La poética de Derek Walcott y el problema de la poscolonialidad

Santiago Gabriel Calise

Universidad de Buenos Aires
Instituto de Investigaciones Gino Germani - Conicet
c_santiago_g2000@yahoo.com.ar


 

   
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Resumen: El siguiente trabajo intenta analizar algunos de los problemas de la colonialidad y la condición poscolonial en la producción poética de Derek Walcott. Se analizará cómo es que estas situaciones son representadas en varios de sus poemas, centrando la atención en los conceptos de historia y olvido, que introducen cuestiones como la situación de inferioridad del colonizado y cómo es que éste retoma su pasado. Por otro lado, se retomará el problema del lenguaje, expuesto recurrentemente por el poeta, ligándolo a las figuras de Adán y Crusoe, las cuales son resignificadas por Walcott. Todas estas reflexiones, además de ser un testimonio de la situación poscolonial, se encuentran cargadas de fuertes rasgos autobiográficos.
Palabras clave: desterritorialización, lenguaje adánico, Crusoe, literatura menor, historia - olvido

Abstract: The following paper tries to analyze some problems bound to coloniality and the postcolonial condition in Derek Walcott’s poetic production. It will be analyzed how these situations are represented in different poems, centering the attention in concepts like history and oblivion, which introduce topics like the colonised’s inferiority situation and how he takes up again his past. On the other side, another issue will be the language problem, which is linked to characters like Adam and Crusoe. Both of them are reinterpreted by Walcott. All these reflections are a testimony of the postcolonial situation, as well as deeply autobiographical.
Keywords: deterritorialization, adamic language, Crusoe, minor literature, history - oblivion.

 

Introducción:

En este trabajo se analizará la poética de Derek Walcott, a través de una selección de poemas del mismo autor, debido a la centralidad que adquiere el análisis de la situación colonial y poscolonial en sus escritos. Derek Walcott nació en Santa Lucía, una isla perteneciente a lo que se solía denominar las Indias Occidentales, en 1930. Siendo mestizo, hijo de un pintor inglés y una madre afrodescendiente, en él se mezclaron dos herencias diferentes, la del colonizador y la del colonizado, contradicción que atraviesa toda su producción. En 1992 recibió el premio Nobel de literatura, y desde hace tiempo da clases en Harvard, además de otras prestigiosas universidades. Sin embargo, nunca abandonó completamente su tierra natal, a la que sigue volviendo continuamente, y a la que le sigue cantando en sus poemas.

En este trabajo se abordarán dos temáticas centrales en la producción de este autor, que iluminan de manera ejemplar el problema de la colonialidad y la poscolonialidad, que son la cuestión de la historia y el olvido, y el problema del lenguaje.

La historia como una forma de olvidar:

La producción poética de Derek Walcott puede ajustarse al concepto de “literatura menor” acuñado por Deleuze y Guattari (1990). Para estos autores, una literatura menor encuentra su lugar dentro de una literatura mayor, pero tiene ciertas características inevitablemente distintas respecto de esta última. La primera de ellas es que el idioma en que ésta es escrita se encuentra afectado por un fuerte coeficiente de desterritorialización. La segunda es que en esta literatura, todo es político, ya que cada problema individual encuentra directamente su correlato en la esfera política. La última es que todo adquiere un valor colectivo. Esto se debe a que en la literatura menor el talento no es tan abundante y no logra llegar a la enunciación individual del gran maestro, dando como resultado que lo que el autor pronuncia solitariamente, se vuelve acción colectiva, tomando ese valor político mencionado más arriba. Además, señalan los filósofos franceses, que, debido a que -en casos como el de Kafka- la conciencia nacional o colectiva se encuentra desactivada, es la literatura la que termina por producir una solidaridad activa. Por último, cabe señalar que con “menor” los autores no pretenden dar un juicio de valor sobre esta producción, sino que pretenden destacar las “condiciones revolucionarias” (1990: 31) de cualquier literatura que se encuentre en el seno de una literatura mayor. El caso de Kafka se vuelve paradigmático, debido a que, siendo checo y judío, escribe en alemán, y debe confrontarse con los grandes referentes de una lengua que no es su lengua materna.

El caso de Walcott guarda una fuerte relación con estos componentes señalados, aunque debemos trasladarnos al Caribe y tomar como referencia la presencia colonial no sólo inglesa, sino también francesa y holandesa. Walcott, como se mencionó anteriormente, es mestizo, hijo de un pintor blanco de origen inglés, y una mujer afrodescendiente. Esta condición de in-between, para usar el concepto de Bhabha, se plantea claramente en un poema de juventud, que alcanzó gran fama, “A far cry from Africa”. Este mismo culmina de esta manera:

Where shall I turn, divided to the vein?
I who have cursed
The drunken officer of British rule, how choose
Between this Africa and the English tongue I love?
Betray them both, or give back what they give?
How can I face such slaughter and be cool?
How can I turn from Africa and live?
“A Far Cry From Africa” (Walcott 1996:18)

Su condición de in-between lo obliga a optar, aunque no lo logre. Por un lado, se encuentra la asimilación, volverse más “blanco”, llegando a un gran manejo de la lengua del colonizador, como decía Fanon (1966), pero por otro, se presenta la imagen ineludible del genocidio, que hace imposible e indeseable todo esfuerzo de asimilación, ya que no puede olvidar o permanecer impávido. Por lo tanto, deberá administrar este lugar in-between negociado, pese a que se lo pueda acusar, por una parte, de haberse puesto al servicio de la cultura dominante, y por otro, de no haber asimilado suficientemente la cultura inglesa (Irvine 2005). Esta condición es también la de Shabine, el personaje principal de un largo poema titulado “The schooner ‘flight’”, quien, en primera persona dice:

I had no nation now but the imagination.
After the white man, the niggers didn't want me
when the power swing to their side.
The first chain my hands and apologize, "History";
the next said I wasn't black enough for their pride.
“The Schooner 'Flight' 3 Shabine Leaves the Republic” (Walcott 1986: 353)

Shabine, también sufre el desprecio tanto de los blancos, para los cuales no es más que un “negro”, como de los “negros”, para quienes no es lo suficientemente negro, debido a su cultura y asimilación al colono. Esta situación lleva a pensar cuál es la relación que establece el Caribe con la Metrópolis, en cuanto a la herencia literaria. Döring (2003) señala que la literatura caribeña anglófona no rompe con los modelos europeos, sino que acepta su sistema de géneros y, particularmente, el modelo inglés, pero, sin embargo, reescribe su herencia cultural a través de una retórica diferente. Este autor subrayará que esta literatura está, más bien, compuesta por una poética de pasajes, de conexiones culturales cruzadas y de recolocación espacial. Esta retórica es diferente porque nace de la conciencia de que “The classics can console. But not enough.”(“Sea Grapes” [Walcott 1986:297]), de que repetir los clásicos, no es suficiente, y que trasladarlos mecánicamente a América los vuelve estériles e insípidos. Walcott remarca que, en el pasaje de un continente a otro, estos clásicos terminan siendo lavados por el mar. Esta retórica diferente puede verse en las continuas alusiones a la historia colonial, tema casi omnipresente en los poemas de Walcott, donde, al decir de Deleuze y Guattari, la literatura se hace política:

Long, long before us,
those hot jaws, like an oven
steaming, were open
to genocide; they devoured
two minor yellow races, and
half of a black:
in the Word made flesh of God
all entered that gross un-
discriminating stomach;
“Air” (Walcott 1986: 113)

Aquí, el dios encarnado de la tradición occidental, se vuelve un dios carnívoro, y el poeta no se vuelve sólo el denunciante del genocidio de las poblaciones originarias de su región, sino de las de todo el mundo. De alguna manera, el poeta apela a la comunidad global de los oprimidos y subalternos, ya que él mismo se siente compuesto por fragmentos, o, como dirá Shabine:

I know these islands from Monos to Nassau,
a rusty head sailor with sea-green eyes
that they nickname Shabine, the patois for
any red nigger, and I, Shabine, saw
when these slums of empire was paradise.
I'm just a red nigger who love the sea,
I had a sound colonial education,
I have Dutch, nigger, and English in me,
and either I'm nobody, or I'm a nation,
“The Schooner 'Flight' 1 Adios, Carenage” (Walcott 1986:353)

Sin embargo, la fraternidad de los oprimidos no es algo tangible, algo real. Más bien, la fragmentación de los orígenes étnicos y culturales encuentran su reflejo en la fragmentación de la comunidad, donde cada uno se encuentra aislado, cada uno es una nación para sí. No obstante el poeta insiste en la comunidad:

My race began as the sea began,
with no nouns, and with no horizon,
with pebbles under my tongue,
with a different fix on the stars.

But now my race is here,
in the sad oil of Levantine eyes,
in the flags of Indian fields.

I began with no memory
I began with no future,
but I looked for that moment
when the mind was halved by a horizon.

I have never found that moment
when the mind was halved by a horizon--
for the goldsmith from Benares,
the stone-cutter from Canton,
as a fishline sinks, the horizon
sinks in the memory.

Have we melted into a mirror,
leaving our souls behind?
The goldsmith from Benares,
the stone-cutter from Canton,
the bronzesmith from Benin.

A sea-eagle screams from the rock,
and my race began like the osprey
with that cry,
that terrible vowel,
that I!

“Names” (Walcott 1996: 305)

Su raza no tiene nombre -porque es una mezcla indefinida-, no tiene memoria -porque ésta fue borrada por el colonialismo- y no tiene futuro -porque está relegada a la subalternidad-. Es en este punto que el autor se preguntará por la identidad, por el yo, que habrá que redescubrir, en un pasado que reaparece continuamente como desposesión, como aquel momento fundante que produce un corte, que es el momento de la esclavitud (Smith 2008). Las metáforas alusivas al olvido, en ciertos pasajes, se vuelven obsesivas, con imágenes como las nubes, el humo, las páginas en blanco, o directamente con palabras como “amnesia” u “olvido”(Irvine 2005). Por consiguiente, la historia (en sentido oficial) se vuelve algo ocultante, mientras que la verdadera historia subyace velada. De esta manera, el olvido permanece indisolublemente ligado a la matanza y a la desaparición de enteras poblaciones nativas, de las cuales no han quedado rastros. Este borramiento dará pie al tema del lenguaje adánico, que trataremos más adelante. Retornando al problema de la identidad dentro del contexto poscolonial, Bhabha (1994) explica que el discurso colonial impone una identidad preconstruida sobre la base de dos recursos: la fijeza (fixity) como forma paradojal de representación, y el estereotipo, que se vuelve la principal estrategia discursiva. El objetivo de este discurso será construir al colonizado como una población de degenerados, basando esto en su origen racial, y, de esta manera, justificar la conquista y permitir echar los fundamentos para la instrucción y administración colonial. Esta situación conduce a la división de la sociedad en colonizadores y colonizados, en compartimientos -diría Fanon-, la cual impide el acceso a una forma de negación que dé acceso al reconocimiento de la diferencia. Según Bhabha, esto permitiría liberar al significante piel / cultura de las fijaciones impuestas por las ideologías racistas. Sin embargo, Fanon indicaba, que en este orden de cosas no había posibilidad de reconocimiento, en el sentido hegeliano. Por consiguiente, no quedaría otra opción que zanjar esta diferencia con sangre. Esto es lo que se pregunta Walcott cuando dice: “Betray them both, or give back what they give?” Entonces, ¿al colono habría que devolverle sus latigazos y balas, con más latigazos y balas? Walcott se opone a esto, como se opone a toda poética del lamento infinito por el genocidio. En una entrevista (Hirsch 1979), el poeta sostiene que hay que tomar el hecho de la esclavitud sin amargura, evitando el peligro de todo sentimentalismo histórico, ya que esto conduce a la fatalidad de pensar en términos de venganza. Es por ello que Shabine no resuelve el indisoluble nudo gordiano de la oposición identitaria a través de la violencia, prefiere permanecer aislado, como una nación para sí. De todas maneras, Walcott parece no poder escapar de la fragmentación, ya que en varias entrevistas y conferencias, así como en sus poemas, la reconciliación no parece lograrse jamás. Pese a todo, sostiene Walcott, se sigue pensando al Caribe como lo hacía el historiador inglés James Fraude, quien aseveraba que esas eran tierras sin gente / pueblo [1], donde sólo habitaban fragmentos y ecos de gente / pueblo real. En un ya famoso pasaje de la conferencia que el poeta dio al otorgársele el premio Nobel, afirma:

Break a vase, and the love that reassembles the fragments is stronger than that love that took its symmetries for granted when it was a whole. The glue that fits the pieces is the sealing of its original shape. It is such a love that reassembles our African and Asian fragments, the cracked heirlooms whose restoration shows its white scars. This gathering of broken pieces is the care and pain of the Antilles, and if the pieces are disparate, ill-fitting, they contain more pain than their original sculpture, those icons and sacred vessels taken for granted in their ancestral places. Antillean art is this restoration of our shattered histories, our shards of vocabulary, our archipelago becoming a synonym for pieces broken off from the original continent. (Walcott 1992: 28)

Más adelante, el autor va a decir que cada isla de las Antillas es un esfuerzo por recordar, aunque cada mente y cada biografía culminan en amnesia y neblina, o sea, olvido. Por consiguiente, para dar cuenta de la herida colonial, de esas cicatrices “blancas” que dejó el colonialismo, Walcott ataca directamente la estrategia mimética del poder colonial (Bhabha 1994), con una retórica que explicita todos los tipos de recursos usados para reformar, disciplinar y regular la conducta del colonizado. Pero, al mismo tiempo, de esta forma, ataca la visión occidental contemporánea del Caribe, donde lo único que se destaca son sus playas. Por tanto, para occidente, estas siguen siendo tierras sin gente, sin historia, sólo son paraísos terrenales donde pasar las vacaciones. Es por ello que Walcott subraya en que la misma naturaleza caribeña insiste en el borrar, así como el ir y venir de las olas disipa toda señal impresa en la arena, así también, podríamos agregar, los turistas van y vienen, quedando en ellos nada más que el recuerdo de un bonito paisaje, y quedando de ellos el dinero que aceita un circuito financiero que acentúa la voluntad de olvidar la historia encarnada en esas tierras.

El lenguaje y Adán

Uno de los pasajes más famosos de la obra de Bajtin (2005), es aquel en el que insiste en que ningún hablante es un Adán, recalcando el carácter dialógico de todo enunciado, y mostrando que cada uno de estos últimos es siempre parte de una cadena comunicativa. Sin embargo, uno de los tópicos más cautivantes de la poesía de Walcott es el tratamiento del personaje de Adán, y su relación con la reinterpretación del mito de Crusoe que hace el poeta. En el contexto de la colonialidad caribeña, el hablante puede asumir ese rol de Adán primigenio, al que le fue otorgada por Dios la tarea de nombrar las cosas. No obstante, el uso de esta imagen es polivalente y puede asumir distintos significados, ya que el mismo Adán representa muchas cosas.

En general, Walcott afirma que:

in every morning of the poet's life, is an agonizing humiliation of trying to pronounce every word as if he had just learnt it, and was repeating it for the first time. Behind him, of course, is a morphology that comes to life when the word is set down, and when it is pronounced, but all that dead bush of tradition, of naming things anew can only come to life through some spark.[2]

Entonces, la labor del poeta consiste en tratar de convertirse en Adán y volver a nombrar todo de nuevo. Walcott explica (1992), que el proceso de la creación poética se basa en el lenguaje enterrado y en el vocabulario personal, y el procedimiento de excavación y autoconocimiento implicado en estas labores es aquel que conduce a la producción.

Pero también hay otro sentido, mucho más local, que asume el personaje de Adán. El poeta afirma que todas las razas que llegaron al Caribe, lo hicieron bajo la forma de la servidumbre y del rechazo. Esta condición propia de Crusoe, de alguna manera, los empujó a crearse sus propios instrumentos, por lo cual Walcott califica esta situación como adánica (Walcott 1986). Walcott define a Crusoe como: “The second Adam since the fall” (Crusoe’s Island [Walcott 1986:69]), no porque haya tenido que crear un nuevo lenguaje, bautizando cada objeto por segunda vez, sino porque el Nuevo Mundo puso al “descubridor” frente a objetos aun innominados. De esta manera, sobre todo, se liga el nombre de Adán al del colonizador, quien debe nombrar esos objetos nuevamente, pese a que los aborígenes, que en el Caribe fueron totalmente exterminados, pudiesen haber otorgado nombres a esas cosas. La opresión, no por primera vez, se liga al nombre de este personaje bíblico. En un poema titulado “New World”, el poeta cuenta, con un dejo de ironía, como Adán y la serpiente -la cual admiraba el trabajo-, luego de la caída, se vieron forzados a crear un nuevo Edén, y así fue como ambos crearon el Nuevo Mundo. La última estrofa dice así:

Adam had an idea.
He and the snake would share
the loss of Eden for a profit.
So both made the New World. And it looked good.
“New World” (Walcott 1986: 301)

Adán, el colonizador (y también el que instituye la opresión de la mujer, como narra Walcott en “Adam’s song”) “crea” este nuevo paraíso, para extraer riqueza de él, y evitar la pena del trabajo. Shabine, lamentándose dirá: “But that's all them bastards have left us: words.”(“The Schooner 'Flight' 3 Shabine Leaves the Republic” [Walcott 1986:353]) Quijano explicaba (2003), que el colonizador pudo controlar las formas culturales, de conocimiento y de subjetividad, a través de la expropiación de todo conocimiento útil al capital, de la represión de la producción de conocimiento, y del forzamiento a aprender la cultura del colonizado. Es por ello, que lo único que le ha quedado al poscolonizado es un lenguaje.

Pero el mismo gesto de querer volver a renombrar todo, borrando el lenguaje de los nativos, es, en sí mismo un gesto opresivo. Walcott, muy profundamente, se pregunta:

And when they named these bays
bays,
was it nostalgia or irony?
“Names” (Walcott 1996: 305)

Y en otro lado insiste con la misma idea:

but we live like our names and you would have
to be colonial to know the difference,
to know the pain of history words contain,
to love those trees with an inferior love,
and to believe: "Those casuarinas bend
like cypresses, their hair hangs down in rain
like sailors' wives. They're classic trees, and we,
if we live like the names our masters please,
by careful mimicry might become men."
“The Schooner 'Flight' 6 The Sailor Sings Back to the Casuarinas” (Walcott 1986:353)

Estos fragmentos muestran lo más imperceptible del pensamiento eurocéntrico, que es la utilización de palabras acuñadas en otras latitudes, y forzadas a encajar en otra realidad diferente. De alguna manera, la naturaleza del Nuevo Mundo es comparada y vista con ojos nostálgicos, o quizás irónicos, se pregunta Walcott, de manera que ésta es inferiorizada, o sea, como una variante deformada del patrón original. Es por ello que Walcott podrá decir, ironizando orgullosamente:

There is no wine here, no cheese, the almonds are green,
The sea grapes bitter, the language is that of slaves.
“Gros-îlet” (Walcott 2007: 64)

Las uvas amargas y las almendras verdes son la expresión de la voluntad eurocéntrica de trasplantar e imponer la propia cultura en todas partes. Pero aquí eso no funciona. El lenguaje es el lenguaje de los esclavos, porque, aunque aniquilaron a los nativos e hicieron que las poblaciones africanas olvidaran sus lenguas, no pudieron controlar el uso del lenguaje impuesto:

Being men, they could not live
except they first presumed
the right of every thing to be a noun.
The African acquiesced,
repeated, and changed them.

Listen, my children say:
moubain: the hogplum,
cerise: the wild cherry,
baie-la: the bay,
with the fresh green voices
they were once themselves
in the way the wind bends
our natural inflections.
“Names” (Walcott 1996: 305)

Los Adanes blancos llegan al nuevo continente con la prerrogativa, fundada en las Sagradas Escrituras, que el hombre debe nombrar las cosas. Pero el colonizado, produce algo diferente, transforma este lenguaje, lo adapta a su voz y a su acento originario. Ante esta aparente libertad del oprimido, vuelve el eco de la desafiante pregunta de Spivak (1985): ¿puede el subalterno hablar? Sí, puede hablar y hasta tiene la libertad de ir creando un lenguaje propio, aunque siempre dentro del lenguaje del colonizador. Pero, ¿realmente puede ser escuchado? Quizá no. Quizá, para ser escuchado, o, al menos percibido, haya que manejar a la perfección el lenguaje del dominante, hablar como él mismo, ya que el Creole es siempre visto como una deformación, como un cuasi-lenguaje, y, quizás, como un lenguaje zoológico, como decía Fanon (1966). Sólo alguien como Walcott, que llegó a tener un dominio del inglés mucho más alto que el de un inglés, y que no es ningún un subalterno, puede permitirse el lujo de jugar con el Creole, de ensalzarlo y mezclarlo en su lenguaje poético. Pero, probablemente, eso sea una licencia dejada a los consagrados, para el resto de los comunes hablantes, tal privilegio no existe. De hecho él mismo, al citar, nomina a sus connacionales como “my children”, lo cual les da a estos un cierto grado de inferioridad, de minoridad, aunque esto sea dicho con amor. Tal vez, podríamos aventurarnos a decir, el subalterno en el contexto caribeño, no sólo no es escuchado, sino hasta invisibilizado por la visión turística que existe de esas tierras. Y quizá otros hasta se sorprendan, si escuchasen hablar de una producción intelectual propia del Caribe.

Conclusión:

Los tres elementos que componen el concepto de “literatura menor” de Deleuze y Guattari, pueden condensar en sí mismos todo lo expuesto en este trabajo. El elemento de la desterritorialización tiene su origen en el mismo gesto del colonizar, ya que este implicó el traslado de la lengua de la metrópolis a la colonia. El colonizador, en el autoasumido rol de Adán, por una parte, cancela todo lenguaje anterior a su arribo, gesto que se acompaña con el genocidio del nativo, y al tiempo se otorga la potestad de renombrar todo, y de imponer a los esclavizados el olvido de sus lenguas y el aprendizaje de una nueva. Por otro lado, el problema de la desterritorialización es algo que atraviesa también la misma poética walcottiana, ya que el idioma que utiliza el poeta no es, completamente, su lengua materna, ni la lengua de su tierra. De hecho, Santa Lucía fue conquistada primero por los franceses, que impusieron su lengua, la cual dejó como resultado el creole francés, y luego por los ingleses, quieres también impusieron su lengua, derivando en sucesivas transformaciones dentro del creole. Walcott, sin embargo, elige utilizar el inglés, lengua por la que profesa un profundo amor, al tiempo que también introduce deformaciones derivadas del creole, haciendo hablar a sus coterráneos en sus mismos poemas. Por último, la desterritorialización también alcanza los géneros literarios utilizados por Walcott -la poesía, las obras de teatro y la épica-, los cuales son reterritorializados en el contexto antillano.

El segundo aspecto de una literatura menor es que en ella todo se vuelve político. La política es algo que emerge de cada verso walcottiano, ya que el hecho del colonialismo es un tema casi omnipresente. Efectivamente, el mismo poeta representa a las Antillas como un jarrón roto, al cual se intenta reconstruir pegando las varias piezas. En esta recomposición, las cicatrices que quedan son imposibles de disimular. Es por ello que hablar de las Antillas es hablar del olvido constitutivo que emana de esas tierras, de esa historia que no es más que el intento de cancelar toda historia previa al colonialismo, pero también la búsqueda de que el colonizado mismo viva en el olvido, sin un pasado, y sin posibilidad de ir creando memoria sobre el tiempo que va pasando.

Por último, en toda literatura menor todo adquiere valor colectivo, sobre todo cuando el colectivo no existe fuera de la literatura misma. Esto se refleja, en los poemas analizados, en una apelación hacia el colectivo de colonizados y oprimidos a nivel planetario. El poeta mismo se siente hijo de ese orfebre de Benares, de ese picapedrero cantonés, de ese herrero de Benin (ver Pág. 6). Por lo tanto, es el hecho de haber sufrido las mismas vejaciones bajo el colonialismo lo que aúna, en el cantar del poeta, a gentes tan diferentes y de distintas latitudes. Pero ésta, todavía, sigue siendo una comunidad imaginada que no ha encontrado su encarnación en ninguna nación moderna, pese a que, tal vez, su existencia esté mayormente justificada. Por otra parte, esta comunidad de los que no pueden ser escuchados, quizás necesite, primero, reconocerse y dialogar más consistentemente entre sí, porque tampoco entre ellos se pueden escuchar.

Notas:

[1] Se utiliza la palabra “people”, que puede querer decir tanto “gente”, en tanto que conjunto de personas, como “pueblo”.

[2] Citado en (Hamner 1993: 34).

Bibliografía:

Bajtín, Mijaíl (2005): Estética de la creación verbal, Siglo XXI Editores, Buenos Aires.

Bhabha, Homi (1994): The location of culture, Routledge, Londres.

Deleuze, Giles y Félix Guattari (1990): Kafka. Por una literatura menor, Ediciones Era, México, segunda reimpresión.

Döring, Tobias (2003): Caribbean-English passages. Intertextuality in a postcolonial tradition, Routledge, Londres.

Fanon, Frantz (1966): ¡Escucha blanco!, Nova Terra, Barcelona.

Hamner, Robert (1993): Critical perspectives on Derek Walcott, Lynne Rienner Publishers, Boulder.

Hirsch, Edward: “An interview with Derek Walcott”, en: Contemporary Literature, 1979, Vol. 20 Issue 3, Verano, pp. 279-92.

Irvine, Alexander: "‘Betray them both, or give back what they give?’”: Derek Walcott’s deterritorialization of western myth”, en: Journal of Caribbean Literatures, 2005, Vol. 4 Issue 1.

Quijano, Aníbal: "Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina", en Edgardo Lander (comp.) (2003): La colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas latinoamericanas, Buenos Aires, CLACSO, pp. 201-246.

Smith, Stan (2008): Poetry and displacement, Liverpool, Liverpool University Press.

Spivak, Gayatri: “¿Puede hablar el sujeto subalterno?” (traducción de José Amícola), en: Revista Orbis Tertius, 1985, Año 6, Nº 6, pp. 175-235.

Walcott, Derek: “Antilles: Fragments of epic memory”, en: New Republic, 28/12/1992, Vol. 207 Issue 27, pp. 26-32.

______: “Art of Poetry XXXVII”, en: Paris Review, 1986a, Issue 101, Invierno, pp. 196-230.

______ (1986b): Collected Poems: 1948-1984, Nueva York, Farran, Straus and Giroux.

______ : “Gros-îlet”: en: Americas, 2007, Vol. 59 Issue 3, Mayo / Junio, p.64.

 

© Santiago Gabriel Calise 2010

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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