjunto de técnicas materiales e intelectuales, de prácticas, de actitudes, de modos de pensar y de valores que se desarrollan paralelamente al crecimiento del ciberespacio. Ver Pierre Lévy. Cyberculture. Rapport au Conseil de l’Europe. París: Odile Jacob, 1997, p. 17.

[5] George P. Landow. Hypertext 2.0. The convergence of contemporary critical theory and technology. Baltimore: The John Hopkins University Press, 1997, p. 3-4.

[6] Pierre Lévy. A inteligência coletiva: para uma antropologia do ciberespaço. Lisboa: Instituto Piaget, 1997, p. 72. Consultar, del mismo autor, As tecnologías da inteligencia: o futuro do pensamento a era da informática. Río de Janeiro: Editora 34, 1993, p. 25-26.

[7] Entrevista de Michael Joyce al Autor, en 14 de diciembre de 1997.

[8] Para tenerse una idea de la riqueza de experiencias colaborativas, debe consultarse el expresivo conjunto de talleres e proyectos incluidos en la página web Écriture Interactive ou Collective: http://platea.pntic.mec.es/cvera/ressources/recurfr16.htm

[9] Marshall McLuhan. Os meios de comunicação como extensões do homem. 4a. ed. São Paulo: Cultrix, 1974.

[10] Guillermo Cabrera Infante, citado por Nuestro Mundo, 10 de diciembre de 1997.

[11] Ver de Fabio Lucas: "Reflexões sobre a literatura na era eletrônica", en Quinto Imperio - Revista de Cultura e Literaturas de Língua Portuguesa, nº 8, según semestre de 1997; "Literatura versus velocidade eletrônica", en O Escritor, octubre de 1997.

[12] Carlos Fuentes. "Internet, el escritor y el Tercer Mundo", El País Digital, 21 de octubre de 1998.

[13] Juan Grompone, citado por Patricia Turnes. "Yo libro, tú computadora", en Brecha (edición Internet). Disponible en http://www.brecha.com.uy/

[14] Derrick de Kerckhove. Connected intelligence: the arrival of the Web society. Toronto: Somerville House Publishing, 1997, p. 122-123.

[15] Ver entrevista a Ismail Serageldin, “El libro es un invento que nunca podrá ser mejorado", Clarín, 25 de agosto de 2004.

[16] Consultar Dênis de Moraes. O concreto e o virtual: mídia, cultura e tecnologia. Rio de Janeiro: DPA, 2001.

[17] André Parente. "O hipertextual", Revista Famecos, nº 10, Porto Alegre, Brasil, 1999.

[18] Joaquín Maria Aguirre Romero. El futuro del libro. Disponible en http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero5/futlibro.htm

 

* Dênis de Moraes es profesor del Programa de Doctorado en Comunicación de la Universidad Federal Fluminense, en Rio de Janeiro, Brasil, autor y compilador de varios libros, incluyendo Sociedad mediatizada (Barcelona: Gedisa, 2007), Cultura mediática y poder mundial (Buenos Aires: Norma, 2006) y Por otra comunicación (Barcelona: Icaria/Intermon, 2005).

 

© Dênis de Moraes 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero42/litcomun.html