Luna cíclope (sobre la poesía de Leopoldo Lugones)

Pedro Granados, Ph D

Pontificia Universidad Católica del Perú
p_granad@yahoo.es


 

   
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Resumen:Si bien es cierto el yo modernista se inscribe en el paisaje del yo romántico, aunque desmitificándolo; tampoco constituyen un secreto las conexiones entre Modernismo y Barroco, aunque la naturaleza de este vínculo --literario y cultural-- quizá esté aún por hacerse. El presente breve ensayo desea contribuir, como una discreta vuelta de tuerca, con esto último. Para tal fin vamos a analizar “La muerte de la luna” que es, en estricto, el último poema de la colección “Lunas” del Lunario sentimental (Buenos Aires: Centurión, 1961 [1909]) de Leopoldo Lugones.
Palabras clave: Poesía de Leopoldo Lugones, Poesía Latinoamericana siglo XX, Modernismo argentino, Modernismo y Barroco Latinoamericano.

 

La muerte de la luna

1 En el parque confuso
2 Que con lánguidas brisas el cielo sahúma,
3 El ciprés, como un huso,
4 Devana un ovillo de bruma.
5 El telar de la luna tiende en plata su urdimbre;
6 Abandona la rada un lúgubre corsario,
7 Y después suena un timbre
8 En el vecindario.
 
9  Sobre el horizonte malva
10 De una mar argentina,
11 En curva de frente calva
12 La luna se inclina,
13 O bien un vago nácar disemina
14 Como la valva
15 De una madreperla a flor del agua marina.
 
16 Un brillo de lóbrego frasco
17 Adquiere cada ola,
18 Y la noche cual enorme peñasco
19 Va quedándose inmensamente sola.
 
20 Forma el tic-tac de un reloj accesorio,
21 La tela de la vida, cual siniestro pespunte.
22 Flota en la noche de blancor mortuorio
23 Una benzoica insipidez de sanatorio,
24 Y cada transeúnte
25 Parece una silueta del Purgatorio.
 
26 Con emoción prosaica,
27 Suena lejos, en canto de lúgubre alarde,
28 Una voz de hombre desgraciado, en que arde
29 El calor negro del rom de Jamaica.
30 Y reina en el espíritu con subconsciencia arcaica,
31 El miedo de lo demasiado tarde.
 
32 Tras del horizonte abstracto,
33 Húndese al fin la luna con lúgubre abandono,
34 Y las tinieblas palpan como el tacto
35 De un helado y sombrío mono.
36 Sobre las lunares huellas,
37 A un azar de eternidad y desdicha,
38 Orión juega su ficha
39 En problemático dominó de estrellas.
 
40 El frescor nocturno
41 Triunfa de tu amoroso empeño,
42 Y domina tu frente con peso taciturno
43 El negro racimo del sueño.
44 En el fugaz desvarío
45 Con que te embargan soñadas visiones,
46 Vacilan las constelaciones;
47 Y en tu sueño formado de aroma y de estío,
48 Flota un antiguo cansancio
49 De Bizancio...
 
50 Languideciendo en la íntima baranda,
51 Sin ilusión alguna
52 Contestas a mi trémula demanda.
53 Al mismo tiempo que la luna,
54 Una gran perla se apaga en tu meñique;
55 Disipa la brisa retardados sonrojos;
56 Y el cielo como una barca que se va a pique,
57 Definitivamente naufraga en tus ojos.

Nuestro texto contiene ocho estrofas de 8, 7, 4, 6, 6, 8, 10 y 8 versos, respectivamente; métrica irregular y rima consonante por lo general del tipo: ABAB. “La muerte de la luna” se organiza, asimismo, como un cuento o como un romance en donde podemos distinguir por lo menos tres personajes importantes: el narrador, la luna y un inesperado tú que recién aparece en la 7ma estrofa.

Empezaremos el análisis del texto, entonces, por su primera parte --aquellas seis estrofas-- definida por la relación narrador-observador y la luna. De este modo, podemos establecer que entre las estrofas 1ra, 2da y 6ta existe un claro hilo secuencial que describe la “muerte” del astro: “El telar de la luna tiende en plata su urdimbre” (v. 5), “En curva de frente calva/ La luna se inclina” (vv. 11-12), “Húndese al fin la luna con lúgubre abandono” (v. 33). En las otras estrofas de la primera parte (3ra, 4ta y 5ta) podemos apreciar, más bien, cómo aquellos hitos previos (v. 5, vv. 11-12) y desenlace final (v. 33) repercuten en el entorno.

La estrofa 3ra, por ejemplo, representa cómo la naturaleza se ve afectada por la “muerte” de la luna; además, quizá lo más interesante es comprobar que, en la lógica del texto, noche y luna no son entidades equivalentes; la luna es la activa y a su ausencia: “la noche…/ Va quedándose inmensamente sola” (v. 19). Algo similar sucede en las estrofas 4ta y 5ta. En ambas existen nítidos indicios de la fatalidad inherente a la desaparición del astro nocturno; la 4ta estrofa, en particular, establece un paralelo, aunque asimétrico, entre la luna (aludidas sus fases, implícito reloj principal) y el tiempo vital de un hombre: “tictac de un reloj ordinario/ la tela de la vida [en el verso 5 podemos leer “El telar de la luna”]”. Telar, probablemente, en cuanto la luna es una araña cuya red clara y resplandeciente -- aunque la debe al sol, su luz, en específico-- descubre tanto como organiza la realidad. Por su parte, la estrofa 5ta nos informa, con un matiz mítico (“subconciencia arcaica”, v. 30) otro aspecto de aquella fatalidad que va a ser reconstruida en la estrofa siguiente --la 6ta-- donde identificamos de manera explícita el ocultamiento de esta luna entre los cubos que forman los edificios o --tal como reza otro poema de esta sección del Lunario sentimental --“luna ciudadana”: “Tras el horizonte abstracto” (v. 31).

Por otro lado, si bien es cierto ya en las estrofas 4ta y 5ta se trataba de encarnar o poner en paralelo los avatares del astro nocturno con los del hombre, esto se establecía desde la perspectiva del narrador-observador. Será recién en las dos últimas estrofas (7ma y 8va) donde se acortarán distancias respecto al lector, resultando la segunda persona --aquel Tú que repentinamente aparece-- simultáneamente apelación hacia nosotros y alter ego. Es decir, tanto el yo poético como el lector se hallan ahora más involucrados y dramatizados en el poema.

De este modo, es en esta segunda parte de “La muerte de la luna” donde se diseña, alrededor de la identificación del astro y los ojos del yo poético--y de la noche con el sueño-- una lectura, digamos, de tipo epistemológico y, pareciera también, sesgadamente irónico o paródico; trasvasamiento semántico en suma, no menos caricaturesco, típico de este libro de 1909. Retirada la luna de la noche a la cual otorgaba el sentido (la iluminaba), ya que ahora “las tinieblas palpan como el tacto/ De un helado y sombrío mono” (vv. 34-35), el yo poético (“Sin ilusión alguna”, v. 51) opta por refugiarse en el sueño “formado de aroma y de estío” (v. 47). Para lograr esto último, los ojos del yo poético --al modo de la luna y, por ende, tal como un Polifemo-- también abandonan su propia noche (“Al mismo tiempo que la luna”, v. 53); negándose, por tanto, a iluminar el mundo exterior --a los que también otorgan orden o sentido-- en los dos versos finales del poema: “Y el cielo como una barca que se va a pique, / Definitivamente naufraga en tus ojos”.

Por lo tanto, las analogías entre Modernismo y Barroco --en “La muerte de la luna”-- van más allá del marcado paralelismo sintáctico y evidente conceptismo de éste y de los otros poemas que constituyen el Lunario sentimental. En todo caso, su apartado “Lunas” estaría cerrándose abordando, significativamente, el tema monstruoso --y no menos gongorino-- del cíclope Polifemo. Ojo único y lunar es también el del yo poético en este texto. Es decir, si en la naturaleza nada es pérdida, sólo metamorfosis, y la luna constituye en aquélla como la imagen misma de la transformación o simulación (es siempre, dadas sus fases, muchas y la misma); de modo semejante, Polifemo muere/ cierra su ojo para, luego, tener que resucitar/ abrirlo, necesariamente, cada nuevo día. Y con esto renace o se ilumina, de modo reiterado, la misma penosa realidad que se observa. Lo monstruoso es en última instancia inalterable, pareciera señalarnos con calculada sutileza y no menos negro sentido del humor, Leopoldo Lugones, porque el lugar de aquello yace precisamente en la mirada; condición del todo semejante, se nos permite inferir, a la de la --acaso no tan inocente-- luna.

En suma, nos hallamos ante un protocolo de representación del modernismo lugoniano --lo monstruoso de la psiquis humana y, tal como ésta, también de la naturaleza simbolizada por la luna-- que no oculta sus fuentes clásico-barrocas (El Polifemo), pero cuya crisis o desengaño --tan patentes en “La muerte de la luna”-- a su modo también nos interpela luego de una centuria. Por poner un ejemplo, a través de la oportuna y pertinente reflexión sobre el mal que elabora un autor como Gonzalo Portocarrero en su libro, Rostros criollos del mal. Cultura y transgresión en la sociedad peruana (Lima, Red para el Desarrollo de las Ciencias Sociales en el Perú, 2004). En resumen, y tocando tan sólo un aspecto importante de su libro, para aquel autor peruano los movimientos de izquierda de los años 60 pecaron de ingenuos porque consideraron que la revolución estaba al alcance de la mano, a la vuelta de la esquina, y no tomaron en consideración las verdaderas dimensiones ni el rol del mal; verbigracia, la crueldad, el cinismo y la corrupción que marcaban a la sociedad peruana. Es decir, agregamos nosotros, luego del auge de las nociones de causa y estructura en las ciencias sociales, hoy en día se precisa pensar --incluyéndolos-- en el libre albedrío, las emociones y las conciencias individuales… tanto como las de los múltiples colectivos que surgen, en esta época de Internet y globalización, proclamando su diferencia en el mundo entero .

 

Notas:

[1] Venko Kanev, “Ironía y lenguaje en ‘Lunario sentimental’ de Leopoldo Lugones” (1997)
[http://revistas.ucm.es/fll/02104547/articulos/ALHI9797120029A.PDF]; Margarita Fernández de Perico, “‘Lunario sentimental’ y el desprestigio de la luna romántica” (1994) [http://cvc.cervantes.es/lengua/thesaurus/pdf/49/TH_49_003_110_0.pdf].

[2] Según Julio Ortega, el Modernismo es simulación; el otro gran movimiento sería el Barroco (hipérbole, oxímoron, conceptismo: mascarada). El sujeto, como ideología unitaria, es puesto en cuestión por ambos movimientos. La esencia de la máscara es el intercambio; el sujeto, por tanto, está en sustitución permanente. Ortega convocaba a sus estudiantes a desarrollar aquellas conexiones. (Apuntes de su clase sobre Modernismo en Brown University, 1990).

 

© Pedro Granados 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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