Rodolfo Walsh en el contexto setentista latinoamericano [1]

Carolina Castillo [2]

UNMdP
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Resumen: La literatura y el periodismo han de presentarse para Walsh como las dos caras de una misma moneda, actividades que se retroalimentan a través de diversos vasos comunicantes, sobre todo a partir de la experiencia de escritura de una narrativa de corte testimonial. El proceso de trabajo intelectual que representa cada una de las investigaciones llevadas a cabo por Walsh, en los contextos de fines de los cincuenta y de los sesenta, puede analizarse en función de las diversas instancias de transformación y maduración periodística y de militancia, que nos permiten vislumbrar distintas etapas de producción.
Palabras clave: Rodolfo Walsh, literatura argentina contemporánea, compromiso, periodismo y literatura

 

La batalla de la escritura.

Si los años previos a la investigación que diera origen a Operación Masacre (1957), representan para Rodolfo Walsh los tiempos de la indefinición política y estética, su paso por Cuba -a instancias del trabajo en la agencia Prensa Latina, en el marco de la revolución- implica un proceso de concientización y conversión, en términos de lo que el propio autor denomina “tentativas de cambio”. Las subsiguientes visitas a la isla y su regreso con escala en Madrid harán posible la metamorfosis más íntima y definitiva, luego de la presentación que el ex presidente Juan Domingo Perón le hiciera a Walsh al recibirlo en Puerta de Hierro. En dicha oportunidad, el desaparecido escritor argentino conocería al líder sindical del gremio gráfico, Raimundo Ongaro, con quien ha de retornar al país para poner en marcha el proyecto editorial de la facción disidente de la CGT.

Desde el punto de vista de su conversión hacia un tipo de trabajo de carácter nacional, alcance popular y búsqueda de impacto sobre lo real, elaborado en clara oposición a los diversos regímenes autoritarios nacionales de las décadas del sesenta y setenta, su producción posterior a la experiencia cubana debe ser considerada como una herramienta de confrontación y denuncia en el marco de estos contextos adversos, donde “a mayor cuestionamiento eficaz del poder, mayor ha de ser el riesgo de sanción y censura” (Viñas, David 1996: 215-222). De allí que su labor ininterrumpida, en lo que respecta a la lectura a contrapelo de muchos de los hechos más relevantes de tres décadas de la historia argentina y latinoamericana, lo posicionan en un lugar privilegiado dentro del espectro periodístico y literario del siglo XX. Fundamentalmente, entre aquellos que han sido perseguidos y han debido expresarse desde la clandestinidad en más de una ocasión, no por ello renunciando a sus principios y convicciones inclaudicables. Atados a la certidumbre de que la obligación de un periodista no es otra que informar, ayer, hoy y siempre, informar. Tal como el propio autor ha de declararlo en su último y emblemático texto, la “Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar”, en función de las reflexiones que -cumplido un año del golpe que diera origen al último gobierno de facto- decide hacer llegar a sus responsables: “sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles” (Walsh Rodolfo, 1977: 43).

La literatura y el periodismo han de presentarse para Walsh como las dos caras de una misma moneda, actividades que se retroalimentan a través de diversos vasos comunicantes, sobre todo a partir de la experiencia de escritura de una narrativa de corte testimonial. En la misma entrevista, el autor manifiesta el hecho de que cada una de las notas que fueron confirmando su militancia política se convirtieron, simultáneamente, en una nueva puerta hacia posibilidades en el ámbito de la ficción.

El proceso de trabajo intelectual que representa cada una de las investigaciones llevadas a cabo por Walsh, en los contextos de fines de los cincuenta y de los sesenta, puede analizarse en función de las diversas instancias de transformación y maduración periodística y de militancia, que nos permiten vislumbrar distintas etapas de producción [3]. En tal sentido, cabe señalar que resulta muy diferente la investigación de Operación Masacre respecto de la que abordara en el ‘69 el crimen del sindicalista Rosendo García, acontecido tres años antes en una confitería de Avellaneda, en medio de una contienda entre sectores del gremialismo nacional. Asimismo, ambos trabajos se distinguen respecto del realizado con motivo del Caso Satanowsky, escrito en el ´58 y publicado recién en el ´73, con respecto a las circunstancias que rodearon la muerte del prestigioso abogado de la ciudad de Buenos Aires, Marcos Satanowsky, ultimado impunemente en manos de la SIDE a mediados del año ´57.

La diversidad y los matices varios tienen que ver con la intencionalidad del autor, las circunstancias de cada contexto histórico, las características propias de cada investigación en lo que respecta a lo puramente periodístico, el formato a través del cual se difundieron y la recepción del poder de turno, de los medios y la industria cultural, tanto como del público lector. Receptores que, en primera instancia, leyeron cada uno de estos trabajos a través de notas periodísticas, para luego encontrase con las correspondientes ediciones en libro, que a su vez no dieron por terminadas las investigaciones, sino que -todo por el contrario- fueron resignificándose por medio de sucesivas publicaciones revisadas y ampliadas, a partir de las cuales el autor fue incorporando nuevos elementos y variando su propia reflexión sobre los hechos, a medida que el curso de las pesquisas avanzaba, desde el punto de vista del periodista-investigador, o retrocedía, en términos institucionales, en lo que respecta a la participación de los gobiernos de turno, la policía y la justicia, en el contexto de las investigaciones correspondientes. Señala Walsh:

En Operación masacre yo libraba una batalla periodística “como si” existiera la justicia, el castigo, la inviolabilidad de la persona humana. Renuncié al encuadre histórico, al menos parcialmente. Eso no era únicamente una viveza; respondía en parte a mis ambigüedades políticas. ¿Quién mató a Rosendo?, en cambio, es una impugnación absoluta al sistema y corresponde a otra etapa de formación política. [El subrayado en nuestro] (Walsh, Rodolfo 1996: 119).

La mencionada etapa de formación se vincula con la experiencia posterior a la estadía en Cuba, a la que hacíamos referencia al comienzo del presente trabajo, durante el Congreso Cultural desarrollado hacia fines de la década del sesenta, y a través de la cual y ya de regreso al país, conocería a Ongaro, con quien trabajaría en forma conjunta en la publicación de la CGTA. Precisamente, en este mismo espacio de trabajo se reencontraría con Rogelio García Lupo, con quien compartiera con anterioridad la militancia nacionalista y, a posteriori, los tiempos de Prensa Latina [4]:

Rodolfo regresó de Madrid después de reunirse con Juan Domingo Perón y convocó a una grupo de amigos que hacíamos un trabajo ad honorem. El diario duró 55 semanas, con un período de legalidad de 50 números y con 5 ediciones clandestinas.[5]

El trabajo periodístico en el contexto gremial se convierte en la puerta de entrada al peronismo de base, al movimiento de los trabajadores. La conversión, el proceso de concientización y la toma de partido habían comenzado a mediados de la década del cincuenta y frente a aquel famoso “fusilado que vive”, para afianzarse a partir del trabajo periodístico desarrollado en Cuba, en pleno apogeo del gobierno revolucionario. Con el ingreso a la CGTA, luego de la entrevista con el general y de la mano de uno de los más reconocidos líderes sindicales de la época, se produce decididamente una vuelta de tuerca en función de ciertas indecisiones políticas, el punto de partida y el primer escalón en un camino que Walsh ya no desandaría. Los pasos definitivos en dirección a la lucha armada y la consigna irrenunciable de la desarticulación del discurso dominante.

Como es sabido, en marzo del ’68 se lleva a cabo el Congreso Normalizador de la CGT, donde Ongaro es electo a la cabeza del nuevo cuerpo directivo, como representante de la corriente combativa que se opuso a la corriente participacionista del vandorismo. Como consecuencia de la impugnación de dicho congreso, la CGT se ve fracturada según las dos tendencias mencionadas y Ongaro queda a cargo de la CGTA, enfrentándose duramente a la dictadura de Onganía. Dentro de esta línea combativa se desempeñaría Walsh como periodista del semanario, denunciando la acción de los monopolios, las traiciones del sector colaboracionista, las maniobras del gobierno de turno y los conflictos de la clase obrera en sus puestos de trabajo, así como difundiendo las consignas de la lucha estudiantil y la resistencia popular, en una época altamente convulsionada, marcada por la muerte de Guevara, el exilio de Perón, las contiendas sindicales y los estallidos sociales, tales como la sublevación rosarina y el Cordobazo, entre otras.

Si bien no lleva la firma de Walsh, es popularmente conocida la autoría del Programa del 1º de mayo de la CGT de los Argentinos, titulado “Mensaje a los trabajadores y al pueblo argentino”, que fuera leído en el acto encabezado por Raimundo Ongaro y Agustín Tosco, llevado a cabo en el Córdoba Sport Club, con motivo de celebrarse el día del trabajador en el marco de la normalización del año ’68. Dicho documento se presenta como una proclama dirigida a la clase obrera nacional, instada a recorrer el camino de la revolución, hasta el momento incumplida y traicionada (en clara alusión a los representantes gremiales de la corriente participacionista). A su vez, el texto indaga metódicamente en el avance del imperialismo, a partir de las negociaciones de entrega del patrimonio económico a capitales extranjeros, convocando a la clase trabajadora a la movilización y a la defensa de sus derechos. Dicho documento ha sido publicado íntegramente en el primer número del semanario sindical.

Desde el punto de vista de la argumentación y el análisis político-económico que el autor realiza, tanto como del contexto dictatorial al que refiere, dicho texto significa la antesala de lo que en 1977, casi diez años a posteriori de la fundación del Semanario de la CGTA, representará la “Carta Abierta de un escritor a la Junta Militar”. La carta no sólo realiza una síntesis acabada de los que implicó la represión clandestina, sino que -simultáneamente y a través de un riguroso trabajo de análisis periodístico- se centra en las maniobras en torno del poder económico, ejercidas desde la dictadura contra los sectores populares, del mismo modo que el Programa del 1º de mayo hace especial hincapié en el proceso de desnacionalización de la industria argentina y sus consecuencias inminentes sobre la clase obrera.

Por otra parte, el “Mensaje a los trabajadores y al pueblo argentino” llamativamente concluye con una frase que remite al cuento “Un oscuro día de justicia”, redactado por Walsh hacia fines del ’67, un mes después de la muerte del Che en Bolivia, lo cual no resulta en absoluto en dato menor. El relato de la saga de los irlandeses esgrime sobre el final: “...el pueblo aprendió que estaba solo y que debía pelear por sí mismo y que de su propia entraña sacaría lo medios, el silencio, la astucia y la fuerza” (Walsh, Rodolfo 2006: 52). El texto del programa de la CGTA culmina con una imagen especular, respecto de lo antedicho:

...nada nos habrá de detener, ni la cárcel ni la muerte. Porque no se puede encarcelar y matar a todo el pueblo y porque la inmensa mayoría de los argentinos, sin pactos electorales, sin aventuras colaboracionistas ni golpistas, sabe que sólo el pueblo salvará al pueblo (Caraballo, Liliana y otros, 1998: 133).

Entre mayo y junio del mismo 1968, Walsh publica en el periódico sindical la serie de notas periodísticas acerca del asesinato de Rosendo García, y en 1969 aparece, a través del mismo medio, la investigación titulada “La secta del gatillo alegre”, abocada a la denuncia del modus operandi de la policía, procedimiento conocido bajo el rótulo de “gatillo fácil”. En julio de ese mismo año el diario es clausurado.

 

Convulsionada década del setenta.

En mayo de 1971 apareció el primer número de La Opinión, dirigido por Timerman, quien ocho años antes había lanzado Primera Plana, de donde rápidamente dio un paso al costado. El diario se convirtió en uno de los clásicos del periodismo argentino y la frase consagrada que definió su perfil sostiene que “era izquierdista en cultura, centrista en política y derechista en economía” (Anguita, Eduardo y Caparrós, Martín 1997: 449). Entre los periodistas que colaboraron con este emprendimiento se encontraba Rodolfo Walsh. También muchos de sus eternos compañeros: Horacio Verbitsky, Miguel Bonasso, Paco Urondo, entre otros prestigiosos como Tomás Eloy Martínez, Osvaldo Soriano y Juan Gelman.

Hacia 1972, los periodistas que apoyaban al peronismo revolucionario como Walsh, quien da el primer paso a través de las Fuerzas Armadas Peronistas y luego pasa a Montoneros, se habían organizado en dos agrupaciones sindicales y, a partir de éstas, fomentaron cierta coordinación con la idea de “crear una especie de usina de acción psicológica, lanzando trascendidos, informaciones, versiones que permearan la línea editorial de los medios donde trabajaban” (Idem: 634).

En 1973, Rodolfo Walsh conforma el jurado para el “Premio Internacional de Novela América Latina”, otorgado por La Opinión y la editorial Sudamericana y obtenido por el escritor argentino Juan Carlos Martelli, aunque el voto de Walsh fuera para Paco Urondo. En el mismo año, participa del diseño y la publicación del diario Noticias. Su director era el escritor argentino Miguel Bonasso, miembro de la agrupación Montoneros. Muchos de los periodistas pertenecientes a este grupo de militancia, que ya venían trabajando con Walsh, compartieron la experiencia del nuevo periódico, entre ellos y nuevamente: Verbitsky, Gelman y Urondo.

La publicación estaba dirigida a un grupo politizado, al igual que el diario El Descamisado, pero más amplio. Walsh estaba a cargo de la sección de Policiales e Información General y era uno de los editores del periódico. En simultáneo y desde dicha redacción, también colaboraba en la formación profesional de periodistas jóvenes, entre los cuales se encontraba su hija Patricia (Seoane, María 2007: 84).

Ya hacia fines del ’73 y en los comienzos del ’74, Walsh se adentró decidida y definitivamente en el espacio de la militancia política. Su labor narrativa ha de estar totalmente subordinada y si bien sus proyectos literarios estarán presentes hasta el último de sus días, serán postergados por compromisos que él consideró de mayor urgencia para las circunstancias inmediatas. La conciencia de las exigencias sociales, según palabras de Piglia, quien lo entrevistara con motivo de la publicación del cuento “Un oscuro día de justicia”, y el contexto explosivo de la política argentina de los ’70, lo suman a la vieja tradición de Sarmiento y Hernández: “para ser eficaz, es necesario abandonar la literatura” (Piglia, Ricardo 2006: 72). En el mismo sentido, sostiene Jorge Lafforgue:

La opción ética no le dejaba salida: jugarse entero a la revolución social en ese mundo real de la violencia cotidiana o ser creador de mundos imaginarios. La opción ética, equivocada o no, lo empujó a abandonar la ficción para abrazar la lucha armada. Aunque acosado por dudas y ambigüedades, Rodolfo Walsh, hombre duro y drástico en sus planteos, optó por aquello que sus principios le dictaban (Lafforgue, Jorge 2006: 15).

Por entonces entrevistó, para el diario Córdoba, al director de cine Jorge Cedrón, realizador cinematográfico de la película Operación Masacre. Dicha filmación se realizó hacia el año ’71, durante la dictadura de Lanusse y de forma clandestina, concluyéndose a mediados del ’72, con el guión de Walsh y Cedrón, y la participación actoral y testimonial de Julio Troxler, uno de los sobrevivientes de los fusilamientos del ’56. La nota lleva como título “El reportaje de hoy”, data de noviembre del ’73, se conserva en el archivo del Círculo Sindical de la Prensa de Córdoba y se refiere a la presencia del director cinematográfico en dicha ciudad con motivo de la proyección del film. Cedrón resalta allí el inicio de una etapa de combate y denuncia en la historia del cine argentino, con miras a concretar la ansiada concientización del pueblo (Walsh, Rodolfo 1973: 170-2). Si bien la película había sido previamente difundida gracias a la Juventud Peronista, organizaciones de base, agrupaciones sindicales y estudiantiles, la proyección a la que se refiere la entrevista se realiza en el marco de un gobierno constitucional, que acababa de ser electo democráticamente a través del voto popular.

A continuación, en el año ’74, Walsh escribe para Noticias una saga de crónicas sobre la Revolución Palestina en Medio Oriente, en la sección Internacionales (Díaz, Claudio y Castillo, Jimena 1999: 101-148) [6], y la reconocida nota de tapa del 2 de julio del ’74, con motivo del fallecimiento del presidente Juan Domingo Perón, a instancias de que el poder de turno quedara en manos de su viuda y de López Rega:

El general Perón, figura central de la política argentina en los últimos 30 años, murió ayer a las 13:15. En la conciencia de millones de hombres y mujeres la noticia tardará en volverse tolerable. Más allá del fragor de la lucha política que lo envolvió, la Argentina llora a un líder excepcional (Walsh, Rodolfo 1974: 1).

En dicho contexto no tardía mucho en darse la clausura de varios de las revistas y diarios revolucionarios, tales como El Mundo (del ERP) y la propia Noticias, hacia fines de agosto. Al mes siguiente, la agrupación Montoneros pasaría a la clandestinidad.

 

El último tramo.

En el ´76 Walsh organiza la Agencia Clandestina de Noticias, desde el Departamento de Informaciones e Inteligencia de Montoneros, según sus propias palabras “como un acto de libertad” y con el objeto de abrir un canal informativo de difusión popular, con miras a combatir la incomunicación, el aislamiento y la desinformación propiciada desde el terrorismo de Estado, instaurado por la última dictadura militar en la Argentina. Dicho proyecto apuntaba a la implementación del ejercicio del poder a través de la circulación de la verdad en manos del pueblo, como medio de ruptura del cerco de silencio vigente. Dicha Agencia propugnaba un carácter ofensivo respecto del poder económico y militar, y no sólo apostaba a la organización en una situación opresiva, sino que se definía como herramienta de contrainteligencia, de ahí que mantuviera cierta independencia respecto del grupo político de origen y presentara una identidad algo difusa (Vinelli, Natalia 2000: 11).

ANCLA estaba integrada por un grupo disperso de periodistas y otros militantes, quienes “escribían informes, tipo cables de agencia, sobre lo que los medios de prensa censuraban: sobre todo, las actividades represivas de la Junta Militar, sus disensiones internas, la marcha de la economía” (Anguita y Caparrós 1998: 131 y 184). El servicio de inteligencia que representaba la Agencia contaba con una gran cantidad de colaboradores, lo cual le permitía abocarse al trabajo sobre materiales diversos y a la vez atractivos.

Del mismo modo que bajo la experiencia de Prensa Latina en Cuba (en los dos primeros años de la década del sesenta), instancia en que Walsh se dedicara a contrarrestar la catarata de información internacional tergiversada en torno de la revolución, con el caso de la Agencia de Noticias Clandestina su labor ha de estar abocada a la resistencia contra el régimen, apelando a la importancia del acceso a la verdad y su difusión. En este sentido, su trabajo previo en el marco del periodismo de investigación, al que hiciera honor a través de las sagas mencionadas, sirven como ejemplos fehacientes de lo que un autor comprometido es capaz de demostrar a través de la indagación en los sucesos históricos que el discurso oficial a omitido, obliterado o reescrito según su propia voz y perspectiva.

Hacia fines del mismo año y luego de la muerte de su hija Victoria, Walsh crea la Cadena Informativa, la última de las experiencias tendientes a la difusión de los acontecimientos de la realidad más próxima en que inteviniera el desaparecido escritor, antes de ser ultimado por las fuerzas militares en 1977.

Los boletines de la Cadena Informativa eran textos breves que, en la mayoría de los casos circulaban de mano en mano y -al igual que desde la Agencia de Noticias- lo hacían de forma clandestina. El primero de esos boletines, de diciembre del ‘76, lleva el título de “Crónica del terror”.

En la misma época, comienza a circular por varias redacciones, sedes partidarias y embajadas, un informe periodístico redactado por Rodolfo Walsh durante ese año, con un pormenorizado estudio sobre el estado de la cuestión a partir de la toma del poder por parte de la Junta. El texto se denomina “Historia de la guerra sucia en la Argentina” y anticipa gran parte de los datos que tres meses después volcaría, más sintéticamente, en la Carta Abierta. El texto organiza aquellos relatos, comentarios, situaciones y rumores que para muchos eran vox populi, pero que muy pocos se animaban a afirmar con la coherencia y certeza aterradora con la que Walsh los enunciaría en este vasto documento histórico. Según se hace constar en La Voluntad, resultaron claves para su producción dos informantes que colaboraron con el escritor aportando datos fehacientes, principalmente sobre los hechos sucedidos en la Escuela de Mecánica de la Armada, como centro clandestino de detención. Ellos son el colimba Sergio Tarnopolsky y el guardiamarina Mario Galli, ambos secuestrados durante el año del golpe militar, junto a sus familias, y que aún hoy permanecen desaparecidos (Anguita y Caparrós 1998: 193-210).

La investigación denuncia las internas y divergencias políticas dentro de la propia Junta de Gobierno, la aplicación del impopular plan económico del ministro Martínez de Hoz con el respaldo de las tres Fuerzas Armadas, el secuestro de los delegados y activistas de las principales fábricas de Buenos Aires, Córdoba y Rosario, la violación de los derechos humanos en pos de la guerra contrarrevolucionaria, la vigencia de la pena de muerte, la recurrencia a la tortura como medio para obtener información a través de los detenidos, la implementación de procedimientos enmascarados a cargo de pequeños grupos operativos no identificables, los casos pendientes de asesinatos a sacerdotes y al propio obispo Angelelli, el arrojo de cadáveres de desaparecidos al Río de la Plata, la férrea censura de prensa instaurada en el país, la persecución indiscriminada de profesionales, artistas, sindicalistas y políticos (entre los que se mencionan los casos del escritor Haroldo Conti, el hijo del poeta Juan Gelman y la hija del novelista David Viñas, entre otros); así como también se refiere a la imposibilidad de conocer los nombres de los secuestrados, el lugar de detención y la identidad de los cadáveres de los presos políticos o de las víctimas ultimadas en los procedimientos diarios. Finalmente, el trabajo de investigación agrega dos partes por demás significativas al análisis anteriormente descripto: 1º) una detallada descripción del accionar dentro de la ESMA, como uno de los principales centros de interrogatorios y torturas de la Capital, su sistema defensivo y ofensivo, las operaciones especiales fuera de su asentamiento y las tareas de apoyo a la Policía Federal; 2º) el testimonio de un ex detenido en la ESMA que narra, a través de su propia voz, las vivencias atroces y los hechos de los que fue testigo durante las tres semanas de su estadía en el predio de detención de la Armada.

La contundencia y frialdad de los datos de este informe dejan al lector estupefacto. Si hay algo que caracteriza la escritura periodística de investigación de Rodolfo Walsh, es la forma clara, concisa e irrefutable con que presenta los hechos, las pruebas, los testimonios, el manejo de las cifras que devienen estadística. Lejos de todo tipo de ambigüedades, dobles lecturas o analogías, los datos son expuestos -en cada uno de sus trabajos- con una rigurosidad y síntesis magistral, que muy poca letra dejan al enemigo.

Atrás quedarían los tiempos de la escritura pasatista de los relatos policiales propios de la admirada tradición inglesa, tanto como el periodismo cultural de sus primeras notas. El enigma está ubicado en el centro del tablero y tiene el rostro de una realidad estrepitosa, dibujada por los hechos atroces que tienen al propio autor por testigo y protagonista.

 

Notas.

[1] Este trabajo forma parte de una investigación más amplia, abocada al análisis de la labor periodística de Rodolfo Walsh, a lo largo del período comprendido entre los años 1957 y 1977. Los borradores y escrituras tentativas que integran dicha investigación fueron expuestos durante el 2008, en diversos encuentros de carácter académico (Argentina), tales como: las V Jornadas Nacionales Espacio, Memoria e Identidad (UNR), el III Congreso Internacional “Transformaciones culturales. Debate de la teoría, la crítica y la lingüística” (UBA) y el III Encuentro La problemática del viaje y los viajeros: “América Latina y sus miradas. Imágenes, representaciones e identidades” (UNICEN), éste último en colaboración con el Dr. Miguel Ángel Taroncher, docente del Departamento de Historia, de la Facultad de Humanidades de la UNMdP. Una versión acotada de la exposición con el Dr. Taroncher, en lo que respecta exclusivamente al trabajo de Walsh en la agencia de noticias cubana Prensa Latina, fue publicada en Espéculo - Revista electrónica de Estudios Literarios, Universidad Complutense (Madrid), número correspondiente a marzo-julio de 2009.

[2] Carolina Castillo es alumna avanzada de la carrera de Letras, de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata, Argentina. Forma parte del Grupo de Investigación Estudios de Teoría Literaria, dirigido por la Dra. María Coira, radicado en el mismo contexto institucional y desde su creación. Docente en Nivel Secundario de la ciudad de Mar del Plata, desde 1997. Ha publicado numerosa cantidad de reseñas bibliográficas en el periódico local, actas de encuentros académicos, artículos en revistas especializadas y capítulos de libros, entre otros.

[3] Sin duda, debe dedicarse un párrafo aparte a la etapa de producción periodística de Walsh menos difundida y estudiada, comprendida en el período que va desde abril de 1966 a diciembre de 1967, con algunas escrituras intermitentes desde fines de 1970 a mediados de 1971.Nos referimos principalmente a la labor desarrollada en el marco de su trabajo para la revista Panorama, así como también a sus colaboraciones esporádicas con las revistas Adán, Siete Días y Georama. Paradójicamente, la etapa de mediados de los sesenta se corresponde quizá con uno de los momentos de mayor producción del escritor. Difunde por entonces varios cuentos en la revista cultural Vea y Lea, publica Los oficios terrestres (1965), sus obras de teatro La granada y La batalla (1965) y Un kilo de oro (1967). Sin embargo, estas ediciones le significan muy poco rédito económico y con el objetivo de superar momentáneamente su situación es que decide convertirse en columnista de las revistas mencionadas, escribiendo artículos de corte antropológico, centrados en el análisis de la realidad de una Argentina secreta que se hunde en las profundidades del interior. La originalidad y el valor de dichas crónicas reside tanto en los temas tratados por el autor y la maestría de su prosa, como en la calidad otorgada por la cobertura fotográfica. Mientras que las notas de principios de los setenta presentan otro matiz, pues se encuentran abocadas al análisis de la política internacional y, de algún modo, profundizan en aquellas inquietudes que al Walsh de entonces le inquietaban, en tanto temporalmente coinciden con el contexto de ingreso a las FAP, con su labor como docente de periodismo en villas de emergencia de Buenos Aires y con la fundación del Semanario Villero, que recoge la producción de dichos talleres populares.

[4] No sólo el viaje a Cuba con motivo del Congreso Cultural ha de marcar su destino. Su estadía anterior en la isla, hacia fines de los cincuenta y principios de los sesenta, determinaría en gran medida su historia como periodista y militante, tal como sucedió con muchos de los intelectuales de la época. El trabajo al servicio de la revolución cubana, como periodista de la agencia de noticias local, pondría en tela de juicio sus propias convicciones políticas y estéticas. De regreso a su país, el debate de aquellos tiempos lo atrapará en un dilema irresuelto: ¿La función del intelectual debe estar abocada al ejercicio de la escritura y la difusión de la palabra o el desafío real está puesto en una acción directa de intervención sobre la realidad?

[5] Ver las declaraciones de Rogelio García Lupo en el artículo: “La muerte de Walsh no tiene nada que ver con la carta, sino con su vida”, en: www.escribirte.com.ar/noticias/590

[6] El artículo se tituló “El Sionismo, el estado Israelí y la Lucha del Pueblo Palestino” y se publicó en el mes de junio de 1974. Dicha investigación expone las conclusiones a las que Walsh arribara, luego de realizado su viaje al Líbano, en torno al proceso histórico del pueblo palestino, atendiendo a las implicancias políticas y religiosas de la lucha entre árabes e israelíes.

 

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© Carolina Castillo 2009

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

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