Espéculo

  Reseñas, críticas y novedades

 

 

Jean Paul

Vida del risueño maestrillo Maria Wuz de Auenthal.
Una especie de idilio

  

 

Cristian Cámara

La traducción de esta novela corta de Jean Paul (1763- 1825), publicada originalmente en 1790, ha recibido una atención crítica escasa, no obstante su importancia y la radicalidad ejemplar de sus planteamientos narrativos. Este autor escurridizo, que según F. Schlegel fue “el único escritor romántico en estos tiempos nada románticos”, se presenta sin embargo a la lectura actual como un vértice imprescindible en la reconstrucción de la figura completa de un periodo en el que hemos empezado a reconocernos.

La posición de Jean Paul es inseparable del medio expresivo al que se acogió y que contribuyó a transformar profundamente: el género de la novela. El debate en torno a la novela fue un debate medular durante los años del cambio de siglo. Mediante la novela, esa escritura informe y heteróclita que desafiaba todas las preceptivas del clasicismo, el romanticismo definió aspectos esenciales de su estética; impulsó una transformación esencial del sistema literario, en el que en adelante, trastocando todas las relaciones, la novela va a ocupar una centralidad inédita.

La producción novelística de Jean Paul en su conjunto señala orientaciones amplias al desarrollo del género, que en parte persisten para éste en la actualidad como posibilidades críticas de investigación. Ello se comprueba ya en una novela juvenil como la que tenemos que reseñar en esta ocasión. En un primer nivel de análisis, la fábula que se cuenta en este “especie de idilio” es nimia, irrisoria. La vida del maestro de escuela Wuz, despojada de todos los juegos que la entreveran, resulta de una perfecta insignificancia. La mirada ingenua del protagonista, desde un inicio, es la de la reconciliación, de la perfecta correspondencia eliseica entre naturaleza y espíritu. El mundo, a los ojos de Wuz, como ha escrito M. Cacciari sobre R. Walser, no necesita ser redimido. Esta experiencia, sin embargo, de suyo no es propiamente novelesca, y no puede ser vehiculada como tal por este género. Es una experiencia premoderna, y por lo tanto refractaria a la forma de la novela. Por ello, este esquema lineal está constantemente abusado, tergiversado, pervertido. La fábula episódica no tiene ninguna importancia, no es ella misma el soporte de la significación del texto, sino mera ocasión para el despliegue de todas esas dobleces y especularidades que pone en marcha el mecanismo de la ironía romántica.

La ironía romántica ha sido definida como la presencia lúdica, desapegada, del autor en el interior de su obra, o como la presencia de la producción en el interior del producto. En este último sentido, se aproxima bastante al término de lo sublime, que emerge también en la época como modo de desbordar las categorías estéticas heredadas, entendido en tanto que conciencia de la insuficiencia de la forma. En el análisis del romanticismo, debemos intentar pasar siempre del primer plano al segundo, que es el que nos asegura la comprensión de todas las más grávidas desembocaduras de la influencia del romanticismo en la modernidad.

Es muy posible que F. Schelegel o Novalis tuviesen precisamente este libro en mente -además del Tristram Shandy de Sterne (1759)- cuando empezaron a plantear el término. Las rupturas de marcos y los desniveles narrativos se arremolinan en esta obra; sólo una lectura atenta y cuidadosa podría comprobar si en última instancia encajan unas con otros, o en qué medida se resisten a ello, y se puede decir que es este juego de desciframientos el que ha sustituido globalmente aquí a la unidad de efecto estético que se propone obtener la novela tradicional, antigua o de los siglos XIX, XX y XXI.

El gesto de fragmentación y autorreferencialidad llegará a su paroxismo en la novela más tardía La edad del pavo (1806) -editada por Alianza hace algunos años y hoy casi inencontrable-, pero sin embargo ya se puede considerar avanzado con virtuosismo en esta obra más corta, que además añade un dimensión que vamos a analizar preferentemente: la dimensión menardiana o de intertextualidad. Se trata de que Wuz, cuya historia nos relata un narrador intrusivo, es él mismo un escritor, si bien un escritor de un tipo muy particular, y se podría decir que el primero en su estirpe. Con el tiempo, Wuz se ha hecho con una biblioteca importante, a base de copiar los libros más interesantes aparecidos; sin embargo, no ha comprado ninguno, y ni siquiera ha llegado a leerlos para realizar sus copias: “y es que él no era uno de esos condenados reimpresores que echan mano de un original y resueltamente lo reimprimen casi todo, sino que no solía recurrir a ninguno” (22). Este particular procedimiento de copia -el de no recurrir a ningún original- lo ha empleado Wuz para reescribir, por ejemplo, las Meditaciones de Sturm, Los bandidos de F. Schiller o, nada menos, la Crítica de la razón pura (23). También, los Fragmentos Fisionómicos de Lavater, que al parecer le ocuparon tres semanas de intenso trabajo “hasta haber reescrito al autor suizo en forma de fragmentos wuzeanos” (22). La copia de la Mesiada de Klopstock, por el hecho de tener que reescribirla en hexámetros, le suscita al autor algunos problemas muy particulares, que para resolverlos le hacen acercarse a la inverosímil condición de precursor de Mallarmé, la poesía pura, y la idea de la deriva autónoma de los significantes: “por necesidad recurría al expediente de reproducir los hexámetros de un modo totalmente incomprensible, lo que tampoco era mala idea. Y, con la ayuda de licencias poéticas, escamoteó toda comprensión indebida” (53). Finalmente, sería imprescindible remitir a una cita extensa de las Confesiones “de J. J. Rousseau o de Wuz, tanto da” (26), la única cita que contiene, en filigrana, la novela de alguno de los escritos de Wuz, y que precisamente es una teorización de su procedimiento de copia, dando la clave de la trasposición generalizada que funciona en todo el texto.

Como decíamos, la figura de la reescritura o intertextualidad es sólo una de las figuras que acumula la novela. La hemos elegido en primer lugar para dar cuenta del extraordinario interés que tiene el libro para los lectores de hoy. A partir de ella se pueden plantear cuestiones más amplias. Esta poética de la reescritura wuziana, de confines teóricos muy dificultosos, incluye al personaje en una progenie de copistas que pautan la literatura moderna, como los Bouvard y Pecuchet, Menard, Bartleby y quizás otros. En todos estos casos señalados, la copia ha servido siempre para interrogar la esencia problemática de la escritura. En el momento de su codificación genérica decantada, principalmente a través de la novela de aprendizaje alemana, con Sterne o Jean Paul la novela se delinea también como escritura que vehicula una interrogación a ultranza de la propia esencia de la literatura. Jean Paul, pues, desde fecha tan temprana, realiza un anti- Meister avant la lettre, un contra modelo de la novela de Goethe, mediante la cual, a partir de la multiplicidad de interrupciones, consigue exponer una experiencia nihilista, irónica, salvajemente desencantada, de la consistencia ontológica del mundo, del carácter trágico de la contradicción como irrestañable.

Hay que apreciar una vez más el esfuerzo, el buen gusto y el compromiso de una de las denominadas editoriales medianas españolas. Sería acaso una buena ocasión para reclamar una vez más la presentación al público de obras tan fundamentales para la constitución del canon literario moderno como el Godwi de Brentano, el Hesperus de Jean Paul o el William Lowell de Tieck.

 

© Cristian Cámara 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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Espéculo. Revista de estudios literarios
(Universidad Complutense de Madrid) 2009