Espéculo

  Reseñas, críticas y novedades

 

 

Dionisia García

Correo interior

  

 

Ángela Mallén

Leer "Correo Interior", la última entrega de la poeta y narradora Dionisia García, es volar a una época, pero no como lo hace el pájaro, pues éste sigue su vuelo, sino más como pluma, que se posa cuidadosamente sobre la realidad vívida. Libro escrito en clave de ternura analítica (si así puedo llamar a lo que parece un nuevo género), su lectura desprende una nostálgica melodía gozosa y una serena alegría. Por ello, más que hablar de evocación, hay que considerarlo en términos de un testimonio fiel, una retransmisión escrita en prosa rica y sobria, elegante y precisa. Un discurso delicadamente filosófico que hace emerger aquí un lágrima, allí una sonrisa.

La literatura es evocación, descripción, figuración de una realidad reconstruida apelando a la memoria y a la imaginación. En este caso, se relatan hechos experienciados en un pueblo del interior, Alendero, durante la posguerra española. Pero Dionisa García nos remite su "correo" desde un lugar que existe en su memoria anímica, y cuando digo "existe" quiero decir se halla, es, está dotado de entidad. Pareciera que para escribirlo haya debido mudarse a ese lugar y allí emprender una segunda existencia como cronista de la niña Alejandra, observadora escrupulosa de un mundo tan complejo, energético y duro como ese Alendero/Macondo, que se va disipando en el aire igual que una pavesa. La escritora ha conseguido devolver a la vida -revitalizar- ese microcosmos tan organizado, compacto y preciso que podríamos hablar de un microchip. La imagino escribiendo con la misma atención y minuciosidad del relojero, componiendo cada frase al modo en que un artífice virtuoso montaría las piezas de una linterna mágica.

He vivido la niñez de Alejandra, protagonista de la novela, como disfrutando también yo de una segunda niñez, en la que los personajes y los escenarios compartieran la esencia de los míos propios. Todos ellos se evidencian a través de una bruma anímica, casi onírica; se perfilan, alcanzan nitidez de realidad, y allí quedan diluidos, "donde el silencio lo igualaba todo", envueltos en un fondo de rutina, nieve o sopor.

Salgo de este libro, lo cierro, lo guardo entre mis tesoros, pero sus palabras, colmadas y livianas, se quedan acariciando mi alma: el modo sentencioso y parco en que abuela Teresa expresa su benévola lucidez; Indalecio abrazado a un árbol, salvado por el abrazo de su padre y luego por el de Rosa; la mujer del mantón negro en la nieve; la elaboración del jabón; la recogida de la aceituna; Ángela Amores, cuyos ojos de color violeta vieron el mundo de otra manera; María, la guapa en cinta; Dolores, la huérfana; Ana María, la niña francesa que podía oler a mañana y escuchar el canto de los pájaros despiertos; Tebas el resucitado; los ángeles custodios; los gerreros de las noches bajo el cielo raso; las mujeres que habían dejado su alegría en el rastrojo. La tapia. El abejorro. Las clavellinas. Los velatorios. La calina. La flama. Las moscas. Las aldabas...

 

© Ángela Mallén 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2009