Espéculo

  Reseñas, críticas y novedades

 

 

Chantal Maillard

Contra el arte y otras imposturas

  

 

Eugenio Maqueda Cuenca
Universidad de Jaén

En esta obra, Chantal Maillard nos ofrece un conjunto de ensayos en los que nos permite disfrutar de su excelente prosa y de la lucidez que siempre imprime a sus escritos.

Vienen clasificados los ensayos en tres bloques: El muro de las contemplaciones, Muros de palabras y Muros de seda india. Como la misma autora nos indica, independientemente del “muro” en el que se ha colocado cada ensayo, todos ellos se relacionan entre sí. A cualquier lector, incluso a los que no están familiarizados con su poesía, sus diarios-poema y sus ensayos filosóficos, le será fácil encontrar los hilos que unen estos ensayos entre sí. Los que conocemos bien el conjunto de su obra disfrutamos, además, de la oportunidad de entretejer y relacionar las ideas de estos ensayos con el resto de su Literatura.

Debemos aclarar, como también lo hace la autora, que ese contra que aparece en el título no sólo debe tomarse en su sentido más habitual, que supone enfrentamiento, sino como apoyo: por ejemplo contra un muro. Esto nos sirve para explicar que tampoco es casual, evidentemente, el empleo de la palabra muro para agrupar los ensayos. Los muros sirven para sostenernos contra ellos, nos protegen, pero nos dice Maillard que también nos impiden ver lo que hay al otro lado y, “lo que es peor, nos hacen olvidar que alguna vez los hemos construido”.

El primer bloque está dedicado al arte y la estética, y la relación que mantienen con la realidad que nos rodea. Se nos ofrece una inteligente visión del mundo actual, de los valores que nos determinan y, en concreto, de la cultura kitsch, que identifica con lo degradado, lo trivializado y lo estereotipado, con el reino de lo mediocre y del absurdo consumismo.

Asimismo trata la descontextualización de los objetos, y de cómo la entrada en un museo es capaz de convertir en arte, algo que no lo era, pues es la mirada estética la que lo ha producido. Maillard analiza el sujeto estético, el sujeto-espectador (su objetivo es el objeto), y el sujeto-consumidor. También el objeto estético, del que dice que para serlo ha de cambiar su naturaleza a través de la subjetividad. Según la autora, el objeto es lo que la cosa significa para un sujeto. Otorga al artista moderno el poder de descontextualizar o, lo que es lo mismo, de decidir qué es arte y qué no lo es. Una de las propuestas más interesantes de esta primera parte es la de devolver al arte lo que es del arte y al mercado lo que no lo es.

Cuando analiza las emociones estéticas distingue entre los placeres del intelecto y los de las emociones; entre el placer de la recepción de una obra y el placer de su contenido. Esto último le parece especialmente importante, porque la no delimitación entre ambos puede provocar que se confunda la verdad con lo que es arte, o que mostremos aprobación al contenido en vez de dárselo al orden constructivo. Toda emoción estetizada es placentera: en eso consiste el arte de la representación, aunque depende sobre todo del receptor. Las reflexiones que nos ofrece la autora en torno a este tema son realmente interesantes.

No deja de lado el estudio del valor moral del arte, el arte comprometido y su significado. Maillard repasa desde un punto de vista diacrónico los conceptos de belleza y de placer estético. Distingue entre estética metafísica y estética relacional, pero quizás lo más destacado en este sentido sea la defensa del artista y su compromiso exclusivo con el arte. Nos recuerda la autora que es absolutamente posible emplear en el arte elementos que son comúnmente considerados como desagradables; la recepción de la obra es la que puede variar según la educación artística del receptor, según su capacidad y su sensibilidad. La puesta en práctica de esta idea por parte de ella misma es su excelente poemario Matar a Platón.

También nos invita a reflexionar sobre la necesidad de explorar los sentimientos aprendidos, de buscar sus orígenes, para saber en realidad de dónde proceden. Maillard nos enfrenta a la difícil situación de tener que dilucidar de dónde surgen nuestras reacciones, si son espontáneas o son aprendidas, o hasta qué punto las palabras determinan nuestras emociones. Analiza, pues, el proceso de estetización de las emociones y su posterior utilización por parte de los distintos poderes

El segundo bloque de ensayos titulado Muro de palabras quizás sea el más heterogéneo de los tres, y la autora destaca como hilo conductor de los mismos la idea de que “el acuerdo en la significación de los términos que utilizamos evitaría no pocos conflictos”. Así pues, en el primer ensayo, analiza el dolor físico, como un tema que la filosofía siempre ha esquivado. Nadie padece en carne ajena, nos dice uno de los epígrafes, acercándonos así desde otro punto de vista a uno de los temas principales de Matar a Platón. También nos hace ver cómo el dolor puede agravarse mediante las palabras que añaden más dolor a ese sufrimiento físico.

Muy interesante es En un principio era el hambre. Algunas consideraciones en torno al origen de la poesía y la filosofía. En este ensayo nos explica cómo estas dos disciplinas se acercan de manera distinta al conocimiento del mundo, cómo se contraponen a la historia. La autora se pregunta qué tipo de poesía puede adecuarse a la sociedad actual, y llega a la conclusión de que será la que no se evada de lo concreto, la que nos permita identificarnos desde lo individual, desde lo concreto. Y esto enlaza con el siguiente ensayo: Desde la ignorancia: mística y metafísica, en el que nos explica cómo la mística se crea desde la palabra: el místico experimenta lo que dice que experimenta. Considera que la metafísica es la conciencia del lenguaje, el discurso de la razón enfrentado a sus límites y sus vértigos. La metafísica, creada artificialmente mediante los conceptos, acaba imponiéndose a lo fenomenológico; vive en los conceptos, de ahí que siempre termine siendo idealista. Afirma que los conceptos representan lo inmóvil, frente al mundo cambiante, y que el místico, cuando habla, es un metafísico que se ignora. Considera que la metafísica es el juego perverso de la razón en el ámbito de las abstracciones, y cree que la hora de la metafísica ya pasó, pues las ideas pueden ser pensadas, pero no tienen por qué tener otra existencia que la de ser pensadas. En realidad, desde nuestro punto de vista, el libro podía haberlo titulado Contra la Metafísica, puesto que todo él está recorrido por reflexiones contra la forma de ver el mundo que ésta representa.

Cree que el principal cometido del filósofo, después de la modernidad, es señalar confusiones, que son sobre todo lingüísticas. Al igual que sucede en sus últimos libros de poemas, también aquí defiende una estética de las relaciones y aboga por la diferencia y la multiplicidad. Tanto el arte como ciencia tienen en común el hecho de que organizan, relacionan. Maillard es partidaria de la imaginación como facultad para producir imágenes y, por lo tanto, para representar. Es la manera, según la autora, en que podremos reemplazar ser, por estar-siendo, es decir, la visión estática del ser, frente a la visión dinámica del mismo: el ser en su devenir.

El tercer bloque lleva por título Muros de seda india. Como su nombre indica, en esta parte encontramos ensayos dedicados a la India y la manera que tienen allí de enfrentarse al mundo. A diferencia de occidente, en la India, a pesar de su impresionante sistema metafísico-espiritual, mantienen el contacto con la realidad inmediata, mientras que nosotros partimos de lo universal, y nuestros experimentos comprueban nuestras abstracciones y definiciones. Según Maillard, en occidente, y desde Platón, rechazamos el mundo en pos de una verdad que está en otra parte, mientras que en la India esto no sucede. Les ayuda no dar tanta importancia a lo visual, el guiarse más por otros sentidos, que en occidente están apagados. Nos explica muy bien la capacidad que tienen en la India para captar las vibraciones de los objetos y de los cuerpos; de conservar los símbolos que permiten dejar de lado los conceptos. Por último, Maillard reflexiona sobre la distinta manera en que la India se enfrenta a la desaparición y pérdida de los seres queridos, es decir, a la muerte.

Nos encontramos, pues, ante un libro bien estructurado (dentro de su heterogeneidad), en el que no hay ningún ensayo que nos deje indiferentes, que no nos invite a pensar, que no cambie nuestra manera de mirar el mundo, y si, como dijimos al principio, a esto le unimos el placer de leer su excelente prosa, podemos concluir que el lector pasará un buen rato con este libro entre las manos.

 

© Eugenio Maqueda Cuenca 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2009