La literatura brasileña en España a lo largo del tiempo:
intentos de divulgación

Sérgio Massucci Calderaro

Universidad Complutense de Madrid
calderaro@quo.com.br


 

   
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Resumen: Este estudio tiene como objetivo hacer un recorrido que destaque algunos hechos, nombres y revistas culturales que tuvieron importancia en la divulgación de la literatura brasileña en España, desde mediados del siglo XIX hasta nuestros días. No pretende discutir razones o consecuencias, sino solamente evidenciar el trabajo de figuras como Juan Valera y Ángel Crespo e iniciativas como las de las publicaciones Gaceta Literaria, Poesía de España y Revista de Cultura Brasileña.
Palabras clave: Literatura brasileña; Ángel Crespo; Revista de Cultura Brasileña.

 

Introducción

El conocimiento que se tiene en España de la literatura brasileña está lejos de poder considerarse bueno. Para ser realista, este conocimiento es más bien pobre o, peor aún, muy pobre. Y no hace falta ninguna investigación profundizada para llegar a esta afirmación. Basta observar, investigar informalmente, y la conclusión es obvia. El único nombre que parece sonar por aquí es el de Jorge Amado. Y ya. Hablamos del español medio e incluso de nivel universitario. Claro está que en algunos círculos académicos muy pequeños otros nombres puede que destaquen, como João Cabral de Melo Neto, Guimarães Rosa, Machado de Assis o Clarice Lispector. Pero estos círculos son excepciones. Si esbozáramos un ranking de los países sobre los cuales el público español tiene más conocimiento literario, Brasil seguramente estaría en una posición muy baja. Estaría por detrás de por lo menos media docena de países europeos y otra media docena de países americanos. Así, Brasil iría después de Francia, Inglaterra, Alemania, Rusia, Italia, Estados Unidos, Argentina, Chile, Uruguay, Colombia, Cuba y México, entre otros. Habrá quién quiera citar, comprensiblemente, el factor idiomático, o incluso los factores geográficos o económicos, como justificativa de esta nada honrosa posición brasileña. Sí, tanto el idioma como la situación geográfica y la importancia económica (que acaba reflejándose culturalmente) serían puntos de discusión muy pertinentes, a partir de los cuales mucho podría ser dicho. Decimos serían porque buscar razones o consecuencias no es el objetivo de este estudio, sino solamente contar un poco de la historia de la divulgación de la literatura brasileña en tierras españolas y los intentos que se llevaron a cabo con este fin.

 

Primeros nombres: Juan Valera; Menéndez Pelayo; revista Electra

En noviembre de 1851 llega a Brasil el escritor y diplomático español Juan Valera, futuro autor de Pepita Jiménez, entre otras obras, al que se puede considerar el primer “brasileñista” español [1]. Va destinado a la Delegación Española en Río de Janeiro y, basándose en sus cerca de dos años entre los brasileños, produce obras como De la poesía del Brasil y Genio y Figura, además de numerosa correspondencia. En algunas de estas cartas se puede encontrar la opinión de Valera sobre alguna que otra obra y autor de la literatura brasileña de entonces. Tal vez sean esas unas de las primeras críticas de que se tenga constancia de un escritor español acerca de la producción literaria de Brasil. Desde Río, en una carta a Serafín Estébanez Calderón -escritor romántico español y amigo de Juan Valera, sobre quien ejercía influencia-, con fecha de 13 de febrero de 1852, escribe Valera:

… los brasileños son muy amigos de la música y de la poesía (…). De poetas hay por aquí un enjambre, y algunos buenos; Magalhães que está ahora en Nápoles de ministro, y Gonçalves Dias son los mejores; pero en particular este último, que ha sabido dar a sus composiciones la novedad, el primor, las galas del país en que nacieron, y la vida y el fuego de este clima. [2]

En otra carta, el nueve de marzo de 1853, resume la historia de la obra Marília de Dirceu a su amigo Estébanez Calderón, de la cual aquí escribimos un fragmento:

Se trata de la Marilia de Dircéo. Por los años de 1783, vivía esta hermosa dama en Villa-Rica, capital de la provincia de Minas-Geraes, y era amada con el más tierno y ferviente cariño por el magistrado Gonzaga, que no es otro sino el poeta Dircéo. Favorito este por las musas, e inspirado de Amor, compuso en elogio a la bella, tan lindos, inocentes y delicados versos, que vivirán siempre en la memoria de cuantos saben la lengua portuguesa. [3]

Valera citaría asimismo a Estébanez Calderón, en carta de 12 de julio de 1853, al escritor romántico brasileño Manuel de Araújo Porto-Alegre:

La mayor novedad literaria de por aquí es el “Poema de Colón”, que está escribiendo Porto-Alegre. He visto algunos fragmentos en el Guanabara. Revista Literaria. Dejo para otra vez hablar de ellos. Luego que el poema se publique, le mandaré a usted y en cambio espero que usted me envíe el de Campoamor sobre el mismo asunto. [4]

Al parecer, el escritor y diplomático español no volvería a comentar sobre “El Poema de Colón” de Porto-Alegre en cartas posteriores.

El 3 de noviembre de 1853, ya desde Lisboa, Juan Valera envía a Estébanez Calderón una interesante lista de libros que había adquirido en sus recientes viajes. Entre ellos destacamos, además de Marília de Dirceu, el libro Caramuru, de José de Santa Rita Durão, y Parnaso brasileiro, de João Manuel Pereira da Silva.

No podríamos dejar de citar también una referencia a Brasil escrita por el famoso filólogo, poeta e historiador español Menéndez Pelayo, en carta dirigida a su amigo y novelista José María de Pereda y fechada en Lisboa, el 31 de octubre de 1876, donde comenta, así como lo hiciera Juan Valera, sobre Gonçalves Días, además de denunciar el desconocimiento de los portugueses sobre la literatura hecha en Brasil: “El Brasil es aún más rico que Portugal en poetas líricos, y los ha tenido de primer orden, como Gonçalvez Dias, en lo que va de siglo. La literatura brasileña, a parte de sus ingenios más esclarecidos, no es tan conocida como debiera en su antigua metrópoli”. [5]

Ya entrando en el siglo XX, la efímera revista Electra (duró solamente entre marzo y mayo de 1901), que tenía como responsables nombres de la talla de Valle-Inclán, Maeztu, Villaespesa, Pío Baroja y Manuel Machado, contando con colaboraciones de Unamuno, Rubén Darío y Juan Ramón Jiménez, entre otros, “llevará a cabo una de las primeras presentaciones de poetas brasileños” [6] en España, hecha por Viriato Díaz Pérez [7]. No se ha podido investigar con exactitud qué poetas de Brasil formaron parte en el número de la presentación de Electra, pero se sabe que compartieron espacio en esta revista con traducciones, por ejemplo, de Ibsen, Maeterlinck, D´Anuzzio y de los portugueses Guerra Junqueiro y Eça de Queirós.

 

Algunas revistas: Cosmópolis; La Gaceta Literaria; Ínsula

Después de Electra, otras huellas empiezan a aparecer con más nitidez en revistas culturales publicadas en España. La primera de ellas la encontramos en Cosmópolis, revista de Enrique Gómez Carrillo con duración de enero de 1919 a septiembre de 1922 (a partir de enero de 1922, quien la dirige es Alfonso Hernández Catá) y 45 números en periodicidad mensual. Era una publicación de carácter ampliamente cultural, destacando la literatura. Dedicaba gran espacio a escritores extranjeros, con traducciones hechas por nombres como Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Enrique Díez-Cañedo, Ramón Pérez de Ayala y Guillermo de Torre. Carmen de Burgos, Colombine, era la responsable de la sección “Crónica literaria de Portugal”. Los portugueses que más aparecen en la revista son Camilo Pessanha, Guerra Junqueiro, Eça de Queirós, Teixeira de Pascoaes y Mário de Sá Carneiro. Pero “Cosmópolis fue más allá de lo meramente portugués y también incluyó una antología de poetas brasileños” [8]. Además de la antología, Cosmópolis estaba abierta también a divulgar acontecimientos relacionados con la cultura brasileña.

En su número tres, de marzo de 1919, dedica nada menos que trece páginas a presentar “a los lectores de Cosmópolis la más saliente personalidad del Brasil: la del gran Ruy Barbosa”, jurista, político, diplomático, escritor, filólogo, traductor, orador y una de las más importantes personalidades brasileñas de todos los tiempos, siendo, además, uno de los fundadores de la Academia Brasileira de Letras. Ya en el número cinco, de mayo de 1919, aparece el escritor brasileño Olavo Bilac. Antes de las tres páginas con traducciones de su poesía, el artículo empieza, en la página 80, con el siguiente texto dando cuenta de su muerte:

Acaba de morir uno de los poetas jóvenes más notables de Brasil, Olavo Bilac. Como flores sobre su tumba depositamos las expresivas traducciones que de algunas de sus poesías modernistas y atormentadas ha hecho Ernesto Aguirre.

Es curioso notar que Cosmópolis, revista modernista, incluye la obra de Bilac en el modernismo, cuando en Brasil este escritor es ampliamente conocido como uno de los pilares del parnasianismo, movimiento totalmente antagónico al modernismo brasileño. Esto ilustra la diferencia de denominaciones que recibieron estos movimientos literarios en Brasil y España, a la cual debemos siempre estar atentos: un parnasiano brasileño es considerado modernista en España; un modernista de Brasil sería considerado vanguardista por un español.

Ya en 1927, el uno de enero, surge en España “una de las aventuras culturales más importantes de finales de la década de los años veinte y comienzos de la siguiente” [9], “una de las aventuras más apasionantes de la época” [10]: La Gaceta Literaria. Fundada y dirigida por Ernesto Giménez Caballero y con Guillermo de Torre como secretario de redacción, esta revista tendría larga trayectoria para los patrones de entonces, llegando a 123 números, en periodicidad quincenal, y durando hasta 1932 (ya bastante desfigurada ideológicamente, recibió el nombre Robinsón Literario en sus seis últimas entregas).

Además de ser una “publicación muy comprometida con el desarrollo del vanguardismo español” [11], La Gaceta Literaria, en el editorial de su primer número, declaraba que “quería ser ibérica, americana e internacional.” Y lo consiguió. A partir del número 49, del uno de enero de 1929, surgen secciones dedicadas exclusivamente a la divulgación de lo que ocurría culturalmente fuera de las fronteras españolas. Así, se observa la aparición, por ejemplo, de los apartados “La Gaceta Portuguesa”, coordinada desde Lisboa por Antonio Ferro y Ferreira de Castro, y “La Gaceta Americana”, teniendo como responsables Guillermo de Torre, desde Buenos Aires, y Benjamín Jarnés, desde Madrid.

Brasil está presente tanto en “La Gaceta Portuguesa” como en “La Gaceta Americana”. Ya en la entrega 50 de La Gaceta Literaria, del 15 de enero de 1929 -un número después, por tanto, de instituidos los apartados extranjeros-, “La Gaceta Portuguesa” trae, en la página quinta, un estudio titulado “La Literatura Brasileña Contemporánea”, que empieza defendiendo el poder imaginativo del brasileño:

Brasil, vasto territorio de fauna y flora fantásticas y diversas, tenía que provocar en sus hombres una exaltación, una imaginación muy superior a la de las gentes de este amable Portugal, de ameno y sencillo paisaje europeo, propicio al sentimiento, a la ironía.

El artículo sigue presentando muchos nombres -demasiados, nos parece, para su tan corto espacio de tres columnas, lo que aumenta la impresión de superficialidad de la presentación- que van desde el naturalista Aluísio Azevedo, pasando por el parnasiano Olavo Bilac, “uno de los mejores sonetistas en lengua portuguesa, comparable a Bocage”, el “poeta negro” simbolista Cruz e Souza, el realista Machado de Assis, hasta llegar a los pre-modernistas Coelho Neto, Graça Aranha, Monteiro Lobato y Euclides da Cunha, y aún por al menos una docena más de nombres. El artículo cita también escritores modernistas de la talla de Cecília Meirelles, Manuel Bandeira, Ronald de Carvalho y Oswald de Andrade, que siete años antes habían sacudido la cultura brasileña con la Semana de Arte Moderno de 1922. Sin embargo, nada se comenta sobre las propuestas y reivindicaciones modernistas y sobre los nuevos rumbos que tomaría la literatura brasileña a partir de entonces.

Justo un año después, el 15 de enero de 1930, en el número 74 de La Gaceta Literaria, la literatura de Brasil vuelve a aparecer, esta vez en el apartado “La Gaceta Americana”, en artículo de página y media (páginas 21 y 22) titulado “Estructura de la actual poesía brasileña”, redactado por el escritor chileno Gerardo Seguel. Ahora sí tenemos una visión más crítica y acorde con los últimos sucesos culturales de la época, como ilustra el fragmento que sigue a continuación:

La batalla demoledora que libertó el arte de la rutina tuvo aquí también su acción indispensable, antes de construir su actual estructura. La fermentación contra el pasado inactivo, más instintiva que consciente, y la violencia de la primera fase, algunas veces no produjo más resultado que el ruido de la campana; pero ya en medio de la demolición comenzaba a elaborarse la nueva fisonomía.

El texto continúa con su análisis, citando incluso a dos de las más importantes revistas del movimiento modernista brasileño: Antropofagia y Festa. Sigue el artículo con una serie de traducciones de poemas de Oswald de Andrade (poema “Prosperidad”), Mario de Andrade (“Momento”), Ronald de Carvalho (“Toda América”), Menotti del Picchia (“Espectros”), Cecília Meirelles (sin título), Augusto Meyer (“Derroche”), Jorge de Lima (“Mi ´Flos Santorum´”) y Tasso da Silveira (“El cántaro olvidado”), entre otros. Para traducir los poemas, “han sido consultados la mayoría de los autores para poder mantener, más que el significado de las palabras, la intención con que fueron usadas”, lo que demuestra, además del debido cuidado con la traducción, el acercamiento del autor del texto con el mundo cultural y los escritores brasileños. Al final, Gerardo Seguel recomienda: “este estudio no tiene más valor que el sentido transitorio de introducción, y por lo tanto ha de irse integrando, paso a paso, por los aportes que la curiosidad de cada lector añada al conocimiento de la poesía de Brasil”.

Saltando al año 1946, el uno de enero surge la revista Ínsula, “una referencia imprescindible” [12] fundada por Enrique Canito (director) y José Luis Cano (secretario), que “hicieron una labor encomiable por recuperar la literatura del exilio y ponerla en contacto con las nuevas generaciones españolas” [13], instaurando “la primera publicación verdaderamente independiente de la posguerra” [14]. Cano ya había participado en importantes revistas como Sur (Málaga, 1935), Escorial (Madrid, 1940) y Fantasía (Madrid, 1945). Ínsula sigue todavía en funcionamiento, incluso en versión electrónica (

Ínsula, junto con las revistas La Estafeta Literaria e Índice de Artes y Letras (ambas surgidas en 1944), se constituye, en los años cincuenta, como uno de “los medios más relevantes para seguir la vida literaria y los debates en torno a los géneros literarios o a los autores.” [15]. Los textos sobre literatura y escritores brasileños son frecuentes en Ínsula a lo largo de los años. Citaremos a continuación algunos de ellos: “Antología de poetas brasileños de ahora” (número 46, de octubre de 1949); “El modernismo y la novísima generación literaria brasileña” (n. 65, mayo 1951); “Carlos Drummond de Andrade: Poemas” (n. 69, septiembre 1951); “Gran Sertón: Veredas” (n. 252, noviembre 1967); “Entrevista con Jorge Amado” (n. 293, abril 1971); “La literatura brasileña” (n. 326, enero 1974); “Antología de la poesía brasileña. Desde el Romanticismo a la generación del cuarenta y cinco” (n. 339, febrero 1975).

Hemos visto cómo, desde principios del siglo XX, la literatura brasileña era comentada en algunas importantes revistas culturales que tenían buena circulación en los medios artísticos e intelectuales de España. Pero, como ya hemos dicho en el inicio de este estudio, esta divulgación siempre fue muy pobre, comparada con literaturas de muchos otros países, además de ser hecha de forma discontinua y, en general, poco profundizada. Sin embargo, este panorama ganaría nuevo ánimo a partir del magnífico trabajo de Ángel Crespo, un español encantado por la literatura y la cultura brasileñas, que ha tenido la fortuna, además, de actuar en una época en que la literatura de Brasil daba algunos de sus mejores frutos.

 

El trabajo de Ángel Crespo

Poeta, traductor, editor, crítico de arte y profesor, nacido en Ciudad Real en 1926 y fallecido en Barcelona en 1995, Ángel Crespo fue un hombre que durante toda su vida profesional trabajó apasionadamente por el arte y la literatura, siempre con especial atención a lo nuevo, a la vanguardia, al experimentalismo. De su incansable labor, nos gustaría destacar sus permanentes esfuerzos por difundir el arte y la cultura de otros países -particularmente de Brasil- en España.

Como poeta, tiene publicadas más de una veintena de libros, entre ellos Una lengua emerge (1950), Quedan señales (1952), Todo está vivo (1956), Oda a Nanda Papiri (1959), Suma y sigue (1962), Cartas desde un pozo (1964), No sé como decirlo (1965), el recopilatorio En medio del camino (1971), Donde no corre el aire (1981) y Ocupación del fuego (1990). Poemas de Ángel Crespo están presentes en todas las ediciones del libro Veinte años de poesía española (1939-1959), de José María Castellet (la primera edición es de 1960), y también en la antología titulada Poesía Social (1965), de Leopoldo de Luis. Generación del 51, poesía social, realismo mágico, neorrealismo, simbolismo, poesía del espíritu, humanismo culturalista, humanismo trascendente y poesía esotérica son algunas de las clasificaciones y términos generalmente ligados a Ángel Crespo a lo largo de todas las fases de su obra poética. No es nuestra intención profundizar en la rica poesía crespiana, pero sí indicar, a quien pueda interesarle, los libros que constituyen la bibliografía de este artículo, principalmente el de Jordy Ardanuy López, La poesía de Ángel Crespo (límite, símbolo y trascendencia), resultado de una tesis doctoral dirigida por Pilar Gómez Bedate, crítica literaria, ensayista, Catedrática de Literatura Española en la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona) y compañera de Crespo desde 1962 hasta sus últimos días. [16]

Del memorable trabajo de traductor de Ángel Crespo podríamos citar aquí una extensa relación de libros de gran importancia, principalmente de autores de las lenguas italiana y portuguesa. Tradujo al español, por ejemplo, La Divina Comedia, de Dante Alighieri, el Cancionero y Sonetos y Canciones, de Francesco Petrarca, El placer, de Gabriele D´annunzio y El oficio de vivir, de Cesare Pavese. Del gran poeta portugués Fernando Pessoa, de quién era admirador y estudioso, trajo al lector español los títulos Poemas de Alberto Caeiro (el primer libro publicado con poemas de Pessoa en España, en 1957), El poeta es un fingidor, Libro del Desasosiego, El regreso de los dioses y Cartas de amor a Ofelia, además de haber publicado un largo estudio titulado La vida plural de Fernando Pessoa, a su vez traducido al francés, al italiano, al alemán, al neerlandés y al propio portugués. Entre los brasileños, destacamos la dificilísima traducción de Gran Sertón: Veredas, de João Guimarães Rosa, y también la de A la medida de la mano, de João Cabral de Melo Neto, y Tebas de mi corazón, de Nélida Piñón. La lista podría ser más larga. Fueron cerca de cuarenta las ediciones traducidas por Ángel Crespo entre 1957 y 1995, año de su fallecimiento.

Podemos fechar en 1943 el inicio de la estrecha relación de Ángel Crespo con la lengua portuguesa. Es en este año que el poeta español empieza a estudiar gallego y a interesarse por la cultura de Portugal. En 1952, colabora en periódicos de literatura del país vecino, y en 1956 viaja por primera vez a Portugal, conociendo ciudades y pueblos de norte a sur. Es en este año también que trabaja con sus primeras traducciones de poemas de Fernando Pessoa. Entre 1959 y 1961 volvería a Portugal, publicando, en esta última fecha, la Antología de la nueva poesía portuguesa. En 1960 conocería al poeta brasileño -y también funcionario de la embajada de Brasil en España- João Cabral de Melo Neto, que le invitaría, en 1962, a dirigir la Revista de Cultura Brasileña, de la cual volveremos a hablar en este estudio. Crespo aceptaría el desafío por varias razones, entre ellas, porque “aquella propuesta supondría para mi contar con grandes facilidades para complementar, con el estudio de la brasileña, mis trabajos sobre poesía portuguesa” [17]. En 1964 publica, en colaboración con Pilar Gómez Bedate, la traducción de una selección de poemas de Gonçalves Dias (escritor del Romanticismo brasileño ya citado en este trabajo). En 1965, trabajando en la traducción de Gran Sertón: Veredas, de João Guimarães Rosa, va a Brasil invitado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de este país. Ahí, traba contacto con el autor y viaja por innúmeras ciudades, incluso por el “sertón” [18] del estado de Minas Gerais, donde transcurre la historia de Guimarães Rosa. Conoce a los poetas concretos y a otros vanguardistas brasileños, cuya obra estaba divulgando y traduciendo constantemente en la Revista de Cultura Brasileña. Visita también a la escritora española Rosa Chacel, que vivía en Rio de Janeiro. Al final de este año publica, en colaboración con Gabino-Alejandro Carriedo, Ocho poetas brasileños. En 1967 sale a la luz la traducción del Gran Sertón: Veredas. En 1973, publica Antología de la poesía brasileña y, en 1979, el “Clube de Poesia e Crítica de Brasilia” edita su antología Poemas Necesarios.

En las décadas de los 80 y 90, sigue participando activamente en congresos, lecturas y publicaciones, además de recibir homenajes y condecoraciones por su trabajo con la lengua portuguesa, como por ejemplo la “Orden do Cruzeiro do Sul”, otorgada a Crespo por el gobierno de Brasil. En 1995 participa en la sesión académica que la Universidad de Salamanca dedica a João Cabral de Melo Neto, que había acabado de ganar el Premio Reina Sofía. Se publican sus traducciones de este poeta brasileño bajo el titulo de A la medida de la mano.

En nuestras investigaciones, nos hemos topado más de una vez con declaraciones de importantes artistas españoles que confirman la relevancia de las traducciones de la lengua portuguesa hechas por Ángel Crespo. Son los casos, por ejemplo, de Jaime Gil de Biedma, poeta de la generación del 50 -“… pienso también en sus trabajos de crítica literaria y en su importantísima obra de traductor, de consumado introductor de las literaturas de lengua portuguesa entre nosotros…” [19]-, y del grande Gerardo Diego, que le da las “Gracias por (…) sus estudios brasileños”. [20]

Además de todas sus labores intelectuales y académicas, como poeta, traductor y profesor, Ángel Crespo siempre ha sido, acudiendo a términos de hoy, un agitador cultural. Dirigió cuatro revistas literarias y participó como colaborador en otras cuantas. Para este artículo, nos gustaría destacar dos de estas publicaciones: Poesía de España y, principalmente, la Revista de Cultura Brasileña.

 

Poesía de España

En 1960 surge en España una “revista que cumplió un importante papel en la difusión literaria del momento” [21]. Es Poesía de España, fundada en Madrid por Ángel Crespo y Gabino-Alejandro Carriedo. Dura hasta 1963, completando nueve entregas. No es exactamente una revista de vanguardia, aunque, por la propia historia artística de sus fundadores, lleva consigo, como no podría dejar de hacerlo, la intención de presentar algo nuevo en el panorama de la poesía española del momento, luchando principalmente contra la falta de cuidado estético de la poesía social practicada por entonces. Aparecen en sus páginas poemas inéditos de Rafael Alberti, Emilio Prados, Jorge Guillén, Vicente Aleixandre y Dámaso Alonso. A esta lista se fueron incorporando nombres como los de Blas de Otero, Chicharro, Carlos Edmundo de Ory, Jaime Gil de Biedma, Carlos de la Rica y Carlos Barral.

Además de poemas en castellano, Poesía de España también lleva al lector el gallego y el catalán. Y, a partir de su número tres, instaura el suplemento “Poesía del mundo”, que ocupa cuatro de las doce páginas de la revista con traducciones inéditas, presentando al público escritores que, ya en aquel momento o en un futuro próximo, serían nombres conocidos de la literatura mundial: Bertolt Brecht, Paul Eluard, Salvatore Cuasimodo, Pier Paolo Pasolini, Fernando Pessoa, Carlos Drummond de Andrade, João Cabral de Melo Neto y muchos otros autores alemanes, franceses, italianos, ingleses, estadounidenses, portugueses y brasileños, entre otras nacionalidades.

De “Poesía del Mundo” fueron lanzados siete números (de los números tres al nueve de Poesía de España). En por lo menos cuatro de ellos aparecen poetas brasileños. En el número cuatro, se publica a João Cabral de Melo Neto con fragmentos de sus “Poemas de la cabra”; en el número siete, a Carlos Drummond de Andrade con sus poemas “De la mano” y “Poema de siete caras”; en el ocho, el poema “El buey de barro”, de Mauro Mota; en el número nueve, no aparece ningún texto de escritores de Brasil, sino un poema de Gabino-Alejandro Carriedo llamado “Noticia a Carlos Drummond”, dedicado al poeta brasileño.

Pero la publicación que más destacadamente marcaría la historia de la divulgación de la literatura brasileña en España aún estaría por llegar. Sería la Revista de Cultura Brasileña, de la cual pasamos a hablar a continuación.

 

La Revista de Cultura Brasileña

La Revista de Cultura Brasileña (Madrid, 1962) fue un osado y ambicioso proyecto ideado por el poeta brasileño -y por entonces funcionario de la Embajada de Brasil en España- João Cabral de Melo Neto y llevado a cabo por Ángel Crespo, quien, invitado por Cabral, dirigió la publicación durante ocho años, desde su fundación en 1962 hasta 1970, cuando deja el cargo. Editada por la Embajada de Brasil en España, la revista tenía carácter oficial y diplomático, escapando así de posibles censuras. Ahí se establecía el campo perfecto para la difusión y debate sobre estéticas literarias experimentales que estaban siendo practicadas en Brasil, en conexión con las vanguardias mundiales de la época. Jaume Pont (Lleida, 1947), poeta español y gran estudioso del Postismo (movimiento poético vanguardista español nacido en los años 40, en el cual participó activamente Ángel Crespo), recuerda el “importante papel que Crespo tendría en España, durante los años sesenta y desde la Revista de Cultura Brasileña, como difusor de la poesía experimental” [22]. César Antonio Molina también comenta que “Esta publicación contribuyó de manera importantísima para que, por aquel entonces, muy jovencísimos e incipientes lectores como yo mismo, nos iniciásemos en tan rica y variopinta literatura e historia”. [23]

En el primer número de la RCB (como ocasionalmente la llamaremos a partir de ahora), páginas cinco y seis, el entonces Jefe del Servicio de Propaganda y Expansión Comercial de Brasil en España, Paulo Nonato da Silva, así la presentaba:

La presente revista viene, según nuestro modo de ver, a llenar una gran laguna existente en el campo de las relaciones culturales que, por tantos motivos, unen y deben unir España y Brasil. Era preciso crear una publicación que, excediendo el ámbito de lo meramente informativo o noticioso, pusiese al alcance de los estudiosos españoles un compendio, o quizá reflejo, del acontecer cultural brasileño. Pero en esta labor, los brasileños no queríamos encontrarnos solos y por eso hemos querido que, junto a las obras literarias y artísticas de nuestras intelectualidades figurasen otras, del más variado carácter, en las que el juicio de los escritores españoles sobre nuestro acontecer cultural fuese una guía para los lectores de su nacionalidad interesados en el mismo. Esta publicación (…) quiere ser la culminación de un esfuerzo de aproximación y entendimiento intelectuales, lo que equivale a decir cordiales en su más recto y consistente sentido.

Es interesante también observar las palabras del propio Ángel Crespo sobre la propuesta inicial de la RCB. Él empieza relatando que João Cabral de Melo Neto, que era su correligionario político y estético,

… me habló un día de principios de 1962 de la posibilidad de publicar en la embajada del Brasil en Madrid, bajo el patrocinio del Ministério de Relações Exteriores ya citado, y siempre que yo estuviese dispuesto a dirigirla, una revista dedicada al estudio y divulgación en España y América, además de en los centros hispanistas e iberoamericanistas de todo el mundo, de la cultura brasileña y muy especialmente de su literatura y de su arte. Era la época del “boom” de la literatura sudamericana y me pareció, coincidiendo en este parecer con el de Cabral, que sería tan oportuno como interesante ofrecer paralelamente al desarrollo de aquella moda una información de primera mano y una crítica, tanto europea como americana, de la cultura de un país que, como el Brasil, había sido uno de los adelantados de los movimientos literarios iberoamericanos. [24]

Así nacía la Revista de Cultura Brasileña, publicación “clave para la posterior introducción del experimentalismo en la poesía española” [25], a través de la cual “se dan a conocer en España las letras luso-brasileñas, que inciden en las últimas corrientes literarias y de experimentación vanguardista” [26]. No podemos dejar de citar aquí también dos fragmentos escritos por Alejandro Krawietz (Tenerife, 1970), joven poeta, profesor e intelectual español, un entusiasta de la RCB, que, según él, fue

… una de las publicaciones más ambiciosas, raras -pero en el centro del privilegio de serlo- y potentes que se han editado nunca en España, y para la que sólo puede guardar parangón el grado de desconocimiento y falta de atención que tradicionalmente se le ha otorgado por parte de la crítica y los lectores (…) esa revista planteaba un nuevo horizonte para las poéticas que podían ser apreciadas en nuestro país (…) Crespo inserta directamente en el marco de la España del realismo las indagaciones en el lenguaje poético que se están llevando a cabo en la otra orilla atlántica.

(…)

… fue, en rigor, un proyecto muy serio, acaso el más ambicioso de la época, para poner en diálogo a las dos orillas del Atlántico y a las dos lenguas que comparten ese espacio, pero con la idea expresa de sembrar, en el territorio europeo, las estructuras críticas y estéticas necesarias como para propiciar una poesía a la altura, como dice Crespo, de la pintura que se hacía en España en el mismo momento. [27]

A la vez, Krawietz lamenta y denuncia la fría recepción de las literaturas de Iberoamérica en general en la España de la segunda mitad del siglo, tanto por parte de la crítica como de los artistas. Ejemplifica diciendo que la difusión del “boom” latinoamericano de los 60 en España sucedió a través de París, y no, como sería de esperar, en línea directa desde Madrid.

Gabino-Alejandro también opina duramente sobre la crítica española de la posguerra:

La guerra creo que influyó poderosamente en esta regresión, en este enclaustramiento evidente. Se cortaron amarras y los más jóvenes -atando cabos- hubimos de redescubrir alguna singladura. Dios sabe a costa de qué tiempo y esfuerzos. Pero, sobre todo, hay que echarle la culpa a la crítica, por llamarla de alguna manera. Esa crítica académica o de grupo, siempre proclive al ditirambo, al amiguismo, a la pereza. Esa crítica que no ha querido o no ha sabido tener en cuenta la experiencia de la “beat generation” y las vanguardias norteamericanas; que nada ha dicho nunca en torno al concretismo alemán, al brasileño, al francés, y al de la Checoslovaquia socialista; que nos ha hurtado el movimiento desencadenado en Brasil por João Cabral de Melo Neto -lenguaje directo, economía y arquitectura funcional del verso- , de tan profundas como decisivas raíces hispánicas, y sobre el que ahora nos vienen informando Ángel Crespo y Pilar Gómez Bedate, introductores del conocimiento de la teoría concretista y la poesía praxis. [28]

Siguiendo con las citas, damos voz ahora a Pilar Gómez Bedate, secretaria de redacción de la RCB desde su número siete (diciembre de 1963) hasta el número 30 (marzo de 1970) y actualmente catedrática de Literatura Española de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Ella habla del significado de la RCB para Ángel Crespo, relacionando el tema con la situación de la literatura española de la época:

Desde la Revista de Cultura Brasileña pudo difundir a su gusto durante los años sesenta -en una tarea en que fui colaboradora suya- un tipo de poesía experimental, de intención revolucionaria tanto en el fondo como en la forma, que estaba en estrecha relación con lo que eran las vanguardias europeas (…) y, así, apoyar una intención que él explica claramente en las declaraciones a la Antología de la poesía social de Leopoldo de Luis (1965), donde se lamenta de que la poesía española del momento esté “más cerca del llamado tremendismo, que fue una supervivencia romántica, que del realismo, base indispensable de toda posición social válida”, porque “se ha tenido en cuenta lo que se dice, pero no la manera de expresarlo” y “con ello se ha empobrecido el lenguaje y, así, se ha producido esa crisis de expresión que ha conducido a la no menos triste de valores, que también padecemos”, porque “¿cómo puede facilitarse un cambio en las circunstancias sociales con una técnica conformista?” [29]

Fernando Millán (Jaén, 1944), poeta español adepto a los experimentalismos de los años sesenta y setenta, participante en el grupo de vanguardia Problemática 63 [30] y uno de los fundadores del grupo N.O. [31], habla de toda esta época, diciendo que “ya existía una atmósfera favorable a las novedades, creada desde mediados de los años sesenta por la labor informativa sobre el fenómeno internacional de la poesía concreta. Ángel Crespo y Pilar Gómez Bedate, desde la revista que la embajada de Brasil publicaba en España, habían ofrecido abundante información”. [32]

Por fin, la revista Arbor (Madrid, 1944, hasta nuestros días) [33] publica en su número 330, de junio de 1973, un largo artículo firmado por el poeta y crítico literario español Arturo del Villar (Santander, 1943), titulado “La poesía experimental española”, que dice que:

… en Brasil, se echan los cimientos de la poesía concreta, y se hace con tan buen fortuna, que el nombre se extiende por otros países (…). Tratamos ahora de ver su paso a España (…). Hay que empezar destacando un nombre, el de Ángel Crespo, no como realizador, sino como introductor de las novedades en nuestro ambiente literario (…). Una labor más importante es lo que hace Ángel Crespo con otra revista que dirige desde Madrid: la “Revista de Cultura Brasileña”.

Nos sentimos seguros de poder afirmar que la RCB, en los años sesenta, fue una publicación de alto nivel y merecedora de admiración en los círculos literarios a que llegó. Más que eso, fue objeto de estudio y material que influenció parte de la literatura española de entonces, principalmente a los escritores más abiertos a conocer nuevas propuestas estéticas e interesados en practicar la experimentación literaria. A cuántas manos llegó y a cuántos escritores influenció son números que no pretendemos definir. Sería tarea imposible. Lo que sí es posible afirmar es que la RCB ha sido -y sigue siendo- grande. Grande en su ambición, que para algunos puede sonar a pura pretensión, de querer divulgar en España la literatura del país latinoamericano que tal vez, culturalmente, más lejos de los españoles haya estado a lo largo de la historia. Pero principalmente grande en la seriedad con que era dirigida por Ángel Crespo y por la riqueza de temas y propuestas que la literatura brasileña de entonces podía proporcionar. [34]

La RCB prosiguió después de Ángel Crespo. A partir del número treinta y uno, de mayo de 1971, su dirección cambia de manos, pasando al crítico de arte, director de cine y escritor español Manuel Augusto García Viñolas, con Léa del Prá Netto como secretaria de redacción. Según el prólogo de este número, escrito por el entonces embajador de Brasil en España, Manoel Emílio Guilhon, esta nueva etapa sería marcada por la intención de diversificar temas, “dándole una mayor cabida a las artes plásticas, al cine, al teatro y a la crítica bibliográfica”, aunque sepamos que, antes, la RCB también ya venía abarcando todos estos asuntos. Viñolas la sigue dirigiendo hasta su número cincuenta y dos, de noviembre de 1981, cuando la publicación es interrumpida.

La RCB no volvería a surgir hasta julio de 1997, con una edición conmemorativa en homenaje a Ángel Crespo, que había fallecido a finales de 1995. La coordinación de esta edición es del periodista, escritor y traductor español Antonio Maura, actualmente coordinador de la cátedra de Estudios Brasileños en la Universidad Complutense de Madrid. Este número especial reaparecía en forma de antología, y el propio embajador de Brasil en España en la época, Luiz Felipe de Seixas Corrêa, no estaba seguro sobre la continuidad de la revista. En el prólogo, declaraba: “Quién sabe si surgirán las condiciones para que vuelva a ofrecer regularmente a los tradicionales y a nuevos lectores elementos para el mejor conocimiento de la variada, rica y dinámica producción cultural brasileña. Aquí quedan la sugerencia y la esperanza de que así ocurra”.

De hecho, no se verifica un retorno de la RCB con la regularidad probablemente esperada por el embajador. El siguiente número aparece casi un año después, en marzo de 1998, y es entonces clasificado como el “número uno” de la “nueva serie”. El número dos vendría seis meses después, en septiembre de 1998. Pero ahí, otra vez, la revista deja de ser editada. Esta larga pausa dura casi siete años. El número tres de la nueva serie no aparece hasta marzo de 2005 y, a partir de entonces, la RCB consigue mantener periodicidad anual. Son lanzados el número cuatro en abril de 2006; el cinco en febrero de 2007 y el seis en febrero de 2008. Nosotros esperamos ansiosos el número siete, que hasta la fecha no ha surgido.

Creemos que el mayor valor de la RCB ha sido divulgar en España estéticas poéticas de carácter novedoso y revolucionario, como lo fueron, por ejemplo, la poesía concreta y la poesía praxis. Sin embargo, aunque la literatura sea el tema principal, la RCB siempre abarcó en sus páginas también otras modalidades del arte y de la cultura. A título de ilustración, y para que el lector tenga una idea de lo que decimos, miremos los artículos que componen el índice del número uno de la RCB, de junio de 1962: Dámaso Alonso (Traducción de): Poemas de Murilo Mendes; Gilberto Freyre: Los moros en la civilización brasileña (De Casa-Grande y Senzala, cap. III); José María Moreno Galván: La nueva forma de Franz Weissmann; José Guilherme Merquior: El serial de João Cabral de Melo Neto; João Cabral de Melo Neto: 6 poemas de Serial; Ángel Crespo (Traducción de): 6 poemas de Serial; Enrique Sánchez Pedrote: Héctor Villalobos, arquetipo de una forma cultural; Otto Lara Resende: Gato, gato, gato. (Cuento con bicho y niño); Max Bense: Escorzo brasileño (Traducción de Alberto Sánchez); Noticiario breve.

 

Comentarios finales

Antes de terminar este estudio, que en realidad es solamente un pequeño resumen de todo lo que puede ser dicho acerca de la divulgación de la literatura brasileña en España, nos gustaría añadir algunos datos finales, empezando por hacer justicia a algunas casas editoriales españolas que, a lo largo del tiempo, tuvieron la iniciativa de traducir a autores brasileños. Sabemos, por ejemplo, que Caralt Editores lanzó en España, en 1957, el libro Cangaceiros, del regionalista José Lins do Rego. En los años 60 y 70, tradujo una larga lista de obras de Jorge Amado, cómo Los viejos marineros (1968), Los pastores de la noche (1970), Jubiabá (1972), Tierras del sinfín (1972), Mies roja (1973) y Los coroneles (1975). En 1980 fue el turno de la Editorial Bruguera de lanzar, también de Jorge Amado, Los ásperos tiempos y Los subterráneos de la libertad. Siguiendo con Jorge Amado, Alianza Editorial lanza los clásicos Doña Flor y sus dos maridos, Tienda de los milagros (ambos en 1981) y Gabriela, clavo y canela (1982), además de Sudor (1985) y Teresa Batista cansada de guerra (1986). Merece mención también la Editorial Plaza y Janés Editores, con los lanzamientos de Tieta de agreste (1980) y Uniforme, frac y camisón de dormir (1982).

Otro editorial que tiene en su catálogo algunos buenos nombres de la literatura brasileña traducidos a España es Seix Barral. En 1977, lanza nada menos que Macunaíma, del modernista de la generación del 22 Mário de Andrade, y más tarde, algunos libros de Rubem Fonseca: El gran arte (1984) y Pasado negro (1986). Pero Fonseca ya había sido traducido antes por la Editorial Bruguera, con El caso Morel (1978) y El cobrador (1980). Sin embargo, fue Ediciones Alfaguara quien lanzó en España, antes que nadie, uno de los mayores éxitos de Rubem Fonseca: Feliz Año Nuevo (1977). Alfaguara también es la responsable del “descubrimiento” de Clarice Lispector en España. Son de esta casa editorial los títulos Cerca del corazón salvaje; Felicidad clandestina; La hora de la estrella; La pasión según G.H.; Agua Viva y Lazos de familia, muchos de ellos traducidos también al catalán.

No es nuestra intención alargarnos demasiadamente en esta lista. Finalizamos el tema con algunos otros nombres de importantes escritores brasileños que se encuentran actualmente traducidos por editoriales españolas: José de Alencar, Machado de Assis, Érico Veríssimo, Carlos Drummond de Andrade, Vinicius de Moraes, Lygia Fagundes Telles, Nélida Piñon (Alfaguara acaba de lanzar, de esta autora, Corazón andariego), Moacyr Scliar, Luis Fernando Veríssimo, João Ubaldo Ribeiro y Patricia Melo, además, claro, de João Guimarães Rosa y João Cabral de Melo Neto.

No podríamos finalizar este artículo sin comentar el importante y esforzado trabajo que hace actualmente la Embajada de Brasil en Madrid -más específicamente sus sectores Cultural y de Prensa y Divulgación- y la Fundación Cultural Hispano-Brasileña por la difusión de la literatura y la cultura brasileñas en España. Desde la Embajada de Brasil, por ejemplo, nos dicen que la próxima edición de la Revista de Cultura Brasileña está casi lista para salir a la luz, trayendo como tema principal el escritor Machado de Assis; y desde la Fundación Cultural Hispano-Brasileña nos aseguran que toda la colección de la RCB acaba de ser digitalizada y estará, próximamente, a disposición de los interesados, en DVD. Son buenas noticias, buenos vientos que nos hacen renovar la esperanza de una cada vez mayor divulgación de la literatura brasileña en España.

 

Notas

[1] Ayllón Pino, Bruno: “Las relaciones culturales en la agenda bilateral hispano-brasileña: un poco de historia”, Revista de Cultura Brasileña, 2005, 3, Nueva Serie, p. 23.

[2] García Martin, José Luis (edición y prólogo) (1996): Juan Valera. Cartas a Estébanez Calderón (1851-1858), Libros del Pexe, Gijón, p. 68.

[3] Ibid, García Martin, José Luis, p 101.

[4] Ibid, García Martin, José Luis, p 108.

[5] M. Menéndez Pelayo, Estudios y discursos de crítica histórica y literaria, tomo V, edición Nacional de las Obras Completas, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1942, citado en Cano, José Luis, “La poesía brasileña en España”, Revista de Cultura Brasileña, septiembre de 1962, 2.

[6] Molina, Cesar Antonio (1990): Sobre el iberismo y otros escritos de literatura portuguesa, Ediciones Akal, Madrid, p. 15.

[7] Viriato Díaz Pérez (Madrid, 1875; Paraguay, 1958), poeta y ensayista. Además de en Electra, colaboró en revistas como Juventud, Helios y Alma Española.

[8] Ibid, Molina, Cesar Antonio, p. 16

[9] Molina, Cesar Antonio (1990): Medio siglo de Prensa literaria española (1900-1950), Ediciones Endimión, Madrid, p. 111.

[10] Palomo, M.a del Pilar (1997): Movimientos literarios y periodismo en España, Editorial Síntesis, Madrid, p. 438.

[11] Mainer, José Carlos (1999): La edad de plata (1902-1939): ensayo de interpretación de un proceso cultural, Cátedra, Madrid, p. 85.

[12] Ibid, Palomo, M.a del Pilar, p. 463.

[13] Ibid, Molina, Cesar Antonio, p. 290

[14] Ibid, Palomo, M.a del Pilar, p. 462.

[15] Ibid, Palomo, M.a del Pilar, p. 461.

[16] Pilar Gómez Bedate también tradujo muchos textos brasileños, en poesía y prosa, de los cuales destacamos “Manolón y Miguelín”, de João Guimarães Rosa. Fue Secretaria de Redacción de la Revista de Cultura Brasileña -dirigida por Ángel Crespo- de 1963 a 1970.

[17] Martín Aires, Carlos; Piedra, Antonio (coordinadores); Gómez Bedate, Pilar (asesora) (2005): Ángel Crespo. Con el tiempo, contra el tiempo, Simancas Ediciones, Fundación Jorge Guillén e Instituto Cervantes, Valladolid, p. 35.

[18] El propio Ángel Crespo nos explica, en el glosario de su traducción de Gran sertón: Veredas. “Sertón (sertão): Palabra que carece de correspondencia en castellano, como ocurrió con las ya admitidas en nuestra lengua jungla y tundra. Designa los terrenos incultos del interior de un continente, cuando estos no reciben otros nombres particulares”, en Guimarães Rosa, João, Gran Sertón: Veredas, Barcelona, Editorial Seix-Barral, 1982, p 441.

[19] Gómez Bedate, Pilar (edición y prólogo) (2007): Ángel Crespo. El poeta y su invención. Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores, Barcelñona, p. 93.

[20] Ibid, Martín Aires, Carlos; Piedra, Antonio (coord.); Gómez Bedate, Pilar (asesora), p. 159.

[21] Ibid, Palomo, M.a del Pilar, p. 537.

[22] Ibid, Martín Aires, Carlos; Piedra, Antonio (coord.); Gómez Bedate, Pilar (asesora), p. 222.

[23] Ibid, Molina, Cesar Antonio, p. 340.

[24] Ibid, Gómez Bedate, Pilar (edición y prólogo), 253.

[25] Balcells, José María (1990): Poesía y Poética de Ángel Crespo. Prensa Universitaria, Palma de Mallorca, p. 13.

[26] Ibid, Palomo, M.a del Pilar, p. 537.

[27] Ibid, Martín Aires, Carlos; Piedra, Antonio (coord.); Gómez Bedate, Pilar (asesora), pp. 249-250.

[28] Carriedo, Gabino-Alejandro (2006): Poesía interrumpida. Huerga y Fierro Editores, Madrid, pp. 178-179.

[29] http://www.insula.es/Articulos/INSULA%20670.htm. Consultado en 24/04/2009.

[30] Fundado por el poeta hispano-uruguayo Julio Campal (1934-1968), en Madrid, 1962.

[31] Grupo experimental inspirado también en las ideas de Julio Campal. Nace en Madrid en 1968.

[32] http://www.escaner.cl/escaner54/millan.html. Consultado en 24/04/2009.

[33] Disponible electrónicamente en:

[34] Por una cuestión de justicia, abrimos esta nota para comentar que, antes de la RCB, hubo otra revista española dedicada al diálogo con la cultura brasileña. La publicación se llamaba Intus, ideada y dirigida por Julio García Morejón. Esta revista de poesía y crítica hispano-brasileña empezó a ser publicada en la Universidad de Salamanca en 1951 y, a partir de 1955, con el traslado de García Morejón a Brasil, pasó a ser dirigida desde ahí, durando hasta 1956. Colaboraron en ella importantes nombres de la literatura española y brasileña de la época. Julio García Morejón hizo carrera de éxito en el medio académico brasileño, y la mención a su nombre no podría faltar en este trabajo, dada su importancia para el intercambio cultural Brasil-España.

 

Bibliografía y otras fuentes

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Ynduráin, Domingo (1981): Historia y crítica de la literatura española. Época contemporanea (1939-1980). Editorial Crítica, Barcelona.

Revistas consultadas en los microfilmes de la Biblioteca Nacional de España:

Cosmópolis, Madrid, 1919-1922.

La Gaceta Literaria, Madrid, 1927-1932.

Poesía de España, Madrid, 19601963.

Revistas consultadas en Internet

Ínsula: revista de letras y ciencias humanas. http://www.insula.es

Arbor: revista de ciencia, pensamiento y cultura. http://www.arbor.revistas.csic.es

Revista de Cultura Brasileña, Madrid, Embajada de Brasil, 1962.

 

Sérgio Massucci Calderaro (São Paulo, Brasil, 1971): doctorando del Departamento de Filología III de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid. Publicista y escritor. Trabaja actualmente como asistente del sector de Prensa y Divulgación de la Embajada de Brasil en Madrid.

 

© Sérgio Massucci Calderaro 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

El URL de este documento es http://www.ucm.es/info/especulo/numero43/librasi.html