Edgar Allan Poe y su presencia en Fernando Pessoa

Luis Juan Solís Carrillo

Doctor en Humanidades
Facultad de lenguas
Universidad Autónoma del Estado de México
luisjuanajones@yahoo.com


 

   
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Resumen: Un breve repaso al papel de Edgar Allan Poe en la vida y obra de Fernando Pessoa, en especial, como modelo de lo que el luso denomina “cuento de raciocinio”. De igual forma, se tratan puntos tales como las traducciones que Pessoa hace de Poe, así como las opciones que, de acuerdo con el poeta de Lisboa, estaban abiertas a las letras portuguesas a comienzos del siglo pasado, y el lugar que ocupa el norteamericano en ese momento de la historia literaria lusa.
Palabras clave: Edgar Allan Poe, Fernando Pessoa, cuento de raciocinio

 

Estamos, como siempre, en año de homenajes. En este 2009, se cumplen 200 años del nacimiento de Edgar Allan Poe. Se trata, entonces, de analizar la obra, la vida y los milagros del poeta; su influencia-real o pretendida- en otras literaturas, en el cine, y en lo que resulte más o menos pertinente. Así pues, como hay que sumarse a la bulla, aquí van mis tres centavos. Voy a hablar del celebrado, vilipendiado, multicitado y, hoy, homenajeado poeta bostoniano y de Fernando Pessoa. Más que de “influencia” de aquél en éste, voy a hablar de la presencia literaria que el norteamericano tuvo en un poeta al que nunca conoció, y para quien, hace un siglo más o menos, sería modelo de racionalidad y epítome de belleza.

La admiración del Lisboeta por el estadounidense no es desconocida. Sabemos que no se trata de una simple fiebre de juventud; Poe fue durante toda la vida de Pessoa una especie de constante literaria, parangón intelectual y asidero estético. Veamos algunos de los instantes y de los modos en que Poe aparece en la vida del portugués.

Corre el año de 1903, Pessoa es un mozalbete de 15 años que vive en Sudáfrica y está inmerso en un entorno cultural anglosajón cuyo panteón literario está formado por Milton, Shakespeare y Shelley. Ese mundo también aloja, para lo que viene al caso, a Edgar Allan Poe. De modo que Portugal y sus letras están como a trescientos años luz de Durban. Por esos tiempos, el joven lee como endemoniado y pierde el sueño, preparándose para su ingreso en una universidad británica, de la que, por razones más bien burocráticas, se ve finalmente excluido. De esos años, nos llega un cuaderno, el cual da fe de la avidez lectora del joven anglófilo. Esta relación de obras y autores presenta, junto a otros habitantes del más excelso panteón de las letras inglesas, a Edgar Allan Poe:

Se constata igualmente que lee tanto obras de filosofía (Platón, Aristóteles, Víctor Cousin, Schopenhauer, Ribot, Fouillé) como de literatura (Shakespeare, Byron, Shelley Keats, Poe […]), No sólo en inglés sino también, a menudo, en francés. [1]

De lectura de juventud, Poe no tardará en convertirse en modelo para los primeros esfuerzos creativos en Fernando Pessoa. Así, y a modo de experimentación literaria, comienzan a surgir escuálidas vocecillas de lo que más tarde será el barullo vocinglero de los grandes heterónimos. Como esbozo del porvenir, y muestra de la presencia de Poe en la vida de Pessoa, aparece una serie de “personalidades”, toda ellas muy flacas y desdibujadas. En ese grupo, surge un tal Horace James Faber, una de las 72 máscaras con las que Pessoa se tapa la cara, para ser otro y ser el mismo. Faber es “ensayista y cuentista”, “teórico de la novela de misterio”, y autor de novelas de terror -escritas en inglés- a quien Robert Bréchon dedica sólo una rapidísima mención.

En 1905, Pessoa regresa a Lisboa, para no salir jamás. Es el comienzo de la recuperación de su identidad lusitana, lo que no implica que descuide su proverbial dominio del inglés; en esto, al menos, se parece a otro de los grandes, a Borges. En tierras portuguesas, el rendimiento académico del joven portugués deja mucho que desear: o lo expulsan o deja voluntariamente la universidad; lo cierto es que el jovenzuelo comienza a parecerse más a Holden Caulfield, que al niño ejemplar de sus mocedades sudafricanas. Por esos mismos días, surge otra voz de Pessoa un poco mejor conocida que la de Faber: Alexander Search, otro miembro del club de heterónimos, cuyo apellido encierra un juego de palabras relacionado con la labor detectivesca y la búsqueda. Vale decir que se conoce relativamente poco de este “autor”; el mismo Bréchon señala lo siguiente:

Las primeras ediciones póstumas ni siquiera lo mencionan. Muchos poemas y textos en prosa, encontrados en el baúl, fueron publicados en Portugal y en otros países, a partir de 1977 […] pero el corpus definitivo de sus obras no se ha establecido por completo. ¿Escribió cien, ciento veinticinco o ciento cincuenta poemas? ¿Habrá terminado otros textos en prosa, además de la “historia extraordinaria”, un poco a la manera de Poe, A Very Original Dinner, de humor macabro? [2]

Esa historia “un poco a la manera de Poe” es nada menos que el relato de un caso de canibalismo, (de ahí lo “original” de la mentada cena), que sirve al joven Pessoa como medio perfecto para experimentar con el tipo de novela más cercano al espíritu introspectivo, e inquisitivo, de su propia existencia. De esta manera, la búsqueda (Search) se da por partida doble. Primeramente, en un esfuerzo por desmenuzar los pasos que llevan al descubrimiento de los hechos, incluidos los policiacos. En segundo lugar, el afán se traduce en una labor de submarinismo en el arrecife de la propia existencia como sujeto. El primer esfuerzo fructificará en muchos textos en prosa, los cuales dan lugar al conjunto llamado Ideas filosóficas, y que sirven al portugués para enfrascarse en sesudas disquisiciones con títulos como los siguientes: “Clasificación de los sistemas filosóficos”, “De las facultades de la mente”, “El problema del ser”, entre otros. También en esta línea de indagación, aparecen los textos del grupo llamado Ficción, que incluye a su famoso El banquero anarquista, La ventana estrecha y El robo de la quinta de las viñas. El primero es todo un florilegio del razonamiento lógico; mientas que los dos últimos -inconclusos y fragmentarios- corresponden a cuentos de corte más o menos “detectivesco”. Por su parte, el acto de buceo existencial de Pessoa es una labor que no cesa, sino que se enraíza y moldea los ángulos de la personalidad del poeta lusitano.

El joven Pessoa aplica a la introspección el método policiaco que tanto admira en Poe y en Conan Doyle. Busca la verdad de su ser, incluida la propia tendencia policial, como si no se tratara de él mismo. “I am sorry to say that I feel in myself the indication that if I had been born in Spain some […] centuries ago, I might have made a very good inquisitor” […] Esa necesidad incesante de conocimiento y de validación de sí mismo ya es, y él está consciente de ello, síntoma de neurosis. [3]

Si bien el análisis inquisitorial será en Pessoa asunto para toda la vida, la novela policiaca le será una ambición postergada, un eterno proyecto que no habrá de cristalizar en glorias semejantes a las de su obra poética. Sin embargo, la obsesión por lo detectivesco no se ve nunca disminuida y es de una fuerza acuciante en el portugués. Destaco el hecho de que Search “nace” el 13 de junio de 1888, o sea, el mismo día y el mismo año que Fernando Pessoa, tan cercano le resulta.

Las incursiones pessoanas en el ámbito de la novela detectivesca encuentran su punto de referencia formal en su admirado Edgar Allan Poe. Es importante señalar que el estadounidense viene a ser mucho más que uno de los autores de los años formativos del portugués. Para el de Lisboa, Poe es incluso epítome de admirable belleza. En un texto manuscrito, “El artista y su imagen”, que probablemente data de 1906, o sea de los tiempos en que recién ha llegado a establecerse en Portugal, Pessoa asegura lo siguiente con respecto a los grandes creadores, entre los cuales incluye, claro, a Edgar Allan Poe:

El artista debe nacer bello y elegante, puesto que quien cultiva la belleza no debe ser feo. Seguramente, debe de ser un terrible dolor para el artista no descubrir absolutamente en él mismo aquello por lo que lucha. ¿Quién, mirando el retrato de Shelley, de Keats, de Byron, de Milton y de Poe, puede extrañarse de que hayan sido poetas? Todos fueron bellos, amados y admirados; todos tuvieron el calor vital y la alegría celestial que vienen del amor […].[4]

Como ya lo he expresado, una de las grandes obsesiones de Pessoa es la indagación acerca del pensamiento, la forma en que se llega al conocimiento, sus límites y sus alcances. Este agudo interés dio lugar -incluso en vida del lisboeta- a una ociosa discusión acerca de la mejor forma de describirlo: como poeta o como filósofo. Recordamos la célebre frase, tomada de un manuscrito que data probablemente de 1910, “Predominio del sentido interior”, con la que el lusitano se autodefine en términos de: Un poeta estimulado por la filosofía, no un filósofo con facultades poéticas. [5] Lo cierto es que poeta, filósofo, o ambos a la vez, Pessoa nunca deja de sentirse fuertemente atraído por los mecanismos del pensamiento, por la argumentación coherente y metódica, en suma, por todo lo que tiene algo que ver con el raciocinio. Así pues, el luso ve en Poe no sólo un notable creador, sino un tipo dotado de gran acumen: Un caso como el de Poe. Poe poseía genio. Poe poseía talento porque tenía una gran capacidad de raciocinio, y el raciocinio es la expresión formal del talento. [6]

Es curioso que para definir sus escritos de corte policiaco Pessoa emplea la misma frase que para referirse a Poe: “de raciocinio”. Uno de esos “relatos de raciocinio” es, por ejemplo, La ventana estrecha. En este texto no fechado, encontramos a un tal Tío Porco, que abre el fragmento, con una larga perorata acerca de la inteligencia humana y de sus variedades. Primero, asegura que hay tres formas de inteligencia: “la científica”, “la filosófica”, y la que considera superior, “la inteligencia crítica”. Luego de presentar los rasgos esenciales de cada una, Tío Porco afirma que la inteligencia crítica se subdivide en dos tipos, a saber: “el instintivo” y “el intelectual”. [7] Acto seguido, el personaje comienza una disquisición más cercana al Cratilo, que a una intuición de Hércule Poirot. Como puede verse, Pessoa utiliza el cuento de raciocinio para dar rienda suelta a sus ideas acerca de la razón y el conocimiento; con un discurso de corte epistemológico, el portugués deja de lado todo interés por el relato y la investigación detectivesca. Miguel Ángel Viqueira dice al respecto: Lo único que le importa a Pessoa es la deducción pura, el arte supremo del raciocinio, de la celebración perfecta que conduce a descifrar impecablemente cualquier misterio. [8]

A diferencia de todo CSI que se respete, Tío Porco prefiere servir de voz a un didactismo que prescinde del cuerpo del delito, del autor material, del arma homicida y de lo que sea, para dictar cátedra de teoría del conocimiento. Tal vez el mismo Edgar Allan Poe no habría gustado mucho del didactismo del Tío Porco. Perrone-Moisés cita al respecto estas palabras de Baudelaire, acerca de Hugo:

“Víctor Hugo sería menos admirado si fuese perfecto […] sólo consiguió que le perdonaran todo su genio lírico, introduciendo a la fuerza y brutalmente en su poesía lo que Edgar Poe consideraba la herejía moderna capital: la enseñanza”. [9]

Será quizá por lo antes dicho, que la ficción “policiaca” de Pessoa me resulta, lo confieso, ilegible. [10] Tal vez por eso, todos los cuentos de “raciocinio (salvo A Very Original Dinner y El banquero anarquista) quedaron inconclusos. Lo del lisboeta es una especulación, que alguna vez quiso ser emulación, a partir de un género que le resulta admirable. Bréchon advierte al respecto:

Pessoa soñaba con hacerle la competencia a sus propios modelos anglosajones, creando el personaje del detective hiperconsciente de su propio método, para el cual, la investigación policiaca está por encima de todo ejercicio de razonamiento lógico, al grado de que no hay ninguna necesidad de ir al lugar de los hechos para obtener supuestos indicios; su investigación puede desarrollarse en cualquier lugar, en casa o en un paseo por la calle, pues todo se realiza mentalmente. [11]

Junto a Tío Porco, aparece el médico y detective Abílio Quaresma, quien también dista mucho de ser un Dupin. Se trata menos de un personaje que de un esbozo, carente por completo de los gestos, tics y manías de un Álvaro de Campos, por ejemplo. Con todo, no importa mucho lo bien o lo mal logrado de ese Quaresma, a quien Pessoa define como “autor-personaje de cuentos policiacos” [12]; lo que me interesa destacar aquí es el hecho de que Poe es una idea recurrente en la vida del poeta de Lisboa; un bicho que le pica en Durban, y cuya mordedura habrá de acompañarlo en varias y muy distintas empresas.

Un dato biográfico imprescindible en Pessoa es su fracaso reiterado como hombre de negocios. Después del tropiezo como dueño de una casa editorial, sueña con la creación de una nueva compañía, la cual resulta un revoltijo heteróclito sin la menor coherencia empresarial. El nombre de la compañía ya lo dice todo: Olisipo, Agentes, Organizadores y Editores. A la cabeza de la sociedad está, naturalmente, Fernando Pessoa; el poeta (y ahora empresario) se propone editar a los autores que le son más caros: Poe y Shakespeare, por ejemplo. Y no sólo editarlos, sino traducirlos personalmente. Aseverar que, con la selección de estos autores, Pessoa crea una suerte de vínculo lingüístico y tal vez afectivo con su vida en Durban, me parece poco arriesgado. Más que un homenaje a la excelsa calidad de un poema, en su traducción de “El Cuervo”, Pessoa da una clase magistral de su destreza en el oficio. Sabemos que se ganaba el pan como traductor de correspondencia comercial en inglés, francés y portugués; pero la traducción de un poema notable, entre otras cosas, por sus elementos rítmicos, debió de brindarle la oportunidad de ejemplificar sus ideas acerca del arte de la traducción. Sabemos que desdeñó como en exceso simple la traducción del portugués al español (lo cual, creo, está por verse), para centrar su atención en el traslado del inglés al portugués y viceversa. Así pues, además de “El cuervo”, Pessoa tradujo “Annabel Lee”. Ambas traducciones permiten a Pessoa ejercitar su oído, realizar malabares con el contenido semántico y las rimas. Tiempo y esfuerzo hay invertidos en la traducción de ambos poemas, pero esto no impide que, amén de su admiración por el poeta “de raciocinio”, Pessoa no le haga reproches:

Tenemos tipos como Poe -genio y un elemento (raciocinio) de la inteligencia. (Su habilidad filosófica era una ficción, salida de los sueños, como lo muestra su incapacidad para razonar claramente en asuntos filosóficos, pese a sus admirables poderes de raciocinio. Su crítica, también es falsa; está construida a partir del raciocinio, como en su celebrada autoilusión acerca de la composición de “El cuervo”, un poema no demasiado notable, digámoslo). [13]

Es muy famosa la versión portuguesa de “El Cuervo”, la cual, como asegura el propio Pessoa traductor, es “rítmicamente apegada al original”. No entraré aquí en detalles de la versión de Pessoa, baste lo que viene a continuación para dar cuenta de la calidad del poeta como traductor literario. En el ejemplo que sigue, (el primer verso del conocidísimo poema) se observa la total coincidencia en el número de sílabas del original y del texto en portugués. Los acentos (marcados con negritas subrayadas), caen de forma simétrica en las mismas sílabas impares; en cuanto al apego semántico, ni qué decir, es caninamente fiel, a lo largo de toda la versión:

Nu-ma mei -a-noi-te a-gres-te, quan-do eu li -a, len-to e tri- ste,
     1    2    3    4   5     6    7    8     9      10   11 12 13   14 15   16

Once u-pon a mid-night drea-ry, while I pon-dered, weak and wear-y
      1    2   3    4  5      6      7     8     9   10 11    12      13   14   15   16

Así pues, Pessoa aunque Pessoa le ponga reparos al original, acaba haciendo en portugués lo que Baudelaire hizo en francés, o sea, una traducción que se parece mucho a un amoroso gesto y a un tributo estético y devocional.

Llegamos al año de 1912. Por esas fechas, además de andar gestando una caterva polifónica de personalidades literarias, Pessoa dedica un espacio al estudio de otros poetas, agrupándolos en las distintas formas de asumir el papel de los creadores pertenecientes al llamado “Renacimiento portugués”, iniciado con el saudosismo de Teixeira de Pascoaes. De acuerdo con Pessoa, los lusos sólo contaban con tres vías hacia la conformación de su identidad nacional poética. La primera, formada por gente como el estadounidense Whitman y el belga Verhaeren, o en filósofos como Nietzsche. Esta primera vía consiste, en voz de Pessoa en: entregarse al mundo exterior, dejarse absorber por él, extrayendo de él la vida hueca y ruidosa, el esfuerzo sólo el esfuerzo y la naturaleza, simplemente como naturaleza. [14] El segundo camino, más centrado en el Romanticismo, se basa en la exacerbación de lo individual, en el rechazo de la realidad mundana, en la recuperación de lo gótico, lo exótico y lo inaudito. Pessoa inscribe en esta órbita a poetas como Baudelaire y a Allan Poe:

Ponerse a un lado, apartados de esa corriente, en un sueño individual, completamente aislado, reaccionado inerte y pasivamente contra la vida moderna, ya sea por esa ansia medieval, la medievalité, ya sea por medio de la fuga hacia lo lejano en el espacio, o hacia lo que hay de extraño y de extraordinario en la vida -lo Lejano que hay al final de la vida. [15]

Por último, en unas cuantas líneas, Pessoa traza lo que denomina “camino portugués”, el cual huye de la realidad y trata de envolver el universo en el manto del sueño: metiendo ese ruidoso mundo, a la naturaleza, a todo, dentro del propio sueño-huyendo de la ‘Realidad’ en ese sueño. Es el camino portugués (tan típicamente portugués) -que viene desde Antero de Quental, con una intensidad cada vez mayor hasta nuestra poesía más reciente. [16]

Ahora bien, un referente es siempre un punto con el que se guarda una posición relativa, que sirve tanto para medir alejamientos como cercanías. De modo que, aunque no Pessoa no ubica a Poe en el camino “típicamente portugués”, no por ello deja de ver en el norteamericano una especie de azimut intelectual y estético, para la búsqueda de la identidad nacional, en un momento crucial en la historia literaria portuguesa.

Por último, hasta en muerte se ha visto Pessoa en las vecindades de Allan Poe. Es casi dogma afirmar que el poeta de Lisboa murió a causa de afecciones hepáticas debidas a su proverbial afición a la bebida. Dedicada a su novia Ophélia, es famosa la foto que lo muestra en gozosa libación, frente a la barra, barriles y garrafas de un negocio de vinos de Lisboa. La dedicatoria a la enamorada dice así: Fernando Pessoa, en flagrante delito. [17] En no poca medida, los propios amigos del lisboeta contribuyeron a echar a andar la idea de que Pessoa muere por su afición a las copas. Por su parte, Bréchon quiere desmitificar el presunto y poner un poco de sobriedad en el fallecimiento del gran poeta; así, con respecto a esas habladurías, declara:

Si Gaspar Simões se prestó a divulgarlas, fue para dar al poeta una imagen como la de “su émulo americano”, Edgar Allan Poe, y en eso se sumó a otros exégetas: Antonio Quadros, Ángel Crespo, Octavio Paz y Jorge Sena. [18]

Poeta de raciocinio, genio, autor de poemas “no demasiado notables”, filósofo de poca monta, Poe es muchas cosas para Pessoa. Sin embargo, por encima de todo, el luso ve en el texto de raciocinio, de quien Poe es sin duda parangón obligado y modelo (¿inalcanzable?), un género para el cual expresa un profundo respeto: una de las pocas diversiones intelectuales que aún queda de intelectual en la humanidad es la lectura de novelas policiacas. Al menos, eso quedaba por 1914…

 

NOTAS

[1] Para éste y otros importantes datos, empleo la biografía escrita por Robert Bréchon: Fernando Pessoa, estranho estrangeiro, uma biografia, Record, Rio de Janeiro, 1999, p.65. Aprovecho para aclarar que, salvo cuando se indique lo contrario, la traducción de todos los pasajes escritos en lengua extranjera, aquí citados, fue perpetrada por un servidor.

[2] Idem, p. 98

[3] Idem, p.77

[4] Fernando Pessoa. Obra em prosa, Cleonice Berardinelli (Ed.), Nova Aguilar, Rio de Janeiro, 1998, p. 263 .

[5] Idem, p.36

[6] Fernando Pessoa. Eróstrato y la búsqueda de la inmortalidad, Emecé, Buenos Aires, 2001, p. 121. La traducción es de Santiago Llach.

[7] Fernando Pessoa. Obra em prosa, p. 682.

[8] La cita corresponde al “Epílogo ad hoc”, que sirve a Miguel Ángel Viqueira como cierre a su traducción de: Fernando Pessoa. El banquero anarquista y otros cuentos de raciocinio, Alianza, Madrid, 2008, p. 147.

[9] Leyla Perrone-Moisés. Aquém do eu, além do outro, Martins Fontes, São Paulo, 2001, p. 52.

[10] Viene al caso la siguiente advertencia: Este fragmento pertenece al cuento de raciocinio “La ventana estrecha”, inconcluso. Su publicación nos pareció útil porque, independientemente de formar parte de un texto de ficción, constituye un ensayo de un análisis cualitativo de la inteligencia […]. Fernando Pessoa. Obra en prosa, p. 682.

[11] Robert Bréchon, op. cit., pp. 360-361.

[12] José Gil no está del todo seguro de que el tal Abilio deba incluirse entre los heterónimos. Fernando Pessoa ou a metafísica das sensações, Relogio d’Água, Lisboa, sin año de edición, p. 204

[13] Fernando Pessoa. Eróstrato y la búsqueda de la inmortalidad, pp. 122-123.

[14] Robert Bréchon, op. cit., p. 142.

[15] Idem, p. 142

[16] Idem, p. 142.

[17] María José Lancastre. Fernando Pessoa, uma fotobiografía, Civilização Brasileira, Río de Janeiro, 1999, p. 255.

[18] Robert Bréchon, op. cit., p. 531.

 

BIBLIOGRAFÍA

Bréchon, Robert (1999): Fernando Pessoa, estranho estrangeiro, uma biografia, Record, Rio de Janeiro.

Gil, José (sin año de edición): Fernando Pessoa ou a metafísica das sensações, Relogio d’Água, Lisboa.

Lancastre, María José (1999): Fernando Pessoa, uma fotobiografía, Civilização Brasileira, Río de Janeiro.

Perrone-Moisés, Leyla (2001): Aquém do eu, além do outro, Martins Fontes, São.

Pessoa, Fernando (1998): Obra em prosa, Berardinelli, Cleonice (ed.), Nova Aguilar, Rio de Janeiro.

——(2001): Eróstrato y la búsqueda de la inmortalidad, Emecé, Buenos Aires.

——(2008): El banquero anarquista y otros cuentos de raciocinio, Alianza, Madrid.

 

© Luis Juan Solís Carrillo 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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