Roberto Arlt: teatro y experimentación genérica

Milena Bracciale Escalada

Universidad Nacional de Mar del Plata (Argentina)
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Resumen: El presente trabajo propone una línea de lectura posible para pensar en correlación tres textos teatrales de Roberto Arlt a partir de la cuestión genérica, en tanto y en cuanto los tres han sido denominados por el escritor argentino como “burlerías”. Se trata de tres piezas muy breves, dos de ellas publicadas inicialmente en suplementos literarios, y no muy estudiadas por la crítica. A saber: “La juerga de los polichinelas” y “Un hombre sensible”, ambas publicadas en La Nación en 1934, y “La isla desierta”, de 1938. A partir de estos textos, analizados entre sí desde una perspectiva comparatista, se formula la hipótesis de que “burlería” no es un mero sinónimo de “farsa” sino que, por el contrario, Arlt escogió especialmente ese término para hacer referencia a que las tramas de estas piezas avanzan a partir de los relatos fantasiosos, y a veces elaborados burlescamente a modo de broma, que algunos personajes construyen para ser oídos por el resto. Desde este punto de vista, “burlería” hace referencia más a un género narrativo que teatral, porque no apunta directamente a la obra escrita por Arlt sino más bien a la creación ficcional que realizan algunos personajes dentro de la pieza.
Palabras clave: Arlt - Teatro - Burlería

 

Roberto Arlt es un escritor que ha prodigado múltiples lecturas y reflexiones académicas. Sin embargo, dentro de su vasta obra, algunos textos han sido menos estudiados que otros. Son pocas las investigaciones que abordan su obra como totalidad. En general, se analiza al Arlt periodista, al Arlt novelista o cuentista y al Arlt dramaturgo por senderos diferentes, como si su obra, en realidad, no fuera una sola. Se entiende, por supuesto, que estas divisiones han permitido un abordaje más exhaustivo, aunque no por eso menos arbitrario.

En este trabajo, que surge a partir de un proceso de investigación de beca, otorgada por la UNMDP y dirigido por la Mag. Mónica Bueno y el Lic. Ricardo Mónaco, se establecerán líneas de lectura que permitan iluminar tres textos teatrales de Roberto Arlt, puntualmente, aquellos que han sido denominados por el propio autor como “burlerías”: La isla desierta [1] (1938), La juerga de los polichinelas y Un hombre sensible [2]. En este punto, resulta importante señalar que en muchos de los trabajos deinvestigación dedicados al teatro de Arlt (que, por supuesto, son innumerablemente menores en cantidad a los existentes sobre su narrativa), cuando se enumeran las piezas teatrales del autor no se mencionan las dos últimas de nuestro corpus. Esto no es llamativo en tanto y en cuanto se trata de dos obras muy breves, que vieron la luz por primera vez no en formato libro ni en escena, sino en suplementos literarios, específicamente en La Nación, en 1934.

Lo primero que llama la atención es el género que Arlt le atribuye a estas piezas. Siguiendo la definición del diccionario de la RAE [3], “burlería” posee cuatro acepciones. A saber: engaño; cuento fabuloso o conseja de viejas (cuento, fábula, patraña ridículos y de sabor antiguo; junta para tratar de cosas ilícitas); ilusión (concepto o imagen sin verdadera realidad); e irrisión. Como se observa, esta denominación corresponde más bien a una especie narrativa que dramática, y observando las tres piezas en cuestión, sería factible afirmar que sus tramas avanzan a partir de la fabulación, esto es, del relato fantasioso, de uno o algunos de sus personajes. De ahí, la denominación de Arlt a estas obras como “burlerías”.

Comenzaremos por “La juerga de los polichinelas”. Desde el título, otro paratexto que sumado al de “burlería” parece ser un llamado de atención por parte de Arlt hacia sus lectores y/o posibles intérpretes o directores, se nos anticipan ciertas características de la pieza. Por un lado, la noción de “juerga” [4], término que derivado del de “huelga” se usa como sinónimo de jolgorio, jarana o broma, es decir, que se emplea coloquialmente para hacer mención a una diversión bulliciosa o alborotada, pero también para hacer referencia a una trampa, a un engaño o a una burla. Por otro, hallamos “polichinelas” [5], es decir, una referencia directa a los personajes de la Comedia del Arte, puesto que Polichinela es un personaje de las farsas y pantomimas italianas, de carácter burlesco, que recibió ese nombre por su creador, Paolo Cinelli , famoso comediante originario del Nápoles del siglo XVI . Polichinela, o también conocido como Pulcinello, vestía siempre de blanco y con un gorro puntiagudo. Tenía la nariz aguileña y la barbilla prominente, con voz nasal y de elevado volumen. A veces, también tenía joroba. Era un astuto matón que no se separaba de su garrote para darle una paliza a quien no pensara como él.

De esta forma, desde el título y el subtítulo (“burlería”) es posible ya elaborar una definición acerca de lo que será la obra: una broma, burla o engaño divertido, alborotado y bullicioso, llevado a cabo por personajes caricaturescos y teatrales (es decir, que actúan, fingen, simulan) al estilo de los de la Comedia del Arte. De esta manera, los polichinelas resultan ser el marido y el criado, Jenaro, que tal como Polichinela, aparece en escena armado. Así, leemos en la didascalia inicial: “…sobre su pecho dos pares de guantes de box suspendidos de una cuerda que le pasa por el cuello. En la mano lleva un estuche con un juego de espadas de combate y en la izquierda una caja de violín con pistolas máuser…” (Arlt 1981: 729). Esta dupla, que recuerda al famoso par de don Quijote y Sancho, pues, entre otras cosas, quien oficia de marido engañado le promete al criado constantemente ser embajador ante los turcos, al estilo en el que el Quijote prometía la ínsula a Sancho, aparece en escena para llevar a cabo una venganza. El supuesto criado matará al galancete por orden del supuesto marido engañado.

En este punto nos interesa hacer una digresión. La temática de la obra no es algo que Arlt trate por primera vez. Si recordamos los inicias de Arlt como dramaturgo, nos veremos obligados a mencionar a Leónidas Barletta y su Teatro del Pueblo y, desde allí, mencionar que fue Barletta quien produjo el acercamiento de Arlt al teatro tras insistirle para que vaya a ver su adaptación del fragmento “El humillado” de los Siete locos. Dicho apartado, cuya potencialidad teatral fue percibida cabalmente por Barletta, trata precisamente del encuentro entre el marido engañado y el amante de su mujer. Remo Erdosain es humillado por el Capitán, en tanto que observa la partida de Elsa sin tomar ninguna represalia contra el hombre que descaradamente se presenta en su casa para decirle que es el amante de su esposa. Aquí el tono es completamente diferente al de “La juerga de los polichinelas”, pero la temática es la misma. Aunque al final de la pieza teatral el episodio resulte ser el delirio de dos locos, el marido tampoco se venga, al contrario, valora al amante, realza su honor y busca la forma de entregarle a su propia mujer, es decir, como muchos personajes de Arlt, goza en la humillación.

El galancete, que en la dualidad de planos típicamente arltiana representa la realidad, se enfrenta a un mundo de ficción delirante que subrepticiamente se le presenta en su habitación: “Esto ya pasa de fantástico… No sé si estoy soñando o me he vuelto loco… Una de dos, o estoy loco yo, o lo está usted. No se puede razonar de otro modo… Mi razón vacila en sus cimientos. ¿No me habré convertido en un personaje de “Las mil y una noches?” (Arlt 1981: 731-732-736) , protesta continuamente mientras la avasallante dupla continúa, prácticamente sin oírlo, con sus delirios. Pese a ello, aunque dude, se ve turbado y cree en la historia que cuentan estos personajes y en el supuesto hecho de que su novia esté casada. Así, al final de la pieza afirma: “Pues por un momento, aunque le parezca mentira, me ha quitado la respiración” (Arlt 1981: 738).

Este texto, a diferencia de la otra gran mayoría de las piezas de Arlt, no presenta un final apesadumbrado. Los personajes al ser abordados por los cuidadores del manicomio no aceptan su triste realidad y sufren un choque cruel con ella, sino que continúan con la farsa o, mejor dicho, siguen inmersos en su delirio. De esta manera, le dice el marido al galancete: “¿Ve esos dos zaparrastrosos? A pesar de su indigna apariencia, son criados de mi estancia” (Arlt 1981: 737) . Por lo tanto, el texto carece de contendido trágico y deja en el espectador o lector una grata sensación, pues estos personajes, inevitablemente, despiertan simpatía.

Pese a esto, el texto sí presenta otras características típicamente arltianas, como la ya mencionada dualidad ficción/realidad que, por ende, da lugar a la metateatralidad. Además, en su búsqueda del humor, resulta interesante destacar como peculiaridades del estilo de este dramaturgo la parodia, la ironía, la hipérbole. Entre otras cosas, se parodia por ejemplo la conquista romántica-amorosa del hombre hacia la mujer: “Cada beso debe haberle costado a usted un tratado de dialéctica y dos manuales de metafísica” (Arlt 1981: 733), afirma el marido hiperbolizando la rigidez de la figura femenina, o se ironiza en las descripciones de los personajes, desde las acotaciones escénicas: “suben por la escalera dos beneméritos servidores del Estado” (Arlt 1981: 737).

En cuanto a la temática, podríamos agrupar por otro lado “La isla desierta” y “Un hombre sensible”, pues en ambos casos aparece el tema de la opresión laboral y la miseria de la cotidianidad de la mayoría de los hombres que pasan su vida encerrados en una oficina a merced de las órdenes de sus jefes. En ambos casos, el pequeño y asfixiante mundo de la oficina se ve alterado por la presencia de un extraño que representa otro mundo, esto es, el exterior, que a su vez simboliza la libertad de acción de la cual carecen los empleados. De esta manera, las obras se erigen a partir del encuentro entre dos polos opuestos: el interior rutinario, aburrido, exigente, lúgubre casi mortuorio frente al exterior variable, imprevisible, espontáneo, vital.

En el caso de “La isla desierta”, hay un hecho previo a la incorporación del personaje externo, que desestabiliza la rutina: el traslado de la oficina desde el sótano al décimo piso de un inmueble, que cuenta con un gran ventanal, desde el que se ve la entrada y salida de los barcos, pues se halla en una zona portuaria. Esto funciona como una gran e inevitable distracción para los empleados, anticipando la reacción que luego tendrán ante la llegada del mulato Cipriano y sus fantásticos relatos: “…una extrema luminosidad pesa sobre estos desdichados simultáneamente encorvados y recortados en el espacio por la desolada simetría de este salón de un décimo piso” (Arlt 2002: 73). Como puede observarse, aunque es breve, la descripción posee algunos términos escogidos por Arlt que denotan una clara significación del mundo que pretende escenificar: la luminosidad es “extrema”, la simetría del espacio es “desolada” y los empleados aparecen sustantivados como “desdichados”. “Cuando trabajábamos en el subsuelo no nos equivocábamos nunca” (Arlt 2002: 75), sostiene el tenedor de libros, y es Manuel quien resume el sentimiento general que experimentan los empleados, “Cómo no equivocarnos. Estamos aquí suma que te suma, y por la ventana no hacen nada más que pasar barcos que van a otras tierras… A otras tierras que no vimos nunca. Y que cuando fuimos jóvenes pensamos visitar” (Arlt 2002: 76). De aquí se deduce que el cambio de hábito revive en los personajes sus frustraciones, el fracaso de sus sueños de juventud.

La llegada de Cipriano, que ya por el hecho mismo de ser mulato representa la presencia de lo exótico, deriva las conversaciones de los personajes hacia la fantasía. Al principio, nadie toma en serio las afirmaciones de Cipriano, de hecho se burlan de ellas: “¿Por dónde viajaste? ¿Por la línea del Tigre o por la de Constitución?” (Arlt 2002: 79) ; y aunque algunos lo traten de mentiroso o de exagerado, lo cierto es que se ven atraídos por sus relatos, que construyen mundos diametralmente opuestos a los conocidos por ellos y en los que la libertad, en todo sentido, es la principal característica de esos sitios. No hay mandatos sociales, presiones culturales ni laborales: cada uno hace lo que quiere sin prejuicios o imposiciones. Son las historias del mulato las que permiten la liberación de los empleados, sus íntimas confesiones, y la decisión de Manuel de cambiar de vida. Todos quieren acompañarlo, irse a vivir a una isla desierta, hasta que llega el jefe, echa a todo el personal y coloca vidrios opacos en las ventanas.

A partir de lo señalado, se observa cómo, a diferencia de “La juerga de los polichinelas”, la ensoñación lleva a los personajes a su propia derrota y, claramente, se comprende por qué Arlt denomina a la obra no como “farsa dramática”, como sí lo hace con otras piezas, sino como “burlería”, en tanto que todo se suscita a partir de un relato fantástico e hiperbólico elaborado por uno de los personajes. De hecho, todo transcurrirá en el plano onírico, en la imaginación, pero tal como afirma José Manuel Camacho Delgado, “la imaginación no conduce a los personajes a la liberación, sino a la derrota definitiva” [6].

En el caso de “Un hombre sensible”, que por haber sido escrita en 1934, podríamos sostener que es el “ensayo” que Arlt realiza sobre esta temática para derivar luego en la más lograda de 1938, esto es, en “La isla desierta”, los personajes son presentados maldiciendo su entorno “y a la madre que los echó al mundo” (Arlt 1981: 741). También hay una ventana, pero ésta está “enrejada con barrotes de bronce” (741). Este oscuro y rutinario mundo se ve alterado con la aparición del rentista, que insiste en buscar a su amigo Rosma en horarios que éste no está, y con una indignación cargada de ironía tortura constantemente a los empleados por su ausencia: “Rosma es un hombre joven y robusto. Debía entrar a la oficina a las seis de la mañana y salir a las ocho de la noche… las fuerzas que no se gastan trabajando noblemente se desperdician en pensamientos pecaminosos… Piensen en los pobres accionistas… Todo es egoísmo… interés…” (Arlt 1981: 742). Esta escena se repite durante todo el día, y el rentista sigue molestando a los empleados sin dejarlos trabajar: “¿Qué placer puedo encontrar yo en vagabundear si Rosma, que no tiene mi fortuna, puede permitirse el mismo lujo?... Cada vez los pobres trabajan menos. No hay disciplinas ni se respetan las jerarquías…” (Arlt 1981: 745). Insiste en que presentará una queja al directorio y los empleados, aunque perciben que este hombre se está burlando de ellos, creen que llevará a cabo la denuncia. Finalmente, en la última escena, el rentista se reúne con Rosma y, así, el lector/espectador se da cuenta de que todo responde a su aburrimiento: “Che, haceme el favor, no les hagas chistes a los empleados. Eso de tomarle el pelo a pobre gente que trabaja brutalmente… Si te aburrís metete a un cine…” (Arlt 1981: 745-6), le reprocha Rosma.

Durante todo el encuentro, el rentista tortura a Rosma recordándole lo miserable de su vida, perdida entre las cuatro paredes de su trabajo, y ante los reproches que éste le hace por insistir con ese asunto en sus momentos libres, afirma: “Lo que pasa es que soy un hombres sensible, Rosma” (Arlt 1981: 747). Sin embargo, cuando el empleado debe regresar a sus labores, el rentista afirma: “¿Y qué hago yo? Me aburro. No sé dónde meterme… ¡Qué terrible es la vida!” (Arlt 1981: 748). Como puede observarse, con esta pequeña obra, Arlt escenifica la miserabilidad de la vida en todas sus instancias. Aquí sufren los trabajadores por la opresión laboral, del mismo modo que en “La isla desierta”, pero también sufre quien tiene dinero y puede disponer de su tiempo libremente. Sufre de aburrimiento y trata de mitigarlo a costa de los demás, creando situaciones imaginarias frente a ellos, relatando falacias para divertirse, “burlerías”. La obra se cierra indicando la circularidad de la situación, pues el rentista comienza a hacer lo mismo que hizo con Rosma pero ahora con el mozo del bar.

Como conclusión, resulta factible afirmar que estas piezas teatrales de Arlt manifiestan con claridad aspectos propios de su estilo presentes ya, previamente, en su narrativa. La temática del hombre humillado frente al amante de su esposa, había aparecido ya en Los siete locos, y la miserabilidad de la vida, la opresión laboral, la evasión por vía de la imaginación, es recurrente en toda su obra. Citando nuevamente a José Camacho [7], vale decir que toda su obra está llena “de criaturas miserables que tratan de sobreponerse inútilmente a los continuos encontronazos con la vida cotidiana.” Los asuntos tratados son simples, y en algún punto se desliza la crítica social, aunque sea de manera implícita.

A partir de las tres obras analizadas, se entiende por qué Arlt las denomina “burlerías”, porque de hecho, a pesar de que muchos se vean tentados a creer que “burlería” es lo mismo que “farsa”, es evidente que si el autor decidió titularlas de ese modo es por algo y, ese algo, es desde esta línea de la lectura, esbozada también para “La isla desierta” por Raúl H. Castagnino [8], el hecho de que en los tres casos la trama avanza a partir del relato fantasioso de uno o algunos de los personajes. El tono final difiere en las tres piezas. Es más apesadumbrado en “La isla desierta”, pero no por eso en las dos restantes puede hablarse de un final esperanzador. De hecho, en “La juerga de los polichinelas” los personajes son locos y, por ello, son encerrados nuevamente. Del mismo modo, en “Un hombre sensible”, la situación de ninguno de los personajes se modifica. Los empleados siguen maldiciendo su existir y sufriendo las opresiones laborales, mientras el rentista continúa aburriéndose miserablemente.

 

Notas:

[1] Arlt, Roberto (2002): Saverio el Cruel. La isla desierta. Editora Nacional, Madrid.

En las próximas referencias a este texto se indicará el número de página entre paréntesis.

[2] Arlt, Roberto (1981): “La juerga de los polichinelas” y “Un hombre sensible” en Obra completa. Omeba, Buenos Aires. T.2. En las referencias a estos textos en el corpus del trabajo se indicará el número de página entre paréntesis.

[3] Diccionario de la Lengua española. Vigésima segunda edición. En red: http://buscon.rae.es/draeI/

[4] Para las distintas acepciones de los diversos términos cuyas definiciones se analizan en este trabajo, se ha consultado el Diccionario de la Lengua Española en su vigésima segunda edición. En red: http://buscon.rae.es/draeI/

[5] En: http://es.wikipedia.org/wiki/Polichinela

[6] Camacho Delgado, José Manuel “Realidad, sueño y utopía en La isla desierta. Un acercamiento al mundo teatral de Roberto Arlt” en Anuario de estudios americanos, LVIII - 2, JUL-DIC 2001.

[7] Camacho Delgado, José Manuel. Op. Cit.

[8] Castagnino, Raúl H. (1964): El teatro de Roberto Arlt. Universidad Nacional de La Plata.

 

BIBLIOGRAFÍA:

Corpus de trabajo:

Arlt, Roberto (2002): Saverio el Cruel. La isla desierta. Editora Nacional, Madrid.

Arlt, Roberto (1981): “La juerga de los polichinelas” y “Un hombre sensible” en Obra completa. Omeba, Buenos Aires. T.2.

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Bibliografía crítica de consulta:

Camacho Delgado, José Manuel: “Realidad, sueño y utopía en La isla desierta. Un acercamiento al mundo teatral de Roberto Arlt”. Anuario de estudios americanos, JUL-DIC 2001, LVIII - 2.

Castagnino, Raúl H. (1964): El teatro de Roberto Arlt. Universidad Nacional de La Plata.

Pellettiri, Osvaldo (s/f): Una historia interrumpida. Teatro argentino moderno (1949-1976). Galerna, Buenos Aires.

 

© Milena Bracciale Escalada 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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