El Asno de oro de Apuleyo, el Lazarillo y Vives:
reconcimiento a Antonio Vilanova

Francisco Calero

UNED, Madrid


 

   
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Resumen: De acuerdo con los estudios de A. Vilanova no cabe duda de que existe una estrecha relación entre la traducción del Asno de oro y el Lazarillo. Yo haré aquí un resumen de su argumentación y añadiré algún argumento de mi cosecha.
Palabras clave: Vives, Apuleyo, Lazarillo, Asno de oro, A.Vilanova.

 

El escritor latino de origen africano, Lucio Apuleyo (s. II p.C.), fue autor de una obra maestra de la literatura universal, Metamorphorseon libri XI, conocida también como Asinus aureus. Esta denominación se la debemos a San Agustín, quien lo citó en su De civitate Dei, XVIII, 18, 1, p. 1853:

Como escribió Apuleyo en su libro El asno de oro, que le ocurrió a él mismo.

Esta cita pone de manifiesto que la obra de Apuleyo fue muy apreciada, incluso entre los autores cristianos, y esto a pesar de su carácter atrevido. Su alta valoración fue corroborada en el Renacimiento, como lo atestiguan las traducciones a lenguas vulgares. De ellas se ha ocupado Alexander Scobie, quien estableció la siguiente cronología [1]: traducción italiana 1516?, francesa 1518, española c. 1525, alemana 1538, inglesa 1566. Con relación a la traducción española, que es la que aquí nos interesa, con posterioridad a la obra de Scobie, contamos con las aportaciones de Griffin [2] y de Julián Martín Abad [3], quien ha hecho una precisa descripción de los dos ejemplares más antiguos, pertenecientes a dos ediciones distintas: el primero conservado en la Biblioteca Santa Genoveva de París, único superviviente de la primera edición, y el segundo en la Biblioteca Nacional de Madrid, único superviviente también de la segunda edición.

Aquí nos detendremos en el primero, que apareció con el título de Libro de lucio apuleyo del asno de oro. En el qual se trata muchas historias y fabulas alegres: y de como una moça su amiga: por lo tornar aue: como se auia tornado su señora que era gran hechizera: erro la buxeta: y torno lo de hombre en asno: E andando hecho asno vido t oyo las maldades t trayciones que las malas mugeres hazen a sus maridos. E assi anduuo hasta que a cabo de vn año comio de vnas rosas y tornosse hombre: según que el largamente lo recuenta en este libro.

Para hacer la historia completa, hay que decir que el ejemplar “descubierto” por Griffin había sido descrito mucho antes por el maestro de la bibliografía J. Ch. Brunet [4], quien lo dató en Sevilla, 1513. Por su parte, M. Menéndez Pelayo escribió [5]: “Este rarísimo y precioso libro no tiene, como se ve, año ni lugar: omisión nada extraña… Brunet, sin embargo, y otros bibliógrafos siguiéndole, fijan en Sevilla, y en 1513, el lugar y la data de esta edición. Para mí se presenta con caracteres de evidencia tal conjetura, puesto que el Prohemio del intérprete está fechado 1º de agosto de 1513, y el traductor era Arcediano de dicha iglesia, como veremos”. Hay que advertir que la descripción ofrecida por Menéndez Pelayo presenta algunas variantes en el título, como fecho en lugar de hecho y fasta en lugar de hasta. Por tanto, tenemos que preguntarnos: ¿qué ejemplar vio don Marcelino o acaso es que modificó algo?

J. Martín Abad fecha la obra en torno a 1513, sin duda porque entre la terminación de la traducción y su publicación pudo transcurrir algún tiempo. De todas formas sería la española la primera traducción, por delante incluso de la italiana. Este hecho es extraordinariamente importante porque, tratándose de una obra de difícil traducción por contar con un vocabulario arcaico y coloquial, e incluso griego, resulta difícil pensar que la hiciera un español, puesto que los estudios clásicos llevaban en España un notable retraso con respecto al resto de Europa. Como es notorio a todos los traductores, el enfrentarse por primera a un texto difícil lleva consigo riesgos de malas interpretaciones. Y, sin embargo, todos están de acuerdo en alabar la traducción española. A la contradicción apuntada daremos solución más adelante, porque antes tenemos que tratar del posible autor, que, según Menéndez Pelayo, fue el arcediano de Sevilla Diego López de Cortegana. A esta conclusión llegó gracias al examen detenido de los versos latinos contenidos al final del volumen, p. 103 b:

Cor durum tygris hidra aut hircana colubris
Tentant huius cui fabula nulla placet,
Ganit nulla quidem eius pars pietatis in aurem
Natus et in silvis trux garamanta fuit.

En efecto, juntando las dos letras iniciales de los cuatros versos resulta el apellido Cortegana. Pero, ¿qué sabemos de López de Cortegana? A él ha dedicado un artículo Juan Gil, en el que aporta interesantes datos sobre el arcediano, como los siguientes [6]: “En 1524 declaró el propio Diego López que había sido oficial de la Santa Inquisición por espacio de casi 30 años y que por esta causa había recibido muchas cuantías de mrs., más de 4000 ducados de oro, sin contar los bienes habidos ‘pro intuitu de la Yglesia’: como que en numerosas escrituras de los años 1513 y 1514 su nombre aparece asociado con el del terrible inquisidor Diego Rodríguez Lucero”. Por lo que se refiere a la posible autoría de la traducción del Asno de oro, tengo que objetar que se aviene mal el haber sido inquisidor durante tantos años con una obra atrevida y licenciosa. Y también el haber amasado una gran fortuna parece discordante con el trabajo humilde y sacrificado del traductor. A esas objeciones se puede sumar el hecho de haber producido una obra maestra, que no aparece confirmada por otras obras.

Todas esas contradicciones quedan resueltas si, en lugar de pensar en el canónigo e inquisidor sevillano, cambiamos completamente de horizonte y nos fijamos en un español emigrado en París: Luis Vives. Lo concretaremos en los siguientes puntos.

 

1 Un excelente latinista

Vives no fue un latinista normal, que se defendiera escribiendo en latín. Él conocía a la perfección todos los registros de la lengua latina, incluso la arcaica, como lo puso de manifiesto con la composición de su Aedes legum, donde se sirve del vocabulario latino arcaico. Vives no sólo sabía escribir en latín clásico sino también en latín arcaizante. Era, por tanto, uno de los pocos latinistas que podía enfrentarse con éxito a la traducción del Asno de oro, en el que hay variedad de registros léxicos.

 

2 Un espíritu abierto

Traducir una obra atrevida como el Asno de oro exige en el traductor una mentalidad abierta, como la tenía Vives, quien no sólo leyó La Celestina sino que emitió un juicio sobre ella en De disciplinis, I, p. 132:

Más sabio fue en esto el autor en nuestra lengua de la tragicomedia La Celestina, pues estableció una estrecha ligazón entre el progreso de los amoríos y los encantos del placer y un final muy amargo, a saber, las desgracias y muertes violentas de los amantes, de la alcahueta y de los alcahuetes.

 

3 El título y San Agustín

Ya hemos visto que San Agustín fue el primero en denominar Asinus aureus la obra de Apuleyo, y ése es también el título en la traducción castellana. Este hecho habla a favor de Vives, el gran conocedor de la obra del Obispo de Hipona, a quien Erasmo confió la edición y comentarios de La ciudad de Dios. Y no termina ahí la concordancia, sino que se completa en el Prohemio de la traducción, en el que el traductor invoca la autoridad de San Agustín y de otros padres de la Iglesia para defenderse de las posibles críticas, p. 2a:

A esto yo respondo oponiéndole delante a los bienaventurados Jerónimo y Agustino e aun Lactancio Firmiano con Fulgencio varón doctíssimo, y otros muchos que escrivieron en la sagrada escriptura: los quales muchas vezes y en diversos lugares en sus libros e tratados allegan la autoridad de Lucio Apuleyo como de philósopho prudente y grave.

Al igual que San Agustín, Vives fue admirador de Apuleyo, como se pone de manifiesto en sus Commentarii ad libros De civitate Dei, donde lo cita nada menos que setenta y tres veces. Veamos un pasaje significativo, p. 215:

Con este sentido emplean este vocablo también otros autores, por ejemplo Apuleyo en el libro IV de su “Asno”: Y teniendo presente la salvación común, hace correr la noticia (DIFFAMAT) de que su casa es presa de un repentino incendio.

 

4 Lectura de obras de pasatiempo

El autor de la traducción del Asno de oro se muestra partidario de leer obras de pasatiempo, para que sirvan de contrapeso a las ocupaciones serias, p. 2a:

pues que los sanctos doctores por más saber, e otras vezes por desenojarse, leýan libros de gentiles e los tenían por familiares. Porque si a las cosas graves e honestas no mezclas algún passatiempo, siempre estarás triste y con enojo.

Estas mismas ideas las expuso Vives en una carta al duque de Béjar, tras contarle la fábula de la vida es sueño, Epistolario, p. 572:

Me pareció que debía escribirte este relato, porque me consta que te agradan estas fábulas, gracias a la cuales nuestro espíritu se halla mejor dispuesto para la virtud.

 

5 El poeta Juan de Tovar

Menéndez Pelayo examinó con lupa los versos contenidos en la traducción del Asno de oro, pero se le escapó identificar al poeta que los escribió: Juan de Tovar. Y esta identificación es de capital importancia, porque va a servir para confirmar la autoría de la traducción. En efecto, puesto que escribió los versos que acompañan a dicha traducción, hay que suponer una gran amistad entre él y el traductor. Y ¿quién era Juan de Tovar? Con toda seguridad hay que identificarlo con Juan Partenio Tovar, que fue catedrático de retórica en la Universidad de Valencia y profesor de Luis Vives. La amistad entre ambos se confirma con el hecho de hablar de él elogiosamente en su Virginis Dei parentis ovatio, p. 274:

Habiendo Daniel puesto el codo en ella, se le acercaron Miguel Arriguo y el poeta Partenio Tovar, que poco antes había llegado de Sagunto. Yo, que entonces era muy mozo, iba a los alcances de Partenio. Tú, Cristóbal, ya sabes, y ya sabes, Vives, tú que es un hombre noble y serio a la vez que poeta afluente y fecundo y, por su nombre, no muy inferior a aquel a quien el emperador Tiberio se propuso para su imitación.

Sobre Partenio Tovar aporta unos detalles significativos J. F. Alcina [7]: “Un ejemplo típico sería la producción poética en latín del sevillano Juan Partenio Tovar, profesor de oratoria en Valencia y maestro de Luis Vives. Es autor de una miscelánea compuesta por varios tratados retóricos, cuatro declamaciones y una recopilación poética (Valencia, Jorge Soriano, 1503)”. Si Juan Partenio Tovar fue maestro y amigo de Vives y si éste lo mencionó en una de sus primeras obras como protagonista de una anécdota vivida por ambos ¿quién dudará de que se trata del poeta que compuso los versos latinos de la traducción del Asno de oro? Y, por tanto ¿quién mejor que Vives puede esconderse bajo el anonimato de dicha traducción? En mi opinión este solo argumento es suficiente para asignar a Vives la autoría de la traducción del Asno de oro.

Tras la exposición de los anteriores argumentos, con los que hemos podido descubrir a Vives como traductor del Asno de oro, a nadie extrañará que el resultado fuera una obra maestra. Ahora hay que demostrar que dicha traducción está íntimamente relacionada con el Lazarillo de Tormes, para lo que vamos a contar con las aportaciones decisivas de Antonio Vilanova. El primero que vio la relación fue Marcel Bataillon [8]: “Si l’on tient absolument à trouver au Lazarillo un précurseur qui puisse avoir influé en quelque façon sur sa naissance, je n’en vois guère d’autre que l’Âne d’Or d’Apulée, populaire en Espagne dès 1513 dans l’agréable traduction du chanoine sévillan Diego López de Cortegana”. Le siguió Jean Molino [9] y, especialmente, Antonio Vilanova, quien en varios artículos comparó de forma magistral ambas obras, llegando a las siguientes conclusiones [10]: “De acuerdo con lo que antecede quisiera, pues, demostrar que el Asno de Oro ha sido, para el Lazarillo de Tormes, algo más que un simple modelo estructural, en el que se inspira el procedimiento de composición lineal y episódica del relato autobiográfico en primera persona, al que ha engarzado los materiales folklóricos que utiliza. Y, al propio tiempo, quisiera también poner de relieve que el gran número de semejanzas y coincidencias existentes entre ambas novelas permite llegar a la conclusión, con casi absoluta certeza, de que el anónimo autor del Lazarillo, aunque haya bebido también en otras fuentes, ha encontrado en el Asno de Oro de Apuleyo, traducido por Diego López de Cortegana, no sólo su primer modelo, sino su fuente directa de inspiración”.

De acuerdo con los estudios de A. Vilanova no cabe duda de que existe una estrecha relación entre la traducción del Asno de oro y el Lazarillo. Yo haré aquí un resumen de su argumentación y añadiré algún argumento de mi cosecha.

1.- Porque son nuevamente oydas, o porque nunca fueron vistas

La frase transcrita se encuentra en el libro primero, capítulo primero de la traducción del Asno de Oro, pág. 5 a. A Vilanova [11] la puso en relación con la siguiente del Lazarillo, p. 3:

Yo por bien tengo que cosas tan señaladas, y por ventura nunca oídas ni vistas, vengan a noticia de muchos y no se entierren en la sepultura del olvido.

A esa concordancia hay que añadir otra del Diálogo de Mercurio y Carón, p. 407:

hizieron en ella [Roma] cosas que jamás fueron vistas ni oýdas.

2.- El deleite con la lectura

En el comienzo de la traducción del Asno de oro hay una referencia al deleite con la lectura de la obra, p. 4 b:

En este libro podrás conoscer e saber diversas hystorias y fábulas, con las quales deleytarás tus oydos e sentido, si querrás leer y no menospreciares ver mi escriptura.

A. Vilanova [12] relaciona esas frases con las siguientes del Lazarillo, pp. 3-4:

pues podría ser que alguno que las lea halle algo que le agrade, y a los que no ahondaren tanto los deleite.

En ambos textos hay que poner en relación un pasaje de Vives en De disciplinis, I, p. 222:

¿Y qué ocurre si escribo no para persuadir, sino para narrar o deleitar?

3.- El habla común

El traductor del Asno de oro era consciente de haber pasado el estilo alto del latín al romance y habla común, p. 2 a:

que es la excelencia de su estilo e polido hablar en latín, queda profanado e desfavorescido por ser traduzido y tornado en romance e habla común: verdad es que el oro, aunque esté escondido debaxo de la tierra, no es tratado y posseído por todos ygualmente. Pero a doquier que se halla, aunque sea en moneda de villon y nonada, siempre tiene su estima y valor.

A. Vilanova [13] relacionó este pasaje con otro del Prólogo del Lazarillo, pp. 8-9:

desta nonada, que en este grosero estilo escribo, no me pesará que hayan parte y se huelguen con ello todos los que en ella algún gusto hallaren.

La correspondencia está reforzada por la equiparación habla común-grosero estilo y por la presencia en ambos textos del termino nonada.

4.- El escritor quiere ser recompensado con la lectura de sus obras

El autor de la traducción del Asno de oro ambicionaba ser leído por todos, p. 2 a:

yo acordé endereçar a todos este asno que ayer era de oro, oy es de plata, e mañana essotro día será de cobre e aun de enojo y fastidio, sin que por el trabajo me deys gracias. Recebidlo y leedlo de buena gana, pues que a todos conviene e arma justamente.

A Vilanova [14] relaciona estas frases con las siguientes del Lazarillo, pp. 5-6:

Porque, si así no fuese, muy pocos escribirían para uno solo, pues no se hace sin trabajo, y quieren, ya que lo pasan, ser recompensados, no con dineros, mas con que vean y lean sus obras y, si hay de qué, se las alaben.

5.- Aquí verás las fortunas y figuras de hombres

El traductor del Asno de oro resume el argumento de la obra así, p. 4 b:

aquí verás las fortunas y figuras de hombres convertidas en otras ymágines y tornadas otra vez en su mesma forma.

Jean Molino [15] puso de relieve la relación entre esa frase y la del Lazarillo, p. 9:

y vean que vive un hombre con tantas fortunas, peligros y adversidades.

6.- Contar por extenso

Por tres veces se expresa esta idea en la traducción del Asno de oro, en la portada de la obra:

según que él largamente lo recuenta en este libro
en el argumento del séptimo libro, p. 53 a:

La historia que Luciano escribió en un libro, Apuleyo la repitió en muchos, contando largamente cada cosa de por sí

y en el argumento del capítulo I del libro cuatro, p. 26 b:

En el qual Lucio Apuleyo recuenta por extenso lo que passaron los ladrones y bestias.

A. Vilanova [16] puso en conexión esos tres pasajes, especialmente el último con la frase del Lazarillo, p. 10:

Y pues Vuestra Merced escribe se le escriba y relate el caso muy por extenso…

a la que se pueden añadir otras dos, p. 69:

el cual a cuantos allí venían lo contaba por extenso

y p. 75:

preguntándome muy por extenso de dónde era.

7.- Dende el principio

Nada menos que cuatro veces es expresada esta idea en la traducción del Asno de Oro, en p. 61 a:

Y porque mejor sepáys todas las cosas, os quiero dezir este negocio cómo aconteció dende el principio

en p. 87 b:

Agora lo demás que os quiero dezir, aunque lo deviera hazer al principio, pero al menos relataré quién es éste, o de dónde fue nascido

en p. 90 b:

y contadas por orden las maldades de aquella cruda mujer dende el principio

y en p. 97 b:

que por la divina revelación estava informado de todos mis trabajos y penas donde el principio.

A. Vilanova [17] conectó estos textos con otro del Lazarillo, pp. 10-11:

paresciome no tomalle por el medio, sino del principio, porque se tenga entera noticia de mi persona.

Además puso de relieve Vilanova el paralelismo sintáctico: “Es evidente que existe un claro paralelismo estilístico en la construcción causal de ambos pasajes, justificativa del método narrativo empleado: porque mejor sepáys todas las cosas, en Apuleyo, y porque se tenga entera noticia de mi persona, en el Lazarillo”.

8.- La buena fortuna

En el primer texto citado en el apartado anterior se hace referencia a los que tienen buena fortuna, p. 61 a:

Y, porque mejor sepáys todas las cosas, os quiso dezir este negocio como acontesció dende el principio, porque puedan muy bien los que son más discretos y la buena fortuna les enseñó a escrevir, ponerlo a manera de historia.

La misma referencia se encuentra en el pasaje citado del Lazarillo, como advirtió A. Vilanova [18]:

paresciome no tomalle por el medio, sino del principio, porque se tenga entera noticia de mi persona; y también porque consideren los que heredaron nobles estados cuán poco se les debe, pues Fortuna fue con ellos parcial.

9.- El espíritu de profecía

El espíritu de profecía está muy presente en la traducción del Asno de oro, como en este pasaje, p. 14 a:

Finalmente a mi me dixo, quando quería partirme para esta tierra, preguntándole cómo me sucedería en este viaje, muy muchas e varias cosas: agora que ternía prosperidad assaz grande; agora que sería de mí una muy grande hystoria y fábula increyble, y que avía de escrevir libros.

A. Vilanova [19] señaló las concordancias con el Lazarillo: “De las tres partes de que consta la profecía del sabio Dióphanes, es evidente que la segunda y la tercera, referentes a que Lucio será protagonista de una historia y fábula increíble y que llegará a escribir libros, van a cumplirse puntualmente, no sólo en el caso del héroe de Apuleyo, sino en el del propio Lázaro, quien, además de ser él también, según cree, protagonista de cosas nunca vistas ni oídas, que pueden parecer una historia o fábula increíble, de modo todavía más sorprendente, llegará a escribir un libro que, como el de Lucio, será la historia de su propia vida”.

El espíritu de profecía juega también un papel muy importante en el Lazarillo, como en la predicción del ciego, p. 43:

Yo te digo dijo que si un hombre en el mundo ha de ser bienaventurado con vino, que serás tú.

Y reían mucho los que me lavaban, con esto, aunque yo renegaba. Más el pronóstico del ciego no salió mentiroso, y después acá muchas veces me acuerdo de aquel hombre, que sin duda debía tener spíritu de profecía, y me pesa de los sinsabores que le hice aunque bien se lo pagué considerando lo que aquel día me dijo salirme tan verdadero como adelante Vuestra Merced oirá.

10.- La culpa de los ratones

En el Asno de oro el cocinero y el panadero, los dueños del asno Lucio, tras comprobar que desaparecen los alimentos, recurren a los ratones y a las moscas, p. 86 b:

demás desto, en su cámara no avía muy grandes ratones ni moscas.

En el Lazarillo el clérigo de Maqueda también piensa en los ratones como posibles comedores de sus panes, p. 60:

¡Qué ha de ser! dijo él . Ratones, que no dejan cosa a vida.

A. Vilanova [20] descubrió ésta y otras varias concordancias entre el tratado del clérigo de Maqueda y el del usurero Milón del Asno de oro, además de comprobar los mismos rasgos característicos de ambos personajes.

11.- Contar de oídas

Al finalizar la historia de la mala madrastra en el Asno de oro, Lucio apostilla, 84 a:

Estas cosas en esta manera passadas supe yo, que les oý a muchos que hablavan en ello; pero quantas alteraciones huvo de una parte a otra (…), estando yo ausente, atado al pesebre, no le pude bien saber por entero, ni las demandas, ni las respuestas y otras palabras que entre ellos passaron, y por esto no os podré contar lo que no supe, pero lo que oý quise poner en este libro.

Este pasaje se corresponde con otro del Lazarillo, p. 69:

De lo que sucedió en aquellos tres días siguientes ninguna fe daré, porque los tuve en el vientre de la ballena, mas de cómo esto que he contado oí, después que en mí torné, decir a mí amo, al cual a cuantos allí venían lo contaba por extenso.

Así lo señaló A. Villanova en el artículo citado [21].

12.- El falso convite

En el Asno de oro Milón acepta en su mesa a Lucio, quien responde a las muchas preguntas de Milón sin recibir nada de comida, pp. 10 b-11 a:

Assimismo me preguntó ahincadamente la causa de mi camino, la qual, después que muy bien le relaté, empeçome a preguntar de la tierra y del estado de la ciudad… Aviendo cenado con solas sus parlas, entréme en la cámara y echéme a dormir.

En el Lazarillo el escudero, sentándose junto a Lázaro, le hace preguntas, que él contesta amablemente, sin que en ningún momento aparezca la comida, pp. 74-75:

Y hecho esto, sentóse cabo della, preguntándome muy por extenso de dónde era y cómo había venido a aquella ciudad. Y yo le di más larga cuenta que quisiera, porque me parescía más conveniente hora de mandar poner la mesa y escudillar la olla que de lo que me pedía.

La situación en ambas obras es la misma y A. Vilanova [22] ha resaltado de forma magistral todas las similitudes en un magnífico artículo.

13.- Cámara… razonable

En el Asno de oro, al ofrecer Milón a Lucio su angosta casa para hospedarse, le dice, p. 10 a:

Y vees allí aquella cámara, que es razonable, en que puedas estar a tu plazer.

El mismo calificativo se aplica a las cámaras de la casa del escudero en el Lazarillo, p. 74:

aunque dentro della estaba un patio pequeño y razonables cámaras.

Esta concordancia fue señalada por A. Vilanova, quien además observó que la traducción normal del texto de Apuleyo honestum receptaculum sería decoroso refugio [23], por lo que la coincidencia en el término tiene más valor.

14.- El trabajo de la escritura

Al final de la traducción del Asno de oro el traductor añadió unas palabras como colofón de las obras, p. 103 b:

No sin fatiga de espíritu y trabajo corporal se traduxo Apuleyo.

La idea del trabajo exigido por la composición de obras literarias está también presente en el Lazarillo, p. 5:

muy pocos escribirían para uno solo, pues no se hace sin trabajo.

 

CONCLUSIONES

1ª Si San Agustín fue admirador de Apuleyo y si Vives fue admirador de San Agustín y de Apuleyo ¿a quién atribuiremos mejor que a Vives la traducción del Asno de oro, en la que San Agustín está muy presente? Con esta atribución concuerdan la presencia del poeta Juan Partenio Tovar, maestro y amigo de Vives, el dominio del latín arcaico por parte de Vives, así como el estilo de la traducción, que es el mismo del Diálogo de Mercurio y Carón, del Diálogo de las cosas acaecidas en Roma, del Diálogo de doctrina christiana, etc.

2ª Si A. Vilanova ha demostrado hasta la evidencia que la traducción del Asno de oro es la fuente principal y el modelo del Lazarillo [24], y si yo he demostrado que tanto el Lazarillo como dicha traducción salieron de la pluma de Vives, la conexión establecida por Vilanova queda plenamente corroborada. De esta forma se cierra sin ninguna fisura el círculo que da solución a numerosos problemas planteados en la historia de la literatura española.

3ª Después de lo escrito hasta aquí ¿podrá extrañar a alguien que el único ejemplar conocido de la primera edición del Asno de oro se conserve en la Biblioteca Santa Genoveva de París, lugar familiar a Vives durante su permanencia en dicha ciudad?

 

Notas:

[1] Scobie, A., Apuleius Metamorphoses, I, p. 7.

[2] Griffin, C., The Crombergers of Sevilla… nº 97.

[3] Martín Abad, J., Postincunables ibéricos. Adenda.

[4] Brunet, J. Ch., Manuel du libraire et de l’amateur de livres, I, 366.

[5] Menéndez Pelayo, M., Bibliografía hispano-latina clásica, I, 86.

[6] Gil Fernández, J., “Apuleyo en la Sevilla renacentista”, pp. 298-299.

[7] Alcina, J. A., “Entre latín y romance: Modelos neolatinos en la creación poética castellana”, p. 7.

[8] Bataillon, M., Le roman picaresque. Introduction II, p. 3.

[9] Molino, J., “Lazarillo de Tormes et les Métamorphoses d’Apulée”.

[19] Vilanova, A., “El Asno de oro de Apuleyo, fuente y modelo del Lazarillo de Tormes”, p. 127.

[11] Vilanova, A., “El «Asno de oro» de Apuleyo, fuente y modelo del «Lazarillo de Tormes»”, pp. 128-129.

[12] Vilanova, A., “El «Asno de oro» de Apuleyo, fuente y modelo del «Lazarillo de Tormes»”, p. 130.

[13] Vilanova, A. “El «Asno de oro» de Apuleyo, fuente y modelo del «Lazarillo de Tormes»”, pp. 130-131.

[14] Villanova, A. “El «Asno de oro» de Apuleyo, fuente y modelo del «Lazarillo de Tormes»”, p. 131.

[15] Molino, J., “Lazarillo de Tormes et les Métamorphoses d’Apulée”, p. 324.

[16] Villanova, A. “El «Asno de oro» de Apuleyo, fuente y modelo del «Lazarillo de Tormes»”, p. 131-132.

[17] Villanova, A., “El «Asno de oro» de Apuleyo, fuente y modelo del «Lazarillo de Tormes»”, pp. 132-134.

[18] Vilanova, A., “El «Asno de oro» de Apuleyo, fuente y modelo del «Lazarillo de Tormes»”, p. 133.

[19] Vilanova, A., El «Asno de oro» de Apuleyo, fuente y modelo del «Lazarillo de Tormes»”, pp. 135-136. (A este tema dedica las pp. 134-140 de su artículo).

[20] Vilanova, A., “Un episodio del Lazarillo y el Asno de oro de Apuleyo”, pp. 151-153.

[21] Vilanova, A., “Un episodio del Lazarillo y el Asno de oro de Apuleyo”, p. 153.

[22] Vilanova, A., “El tema del hambre en el Lazarillo y el falso convite de Apuleyo”, especialmente p. 174.

[23] Vilanova, A., “El tema del hambre en el Lazarillo y el falso convite de Apuleyo”, especialmente p. 166.

[24] Calero, F., Juan Luis Vives, autor del Lazarillo de Tormes.

 

BIBLIOGRAFÍA

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Vilanova, Antonio, “Un episodio del Lazarillo y el Asno de oro de Apuleyo”. Se cita por la recopilación Erasmo y Cervantes, Barcelona, Lumen, 1989, pp. 142-154.

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© Francisco Calero 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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